Ese día fue el primero de muchos en el que mis dos lados se compartían demasiado bien, como hace tiempo no sucedía. Cada vez soñaba menos con Albert, Anthony rara vez me llamaba y Terry era ahora todo en mi vida sin perder mi independencia como mujer, era raro decir que me consideraba ya todo una mujer tan valiente que solía negarlo repetidamente. Meses después nos asignaron a Terry y a mí a un curso en los Estados Unidos, mi inglés siempre fue demasiado pobre, afortunadamente el expositor hablaba muy bien el español, no siempre sería así, para la planta era importante que asistiéramos sobretodo porque me subirían de puesto al parecer era como una esponja, tenía extrañas habilidades de absorción de información y me las ingeniaba para capturar deficiencias en el proceso. Quizás por ello me mandaron de viaje con mi jefe. Nos encontrábamos en el aeropuerto de la Ciudad de México, nuestro vuelo se había retrasado, no íbamos solos, el Investigador Junior del departamento de Investigación y Desarrollos nos acompañaba, pero antes tenía que volar a Monterrey para pasar por unas pruebas del hilo de poliéster. Nos tocó en la clase turista, que por cierto con mi horrendo temor a las alturas comí de todo lo que se me puso encima, desde chicles hasta chocolates, recordando que estos eran más para los vértigos exteriores, evitaba pensar que pronto estaríamos a 5,000 metros de altura y que la planta de Carolina del Norte se encontraba en otro país.
Era tan aterrador que Terry tuvo que quitarme la revista de viajes de la aerolínea para que no acabara en pedacitos sobre mi mesa del lunch, para colmo me había tocado la ventana y Terry no me quería cambiar el asiento, por seguridad, además el seguro de vida no pagaría si me cambiaba de asiento, me advirtió. Cómo me quería, pensaba, de los vuelos odiaba algunas cosas, como: la altura, las ventanas, sentarme cerca de un motor o de las alas, el sonido cuando se levantaba el avión en el aire, los movimientos de la turbulencia, el aterrizaje y las burlas del hombre que se suponía… me quería. En fin, no pude negarlo, aún soy una gallina.
Cuando aterrizamos, me encontraba temblando, las piernas parecían dos varitas de bambú de tanto que temblaban, definitivamente lo mío no eran los deportes extremos, consideraba que los vuelos eran uno de ellos, mi padre hacia bromas sobre mi aterrador primer viaje a Los Ángeles con mis tías, decía que desde la sala de espera observaba mi avión despegar el cual tuvo que dar dos vueltas a la pista de preparación porque mi avión cada que intentaba despegar, se iba de lado por el exceso de peso, a todos les causaba mucho gracia y por supuesto yo no reía ni una décima. De entre las personas que se encontraban en la sala de espera, nos estaba esperando la señorita Russel, la asistente de la dueña de la Casa Matriz, un anuncio de MAPLASCO se encontraba entre otros, Terry sabía inglés afortunadamente para mí, no quería pasar como boba ante la dueña y mucho menos ante la seguridad del aeropuerto, entendía el idioma pero era pésima para hablarlo. La Señorita Russel nos indicó dónde se encontraba la camioneta de la compañía, caminamos largo rato para llegar a ella, nos abrió la portezuela y subimos calmadamente, aún faltaban dos horas para llegar hasta la planta. Cuando hubiésemos entrado a ésta, me di cuenta que el dinero no faltaba en ninguna de las plantas, era grandísima, una región muy basta de áreas verdes, obvio que todos los obreros nos miraban, no parecíamos de otro país, debido a que éramos de piel muy clara para ser de México.
Fuimos recibidos por la dueña de la organización, MAPLASCO era herencia del lado paterno de la señora Stephanie Douglas, hubo una recepción de invitados de todas las plantas, después de la junta de bienvenida se me acercó un Gerente de Operaciones de la planta sede, su nombre era Charlie Tackle, sólo atinaba a sonreírle porque mi inglés aparte de ser pésimo pues no me agradaba mucho el idioma, Terry no soportaba que nadie me mirara ni me tocara, me observaba de reojo, Charlie inició con inglés, pero cuando miró de soslayo mi gafete cayó en cuenta que quizás no hablaba ni una pizca de inglés, lo cual en realidad no era totalmente falso; los ocurrentes encuentros con Charlie molestaban un tanto a Terry, no me decía nada porque no era necesario, sabía que podía más que confiar en mi buen juicio.
En pocos días, un par de ellos quizás, hacían más que un esfuerzo en hablar español, estaba renuente completamente a hablar su idioma, a pesar de ello a esas alturas tenía muchos amigos, era casualmente muy popular y realizaba varios encargos a regañadientes de Terry ; en una junta que se tuvo con todo el personal, le tocaba dirigirla a él por ser el invitado de honor, está por demás decir que me jaló del brazo para que me sentara a su lado, no dejaba de mirarme y Charlie tampoco lo hacía, si las miradas matarán hubiera sido un acto de asesinato en primer grado. Esa noche habíamos acordado ir a un bar cerca del hotel donde se nos hospedaba, mi habitación se encontraba justo al lado de la de Terry , nos intercomunicaba una puerta que no tenía cerradura. Mis memorias de la cámara estaban atestadas, no cabía ni una foto más, toqué la dichosa puerta para que me prestase su computadora portátil, me sonrió y me dijo que entrara, comencé a vaciar las fotos.
Toc, toc.
Terry – ¿Qué pasa?
Candy – Nada, sólo quería saber si me prestarías tu computadora para vaciarlas, le mostré las memorias. Ya no tengo espacio.
Terry – Claro, además quiero pasar la tarde contigo.
Candy – Por supuesto, pensé que no me lo pedirías, seguí adelante y lo besé efusivamente.
Terry – Ven, por lo que veo ya hiciste amigos aquí, me abrazó.
Candy – Así parece, pero me agrada que me digas que me extrañas.
Terry – Sabías que ellos nunca hablaban español aunque lo sepan muy bien.
Candy – Nadie les había exigido tanto, quizás.
Terry – ¡Qué buena idea tuviste, entonces! ¿Me extrañaste?
Candy – Claro, pero debemos estar así por el tiempo que pasemos en las juntas.
Terry – A partir de mañana todo estará más tranquilo y podremos pasear por la ciudad, aunque no hay mucho que ver.
Candy – Ah sí, mira hay muchas fotos de paisajes, realmente pensé que ya las había bajado todas.
Terry – Mientras las fotos pasan al escritorio quizás podemos platicar, ven siéntate aquí. Me indicó con el dedo el lugar junto a él.
Candy – Bueno, pero sólo nos sentaremos, eh, pórtese bien.
Terry – Prometido. Levantó la mano derecha en son de juramento.
Candy – ¿Cómo ha estado tu trabajo aquí? Pregunté curiosa.
Terry – No sabes cuánto te envidio, tienes más tiempo para conocer a los trabajadores de aquí y además al parecer los has cautivado, les eres una persona grata y muy real.
Candy – Se supone que debo emocionarme por ello. Pregunté inquisitivamente.
Terry – Pues creo que sí, lo que no me gusta es lo que dijo ese amigo tuyo, Charlie, estuve platicando con él y quiere conquistarte.
Candy – ¡Mmhh! de lo que se entera uno, afirmé asombrada por el comentario, pero como sabrás ya tengo novio y no puedo aceptar esas proposiciones.
Terry – ¡De verdad, lo olvidaba! ¿Crees que tu novio me golpearía si me acerco a ti?
Candy – ¡Mmhh! Depende de a qué tipo de acercamiento te refieras. Sonreí.
Terry – ¿Qué sientes por él?
Candy – Mejor dime, ¿tienes alguna mujer en puerta? Le pregunté con curiosidad.
Terry – Sí, soy un coscolino, sonrió cínicamente, tendría que confesar que no la quiero…
Debía esperar, me sentí insegura, había escuchado bien…me pregunté.
Candy – ¡Ah no! ¡Qué pena! Conteste desanimada.
Terry – Sí, no la quiero, mis sentimientos en tan poco tiempo se han vuelto más profundos de lo que esperaba y más desde que te asedian diferentes tipos de hombres…Mónica…
Candy – ¡De verdad! Contesté mirando al suelo, no había escuchado la parte central de la frase.
Terry – Mis sentimientos hacia ti han cambiado, te amo.
Me quedé anonadada, no creía lo que había escuchado fue un te amo quizás tan esperado que sólo atiné a abrazarlo plácidamente, sonriendo y muy dentro de mí escuchaba a mi corazón más fuerte que nunca, después me separó de su abrazo y me tomó el mentón, lo dirigió camino a sus labios, sentí la humedad que me era conocida, sentí también una explosión interna que con Albert nunca se dio; era algo desconocido para mí, sus brazos eran tan fuertes y me sostenían aún en una pieza, era peligroso estar en su habitación, mis ojos ya no tenían lógica, estaban en ese momento encendidos de pasión, emitió un sonido ronco proveniente de su garganta, me retiró como si no quisiera dañarme ni con el roce de su piel. Colocó su frente en la mía.
Terry – Será mejor que nos detengamos, aún no podemos… no término la frase, intentaba calmar sus ímpetus que ya hacían mella en su resistencia…
Mi respiración no volvía a su ritmo normal tampoco, era difícil contenerse cuando esos nuevos sentimientos son correspondidos, se separó abruptamente de mí, se sentía apenado por no poder corresponder de la misma forma que a mí me hubiese gustado, le entendí y sólo miraba el avance de vaciado de las memorias, no habían avanzado mucho pensaba, me sentí incómoda. Me levanté y caminé hacia el balcón.
Candy – Terry …
Terry – Sí…dime.
Candy -También te amo, hablaba tan rápido que ni tiempo le di a reaccionar como debía, no sé cómo pasó, sólo que es algo nuevo para mí, pensé que sería de hielo y piedra para siempre, pero cuando te conocí no esperaba nada de la vida siquiera. Solo ahora sé que.. te amo…
Terry caminó hacia donde me encontraba, me abrazó fuertemente por detrás y suspiró en mi cabello, su aroma impregnó las prendas que llevaba en ese momento, recargué mi nuca en su pecho, esperando a que reaccionara, de pronto sentí en la parte trasera del cuello una humedad inherente a mí, no podía creerlo, estaba llorando como si mis palabras hubieran tocado cada fibra de su corazón y se hubieran convertido en una promesa de amor. Así sin más palabras, se colocó delante de mí y surgió un nuevo, apasionado y dulce sentimiento de pertenencia, que poco a poco había nacido y nos mandaba a una galaxia muy lejana con cada abrazo, con cada beso y con cada mirada.
Continuará…
