Disclaimer: Los personajes de MARVEL & Disney no me pertenecen. La historia es creación mía, no tengo fines de lucro, salvo entretenerlos.

Notas de la autora: No tengo notas el día de hoy...ehm... ¡lean!

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[Anteriormente...]

"Era un beso desesperado y temeroso, ella lo pudo notar. No tuvo opción. Se dejó llevar por el suave movimiento de sus labios con los de ella. La pelirroja notó que Steve se relajó y puso sus manos en su cintura, acercándola más a él, ya que estaba en puntillas. Natasha pasó sus brazos alrededor de su cuello para disfrutar más aquel beso.

El rubio ya estaba asumiendo que nada malo le iba a pasar, no recibió un golpe, cachetada o algo por el estilo. Debe admitir que su amigo James tenía razón, nada mejor que un beso para aclarar sentimientos."

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Su mejilla ardía como si se hubiera golpeado contra la muralla. Tenía que admitir que Natasha daba unos buenos golpes. Y pues... en eso terminó aquel beso. La pelirroja lo empujó y le dio una bofetada, alejándose de él lentamente. Steve no comprendía bien, ya que, al principio, ella no había dado indicios de querer detenerse. Si antes estaba confundido acerca de sus sentimientos por Natasha, ahora era peor.

Ella lo estaba observando detenidamente. Aún estaba agitada debido al beso que se habían dado hace segundos atrás. Su corazón bombeaba sangre a mil por hora. A simple vista se veía un chico introvertido, pero al parecer, era solo una apariencia, o al menos eso era lo que pensaba la pelirroja.

― Natasha... ―Empezó él.

― Por qué viniste... qué haces aquí ―Dijo seria, mientras se dirigía a una banca a sentarse para quitarse las zapatillas de ballet.

― Sólo...quería verte.

― Podrías haber llamado antes o algo así...

― Me hubiera gustado... pero aún no tengo tu número ―Se excusó el rubio. Y tenía razón. Natasha exhaló despacio.

― ¿No podías esperar a que llegase a mi apartamento...?

― Eres lo que necesito... es decir―Natasha se detuvo al escuchar aquel comentario. Sus mejillas empezaban a arder y no quería que él se diera cuenta de eso y continuó con su labor de quitarse las zapatillas de ballet―, no sé bien como explicártelo...pero necesitaba verte.

― Steve, ―Comenzó ella―, no me gusta que invadan mi privacidad. El local está cerrado ―La pelirroja se levantó de su puesto, tomando sus cosas dirigiéndose hacia los camerinos, seguido de un Steve avergonzado. No sabía que ella tuviese una actitud tan a la defensiva ¿acaso escondía algo?

― Discúlpame, no quise ser entrometido y con lo del beso... ―Ella escuchaba las disculpas, dándole la espalda. Cerró el locker y volvió su mirada hacia aquellos ojos azules que tanto le gustaba observar.

― Bueno, supongo que pasas por esta vez ―Suspiró resignada y algo avergonzada por su actitud hacia él. Rogers no tenía como saber en lo que ella pensaba o lo que sentía. Ella sabía de antemano que es un buen muchacho ―Discúlpame tú a mi...

― Imagino que, tendrás tus razones... ―Acomodó sus manos en los bolsillos de su pantalón―, no te preocupes. Yo fui quien insistió y entró sin permiso...pero es que cuando la inspiración llega, tienes que hacer lo posible para que no se vaya y-

― Por eso viniste ¿no?

Steve se había quedado sin palabras. Porque era verdad lo que ella decía. Él dijo que su inspiración había llegado ¿era por ella realmente? ¿o tal vez el baile? Aún no lo tenía claro del todo. Tal vez ahora, Natasha tendría una pésima imagen de él. Llegar de improviso, interponerse en su tiempo libre y más encima, tomarla de sorpresa con aquel beso. El rubio se sentía tonto. Quizás la idea de James no fue la más acertada...

»― ¿El beso era parte de esa inspiración? ―Preguntó sin anestesia. Porque ella era así, directa al grano. Aunque Steve pudo notar una sonrisa pícara por pare de ella.

― No, eso no estaba en mis planes...o sea si, en parte, pero... ―Rogers estaba a punto de tirarse por la ventana. Observó que Natasha se estaba riendo con la escena de nervios de él.

― A mí también me gustas Steve...

Dijo finalmente ella, acercándose y quedando frente a él, cerrando sus ojos. Rogers sentía que el corazón se le saldría por la garganta en cualquier momento. Al igual que él, Natasha sentía en su estómago como si hubiese tragado mil mariposas y éstas revoloteaban de un lado a otro. La rusa pensaba que el cosquilleo se trataba sólo un cuento de hadas o de aquellas historias en donde la princesa conoce a su príncipe azul y terminan felices para siempre. Y ella percibía eso... de que tal vez, su príncipe azul había llegado para quedarse.

― ¿Hablas en serio? ―Steve tomó sus manos delicadamente realizando aquella pregunta. Se acercó a ella, juntando su frente con la de ella. Escuchó susurrar un "si" por parte de la rusa y Steve esbozó una sonrisa de aún no creerlo. Porque para él, Natasha era su sueño inalcanzable y ahora estaba ahí con él, declarándose y siendo muy abierta.

― No quería aceptarlo aún...porque tenía miedo ―Natasha empezó a hablar aún con sus ojos cerrados―, miedo de tal vez, no saber si estaba sintiendo esto de manera real. No quería que fuera algo pasajero o de un día para otro. Además... eres un buen chico, y yo... ―Tragó saliva. Él aún no conocía muy bien a Natasha y su pasado. Tampoco ella querría hacerle saber todo lo que tuvo que pasar―, no he tenido buenas experiencias amorosas ―Se excusó―

― No te preocupes ―Tomó su rostro con ambas manos e hizo que él la mirar a los ojos―, yo tampoco soy un experto en ser el mejor novio del mundo. Pero te prometo, que cuidaré siempre de ti.

― ¿Siempre eres así de romántico? ―Preguntó ella, haciendo notar un leve rubor en sus mejillas.

― Sólo contigo...

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Salieron de la academia de ballet. Steve quiso acompañar a Romanoff hasta el apartamento. Habían dado un paso más adelante, cosa que ambos querían, pero que ninguno de los dos se atrevía a decir. Steve tuvo que dar el primer empujón para que todo esto resultase.

Por la mente de Rogers pasaba la idea del beso que Bucky le había dado. Al principio, pensaba que todo iba a terminar horriblemente y se iría con más de una cachetada a casa. Pero salió todo lo contrario. De hecho, ni se lo esperó.

Natasha por su parte, tampoco se esperó de ella misma decirle aquellas palabras de "Me gustas". Ella no era así tan expresiva. Pero había algo en él, que Natasha percibía que podía confiar su vida entera. En este caso, sus sentimientos.

Pasaron a una tienda para comprar algunas cosas para la merienda. Aunque Natasha no tenía mucha hambre, ya que con la pizza que había comido como almuerzo, estaba más que satisfecha.

Salieron del minimarket con un par de bolsas y se encaminaron nuevamente al apartamento de la rusa, cuando de pronto, alguien la llama por su nombre. La pelirroja voltea a ver de quien se trataba, aunque no era difícil de predecir, la voz era demasiado obvia.

― Hola Sharon ―Habló finalmente Natasha a su compañera de aula―, ¿Qué se te ofrece? ―Preguntó sonando algo cortante, ya que llevaban prisa.

― ¿No me lo vas a presentar? ―Sus ojos se dirigieron al rostro de Steve, el cual se veía muy concentrado en su Smartphone.

― Si bueno... ―Natasha quería huir de ahí lo más pronto posible. Y era que obviamente, Sharon no era de aquellas personas favoritos que ella quería ver en estos momentos―, Steve, ella es Sharon Carter... es mi colega en la academia de ballet.

El rubio despegó sus ojos del celular y miró a la rubia mujer en frente suyo, la cual le pasaba su mano en forma de saludo. Él hizo lo mismo, estrechando su mano.

― Discúlpame, le enviaba un mensaje a un amigo... ―Guardó el aparato en uno de sus bolsillos y continuó―, Steve Rogers, mucho gusto.

― El gusto es mío Steve ―Sharon quedó embobada con la mirada del amigo misterioso de Natasha. Era demasiado guapo. La rubia sacudió su mente para poder concentrarse y volver a preguntar. ― ¿Y te estás quedando por acá o vienes por vacaciones?

La pelirroja sintió su sangre hervir por dentro ¿Qué le importaba dónde se estuviera quedando? Mordió sus labios, aguantándose la pregunta, ya que Steve le estaba respondiendo en ese momento. Lo odió por unos segundos de su vida.

― De hecho, soy vecino de Natasha. Me mudé justo al frente de su apartamento ―Responde de manera cortés como suele ser siempre. Sharon miraba impresionada a su 'amiga', ya que la rusa no es de tener demasiados amigos o de conocer gente nueva.

― Que bien y que coincidencia que sean vecinos... ―Miró nuevamente a Natasha. La rubia pudo percibir la incomodidad de ella, así que, decidió marcharse. Pero consiguió lo que quería. ―, bueno, los dejo. Tengo cosas que hacer en mi casa. Nos vemos el lunes, Nat.

La pelirroja tomó las bolsas y se encaminó nuevamente, seguido de Steve, que no entendía nuevamente la actitud de su compañera. Él suponía que eran amigas, pero al parecer, no lo eran del todo. Quería preguntar, pero tal vez no era el momento.

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Llegaron al edificio y al departamento de Natasha. Steve dejó el bolso de gimnasio que llevaba en el suelo y cerró la puerta tras de sí. Veía a su ahora novia, dejar las bolsas encima de la mesa de la cocina, mientras interactuaba con la cafetera. Aún no podía sacarse aquella imagen de ella mientras bailaba ballet. Era realmente un recuerdo que atesoraría siempre en su corazón, hasta que...

― Nat...― La miró a los ojos y veía que ella sonreía. De pronto, sus mejillas parecían tener algo de calor. Se sintió algo tonto por aquella reacción por parte de él. Lo peor es que Natasha se había dado cuenta de ese detalle y soltó una pequeña risa.

― Sí, dime ―Se acercó a la cocina también para ayudar, así ocultaría su rubor.

― Es que, me había quedado pensando en tu amiga...

― ¿En Sharon? ―Un tono de voz algo seria salía de sus labios―, ¿por qué?

― Tú y ella... no se llevan bien ¿verdad? ―A la pelirroja le llamó la atención este último comentario, porque había creído que Steve estaba distraído. Pero bueno, no hace falta conocer tanto a Natasha y no haber notado aquel ambiente de indiferencia entre ellas dos.

― No... quiero decir ―Intentaba explicar ella, mientras guardaba algunas cosas en la nevera―, simplemente no somos amigas. Sólo compañeras de trabajo en la academia.

Steve se cruzó de brazos pensando en aquello. Pero estaba seguro que había algo más. Los rasgos en el rostro de Natasha cambian demasiado cuando escucha el nombre de la rubia. Quizás no lo iba a averiguar ahora, en algún momento sabría el por qué. Y tampoco quería invadir su privacidad siendo su primer día de 'novios oficiales', ya con haberla visto bailar sin su consentimiento, era más que suficiente.

Como Natasha no era una persona muy culinaria, recibió ayuda de Steve. Pero, ella también se percató que él tampoco era experto en la cocina. Ambos se reían con las tonterías que les pasaba. Se les caían las cosas al suelo, los ingredientes mal cortados.

Al final, les resultó una sopa de verduras bastante contundente, entre patatas, carne y verduras. Cada uno llevó su plato hacia el living, donde Natasha tenía una mini mesita para dejar cosas para comer. La pelirroja encendió la televisión, mientras Steve cerraba un poco las cortinas, ya que estaba empezando a oscurecer.

Los chicos se sentaron en el enorme sofá que había en la sala. A Steve le parecía demasiado cómodo para ser sólo un sofá.

― Al menos no moriremos de hambre ―Habló Natasha―, la sopa quedó comestible.

― Si, al no ser que más tarde tengamos una cita con el baño ―La pelirroja soltó una carcajada al escuchar aquel comentario del rubio, golpeándole un poco el brazo.

― Y tengo poco papel de baño...tendremos que usar el tuyo ―Le respondió aun riéndose. Steve no dejaba de admirar su sonrisa. Realmente estaba embobado con ella.

Finalmente, se quedaron viendo una película en el living. Las luces de la televisión rebotaban sobre sus rostros en cada explosión que aparecía. Steve se dio cuenta que Natasha se había quedado dormida, apoyando su cabeza encima de su hombro. No la quería despertar, se veía demasiado adorable durmiendo a su lado; de pronto sintió un movimiento por parte de ella, que se estaba acomodando mientras dormía. Esperaría a que terminara la película y se iría a su apartamento; porque de algo estaba seguro, de que al fin pudo ser claro con sus sentimientos y demostrárselos a la chica de sus sueños: la hermosa Natasha Romanoff.

[Continuará...]

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Sé que el capítulo fue algo corto, disculpen por eso,

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