¡Hola! Os traigo un nuevo capítulo. Espero que disfrutéis la lectura, igual que yo estoy disfrutando escribir este fic. Gracias por vuestros comentarios, sois los mejores.
Angelinarte, trato de contestar a todo el mundo. Ahora mismo lo tengo fácil, porque sois poquitas las que os animáis a dejar comentarios. Mira que te estoy cogiendo cariño, el día que no me dejes un review tras leer el capítulo, me voy a sentir fatal. Me encanta recibirlos. Prometo no spoilearte mi propio fic, quiero que lo disfrutes pasito a pasito. Un besazo guapísima.
Meraki Black. Muchas gracias por tu review, me encanta que te encante. Un beso para ti también.
Hina002, eres una guest, así que solo puedo contestarte por aquí. Espero que sigas leyendo el fic y comentando. Un beso también para ti.
Tengoku no namida, muchas gracias por tu comentario. Y sí, va a ser un Harry/Hermione, aunque van a haber una pareja más en la historia. NO desesperes, el romance entre los dos protagonistas se irá dando, poco a poco, pero se va a dar. Un beso.
Y dicho esto.
Os dedico el capítulo chicas.
Disclaimer: Nada del mundo de Harry Potter me pertenece. Todo pertenece a JK Rowling y Warner Bross. Yo solo uso sus personajes para darle salida a mis locas ideas.
Capítulo 9.
-¿Señorita Dagworth?-la voz de pito de su jefe la hizo pegar un brinco-¿Podría hablar con usted un momento?
-Claro-sacudió sus manos y trató de limpiarlas en su túnica algo más-¿Sucede algo?
Comenzaron a caminar a la salida de la Sala de Muerte, a paso apresurado. Cassie casi tuvo que trotar a su lado. Desde luego algo grave debía estar pasando, el no era de las personas a las que le gustase correr, no estaba segura de que le gustara si quiera andar.
Un mal presentimiento se empezó a apoderar de ella, ¿y si habían averiguado algo?
No. Ella se había encargado de que todo saliera a la perfección, y no había dejado huella ninguna de la presencia de Andrómeda.
¿Tal vez las Salas protectoras habían alertado de un incremento de poder en el departamento?
Se estaba volviendo algo paranóica, quiso reírse de sí misma, pero lo evitó, no fuera a ser que su jefe considerara que se había vuelto loca.
Se cruzaron con unos cuantos compañeros de camino al despacho del Jefe de Departamento. Todos se dedicaban a mirarlos con cara de confusión.
Eso era bueno, significaba que nadie había sido advertido o enterado de lo que fuera que tenían que hablar.
Cuando entraron al despacho, se quedó blanca como el papel. ¿Qué hacía él allí? Eso no podía ser bueno. Nada bueno.
-Hola Cassandra-la voz grave de Kingsley pareció lograr que sus pulmones decidieran dejar de tomar aire.
-¿Se conocen?-la cara de confusión de su jefe, le habría resultado graciosa en cualquier otro momento, pero ahora mismo estaba más ocupada en no morir por asfixia.
-Si-su voz sonó como el croar de una rana.
-Eso es bueno-aplaudió su jefe-verá, el Ministro ha pedido que todos los Jefes de los subdepartamentos sean custodiados por algunos de los aurores-sus ojillos parecían dos canicas relucientes-no quiere que vuelva a haber un nuevo problema de seguridad.
-Ajá-fue todo lo que pudo decir Cassie.
-Así que-dio un par de palmaditas a su gran barriga-el Señor Shackelbot, se encargará de su seguridad.
- ¿De verdad? -ella miró de reojo al auror-supongo que solo será cuando esté en el ministerio, ¿no? No quiero que nadie ajeno a mi vida privada se inmiscuya en ella.
-Pues…-fue a decir el hombre.
-El Ministro ha decidido que lo mejor sería que fueran acompañados a sus casas-respondió por él Kingsley-y…-se revolvió algo incómodo-sería bueno que diera su nueva dirección, dado que la que está en los registros, es la de su antigua casa.
-Soy Inefable-se indignó ella-la mayoría de nosotros no damos direcciones, ni estamos en los registros precisamente para evitar lo que pasó con Mildred. En mi caso, lo que sucedió con mi padre, no tuvo que ver con que yo viviera allí, fue porque mi padre, era la forma más fiable de llegar a mí, y el sí figuraba en los registros, debido a su profesión.
-Señorita Dagworht- ese tono fue una clara amenaza-si el Señor Ministro, dice que es necesario, nosotros acatamos.
Una sonrisa tensa se dibujó en el rostro de la chica. Estaba más que segura que el desgraciado de Dumbledore le había sugerido esas nuevas normas de seguridad al Ministro.
Ella estaba ahora en problemas.
¿Cómo iba a avisar a Niall y a Sirius de esta nueva situación?
-Por supuesto-mantener esa sonrisa estaba empezando a costarle horrores, los músculos de su cara empezaron a quejarse-Si el Ministro lo ha pedido…-insinuó mirando al auror- ¡Bien! -dijo pegando un salto-Kingsley, sígueme. Tenemos que ponernos al día, debo darte un montón de información sobre mis horarios.
Kingsley no sabía dónde meterse. Había pasado de ser el jefe de seguridad del Ministro muggle, a la niñera de uno de los jefes de un sub-departamento del Departamento de Misterios. Lo peor, es que él sabía que esto no era ni remotamente normal, y que la chica, que conocía de las pocas reuniones a las que ella había asistido, de la Orden, le mirara con esa sonrisa tensa y con los ojos de alguien que quiere hacer mucho daño a quien tiene delante, le hacía saber que su trabajo iba a ser difícil.
- ¿Cuál es su Departamento? -le preguntó el con curiosidad. Supo que había hecho mal al preguntar, porque los ojos de la chica se incendiaron, y su sonrisa hizo que mostrara todos sus dientes, como un tiburón que sabe que va a comerse un pez especialmente apetecible.
-El Departamento de la Muerte-le dijo mientras cogía el picaporte la puerta negra que llevaba a la sala del Velo- Bienvenido Kingsley-su voz sonó como si un extraño regocijo se hubiera apoderado de ella-creo que lo vamos a pasar muy bien juntos.
Albus Dumbledore no era estúpido. Alguien capaz de tejer telarañas tan grandes, no podía serlo. Por eso, se dio cuenta enseguida, que la hija de Héctor iba a ser un pequeño incordio, al que había que mantener bien vigilada, y entretenida. Había ciertos asuntos que habían escapado de sus manos, pero él se iba a encargar de devolverlos a su cauce. El hecho de que Hermione Granger, resultara ser la nieta del hijo perdido de Héctor, fue desconcertante, pero a la vez, algo bueno. Muy bueno. Iba a poder manejar al joven Potter a través de ella, toda la familia Dagworth le debía lealtad, del primero al último.
No iba a mentir, tal vez el hecho de que los jóvenes Weasley hubieran sido tan impulsivos y tan cortos de miras, le estaba pasando factura en este momento. Debía volver a hablar con Molly Weasley y dejarle claro, de nuevo, cuáles eran sus papeles en esta historia. Le había dado el material suficiente como para que solo tuviera que dar los empujoncitos necesarios para conseguir mantener tanto a Harry como a Hermione controlados. A Harry doblemente, a tra ves del joven Ronald, que debía ser el primero en ofrecer su amistad a un niño que había sido rechazado y maltratado durante toda su infancia a cargo de sus tíos, y que no dudaría en abrazar esa amistad como un preciado tesoro, y a través de la joven Ginebra, que con el pasar de los años, debía procurarse un buen espacio en el corazón del joven en el que se estaba convirtiendo. No es que la parte de la joven Weasley hubiera supuesto un problema. Después de todo esa chiquilla tenía una enfermiza fijación por el muchacho. Su madre había hecho bien al menos algo con la educación de su única hija. Con la pequeña Hermione, habían pactado, al darse cuenta de que la chica no iba a desaparecer de la vida de Harry, que sería para Ronald, lo que Harry era para Ginny. Aunque la chica no tenía dinero, o eso creían en un principio, era lo suficiente inteligente como para granjearse un gran futuro por sí sola en el Ministerio, y alzar el nombre de la familia Weasley a lo más alto.
Albus Dumbledore, no entendía como esa familia podía ser tan tonta, les había ofrecido en bandeja de plata, nunca mejor dicho, el dinero y la fama, a través de esos dos más que posibles miembros en su familia. Y en vez de ver que la nueva situación de la joven Granger les daba más probabilidades de aumentar las arcas familiares, habían acabado con las posibilidades por unos tontos e infundados celos adolescentes.
Suspiró resignado. La adolescencia era una época por la que no querría volver a pasar. Todos somos vulnerables a los cambios en esa etapa de nuestras vidas.
Ya se les ocurriría algo. Por el momento, tenía al joven Potter frente a él. Sentado y mirándole con sus ojos verdes llenos de curiosidad.
-Harry-le miró a través de sus gafas de media luna-¿qué ha pasado con Ronald Weasley?
El chico era fácil de leer. Por lo visto, era un tema que le incomodaba demasiado.
-¿A qué se refiere profesor?
-Es más que evidente que han tenido problemas, hace una semana, usted le gritó y le amenazó frente a un Gran Comedor muy concurrido-sus dedos tamborilearon sobre la superficie de la mesa-me preocupas Harry-le dijo-últimamente has mostrado estar más agresivo. Entiendo que la muerte de un ser querido siempre nos afecta y cuando es difícil de asimilar…
-No tiene nada que ver con Sirius-aclaró el chico-mis problemas con Ron, son por otras razones.
-¿Algo de lo que te gustaría hablar?-inquirió esperanzado.
-No, señor-la determinación en su voz le hizo saber que no obtendría la información en boca del chico. Y en estos momentos, se arrepentía de haber puesto a Severus a cargo de enseñarle algo de Oclumancia. Porque a pesar de ser bastante torpe en ello, podría notar si el tratase de leerle la mente, y no le convenía eso. Necesitaba que el muchacho siguiera confiando en él.
-Está bien, Harry-le miró con una pequeña sonrisa-cambiando de tema, esta vez sí a lo que nos ha traído aquí, ¿has conseguido ganarte la confianza del Profesor Slughorn?
-Él parece tener cierta debilidad por mí-se encogió de hombros-pero aún no se ha dado la oportunidad de charlar a solas con él.
-Creo que no debo recordarte, lo importante que es que consigas su confianza-le aseveró-te rogaría que trabajes más en ello.
- ¿Por qué es tan importante? -preguntó el chico con suspicacia.
-Todo a su debido tiempo, mi querido Harry-suspiró-todo a su debido tiempo.
Decir que Molly Weasley estaba enfadada, sería un eufemismo. En estos momentos, sería capaz de matar a sus dos hijos menores. Arthur la veía caminar de un lao a otro de la cocina de la Madriguera con un cuchillo en sus manos. Mascullando y expulsando veneno a través de su mirada.
No le gustaría para nada ser esa zanahoria en ese momento. De un tajo la partió por la mitad, y con el cuchillo aún en sus manos se volvió hacia su marido.
- ¿Te lo puedes creer? -ella no, desde luego-estos niños me van a oir. Me daba igual que se enemistaran con Hermione, ella y Harry estaban volviéndose demasiado unidos…-su garganta se rasgó con un grito histérico- ¡Pero se han apartado de Potter!, ¡y el idiota de tu hijo, le sigue picando con la inútil de Hermione!
-Molly…-el parecía cansado- por favor, esa niña no nos ha hecho nada.
- ¿Qué no nos ha hecho nada? -le miró furibunda-esa niña, está logrando que todos nuestros planes para Harry y Ginny se vayan por el desagüe-su tono se hizo un siseo amenazante-si pudiera la quitaba del camino de mi pequeña con mis propias manos.
Arthur se llevó las manos a la cabeza. Su mujer se había vuelto definitivamente loca.
-¿Se ha sabido algo de la tía de esa chiquilla?-preguntó con aparente desinterés-ya sabes, ¿se ha comentado algo sobre ella en el Ministerio?, ¿algún trapo sucio?, ¿algo con lo que poder desacreditarla frente a Harry?
-No, Molly-negó sintiendo lástima por el monstruo en el que se había convertido su esposa-esa joven no solo es buena en su trabajo, es un genio. Y según lo que me ha comentado Kingsley, aparte de disfrutar haciéndole bromas pesadas, es buena chica.
-No me fio de ella, no de su sobrina-dijo señalando con el dedo a su marido-mantente informado de los movimientos de esa mujer. Necesitamos algo, lo que sea.
Querida tía,
No me sentía muy segura de cómo contarte esto. Pero dado la urgencia del asunto, he preferido hacerlo por carta.
Hace algo más de una semana, tuve una pesadilla. Fue algo extraña. Lo importante, no son los detalles, sino, que en esa pesadilla se me apareció una banshee.
Temo que se trate de alguna muerte iminente en nuestra familia.
Te agradecería si pudieras asegurarte de que mis padres se encuentran bien, y si pudieras, me mandases algo de información, o alguna explicación del porqué ha pasado esto.
Un abrazo,
Tu sobrina, Hermione.
Releyó por tercera vez la carta, y miró a Hegdwig. Harry le había dicho que podía tomarla prestada para realizar las entregas de las cartas a su tía. Pero algo, no sabía exactamente qué, le hizo querer usar otra lechuza. Era una sensación muy extraña, como cuando tienes ganas de estornudar, pero no lo consigues, y ese picor en la punta de la nariz prevalece.
Observó la misiva que le había entregado Harry como contestación a la invitación de su tía a pasar parte de las vacaciones de Navidad con ellos.
Sonrió.
Su amigo había estado demasiado abrumado al momento de recibir la invitación de boca de su tía, como para contestar al momento. Pero finalmente, se había mostrado encantado con la idea. Pasar, aunque fuera una semana con Hermione y su familia, le hacía mucha ilusión.
Esperaba que el regalo que tenían preparado su tía y ella, hiciera que Harry pudiera sentirse de nuevo en familia.
Enrolló ambos pergaminos y los ató con delicadeza a la pata de una lechuza del colegio. Tras darle las indicaciones y una chuchería, la lechuza de forma solicita dio un par de vueltas alrededor de la chica y una vez logró alzar el vuelo, salió disparada por uno de los arcos.
Hermione se quedó mirando como el ave se perdía en el horizonte.
La noche llegó pronto, y tras la cena todo el mundo se fue a sus Salas Comunes. Hermione como llevaba haciendo desde hacía unos días, era una de las últimas en subir a las habitaciones.
Esa acción estaba comenzando a levantar sospechas y comentarios del par de chismosas que tenía por compañeras. Pero no podía importarle menos.
Le daba pánico cerrar los ojos. Las ojeras que rodean sus ojos, se están haciendo cada vez más grandes y oscuras con el pasar de los días. Solo conseguía dormirse un par de horas en el hombro de Harry, el muchacho se quedaba con ella en alguno de los sillones y con un brazo protector sobre sus hombros. La hacía sentirse protegida. Y en cierta medida Harry la entendía. Él también tenía pesadillas que le gustarían poder olvidar.
Fue cuando el reloj de pulsera del chico marcó las dos de la noche, que frotándose los ojos con la mano que tenía libre, y dando un suspiro, observó a su amiga. Estaba con una expresión de paz que hacía que se viera adorable. Pasó su dedo sobre donde le solían salir esas arruguitas tan graciosas cuando ella fruncía el ceño, y lo deslizó hasta la punta de la nariz respingona de la chica. Pudo ser testigo de cómo la nariz de la chica se movía de forma graciosa, probablemente porque le había hecho cosquillas con aquella acción. Una sonrisa tierna se formó en la boca del chico. Eran estos momentos en los que se sentía feliz. Estar al lado de su amiga, en cualquiera que fuera la circunstancia le hacía sentir que todo iba a ir bien. Le hacía olvidarse de todo lo malo que los rodeaba, y lo que pudiera llegar a pasar. Era por eso que le costaba horrores, no solo por ella, si no por sí mismo, despertarla. Pero ambos debían ir a sus respectivos dormitorios, si no querían tener problemas.
La dio un suave apretón en el hombro y un beso en la coronilla, después comenzó a mover levente su brazo de su posición, para darse cuenta de que se le había quedado dormido.
-¿Hermione?-la llamó en un susurro-Hermione…-probó de nuevo, logrando que la chica se acurrucara aún más contra él-vamos, despierta.
-No…-se quejó ella con la voz amortiguada-déjame cinco minutos más…-el aliento de la chica chocó contra la piel de su cuello, haciendo que un leve escalofrío recorriera la columna de Harry.
-Herms, tienes que ir a tu habitación-acarició el pelo de la muchacha-venga, sabes que si pudiera te subiría yo, pero las escaleras, van a hacer que los dos nos demos un buen tortazo.
-Harry-se lamentó ella-está bien, ya voy-con los ojos medio cerrados, la chica se levantó y trató de ir hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones de las chicas.
Harry tuvo que sujetarla en un par de ocasiones, porque el cuerpo de la chica parecía tambalearse como si estuviera andando sobre la cubierta de un barco en medio de un mar embravecido.
No se fue hacia su cuarto, no, hasta que escuchó la puerta del dormitorio de su amiga abrirse y cerrarse. Señal de que había llegado a su destino.
-Cassie-la voz de Niall se filtró a través de la puerta.
-Pasa-escuchó que le dijo ella- ¿qué pasa?
-Estoy preocupado por tu guardaespaldas-los ojos de Niall se posaron en su amiga, que estaba terminando de arreglarse para ir al trabajo- ¿no te estás arreglando demasiado? -dijo el arrugando el ceño.
Ella tan solo se encogió de hombros, restándole importancia. Después cogió su túnica de inefable y se la colgó del brazo, para bajar a desayunar.
-¿Y Sirius?-preguntó ella mirando el reloj de cuco que había en el comedor.
-Estoy aquí-un silbido de admiración salió del hombre frente a ella-¿quién es el afortunado?
-Nadie-dijo mientras se llevaba la taza de café a la boca.
-En serio, Cassie-dijo Niall- ¿por qué te has arreglado tanto?
-Sois un par de cotillas-les señaló con el dedo índice y después de bufar de forma poco femenina decidió hablar-Me interesa Kingsley, y lo que tenga que contarme.
- ¿Pretendes ir de Femme Fatale? -El brillo divertido en los ojos de Sirius la ofendió.
-¿Y qué si fuera así?-se envaró.
-No serías capaz de seducir a nadie, Cass-le contestó Niall.
Ella les miró con los ojos entrecerrados, para después dejar que una sonrisa seductora se adueñara de sus labios.
-¿Quieren apostar?-dijo ella coqueta y batiendo sus pestañas.
Ambos abrieron la boca, pero lo que fueran a decir se quedó atascado en sus gargantas, porque el sonido que avisaba de una aparición en los terrenos sonó alto y fuerte.
Cassie cogió un croissant, y su túnica y salió corriendo hacia la puerta. No quería que el hombre se acercara ni cincuenta metros a la puerta principal de la casa.
Fue estando en el trabajo que recibió la carta de su sobrina. Cassie jamás se había sentido con tanta ansiedad en su vida. ¿Qué significaba aquello?
No. Se dijo. No puede ser.
Él último que había recibido las visitas de la Banshee familiar, había sido su padre. Era un honor que solo recibían los que eran llamados a Cabeza de la familia.
Sintió como el dolor de cabeza se iba extendiendo, haciendo que las punzadas tras sus ojos se hicieran casi insoportables. Sabía que Kingsley la estaba observando, pero le dio igual. Se acercó al armario con pociones que tenía en su despacho y casi sin observar, se hizo con una, que destapó y tomó de un solo trago.
Se dejó caer en una silla y se frotó las sienes con los ojos cerrados.
No podía ser.
Solo había dos razones por las que la Banshee se hubiera presentado a su sobrina.
Una era que su hermano hubiera muerto, después de todo, al no ser desheredado ni borrado del árbol familiar, él y su línea de sangre era la que continuaría con el legado familiar. Ella pasaría a ser una línea secundaria de la familia, que desaparecería en el momento en el que se casara. Si es que eso llegaba a suceder.
La segunda opción, es que su hermano, había renunciado explícitamente a ser el Cabeza de Familia. Si era así, ella iba a matarlo.
Escribió en un pedazo de pergamino un mensaje claro y escueto.
Tenemos que hablar. Urgente.
Cassie.
Andrómeda Tonks, alta, con su porte aristocrático, y esa mirada helada, estaba apostada en la puerta de Madame Malkin. Hacía años que no hablaba con su hermana pequeña.
Cissy había sido siempre una serpiente escurridiza. Nunca nadie había sabido leerla. Nadie, excepto su hermana Andy.
Sabía que esa reunión no era por buenos motivos. Sabía que su hermanita estaba acudiendo a ella como la última de sus opciones.
Seguramente ya habría probado con Bella, pero ella no la habría dado la ayuda que realmente necesitaba, o en su defecto le estaba pidiendo un costo muy alto por ella.
La vio, aunque estaba tapada con una gran capa negra que no permitía ver su rostro, ella podía distinguir su forma de andar, la había estudiado durante años. Esa niñita callada y solicita, que nunca se metía en problemas, y siempre hacían lo que le decían.
-Andy-si ella pretendía jugar a las familias unidas, se había equivocado.
-No soy Andy desde hace mucho para ti, Narcissa-su tono helado, la hizo saber a Narcissa Malfoy, que, después de todo, tal vez el precio que le haría pagar su hermana Andrómeda, podría llegar a ser incluso más alto que el de Bella.
N.A.: Muy bien, hasta aquí llega el capítulo de hoy. Espero que me digáis que os parece. Estoy tratando de presentar todas las sub-tramas de la historia, a partir del capitulo 12, el contenido se irá fijando en una de ellas por capítulo. Advierto de que va a ser un fic largo, y que a partir de ahora los capítulos comenzaran a ser más largos.
Un beso.
