Hola queridos lectores

bien aqui les dejo un capitulo nuevo de la gran autora msgrandchester esta historia no me pertenece y espero que se deleiten con las hermosas palabras de esta maravillosa autora como yo lo hice ;D saludos

"¿Tu…mujer?" – Candy se levantó como si un arma se hubiera disparado en la habitación.

Terrence la imitó y la tomó entre sus brazos antes que pudiera huir. Avergonzada ante las palabras del joven, ella rehuía su mirada.

"Candy, no quise asustarte" – dijo él quedamente al sentir su estremecimiento.

"No…"- dijo negando con la cabeza, los rizos meciéndose a su espalda –"…o sí... ¡no lo sé!"

El joven la miró a los ojos y la soltó como si quemara; sus ojos azules tornándose fríos.

"Comprendo si no quieres estar conmigo, Candy. Después de todo, sólo soy un bastardo. Mi sangre no es tan azul como la de tus amigos."

"No digas tonterías" – dijo sujetando su brazo.

"Mejor vete" – dijo tomando asiento en el diván y mirándola con seriedad.

"¡Es por eso que no sé qué hacer contigo!" – dijo Candy abriendo los brazos, exasperada – "¡Tu carácter es impredecible! Hace un momento eras todo…tierno" – dijo sonrojándose – "Y ahora te estás portando como un grosero."

"Es obvio que no te agrado, Candy."

"¿Cómo puedes decir eso?" – preguntó tomando asiento junto a él.

"Te gusta estar más con tus primos."

"Terry, me agrada estar contigo" – dijo apenada – "Hasta…hasta…"

"¿Hasta, que?" – le preguntó exasperado.

"Hasta te extraño" – dijo mirándolo – "Te extraño cuando no te veo."

El joven la miró con los ojos entrecerrados, queriendo descubrir si lo que decía era verdad o mentira.

"Entonces ¿Por qué me dejaste solo, hoy?" – le reprochó.

"Lo siento" – se disculpó posando la mano sobre la suya – "Pensé que sería mejor que tú y tu madre estuvieran solos para platicar."

"Quizá fue mejor así" – dijo pensativo – "No pude huir de ella…no me quedó más remedio que enfrentarla."

"¿Y fue bueno?" – Preguntó Candy esperanzada – "Dice Grace que te veías feliz."

"Debí saber que nada se les escaparía" – dijo a medio sonreír – "Grace aprecia muchísimo a Eleonor."

"Tu madre parece una mujer maravillosa."

"¿Cómo puedes decir eso?" –le preguntó con seriedad – "La acabas de conocer."

"Creo…que lo bueno de las personas…es aparente…no se puede esconder…y Eleonor me pareció muy agradable, muy dulce."

"Así que eres buena con primeras impresiones" – dijo burlón – "¿Qué pensaste de mí cuando me conociste?"

Candy cerró los ojos unos instantes mientras rememoraba esa noche.

"Me pareciste…triste…solitario" – dijo con sinceridad – "pero luego te portaste como un grosero…creo que ocultando tus sentimientos."

"Eres muy buena, pecosa" – asintió con la cabeza – "en efecto, estaba muy deprimido."

"¿Qué te sucedía?"

"Regresaba de Nueva York."

La voz de Terrence se quebró, y a través de la oscuridad, Candy pudo notar que tenía lágrimas en los ojos. El muchacho parpadeó, intentando ocultar su llanto, y para sorpresa de Candy, posó su cabeza en el regazo de ella.

"¿Recuerdas el retrato que viste de mamá? Lo encontré en la papelera de la oficina de mi padre. El duque me ha ocultado durante años las cartas de mi madre."

"¡Oh Terry!"

"Esa misma noche me embarqué hacia América y llegué a Nueva York a buscarla" - su voz se quebró - "y ella me rechazó. Me dijo que quería tener correspondencia conmigo pero no tener contacto directo…era demasiado riesgoso para su carrera."

Candy lo escuchó sollozar, y lo único que se le ocurrió para tranquilizarlo fue acariciar su cabeza. La mano de la joven se deslizaba por la sedosa cabellera de Terry, desde la frente hasta la nuca.

"No tienes idea de lo que sentí" – continuó explicando – "Toda la vida me habían despreciado por ilegítimo y que mi madre lo hiciera también ¡era demasiado! Es por eso que no quería verla."

"Vino a buscarte…debió ser para algo bueno, Terry."

"Me pidió perdón" – le dijo con sorpresa en la voz – "¡Me pidió perdón! ¿Puedes imaginártelo?"

"Te debe amar muchísimo."

"Dice que se asustó al verme…que me parezco a mi padre demasiado."

Candy bajó la mirada para observar el perfil de Terrence y la media sonrisa que tenía en los labios.

"Eleonor…me explicó sus miedos, sus ansiedades, Candy. Al fin entiendo tantas cosas, inclusive el porqué de su rechazo en ese momento."

"Me alegro" – dijo mientras continuaba acariciando la cabeza de él.

"Me invitó a nueva York, Candy. Dice que soy bienvenido cuando sea…y tú también estás incluida en la invitación."

"¿De verdad?" – dijo entusiasmada.

"De verdad" – dijo volviendo su cabeza sobre el regazo de manera que miraba hacia arriba.

"¡Wow! Nunca he estado en Nueva York…bueno, sólo de paso hacia el puerto. ¡Sería emocionante!"

"Eleonor también dijo que nunca había visto tantas pecas."

"¿En serio?" – el rostro de Candy se ensombreció un poco.

"Estoy bromeando, pecosita" – dijo a medio reír.

"¡Impertinente!" – dijo llevando la mano hacia las costillas de Terrence.

El muchacho dio un respingo, quedando sentado.

"¡Oye!" – se quejó, conteniendo la risa.

"Si te sigues burlando de mi" – lo amenazó Candy – "Te haré tantas cosquillas que morirás de la risa."

"¿Ah si?" – dijo tomándola por la muñecas – "Eso quisiera verlo."

Se pusieron a forcejear como dos niños y no tardaron en caer al suelo, riendo, el cuerpo de Terrence sobre el de Candy. Los dos se miraron, sus risas calmándose hasta quedar en silencio.

"Deberías reír más a menudo, Terry."

"No tengo muchos motivos, Candy."

"Eres tan agradable cuando ríes" – dijo en voz suave – "cuando eres así…"

"¿Qué, Candy?" – preguntó expectante.

"No me das miedo…y puedo confiar en ti."

"¿Confías en mí, Candy?" – preguntó abriendo los ojos.

"Confío en ti cuando eres sincero; cuando te comportas así."

"¿Confiarías en mí si te digo que te estoy queriendo demasiado?"

Terrence tragó en seco. ¡Lo había dicho! Era la realidad. Desde el primer momento que la había visto en el Mauritania, desde el colegio, desde su boda forzada, desde su llegada a Escocia, ella había empezado a colarse en su vida, a penetrar en sus poros, a completar su vida como nunca antes lo había estado. En ese momento reconoció que nadie jamás lo había tratado como Candy. Nadie jamás había tenido esa delicadeza, esas atenciones llenas de cariño.

"Terry…"- exclamó casi sin aliento, muy consciente del cuerpo del joven sobre el suyo.

"¿Me crees, Candy?"

"Te…te creo…"- dijo mirándolo – "tus ojos…no mienten."

"Tampoco los tuyos" – dijo acercándose a sus labios.

La muchacha dio se sobresaltó y él la sujetó con mayor firmeza, sin perder la delicadeza.

"¿Me dejas besarte, pecosita?" – le preguntó traviesamente.

"¿Besarme?" – repitió tontamente.

"¡Pídemelo Candy!" – Le suplicó – "¡Pídeme que te bese!"

La mirada intensa de Terry volvió a buscar los suyos. Candy podía sentir su desesperación. Su súplica era un pedido de aceptación, de aprobación, que lo aceptara tal como él era.

"¿Puedo?" – preguntó a centímetros de sus labios.

"Bésame"- dijo ella en voz muy baja.

"Candy…"- susurró aliviado, dejando escapar toda la preocupación que embargaba su alma.

En anticipación a su beso, Candy recorrió sus labios con la punta de su lengua; el gesto inocente se tornó muy sensual para Terrence. Sonriendo, posó sus labios sobre los de ella con suavidad, seduciéndola.

El la oprimió contra su cuerpo, la resistencia de Candy desmoronándose al sentir el atropellado latir del corazón de Terry contra el suyo. Sin dudarlo ni un segundo más, los labios del hombre tomaron los suyos con avidez, como los de un colibrí sorbiendo el néctar de una flor.

El asalto de emociones no le permitía reaccionar. Candy estaba aturdida por lo que estaba sintiendo, en particular la de su suave figura amoldarse a la fuerte de Terrence. El joven con lentitud tomó el labio inferior de Candy entre los suyos, atrayéndolo con suavidad a los suyos, una y otra vez. Más por curiosidad que por falta de aliento, ella le ofreció sus labios entreabiertos y la lengua de Terrence invadió su boca para adueñarse de ella.

Empezó por acariciar su paladar, antes de saborear las suaves carnosidades del interior de sus labios para tomar la lengua de Candy prisionera, presionándola contra la suya para saborearla por completo. La escuchó gemir, reaccionar a su caricia, sus sentidos sensibilizándose al máximo al percatarse que Candy empezaba a imitar sus movimientos.

Candy gemía entre asustada y complacida, las emociones completamente nuevas para ellas, el nerviosismo totalmente imprevisto. Él la había besado con anterioridad pero no con aquella pasión y fuerza.

"Terry…"- dijo volviendo el rostro, los labios de él cayendo sobre su mejilla.

"No te asustes" – dijo acariciando su mejilla – "no te haré mal ¿me crees?"

"Te creo"- asintió ella – "Es sólo que todo…es tan intenso."

"Lo sé" – dijo apartándose de ella para ponerse de pie.

Le ofreció la mano galantemente para ayudarla a levantarse. Ella rehuía su mirada y él la abrazó.

"¿Te quedarías conmigo, Candy?"

"Estoy aquí, contigo" – dijo sin realmente entender.

"¿Te quedarías conmigo, esta noche? No quiero estar solo" – le explicó.

Ella lo miró, inclinando la cabeza de medio lado.

"No te haré nada, pecosita. Sólo quiero dormir a tu lado."

"¿Dormir a mi lado?"

"No quiero estar solo" – volvió a repetir – "pero para que no te asustes, tú te metes bajo las sábanas y yo dormiré sobre ellas."

"No me parece buena idea"- dijo sin convencimiento.

"Te lo ruego" – dijo besándola suavemente sobre los labios, una y otra vez – "No me abandones."

Embriagada con los besos de Terry, Candy no se percató que él la alzaba en brazos y la depositaba sobre la cama. Una vez que sus labios se separaron, notó que Terrence la cubría con las sábanas y se daba la vuelta para acostarse junto a ella, sobre las mismas. El brazo de Terrence rodeó la cintura de Candy mientras se acercaba a ella.

"Buenas noches, pecosita" – dijo él suspirando.

Candy se quedó muy quieta, confundida y un poco asustada ante la cercanía de Terrence. Podía escuchar su respiración con claridad, sentir el calor de su piel a través del pijama.

"Terry…"- se atrevió a decir al cabo de un rato.

"Dime"- contestó soñoliento.

"¿Me hace esto tu mujer?"

El muchacho rió con suavidad.

"Aún no" – contestó con seriedad.

"¿No es pecado?" – continuó ella preguntado.

"Estamos casados ante Dios y ante la ley. En todo caso, no hemos hecho lo que se espera de nosotros."

"¿Y qué es lo que se espera?"

Terrence contempló la respuesta a darle. Ella realmente era una muchachita inocente, cosa que le resultaba extraña puesto que muchas de las "señoritas bien" estaban bastante versadas en los asuntos de pareja, aunque lo disimularan muy bien.

"No te preocupes, pecosita" – dijo besando su cabellera – "Lo descubrirás después."

"Pero…"

"Duérmete, Candy" – dijo bostezando – "Mañana hablaremos más si quieres…ahora…estoy tan cansado."

"Sí, claro. Entiendo, después de Eleonor."

"Hasta mañana, mi amor."

"Mi amor. Me ha dicho, mi amor". - fue el último pensamiento que Candy se repitió hasta quedar dormida.

El sol no había salido aun cuando Terrence despertó. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando notó que Candy dormía pegada a él, la cabeza rubia apoyada en su pecho, un brazo rodeando su torso.

Apartándose con suavidad se puso de pie y se acercó a su lado. Con delicadeza la tomó en brazos para llevarla de regreso a su habitación. Estaba seguro que si ella despertaba a su lado, pasaría el resto del día avergonzada e incómoda.

"Eso no es lo que quiero" – pensó depositándola sobre su cama – "Quiero que ansíe estar junto a mí".

"Terry" -balbuceó la joven entre sueños.

Sonriendo aún, posó sus labios con suavidad sobre los suyos antes de regresar a su propia habitación.

Stear miraba a la pareja con desagrado. Era obvio que algo estaba ocurriendo con ellos. Terrence había empezado a asistir con frecuencia a los paseos y en más de una ocasión los había descubierto tomados de las manos. ¡Y le dolía el corazón! Tal parecía que Candy estaba enamorándose, si es que ya lo estaba, de Terrence Grandchester.

"¡No es justo!" – Se decía Stear – "Primero fue Anthony y me hice a un lado porque él era bueno pero ¿Terrence? El es un truhán".

Stear no era el único que se había percatado del cambio en la pareja.

"¿Te has fijado?" – Preguntaba Neil a su hermana – "Grandchester está muy atento con Candy. No permite que Stear se le acerque."

"Algo ha pasado" – decía Elisa con malicia – "Ella tiene que habérsele ofrecido."

"¿Tú crees?" – Neil abrió los ojos como dos platos – "¿Será por eso que se está poniendo tan atractiva, Candy?"

"¡Me das asco!" – Exclamó Elisa codeando a su hermano – "¿Qué es lo que te puede parecer remotamente atractivo en ella?"

"Para empezar no tiene tu carácter" – le espetó molesto ante el golpe – "y en segundo lugar, ya no es la flacucha que llegó a nuestra mansión" – explicó con lascivia – "Y su cara..."

"Tal vez debamos hacer algo para marcar su hermoso rostro" – dijo Elisa fastidiada – "Tal parece que cualquier cara bonita los emboba."

"¿Qué estás planeando?" – preguntó Neil con interés.

"Ve a distraerlos y ya te enterarás" – ordenó a su hermano.

La tarde empezaba a caer y los jóvenes empezaban a despedirse, cada cual acercándose a sus caballos. Archi ayudó a Annie a trepar su yegua, la cual ella montaba al estilo de las damas. Candy montaba el suyo a horcajadas para el horror de Elisa.

"¡Que poca clase!" – exclamó Elisa con desdén mirándola.

"Deberías intentarlo alguna vez" – le dijo Candy sonriendo – "es más fácil controlar el caballo de esta manera."

"¿De verdad?" – preguntó abriendo los ojos – "¡Demuéstralo!"

Acto seguido, el fuete de Elisa se estrelló en la grupa del animal, que asustado se lanzó a la carrera por el prado. La mirada furiosa de Terrence se clavó en la pelirroja.

"¿Cuál es tu problema?" – preguntó iracundo.

"¿Estás loca?" – le preguntó Archi, molesto.

"¿Por qué hiciste eso?" – Preguntó Annie – "Eres una grosera."

"¡Cállate, mosquita muerta!" – le espetó Elisa.

"¡Más vale que te calles!" – Dijo Archi tomando a su prima del brazo – "¡No le hables así a Annie!"

Los jóvenes volvieron el rostro, el grito de Candy llamando su atención.

"¡Dios mío!" – exclamó Annie antes de llevarse la mano hacia los labios.

"¡Se va a caer!" – exclamó Stear antes de subir a su montura.

"¡Hiah!" – se escuchó la voz de Terrence que se lanzaba a la carrera tras ella.

Horrorizados, observaron que la silla de montar de Candy se deslizaba hacia el costado mientras ella se sujetaba al cuello del caballo.

"¿Qué hiciste?" – susurró Neil a su hermana.

"Aflojé la silla para que se rodara" – dijo siniestramente.

Stear y Terrence, en carrera alocada, corrían tras Candy que intentaba detener al animal asustado. Teodora, más veloz que el potro de Stear llegó a Candy antes que él. El aristócrata la rodeó con los brazos y la traja a su montura, mientras Pegaso corría desbocado, la silla completamente volteada.

"¿Estás bien?" – preguntó Terrence mientras detenía a Teodora.

"¡Gracias!" – decía Candy escondiendo el rostro en su pecho.

"¿Estás bien?" – volvía a preguntar Terry, abrazándola.

"¡Me asusté tanto, tanto! ¡No podía detenerlo!"

"Tranquila…ya estás bien" – le decía consolador.

Ella levantó el rostro lloroso hacia él y se fundieron en un beso. Las exclamaciones de sorpresa de Annie, Archi, Elisa y Neil ocultaron el sonido del corazón de Stear que se rompía.

En ese momento, supo que la había perdido.

"¿Crees que se recupere?"

Era Annie que platicaba a solas con Archi mientras se dirigían hacia el colegio. Elisa, Neil y Stear habían partido a todo galope minutos antes. El suave trote de los caballos era lo único que se escuchaba mientras el sol empezaba a colorear el cielo de color naranja.

"¿De qué hablas, Annie?"

"Sabes de lo que te hablo, Archibald."

El la miró divertido. La verdad era que le encantaba cuando Annie lo llamaba por su nombre completo; usualmente significaba que lo regañaba.

"No tengo la menor idea de lo que hablas, querida mía."

"Archi ¿viste la cara que puso Stear cuando se besaron?" – Insistió ella – "Estoy muy preocupada por él. Debe estar muy dolido."

"¿Cómo lo sabrías?"

"Porque sé lo que es estar enamorada y que no te correspondan" – respondió con seriedad.

"Annie" - dijo comprendiendo sus palabras – "Eso fue hace mucho tiempo."

"Lo sé pero recuerdo el dolor que sentí al pensar que amabas a Candy."

"Stear estará bien" – dijo Archi suspirando – "Mi hermano es un valiente."

"¿Te hubieras imaginado a Candy con alguien como Terry?"

"¿Por qué le dices, Terry?" – le preguntó molesto – "¡Terry, Terry! ¿Qué es lo que tiene ese aristócrata?"

"Nada comparado a ti, querido" – dijo para calmar sus celos – "Es sólo que Candy lo llama así y se me ha hecho costumbre."

"Si tú lo dices" – dijo encogiéndose de hombros – "Y para responder tu pregunta, no. No me hubiera imaginada a Candy con Terrence. Ella es demasiado buena para él."

"Él no parece tan malo."

"¡Todo es culpa de Elisa y Neil! Si no hubiera sido por ellos, Candy no se hubiera visto forzada a casarse con él."

"Estoy segura que ellos tuvieron que ver."

"También con el accidente de hoy. Es muy raro que el asiento se hubiera aflojado" – murmuró pensativo – "Gracias a Dios no le pasó nada a Candy."

"Archi…"- dijo ella cambiando el tono de la conversación.

"Dime."

"¿Por qué nunca me has besado como Terry lo hizo con Candy?"

El muchacho tragó en seco. Ni en sus más locos sueños se hubiera imaginado que la tímida Annie le preguntara semejante cosa.

"Annie…"

"¿Es que acaso no te lo inspiro?"

"Eres una señorita, Annie."

"También lo es Candy y eso no detiene a Terrence. Dime la verdad, si no te lo inspiro sabré entenderlo" – dijo a voz quebrada.

"Annie" – dijo tomando las riendas del caballo de ella para detenerla –"Mírame."

"Dime Archibald."

"Eres una señorita, Annie. También lo es Candy pero Terrence es un truhan y yo…yo soy un caballero."

"¿De verdad esperas que me crea ese cuento?" – le preguntó con audacia.

Archi no pudo evitar sonreír.

"¿Quieres que te bese así, Annie querida?"

"Quiero que me beses como realmente lo desees, Archibald" – dijo encarándolo.

"Tú lo pediste" – dijo acercándose a ella, tomándola por los hombros para acercarla a su cuerpo.

Por un momento Annie pensó que perdería el equilibrio, ya que los dos aún estaban sobre su montura y gimió asustada.

"No te dejaré caer"- susurró contra sus labios.

Acto seguido, los labios de Archi se posaron sobre los de Annie con suavidad, moviéndose sobre ellos para entreabrir sus labios. La chica abrió los ojos de par en par al sentir la invasión de Archi.

"¿Por qué nadie me habrá dicho sobre esto?" – Pensó Annie fugazmente – "Le tendré que reclamar a Candy".

Archi la besó lentamente, acariciando el interior de su boca antes de mordisquear su lengua con suavidad. Annie, que posaba las manos sobre los brazos de su novio, clavó las uñas sin querer en su piel. El muchacho no dijo nada y continuó besándola hasta dejarla sin aliento.

"¿Quieres más, Annie?" – preguntó besando su frente.

"Yo…" - dijo apoyando su cabeza en el pecho del joven.

Los caballos, inquietos, se movieron bajo ellos haciendo que Annie casi perdiera el equilibrio. Archi alcanzó a sujetarla y ella se sujetó a su montura.

"¿Estás bien?" – le preguntó él con dulzura.

"Sí" – dijo ella sofocada, el rubor coloreando sus mejillas.

"¿Regresamos, querida?"

"Creo que es lo más prudente" – dijo Annie y apresuró el trote de su caballo.

Archi sonrió al verla salir corriendo, literalmente.

"¿Quién lo hubiera esperado? ¡Estoy completamente enamorado de ella!" – pensó complacido fustigando a su caballo para alcanzarla.

"¿Estás bien?" – preguntó Terrence entrando a su habitación.

"Sí, gracias" – dijo ella sonriendo.

Aquello se había convertido en un extraño hábito entre ellos, al menos ante los ojos de Candy. Había noches en que él venía a buscarla a su habitación, otras en las que ella iba a la de él para leer libros juntos o jugar ajedrez. Luego, dormían juntos un par de horas pero ella siempre amanecía en su cama, Terrence siempre devolviéndola antes del alba.

"Es muy extraño lo que sucedió hoy, Candy ¿no te parece?" – preguntó sentándose en el lecho de la joven, su espalda hacia el respaldar de la cama.

"Bastante. Estoy segura que la correa estaba bien puesta."

"Por lo que me has contado, no me extrañaría que fuera obra de los Leagan" – dijo Terrence atrayéndola a sus brazos.

Candy se sentó frente a él, su espalda apoyada en el pecho del muchacho, los brazos del joven alrededor de su cintura.

"Podría ser" – dijo acomodándose entre sus brazos – "pero prefiero pensar que fue un accidente."

"Tú siempre pensando bien de las personas" – dijo oliendo su cabello – "Eres tan buena."

"Los accidentes pueden suceder" – repuso complacida ante su cariño – "Dime ¿Qué libro has traído hoy?"

"Un libro de poesía que encontré abajo. Escucha esto."

"La forma de querer tú es dejarme que te quiera.

El sí con el que te me rindes es el silencio. Tus besos son ofrecerte los labios para que los bese yo.

Candy no pudo evitar sonrojarse ante las palabras que Terrence leía con tanta pasión.

….

Y estoy abrazado a ti sin preguntarte, de miedo a que no sea verdad que tú vives y me quieres

Y estoy abrazado a ti sin mirar y sin tocarte.

"Bueno, no realmente" – se burló Terrence refiriéndose al último verso.

Candy le respondió con un suave codazo.

"Sigue, por favor" - le pidió, recostando su cabeza en la curva del hombro del muchacho.

No vaya a ser que descubra con preguntas, con caricias, esa soledad inmensa de quererte sólo yo.

"Terry…"

"Dime que no sólo yo te estoy queriendo, Candy" – le pidió acercando su mejilla a la de ella, su aliento cosquilleando su piel.

"Tú…ya lo sabes"- dijo con timidez.

"Necesito escucharlo, mi amor."

Mi amor. Esas palabras de Terrence doblegaban su voluntad. Jamás creyó posible enamorarse de ese joven que todos llamaban un truhan. ¿Enamorarse de un joven obstinado e impertinente? Terry era tan diferente al dulce Anthony.

"Tú lo amas y aún no lo sabes" – las palabras de Eleonor resonaron en su mente.

"Cada día te quiero más"- decía él besando su mejilla, su boca deslizándose hasta la comisura de sus labios.

Candy volvió el rostro de medio lado para ofrecerle los labios.

"Me asusté mucho esta tarde" – le decía Terrence – "No sé si podría vivir si algo te ocurriera, Candy."

Ella unió sus labios a los de él, sus manos volando hacia los cabellos oscuros de su Terry.

"Eres mi esposo" – murmuró ella.

"¿Qué dices?"

"Es tan curioso decirlo…mi esposo…no creí casarme tan pronto y menos contigo."

"Y yo no esperaba una esposa tan dulce, tan comprensiva…y tan llena de pecas."

Riendo, Terrence volvió a besarla para acallar sus protestas. Los brazos de Candy serpentearon el cuello de Terry para acercarlo a ella.

Se besaron con intensidad, sus sentidos sensibilizados antes las palabras dichas por el joven, ante la suave sumisión de la muchacha.

"No me lo has dicho"- murmuró Terrence besando su cuello, mordisqueando su hombro, sus manos vagando por su espalda.

"Te quiero" – dijo ella cerrando los ojos, sintiendo la humedad que la boca de Terry dejaba sobre su piel.

Los cabellos de Candy cayeron desordenadamente sobre la almohada, el cuerpo de Terry parcialmente sobre ella, su pecho oprimiendo el de ella.

"Nadie jamás me lo había dicho"- susurró él, sus manos desatando el nudo de la bata de ella, está abriéndose de par en par revelar una batita de algodón bordada con flores y tirantes.

"Te quiero. Te quiero" – dijo ella sintiendo que su corazón iba a estallar de felicidad.

"Y yo te requiero" – dijo el besando sus hombros.

Candy cerró los ojos, la pasión nublando sus sentidos. Nunca había sentido esa opresión en su pecho, aquellas ansias de algo que no alcanzaba a comprender, que no le permitían detener a Terrence en sus caricias audaces. Podía sentir las manos de él deslizarse por su contorno, resbalar por sus piernas y deslizarse bajo la bata para acariciar sus muslos.

"Tu piel…es tan increíblemente suave" – murmuraba él.

Sus labios descendieron hasta el valle entre sus pechos, un recorrido lleno de dulces y cortos besos, ambas manos subiendo para acariciarlos sobre la tela.

La sintió estremecer y llamarlo por su nombre, agitada.

"Dime, amor"- la miró con los ojos brillantes de pasión.

"Abrázame"- le pidió con vocecita suave – "por favor, abrázame."

Entendiendo su miedo y con infinita dulzura, la rodeó con los brazos mientras ella ocultaba el rostro en su pecho.

"Te quiero" – dijo él sintiendo su temblor.

"Y yo a ti" – le respondió – "Es sólo que…no entiendo todos estos sentimientos."

"Calla amor" – decía acariciando sus cabellos – "No tienes que explicar nada."

"Pero…"

"Te quiero" – volvía a decir y besaba su frente – "Duerme ya, es tarde."

"Tu corazón late como el mío" – decía Candy posando su mano sobre él.

"Somos uno, Candy" – le decía quedamente.

"¿Soy…tu mujer?" – le preguntó tímidamente.

"Lo eres" – asintió – "de la forma más importante: con tu corazón."

"Te quiero"-dijo ella.

"Buenas noches, mi amor."

"No me dejes esta noche, Terry"- le pidió.

"Si así lo deseas"- repuso con ternura.

Esa noche permanecieron juntos hasta después del amanecer. Beth los encontró abrazados, durmiendo plácidamente. La boca de la mucama se abrió llena de sorpresa mientras cerraba la puerta ella con suavidad. Agitada entró a la cocina y se sirvió una taza de té.

"¿Qué te ocurre, Beth?" – Le preguntó Grace – "¡Estás pálida!"

"Están juntos" – dijo sonriendo alegremente.

"¿Quiénes?"

"¿Quién cree?" – y volvía a sonreír.

"Era sólo cuestión de tiempo" – dijo la sabia ama de llaves – "Sólo cuestión de tiempo."

El poema se llama "La Forma de Querer Tú" de Pedro Salinas. Todos los derechosreservado de su autor, no es de mi autoría.