-Niños-

Un pequeño niño de apenas 6 años de edad, alto para tener la edad que tenia pero con la cara de travieso, pelirrojo y con muchas pecas en la cara atravesó corriendo un parque situado en el centro del Londres muggle.

Quería conocer el mundo, era chico pero tenia en sus ojos el atisbo de la curiosidad, quería saber como eran los parques muggles, pues el nunca había ido a uno. No iba solo, su mamá, una señora regordeta, pelirroja también y con una cara que irradiaba ternura lo acompañaba. No iba a permitir que su pequeño se perdiese en aquel lugar tan grande como aquel.

Aquella señora todavía no sabia como ese niño que era su hijo la hubiese convencido de ir a aquel lugar. No es que ir al parque estuviese prohibido o que fuera un delito ir, pero para las personas de su mundo no era muy común visitar los lugares que frecuentaban los muggles, como solían llamar a las personas normales, sin magia que habitaban Londres, pues si, ellos eran unas personas distintas, no en el sentido de ser fenómenos pero es que ellos eran magos. Vivian en el Londres pero no era hábito de ellos tratar con personas comunes, utilizaban la magia como recurso para vivir y según su pequeño hijo de la señora eso era fantástico pero quería conocer un lugar que fuese frecuentado por personas normales.

El niño había insistido hasta el cansancio de ir al parque aquel, y le había puesto una mirada de cordero degollado a su madre, ese pequeño sabia que a aquella mirada su madre no podría resistirse. Y en efecto no pudo resistirse porque ahí se encontraban ya los dos.

El pequeño pelirrojo anduvo corriendo por todo el parque y su madre sentada en una butaca vigilando que no causase ningún problema su hijo.

El pelirrojo iba y venía de aquí para allá, curioseando con todo objeto o persona que viese en el parque, era tanta su emoción que de vez en cuando pegaba saltitos de alegría, estaba fascinado con todo lo nuevo que estaba descubriendo.

Pero había algo en especial que le llamó la atención, era algo ya común para los niños muggles pero para el aquello era nuevo.

Lo que le había maravillado desde el primer momento que lo vio era un columpio, si, un asiento de metal colgado de una cadena para que la persona que sentara en el se meciese.

Eran solamente dos los únicos columpios de aquel lugar pero uno ya estaba ocupado por otro niño mas grande que el, así que entusiasmado corrió lo mas rápido que pudo para alcanzar el otro que quedaba libre pero al momento de llegar chocó contra otra cosa, y al momento de chocar había caído jalando consigo mismo a la otra cosa con la que había chocado.

No se había lastimado mucho pero estaba molesto por aquel incidente así que cuando por fin pudo ver con qué había chocado su sorpresa fue mayor que haber descubierto el columpio, pues con lo que había chocado no era ni más ni menos que una niña.

Se levanto y enfocó sus hermosos ojos azules en aquella niña que todavía permanecía en el suelo.

Y pudo observar que aquella criatura tenía mas o menos su misma edad, era de mediana estatura y con una cara muy chistosa a su parecer, porque en aquel momento estaba arrugando el entrecejo por el coraje que acababa de hacer, tenia el pelo castaño y mas enrredado que alguna vez él hubiese visto, y si la pudiera describir diría que era una personita mandona, pero lo que más le había gustado de aquella niña eran sus pequeños ojos chocolate que lo miraban.

Al ver la reacción de aquel niño la pequeña se molestó demasiado pues esperaba que por lo menos la hubiese ayudado a levantarse y al ver que no había reacción alguna de aquel niño molesta le dijo:

-Se ve que no eres muy caballero que digamos pero podrías dejar de mirarme y ayudarme a levantarme de aquí.

En aquel momento el niño pelirrojo salió del trance en el que estaba y por fin pudo ayudar a la niña a pararse.

Pero la curiosidad no se había ido de aquel pequeño, seguía ahí con el y continuaba mirándola, aquella situación ya había fastidiado a la niña.

-Disculpa pero ¿tengo monos en la cara o qué?

-¿eh?

-¿Qué te pasa conmigo? Tienes rato mirándome.

-Perdona.

-Haber si para la otra tienes mas cuidado y te fijas por donde vas, ¿no veías que yo ya te había ganado el columpio?

-¿Ganado? No, no lo habías ganado, apenas venias por el y yo si ya te lo había ganado.

-¡No! Yo ya lo había ganado, y entonces llegaste tú y te interpusiste en mi camino y chocamos.

-Pues a mi me parece que yo gané el columpio.

-No, yo lo gane.

-No, yo lo gane

Y así ya se había desatado la primera pelea entre esos dos pequeños, que sin conocerse ya estaban discutiendo.

Las madres de los niños al ver la pelea que se había ocasionado, corrieron a donde estaban sus hijos a ver qué ocurría.

-¿Qué te dije con respecto a ocasionar problemas?

-Mama, yo no ocasioné nada, aquí esta niña fue la que empezó.

La mama de la niña le había lanzado una mirada de advertencia a ésta.

-Discúlpeme señora, yo no quería ocasionar ningún problema.

Al ver que la niña pedía disculpas en lugar de su hijo se enterneció mucho y le contesto:

-Cariño, tu no tienes de que disculparte, en cambio mi hijo, si porque él debería de haber sido caballero y haberte cedido el juego.

En ese momento intervino la madre de la pequeña, que hasta entonces había permanecido callada, observando la situación.

-Bueno, señora de todas maneras acepte las disculpas de mi hija, pero nosotras ya nos vamos.

La niña al ser jalada por la mano de su madre lo único que pudo hacer fue lanzarle una mirada despectiva al pelirrojo y en cambio a la madre de este una llena de ternura, le dijo adiós con su mano y desapareció tras unos arbustos junto a su mamá.

La señora pelirroja, tuvo el tiempo suficiente como para que se le grabase muy bien aquel rostro castaño de la pequeña.

Años después.

-¿Estas ciego Ronald? ¿Qué no viste que yo venia a ocupar este lugar?

Una joven castaña de 16 años se encontraba tirada en el suelo gracias a que había chocado con su amigo pelirrojo Ron.

-Discúlpame Hermione pero es que yo ya había ganado este lugar.

-No Ron. Yo había ganado este lugar

-No Hermione, no seas necia, yo gané este lugar.

-¡Si como no! Pues si lo hubieses ganado no estarías aquí tirado junto a mí.

-No, yo había ganado este asiento, lo que paso es que choqué contigo, te cruzaste en mi camino. Además, estamos en mi casa y yo por ser dueño me reservo el derecho de sentarme donde se me de mi regalada gana.

Hermione se encontraba roja al igual que Ron, pero no iba a dar su brazo a torcer. No iba a aceptar que Ron le ganase su asiento.

-Pues por lo mismo de que estamos en tu casa y además de que eres un caballero, debes de cederme el asiento, porque yo estoy de visita.

-No ¿Por qué? Si yo te lo gane.

-Yo lo gane.

Ya se iba a armar una de las típicas discusiones de aquellos dos pero afortunadamente la señora Weasley intervino.

-¡Chicos! Cálmense, no discutan. Hay los suficientes lugares como para que cada quien se siente en el lugar que guste.

-No mamá, yo me quiero sentar aquí, y aquí me voy a sentar.

-Ron, se caballero y sédele tu lugar a Hermione.

-No, yo gane y aquí me quedo.

-Bueno en vista de que no piensas ceder tengo una mejor idea.

-¿Cuál, señora?- intervino Hermione

-Siéntense los dos juntos en el mismo lugar-. Y en ese mismo momento, Molly se dio la vuelta para irse y se sonrió para si misma pues había recordado una situación muy parecida pero que había tenido lugar hace muchos años.

Lo chistoso era que los mismos niños que se habían peleado por un columpio hacían lo mismo ahora, pero en ese momento ya eran unos adolescentes, y seguían comportándose como aquellos niños.

Ellos no recordaban que ya se habían conocido antes pero sin embargo conservaban la costumbre de pelear por los mismos lugares y por muchas mas cosas.

Al momento que la mamá de Ron se giraba escuchó el grito de sorpresa que emitieron su hijo y la castaña.

-¿QUÉ?-


Hello.

Aquí traje otra viñeta, ésta en un principio la iba a publicar como one-shot independiente pero mejor la decidí incluir aquí. Disculpen los errores y si está muy boba me lo hacen saber, pero esta historia la escribí hace como ocho meses y apenas comenzaba, así que no era muy buena pero bueno, no la quise excluir.

Ya saben, los reviesw hacen obras de caridad pero sobretodo, sonreír.

Atte.

Madame Delacour 30/05/09