Nuevo capítulo de la semana. Como sabrán, Helga por fin hizo su acto de aparición aunque no estará sola. Por lo pronto, no hay más que decir, solo que esperando que les guste y gracias a todos y todas que han seguido mi historia hasta ahora. Saludos.

¡Hey Arnold! Es una obra perteneciente a Nickelodeon, todo lo escrito aquí es meramente Fandom. Todos los personajes utilizados dentro de esta historia (Con excepción de los creados por el autor de este fic) son creación original de la talentosísima mente e ingenio del animador estadounidense Craig Bartlett. Nada será utilizado con fines lucrativos. ¡Disfrútenlo!

La Desaparición de Helga Pataki - Capítulo 9

"Batalla Bajo Cero"

Una sonrisa involuntaria se dibujó en el rostro de Arnold cuando vio a Helga caminando con dirección hacia él. Sin embargo, aquella sonrisa no solo era producto de haber localizado con éxito a la chica de cabellos rubios, sino que además, por haber descubierto también y sin querer al chico de tez morena que la acompañaba, charlaba y caminaba junto a ella. El joven afroamericano con el cabello levantado y vestido con un traje de gala y corbata, no era otro más que su amigo incondicional de toda la vida: Gerald Johanssen.

*¡Ahí está, y también Gerald! Así que después de todo el bribón no se había mudado a Suecia. Ahora tengo que acercarme... Y tratar de hablarles... ¿Pero que debería decirles? ¿Qué soy un viejo conocido de otra dimensión? Me tacharían de demente. ¿Y porque Helga tiene esa expresión? Estoy tan acostumbrado a verla con el ceño fruncido que cualquier otra expresión en su rostro me hace pensar que no es ella.*

La joven de moño rosado avanzaba sin detenerse mientras parecía ver hacia el suelo, indicando que no le estaba prestando la más mínima atención a su amigo, el cual no paraba de parlotear como si fuera un predicador en domingo.

*Así que en este mundo esos dos son amigos, ¡Cielos! Jamás lo hubiera imaginado. Ver a esos dos juntos por mucho tiempo en mi propio mundo significaría el inicio de un posible Apocalipsis. Llegó la hora de la verdad, ¡Vamos Arnold, muévete ya! ¿Acaso siempre he sido así de cobarde? ¡Maldición! Mis piernas no me responden. Muévete Arnold... Muévete... ¡Ahora!*

Arnold, se lanzó al ruedo para interceptarlos aun sin saber que decirles propiamente o que hacer precisamente para llamar su atención. No obstante, no tenía otra alternativa si es que quería revertir todo esto y regresar a su mundo habitual.

—¡Oigan! —Dijo Arnold con un hilillo de voz y cortándoles el paso al aparecer frente a la pareja.

Helga y su acompañante se detuvieron de golpe y ésta cruzó miradas con Arnold.

—¡Ehh...! ¿Quién eres tú? —Preguntó fríamente la joven—. ¿Por qué te pones en nuestro camino?

—H... Helga...

—¡¿Qué?! ¿Cómo rayos sabes mi nombre? Es más, ¿Quién te ha dado permiso para llamarme por mi nombre en primer lugar? —Helga frunció el ceño.

—Tu... Tu eres Helga G. Pataki... ¿Cierto?

—¿Qué? Pero cómo demonios es que conoces mi nombre completo? —Preguntó, comenzando a molestarse—. ¡Te ordeno que te identifiques de inmediato!

—¡Ehh...! ¡Oye viejo! —Gerald intervino—. Escucha, normalmente no me sorprendería si conocieras su nombre si fueras alguien de nuestra escuela para empezar. Pero como no lo eres, el hecho de que conozcas la inicial de su segundo nombre y su apellido me intriga bastante. No te estoy reclamando por nada, pero te aconsejo de buena fe que será mejor que la dejes tranquila. No sé bien quién puedas ser chico con cabeza extraña, pero si eres solo uno de los molestos integrantes de su club de fans será mejor que no la hagas enojar. Podrías llegar a lamentarlo por el resto de tu vida. Créeme, yo sé de lo que te hablo.

—¿Esta es la primera vez que nos vemos verdad?

—¡Sí...! Eso parece... Pero dime... ¿Quién eres tú chico? ¿Cuál es tu nombre? —Gerald le cuestionó.

—Yo soy... Me llamo Arnold...

—¿Así que tu nombre es Arnold...? Bueno, Arnold... ¿Se puede saber que haces impidiéndonos el paso? Por si no lo sabes, llevamos un poco de prisa.

Arnold no le respondió y prefirió dirigir su temerosa mirada de nuevo hacia Helga, la cual tenía unos ojos asesinos puestos sobre él.

—¿Se puede sabe que tanto me vez pequeño gusano? ¿Acaso tengo algo en la cara o qué?

*¡Por dios! Estoy atrapado, me lancé a la batalla sin armas o algún tipo de plan que me ayude. ¿Qué se supone que debería decirle? No se me ocurre nada. ¡Piensa Arnold, piensa!*

—Mira, si te vas a quedar parado ahí con esa cara de idiota al menos hazte a un lado y déjanos pasar, ¿Quieres? —Lo empujó—. Vámonos Gerald, date prisa e ignora a este perdedor.

Helga emprendió nuevamente la caminata siendo seguida por Gerald que permaneció callado y manso.

—¡No...! ¡Espera...! ¡Helga...!

—¡Deja de llamarme por mi nombre! ¡Ya déjame en paz, estúpido chico con cabeza de balón!

*No sé porque, pero de algún modo ya extrañaba que me dijera cabeza de balón.* —Pensó al tratar de detenerla. Acto seguido, se apresuró y la tomó por el brazo, sujetando parte de su chamarra y haciéndola detenerse una vez más.

—¡Suéltame ya mosca muerta! ¡Te juro que si vuelves a tocarme te trituraré únicamente usando mis puños! —Gritó y le dio un certero puntapié al chico rubio, atrayendo la atención de todos los chicos y chicas a su alrededor.

Arnold sintió tanto dolor que el golpe literalmente lo hizo arrodillarse, al mismo tiempo que recibía una serie de insultos bastante fuertes por parte de Helga mientras que Gerald trataba por todos los medios posibles de tranquilizarla, el cual en su intento tampoco salió ileso de las protestas de Helga.

*Creo que Brainy tenía razón en todo lo que me dijo, sobre todo en la parte donde menciona que puede ser terriblemente cruel y despiadada, inclusive aun más que la Helga que yo conozco. Debo de llegar al grano. ¿Pero cómo? ¿Cómo puedo convencerla de que la necesito para ayudarme a resolver todo este misterio? ¿Cómo?*

El ese momento, Arnold pudo experimentar lo más cercano a una verdadera epifanía cuando posiblemente por azares del destino recordó que había algo que el poseía y que tal vez pudiera ayudar a refrescarle la memoria a la rubia y que por cierto estaba tan agradecido por meterla nuevamente a su mochila esa misma mañana antes de partir al colegio que casi saltó de felicidad.

—¡Espera Helga! ¡Espera por favor!

—¿Ahora qué quieres Archivaldo?

—¡Soy Arnold!

—Sí... Como sea... ¿A quién diablos le importa?

—Aun hay algo que quiero mostrarte.

—No me importa sea lo que sea viniendo de ti, así que esfúmate de una buena vez.

Arnold se quitó la mochila de la espalda sin pensarlo dos veces y la colocó en el suelo. La abrió y de ella sacó algo que hizo a la chica retroceder y abrir la mandíbula unos cuantos centímetros tras quedar completamente petrificada.

—¿Reconoces esto? —Le preguntó al sostener la zapatilla roja de Cecile sobre su mano—. Si puedes reconocer esta zapatilla, entonces eso quiere decir que tú y yo estamos en la misma sintonía y posees casi los mismos recuerdos que yo.

—No... No puede ser... Si tú tienes esa zapatilla... Eso significa que el chico misterioso... Ese chico misterioso que me invito a salir en el pasado día de San Valentín... Eres... ¿Eres tú...?

*Sabía que había algún modo de hacerla recordar. Sin embargo, eso fue muy arriesgado, no tenía la mínima certeza de que al mostrarle la zapatilla reaccionara de forma favorable, ahora que sabe quien soy es posible que sea más fácil hablar con ella.*

Helga estaba en un shock total casi sin poder dejar de mirar al muchacho rubio con cabeza de balón que aun continuaba arrodillado frente a ella. Su impresión fue tal, que le hizo perder el equilibrio y por ende estar a punto de estamparse contra el suelo si no hubiera sido por la intervención rápida y oportuna de Gerald, el cual la sostuvo de ambos brazos para evitar la dura caída.

—Si quieres saber el porqué estoy aquí, te lo explicare todo con más detenimiento. Pero tendrá que ser en otro lugar, es una historia bastante larga...

-o-

Los tres jóvenes se encontraban dentro de un establecimiento muy conocido de hamburguesas cuando Arnold les contó toda la historia. Al principio, el joven de cabellos alborotados dudaba mucho sobre si contarles la verdad acerca de todo lo que acontecía dentro de su pequeño mundo o si debería de guardárselo para sí mismo. Sin embargo, Arnold no tardó en darse cuenta de que era de vital importancia que esta información les llegara hasta sus oídos, aun sin importar que lo tachasen de loco o como un enfermo mental.

Mientras que Helga y Gerald degustaban sus respectivas hamburguesas, Arnold explicaba con lujo y detalle sus experiencias durante estos tres largos días que había pasado dentro de ese mundo tan retorcido, incluyendo la pesadillas siniestras, la lamentable y posible muerte del Sr. Hyunh y la aparición de su hija viviendo en la casa de huéspedes. Entre otras cosas más Arnold también menciono como es que había logrado hacer un viaje en el tiempo, los cambios de actitud que habían tenido algunos de sus compañeros dentro de su salón de clases con respecto a cómo eran en su verdadero universo y así como algunas otras vivencias dentro de su propio mundo, recalcando por sobre todo lo demás los eventos ocurridos durante la celebración del día de San Valentín anterior, cuya versión difería casi en su totalidad con la que Helga le había contado minutos antes de que los tres entraran en el establecimiento.

Según Helga, aquella noche de San Valentín había sido invitada por un chico misterioso y anónimo el cual le había hecho saber de la invitación por medio de una carta de amor que le había llegado por medio de una paloma blanca indicándole el lugar del encuentro. Sus palabras relataban que el dueño de aquella carta había resultado ser un niño vestido con un elegante smoking, zapatos relucientes y un singular sombrero que únicamente se atrevería a usar un agente secreto. Pero que a pesar de todo y de la inusual situación, ese chico extraño cuya identidad jamás se atrevió a revelar; le había hecho pasar la mejor noche de toda su vida. Sin embargo, las pocas similitudes que se podían contar entre las versiones de cada uno se mantenían frescas como una lechuga. Como el hecho de que cada uno había conservado una de las zapatillas de la chica rubia con el fin de nunca olvidad la mágica velada cosa que hizo entender a Arnold el porqué la otra zapatilla; la que Phoebe había llevado a su casa la noche en la que soltó toda la sopa, no se encontraba en ninguna parte de su habitación. En este mundo Helga aun la tenía en su poder, ya que Phoebe nunca llego a conocer a Helga y por lo tanto nunca pudo haberla llevado a la casa del rubio. Fue así, como la charla se extendió por aproximadamente una hora completa, donde Arnold y Helga narraban algunos acontecimientos similares pero con sus respectivas diferencias. Entonces, Helga declaró.

—¿Sabes Alfred? Cuando te vi por primera vez hace unos momentos creí que eras un tonto, pero creo que debo admitir que tu historia resulta ser muy fascinante.

—Pues a mí me parece una historia un tanto descabellada, es decir... ¡Vamos! ¿Cómo podrías creer en algo así? Viajes en el tiempo, dimensiones diferentes, eso es algo que solo se podría ver en las películas de ciencia ficción. —Comentó Gerald, usando su sistema de lógica cuántica que tanto lo caracterizaba.

—No te culpo. A decir verdad, aun me siento como un verdadero tonto contándoles todo esto. —Arnold se hundió en el asiento—. Incluso hasta para mí todo esto me resulta difícil de creer y por cierto Helga, mi nombre es Arnold.

—Si como sea, el punto crítico aquí es que dices que necesitas regresar a tu mundo. ¿No es así? —Respondió la chica sorbiendo su soda.

—¡Exacto! Pero el problema aquí, es que no se realmente como hacerlo, creí que al encontrarte mi mente se aclararía y se me ocurriría algún plan, pero el haberte encontrado solo me ha traído más dudas que respuestas.

—Bueno, pero volviendo a lo que te indica el espíritu siniestro en tu pesadilla. Esa representación de la chica junto a mí te dice claramente que antes del anochecer de hoy tienes que encontrar cierta clase de llave mágica, la cual piensas y crees que debe ser Helga. —Dijo Gerald.

—Así es. —Confirmó Arnold—. Pero a partir de esa línea no sabría bien cómo interpretarla. Habla algo acerca del amor y de la tortura pero nada más.

—Pues... Si es exactamente como yo pienso que es... Tomando en cuenta que en tu mundo yo estaba locamente enamorada de ti... Yo diría entonces que tienes que tratar de reconquistarme o hacer que de alguna manera yo me enamore de ti en este mundo para que regreses al tuyo. Aunque ambos sabemos que eso será prácticamente imposible Oswaldo. —Recalcó esto último.

—Eso lo sé a la perfección. Y pienso que es una locura total el tratar de hacerlo. —Suspiró—. Tengo miedo de lo que pueda suceder mañana si no arreglo todo esto, pero al hablar con ustedes me he dado cuenta de que será algo completamente imposible de lograr, y mi nombre es Arnold.

—Así es pequeño, así que te aconsejo que te acostumbres a vivir en este mundo con tu linda y nueva noviecilla Lila. —Helga cambió a un tono de voz más agresivo al mencionar a la chica campirana, mientras tomaba de su soda apretando fuertemente el vaso al punto de casi partirlo por la mitad.

—Lo lamento mucho viejo, aun si tu historia resultara ser cierta nos gustaría ayudarte, pero la pura verdad es que no hay mucho que podamos hacer a estas alturas del partido. Es decir, siendo francos es completamente imposible que logres enamorar a una chica como Helga antes del anochecer del día de hoy. Es una locura total. —Habló Gerald moviendo las manos de un lado a otro.

—No necesitas decírmelo dos veces Gerald. Me puedo dar cuenta perfectamente de ello. —Se encogió de hombros—. Antes que nada quiero ofrecerles una disculpa por haberles quitado parte de su tiempo para escuchar mi tajada de estupideces. No se preocupen por la cuenta yo pagare por todo.

—No te preocupes Artemio. Nosotros nos encargaremos de eso, es lo menos que podemos hacer después de que desafortunadamente no podamos hacer nada para apoyarte.

—Gracias... Supongo... —Se giró para mirar a la chica con sus ojos tristes—. Seguiré tu consejo Helga y tratare de vivir mi vida en este mundo tan extraño para mí.

—Cuídate mucho Ambrosio.

—Igualmente Helga. —Se levantó de la mesa con dificultad—. Y mi nombre es... Bueno eso no importa mucho, tal vez algún día podamos encontrarnos de nuevo y no lo sé, incluso podríamos intentar ser amigos en este mundo.

—Ehh... No creo que eso llegue a pasar viejo. —Se adelantó Gerald.

—Bueno... Entonces... Muchas gracias por su tiempo y perdonen las molestias. Realmente tenía muchas ganas de verlos chicos, los extraño, la escuela no será la misma sin ustedes. Y por cierto Helga... —Se giró para mirar a la rubia—. Me gusta mucho ese estilo de cabello, te vez mucho más bonita con él. Aun sin saber desde un principio que se trataba de ti, deseaba verlo de nuevo desde aquel día de San Valentín, hace resaltar tu belleza un doscientos por ciento más. ¡Adiós muchachos!

Arnold abandono el establecimiento con la mirada baja y dejando a Gerald a punto de reírse a carcajadas por las locuras que había escuchado y a Helga totalmente sonrojada tras el halago que había recibido.

Tras asegurarse de que Arnold se hubiera alejado lo suficiente para que ya no pudiera verlo ni escucharlo, Gerald no pudo aguantar la risa, la cual continuó por cerca de diez minutos seguidos sin parar. Mientras que Helga se mantenía callada dentro de su propio asiento con sus mejillas rosas y pensando en lo que Arnold le había dicho, divagó dentro en su mente y se dio cuenta de que nunca en su vida había recibido un halago tan sincero como ese sin venir acompañado después por una incómoda propuesta de noviazgo. Las palabras de Arnold sonaban muy reales.

—¡Cielos! Ese chico de verdad parece tener muchos problemas como para venir con nosotros e inventarse una historia tan ridícula como esa. ¿No crees? Apuesto a que ni siquiera ha de tener amigos. ¿Helga? ¿Helga me escuchas?

La chica continuaba en estado de petrificación por lo que le tomo más o menos unos veinte segundos el poder reaccionar y escuchar las palabras de Gerald.

—¿Qué? ¿Dijiste algo? —Pregunto volviendo en sí.

—¿Helga no escuchaste nada de lo que dije? ¿Qué te ocurre?

—No lo se... Estuve pensando... Que tal vez deberíamos ayudarlo.

—¡¿Qué?! ¿Estás loca? Está claro que ese chico solo se trata de un loco en busca de atención.

—Pero... Al final se veía tan decidido... Que uno fácilmente podría llegaría a pensar que estaba hablando enserio.

—¡Por favor Helga! ¿No me digas que le creíste todas esas patrañas? —Sorbió lo que quedaba de su bebida.

—No es que le haya creído del todo, pero es que hay algo mas detrás de todo lo que nos dijo, había algo más en su mirada que me dice que todo lo que dijo es verdad. Además, hay otra cosa que necesito comprobar por mí misma. —Se levantó de golpe—. ¡Vamos Gerald! Si nos damos prisa tal vez aun podamos alcanzarlo.

—¡No estarás hablando enserio! ¿Qué hay del baile de la escuela? Recuerda que aun debemos pasar a tu casa por tu vestido. —Gerald se cruzó de brazos.

—El baile puede esperar. Después de todo faltan aproximadamente dos horas para que dé comienzo. Aun tenemos el suficiente tiempo para localizar a ese extraño chico con cabeza de balón.

—A veces no sé el motivo por el cual siempre le hago caso a todo lo que me dices.

—No seas aguafiestas y sígueme, no hay tiempo que perder, no debe estar muy lejos de aquí.

A continuación, Helga hizo que Gerald pagara las tres cuentas y así salir apresuradamente del restaurante para tratar de alcanzar al cabeza de balón, el cual caminaba a un paso ni muy lento ni muy rápido, pero lo suficiente veloz como para ya encontrarse ya bastante alejado del lugar. Mientras tanto, Arnold caminaba como un muerto viviente por calles desconocidas y sin un rumbo fijo hacia dónde ir, resignándose dentro de su cabeza por no haber logrado su objetivo. El muchacho continuó su andanza, pero no se sintió en casa sino hasta que se dio cuenta que se encontraba dentro del parque cerca de su propio vecindario.

—¿Como llegue aquí? Bueno… Eso no tiene importancia ahora. —Dijo, sentándose en una banca del parque. Acto seguido, comenzó a llorar con su cabeza apoyada sobre sus manos—. ¡Amigos...! ¿Podemos ser amigos...? Arnold... Eres un estúpido... Tal vez deberías hacerles caso y continuar con tu vida en este mundo. ¿Qué otra opción tienes?

Arnold hablaba consigo mismo cuando no se había percatado de que tres personas con malas intenciones se acercaban hacia el por el lado del frente.

—¡Vaya! ¡Vaya! Miren lo que tenemos aquí.

—Pero si es nada más y nada menos que nuestro pequeño compañero cabezón. ¿Qué estás haciendo aquí tan solo por estos lares Arnoldo? ¿No asistirás al baile de invierno? —Le preguntó el más grande y fuerte de los tres.

Arnold sintió un ligero escalofrío al apreciar que los tres chicos que se encontraban hablándole no eran otros que los bravucones por excelencia de la primaria 118, los cuales eran pertenecientes al quinto grado: Wolfgang y sus secuaces Edmund y Mickey.

—No quiero ser grosero, pero esto no es de tu incumbencia Wolfgang.

—Admito que tienes las agallas para atreverte a hablarme con ese tono de voz, pequeña cucaracha. —Wolfgang se mofó—. Pero te diré algo, todo lo que pasa en este vecindario me concierne ya que yo soy el amo y rey absoluto de todo este lugar.

—Wolfgang, hablo enserio. No me encuentro de muy buen humor para esto, así que por favor déjame en paz. —Arnold se levantó de la banca y trató de alejarse.

—¡Ohh! ¿Qué te pasa cabeza de balón? ¿Por qué te vas? Si la fiesta acaba de comenzar. —Dijo un Wolfgang prepotente, colocándose delante de Arnold con los brazos cruzados impidiéndole el paso.

—No quiero problemas con ustedes chicos pero... ¿Qué no deberían estar en la escuela con el resto de los chicos de quinto alistándose para el baile?

—¡Oye! Tú no eres nuestra mamá para decirnos qué hacer ni mucho menos en donde tenemos que estar. —Protestó Edmund—. Ni siquiera a ella le hacemos caso.

—¡Así es! Tú no eres nadie para decirnos que hacer. Dale una paliza Wolfgang, enséñale quien es el que manda aquí. —Dijo Mickey.

—Parece ser que la voz del pueblo se hace escuchar. ¿No Arnold?

—Escuchen chicos, lo digo enserio. No quiero tener ningún problema con ustedes tres. ¿Por qué no tratamos de llevarnos bien? —Propuso el chico rubio.

—Pero... ¿Qué dirías si nosotros si queremos tener problemas contigo? —Dijo Wolfgang, preparando sus enormes y macizos puños.

Arnold tragó una gran cantidad de saliva y comenzó a sudar la gota gorda en cuanto descubrió que estaba atrapado como un roedor en un laberinto.

—De acuerdo... Entonces dado que quieren tener problemas tendré que hacer lo necesario para defenderme de ustedes... Pero se están olvidando de algo importante...

—¿De qué? —Dijeron los bravucones.

—¡¿Qué rayos es eso?! —Arnold gritó, señalando un punto muerto para hacer que los bravucones voltearan y de esta forma poder escapar, cosa que increíblemente funciono para así echar a correr lo más rápido que sus piernas se lo permitían.

—Yo no veo nada Wolfgang. —Exclamó Mickey.

—Ni yo... ¿Tu logras ver algo Edmund?

—Tampoco, pero lo que sí puedo ver es a nuestra presa corriendo hacia esa dirección.

—¡¿Qué?! ¡Ese pequeño gusano nos engañó! —Worfgang gruñó al ver a Arnold alejarse—. ¡Atrápenlo muchachos!

Los tres matones de quinto grado salieron corriendo tras de Arnold, al cual no tardaron mucho en alcanzar, puesto que eran más grandes y veloces que él. No obstante, Arnold se las ingenió para tratar de perderlos dentro de una tienda departamental cercana. Se coló entre la gente, entro a varios de los locales adjuntos, subió y bajo por las escaleras eléctricas pero sin poder perderles de vista.

—¡Rayos! Si continuo así no tardaran mucho en atraparme, son mucho más persistentes de lo que creí.

De repente, Arnold se adentró en una de las bodegas del lugar, una que decía claramente en la puerta de la entrada "Prohibido el paso a todo el personal ajeno", pero al no quedarle otra alternativa, Arnold se decidió a intentarlo.

—Solo espero que esto funcione.

Mientras más se adentraba y esquivaba un montón de pilas hechas por cientos de cajas de cartón e ignorando a algunos miembros del personal que no evitaban preguntarse; "¿Qué hacia un niño con cabeza de balón dentro del lugar?" Wolfgang y sus secuaces le pisaban fuertemente los talones. A lo lejos, Arnold alcanzó a divisar una salida de emergencia, que mas que una salida, esta se sentía como si fuera a alcanzar la luz al final del túnel, Arnold jadeaba por el cansancio producido por la intensa persecución; Llegando a un estado en el que había perdido la noción del tiempo al ya no saber por cuantos minutos había sido perseguido incesantemente. Finalmente y para su alivio prematuro, Arnold cruzó aquella puerta para encaminarse directo a su salvación. Sin embargo, el pequeño niño rubio no contaba con que esa puerta solo lo conducía a un callejón sin salida, ya que por un extremo, una pared hecha de ladrillos sólidos le bloqueaba el paso y por el otro, una gran cerca de metal con una puerta atorada con una cadena y un enorme candado industrial. Todo aquello le restaba las esperanzas de salir de ahí sin ningún rasguño.

Arnold se lo pensó por casi medio segundo, cuando finalmente se decidió por escalar aquella valla metálica gigantesca. Sin embargo, no contaba con que la pandilla de Wolfgang ya lo había alcanzado y ahora no solo la reja, sino que ahora ellos mismo disminuían mucho la posibilidad de alcanzar su libertad.

—¿Acaso creíste que podías escapar de nosotros pequeño miserable?

—¡Ya fue suficiente Wolfgang! Que yo recuerde nunca te he hecho nada, no entiendo el porqué quieres golpearme.

Wolfgang rió.

—A decir verdad ni yo ni mis amigos tampoco tenemos nada personal contra ti Arnold, este problema entre nosotros y tú, se basa simplemente en puros negocios.

—¿Negocios? ¿Estás tratando de decirme que alguien les pagó para que me golpearan? —Preguntó Arnold con un gesto de horror en su rostro, mientras retrocedía hasta toparse espalda a espalda contra la pared de ladrillos.

—¡Sí, algo así! En realidad, nos permitió adueñarnos de los almuerzos de los chiquillos de segundo y tercer grado y amedrentar un poco a los de tu grado.

—¡Un momento...! Solo hay alguien en toda la escuela capaz de tener tal libertad y autoridad para hacer algo así. Díganme... ¿Acaso fue Brainy fue el que los contrató?

—¡Bingo! —Gritó Wolfgang acercándose más y más a Arnold—. Parece ser que la forma en la que lo trataste durante el almuerzo no le gusto para nada. Pero basta ya de charla y dejémoslo para después, te prometo que será rápido.

—¡Pero jefe...! —Interrumpió Mickey—. Brainy nos dijo que fuera lento y muy doloroso.

—Tienes toda la razón. ¡Qué descuido el mío, lo había olvidado por completo, gracias por recordármelo! Lo siento mucho Arnold olvida mi promesa, pero a cambio te puedo prometer otra cosa. Iremos a dejarte flores al cementerio. —Rió fuertemente.

Arnold comenzó a sudar de nuevo, ya que sabía que no tenía salvación alguna. Por lo tanto, cerró los ojos y le suplicó al cielo para que esto terminara lo más rápido posible. Pero fue en ese momento, cuando Wolfgang estaba a punto de soltar el primer golpe al rostro del chico rubio, cuando una piedra golpeó fuertemente el puño del bravucón, provocándole un intenso dolor que lo obligo a ponerse de rodillas.

—¿Quién fue el granuja que me Golpeo? —Wolfgang gruñó en medio del intenso dolor, sosteniendo fuertemente su mano adolorida como si esta fuera capaz de zafarse de su sitio.

—¡Suelten a ese chico con cabeza de balón en este mismo instante o se las verán conmigo! —Ordenó un joven de piel morena y con un excéntrico peinado hacia arriba sentado sobre la reja de metal, con una resortera en la mano derecha y unas cuantas piedras en la otra.

—¡Gerald! —Arnold gritó de alegría—. ¿Has venido a ayudarme?

—¡Oye, tranquilo viejo! Que no se te suban los humos a la cabeza, esto solo lo hago para salvar mi propia vida de cierta persona que amenazó mi integridad si no venía a buscarte. Aunque personalmente no podía permitir que la persona con las mejores historias de fantasía en toda la ciudad fuera golpeada tan brutalmente.

—¿Historias fantásticas? —Arnold levantó las cejas.

—¡Maldito sin vergüenza! ¿Cómo te atreves a golpear al gran Wolfgang? ¿Acaso no sabes quién soy yo?

—¡No! Y la verdad es que no me interesa tampoco, pero por lo que pude notar a simple vista ahora sé que eres un sujeto en extremo desagradable con muchos más músculos que cerebro. —Gerald soltó una carcajada.

—¡Nunca te había visto en toda mi vida chico moreno, pero tú tampoco te salvaras de la tremenda golpiza que te daremos entre los tres! ¿Me escuchaste? ¡Bájelo inmediatamente de ahí chicos! Este engreído necesita un escarmiento.

—Veamos si pueden alcanzarme estando a esta altura, los reto. —Dijo Gerald, preparando una segunda piedra y lanzándola hacia Edmund en el estomago, así como un tercer proyectil para darle a Mickey en la zona de la rodilla derecha.

—¡Cúbranse muchachos! —Gritó Wolfgang, agarrando la tapa de un bote de basura que estaba en las cercanías para cubrirse de la lluvia de rocas con él, cosa que imitaron sus dos amigos—. Resistan chicos, a ese tonto se le acabaran las piedras tarde o temprano. Edmund, en cuanto eso suceda necesito que corras a toda velocidad y embistas fuertemente esa reja, eso hará que ese tonto pierda el equilibrio y caiga como una mosca. Así es como lo atraparemos.

Tal y como Wolfgang lo dijo, Gerald se quedó sin municiones pasados solo unos segundos y quedando en una posición no muy ventajosa. Por lo que antes de que Gerald pudiera reaccionar, Edmund corrió para darle una fuerte tacleada a la reja haciéndola estremecer y tumbando a Gerald, el cual para su desgracia cayó desde lo alto hacia el interior de la reja, dándose un fuerte golpe contra el piso.

—¡AUCH! —Se quejó—. Creo que me lo merecía por ser tan hablador.

Acto seguido, Mickey se encargo de sujetar fuertemente a Gerald torciéndole el brazo.

—Así que te creías muy valiente, ¿No? —Dijo Wolfgang acercándose al chico afroamericano con lentitud y en tono amenazante—. Después de que le de su merecido a tu amigo seguirás tu Arnold.

—¡Mami ayúdame! —Chilló Gerald.

—No te preocupes chico moreno, seremos un poco más generosos contigo, a ti no te mandaremos al cementerio, simplemente te dejaremos con unos cuantos rasguños pero lo suficientemente visibles para que puedas hacer una visita de rutina al hospital. —Volvió a reír cínicamente.

Gerald estaba a punto de recibir la paliza de su vida, justo cuando alguien más apareció por detrás de la reja metálica, sujetando unas enormes pinzas para cortar el hierro y con un gesto que fácilmente podría intimidar a cualquier depredador salvaje y hambriento. Parada con su mano izquierda puesta sobre su cintura y con la derecha sujetando la pesada herramienta puesta sobre su hombro, Helga Pataki finalmente había hecho su acto de aparición.

—¡Helga, gracias al cielo que llegaste! Tienes que ir por ayuda lo más pronto posible. —Chilló su amigo.

—¡Helga! No te acerques mucho o te podrían hacer daño. —Le advirtió Arnold.

—¿Quién es esa niña? ¿Acaso es amiga suya? —Preguntó Wolfgang a los dos jóvenes.

—Es muy linda. —Declaró Edmund.

—Sin duda que lo es. —Agregó Mickey.

—¡Ya cállense de una buena vez trío de idiotas mequetrefes! Y ya dejen en paz a mis amigos en paz, que les quede claro que yo soy la única con el derecho para poder maltratarlos.

—¡Vaya! ¡Vaya! Por lo visto tenemos a una chica muy ruda, atrevida y mal hablada aquí, tal y como a mí me gustan. —Dijo Wolfgang comenzando a reír nuevamente—. Perdone usted señorita, pero es que es muy gracioso pensar que una chica tan débil como usted puede pensar que puede hacernos el menor daño.

—Será mejor que cuides tus sobradas palabras muchachito o tendré que arrancarte la lengua y luego te obligare a usarla como corbata. —Lo amenazó sin intimidarse.

Arnold sonrió al momento, ya que extrañaba a Helga escucharla decir esa frase amenazadora pero tan simbólica de ella. Sin embargo, no tardó ni medio segundo en cambiar esa expresión por una de extrema preocupación, ya que sentía que la chica había hablado de más.

—Archie, Gerald. No se preocupen por nada, yo los rescatare.

—¡¿Acaso estás loca, Helga?! Tú no podrás contra estos bravucones de quinto grado tu sola.

—¡Gerald tiene razón! —El rubio le dio la razón a su nuevo amigo—. No te acerques mas, podría ser peligroso. ¡Y mi nombre es Arnold!

—Eres muy escandaloso Arcadio, permíteme hacer mi trabajo por mi cuenta. Me desharé de estos tres estorbos, mucho antes de que puedas decir parangaricutirimicuaro.

Helga abrió las enormes pinzas y de un movimiento cortó la cadena que bloqueaba la puerta colocada en el centro de la reja como si fuera un trozo de mantequilla. Abrió la pertinente y entró directamente en la zona de conflicto, mostrándose completamente inerte ante la presencia de los tres chicos rudos de un grado mayor al de ella. Dejó las pinzas en el piso, se paró ante ellos y los encaró.

—¡Me pregunto de donde habrá sacado esas pinzas! —Murmuró Gerald sorprendido.

—Jefe, ¿Qué hacemos? No podemos golpear a una niña tan pequeña, y menos si es una completa belleza. —Preguntó Mickey, dirigiéndose hacia su líder.

—No se preocupen muchachos, en este lugar tan desolado nadie los condenara por ello. Así que no duden y háganse cargo de ella mientras que yo haré lo propio con este par de bobos.

Edmund y Mickey asintieron con la cabeza y se colocaron en posición de ataque, Helga permanecía sin moverse, puso las manos en los costados y se detuvo a mirarlos a cada uno.

—Les advierto a los dos, que no me provoquen o podrían lamentarlo seriamente por el resto de sus vidas. Aun están a tiempo de escapar y evitar una penosa situación.

Los gamberros rieron.

—¡Huye Helga! ¡Huye rápido, huye de aquí! —Arnold y Gerald gritaron a la vez.

—¡Ya cállense ustedes dos! Parecen unas niñas estúpidas enloquecidas por un estúpido cantante de pop y sin talento. Les prometo que no tardare nada. Solo observen.

Mickey fue el primero en lanzarse contra la chica, lo hizo a una velocidad considerable y con la suficiente fuerza en sus brazos como para derribarla. Sin embargo, el chico de quinto grado no contaba con el as bajo la manga que Helga estaba dispuesta a utilizar. Mickey estiró la mano izquierda velozmente para sujetarla del cuello cuando se pudo acercar lo suficiente, pero en cuanto lo hizo, Helga ya había esquivado ese movimiento ladeando su cabeza hacia su derecha. Acto seguido, sin pestañear, la niña sujetó con su mano izquierda el antebrazo de su agresor a la velocidad de la luz. Mickey no vio este movimiento y no se dio cuenta de las acciones de Helga sino hasta que sintió su espalda contra su pecho para inmediatamente sentir una fuerte presión sobre el codo de su mismo brazo en conjunto con una fuerte patada sobre su espinilla derecha. En consecuencia, Mickey solo pudo percibir como la chica aparentemente indefensa le había logrado ejecutar una perfecta voltereta de trescientos sesenta grados, la cual fue capaz de dejarlo tumbado sobre el suelo y sin posibilidades de levantarse otra vez.

Edmund no se quedó quieto al mirar como maltrataban a su compañero y amigo, por lo que trató de tumbar a Helga con una embestida ejecutada con su brazo derecho imitando una especie de movimiento de lucha libre. Helga se percató del ataque y dejo ir su flexible cuerpo hacia atrás para sujetarse al piso con ambas manos, formando una especie de arco sobre el suelo y esquivar el lance. Inmediatamente, gracias a sus reflejos y rapidez, Helga regresó a su posición antes de que Edmund volviera a atacar para propinarle una patada de mula en la parte trasera de la rodilla, provocando que el bravucón doblara su pierna y su cuerpo se torciera hacia atrás, lo cual fue aprovechado por la chica rubia para tomarlo por la parte del cuello con su mano derecha y así azotar su cabeza contra el piso para finalmente darle una certera patada fulminante en el rostro y dejarlo inconsciente. Wolfgang se encontraba estupefacto y con la boca abierta al ver como sus muchachos habían sido vencidos tan fácilmente por una chica de menor edad, por lo que no dudó en acercarse a Helga, dando a entender que su turno para encararla había llegado.

—Estoy impresionado, jamás me imagine que pudieras encargarte así de ellos, dime niña... ¿No te gustaría formar parte de mi pandilla? Tienes las aptitudes y tienes la fuerza, sin mencionar el carácter.

—No estoy interesada.

—¡Pero por supuesto que no! ¿Qué disparates estoy diciendo? Alguien tan tonta como tú jamás aceptaría una propuesta tan generosa como esa. Entonces no me quedara de otra más que enseñarte a respetar. Dejare que me des el primer golpe.

Wolfgang provocó a Helga sin considerar que el enojo de la chica aumentaba gradualmente con cada segundo, como si esta fuera una olla de presión dejada por horas sobre una fogata.

—Anda pequeña, suelta el primer golpe. —Se mofó en su cara—. ¿Acaso te quedaste paralizada del miedo? ¿Estás tan asustada que quieres salir corriendo de aquí para ir a llorar con tu mamita? No eres más que una niña tonta y estúpida. ¿Qué harás al respecto?

Helga por su lado no había dicho ni pronunciado una sola palabra durante el tiempo que Wolfgang estuvo provocándola, pero no fue sino hasta que el bravucón terminó con su monologo de insultos que Helga levantó su mirada para mostrarle una sonrisa. Wolfgang se quedó confundido ante la reacción de la chica, pero su confusión solo duraría unos cuantos segundos ya que la expresión de desconcierto en su rostro cambio drásticamente a una de intenso dolor, producto de una intensa patada que Helga le propinó en los bajos.

—Dijiste que diera el primer golpe... ¿No querido? —Dijo orgullosa, sonriendo y dejando a Wolfgang retorciéndose de dolor en el piso—. Ahora vayámonos de aquí o tendremos problemas... ¿Se puede saber que les ocurre a ustedes dos?

Arnold y Gerald se encontraban temblando y estaban abrazados de una forma muy poco ortodoxa luego de ser testigos de una muestra de las increíbles capacidades de combate de Helga.

—¡Que femenina...! —Dijo Arnold sin querer soltar a Gerald ni este a él—. Ahora comprendo el porqué Brainy estaba tan aterrado cuando le hice recordarla.

—¿Quién te enseño a pelear de esa forma? ¿Por qué jamás me habías dicho que eras capaz de hacer algo así? —Preguntó conmocionado el chico de cabello alto.

—Sabes perfectamente que mi padre es un obsesivo compulsivo de la seguridad, creyó que sería buena idea que aprendiera algunos trucos de defensa personal.

—¿Trucos de defensa personal o entrenamiento de combate cuerpo a cuerpo para trabajar en la CIA o en el FBI? —Preguntó Gerald, sacando a relucir su sarcasmo.

—No seas ridículo Geraldo y salgamos de aquí.

Los tres chicos abandonaron el callejón, dejando a los tres gamberros semi noqueados. Mientras caminaban, la nieve comenzó a caer sobre la ciudad a un ritmo más acelerado.

—No saben lo agradecido que estoy con ustedes por ayudarme, si no fuera por su oportuna intervención probablemente me encontraría camino al hospital en este momento. —Dijo Arnold rompiendo el silencio y caminando entre los dos chicos.

—No te fijes, no fue nada. —Respondió la chica.

—¿Qué no fue nada? Casi nos matan allá atrás... —Protestó Gerald.

—Solo eran un trío de idiotas sin cerebro, nada que no pueda solucionar por mí misma. —Dijo Helga aun más orgullosa, dándose aires de grandeza muy bien merecidos.

—Estoy en deuda con ustedes chicos.

—Olvídalo ya Argus, no te atormentes por cosas del pasado. Como dije antes, no fue nada.

—¡Soy Arnold...! —Le replicó—. En fin... ¿Puedo preguntar porque finalmente decidieron ir a buscarme al final? Después de lo que dijeron en el restaurante... Y todo lo que hicieron por mi allá atrás... no tiene sentido el que hayan regresado por mi.

—Eso yo puedo aclarártelo, viejo. —Gerald se aclaró la garganta y se adelanto para responder—. La señorita rubia aquí presente piensa que tu historia es bastante entretenida como para dejarla pasar por alto y quiere buscar la forma de ayudarte.

—¿En verdad? Pero... ¿Qué pasó entonces con aquello de que es imposible apoyarme? ¿Qué te hizo cambiar de opinión? —Se giró para mirar a Helga.

—Bueno... Para serte sincera estaba muy aburrida y no todos los días llega un chico con una cabeza extraña en forma de balón para decirte que viene de otro mundo, además... —Se sonrojó y le sonrió a Arnold—. Que me gustaría saber un poco más acerca del chico que me invitó a cenar al "Chey Paris" aquella noche de San Valentín.

Arnold se sonrojó al escuchar esto último.

—¡Vamos Helga! Míralo por el lado racional, algo como lo que dice este chico es completamente absurdo, no tiene lógica alguna. Es literalmente imposible que el venga de otra dimensión. En este mundo no existe tal cosa como lo paranormal.

—¡Sí! Puede que tengas razón, pero eso no le quita lo divertido de la situación. Además, de que es incluso aun más gratificante el encargarse de bravucones que asistir a un baile seco y sin sentido de niños ricos con dotes de supremacía.

—Helga... Hay veces en las cuales simplemente no logro entenderte. —Gerald arqueó las cejas.

—¿Así que también había un baile de fin de curso dentro de su propia escuela? —Preguntó Arnold sin apartar la mirada de la rubia.

—¡Sí...! Algo por el estilo. Gerald trataba de convencerme de que asistiera con el tan solo para darle celos a una boba y pretenciosa chica que le atrae desde el tercer grado. —Rió levemente a la vez que Gerald le lanzaba una mirada asesina por divulgar cosas innecesarias—. Y dime Andrés. ¿Cómo fue que te liaste con esos tipos? ¿Qué es lo que querían de ti? No se nota que seas un chico busca pleitos.

—¡Soy Arnold...! Y al parecer tu antiguo novio Brainy, les pagó para que me dieran un escarmiento después de haberle sacado la información de tu ubicación a la mala.

Helga echó a reír.

—¡Cielos! Me hubiera encantado ver la cara de ese engreído cuando lo amenazaste frente a toda la escuela, apuesto a que casi se moja los pantalones... Y no te confundas cabeza de balón, ese tipo nunca ha sido mi novio y nunca lo será. Es repugnante... ¡Aguarden un momento! —Helga se detuvo en seco.

—¿Qué ocurre? —Gerald preguntó discretamente.

—¡Es una excelente idea! —Helga se frotó las manos—. ¡No cabe la menor duda de que soy todo un genio cuando se trata de planificar las cosas.

—¿Cual será esa gran idea? —Arnold le preguntó a Gerald en voz baja, a lo que este simplemente se limitó a levantar los hombros en conjunto en señal de indiferencia.

—¿No lo ven chicos? Esto es perfecto, Gerald… Parece ser que al final si tendrás tú baile y tú, cabeza de balón; tendrás a una novia temporal para regresar a tu mundo. Vengan, quiero que me acompañen a mi casa por mi vestido, en el camino les explicare todo con más detalle. —Dijo una Helga muy animada con una gran sonrisa de ángel que hizo ruborizar a sus dos acompañantes—. Armando, Geraldo. Dense prisa que no hay más tiempo que perder.

Arnold y Gerald se miraban extrañados, como si ambos provinieran de planetas diferentes.

—¡Y aquí vamos de nuevo...! —Exclamó Gerald, después de soltar un largo suspiro de resignación.

—¡Gerald, ya deja de protestar y no quedes atrás! —Gritó Arnold, siguiendo a la chica.

—¡Sí, ya voy! ¡No me digas que hacer, viejo!

Ambos guardaron silencio durante el resto del trayecto mientras que seguían a la chica del moño rosa muy de cerca y sin perderle la pista, la cual ya había emprendido a manera de trote el retorno hacia su casa.

Continuará...

Notas Finales: Gracias por leer el capítulo de esta semana, el cual estuvo cargado de acción y sorpresas. La próxima semana veremos qué es lo que Helga está tramando. Por lo pronto nos vemos hasta el siguiente capítulo. Les deseo muy buenas noches. ¡Amor y paz!