Capítulo 9

La manzana dorada

La semana de su regreso a clases significó para Francis la vuelta de las inseguridades y la decepción que generaba como campeón. Esto se debió, más que nada, a la demostración de magia que hizo Charlotte en los jardines cuando unos admiradores se lo pidieron. Más tarde, Kiku mencionaría que sospechaba que la propia Charlotte había arreglado antes con los admiradores la petición falsamente espontánea, solo para tener atención y publicidad.

Francis estaba allí con Heracles y Monique, paseando con varios libros en la mano que iban a leer en su lugar preferido. Arthur también estaba, con Gilbert, Kiku y Emma. Había estado hablando de sus vacaciones de navidad, evitando mencionar el tema de Francis y su incapacidad mágica. En cambio, les había narrado casi todo lo que habían hecho juntos, y Emma sonrió cuando Arthur le mencionó el episodio de las hadas como si allí residiera algo que Arthur no alcanza a captar.

La bruja había ido llamando la atención por su elegancia, belleza y título. Caminaba perfectamente como si se tratara de una pasarela de moda. Tenía a más de la mitad de los estudiantes de Hogwarts enamorados de ella, pero Charlotte no parecía interesada en las relaciones amorosas, solo en dejarse valer como representante de su escuela.

Alzó su varita, larga y blanca, como si fuera marfil, y con unos suaves movimientos de su muñeca delicada soltó varias figuras preciosas, como hadas y unicornios. Al verlo, Arthur puso los ojos en blanco considerándolo ridículo, pero los espectadores se quedaron embobados. Uno de ellos, sin embargo, le preguntó si acaso no podía hacer nada más.

Charlotte sonrió e hizo una reverencia, encantada por la idea. Después de mucho pensarlo, les guiñó un ojo a los presentes y realizó el encantamiento patronus más sensacional que Arthur había visto en mucho tiempo (aunque el de James, un unicornio, era el mejor). El patronus de Charlotte era un ave, enorme, de un plateado brillante, y a Arthur le recordó al fénix dibujado en su libro de texto. Se quedó sin aliento.

Cuando acabó, Charlotte dijo:

-No creo que nadie lo vaya a superar -y se marchó. Sabía hacer una escena y cuando terminarla, Arthur estaba seguro de eso.

Algunos estudiantes comenzaron a ver a Francis, como esperando que él correspondiera a un desafío que, pensaban, Charlotte le había lanzado, pero Francis solo volvió a su libro, imitando a sus dos amigos. Unos lo llamaron cobarde, pero otro afirmó que ni siquiera podía hacerlo. La acusación fue recorriendo el jardín, de boca en boca, y Francis levantó la cabeza de su lectura, odiando tener que interrumpirla. Arthur se tensó, pensando que iba a meter la pata hasta al fondo.

-No sé hacer un patronus, eso es cierto, y no pienso aprenderlo por los momentos. Estoy muy ocupado –admitió Francis, y Arthur cayó en un pozo de horror. Los murmullos empeoraron-. ¿Van a dejar que lea en silencio o voy a tener que buscarme otro sitio? Solo quiero paz.

-¡Inútil!

Squib!

-¡Vamos a perder por tu culpa!

El encanto de Francis tras su victoria en la primera prueba se había esfumado. Ahora solo quedaba el resentimiento de los de último año por no ser ellos el representante de Hogwarts, y la decepción de los demás cursos, quienes deseaban a alguien heroico, fuerte y –dependiendo de la casa- valiente o sagaz.

Arthur vio cómo una varita era alzada para atacar a Francis, sin que este ni sus amigos se dieran cuenta. Fue a sacar la suya, pero entonces Gilbert se le adelantó, soltando chispas de varios colores con su varita. Kiku, Emma y Arthur lo miraron sorprendidos, junto a los estudiantes que los rodeaban.

-¿Y quién de aquí sabe hacer un patronus? –preguntó-. Es un hechizo complicado que hasta al más capaz le cuesta.

-¿En serio, Gilbert? –preguntó entonces Alfred, para luego formular un hechizo. De su varita salió un águila, que surcó los cielos consiguiendo exclamaciones de admiración de parte de los demás; enseguida opinaron que Alfred debió ocupar el puesto de campeón. Como sin querer quedarse atrás, quienes sabían el hechizo se aproximaron al grupo de Arthur.

Elizabeth sacó de su varita un caballo, mientras que Iván sacó un oso enorme, que fue detrás del águila de Alfred dispuesto a acabar con ella. Gilbert, animado, sacó de su varita a un zorro. Por supuesto, pronto hubo candidatos mejores que el actual campeón y aquellos que observaban no dejaban de repetirlo. Arthur captó un gesto de exasperación en Francis, y aunque quiso achacárselo al hecho de verse incapaz de igualarlos, estaba seguro que se debía a que no conseguía leer en paz.

-¡Qué envidia me dan! –exclamó Emma-. Ustedes están muy por encima de nuestro nivel. Yo jamás he conseguido hacer un patronus.

-Ni yo –dijo Antonio, herido en su orgullo.

Gilbert los miró a ambos, luego compartió una mirada con Arthur antes de exclamar en voz alta que estaba dispuesto a enseñarle a quien quisiera. Elizabeth, Iván y Alfred propusieron lo mismo, aunque el interés de estos era demostrar que eran, incluso, profesores más capaces que los otros. Arthur se unió al entrenamiento para ayudarles, y cuando estaba acercándose a Afonso, el hermano de Antonio, para explicarle qué debía hacer, Francis soltó otro bufido perfectamente audible, se levantó junto a Heracles y Monique para marcharse de allí, y no volteó a mirar aquel grupo de estudiantes. Arthur pensó que, por fin, su orgullo había sido herido (o que había decidido buscar un lugar más tranquilo para poder leer).

Emma consiguió invocar un conejo, que fue saltando al tiempo que su dueña lo perseguía. Kiku consiguió un kappa, siendo de esos extraños casos cuyo patronus es una criatura mágica y no un animal común y corriente. Para sorpresa de todos, el patronus de Antonio fue un toro, mientras que el de Lovino, una tortuga, apenas se movió cuando se le invocó.

-¿Y esto qué me va a defender? –se quejó el chico.

A Arthur le gustaba que Afonso fuera tan receptivo ante sus explicaciones. Al momento de explicarle, había entendido cómo debía mover la varita, cómo debía ser su actitud corporal y qué recuerdo debía traer a su memoria. Soltó una pantera, dejando hasta a Arthur impresionado.

-Tiene muy buena forma para ser tu primera vez –consideró Arthur.

-¿Y cuál es tu patronus, Arthur? –preguntó Afonso, y Arthur pensó que esta vez bien valía la pena lucirse ante alguien.

Expecto patronum!

El león salió, imponente, de la punta de su varita. Rugió como reclamando aquel lugar como su territorio, y se unió a la pantera de Afonso, corriendo juntas como si estuvieran persiguiendo una presa.

Al finalizar la clase, Arthur y Afonso se alejaron del grupo para hablar.


En la semana, se corrió el rumor de que Lukas había abatido a tres contrincantes al mismo tiempo, con la utilización rápida y acertada de varios hechizos. Por supuesto, todo el mundo lo creyó porque cualquier cosa que proviniera de aquellos chicos silenciosos y enormes era para ser tomada en serio. Arthur tampoco lo dudaba, habiéndolo visto en sus duelos con los Slytherin.

Al acercarse la segunda prueba, Arthur se puso nervioso y se notaba en las prácticas con Francis.

-Maldición, inútil, ¿qué mierda de mago eres? –gruñó Arthur, tomándole por el cuello de la camisa.

-Uno civilizado –se defendió Francis, soltándose-. Estoy haciendo mi mayor esfuerzo por seguirte el ritmo, pero entre que estallas todo el tiempo y que debo ocuparme de otras cosas, como mis deberes o pensar en la segunda prueba, estoy agotado.

-¿Pensar? No tienes que pensar, tienes que actuar. Practicar hechizos, dominarlos, usarlos y que sean efectivos –continuó Arthur, exasperado.

-Debo pensar porque no tengo idea de qué va a tratar la segunda prueba. Tengo hipótesis, pero nada certero todavía y no voy a poner las manos en el fuego por algo de lo que no estoy seguro –siguió Francis-. Si no tengo una idea, ¿cómo haré un plan que me garantice vivir?

-¡Por eso practicamos hechizos! ¡Los hechizos te darán la victoria!

-Ni hablar. Muchos que confiaron en la magia en este Torneo han pasado a mejor vida. Aquí la magia y el poder valen poca cosa si no sabes a qué te enfrentas. Ir con un plan de antemano podría variar mucho tus…

Arthur comenzó a maldecir, considerando que aquel inútil era un caso perdido y él estaba malgastando su tiempo en intentar obrar un milagro con sus habilidades. Podía seguir maldiciéndolo lo que quedaba de la práctica, pero Francis miró extrañado hacia la puerta. Arthur hizo lo mismo, para descubrir a Afonso de pie en el umbral, preguntando si podía pasar.

-Claro –se apresuró a decir Arthur-. Entra. Si no me detienen, lo mato.

-Estamos practicando –señaló Francis.

-Exacto. Afonso nos va a ayudar –dijo Arthur-. Estuve hablando con él y creo que lo mejor es que recibas más ayuda, más opiniones, a ver si te vuelves un mago de una vez.

-En realidad pienso que me vendría bien practicar también. No soy un buen mago, y Defensa Contra las Artes Oscuras se me está complicando –se explicó Afonso.

-Pero eres bueno en transformaciones –señaló Francis-. Y pociones.

-Quiero ser auror –se explicó.

Francis asintió, y Arthur ignoró el gesto de duda que todavía tenía. En su lugar, le indicó a ambos cuál ejercicio podían empezar a hacer. Francis enseguida preguntó si Afonso estaba en capacidad de seguirle el ritmo sin haber recibido entrenamiento previo. Arthur sonrió con suficiencia.

-Hemos estado practicando juntos. Y aprende más rápido que tú. Mira. Probemos con el patronus.

-A mí no me sale el…

-Ajá, no te sale. A Afonso sí. Naturalmente. Porque yo le enseñé –explicó Arthur. Francis asintió, sin dar muestra alguna de estar impresionado, y Arthur arrugó el ceño ante la falta de reacción. Había esperado que se avergonzara un poco, al menos.

Afonso le demostró a Francis la pantera, lográndolo con mayor facilidad. Francis aplaudió por cortesía.

-Es un hechizo muy bien ejecutado. A mí solo me sale humo cuando lo intento –explicó-. ¿Nos vamos a centrar en el patronus únicamente o probaremos otros? No quiero malgastar el tiempo a estas alturas.

-Pero el patronus es la defensa más útil –explicó Afonso-. ¿Por qué no lo intentas otra vez?

Arthur dudó en qué hacer. Habría preferido disponer del tiempo suficiente para practicar con Francis el patronus y otros hechizos tanto defensivos como ofensivos, y sentía la impaciencia del campeón mezclarse con la propia. Por otro lado, Afonso solo deseaba ayudar y le fue indicando a Francis consideraciones que ya sabía, porque a ambos se las había dicho el mismo profesor.

Arthur decidió intervenir. Indicó que otro día harían el expecto patronum, que por los momentos era mejor cambiar a otros hechizos que no tenían tantos requisitos. De esta forma transcurrió la tarde, y Arthur sintió una pequeña satisfacción al ver cómo Afonso lo conseguía tras unos pocos intentos. Le hacían creer que era un buen profesor. Por supuesto, esa satisfacción se esfumaba cuando la comparaba con los avances de Francis, quien no podía ocultar su frustración.

¿Había hecho lo mejor al invitar a Afonso o lo había empeorado? Francis debía saber que era un mago inútil y aquella era una buena forma de conseguirlo. Al acabar, Afonso lo invitó a dar un paseo, ya que faltaba para cumplirse el toque de queda y, en todo caso, Arthur sabía cómo no ser atrapado por el conserje y los profesores. Antes de despedirse de Francis, Arthur se vio en la obligación de dirigirle unas últimas palabras:

-Sigue practicando o barrerán el suelo con tus restos.

-Atrasé mi tiempo de lectura. Oye –dijo en voz baja-, no quiero ser maleducado, pero deseo que nuestras sesiones queden entre nosotros dos.

-Pensé que te vendría bien un buen referente. Compara tu nivel y el de Afonso.

-Mi nivel lo tengo claro –repuso Francis-, lo que no sé es qué papel juego para ti.

-¿Papel?

-Es una tontería, pero me importa la opinión del chico que me ayuda –explicó Francis-. ¿Me consideras al menos digno de tu confianza?

-¿Te golpeaste el cerebro? –repuso Arthur, y sintió deseos de huir antes que tener que seguir escuchando los desvaríos de Francis.

-¿Te gusta Afonso?

Arthur sabía que se estaba acalorando. Agradeció que Francis lo hubiera alejado a una esquina de la sala antes de ponerse a hablar, porque le producía terror el hecho de que Afonso pudiera escucharlos.

-N-No. Nomegustanadie. Deja de decir estupideces.

-Es que ni siquiera a mí me has mostrado tu patronus. Ni una sola vez. Ni siquiera para buscar lucirte.

-¿Quieres que me luzca contigo? –gruñó Arthur-. No lo haré. Solo se lo muestro a magos capaces, cosa que tú no eres. Deja de lloriquear.

Dicho esto, Arthur se alejó de Francis como si este se hubiera convertido en una banshee. Su corazón todavía palpitaba con fuerza cuando caminó con Afonso hacia un salón vacío para seguir hablando de lo que había sido el entrenamiento. No se dio cuenta de que no dejaba de criticar la actuación de Francis en todo momento, o el hecho de que a Afonso lo estaba aburriendo.


En la siguiente sesión de prácticas, Arthur se vio con la sorpresa de tener allí a Heracles y a Monique, cosa inusual porque ellos no aportaban nada en cuanto a hechizos de duelo. Había cumplido con la petición de Francis y había quedado con Afonso después. Estaban sentados, con la manzana en el medio, y mantenían una discusión incesante sobre la naturaleza de la segunda prueba.

-¿Y si se refiere al Edén? –preguntó entonces Francis.

-¿Qué es eso? –preguntó Monique.

Arthur se acercó, arrugando el ceño, como si estuviera de mal humor —lo cierto era que lo estaba, pero también le intrigaba la conversación. Cuando Francis hablaba, le enseñaba otros mundos, otros conceptos, que jamás se habría imaginado que existieran. Siempre conocía algo nuevo, por inútil que fuera en casos prácticos—. Saludaron a Arthur y Francis se apresuró a aclararle que no pensaba volver a entrenar hasta resolver el enigma de la segunda prueba. Arthur fue a protestar, pero Francis continuó con su explicación de un tal sitio llamado Edén y Arthur, atraído por su voz, se quedó escuchándolo.

-Es una posibilidad –dijo Heracles-, que el Torneo no se base únicamente en mitos griegos. Ya hablaste del Edén, que no conocía, y es una posibilidad.

-En otras ediciones del Torneo han encerrado a los participantes en laberintos, este podría ser uno y las criaturas del paraíso, monstruos de diversos tipos –sugirió Monique.

-Es una posibilidad pero no la única –dijo Francis-. Hay más mitos que tienen manzanas. ¿Cómo elegir entre todos, uno?

Arthur sintió que sobraba allí. No aportaba ningún argumento y las amplias posibilidades le confundían, haciéndole querer afianzarse en una serie de hechizos devastadores que, sin embargo, estaba seguro que Francis no iba a saber manejar. Lamentó nuevamente no poder ocupar su lugar.

Francis tomó la manzana entre sus manos y Arthur tuvo un pensamiento que después le pareció estúpido: recordó cuando el muchacho le mostró un libro de arte muggle, donde los retratos no se movían, y uno de ellos era la bruja, no, la diosa del amor de la cultura griega, rubia y de ojos azules y sumamente preciosa, que cargaba una manzana dorada. Apartó aquel desvío de su mente y volvió a concentrarse en la discusión.

Para entonces, Francis había cerrado los ojos, llevándose la manzana a la boca. La mordió a pesar de su dureza y justo entonces, ante el mordisco, la manzana perdió su color dorado, volviéndose una manzana roja común y corriente. ¿Qué clase de truco era aquel? ¿Qué quería decir? Arthur iba a protestar, pero Francis se quedó helado. En menos de un segundo, el chico había perdido la conciencia y caía al suelo, pálido como un muerto.

Arthur gritó su nombre, desesperado, y con sus dos amigos intentaron despertarlo. Como no ocurrió, Heracles lo levantó y los tres salieron corriendo hacia la enfermería, olvidándose que en vez de usar la fuerza, se podía trasladar con un hechizo de levitación medianamente sencillo de hacer. Atrajeron el interés de los estudiantes, que pronto supusieron que Francis había sido atacado por alguien lo suficientemente valiente y resentido. Las acusaciones cayeron hacia los Gryffindor. Estos se quejaron y acusaron a los Slytherin pero, esta vez, nadie los apoyó.

La enfermera dispersó a los curiosos y solo dejó que Heracles, Monique y Arthur se quedaran en la enfermería. Después de explicarle lo que había ocurrido, la mujer despertó a Francis con una poción, y este abrió los ojos casi de inmediato. Se sentó en la camilla y miró a su alrededor.

-¿Qué fue lo que me dieron? –preguntó, ignorando las preguntas sobre su estado físico.

-La poción de la cura del sueño –explicó.

Francis repitió las palabras, dio las gracias y se marchó de la enfermería rápidamente. Arthur se sintió molesto porque los hubiera ignorando cuando los había tenido tan preocupados. Los tres chicos se miraros a las caras, buscando una explicación.

-¿Alguien entendió qué pasó? –preguntó Monique, exasperada.


A Francis se le vio en la sección de pociones de la biblioteca. Y luego se esfumó, al mismo tiempo que los otros dos campeones aumentaban sus demostraciones públicas de magia. Arthur tampoco sabía qué se traía en mente y odiaba que, cuando le preguntaban sobre el campeón, su desorientación fuera auténtica.

Para el catorce de febrero se hizo una fiesta del día de los enamorados, a la que asistieron todos menos los alumnos de tercero, segundo y primero. Todo séptimo estaba allí. Arthur observó a Antonio y a Emma juntos, bailando animadamente. Había asistido la prensa también y sus ojos no se despegaban de Lukas, quien le había pedido a una de Beauxbatons que fuera su pareja, y de Charlotte, quien había decidido que su pareja de baile fuera una chica, Cosette Harper. Lovino estaba intentando sacar a bailar a Isabel, quien estaba con Feliciano. Emily se había ido con Iván, y estaba intentando que el chico tuviera ritmo al bailar. Alfred, en cambio, hablaba y contaba chistes, queriendo caerle en gracia a Sakura. Gilbert miraba de lejos, de mal humor, cómo Elizabeth guiaba el baile con Roderich.

Arthur había esperado que Francis se presentara en algún momento a aquel asqueroso baile y, como no pasaba, fue perdiendo el poco interés que ya tenía. Se despidió de Gilbert, Afonso y Kiku, quienes tampoco consiguieron pareja a tiempo, y se marchó para devolverse a sus habitaciones, solo que acabó yendo a la entrada de la sala común de Ravenclaw. En realidad, había considerado que era la mejor oportunidad para ir tras Francis y no ser cuestionado al respecto, o peor aún, que sus intenciones fueran malinterpretadas, tal y como había comenzado a hacer Emma desde que le contó sus últimas vacaciones de Navidad. Ella era una fiel lectora de Corazón de Bruja.

"Entre más me manifiesto, menos me ves" le dijo el retrato.

Arthur lo pensó un poco. Solo un poco.

-La oscuridad –probó y acertó.

Era la entrada más fácil de obtener de todo el castillo, si tenía en cuenta que para las demás salas comunes se usaba una contraseña que se cambiaba cada cierto tiempo. Fue directamente a la habitación de los chicos de séptimo, abrió la puerta y esperó encontrarlo allí. No estaba, pero antes de irse maldiciendo su suerte y su estúpido empeño por ver qué era de su vida, captó humo saliendo del baño, ¿se estaría dando una ducha? Pero, con todo, no era un humo normal.

Sacó su varita y se mantuvo atento, avanzando con sigilo. Abrió la puerta justo cuando el ocupante iba saliendo. Francis gritó, sobresaltado, y Arthur lo sacó del baño, para luego dejarlo entre la pared y su varita.

-¿Qué te crees que haces?

-¿Qué te crees que haces tú?

Arthur soltó a Francis. Se permitió detallar su figura, desde la coleta mal amarrada, dominando el cabello sucio, hasta la ropa muggle mojada y manchada de cosas que desconocía, y la barba de varios días que le crecía irregularmente por el rostro. A Arthur le debió haber parecido feo, pero se encontró reteniendo las ganas de tocar aquel rostro y pasar sus dedos por la barba.

-Qué mierda te pasa –acabó por preguntar. Francis lo miró arqueando una ceja-. Digo, te desapareces por días, con la segunda prueba a la vuelta de la esquina, dejas tirado el entrenamiento, y nada que me diga "hey, Arthur, no seas idiota, deja de esperarme, mejor cava mi tumba", y encima en la fiesta ni te apareces cuando tú adoras ser el cochino centro de toda mierda que se hace. ¿Qué te pasa? ¿Qué mierda te pasa?

-Lo siento –le dijo Francis-. Es que no tenía tiempo.

Francis sentó a Arthur en su cama, colocándose a su lado.

-Creo que voy a necesitar una poción para la cura del sueño en la segunda prueba –le explicó-. Y es una poción que lleva su tiempo. Hay que tener excesivo cuidado con ella. Así que decidí concentrarme en la poción nada más y pausar todo lo demás. Sé que debí avisar, pero no pensé en eso.

-¿Cómo estás tan seguro que vas a necesitar esa poción? Has perdido tiempo en algo que no se ha confirmado. Si eso falla, te jodes, porque sigues siendo un troll como mago. Casi squib.

-No voy a fallar porque estoy seguro de que tengo razón –le dijo Francis-. La poción casi está lista. Cuando esto ocurra, me quedará dos días para seguir entrenando. Pero por ahora, solo debo ocuparme de ella. No quiero echarla a perder.

Ahora que lo observaba más, Arthur se dio cuenta de que Francis lucía cansado. Se imaginó durmiéndose a su lado, como si su tarea ahora fuera recuperar el sueño perdido y él atesorarlo, y el pensamiento se le antojó tan ridículo que miró con resentimiento a Francis.

-Idiota –le dijo-. Sigo pensando que te estás arriesgando.

Francis se recostó, como venciéndose a la tentación de acostarse pese a no encontrarse solo. Arthur esperó una respuesta pero, cuando Francis cerró los ojos, supo que la había perdido. Acabó por acostarse él también, observando aquel rostro pálido y agotado dormir en paz. Se contuvo las ganas de probar qué tan profundo dormía, poniéndolo a prueba abrazándolo o besándolo. Sucumbió ante el deseo de acariciarle el cabello, y se dijo que aquel iba a ser un secreto que se iba a guardar para siempre.


El día de la segunda prueba llegó. Arthur había entrenado a Francis dos días antes, pero se había perdido tiempo y, con ello, parte del avance realizado hasta entonces. En la mañana estuvieron ellos dos solos en la torre de Astronomía.

Francis había vuelto a ser el chico guapo y elegante de siempre, pero Arthur no se dejó desconcentrar por esto, y lo volvió a derrotar las veces que estuvieron combatiendo. A pesar de ello, Francis estaba de buen humor, incluso ansioso por la llegada de la prueba.

-Me estoy adelantando y no tengo lugar a dudas –le confió, feliz, y Arthur puso los ojos en blanco.

-Así pensabas con lo del monstruo femenino y acabó siendo un cancerbero. Piensas con el culo –le dijo.

-Esta vez estoy más cerca de comprender la segunda prueba –le insistió.

Al mediodía, se dispusieron a marcharse. Arthur al comedor y Francis al campo de Quidditch, que otra vez fue habilitado para el escenario del Torneo. Antes de despedirse, Francis le tomó de la mano.

-Gracias por todo lo que haces por mí.

-No lo hago por ti –dijo-, es que tengo mucho tiempo libre y me das lástima.

-¿Te puedo dar un regalo de agradecimiento? –preguntó Francis, ignorando las negaciones absurdas de Arthur a las que ya estaba acostumbrado.

-Bueno… ¿Qué es?

Francis lo besó en los labios. Arthur, que no se lo había esperado, abrió los ojos con sorpresa y sintió cómo todo su rostro se estaba acalorando. Apartó a Francis de un empujón y tosió pretendiendo verse asqueado.

-¿Qué te pasa, cerdo? –protestó-. Me besas de nuevo y te corto las bolas –y para darle más énfasis a sus palabras, sacó la varita.

Antes de dar tiempo a Francis para disculparse, pues lucía arrepentido y alarmado por la reacción de Arthur, este se marchó a toda prisa, sin querer admitir que estaba huyendo, no solo de Francis, sino de sí mismo y sus sentimientos.


Es muy divertido escribir de Arthur siendo un desastre emocional. ¡Muchas gracias por sus comentarios! y perdonen el retraso, he tenido semanas ocupada.

Por si acaso:

Squib - persona nacida de padres magos que no hereda sus poderes mágicos. Es un caso muy triste.

Banshee - Espíritu de una mujer penando, cuando alguien la escucha o la ve, es señal de que alguien de la familia morirá pronto.

Cosette Harper es Seychelles, se los recuerdo, y Afonso, por si no ha quedado claro, es Portugal. En el capítulo dejé pequeñas señales de parejas que me gustan :)

Cómo me gustan los patronus de Inglaterra y Escocia: un león y un unicornio. Falta entonces mostrar el de Francis :3

¿Comentarios?

PD: Finalmente la historia que ando escribiendo sí tendrá mpreg (me estaba dando problemas la idea de quién sería el hijo de Arthur y Francis, pero ya lo tengo). ¡Estoy muy emocionada! Es mi primer mpreg serio y hay temas que me gustan muchos en general, por otro lado, no hay mucho mpreg fruk tomado seriamente, ¿no?