Por la mañana me desperté, duché y vestí tranquilamente, sin ningún tipo de altercado. Bajé a desayunar, debía ser muy pronto porque en la sala comedor no había nadie. Fui a la cocina donde me encontré con Sanji, fue un momento de silencio, un silencio incomodo que decidí romper.

-Hola Sanji, ¿Qué hay para desayunar?- era una pregunta estúpida

-Hoy he hecho tortitas, sé que te gustan-

-¡Sí! Me encantan, muchas gracias, por cierto, de lo de anoche…- estaba un poco preocupada

-No importa ya está todo olvidado no diré nada- me acercó su meñique- ¿Promesa de meñique?-

-Claro- acerqué mi meñique y los entrelazamos- Pero no me trates como una niña pequeña, no lo soy-

-Lo sé- dijo guiñándome un ojo

-¡¿Qué quieres decir con eso pervertido?!-

-Jaja, nada-

Volvíamos a estar cómodos juntos y no habían silencios incómodos, solo largas charlas y muchas risas.

Desayunamos los dos juntos. Me encantaron esas tortitas.

- Vivi, tienes chocolate en el labio- me dijo él señalándome la zona donde tenía chocolate

-¿Ya?- dije después de pasar la lengua por mi labio

No me respondió, solo hubo un beso. No fue un beso como los de la noche anterior, fue todo lo contrario.

-Puedes ser tan sexy cuando quieres…-

-Gracias supongo…- dije sonrojada


Salí pronto del palacio, no eran ni las diez de la mañana. Me dirigí a ese piso donde me llevó la noche en que lo conocí. No recordaba en que piso vivía, así que leí en los buzones los nombres de los habitantes, hasta que encontré el suyo.

Portgas D. Ace y Sabo Dadan El nombre de este último estaba puesto con una etiqueta.

¿Cómo? Pensé. Ese era el chico con el que Nami salía. ¿Vivían juntos? Tenía que resolver todas mis dudas.

Subí, esta vez por las escaleras, hasta el cuarto y último piso. Llamé al timbre. Un chico alto, fuerte y rubio abrió la puerta.

-Hola guapa- me saludó

- Hola, estaba buscando a Ace-

-Vive aquí- me respondió

-Sí, eso ya lo sé, pero ¿está aquí?-

-Sí, pasa, pasa- respondió el muchacho de pelo rubio pasándome el brazo por encima del hombro.

Retiré su mano en seguida. No me gustaba ese chico. No sabía si era Sabo, el novio de Nami.

-Voy a buscarlo, no sé si estará ocupado- dijo el chico saliendo de la sala

Era la sala donde ya había estado esa noche, pero había cambiado, estaba muy desordenada.

El chico volvió.

-Pasa, es la habitación del final del pasillo-

Hice lo que me dijo. Me dirigí hasta esa habitación. Llamé a la puerta.

-Pasa- una voz masculina, la de Ace, respondió

Abrí la puerta lentamente. Pasé y cerré la puerta detrás de mí.

-Hola Ace-

-¿¡Vivi!? ¿Qué haces aquí?-

-He venido a verte, quería preguntarte algo-

-Dime-

-Ayer llamé al teléfono que le diste a Nami y me respondió una mujer, ¿esa mujer pasó la noche contigo?-

-Ayer estuve fuera todo el día por trabajo-

-¿Así que esa mujer no era tu novia ni tu ligue?- pregunté con la esperanza que la respuesta fuese que no.

-No, debía ser uno de los ligues de Sabo-

Salté encima de la cama, que era donde Ace se encontraba, y lo abracé, él me devolvió el abrazo.

-¿Quieres que salgamos a pasear?- me preguntó – Me parece que Sabo ha traído a otra de sus chicas-

Se oía una voz de una mujer, esa voz era muy familiar… Era la voz de Nami.

Salí corriendo de la habitación de Ace y fui hacia el lugar de donde provenía esa voz. Abrí la puerta y me encontré a Sabo encima de Nami, los dos medio desnudos.

-Nami, apártate de él,¡es un mujeriego!-

-¿Cómo?- preguntó Nami mirándome a mí y luego a él.

-¡Ace llévate de aquí a tu chica!- gritó Sabo

Ace llegó y me cogió de la mano para sacarme de ahí. Bajamos corriendo las escaleras del piso para salir.

-Sabo casi te mata- dijo riendo- Ahora debes dejar que tu amiga lo solucione-

-Lo va a matar- nos miramos fijamente

-Jajaja- echamos a reír los dos a la vez

Caminamos hasta una cafetería donde empezamos a hablar.

-Ace, te tengo que decir la verdad, ese chico con el que me viste el otro día no es mi primo, es mi pretendiente, bueno uno de los cuatro pretendientes. Los conozco desde hace una semana, y dentro de un mes me caso con uno de ellos, y solo tengo otra semana para conocerlos. Esto era lo que mi padre quería, pero llegaste tú y destruiste sus planes porque me gustas mucho, pero también me gustan los otros chicos, además mi padre no lo aceptaría, ya que él prefiere a los demás-

-…- Ace no sabía que decir

-Lo siento, siento no habértelo dicho antes, yo nunca pensé que me podría gustar un chico al que conozco de dos días-

-Vivi, tú también me gustas mucho, pero no sé si yo podría competir con los demás, lo siento- dijo mientras se iba.

-¡Ace, espera! Lo siento…-

Otra vez, otra vez lo volvía a perder. Perder dos veces al mismo chico es una señal, él no es el indicado.


En el palacio, Nami me estaba esperando.

-Vivi, he cortado con Sabo- dijo con resignación – pero voy a encontrar a otro chico mejor-dijo con una gran sonrisa de oreja a oreja

- Ace ya no quiere verme más…- estaba muy triste

-Vivi- me miró a los ojos y enseguida me abrazó.

Nami era mi mejor amiga, lo sabía todo de mí y yo de ella, sabía cuando estaba mal y cuando estaba bien, y ahora ella sabía que yo no estaba nada bien.

Lloré y lloré durante horas, mientras Nami intentaba consolarme.

-Venga Vivi, no es el fin del mundo, además, tienes cuatro chicos que te quieren, además son guapos, bueno menos Usopp, pero da igual, ¿Qué más puedes pedir?-

-Tienes razón Nami, me voy a centrar en los chicos, ellos siempre son muy atentos conmigo-


Después de comer con Nami me dirigí al salón donde estaban todos. Entré sin hacer ruido, Zoro y Usopp jugaban a cartas, Sanji leía un libro de cocina y Luffy dormía como un tronco. No pude evitar reír ante tal situación, por lo que todos supieron de inmediato que yo estaba allí.

Zoro se levantó, pasó por mi lado dándome una notita sin que nadie lo viera. Luffy se despertó y me cogió en brazos para llevarme a algún lugar los dos solos. Aún llevaba la nota de Zoro en el bolsillo.


Luffy me había llevado a su habitación. Estábamos solos. Luffy se acercó a mí y me abrazó, como si supiera que estaba triste por algo, o por alguien en este caso. Me besó en la mejilla, cosa que me reconfortó mucho, me sentí querida.

-Luffy, voy al baño un segundo- tenía que leer esa nota y Luffy no se podía enterar

Entré al baño de la habitación de Luffy, estaba un poco desordenado. Cogí la nota de mi bolsillo y la leí.

Nos vemos esta noche en mi habitación

¿Qué era lo que Zoro quería? No tenía ni idea de qué podía ser, pero debía esconder esa nota, así que la tiré al lavabo.

Salí del baño, Luffy me esperaba sentado con una mano escondida tras su espalda.

-Siéntate a mi lado Vivi- eso sonó casi como una orden, así que lo hice sin decir nada.

Me senté y Luffy me enseñó que tenía detrás suyo, era un bote de sirope de chocolate.

-Vamos a jugar un poco Vivi- me dijo en tono tentador

¿Desde cuándo Luffy era así? Me sorprendió bastante, pero gratamente. Eso era lo que necesitaba, un poco de diversión.

Luffy cogió un poco de chocolate y me lo untó en la mejilla, luego se lo comió a besos. Era mi turno, le saqué la camiseta y le unté chocolate en los pectorales y luego lo lamí. Él me untó chocolate en los hombros, pero sin quitarme la camiseta, y lo lamió también. Seguimos así hasta que los dos nos quedamos en ropa interior. Me había lamido todo el cuerpo, excepto en las partes donde aún llevaba ropa, y yo también lo había lamido a él por todas partes.

No sabía qué hacer, era mi turno, así que no quise arriesgarme a quitarle la única prenda que aún llevaba, sus bóxers. Le unté el chocolate en los labios y lo lamí, besé y hasta mordí algunas veces.

Su turno. Luffy se acercó a mi oreja para decirme algo.

-¿Te importa?- dijo con su mano en el cierre del sostén

Yo negué con la cabeza, no me importaba aunque me daba una pizca de vergüenza.

Luffy retiró mi sostén, dejando a la vista mis pechos, no eran tan grandes como los de Nami pero tampoco eran pequeños. Luffy se quedó mirando, por lo que yo me tapé con los brazos.

-No te tapes- dijo retirando mis brazos- son preciosos-

Me sonrojé. Luffy me tumbó en la cama, aún estando él a mi lado, cogió chocolate y lo untó en mis pechos, dejando sin chocolate mis pezones. Lamió y besó mis pechos, dejándolos así sin chocolate. Eso me excitó, cosa que Luffy notó porque mis pezones despertaron.

Luffy no aguantó más, tocó, acarició, besó y lamió mis pechos, a lo que yo respondía con suaves gemidos y aceleradas respiraciones. Pero aún no hacía caso a mis pezones, así que cogí su mano y la puse encima de uno de estos. Luffy se sorprendió, pero entendió perfectamente lo que yo quería, así que siguió el mismo procedimiento que con los pechos. Los dos estábamos excitados y lo sabíamos, él lo sabía porque yo no paraba de soltar grititos de placer, y yo sabía que él estaba muy excitado porque, al ponerse encima de mí, noté su miembro erecto.

No sabía donde acabaría eso, pero tampoco me importaba, ya que ahora todo me daba igual, a partir de este momento dejaría de ser la Princesa Vivi, refinada y cautelosa, para ser Vivi, a la que le gustaba divertirse y pasarlo bien. (PD: Sin pensar mal… bueno solo un poco)

Luffy y yo nos seguíamos besando y acariciando. Pero me pareció que él necesitaba algo más que caricias, así que acerqué mi mano a su bóxer y acaricié, por encima de estos, su miembro. Era bastante grande. Luffy soltó un pequeño gemido, que alcancé a oír gracias a nuestra cercanía. Eso me dio alas. Cogí fuerzas para tumbarlo y situarlo debajo de mí. Nuestras intimidades ahora rozaban, cosa que nos gustaba. Deslicé mis manos por su abdomen hasta llegar al borde de los bóxers y empecé a bajarlos lentamente, quería hacerlo sufrir un poco. Su miembro estaba a punto de salir a la luz cuando de repente llamaron a la puerta.

-Mierda- dijo Luffy- Ve al baño y vístete- dijo mientras recogía mi ropa y me la daba

Fui al baño mientras él se vestía. Luffy abrió la puerta, y habló con la persona que había detrás de ésta. Lo reconocí por la voz, era Usopp. Cuando Luffy cerró la puerta llamó a la del baño, para saber si había terminado de vestirme.

-Lo siento- me dijo

-No es tu culpa- dije reconfortándolo

-Era Usopp, quería que fuera con él a la playa, dijo que iban todos los chicos, que sería tarde de chicos-

-No importa, ve con ellos, nos vemos en la cena- dije abriendo la puerta, vigilando que no me viera nadie.


Pasé el resto de la tarde en mi habitación pensando y analizando todo lo que había pasado esa tarde con Luffy.

Se hizo tarde, así que bajé corriendo a la sala comedor para cenar con los chicos. No sabía cómo comportarme ante Luffy, ya que cada vez que lo miraba me sonrojaba. Después de cenar Zoro pasó por mi lado.

-Recuerda, esta noche en mi habitación- me dijo bajito en la oreja, cosa que hizo que me estremeciera.


Era medianoche, así que salí de mi habitación sigilosamente para no ser vista, y me dirigí hasta la habitación de Zoro.

Entré sin hacer ruido, ni él me había oído, aún estaba en la ducha. Me senté en el sillón que estaba al lado del gran ventanal. Oí la puerta abrirse, era Zoro, salía del baño con solo una toalla rodeando su cintura, aún llevaba el pelo mojado, cosa que hacía que algunas gotas bajaran por su cuello, hasta donde empezaba la toalla, pasando por su pecho y abdomen.

-No te había oído llegar- dijo sacándome de mis pensamientos, se había dado cuenta del efecto que causaba en mí.

Nos quedamos frente a frente, mirándonos, nuestras miradas se cruzaban, sin dejar de observarnos en silencio. No pude aguantar más, era demasiado sexy. Así que me lancé a sus labios, lo besé con un poco de desesperación, lo necesitaba. Él rodeó mi cintura con sus brazos, atrayéndome más hacia él. El beso había comenzado muy apasionado, pero aún así se volvió más y más ardiente con el paso del tiempo. Zoro acariciaba mi espalda de arriba a bajo, incluyendo mi trasero, cosa que me hacía sobresaltar.

Nos tumbamos en la cama, esta vez yo estaba encima, sentada encima de sus caderas, haciendo que nuestros sexos se rozaran, cosa que no era muy difícil, ya que él solamente llevaba la toalla y como yo llevaba mi camisa de dormir, al estar sentada, se subió, haciendo que solo nos separara mi ropa interior.

Nos besábamos, con lujuria y pasión, él hizo que levantara mis brazos para quitar mi camisa más fácilmente, cosa que hizo que quedara desnuda, solamente llevaba mi tanga azul de encaje. Besó mis pechos, yo solté un pequeño gemido que hizo que él se excitara aún más.

Me tumbo, quedando él encima de mí. Acarició, besó y lamió mis pechos y pezones, haciendo que me arqueara para hacer más fácil el acceso a ellos. Sentía como me mojaba.

No me quería quedar atrás así que llevé mis manos a la toalla, deshice el nudo que hacía que se sujetara, y la quité, lanzándola al suelo. Vi su miembro, era grande y estaba duro, muy duro. Con una mano lo acaricié, Zoro gruñó, era su modo de decir que le gustaba, así que hice que él volviera a quedar debajo y yo encima, seguí acariciando su pene. Le estaba gustando, y a mí también.

Zoro me cogió, me levantó y me empotró contra la pared, yo pasé mis piernas por su cintura, notando así su miembro contra mi intimidad, me excitó demasiado, así que solté un gemido en la oreja de Zoro. Él hundió su cabeza en mi cuello, dejándome un rastro de besos. Siguió bajando, llegando a mis pechos, donde mordió mis pezones, dejándolos rojizos. Lamió y besó mis pechos de nuevo, me dejó una marca al lado del pezón.

-Zo..ro… mmm…- me estaba gustando mucho, me deleitaba con su cuerpo y él con el mío.

Llegó el turno de retirar mi tanga, Zoro bajó las manos hacia él, arrancándolo de un golpe.

-Zoro espera… no po..demos hacerlo- dije a regañadientes, teníamos que parar, la situación se nos escapaba de las manos.

Zoro me bajó, recogió mi camisa de dormir y me la dio. Él cogió del armario unos bóxers negros y se los puso.

-Espera- me dijo antes de marcharme

-¿Qué pasa?- dije dándome la vuelta para quedar enfrente de él

Me cogió y lanzó a la cama.

-Con esto te vas a acordar de mí-

Se sentó en el suelo, yo estaba en el borde de la cama tumbada. Bajó su cabeza hasta mi entrepierna.

-Zoro, espera, no lo ha… gas…- no pude terminar la frase ya que su lengua pasó suavemente por mi clítoris.

Su boca jugaba con mi intimidad, lamiendo y succionando mi esencia. Eso me estaba encantando, me excitaba, él lo sabía, por eso cada vez aumentaba el ritmo de sus movimientos, haciéndolos rápidos y placenteros. Yo intentaba callar mis gemidos mordiéndome el labio inferior. De repente me penetró con su lengua, y jugaba con ella como si se tratara de su propio pene. Notaba que no aguantaba más, no podía resistirlo, estaba a punto de llegar.

-¡Zo…ro!- grité su nombre al llegar al orgasmo.

Después de eso recordaría a Zoro para siempre. Subió la cabeza, mirando mi cara de placer.

-Esa cara no se la puedes mostrar a nadie, solamente a mí- me dijo dándome un beso en los labios. Me ruboricé.

Me coloqué bien mi única prenda, mi camisa, y salí de la habitación directa a la mía, para dormir, si podía, ya que después de lo que había pasado no sabía si podría dormir.