—¡UN MES! —exclama Kyoko, llevándose las manos a las mejillas—. ¡He perdido un mes de mi vida!

—Pero al menos tiene una vida a la que volver, señorita… —le replica el doctor, algo incómodo por el brillo de esas lágrimas. Esta era una conversación que debían mantener a solas, sin toda esa caterva de salvajes que aguardaba fuera.

—¿Disculpe?

—Si no la hubieran operado nada más llegar —le dice con voz seria—, no estaríamos sosteniendo esta conversación…

Ella contiene el aliento y un escalofrío de miedo le sacude los huesos.

—No se preocupe tanto, señorita Mogami —le dice el doctor, suavizando por fin ese tono un tanto hosco—. Lo importante es que esté bien… Sí, necesitará un poco de rehabilitación para recuperar las fuerzas en brazos y piernas, pero eso será todo. Ha sido usted muy afortunada…

—Visto así… —dice Kyoko, con un mohín que acepta solo a medias su valoración de lo sucedido. Mejor hubiera sido que no le hubiera pasado nada, piensa ella. Pero en fin…

—Así es como tiene que verlo… —le 'recomienda' él—. A ver, señorita, ¿qué es lo último que recuerda?

—Salir del Darumaya después del desayuno —responde ella, tras pensarlo un momento—. Con la bici…

—Lo imaginaba… —concedió él con un suspiro—. Es normal que pierda el recuerdo de los momentos previos al accidente. Puede que algún día los recupere o puede que no. Pero no se agobie por eso…

—Pero doctor… —le interrumpe Kyoko, adelantando un poco el torso y bajando la voz, avergonzada—. Es que por lo visto tengo novio —susurra, mirando a un lado y a otro, no sea que alguien la escuche—. ¡Yo! ¡Precisamente yo!

—Pues ¿felicidades? —le responde el galeno, alzando una ceja con extrañeza.

—No, doctor… —niega ella con la cabeza, acción esta que le supone un violento mareo inmediato y una mirada de reconvención por parte de su médico—. Quiero decir que no recuerdo a ningún novio. De antes… Ni siquiera lo conozco.

—Hmm… ¿No lo conoce o no lo recuerda?

—No sé… —responde ella, ladeando la cabeza (con cuidado)—. Él sí parece conocerme… Y además, por lo visto no se ha apartado de mi lado… Día y noche, pobrecillo… En esa silla tan mala para la espalda…

—Ah, ¿ese joven? —Pues sí, toda la planta (y también Japón, y parte del extranjero) conoce a Tsuruga Ren, el novio de Mogami-san.

—Ajá, ese mismo.

—Eso ya es más extraño —comenta el doctor—. Una amnesia selectiva, focalizada en un solo individuo, es bastante extraño —se escucha el rasgueo de su pluma sobre el papel, tomando apresuradas notas—. ¿Seguro que él no está involucrado en el accidente?

—Uf, no sabría decirle, doctor —responde Kyoko—. No lo creo…

—En fin, veremos cómo evolucionan usted y sus recuerdos. Bien, creo que ya debo dejarlos pasar —El doctor coloca la tablilla con su ficha clínica a los pies de la cama—. Afuera, en el pasillo, tengo a un montón de gente muriéndose de ganas de verla —y luego sonríe de medio lado, y a Kyoko le parece más que nunca un niño grande travieso—. Me gusta hacerlos sufrir un poquito…