Día 12: B.D.S.M
Pareja: Nostálgica, Takano x Ritsu, de Sekaiichi Hatsukoi
Advertencia: Lemon

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Oscuridad alentadora, cálida. Muy poca penumbra en diagonal, tímida, sutil, entrando por una esquina de la ventana.

Había costado demasiado llegar a un acuerdo, que la hora en la que iniciaban este juego era muy tarde; Mucha gente estaba a mitad del ciclo de sueño y ellos dos continuaban despiertos.

Ritsu respiró hondo mientras Masamune se ponía de pie ante él. Los roles ya estaban definidos: Takano el amo… Ritsu ya había cedido su voluntad a este.
Por ello la luz ausente. Dijo Ritsu en su pensamiento "Si él me mira, yo me cohibiré". Tenía que ser un escenario con altas posibilidades de ser olvidado.
Para Masamune no era así.

—Quítate la ropa —musitó Masamune, cuidando de no sonar tan agresivo para el inexperto Ritsu, al que había rogado tanto hacer esto.

« ¿Dominante? Usted siempre actúa de esa manera… no tiene sentido…» dijo Ritsu al escuchar la dinámica.

Ritsu volvió a respirar y se aferró a sus palabras. Él tenía honor y cumpliría lo pactado.
Desabrochó su camisa.

—…Lentamente —agregó Masamune.

La luz súper tenue alumbraba su lado derecho, tan afilado. Ritsu sintió aumentar el rojo de su semblante. Hizo como el amo ordenó.

« Si tú me escuchas tendrá sentido » dijo Masamune… con escuchar se refería a obedecer.

—Pondré las cuerdas —dijo Masamune. Vio respirar hondamente a Ritsu, nuevamente.

Ató los brazos hacia atrás. Por la luz escasísima se podía ver la piel clarita de Ritsu. Su cabeza cabizbaja. Ritsu vio caer almohadas al suelo, intuyó.

—De rodillas —dijo Masamune. Su corazón latió bruscamente, hizo lo que dijo Takano. Masamune se colocó de rodillas frente a Ritsu, a unos diez centímetros. —Búscame —musitó. —…búscame y bésame. —Pudo ver el pequeño brillo en los ojos de Ritsu mirándole hacia arriba desde la pequeña altura que los separaba. —Y dime amor mío… —era más un ruego.

Ritsu cerró los ojos y se aproximó al pecho de Masamune.

—A-amor… mío —susurró. Depositó un beso.

Masamune cerró los ojos.
Ritsu subió a la clavícula.

—Amor mío…

La barbilla.

—Amor mío…

Las mejillas. Las dos.

—Amor mío…

Los labios.

—Amor mío.

Masamune le apretó por la cintura. Ambos miembros chocando con el cuerpo ajeno.

—Sigue… —susurró Masamune.

—Amor mío… —entre beso. —Amor mío… —Y beso. —Amor mío… —Y beso.

Ambos cuerpos emanando calor entre la ofuscante oscuridad.
Ritsu apretó las manos tras la espalda.
Las manos cálidas y grandes de Masamune sostuvieron su rostro al separarse.
La débil penumbra les ayudó a mirarse, jadeantes.

Masamune se puso detrás de él, le echó hacia delante, la cara sobre las almohadas y las caderas alzadas. Masamune masajeó ambos glúteos. Ritsu respiraba por la boca; sintió el aliento cálido cerca de su… el corazón se paralizó. Apretó con los dientes el labio inferior.
Humedad; resbaloso y caliente. La lengua de Masamune se deslizó por sus glúteos hasta la entrada estrecha.
¡Pero cuán tierna era la carne de allí!
Ritsu retorció la espalda y las piernas. Apretó para no jadear.

Masamune no se detuvo. Sostuvo, separando los glúteos, la lengua veloz y dura; Ritsu luchando, con ojos apretados, por no soltar la voz.
Las piernas trémulas, barbilla dura, brazos tensos y su miembro cediendo y creciendo, la presión haciendo ruido en los oídos. Hasta que derramó el sonoro gemido.

El hombre pelinegro sintió que había abierto una puerta, chupó los glúteos rosados del calor del joven Onodera, quien mas no podía contener la voz placentera y vergonzosa.
El sonido de viscosidad era mas bien estimulante.

Se separó de él. Ritsu quiso juntar las piernas para calmar las sensaciones, pero Masamune las sostuvo por un momento.

Las soltó y se lazó sobre las almohadas, miró a Ritsu: su cara roja entre la penumbra, los ojos llorosos y la boca en busca de aire. Masamune se acercó para besar su mejilla. En el oído le dijo:

—Úsame.

Ritsu siguió igual, jadeante.

—Me recostaré aquí —susurró Masamune. —Y tú podrás usarme para calmar tu erección…

Ritsu no se movió pero cerró los ojos, cerró la boca e intentó respirar por la nariz. Miró a Masamune, la luz tenue siguió ayudando.
Torpemente se movió y su rostro chocó con el pecho de Masamune.

« ¿Ceder a voluntad? Qué tonto, eso ocurriría solo si yo estuviese enamorado… » Había dicho Ritsu.

Movió las piernas sobre las de Takano, con el codo se ayudó a subir a su pecho. Ritsu sobre Masamune, este con las manos sosteniendo la almohada detrás de la cabeza.
El joven Onodera frotó su miembro sobre el vientre del azabache, recostando la cabeza sobre el pecho del mayor. Las manos en la espalda apretadas. Tenues jadeos se dejaron escuchar.
Pasados unos minutos Ritsu sintió crecer el miembro de Masamune tras sus nalgas. El rubor se triplicó.
Pero qué caliente era el cuerpo de Takano, diferente a lo que se podría creer con solo mirarlo.
Los ojos cerrados y el rubor quemando mejillas y el resto de su cuerpo. Las caderas moviéndose, con vaivén dinámico.

—Dejaste de decirlo —dijo con un jadeo, Masamune.

Ritsu gimió.
Esta vez el movimiento fue un poco más rápido, ya sentía el falo erecto de Masamune.

—Amor… mío… —jadeo, con dificultad.

La mano de Masamune se encaminó hacia la parte baja, apretó el miembro de Ritsu. Este jadeó.
Rápidamente, Masamune se levantó y se colocó detrás de Ritsu, este quedó otra vez recostado en las almohadas, con las caderas levantadas. Masamune no soltó el miembro del castaño.

—Dilo, Ritsu —dijo, jadeante.

—A-amor… mío —jadeó. —Por… favor… Takano…

—Yo doy… las órdenes.

Ritsu apretó las manos, otra vez.

—Amor mío… hágame lo… que quiera.

Masamune, con ambas manos, separó las nalgas de Ritsu.
Parsimoniosamente fue adentrando su dureza entre la estreches cálida de Onodera.
El joven volvía a contenerse; pero cuando hubo entrado, el chico gimió.

Y allí estaba ese vaivén, que empezaba lento y se volvía frenético.
Ritsu contenía y gemía.
Estando así podía admitir todo por Takano.

—A-amor…

Apretó las manos ¡Cómo su cuerpo gozaba recibiéndolo!

—…mío…

Parecía ser una habitación de vapor. La misma luz tenue continuaba incitándolos.
La sangre corriendo salvajemente por las venas de ambos.
Escuchó los jadeos de Takano, qué delicia.

—Ritsu… —gimió.

Las manos grandes aferradas a las caderas del castaño.

Explotando.
Goteando.

Punzadas de placer.

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