Buenas!
Ok, aqui viene el penúltimo capítulo (qué rápido pasó verdad?) Es un poco diferente, así que no os sorprendais si no os resulta gracioso, no se si es que estoy ovulando o que simplemente salió así xD
Espero que aún así os guste.
Mañana publicaré el último y casi seguro actualizaré Cuando arde el hielo, está escrito pero no he podido revisarlo! Aún así terminando este tendré más tiempo para el.
Manu Rocha: O.O? tú sin palabras? jajaja espero que para bien!
BlueJoy: jajaja este Draco ve la paja en el ojo ajeno y la viga en el suyo no! El castigo creo que aún está en el aire ;) Besos!
Hatake nabiki: Era la clase ideal! si es que ha sido una semana de catastróficas desdichas. Pobres, creo que pronto van a resarcirse por todo lo que han tenido que pasar!
Milymu: Bienvenida! Gracias jajaja pues ya está aqui el jueves ;)
DuLce aMoR: Gracias ^^ Bueno, es que aquello era la guerra!
A todos MIL gracias y espero que sigais disfrutando de estas locuras xD
Besos y Saludos
AJ
Disclamer: Una vez más todo el mundo de HP es de JK R, yo solo lo uso para jugar.
Dia 6: Jueves
Draco amaneció de muy mal humor. No es que habitualmente se despertara sonriente y feliz, pero aquel día estaba simplemente furibundo. Gritó a diestro y siniestro, dio empujones y sacó del baño a rastras a un aturdido Blaise para entrar él primero.
Ninguno estaba sorprendido ante los malos modos e insultos del Principe, pero aquello era excesivo, incluso para él.
Todos se preguntaban que bicho había picado a Malfoy, pero nadie se atrevía a preguntar. Ni siquiera Pansy que, a veces, carecía del sentido de la autoconservación necesario para tratar con el rubio fue capaz de hacerlo.
Lo que seguramente ninguno de ellos se imaginaba era a Draco víctima de una frustración sexual que jamás había sentido. La noche anterior había estado a punto de mandar llamar a Pansy o a cualquier otra para que solucionara el problema que Granger había dejado entre sus piernas, casi lo hizo pero algo en lo que definitivamente no quería pensar, se lo había impedido. ¿Desde cuándo era tan malditamente estúpido? Nunca había importado demasiado quien fuera la que calentara su cama en un momento de necesidad. ¡Por Salazar! se estaba volviendo loco.
Se miró al espejo aferrando con fuerza los bordes del lavabo y abrió el grifo del agua fría. No podía estar pasándole esto, era impensable. Metió la cabeza bajo el curso del agua y dejo que la heladez congelara su cerebro. No quería pensar, era mejor ser un ignorante que atormentarse con aquellas absurdas ideas. ¿Qué era lo próximo? ¿Escribir poemas?
Se frotó la cara con las manos. No podía pasarle esto a él. ¡Era un Malfoy! Gruñó y pateó el lavamanos tirándose del pelo. Iba a volverse loco. No quería a ninguna otra en su cama, solo la quería a ella, con su olor a lirios y sus manos ligeramente ásperas y llenas de manchas de tinta, a ella con su nariz respingona y sus aires de superioridad tan propios de un Malfoy, a ella que sonreía no solo con los labios, si no con los ojos, tan arrogante a veces, inocente, fuerte, valiente y delicada… Quería sus gemidos, sus besos, necesitaba paladear su sabor, tenerla bajo su cuerpo y sentirla deshacerse entre sus brazos por primera vez.
Aquello no era bueno, era simplemente vomitivo. Estaba perdiendo la cabeza, la integridad y la jodida cordura por una sangre sucia a la que hace seis días odiaba lo suficiente como para desearla fuera de su vida por toda la eternidad. Le habría importado una mierda lo que le pasara a la amiga de Potter, viva o muerta le hubiera dado lo mismo siempre que fuera lejos de su vista. ¿Qué había cambiado? Seguía pensando que era una impura, que los de su clase solo aguaban la esencia de la magia, que eran una aberración para el mundo mágico, no mejores que los elfos, creados para servir a quienes eran superiores por naturaleza… ¿Entonces por qué le estaba pasando esto? No solo era la necesidad de ella, el deseo que despertaba en su cuerpo y las ansías que tenía de poseerla en cuerpo y alma… No, era también esa sensación desconocida que dolía en la boca de su estómago ¿Estaría enfermo? Se apretó el punto exacto y tragó saliva. Una extraña enfermedad si solo le atenazaba al pensar en ella ¿No?
Era demasiado inteligente para creerse sus propias mentiras…
Mierda
Estaba bien jodido.
…..
Cuando Hermione bajó al comedor aún seguía sumida en aquel estado de extraño embobamiento que tenía más que preocupados a sus amigos. Sobre todo a Harry, que había pasado mala noche y se había despertado al despuntar el alba. No era habitual que bajara sin Ron a desayunar, pero al ver la mirada perdida y el aturdimiento en el que su mejor amiga parecía sumida, creyó que debía ir con ella no fuera a terminar rodando por las escaleras.
Trató de entablar conversación con ella en un par de ocasiones, pero la castaña ni siquiera parecía ser consciente de la presencia de Harry a su lado así que decidió quedarse callado y esperar a que dejara aquella peculiar ensoñación en la que estaba.
―Hola Harry
Luna sonreía dulcemente mirando alternativamente a los amigos.
― Oh, Hola Luna
― ¿Es sonámbula? ― Preguntó ladeando la cabeza mientras señalaba a Hermione.
Harry alzó las cejas y carraspeó.
― Emmh creo que no. Al menos no lo era… antes.
― Lo parece ― Dijo la rubia con su peculiar tono de voz ligeramente infantil. Pasó la mano por delante de los ojos de su amiga ― No parece estar aquí.
― Si, ya lo había notado ― soltó algo irónico Harry ― Bajó así de su dormitorio ― Por raro que fuera estaba empezando a pensar que igual Luna tenía razón.
― Quita de en medio cuatro ojos
Harry sintió el golpe que Malfoy le dio en el hombro para apartarle. Tras él Crabbe, Goyle y Parkinson se reían entre dientes mirándole con arrogancia.
― No me toques Malfoy ― Siseó Harry con furia. Y le miró con odio, dejando que el rubio leyera en sus ojos que él lo sabía, él conocía el secreto que el antebrazo izquierdo del Slytherin guardaba bajo la manga de la camisa.
Los otros se rieron.
― Que un sangre limpia toque a impuros como vosotros debería halagaros ― Dijo Pansy.
― Me asquea que alguien como él respire el mismo aire que yo.
Harry era hiriente, tanto como Draco lo había sido durante años con Hermione.
― Oh, el niño-que-debió-morir no quiere que le toque ― Espetó el rubio con el desprecio deformando su rostro ― Para lo que me importa lo que quieras o dejes de querer Potty…
Se calló al ver el estado en el que estaba Granger. ¿Qué le ocurría? La extraña sensación de su estómago se apretó haciéndose insoportable ¿Eso era preocupación? ¡¿Por ella?! Merlín, necesitaba una sesión de cruciatus que le dejaran como a los Longbotton, era preferible un Avada a esta humillación por privada que fuera.
― ¿Qué le pasa a la sangre sucia? ― Quiso darse de hostias por llamarla así… no, espera, quiso darse de hostias por haber preguntado, eso estaba mejor. ― ¿La habéis dejado tonta? ― Sus amigos se rieron ― De pronto me recuerda a Weasley ― Hubo más risas, pero Draco solo podía mirarla y tragar intentando deshacer el nudo de su garganta.
― Yo creo que es sonámbula ― Acotó la Ravenclaw.
― A ti no te importa, Mlafoy.
Tenía razón, pero para su desgracia, su mente parecía no darse cuenta de que no debía importarle.
― ¿Malfoy?
La voz de Hermione apenas fue un susurro, miró al rubio a los ojos y Draco tembló. Se dijo que fue por miedo a que ella les delatara allí, delante de sus amigos, pero sabía, en el fondo sabía, que fue porque aquella mirada había sido como una patada en su plexo solar. Acababa de reconocer que no era solo deseo lo que sentía por ella. Estaba aterrado porque el cruce de miradas le había hecho comprender una aterradora realidad y, por el pánico que veía en aquellos orbes achocolatados ella estaba llegando a la misma perturbadora conclusión.
Se estaba enamorando de Hermione Granger.
Los demás parecían ajenos a lo que pasaba entre ambos, solo Potter pareció escuchar a la castaña pronunciar el nombre del Slytherin y la atrajo hacia su cuerpo protegiéndola.
― Tranquila Hermione, será mejor que vayamos a desayunar.
Y sin una palabra más siguió hacia el comedor arrastrándola hacia el comedor seguidos por una sonriente Luna.
― ¿Draco? ― Pansy aferró el brazo del rubio, pegándose a él ― ¿Estás bien?
Se soltó de un tirón mirándola con ojos entornados y, metiendo las manos en los bolsillos continuó su camino, sin importarle demasiado si los otros le seguían o no.
¿Cómo demonios iba a estar bien? ¡Nada estaba bien! Y parecía empeorar por momentos.
― ¡Harry suéltame! ― Hermione se paró y se apartó de su amigo cruzándose de brazos y fulminándole con la mirada ― No me vas a llevar a rastras a ningún sitio Harry James Potter ― Le señaló ocon su índice al más puro estilo Molly Weasley y bufó arreglándose la ropa ― Ya estoy bien, yo sola entraré ahí ― Carraspeó algo incómoda ― Siento haberme…ahmmm evadido de la realidad.
― ¿Evadirte? Estabas ida Hermione
― Si bueno yo… tuve un momento epifánico
Harry abrió mucho los ojos
― ¿Quieres ser monja?
Ella le golpeó el brazo riendo
― ¡Harry!
El moreno compartió la sincera carcajada
― ¡¿Qué?!
Hermione rodó los ojos y se agarró al brazo de su amigo
― Vamos anda, desayunemos, hoy tengo que entregar a última hora un trabajo de Runas Antiguas y aún he de revisarlo, creo que me dará tiempo antes si desayunamos deprisa.
Harry rápidamente se sentó y comenzó a comer con su acostumbrado apetito, ella por el contrario se dedicó a desmigar una tostada, peligrosamente cerca de volver a perderse en sus pensamientos.
Enamorada de Draco Malfoy
Por el amor de Dios ¿¡Cómo podía ser tan estúpida!? Solo a una tonta se le ocurriría algo así dado el expediente de odio mutuo que los dos compartían. ¿Cuándo se había vuelto tan loco el mundo?¿Cómo le había pasado esto a ella precisamente?
Estaban jugando a algo peligroso, demasiado peligroso. Tantos encuentros, besos y caricias prohibidas… Nunca nadie había mostrado ese tipo de interés en ella, o al menos no lo habían demostrado. El baboso de Cormac que la seguía desde principio de curso no contaba y Viktor… bueno, había sido algo dulce e inocente, nada que ver con las emociones intensas y salvajes que despertaba Draco en ella. Espera ¿Draco?... Sí, desde que susurró su nombre entre gemidos, pensó avergonzada, había pasado a ser simplemente Draco.
Definitivamente estaba loca o era ligeramente masoquista porque, si seguían así ella acabaría aún más enamorada de él y el Slytherin rompería a pedacitos minúsculos su corazón. Pese a la mirada que le había devuelto hacía unos minutos en la que creyó leer el mismo temor que ella misma sentía, no podía imaginar si quiera que aquella serpiente ladina sintiera algo remotamente parecido por ella. No era posible ¿O tal vez si?
Se mordió el labio inferior y pasó la lengua por él al sentir que se había hecho daño. De pronto un cubierto cayó en la mesa verde y plata en el momento en que el príncipe de la Casa contempló aquel gesto.
Levantaron la vista y sus miradas colisionaron una vez más.
Mierda
Estaba bien jodida.
…..
El día pasó volando, pese a que solo coincidieron en una clase y apenas se prestaron atención, excepto el momento incongruente en que Malfoy le mandó una notita en un diminuto avión de papel que llegó a su pie derecho. Frunciendo el ceño Hermione recogió el trozo de pergamino y leyó la pulcra caligrafía de Draco.
Después de tu última clase en el baño de prefectos del séptimo piso.
Ella guardó el papel en su bolsillo y le miró de reojo asintiendo casi imperceptiblemente. Iría, claro que lo haría porque aunque fuera una completa locura se había descubierto adicta a aquellos besos que le robaban el aliento y le hacían temblar. ¿Qué importaba todo lo demás? Quería creer que él al menos era sincero y no se acercaba a ella con ningún motivo oculto.
Draco sintió que un peso se le quitaba de encima al ver que accedía. Estaba aterrado, no era capaz de lidiar con los sentimientos que la castaña hacía bullir en su interior. Todo eso era nuevo para él, un mundo inexplorado del que no sabía nada pero que había decidido conocer.
Claro que aquello se lo facilitarían todos si dejaran de interrumpir cada minuto íntimo que parecía encontrar con la Gryffindor. Merlín que frustrante podía ser aquel lugar. Estaba casi seguro de que al próximo que le molestara le mandaría una imperdonable sin pensar. Bueno, tal vez una imperdonable no, pero no sabía que sería capaz de hacer al próximo que metiera las narices donde no debía. ¡Qué semana tan terrible! no creía que hubieran tenido una semana tan espantosas desde… ¡Desde nunca! ¿No había un solo día normal?
Resopló y tomó un nuevo pergamino, aquel sería un día normal, predijo. Un día tranquilo y apacible que culminaría con su perfecta e ininterrumpida cita con Granger en el baño de prefectos.
Unas seis horas después Draco Malfoy se dijo que tal vez lo mejor que podía hacer era abandonar la clase de Adivinación porque obviamente no era su fuerte.
…..
― ¡Merlín Granger! La puntualidad no es una de tus virtudes
Ella le miró entrecerrando los ojos
― No seas arrogante, hurón, no quedamos a ninguna hora… de nuevo. Por lo que el tema de la puntualidad es sumamente subjetivo.
― Si, si, si ― Se acercó hacía ella agitando la mano ― Lo que prefieras ― Añadió sin hacer mucho caso a las palabras de la castaña ― Llegas tarde y creo que lo primero que deberías hacer sería besarme.
Ella se mordió el labio para evitar reírse, Señor, no podía sonar más arrogante y despótico ni a posta.
― Bésame tú si tantas ganas tienes Malfoy.
Él sonrió ladeando los labios en aquella mueca que le crispaba los nervios.
― Eres como una adicción, como una droga que sé que es nociva para mí pero de la que no me puedo alejar. Las consecuencias de todo pueden ser funestas y sin embargo…
― Sin embargo aquí estamos ― terminó ella ― equivocándonos juntos en un juego al que ni siquiera deberíamos estar jugando.
Draco se acercó y aferró su pequeña cintura entre sus manos pegándola a su pecho con brusquedad. Se agachó hasta quedar a la altura de sus labios y cuando sintió el cálido aliento de ella entremezclarse con el propio susurró.
― El problema, Hermione, es que ya no estoy jugando.
― Es una suerte ― Ella contestó con la voz enronquecida y ligeramente temblorosa buscando sus ojos y rozando su boca al hablar ― porque yo tampoco, Draco.
Lo siguiente que el rubio sintió fue como los labios de la castaña se acoplaban sobre los suyos y aceptó el beso abrazando el femenino cuerpo contra sí.
En aquel momento todo lo que no fuera ella dejó de tener importancia para Draco. La guerra, la sangre, la escuela, la enemistad, el modo en que estaba condenando su miserable vida por aquel sentimiento recién descubierto... Nada importaba. Solo ellos, solo la necesidad que parecían tener el uno por el otro.
Hermione rodeo su cuello, hundiendo los dedos en los suaves mechones de su nuca, acariciando su piel con las puntas mientras se devoraban con suavidad. Un beso distinto, pausado, sin frenesí. Un beso que hablaba de caricias y sensualidad. De descubrir cada rincón de sus bocas, de degustarse como un sumiller catando el nectar de sus esencias, perdiendose en ellos mismos.
Draco enlazo sus brazos en su espalda, deslizando las manos por sus lumbares con la suavidad con la que una pluma lo haría sobre su piel desnuda. Mordió el jugoso labio inferior de ella, con delicadeza, tirando levemente rogando paso en aquella húmeda cueva que escondía los placeres carnales su lengua.
Un suspiro, un jadeo, una caricia.
Gimieron a la vez y de todo se descontroló y la suavidad se evaporó ante el ardor de sus cuerpos.
Sus manos tiraban de la ropa, frenéticas y desquiciadas, tratando de encontrar la piel que había bajo la tela.
Draco la empujó hacia los vestuarios dispuesto a todo, porque no podía pensar con coherencia. No podía tomarla por primera vez en los suelos del baño pero no era capaz de pensar con racionalidad. Solo quería sentirla, lamerla, tocarla...
— Hermione... Necesito... Yo...
Ella profundizó el beso frotándose contra él sin verguenza, sintiendo la humedad de su sexo derramarse como... ¿Una ola? ¿Un tsunami?
— ¡Draco!
— Pero ¿Que diablos...
Una cantidad ingente de agua les había cubierto por completo, como si una gran ola arremetiera contra ellos arrastrándoles y haciendoles caer. Ambos resbalaron por el suelo deslizándose hacia una de las enormes termas.
— AAAAAAHHHH
Fue lo último que dijo Hermione antes de caer en la bañera gigante llena de espuma que había preparado Draco minutos antes.
— ¿Que ha pasado?
Draco, que también había caído y bufaba tratando de no comer mas jabón, frunció el ceño ante la cara cubierta de espuma de la chica que tosía agua e intentaba mirarle con dificultad
— Eso quisiera saber — dijo entre dientes furioso.
Una risa desagradable y chillona llenó la estancia.
— Oh vaya vaya ¿Qué os ha pasado chicos?
— Genial, simplemente genial
Draco miró con disgusto a la fantasma y gruñó.
— ¿Myrtle? — la castaña se frotaba la cara disgustada — ¿Por qué lo has hecho?
— Porque no se pueden hacer esas cosas en el baño — soltó una risita — Ah Ah, no está nada bien — Voló por el techo y se lanzó al agua — No es de ser una buena niñaaa...
— ¡Lo advertí! — Draco se levantó hecho una furia — ¡Esto es simplemente intolerable! — Hermione le miraba temiendose que se hubiera vuelto loco — ¡Maldito castillo de mierda! — Apuntó a Myrtle con la varita y esta salió despedida atravesando la puerta.
— ¿Un hechizo no verbal? — La marisabidilla de Granger tomó el lugar de la fogosa Hermione — ¿Cual usaste?
— ¿Como? — Él la miró — ¿No vas a decirme que no debí hacer eso?
— ¿Bromeas? Debiste hacerlo antes
Se sonrieron.
— Vamonos — dijo ella con un suspiro — Será mejor que vayamos a cambiarnos antes de que alguien más nos encuentre.
El Slytherin se acercó a ella y la besó una vez más, muy suavemente porque ni se creía capaz de parar si comenzaba.
— Mañana — murmuró en su cuello — Te juro que mañana nadie, ni vivo, muerto, hombre, mujer, animal u objeto inanimado, nos molestará. Pasa la noche conmigo Hermione — La abrazó besando su oreja — ¿Lo harás?
Ella sonrió casi con timidez y se mordió el labio. Al demonio, pensó. Total, ni siquiera sabía si acabarían vivos el año o la maldita guerra que estaba por estallar.
Hundió la cara en el hueco de su empapado cuello y mordió su pálida piel.
— Sí.
