Capítulo beteado por Patto Moleres, Beta FFAD.

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*Este capítulo contiene escenas que pueden llegar a ser perturbadoras. El fic es rate M (para mayores de edad), así que lee bajo tu propia responsabilidad.*

Capítulo 8: Pecado

Edward y Bella no hablaron en todo el camino hasta llegar a la casa de él. Le era muy difícil a Bella ocultar su nerviosismo, James probablemente la mataría si se enterase de lo que estaba haciendo.

La casa de Edward, de estilo victoriano, no era una mansión, pero si lo bastante grande como para que una sola persona viva allí. Cuando entraron, a ella le fascinó todo su interior, la decoración y los inmobiliarios también de estilo victoriano, hacían de esta casa un lugar acogedor. Es de admitir que el hombre tiene buen gusto.

Edward la invitó a pasar a la sala, donde le ofreció una copa de vino mientras esperaban al abogado, cosa que le tomó unos pocos minutos, por que inmediatamente después de que él le sirviera el vino, el timbre sonó y Edward hizo pasar a Emmett.

—Dime para que puedo ser útil dijo Emmett una vez entró en la sala, pero se detuvo al ver a Bella allí.

—Ella es Bella la presentó Edward, mientras Bella se levantaba y le estrechaba la mano al abogado—. Te llamé porque ella quiere realizar un trámite de divorcio, y pretendo que tú la asesores con eso.

Emmett intercambió una mirada dubitativa con Edward antes de responder.

—Mucho gusto señora, Emmett McCarty a sus órdenes, aunque me temo que no podré ayudarla ahora dijo de manera un poco despectiva y luego se dirigió a Edward—. Como te dije, tengo un compromiso Luego le habló a ella—, pero puede llamarme mañana y hablaremos sobre su divorcio. —Le tendió una tarjeta a Bella y ésta la guardó en su bolso— Ahora si no necesitas nada mas… Tengo que irme.

Emmett se despidió y se fue de la casa.

—Eso fue rápido —le dijo Bella a Edward una vez estuvieron solos—. ¿Estás seguro de que va a ayudarme?, lo noté un poco aprensivo… La verdad Edward, es que no quiero molestar…

—Para nada Bella, Emmett es así con todo el mundo…

Cuando Bella se disponía para salir de la casa, Edward no pudo resistir las ganas de retenerla, no quería que se fuera por más que quisiese negar lo que estaba sintiendo por ella. Él quería que ella se quedase. Esta mujer lo hacía sentirse extraño, y no se trataba de algo lujurioso ni perverso, era mucho más que eso. Ella despertaba en él ese sentimiento de cariño que creía perdido hace tiempo.

—No te vayas. —Se atrevió a decirle mientras la sostenía por el brazo y la acercaba hacia sí— No te imaginas cuanto me gustaría que te quedaras…

Ella aguantó la respiración por un instante.

—¿Qué me estás proponiendo? —dijo temerosamente— No creo que sea buena idea…

Edward contestó a su pregunta con un muy vehemente beso en los labios. Asaltó sus labios de una forma nada moderada, excitándola a tal grado que sin darse cuenta ya tenía una mano entrelazada a su cuello y la otra estaba enredada en su cabello.

Edward la alzó en brazos ingeniosamente sin dejar de besarla. Luego se apartó un poco y posó sus labios en su mejilla, fue el gesto más afable que alguna vez ella haya recibido, a lo que Bella le rebatió con una sonrisa que le quitó la respiración. Luego la condujo a su habitación sin ningún esfuerzo, como si cargara una pluma.

Una vez la tendió en la cama cuidadosamente, empezó a recorrer sus piernas con las manos, antes de retirarle las zapatillas cuidadosamente. Bella se quedó mirándolo expectante y nerviosa por lo que estaba a punto de ocurrir y que sabía no iba a ser capaz de evitar.

Él la miró a los ojos, esperando su consentimiento.

—Quiero hacer el amor contigo Bella —le confesó, aunque sonaba más bien como una súplica—. Te deseo tanto —dijo mientras le acariciaba la región del tobillo y colocaba un casto beso en su pantorrilla.

—Yo también te deseo —declaró Bella respirando entrecortadamente.

Edward empezó a subir con su boca por su pierna y cuando llegó a la rodilla, se alejó para poder situarse encima de ella y besarla mientras introducía una mano por su falda y le acariciaba el muslo hasta llegar a su ropa interior; justo cuando sumergía la lengua en su boca apartó la tira de la delicada prenda, para poder acariciarla íntimamente.

Bella gimió enérgicamente mientras cerraba los ojos y disfrutaba de como Edward atormentaba su sexo con los dedos. Estaba totalmente agitada y lo único que quería era que él le hiciera el amor salvajemente. Y cuando introdujo un dedo en su interior, no pudo evitar alzar las caderas con desesperación implorándole más. Pero algo en su subconsciente la hizo entrar en razón y darse cuenta de que estaba actuando igual que James, que le estaba siendo infiel igual que él a ella.

—Edward —dijo ella en un susurro, y él se detuvo y se apartó un poco, ella abrió los ojos y lo miró con tanta ternura que el corazón de Edward se aceleró al punto de que pensaba que se le iba a salir del pecho—, yo… yo no soy igual que él, y no quiero que pienses…

Edward la interrumpió posando un dedo en sus labios, para luego acariciar todo el contorno de los mismos.

—Yo no pensaría así de ti —le dijo y volvió a besarla con ahínco, Bella posó sus manos en sus mejillas para intensificar el beso, hasta que tuvieron que apartarse en busca de oxígeno.

—Quiero que sepas… —dijo Bella entrecortadamente— que no lo hago por vengarme de mi esposo… yo… —Se detuvo para buscar las palabras adecuadas— No soy la clase de mujer que busca este tipo consuelo Edward, pero te deseo tanto —dijo y vaciló unos segundos antes de atraer su rostro de nuevo hacia ella.

Edward notó su vacilación y su temor por saber si estaba haciendo lo correcto en complacer sus fantasías; pero cuando ella enredó una mano en su cabello y abrió los labios para darle acceso a su lengua e iniciar una compleja inquisición por toda su boca, perdió todo rastro de un cuerdo pensamiento, y supo que no se podía contener, tenía que poseerla en ese mismo momento.

Dejó de besarla para trazar un camino de besos desde su mandíbula hasta su cuello, donde se detuvo para pasarle la blusa por los brazos y la cabeza hasta quitársela y lanzarla al suelo. Edward acaricio sus senos bajo la fina tela de su sostén y disfrutó de los pequeños jadeos de placer que Bella producía. Ella se arqueó hacia arriba y Edward aprovechó para pasar sus manos a su espalda y desabrocharle el sostén y hacer que éste acompañara a su blusa en el suelo, dejando sus senos desnudos y a merced de sus manos que los acariciaron hasta dejar los pezones irritados. Bajó la cabeza y se introdujo el seno derecho en la boca, lamiendo y succionando su pezón y paseó la lengua alrededor de la areola, para luego hacer lo mismo con su otro pecho.

Bella era víctima de múltiples espasmos y gemidos de placer, se sentía como si estuviera a punto de estallar en algún momento. Edward volvió a introducir un dedo por su vagina mientras continuaba lamiendo sus pechos. Bella no pudo resistir mucho ese tormento; y cuando él añadió un segundo dedo en su interior para luego retirarlos y volverlos a introducir una y otra vez, no tardó mucho en correrse con un fuerte grito.

Edward retiró sus manos y se salió de la cama para desvestirse. A Bella se le cortó la respiración cuando él se quitó la camisa y pudo vislumbrar su pecho desnudo. Él no tenía los 6 paquetes, ¡TENÍA 8! Y podía contarlos muy bien, porque estaban muy definidos. Se terminó de desvestir ante la mirada expectante de Bella, y ella comprobó que el resto de su cuerpo era igual de esplendido.

Bella quedó impresionada ante su desnudez, este hombre estaba moldeado en firmes músculos. Ella no resistió el impulso y se arrodilló en la cama para acercársele y luego descender las manos por su pecho desnudo comprobando que era tan duro como parecía. Y cuando deslizó la mirada hacia abajo y notó su erección, no pudo evitar sonrojarse, él también estaba muy bien equipado.

Él volvió a recostarla de espaldas en la cama y se tendió encima de ella para besarla efusivamente. Edward jamás se había sentido así de excitado, su erección le dolía como nunca y hacía presión en las caderas de ella.

Edward sintió los suaves senos de Bella aplastados en su pecho, estimulando aun más su excitación, su cuerpo se sentía tan suave bajo el suyo, que lo hizo gemir. Edward descendió por su abdomen, dejando húmedos besos alrededor; y cuando llegó a la zona más sensible de ella se detuvo para mirarla un momento, como pidiendo su permiso para la exploración que estaba a punto de hacer. La respiración de Bella se aceleró bajo la mirada apasionada e intensa de Edward. Ella se limitó a alzar las caderas, invitándolo a acceder; y él bajó la cabeza, le abrió las piernas y la tomó en su boca.

Bella dio un grito de placer al sentir la lengua de Edward atormentando sus labios íntimos, para luego apoderarse de su clítoris y succionarlo con sumo entusiasmo. Bella alargó los brazos y apretó las sábanas cuando él introdujo la lengua lo más profundo que pudo por el introito de su sexo.

Bella volvió a correrse otras dos veces más y sus gritos y gemidos hacían eco en toda la habitación. Edward se acomodó nuevamente encima de ella y sin esperar más, la penetró con fuerza. Bella gritó al sentir toda su longitud dentro de ella.

—¡Oh Dios mío! ¡Edward! —gritó

Edward empezó con movimientos lentos y suaves, mientras la besaba para ahogar sus gemidos. Ella rasguñó su espalda cuando él aumentó el ritmo de sus movimientos. Todavía no podía creer que estaba en esta situación con otro hombre que no era su esposo, ella no suele ser una mujer pecaminosa, pero estaba disfrutando mucho de las sensaciones que Edward le hacía sentir.

Ambos llegaron al clímax al unísono. Edward nunca había disfrutado tanto de un orgasmo; él se desplomó agotado sobre Bella y le dio un suave beso en los labios, antes de cambiar de posición y recostarse de espalda para que ella apoyara la cabeza en su pecho.

—Eres estupenda cielo —le dijo en un susurro.

Edward nunca se había sentido así con una mujer, tenía un incesante deseo de permanecer de esa manera con ella por siempre, y eso era lo que le asustaba; si ella tan solo supiera lo que él era, saldría huyendo de su casa.

Bella se abrazó más a él, estaba totalmente saciada y tenía una enorme sensación de paz que nunca había sentido antes. Tardó unos segundos antes de quedarse profundamente dormida.


Bella llegó a su casa pasadas las 9 de la noche; Edward la había llevado al parque West Point Grey donde ella llamó a Jaime para que la pasara a recoger. No podía evitar sentir remordimiento por lo que acababa de pasar con Edward, pero en cierta forma no se sentía muy afectada por ello, aunque sabía que no debió permitir que las cosas llegaran tan lejos, no podía arrepentirse.

¡Acabas de tener sexo con un desconocido!pensóBueno, él no es del todo un desconocido… O al menos su apetecible y exorbitante estructura anatómica no le era para nada desconocida.

Cuando entró en la estancia, Bella interrumpió su debate interno para preguntarle a una señora del servicio por James y ésta le dijo que se encontraba en su despacho. Se dirigió en su búsqueda dispuesta a hablar con su esposo y pedirle el divorcio. Después de lo que había ocurrido, ella no quería seguir con él más tiempo del necesario.

Llegó a la puerta y de inmediato le aumentó el ritmo cardíaco. No sabía cómo abordar a James por miedo a cómo iría a reaccionar, la cual estaba segura no sería nada buena.

—¿Estás ocupado? —dijo entrando cautelosamente en el despacho.

—Sí, ¿qué quieres? —respondió pesadamente, levantando la cabeza de unos papeles que leía.

Bella respiró hondo y tomó asiento frente a él, necesitaba sacar fuerzas de alguna parte para decirle que ya no quería estar con él.

—Esto… yo…. —Volvió a tomar otra bocanada de aire antes de continuar— yo… no quiero continuar así…

James levantó una ceja airadamente haciéndole entender que no comprendía nada de lo que le estaba hablando. Bella se armó de valor y lo miró a la cara. Éste era el hombre con el que pensó alguna vez que podía tener una familia, al que le entregó su virginidad, su inocencia y dos preciados años de su vida; era el mismo hombre que la había herido y maltratado despreciando todo aquello que ella había planeado para los dos.

¿En verdad viviría mi vida de ese modo con él?

—James, no quiero seguir contigo —dijo al fin y sin rodeos.

James parpadeó varias veces, no creía estar escuchando lo que ella le había dicho. Golpeó con tanta fuerza el escritorio que Bella se sobresaltó.

—¿Qué demonios estás diciendo? —espetó.

—Que quiero el divorcio.

James soltó una fuerte maldición, rodeó el escritorio y levantó a Bella de la silla sujetándole el brazo con tanta fuerza que el área comenzó a enrojecérsele.

—Se puede saber qué diablos te pasa —le gritó—. ¿Por qué saltas con eso? ¡Acaso te has vuelto loca!

—Suéltame por favor, me estás lastimando —dijo Bella casi en un susurro.

—¡Dime de una maldita vez! —le gritó nuevamente mientras la sacudía con fuerza.

—¡Porque no aguanto más esta situación! —respondió alzándole la voz y tratando en vano de zafarse de su agarre— Estoy harta de tu actitud y de que me veas la cara de estúpida, ¡ya sé que me engañas con la tal Jane!

James se estremeció al escucharla. ¿Cómo se había enterado? La soltó y caminó alrededor del despacho, dándole la espalda y pasándose la mano por el cabello intentado cobrar la compostura.

—Te acostaste con ella en nuestra propia habitación —dijo Bella con la respiración alterada—. Estos dos años he intentado ser la mejor esposa para ti, yo siempre he querido y he tratado de sacar adelante nuestro matrimonio; pero sabes qué, ya me cansé… Me cansé de estar sola todo el tiempo, de que me trates como a un objeto. Tú nunca estás para mí cuando yo te necesito… y cuando te vi con ella… entendí perfectamente porqué.

Bella no pudo continuar hablando, se le había formado un nudo en la garganta que se lo impedía, además prefirió no contarle lo que había ocurrido con Edward. Decirle a James que acababa de tener una "aventura" con un hombre hace unas pocas horas, no era una buena idea, tomando en cuenta lo alterado de su comportamiento en estos momentos.

—No —dijo James después de unos segundos con ese tono autoritario que usaba siempre, luego dio la vuelta para mirarla a la cara—. Jane no significa nada para mí, no voy a dejarte por ella. No nos vamos a separar. ¡Así que sácate esa estúpida idea de la cabeza!

—¡¿Qué?! —exclamó Bella incrédula, no podía dar crédito a lo que estaba escuchando— ¿Es que acaso no me entendiste? ¡No quiero estar contigo!

—¡Vas a tener que querer maldita sea! —le gritó y se acercó para sujetar sus hombros y mirarla frente a frente— Porque si me dejas, ¡te mato! —dijo y salió del despacho dejando a Bella atónita y aterrada ante sus palabras. James hablaba muy en serio, lo que había dicho no era una simple amenaza; entonces ella supo que él no la dejaría ir nunca.


Milán, Italia. 8:30 p.m.

Alice bajó al comedor donde su esposo la esperaba para cenar, pero debió buscar una excusa para no cenar con él esta noche, porque sabía que cuando Anthony la mirara sospecharía que algo mas pasaba, y no quería contarle que Edward llamó para decirle que pretendía matar a su prima. No deseaba que Anthony tuviera una pelea con su hermano; además Anthony no sabía nada sobre Jessica, nunca vio el motivo para hablarle de ella. Ella, que era la causante de su desgracia.

Marzo 2006. 4 años atrás.

Jess, no creo que sea una buena idea le dijo Alice en un susurro—. Ese lugar no se ve muy seguro, porque no mejor vamos al cine y…

No seas tonta niña la interrumpió Jessica—. He venido aquí muchas veces y no me ha pasado nada.

Alice cumplía 18 años y su prima que era 3 años mayor que ella, la había invitado a ir a un club para celebrarlo. Ella accedió por que al haber nacido y crecido en una humilde granja en el pequeño pueblo de Olds, Alberta; nunca antes había estado en un club nocturno y pensó que sería divertido, pero al instante en que vio el lugar, se arrepintió. La entrada quedaba en un callejón que apestaba a ratas y a basura en mal estado. La puerta que estaba siendo vigilada por un hombre muy fornido y desde afuera podía percibir el olor a alcohol y a otras cosas que Alice no supo distinguir.

El hombre fornido les pidió sus identificaciones para asegurarse que sean mayores de edad y luego las dejó pasar.

El lugar estaba atestado y la música muy alta. Las personas bailaban, bebían e inclusive algunas parecían estar teniendo sexo en las esquinas.

Jessica la guió a una mesa que estaba lejos de la barra del bar, pero cerca de la pista de baile.

Espérame aquí, iré por unas bebidas y vuelvo enseguida, ¡no te diviertas sin mí! le gritó Jessica para que ella pudiese escucharla por encima del ruido.

Alice tomó asiento y le echó un vistazo al lugar y nada de lo que vio le agrado en lo absoluto; las paredes eran de ladrillos de aspecto viejo y manchado, no podía distinguir ninguna decoración a parte de las luces por la cantidad de gente que había y además dudaba que existiese alguna. En realidad se sentía fuera de lugar, ese tipo de ambiente le parecía vandálico, la música estaba tan alta que hasta le dificultaba escuchar sus propios pensamientos y no podía sentir el oxígeno a causa del fuerte olor a nicotina que nublaba el aire.

Los minutos pasaban y Jessica no regresaba. Alice estaba empezando a ponerse nerviosa por las miradas pervertidas que algunos hombres le lanzaban, y para empeorar la situación, estaba siendo testigo de lo que parecía ser una orgía en la mesa que quedaba al frente.

Justo cuando pensaba pararse e ir en búsqueda de su prima, ésta apareció rodeada de dos hombres apuestos que rondaban por los treinta y tantos, y cada uno de ellos llevaba 4 botellas de cerveza en las manos.

¡Alice!, estos galanes quieren invitarnos unos tragos gritó Jessica entre risas, era más que obvio que se la había pasado coqueteando con esos tipos casi los 20 minutos que Alice la había esperado—. Él es Saúl y él es Richard les presentó a los hombres colocando una mano en su hombro mientras decía sus nombres.

Los hombres se sentaron junto a ellas, con Richard al lado de Alice y Saúl al lado de Jessica, lo cual contribuyó a aumentar el nerviosismo de Alice, en cambio su prima se mostraba muy confiada entablando conversación y flirteando con el que estaba a su lado.

Alice no habló mucho durante toda la noche, pero aceptó la bebida que el hombre le ofrecía, y decidió intentar divertirse, ya que al fin y al cabo era por eso que había ido a ese lugar. Jessica bebió y bailó con Saúl todo el tiempo, ambos parecían congeniar muy bien.

Después de 45 minutos de charla trivial, Alice comenzó a sentirse mareada, todo el lugar le daba vueltas, pero ella atribuyó ese malestar al efecto de la bebida, porque no estaba acostumbrada a tomar alcohol. Sin pensárselo dos veces, llamó a su prima, y se dirigió con ella al baño de mujeres. No habían dado dos pasos cuando su estado empeoró y la visión se torno borrosa, tuvo una tenue vista del rostro de Saúl, antes de que todo se volviera negro.

Chica, chica, ¡por favor despierta!

Alice escuchó vagamente el susurro de una mujer llamándola con desesperación. Abrió los ojos con pesadez, pero en el instante en que lo hizo se arrepintió. Se encontraba encadenada de ambas manos, con unos grilletes que se conectaban a la pared por medio de unas gruesas cadenas de metal de aproximadamente 2 metros de longitud, estaba tumbada de espaldas en un colcho viejo y duro sobre el suelo. La habitación sólo estaba iluminada con una bombilla que colgaba débilmente del techo. Se encontraba en la misma posición a su lado derecho a pocos centímetros de distancia la mujer que la llamaba y al lado de ellas había otra chica más. Todas estaban dispuestas en una fila vertical y paralelas a una oxidada puerta de garrotes que se encontraba en el centro de la habitación. Alice era la última de la fila, y la tercera mujer estaba aún inconsciente.

El pánico se apoderó de Alice al percatarse de la situación en la que se encontraba. No lograba concentrarse para analizar lo que había ocurrido, lo único que podía hacer era tironear de los grilletes con fuerza y gritar pidiendo ayuda.

Shhh, no hagas ruido, ellos te pueden escuchar —le sermoneó la mujer a su lado—. No servirá de nada créeme, debemos de pensar en otra forma para salir de aquí —continuó diciendo, con un atisbo de preocupación y temor en su voz.

¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? ¡¿Por qué nos tienen aquí?! —sollozó Alice.

Es un poco obvia la situación, ¿no crees? ¡Nos han secuestrado!

A Alice se le atascó un grito en la garganta.

Esto no puede estar pasando… Mi prima, ¿dónde está?... Yo andaba con ella.

Pues sólo somos nosotras… ¿Cómo te llamas? Soy Carol…

Antes de que Alice respondiera, la puerta se abrió, dándole paso a dos hombres, y uno de ellos era el tal Richard que habían conocido en el club. De momento todo comenzó a tener sentido para Alice: los tipos la habían drogado y ahora la tenían ahí para torturarla, sacarle los órganos o alguna otra cosa que hacen los psicópatas. Comenzó a temblar de pies a cabeza mientras valoraba cualquiera de esas opciones, además se preguntaba qué habían hecho con Jessica; y ver entrar a Richard acompañado de un sujeto ataviado con una bata blanca, no la ayudó en lo absoluto a mantener la calma.

El fuerte chirrido de la puerta terminó por despertar a la otra chica que estaban allí, la cual reaccionó casi de la misma manera que Alice al descubrir su situación actual, sólo que con gritos de miedo y espanto.

Mejor será que hagan silencio o les perforo la cabeza ahora mismo dijo Richard desenfundando un arma de la parte trasera de su pantalón. La chica inmediatamente guardó silencio, pero aun así no dejaba de llorar.

No vayas a enloquecer Dallas, no debemos asustar a nuestras hermosas invitadas dijo el otro hombre—. Aquella de la esquina es virgen.

Alice se estremeció al escuchar eso, su nombre no era Richard; pero peor que eso era lo que había dicho acerca de ella, tuvieron que examinarla íntimamente para poder comprobar eso. No pudo contener las lágrimas y emitir un sollozo al imaginarse las manos de esos depravados sobre su cuerpo.

Entonces estas dos son mercancías tradicionales mencionó Dallas señalando con un dedo a Carol y la otra mujer, y luego expuso sus dientes en una sonrisa compuesta de pura perversidad.

Lo siguiente que pasó fue muy rápido. Los hombres murmuraban y se reían, mientras se lanzaron sobre la chica que acaba de despertar y comenzaron a ultrajarla mientras ella gritaba y suplicaba para que se detuvieran.

El que llevaba la bata blanca, la colocó de costado en una incómoda posición a causa de las esposas y las cadenas, mientras que Dallas le levantaba la falda.

¡Deja de moverte perra! Que esto va a gustarte…

La violaron los dos en ambas direcciones y ni los gritos ni sus forcejeos lograron detenerlos. Alice alejó la mirada mientras lloraba por miedo e impotencia, ya que no podía hacer algo para ayudar a esa pobre muchacha. Era lo más repulsivo que alguna vez haya presenciado.

Carol, que estaba continua a aquella horrorosa violación, forcejeaba intentando librarse de las esposas.

¡Ya basta! Déjenla en paz gritó—. ¡Son unos desgraciados!

Los hombres terminaron de perpetrar su asalto, se alejaron de ella, dejando a la mujer hecha un desastre de pies a cabeza. La habían mordido y golpeado y su ropa quedó prácticamente desecha.

Dallas se acercó a Carol, que acababa de insultarlos.

No toques a esa dijo el otro hombre—. En los exámenes salió VIH positivo.

¡Así es malditos imbéciles! ¡Ya quiero ver que intenten hacerme eso mismo a mí!

Dallas rió a carcajadas al escucharla. Sacó una navaja de una de sus botas y se acercó a la chica con ella. Alice hizo todo lo que pudo para evitar gritar.

Lo que tú no entiendes preciosa, es que no nos vas a sernos útil… Pero eso no quiere decir que no vaya a poseerte de alguna manera.

Y diciendo eso, le extendió las piernas a ambos lados y le introdujo la daga por su vagina hasta el fondo. Los gritos desesperados de la mujer eran ensordecedores. Alice no soportó mirar, no podía creer la clase de tortura que estos criminales eran capaz de ejecutar. Volteó el rostro y cerró los ojos deseando poder desaparecer de allí.

Unos segundos después, un disparo retumbo en el aire. Alice gritó alarmada y la sangre le salpicó la cabeza y los brazos. Se obligó a mirar y lo que vio la trastornó: la mirada vacía y sin vida de Carol, cuyo rostro se había desplomado en su dirección mostrando el orificio de la bala que Dallas le había disparado en la cabeza. Alice lloró sin control, el pánico y el horror dominaban su mente.

Los hombres se marcharon no sin antes apagar la luz, dejando a las dos mujeres sumidas en la penumbra.

—¿No tienes hambre?

La voz de Anthony la hizo regresar al presente. Parpadeó varias veces para suprimir las imágenes del pasado. Miró sin mucho ánimo su plato de Gnocchi Alla Romana. Pero decidió comer un poco para no preocupar a su esposo.

—Alice, ¿estás bien?

Ella afirmó con la cabeza.

—No me mientas, dime qué te pasa…

—Es que… bueno hoy hablé con tu hermano y… —Un nudo en la garganta le evitó terminar.

—¿Qué te dijo?, ¿te habló mal?, ¿acaso se atrevió a ofenderte?

Los ojos de Anthony llameaban de rabia, era obvio que mataría a su hermano si lo tuviese en frente.

—No, nada de eso —se apresuró a decir Alice—. Pero hay algo que tengo que decirte…


Considero una violación como algo perturbador, por eso hice la advertencia al inicio. Espero que con este capitulo algunas de sus dudas queden resueltas... Quiero saber sus opiniones al respecto, así que no se vayan sin regalarme un review, me encanta leerlos y los respondo siempre ;)

Gracias a todas las personas que me leen fielmente semana tras semana, me animan mucho a seguir con esta historia y gracias a mi beta por ayudarme en todo.

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Feliz semana y nos leemos pronto :3