Aquí llego con el capítulo 9 del fic y con 53 reviews detrás.
¿Os podéis creer que llevo escritas 93 páginas con solo nueve capítulos? En el anterior fic nada más escribí 122 en 24 cap, aunque debo añadir que no fue hasta el final que alargué los capis. Jajajajjajajjaja, debo felicitaros por soportarme con todas estas palabras, ¡os merecéis el más grande de los elogios! En fin, que hoy estoy alegre porque al fin tengo unos días de vacaciones antes de empezar de nuevo el curso, así que no os sorprendáis por cambio de humor, aún no he pasado el límite de cordura… XD
¡Reveiws!
LeoHagrid: espero que éste capítulo también te guste. ¡Dame tu opinión! Gracias por leer; hasta pronto!
Blackcat: cuánto tiempo!! Está bien, está bien… ya sois tres las que me pedís sobre lo de Harry y sus piernas, así que os prometo hablar más sobre el tema. Pero aún no he dicho que vaya a darle entera movilidad, eh? Y gracias por los elogios, al igual que todos los demás, ¡me pondréis roja de vergüenza! Por cierto, ¿qué tal te ha ido todo aquello? Dime algo pronto! Besos!!!
al: jajajajjajajjaja, ok ok, tranquilízate!! Veamos… no voy a decir los daños de ataque (aún), y no sabrás nada más excepto lo que verás en éste capítulo. Me encanta que me hagas preguntas, pero justamente las que me has hecho son las que no pudo responder!!! Así que no podré darte las respuestas aún, deberé pedirte más paciencia… ;) Bye!!
Nelly Esp: bueno, ya lo verás todo esto en el capítulo. Lo que sí puedo decirte, es que Snape no va a tener mucho papel por ahora, pero pronto se sabrá más de él, incluso… :) Nos vemos!!!
remus-lupin-black-darkq: caray, que nick más largo… XD Sí, Harry aún está paralítico (Miri, no me golpees…), aunque veo que os trae de cabeza a unos cuantos… Tanto mejor. Espero que sigas leyendo el fic y comentándome si te gusta o no. Bye!
FFmania: juasjuas, pues yo había pensado en algo similar para Malfoy… pero deberás continuar con la intriga, porqué aún no te lo voy a decir!! MUAJAJJAJAJAJJA, sufre!!! (mejor me protejo tras un muro de plomo, ésta chica me asusta…) Había pensado también en hacerle otra aparición un tanto más rebuscada, pero no me acordé de apuntar todos los detalles, así que esto fue lo que salió. Por si quieres saberlo (y tb pq no me pegues), te diré que pensé en que estafara la vigilancia haciéndose pasar por un mortífago más de segunda fila. Y la verdad es que habría quedado interesante, pero al escribirlo, terminé por ponerle un ejercicio de sigilo y camuflaje. Tampoco quedó tan mal, creo… Mata ne!!!!!!!
jak-luna: gracias! :) Intento actualizar tan pronto como me es posible, pero la cosa está en que antes iba subiendo capítulos que ya estaban escritos y revisados ya que iba mucho más adelantada. Pero ahora, tan pronto como termino de escribir, lo subo. Y puedo dar gracias a que aún no he empezado éste año, pq de no ser así, me temo que me retrasaría algo más. Espero que te guste el capítulo!
Sarhaliene: otra vez, gracias por vuestros comentarios! Alegráis mucho el día :) Bueno, ahora verás dónde va a parar, aunque debo admitir que no se me había ocurrido lo de enviarlos a casa los Dursley… ¿te imaginas que Harry apareciese con un Snape en las últimas y Malfoy atado? XD Tía Petúnia se muere del susto! Aún así, espero que te guste lo que he hecho para ellos (verás que no es lo que imaginabas). Hasta pronto!!
Lladruc: jajjajaja, no és burro, no. Tot té un pq! Encara que val a dir, k en certa part ho ha fet pq el mer pensament k Snape pogués rebre sense poder-ho evitar, era algo que no va amb la seva ètica. Però, tot i això, espera una mica i descobriràs quina pot haver estat la raó principal (sobretot per en Malfoy, ja que és el k menys raons tenia). Aps, i més avall et donc l'adreça. Fins aviat!!!!
Bueeeeeno… Aunque hay quienes evitan escribir mucho con las respuestas, yo no puedo evitar responderos a todos. Al fin y al cabo, para algo digo que me interesa saber vuestras opiniones y comentarios, así que aquí os dejo mi trabajo ya hecho! ;)
Veamos, para quienes quieran, os dejo mi correo: darkgea(guión bajo)(arroba)hotmail(punto)com
Hasta aquí todo por hoy! A leer!!!!
-Ithae-
Capítulo 9 – Los tres clanes
- Esto sí es bueno. Vas a por uno y regresas con dos. ¿Qué ocurre, se ha multiplicado?
- Cállate y ayúdame, ¿quieres?- dijo cortante.
Resoplando por lo bajo y con claros movimientos de enojo y desacuerdo, el dragón soltó una pequeña llamarada hacia el montón de madera lista para quemar. Sin embargo no pudo evitar sonreír por lo bajo al ver los fallidos intentos del joven muchacho por arrastrar al hombre herido. Sabía que había usado ya gran cantidad de energía, por lo que le resultaba difícil incluso conseguir mantenerse en pie. Aún así, no dejó de hacer cuanto pudo para acomodar el nuevo lugar donde habían aparecido.
Agotado, se dejó caer al lado de Snape quien descansaba en un agitado sueño para nada tranquilizador. Le dolía tremendamente el cuerpo, pero no podía permitirse el lujo de descansar puesto que la misión aún estaba presente. Y, a pesar de haber logrado su objetivo, no consiguió salir ileso de la "excursión". Tenía una fea quemadura en su espalda, seguramente debido al hechizo que había impactado contra él, y una profunda y grave herida en el hombro derecho causada por un último golpe de magia antes de conseguir desaparecerse al completo.
Su estado no era bueno, pero no por ello dejó que la autocompasión y el dolor le hicieran abandonar. Ya había pasado por situaciones peores, ésta vez estaba preparado, mucho más que antes. Así que, tapándose la herida con un harapo de su propia ropa, se preocupó en analizar el estado del profesor por ahora exmortífago. Por suerte, los arreglos que consiguió hacer antes de la huida habían resistido con efectividad haciendo que no llegara a empeorar irremisiblemente.
Aguantó la tos que le perforaba los pulmones, y siguió con la revisión. Sentía su garganta seca y con el extraño gusto metálico que ya sabía era de sangre. Incluso su vista se nublaba desenfocándose a pesar de sus esfuerzos por ignorar las quejas de su magullado cuerpo.
- Deberías descansar.
- Aún no.
- No lograrás nada si te desmayas por estupidez. Venga, ya me ocuparé yo de ellos.
- Puedo seguir, gracias.
- No lo dudo, pero en vez de salvarle, conseguirás matarlo.- intrigado, le miró a los ojos.- Estás presionando demasiado.
- ¡Maldita sea!- la herida que intentaba cerrar mediante magia, volvía a sangrar. Meneó la cabeza intentando expulsar el molesto zumbido y el continuo dolor en la cicatriz que volvía a asediarle, y enfocó toda su concentración en lo que hacía.
- Déjalo, vamos. Además, me preocupan más tus heridas que las de él, ¿acaso no te has visto?
- Estoy bien.- dijo entre dientes. El maldito dolor de cabeza no se iba, era más insistente que nunca, y encima el dragón no hacía más que insistirle.- ¡¿Quieres dejarme en paz?!
- Tozudo cabeza hueca…
Aprovechando la falta de reacción del chico, el dragón bufó suavemente revolviendo con cariño su pelo y ropas. Y, aún saber que difícilmente podría defenderse de su magia, se sorprendió al ver que tensaba los músculos en vista de lo que se avecinaba. Incluso logró encararse con la varita en alto dispuesto a defenderse a pesar de su lamentable situación. Pero, aunque se comportó como un auténtico guerrero, listo para todo hasta el fin, no pudo evitar caer en el mágico sueño del poderoso dragón.
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El recuerdo de un suave viento rodeándole con delicadeza y amor, hizo que volviera en sí. En realidad, no era aquello lo que le había impulsado a despertarse del agradable sueño que le había acompañado en aquél forzoso descanso, sino la certeza de que había sido Shelyak quien le obligó a entrar en el mundo de Morfeo.
Abrió los ojos con pereza y, a pesar de saber la importancia de hacerlo, no pudo reprimir un sentimiento de bienestar y paz que le instaba a seguir en aquél lugar donde los problemas de los mortales carecían de valor.
Cientos de brillantes luces resplandecían a su alrededor moviéndose en un acompasado baile grácil y elegante. Estaba bocabajo, encima de pequeñas hojas plateadas, suaves y mullidas, de un tacto difícil de describir. Casi se diría que parecía más una nube por su textura, que algo material.
Una de aquellas luces se posó frente sus ojos, a suficiente distancia como para que pudiera verla con claridad aún no tener las gafas. Inexplicablemente, sin comprender como, pudo ver la fantástica criatura que le sonreía con amabilidad. Parecía una joven muchacha con brillantes alas doradas de mariposa saliéndole por la espalda. Emitía una luz con destellos de oro, sus ojos, negros como la noche, le miraban sonrientes desde la distancia. Toda ella era fina y delicada, como si fuera una intocable figura de porcelana capaz de romperse con el menor soplo de aire. Incluso temió respirar por miedo a desvanecer aquella magnífica y exquisita visión que había aparecido desde las profundidades de los sueños.
Era bellísima. Al verla se sintió sucio, desmerecedor de poder contemplar tal belleza, de tal pureza.
Inundado por la tristeza al verla allí, frente a él, con la sencillez y justicia en su mano blanca, una dolorosa lágrima salió de sus ojos verdes resbalando hasta tocar la divina cama en la que estaba echado. Pero ella, al verlo llorar y sin comprender el porque de aquella enorme tristeza que ahogaba su corazón, ladeó la cabeza con extrañeza. Y así siguió, llorando, conocedor de los peores males del mundo, conocedor de su destino y futuro, conocedor de todo aquello que oscurecía el corazón de los humanos, sin ser capaz de moverse ni hacer nada más que seguir llorando como si la misma Tierra llorase por su sufrimiento.
Incapaz de seguir mirándola entre turbias lágrimas, cerró los ojos con dolor. No podía continuar viendo aquella fantástica criatura desconocedora del horror que amenazaba en engullir todo cuanto amaba, incapaz de saber cuan cruel podía ser el mundo que habitaba. Ella era pura, él no.
Sintió como un interminable amor rozaba su mejilla reconfortándole en su pena más allá de cualquier vida, mostrándole la luz entre toda aquella terrible oscuridad. Una luz brillante y estremecedora, lejos de toda comprensión, capaz de abarcar el infinito, débil y resistente en su existencia. Y, aunque no deseaba abrir los ojos, aquél sentimiento le impulsó a ello.
La criatura le sonrió inocente y, al igual que las demás luces que habían estado junto a él, desapareció alejándose por el bosque.
Suspiró relajado, y decidió levantarse de una buena vez. Aún querer seguir descansando, no podía evitar seguir con aquello que ahora importaba, debía continuar con el camino que le había sido destinado.
Al principio se sorprendió al verse rodeado de más árboles, ¿habría sido todo un sueño? Se puso bien las gafas, e intentó ubicarse. Pero pronto recordó el rescate.
- ¿Ya han terminado?- alertado por la voz que parecía entrar en su mente, buscó por el claro al dueño. Un enorme dragón rojo le miraba desinteresadamente.- Come algo y despiértalos.
- ¿Qué ocurre? ¿Qué eran…?
- Hadas.- dijo cortante.- Espabila.
- ¿Hadas?- haciendo caso a sus prisas, tomó entre sus manos un extraño fruto de un verde oscuro muy similar a la cebolla.- ¿Y eso?
- Un higo. Les encanta, así que no te extrañe que tengas tantos.
- ¿Ellas me lo han dado?- abriéndolo por la parte superior, pudo ver que el interior era muy distinto. Parecían pequeñas semillas rojas pegadas en la piel interior del fruto.- Mmm… Es dulce…
- Demasiado.
- ¿Y qué hacían aquí?
- Curarte, ¿no lo ves?- por su humor, enseguida supo que mejor sería no rechistar y terminar rápido. No sabía qué había pasado, pero Shelyak no estaba en sus mejores momentos, y sabía, por experiencia, que aquello podía ser peligroso.
Comió cuatro higos más del montón que tenía, y bebió el agua que había dentro de un sencillo cuenco de barro. Observó que sus heridas habían desaparecido al completo y su ropa reparada. Tomó un par de hojas, las engrandó y unió como si fueran una, y colocó los frutos que quedaban junto con el cuenco dentro, atándolo todo con una cuerda mágica. A sabiendas que nunca debía desperdiciar nada, se colgó el hatillo en el cinturón, y se puso en pie listo para dar el siguiente paso.
- ¿Cuánto tiempo he dormido?- dijo aproximándose a Snape.
- Casi un día entero.
Él también estaba encima aquella cama plateada pero, tan pronto como le tocó para comprobar su pulso, ésta desapareció por un colchón de hojas secas. Al ver que todo parecía en orden, le apuntó con la varita y dejó que unas chispas blancas rozaran el pecho del hombre.
Lentamente, como si despertase después de mucho tiempo, los párpados hicieron el intento de abrirse.
Con paciencia, Harry esperó a que empezara a reaccionar. Aunque no esperaba que lo hiciera tan repentinamente. Pues, como si de pronto recordase lo último visto, Snape se incorporó con una velocidad sorprendente que hizo que el chico se sobresaltase apartándose de golpe.
- ¿Qué…?- miró a su derecha, y encontró al muchacho que volvía a recomponerse del impacto.- ¿Se puede saber qué haces tú aquí? ¿Dónde estoy?
- Lejos de Voldemort.- dijo simplemente.
- ¿Cómo?
- Le saqué de allí. ¿Puede levantarse?
- ¿Que me sacaste de allí?- dijo incrédulo.
- Así es. Y ahora, mejor levántese.- se puso en pie, y esperó a que hiciera lo mismo.- Deberá regresar a la escuela cuanto antes, ¿se ve capaz?
Por unos momentos, ambos se miraron a los ojos sin pestañear. Sabía que intentaba entrar en su mente, pero no permitió que pudiera entrar en ella, algo que enseguida comprendió el sorprendido profesor. Incluso sonrió despectivamente al ver que había logrado una buena resistencia a su intento de legimiens. Nunca lo haría, por supuesto, pero era de reconocer el mérito del chico.
- No comprendo cómo lo ha logrado, Potter, pero no espere que se lo agradezca.- dijo con rabia.
- No lo espero. Sin embargo, debo pedirle un favor.- al ver que el silencio era su respuesta, prosiguió con su petición.- No diga a nadie que me ha visto.
Ambos, en una desenfrenada lucha de miradas y voluntades, estuvieron callados durante unos instantes mientras una batalla mental estaba teniendo lugar. De haber sido física, la potencia hubiera sido respetable. Pero, a primera vista, nada de aquello podría llevar a pensar que los dos hombres estaban combatiendo con todos sus recursos para ver cual mostraba su superioridad frente al otro.
Finalmente, fue Snape quien apartó la vista con un movimiento de arrogancia e indiferencia, como si todo aquello fuese una pérdida de su valioso tiempo.
- Como quiera.- se aseguró que la capa estuviera bien sujeta, y, por primera vez, observó que, atado en un árbol, había un muchacho de cabellos rubios y ropajes negros con la cabeza caída hacia delante claramente inconsciente.
- Él vendrá conmigo.- respondió a su pregunta silenciosa.
- No olvide su antebrazo izquierdo, Potter.
- Descuide.- dijo tendiéndole la varita del otro chico.- Devuélvasela cuando regresemos, por ahora no la necesitará.
- Mejor evite que le maten. No me gustaría tener que anunciar su fallecimiento. Y, además, Black no me lo perdonaría.- agregó con una mueca sarcástica.
Guardando la varita en uno de sus bolsillos interiores, el hombre le dedicó una última mirada antes de desaparecer con un silencioso ¡Pop!
- ¿Por qué debías esconderte?- dijo sin siquiera despegar la mirada en donde segundos antes había estado Snape.
- Habría llamado mucho la atención. Además, nadie debe saber que estoy contigo.- materializándose en el aire, el inmenso dragón rojo empezó a dibujarse como si una mano invisible fuera creándole desde la nada. Pero él sabía que todo se debía a su capacidad de camuflaje, sin embargo, verlo apareciendo resultaba algo asombroso.
- No comprendo.
- Ya lo entenderás.- le miró con fuerza.- ¿Estás seguro de querer continuar?
- ¿Qué alternativa tengo? Si no nos apresuramos, vamos a perder toda esperanza. Tú mismo me lo comentaste.
- Pero, ¿por qué con él?
- Puede serme de utilidad.- dijo encogiéndose de hombros.
- ¿Cómo, planeando matarte?
- Vamos, no seas tan negativo. Soy capaz de cuidar de mí mismo, y debo decir que todo es gracias a ti.
- Por favor… no ha sido nada…- dijo con pomposidad.
- Y encima esto…- susurró.- Venga, vete ya.
- Ve con cuidado.
Abrió sus alas con majestuosidad, y las batió con fuerza consiguiendo levantar el pesado cuerpo del suelo. Entrecerrando los ojos para poder verle marchar, observó como aquella enorme criatura iba ascendiendo hasta internarse en el cielo cada vez más oscuro.
Y otro que se va… No hace ni unos minutos que me he despertado, y ya todos han desaparecido. ¡Menudas prisas! pensó molesto.
Se aseguró que había desaparecido completamente de su vista para volver a fijar la mirada en el otro chico que aún permanecía bajo los efectos de su hechizo.
Sin ninguna prisa aparente a pesar de saber que no disponían de mucho tiempo, Harry se acercó a él caminando con lentitud mientras se aseguraba la varita en el cinto tras la espalda. Le levantó la manga izquierda y entonces la vio, la marca oscura, la marca de los vasallos de Voldemort. No pudo evitar sentir repugnancia hacia aquél tatuaje de una calavera y una serpiente saliéndole por la boca, ¿se sentiría orgulloso de llevarla? Y, aún sentir la necesidad de golpearle por su estupidez, un extraño deseo de tocar aquél símbolo se apoderó de él. Era como si le atrajera, como si el mero hecho de verlo pudiera infundirle una sensación de poder oculto que no poseía y que deseaba en el fondo de su corazón.
Bruscamente se levantó mientras su magia permitía que el muchacho pudiera recuperar la consciencia perdida por el hechizo. Hizo desaparecer las cuerdas, y retrocedió un par de pasos sin dejar de mirarle con el entrecejo fruncido, incapaz de aclarar lo que segundos antes había acontecido.
- ¡Levanta!- dijo con severidad.
Al oír lo que parecía una orden, el chico levantó la cabeza completamente desorientado. Mas, al verle, enseguida se puso en pie mientras buscaba su varita la cual no encontró.
- ¿Qué me has hecho? ¿Dónde estamos?- reclamó furibundo. Pero por toda respuesta recibió un higo que le lanzó aún con su poste autoritario, algo fuera de lo común en él.
- Come.- sin más que decir, le dio la espalda y se dirigió donde aún quemaba el fuego que recordaba haber sido encendido la noche antes.
- ¿Qué coño es esto? ¡Eh! ¡Te estoy hablando, cara rajada!
- Si quieres sobrevivir, come.
- ¿De qué me estás hablando? ¿Dónde tienes mi varita? ¿Adónde me has llevado?- sulfurado por el pasotismo de Harry, se lanzó directo hacia él aún no poseer ninguna arma más que sus puños y piernas. Pero una fuerza se lo impidió.
Sabiendo que no razonaría por las buenas, no dudó en agudizar sus sentidos puestos en él, estaba seguro que aún no tener la varita, Malfoy no dudaría en utilizar la fuerza bruta para lanzarse y golpearlo. Y estaba seguro que el chico había aprendido mucho bajo las órdenes del lord. Así que mucho antes incluso de que iniciara su carrera alocada, Harry ya había preparado su magia para que le detuviera actuando con efectividad.
- ¿Acaso no entiendes lo que significa "come"?- dijo mirándolo con dureza.
- ¡Déjate de tonterías, estúpido! ¡Suéltame! ¡Maldito bastardo, suéltame! ¡He dicho que me sueltes!- decía a gritos.
- ¡Silencio!- tan pronto como pronunció la palabra, los gritos desaparecieron para consternación del irritado chico quien seguía gesticulando sin ser escuchado.- Por si no te has dado cuenta, no es el mejor momento para armar un escándalo. Así que, para tu seguridad, mejor estate calladito y come de una buena vez.- viendo que dejaba de pelear, deshizo el hechizo que lo mantenía sujeto y callado.- Y yo que tú, evitaría hacer movimientos bruscos, a no ser que quieras atraer a hambrientos depredadores.
- ¿Dónde me has llevado?- insistió mas ya sin chillar.
- En un bosque.
- Me refiero a qué lugar…
- Lo verás a su debido tiempo.- dijo cortante.
- Mi varita…
- Lejos de aquí.
- ¿Cómo puedes…?
- No te importa.
- ¡Ya lo creo que sí! ¡No me tomes a la ligera, imbécil! ¡Soy mucho más poderoso que tú, y te llevaré ante mi señor para que te mate al igual que mata a los asquerosos sangre sucia…!- de nuevo volvió a quedarse sin voz. Intentó correr hacia el bosque, pero no consiguió ni siquiera dar un par de pasos cuando quedó atrapado de nuevo por la magia del chico.
- Te he dicho silencio, ¿no sabes lo que significa?- harto de ver como se revolvía sin resultados, se aproximó a él mirándole con indiferencia.- Tú y tu señor me importáis un pimiento. Si tan importante eres para él, ¿por qué entonces te ha abandonado a mis manos? Si tan fuerte eres, ¿cómo es que no puedes escapar de la débil barrera que te he impuesto? ¿No eres, acaso, más poderoso que yo? Y sobre lo de matarme… antes vas a morir tú por tu ingenuidad y estupidez como sigas comportándote como un desquiciado.- con la mirada llena de odio, Malfoy dejó de golpear en el aire para mirarlo con intensidad.- Ahora veremos si has escuchado alguna vez en clase de Defensa… Dime, gran sabelotodo, ¿qué hay en las noches, en un gran y viejo bosque, que se transforma con la luna llena?
Su furia rápidamente se enfrió para dar paso a un escalofrío que le erizó los pelos de la nuca. ¿Hablaba de lo que creía?
- ¿Adivinas dónde estamos, ahora?
- ¡¿Transilvania?!- dijo anteponiéndose al hechizo, algo que agradó a Harry. El miedo había logrado romper su magia, y eso podía ser interesante…- ¡No puede ser, estás loco! ¡Mientes!
- Sigue así y enseguida comprobarás que no.
- No puede ser que seas tan estúpido, ¡es una locura!
- Si no voy equivocado, tu señor tiene pactos con los clanes de los vampiros, muchos de ellos de los más antiguos, ¿verdad?
- ¿Y si así fuera?
- Bueno… Dicen que los hombres lobo y los vampiros son acérrimos enemigos, ancestrales, creo. Un pacto con ellos sería provechoso para nosotros.
- Nunca conseguirás esto.- dijo con una sonrisa burlona que pretendía ser segura aún cuando temblaba al pensar en aquello que podía estar rodeándoles.- Los hombres lobo no lucharán para Dumbledore, odian a los magos, ¿por qué iban a escuchar tu propuesta?
- Yo no he dicho que fueran a combatir por Dumbledore…
- ¿Quieres crear tu propio ejército?- dijo confuso.
- No tienes varita y, como puedes comprobar, no puedes desaparecerte…- esperó a que lo intentase por su propio pie a fin que se diera cuenta de la obviedad, y así fue. Aterrado al ver que le era imposible salir de allí, Malfoy empezó a sudar de nerviosismo, algo que solo había visto una vez en él, cuando entraron juntos al Bosque Prohibido en primero.- Así que tu única salida soy yo. ¿Qué vas a hacer? ¿Te quedarás a aquí esperando a que tu querido señor venga a buscarte? ¿O… vendrás conmigo y evitarás hacer numeritos como el de hace unos minutos?
- Puedo cuidar de mí mismo.
- Muy bien, como quieras.- dijo con aire práctico. Tomó uno de los palos cuyas llamas ardían en el extremo superior, apagó el resto, y aplicó un hechizo de contención y conserva para evitar que se propagase o consumiera con tanta rapidez.- Buena suerte, entonces.
Con paso seguro y confiado, empezó a internarse por el bosque sin siquiera dignarse a mirar atrás. Sabía que no tardaría en aparecer tras él, seguramente argumentando que solo le seguía para evitar que llevase a cabo su plan o algo semejante. Era tan previsible… pero le necesitaba. Necesitaba tener a Malfoy a su lado, aunque no pudiese confiar plenamente en él, a sabiendas que el chico no dudaría en traicionarle cuando apareciese la oportunidad de escapar sano y salvo. Odiaba aquella situación puesto que nada le gustaría más que darle un buen merecido dejándole allí. Se había visto obligado a decirle su plan, pero no tenía opción… y aquello le sulfuraba de sobremanera.
Enseguida vio realizados sus pensamientos cuando los pasos apresurados del muchacho empezaron a acercarse más y más. Sonrió por lo bajo y se escondió pensando que, al menos, iba a darle un merecido susto.
Esperó a que redujera su paso mirando alertado a su alrededor en busca de su archienemigo Potter, para irse acercando con sigilo y precaución. Había asegurado su discreción escondiendo la luz del fuego con un sencillo y práctico hechizo. Aún saber que debía ahorrar energías por lo que se avecinaría, aquella jugada era algo que no podía dejar pasar y, a pesar de saber que aquello daría un gustoso argumento al dragón para sermonearle, le parecía estar degustando el sabor de la travesura, un sabor dulce y agradable por el que merecía la pena arriesgarse.
Controlando sus pasos, consiguió situarse justo detrás de él. Sonrió con malicia, y se preparó para ocultar su carcajada que muy seguramente amenazaría en salir después del susto. Porque, aún ser una "inocente" broma, el riesgo del lugar seguía estando presente, un riesgo que no podía ignorar.
Alargó su mano derecha y, de un solo movimiento, tocó su hombro agrandando, al mismo tiempo, la luz de la antorcha. El grito que soltó Malfoy y su mirada aterrada, difícilmente le serían borradas de su memoria, sería algo que siempre recordaría con una enorme sonrisa de satisfacción.
- ¿Me buscabas?- dijo haciendo cuanto pudo por evitar caer el suelo en una incontrolable risa.
- ¡¿ESTÁS LOCO?! ¡CASI ME MATAS DEL SUSTO!- dijo con los ojos aún saliéndose de las órbitas. Harry carraspeó enojado por el volumen de los gritos optando por ponerle la mano encima la boca y así evitar que siguiera chillando histérico.
- No grites. ¿Debo recordarte dónde estás?
- ¡¿Querías matarme de un infarto?!
- Que no grites, te digo.
- ¡Lo has hecho adrede, así que no me pidas ahora que…!- viendo que su alteración no había hecho más que aumentar por el miedo, se vio obligado a silenciarlo de nuevo.
- Como veo que me has seguido, voy a suponer que decides venir conmigo. Pero voy a advertirte de un par de cosas. Aunque me odies, al igual que yo a ti, habrá que hacer una tregua de necesidad. Así que a partir de ahora hasta que todo termine, deberás hacer lo que te pida. Si me traicionas rompiendo el pacto, te mataré sin dudarlo o te abandonaré a tu suerte. Ahora tú eres un mortífago, así que a no ser que aún conserves algo de palabra, voy a tratarte como la basura que representan. ¿Ha quedado claro?- la mirada que le dedicó fue más allá del odio y el rencor, una mirada capaz de detener a cualquier mago con dos dedos de frente, claro que no a Harry.- Ah y… a partir de ahora, ni una palabra a no ser que sea necesario, ¿entendido? Andando.
Los dos reiniciaron su marcha entre el oscuro y tenebroso bosque que cada vez iba convirtiéndose en un lugar más y más terrible, lleno de peligros insospechados escondidos entre la oscuridad, esperando el momento apropiado para atacar. No podían bajar la guardia ni un solo segundo o aquello supondría la muerte de ambos, así que, en vistas de la situación, no tuvieron más remedio que confiar el uno con el otro.
- ¿Qué sabes de los hombres lobo?- dijo en un susurro recordando no levantar la voz.
- Mucho más que tú.- tras unos segundos recapacitó viendo que la respuesta había sido realmente maleducada. Suspirando resignado, rectificó sus palabras.- Está escrito que Transilvania es la mayor reserva del mundo habitada por criaturas mágicas. Desde hadas, dragones y arnes, hasta vampiros y hombres lobo. En realidad, es difícil entender como especies tan distintas son capaces de coexistir juntas en un mismo lugar, pero se supone que las condiciones geográficas y climáticas facilitan su adaptabilidad. Sin embargo, también está el hecho de que muchas de éstas razas pueden considerarse racionales y, por consiguiente, territoriales en extremo.
Los vampiros, al igual que los hombres lobo, han conseguido extenderse más allá de sus fronteras utilizando la característica de su raza. Por ello, se pueden encontrar en otros lugares como ciudades y pueblos muy lejos de su origen genético. Sin embargo, continúan existiendo lo que llamaríamos raza pura o sangre pura.- dijo mirándole de reojo.- El gen lobisome es predominante, al igual que el dimsolaris, de forma que, al ser mordido por uno de ellos, éstos genes son trasmitidos a la víctima haciendo que su estructura genética quede modificada eternamente. Aún así, los clanes originales, en otras palabras, aquellos que conservan la sangre pura, han logrado sobrevivir manteniendo la evolución dentro de sus genes, evitando que la sangre se mezclara con la otra llamada "impura".
En Transilvania, hogar de los clanes más antiguos de estas razas, habita la poderosa raza de los hombres lobo que, al igual que sus enemigos los vampiros, está dividida en familias también nombradas clanes. Existen tres: el clan de la Luna Blanca, el de la Luna Negra, y el de la Roja. Cada uno de ellos posee una característica propia que se ha ido acentuando con las generaciones al no renovar la sangre, claro que esto también conlleva la muerte prematura de la mayoría de los cachorros. Lo mismo sucede con los vampiros.
- Granger estaría enfadada contigo, creo que le has superado.- dijo burlonamente.- ¿De dónde has sacado tanta información? Parece te hayas memorizado el libro entero.
- Para ganar a tu enemigo, hace falta conocerlo.
Alargó su brazo izquierdo indicándole detenerse. Se acercó a un grupo compacto de maleza, y apagó la antorcha mientras se agachaba silenciosamente pidiéndole silencio. Apartó las gruesas y punzantes ramas intentando aclarar su campo de visión, no sin recibir pequeños rasguños en el proceso.
A la lejanía pudo ver aquello que buscaba.
Un pequeño pueblo de piedra se extendía a los pies de la montaña. Sus casas, acogedoras y cálidas, estaban cerradas con luz en el interior. Todas ellas se agrupaban formando una compacta muralla alrededor de un edificio más grande adosado a la misma roca. Y aquél sería su objetivo a conseguir. Aún así, había el riesgo de ser vistos antes de lograr llegar hasta él, algo para nada bueno puesto que estaba convencido que las probabilidades de éxito dependían claramente de ello.
- ¿Ves el pueblo?- dijo evitando levantar demasiado la voz.- La casa del centro es donde se reúnen los jefes de los tres clanes. Allí es dónde debemos llegar.
- Estás mucho peor de lo que pensaba. No conseguiremos llegar hasta allí.
- Claro que sí. Venga.
- ¿Tienes algún plan o bajaremos hacia allí pidiendo que nos…?- de repente se detuvo en seco cogiéndole de la manga.- Espera, ¿has dicho que es dónde se reúnen los tres clanes? ¡¿Todo el pueblo está repleto de hombres lobo?!
- ¡Cállate! Vamos.- se deshizo con un movimiento brusco, y le empujó para que continuase.
- Esto es un suicidio…
Con pasos lentos y pesados, empezaron a descender escondiéndose entre las sombras de los altos y misteriosos árboles. El problema estaba en que, aunque hacían todo lo posible para evitar hacer ruido alguno, las hojas caídas crispaban al ser rotas por su peso y aquello les delataría si seguían moviéndose así. Además, también estaba el hecho de que debían ir sin luz alguna, por lo que su visión resultaba casi nula, y la ventaja de no tener la luna llena ahora era otro inconveniente más. Aunque, por supuesto, siempre había solución a su problema… pero aquello requeriría más magia. ¿Pero podía permitirse ser detectado antes de lograr llegar? La respuesta era no, por lo que no tenía otro remedio que recurrir a ello.
- Voy a darte visión nocturna y a elevarte un par de centímetros del suelo para evitar hacer ruido.
- ¿Puedes hacer esto?- dijo sin poder evitar esconder su sorpresa.
Tomó la varita con determinación, y se concentró en lo que deseaba hacer. La verdad era que aplicarlo a sí mismo habría resultado mucho más fácil, pero hacerlo también a otro y además mantener el hechizo durante un tiempo requeriría algo más de potencia. Unas chispas violetas salieron disparadas de la punta de su varita para impactar contra sus ojos. Inconscientemente, los cerraron y, cuando volvieron a abrirlos, todo a su alrededor se había esclarecido pudiendo ver sin ningún problema cualquier detalle como si estuvieran a pleno día, aunque un día cuya luz era violeta.
- Levitia- dijo en un susurro. Una nube blanca rodeó sus pies elevándolos hasta un segundo suelo a unos centímetros del verdadero.- Mucho mejor.
Como si aquello lo hiciera todos los días, Harry empezó a andar sin detenerse, despreocupándose de las hojas secas quietas bajo sus pies. Sabía que había impresionado a Malfoy, aún cuando éste no lo admitiera, y aquello era algo que le satisfacía en cantidad. Pero de igual forma conocía sus límites, y sabía que no debían tardar demasiado o se vería obligado a detener su magia para reservarla para lo que realmente importaba: salir vivo de ésta.
Durante el trayecto, ambos pactaron un tenso silencio, demasiado preocupados en lo que tenían delante como para volver a las discusiones y peleas.
Olvidándose por unos segundos de quien tenía a dos pasos por detrás, Harry enfocó sus sentidos en escuchar a su alrededor. Podía sentir el frío aire nocturno, el sonido del suave y escalofriante viento moviendo las pocas hojas verdes de los árboles, el silencioso ruido de su corazón, la respiración agitada de Malfoy, el crujir de las ramas secas bajo algún pequeño animal. Posiblemente hubiera algún riachuelo no muy lejos de ellos, cerca del pueblo, dónde aquella extraña gente tan distinta a él iba en busca de agua. Miles de ruidos iban a él llevados por el mismo viento en su eterno recorrido alrededor de tierras y mares, y solo debía querer escucharlos para entender mejor dónde estaba y aquello que acechaba en la oscuridad.
Evitando apresurar su paso y caer en algún error, optaron por llevar una marcha lenta y larga. Así que tardaron algo más de dos horas y media de tediosa caminata para conseguir llegar a la entrada misma del pueblo.
Las pequeñas casas parecían sacadas de los cuentos infantiles donde en invierno la nieve cubría sus tejados haciéndolas parecer de dulce azúcar. Las calles, brillantes por la humedad sobre la piedra, estaban desiertas y sin nadie que corretease por allí como muy seguramente pasaba durante el día. Y si no fuera por las luces que se entreveían por las ranuras de la madera, alguien hubiera dicho que ya nadie habitaba allí. Pero ése no era el caso, y ellos lo sabían muy bien.
Sus corazones palpitaban furiosamente, intentando enviar la sangre con rapidez, permitiendo el correcto flujo del líquido rojo capaz de hacerlos mover. Pero aquello no servía como estímulo para hacerlo, sentir sus propias pulsaciones no hacía sino asustarlos aún más. En realidad, era el mero conocimiento de saber donde estaban y lo que les rodeaba, lo que les hacía recurrir a todas sus fuerzas por seguir aún cuando el sentido común les suplicaba desaparecer de allí.
Y, aún ser nada más que unos minutos más en toda su travesía, aquél último tramo les pareció el más largo y difícil del recorrido. Pero pronto lograron estar cara a cara con el motivo de su visita. El edificio tenía la mitad de la estructura adosada en la pared de la montaña, como si ésta misma hubiese alargado unos metros más de su superficie para crear aquella construcción. Incluso parecía que las tejas se difuminaran con la textura de la roca quedando fundidas en su interior.
Pero no tenía tiempo para admirar aquella curiosidad.
Sin perder más el tiempo, golpeó con urgencia la puerta. El ruido hizo saltar a su corazón haciendo que casi se le saliera de la boca, y ni siquiera tuvo tiempo para ver el salto de espanto que había hecho Malfoy, cuando alguien más había aparecido tras suyo.
- ¡Alto!- con cuidado y las manos en alta en señal de rendición, Harry se giró cuidadosamente hasta poder ver a sus captores.- Se os ha terminado la odisea, chicos.
Una mujer estaba apuntándoles con una preciosa espada plateada resplandeciente como la luna misma. Vestía unos sencillos ropajes algo desgastados pero bien cuidados, una larga camiseta amarillenta con las mangas recogidas, unos tejanos que antaño debieron ser también negros, y unas bonitas botas de piel del mismo color. Tenía el cabello largo y ondulado, de un negro profundo, y sus ojos, grises y brillantes, les miraban sin ningún rastro de compasión. Era realmente atractiva. Y por su aspecto, debía ser bastante joven.
A su lado, varios hombres les apuntaban con largas lanzas, todos ellos con el entrecejo fruncido. Los hogares que antes parecían medio desiertos, ahora tenían a varias caras asomándose para ver lo que ocurría. Por el panorama que estaba tomando todo, Harry enseguida supo que los problemas estaban a punto de caer, y muy seguramente no iba a ser cosa fácil salir de ellos. Solo esperaba no tener que recurrir a su última opción, una fuga a la desesperada.
- Quienes sois, ¡identificaos!
Harry, aún sin hablar, decidió arriesgarse para hacer una rápida ojeada a Malfoy. Encontró que su expresión era un cúmulo de lecturas distintas, no sabía si estaba a punto de reír como un histérico o a llorar de desesperación, pero solo esperaba que no abriera la boca o lo echaría todo a perder. Así que, intentando engullir el nudo que amenazaba en ahogarlo, se preparó para afrontar lo que se avecinaba.
- Pedimos el Derecho de Encuentro.
- ¿Cómo dices?
- Según el Pacto de los Tres Lobos, cualquiera que haga el pedido de encuentro está protegido bajo la Casa de la Roca, y permanecerá sano y salvo hasta que haya terminado de exponer aquello que desea frente a los Clanes de la Luna.- dijo evitando que le temblara la voz.
- ¡Identifícate!- volvió a exigir, ésta vez rozando la punta de su espada en la garganta del chico.- Di quienes sois si no queréis morir…
- ¡Basta!- una mujer, con el pelo blanco pulcramente recogido, se avanzó a los demás.- Detente, Irid.- siguiendo sus órdenes, no sin antes dedicar una furibunda mirada a Harry, la mujer envainó su espada y se retiró junto a los demás.- La ley os protege ahora, extraños viajeros, pero no seguirá eternamente. Decidme vuestro nombre.
- Harry Potter, mi señora.- dijo haciendo una educada reverencia.- Y él es Draco Malfoy.- al ver que el chico no reaccionaba, decidió aplicar algo de fuerza mágica para que hiciese la misma reverencia de caballerosidad.
- Yo soy Kiera, señora del clan de la Luna Blanca, y como una de los tres padres, voy a guiaros hasta el Parlamento.- hizo un leve asentimiento a la chica llamada Irid, y se adelantó para abrir una de las grandes puertas de metal.- Seguidme.
Dio un disimulado codazo a Malfoy haciéndole despertar, y le indicó seguir a la bella dama.
Aún su poste autoritario y aristocrático, digno de una reina, sus ropas eran sencillas y discretas. Llevaba una fina camiseta blanca con las mangas anchas y deshiladas, un gran pañuelo rojo atado en su cintura que le cubría gran parte de la pierna derecha y toda la izquierda, y unos pantalones y botas negros. Sus ojos eran de un azul pálido, casi blanco, al igual que su piel. Harry no estaba seguro de saber su edad, pues tenía la vaga impresión que aparentaba mucho menos de lo que en realidad tenía, pero no se atrevió a preguntar tal grosería. Así que prefirió observar el interior del edificio.
La misma piedra cubría las paredes con la única iluminación de grandes velas. En verdad, por dentro parecía más una casa que otra cosa, solo que ésta tenía un piso más que las demás del pueblo haciendo que destacase en la lejanía por su altura. Al entrar, se encontró en el recibidor, algo que le extrañó pues esperaba encontrar pulidas paredes de mármol con una larga alfombra roja que le llevaría directo hacia la sala de juicios. Sin embargo, aquello no era, para nada, lo que imaginó.
- Permíteme hacerle una pregunta…- dijo girándose de golpe. La brusquedad de su movimiento, tomó desprevenido al joven quien frenó súbitamente sus pasos algo alarmado.- ¿Cómo sabía que tenemos ése decreto? No creo que sean de aquí, justamente.
- Digamos que he leído bastante.- respondió con educación.
- Una respuesta interesante… sobretodo porque no recuerdo que hayan muchos libros sobre éste lugar y sus leyes, ¿me equivoco?- dijo cogiéndose ambas manos por detrás mientras sonreía con elegancia.
- En absoluto.
- ¿Puedo hacerle otra?- dijo reanudando la marcha pero, ésta vez, caminando a su lado.
- Por supuesto.
- ¿De dónde venís?- Harry la miró interesado, aunque no tanto como ella le veía a él. Sus miradas se mantuvieron una frente a la otra, como si se analizaran mutuamente.- No tiene porqué responderme ahora, pero me gustaría saberlo.
- De Inglaterra. Londres, más concretamente.
- ¿Londres? Esto cae muy lejos de aquí, señor…- arrugó la frente intentando recordar la correcta pronunciación, y añadió:- Potter.
- Por favor, llamadme Harry.
- Harry.- dijo con otra sonrisa.
Tras la breve conversación, siguieron andando en silencio, aunque la tensión había disminuido mucho a la de momentos antes.
No muy lejos de la entrada, había otra puerta, ésta de madera, por la que tuvieron que pasar. Aunque su sorpresa fue mayor cuando descubrió que donde suponía haber una pequeña habitación, había una gran y ancha cueva llena de lagos y rocas brillantes. Parecía que habían cambiado completamente de escenario entrando en una antigua caverna escondida entre la gran masa rocosa de la montaña.
- ¿Cómo…?- pronunció en voz alta.
- La cueva está en el seno de la montaña, la casa permite la entrada a ella. En realidad ningún extranjero ha visto esto desde hace ya mucho tiempo…
- Pero tampoco habíais encontrado a ninguno que pidiera el Derecho de Encuentro con el Concilio, ¿verdad?
- Así es.
- De igual forma, estoy convencido que cuando termine, nos haréis olvidar éste lugar.- A no ser que nos quieran matar, claro. pensó con amargor.
- Aún no deis las cosas por supuestas. Antes debemos ver qué es lo que nos queréis contar, ¿no os parece?- con una mirada un tanto misteriosa, la mujer siguió por el camino.
- Si me permitís, mi señora, ¿cómo lográis ésta iluminación?
- ¿Veis ésas piedras brillantes?- dijo indicándole en una de las paredes.- Ésta roca es rica en cuarzo y otras piedras cristalinas. Además, tiene varios agujeros en toda la superficie, por lo que la luz entra del exterior y se refleja en los pequeños minerales creando una iluminación nocturna algo mística. Pero de noche, lo que más brilla son las luces de las luciérnagas que viven en el lugar.
- Tenéis luz durante todo el día.
- Exacto, y no requiere de antorchas ni velas, por lo que el aire puede mantenerse fresco y limpio. En realidad, ésta cueva es un paraíso natural descubierto por los primeros habitantes del clan de la Luna Blanca, la primera familia que vino a vivir aquí. Desde entonces, ha estado protegido y velado por cada generación.
- Habéis hecho bien, pocos lugares tan maravillosos existen todavía. Ojala todo el mundo pensara como vosotros al respecto…- dijo en un susurro.
Siguieron un tramo más, hasta detenerse en una división de caminos. Ella los detuvo, y les miró con simpatía.
- Debéis esperaros aquí hasta que os avisen.
- Gracias.
- Un placer.
Le dedicó una última sonrisa, y ambos encaminaron por el pasadizo que les había indicado hasta llegar delante de dos grandes puertas de metal que les impedían el paso.
- Puedes sentarte, si quieres.- dijo a un ausente Malfoy.
Sintiéndose agotado, dejó que su cuerpo descansara en aquellos bancos de piedra hechos del mismo material que la pared como si alguien hubiese excavado aquella cavidad de roca.
- ¿Qué es todo esto?- dijo reaccionando después de sentarse en la pared opuesta.
- He pedido que se nos concediera un derecho, una ley muy antigua que nos permitirá hablar con el concilio. Pero para ello debíamos llegar hasta la puerta de la cuidad sin que nadie nos detuviera. Solo así se puede hacer ésta petición y evitar que te maten.
- ¡¿Y porqué no me lo dijiste antes?! ¡Ni siquiera sabía que sabías hablar su idioma!
- No sé su idioma.
- ¿Entonces…?
- Por la poción Multilengua.- dijo restándole importancia a la cosa.- Y ahora escúchame. No abras la boca para nada, pase lo que pase, no hagas gestos que puedan tomar como ofensivos. Y, sobretodo, haz todo lo que yo te diga.
- ¿Me tomas por idiota?
- ¿Quieres salir vivo de aquí?- mordiéndose la lengua, Malfoy dejó de rechistar al ver que ahora solo Potter podía sacarlo de allí aunque, irónicamente, había sido el mismo quien le había metido en todo ése lío.- Bien.
El estrepitoso ruido de una de las puertas abriéndose, hizo que ambos dirigieran sus miradas hacia allí. Una mujer, la misma que había amenazado a Harry con su espada y cuyo nombre era Irid, les miró con dureza.
- Podéis pasar.
