Autora: Nyanko1827.

Coautora: Tsuki.

Disclaimer: KHR pertenece a Akira Amano-sensei~


Después de la muerte hay otra vida.

Capítulo XIX: Allure.


Estar nervioso era decir poco, estaba más que nervioso, estaba a punto de darle un ataque de histeria. Itsuki quiere mucho a su familia pero eso no quita que a sus abuelos les tenga algo de… desconfianza, temor. Son buenos abuelos y siempre le han mimado, pero esa seriedad con la que lo hacen todo, esa aura de superioridad que les rodea hace que Itsuki se sienta inferior a ellos y por ende que no se sienta a gusto en su presencia.

Y por eso mismo estaba tan incomodo dentro del vehículo. Su padre le aportaba algo de calma pero sólo eso, algo. Sus abuelos inundaban el auto con su aura y eso le asfixiaba, era como si no pudiese respirar, en cambio su padre estaba como si nada y por eso le admiraba. Podía aguantar a ese par de viejos como si nada, bueno, son sus padres y les ha tenido que aguantar durante mucho, pero es que él no acababa de acostumbrarse y eso le hacía sentir mal.

Itsuki suspiró con pesar.

—¿Sucede algo, hijo?—Le preguntó su padre al escucharle el suspiro.

—N-No. No sucede nada, Oto-sama —Itsuki se maldijo internamente por haber tartamudeado un poco, eso seguro que equivaldría a un sermón por parte de su abuela.

Cosa que no se hizo de esperar.

—La compostura, Itsuki. No debes tartamudear ante nadie. Siempre has de estar seguro en todo lo que hagas y no dudar en nada —le dijo su abuela con voz cortante y mirándole con superioridad.

—Entendido, Oba-sama —murmuró apenado y agachando la cabeza.

El trayecto duró tres cuartos de hora antes de que llegasen a la casa principal de la familia. La casa principal era muy distinta a la que vivía con sus padres o en la que vivían su tía y prima.

La casa estaba echa como antaño, tanto en material como en estructura. Era una casa grande junto a un santuario sintoísta que también pertenecía a la familia, estaba situada encima de unas largas escaleras que debías subir antes de llegar a ella.

Itsuki miró las escaleras antes de suspirar internamente, la primera vez que tuvo que subirlas acabó agotado y sin poder dar un paso. Tragó duro y siguió a su padre que ya las estaba subiendo, esta vez debía de ser distinto, esta vez las subiría y estaría igual de fresco que su padre.

Imposible, estaba agotadísimo. Las escaleras se le estaban haciendo eternas y eso que aún no había llegado y ya no podía casi ni con su alma. Quería que su padre le llevara, que acabara por él subir estas monstruosas escaleras, pero si lo hacía recibiría una mirada de decepción de sus abuelos y eso no es lo que quería. No estaba dispuesto a recibir ese tipo de mirada, si algo había heredado de su padre era ese orgullo que poseía. Y por su orgullo haría que sus abuelos le dieran el visto bueno de una vez por todas.

Cuando llegaron a la casa Itsuki ya no podía más, pero no dejó que nadie notara que estaba exhausto.

—Por aquí —su abuelo les hizo señas para que le siguieran hacia el santuario.

Fueron hacia la parte más alejada del santuario y entraron dentro de lo que parecía ser un trastero. Itsuki se extrañó pero no dijo nada, les siguió hasta entrar dentro y notó una extraña sensación, ahí dentro residía algo maligno, demasiado como para que sus abuelos hubieran puesto talismanes alrededor de todo el trastero.

—Esperad un momento —les anunció su abuela esperando a que su marido abriera lo que parecía ser una trampilla que daba a un sótano.

Souta agarró a su hijo de la mano y le guió por las escaleras que hacían bajada. Mientras bajaban eran rodeados por sólo oscuridad, nada más, no había ni un atisbo de luz que les iluminara el camino.

Cuando llegaron a lo que parecía ser una sala mucho más grande que el trastero, unas antorchas se iluminaron dejando ver lo que residía en ese lugar. Itsuki apretó su agarre sin querer soltar a su padre, el aura maligna que notó arriba aquí se notaba en gran intensidad, tanta que parecía y quería ahogarles.

—Vamos, hijo —Souta animó a su hijo a que le siguiera.

Mientras seguía a su padre, quien estaba siguiendo a sus abuelos, notaba como el miedo recorría cada poro de su piel. No sabía el por qué pero esta sensación no le era nueva, este miedo que sentía era como si ya lo hubiera sentido anteriormente. Pero que el supiera nunca había tenido miedo a nada, su padre siempre estuvo ahí para mostrarle que nada daba miedo, que el miedo era originado por la imaginación.

Pero…

…esta vez sólo tenía algo en mente, huir. Huir tan lejos de allí como pudiese. Irse y no volver nunca más a este lugar, ya le daba igual el que mirada pondrían sus abuelos si huía como un cobarde, pero eso es lo que quería hacer.

Y al parecer su padre lo notó porque su agarre se intensificó dándole tanto apoyo como pudiese a su hijo.

—No te preocupes —le murmuró—. Si sientes miedo ella también lo sentirá —le advirtió.

¡¿Cómo qué ella? Eso le aterró aún más que consoló, ¿cómo podía su padre decirle eso? Debía de consolarlo no aterrarlo más de lo que ya estaba.

—Ya hemos llegado —anunció su abuelo levantando la mirada igual que su padre y abuela.

Itsuki hizo lo mismo que los mayores y con lo que se topó hizo que abriera los ojos en desmesura. Había un altar donde una mujer de largos cabellos blancos dormía plácidamente y estaba seguro de que si esa mujer abría los ojos, estos serían del mismo color que su larga melena. Sus rasgos eran finos y parecía que fuera a romperse al mínimo toque, su piel era blanquecina por no haberle tocado el sol en años, aunque Itsuki dudaba de que ese fuera el problema, ese ya era el color de piel que poseía la mujer. La ropa que potaba era la de una guerrera pero sin quitar la sofisticación de una mujer de alta posición social. Parecía una hermosa muñeca de porcelana.

—Ella es Allure —comenzó su abuela—. Hermosa, ¿verdad?—Le preguntó a su nieto mientras le observaba.

—¿Qué cosas dice, Oba-sama?—Le preguntó—. Por si no recuerda, soy ciego —le informó.

Su abuela soltó una ligera risa.

—Oh, mi querido nieto. No pienses que puedes engañarnos por ser mayores —le contestó recibiendo una mirada interrogante de Itsuki—. Souta nos comunicó los resultados de tu examen de la vista —Itsuki dirigió una mirada a su padre de incredulidad—. Sabemos a la perfección que tu punto de vista es distinto al nuestro pero que sin duda puedes distinguir figuras y si esas figuras tienen una alta energía espiritual incluso puedes verlas, querido.

Itsuki maldijo a su padre por bocazas, se suponía que eso no debía saberlo nadie. Ni siquiera se lo dijo a sus dos mejores amigos y él va y se lo cuenta a sus abuelos, aunque no se puede comparar, ellos son familia y sus dos amigos... son eso amigos, pero igualmente, que Akira y Uni eran mejor familia que sus abuelos.

Su abuela le sacó de sus cavilaciones.

—Contéstame, Itsuki. Hermosa, ¿verdad?—Volvió a preguntarle su abuela.

El castaño sólo pudo asentir con la cabeza al ver que ya no tenía escapatoria.

—Me alegra que te guste —su abuelo lo dijo con voz sarcástica—. Porque ella va a ser tu shikigami.

Esta vez fue Souta el que miró con incredulidad a sus padres.

—¿Perdón? Quedamos que como yo, Itsuki sólo se encargaría de mantenerla dormida —les dijo a sus padres, su voz estaba teñida con veneno.

—Eso ya no podrá ser, hijo —su madre le contestó con voz severa—. Hay alguien que la quiere y debemos hacer que ella escoja a tu hijo como su maestro. Sabes que en manos equivocadas podría volver a suceder lo mismo.

Itsuki ya no entendía nada, sabía que su familia procedía de un gran clan de Onmyoujis pero nunca pensó que tuvieran a un demonio enclaustrado en el santuario.

—Estamos jugando con fuego —declaró Souta—. Si al despertar está enojada Itsuki podría morir a sus manos, ni siquiera tiene un espíritu familiar que pueda protegerle —la voz de Souta iba aumentando de volumen del mismo modo que su enfado.

—Si muere es que no es digno de llevar nuestro apellido —declaró el hombre de más edad.

—Empiezo a entender el porque mi hermana se fue y Nanao ha seguido sus pasos —les echó en cara—. No me extraña que Nana no quisiera que su hijo viviera dentro de esta familia. Vámonos, Itsuki —Souta comenzó a arrastrar a su hijo fuera del sótano.

—¿Estás seguro de que esto es lo mejor?—La mujer se puso más seria de lo habitual—. Si quien va detrás de Allure llega a despertarla y no puede controlarla entonces no habrá futuro para nadie —sentenció haciendo que su nieto se detuviera en seco.

«¿No habrá futuro? »,pensó al detenerse y observar el suelo con suma atención. Itsuki se agarró la cabeza con la mano libre ante el dolor que empezaba a sentir, su respiración comenzaba a ser irregular. «¿Qué es esto?», se preguntó al ver una imagen borrosa de alguien alvino.

Su padre le miró sin comprender.

—Itsuki, ¿sucede algo?—Le preguntó con preocupación.

Itsuki estuvo en silencio intentando acompasar su respiración sin responder a la pregunta de su padre antes de levantar su vista del suelo y preguntar—: Oba-sama, ¿qué debo hacer?—Preguntó dirigiendo su anaranjada mirada a su abuela.

La mujer sonrió victoriosa.

—El día de la ceremonia se te informará de todo —su abuela comenzó a caminar seguida de su marido hacia la salida—. Ahora si que empiezas a comportarte como alguien digno, querido —le dijo al castaño antes de desaparecer por las escaleras.

Souta se quedó mirando a su hijo sin entenderle, hasta hace poco estaba temblando del miedo y había notado como quería huir de ese lugar, pero ahora simplemente aceptaba que ese ser fuera su shikigami.

—Si sale mal podrías morir —le dijo con un suspiro, empezaba a no entender a su propio hijo.

—Lo sé —le contestó mirándole a los ojos.

—Entonces, ¿por qué?—Le preguntó devolviéndole la mirada.

El castaño se pensó el como contestar a su padre.

—Porque… si ese alguien la despierta entonces no habrá futuro, ¿no?

—Sabes que no es eso a lo que me refiero —le dijo con un suspiro.

—Es que… no lo sé, simplemente he aceptado y ya está —Souta se fijó que incluso su hijo parecía confuso con su decisión.

El mayor suspiró con resignación, la decisión ya estaba echa y no había vuelta atrás.

—Espero que no estés equivocado en esto hijo. Vámonos antes de que tu madre nos eche demasiado en falta.

Padre e hijo siguieron los pasos que anteriormente tomaron los dos mayores para salir de ese lugar y dejar que la mujer siguiera durmiendo. Antes de cerrar la puerta del trastero, Souta volvió a hablar.

—Voy a enseñarte a invocar a un espíritu familiar, de esa manera si algo no sale bien él podrá protegerte —le informó.

Itsuki miró a su padre con leve asombro antes de asentir frenéticamente, contento de que al fin podría tener el suyo propio.

El castaño iba pensando que nombre le podría poner cuando la voz de su padre le cortó todo tipo de pensamiento.

—Cada espíritu o shikigami ya viene con su nombre propio —le avisó para que no se hiciera muchas ilusiones.

La cara de decepción que le mostró su hijo y la deprimente aura que le rodeaba hizo que su padre se riera entre dientes.

—Es algo lógico, hijo. Son seres vivos que sólo aceptan servir a alguien.


~En la sede de Giglio Nero~

«Todo empieza a moverse una vez más», Uni abrió los ojos y miró a su alrededor. «Ya queda menos para que vuelvas». La jefa de Giglio Nero volvió a cerrar los ojos, pensando en todo lo que ocurriría a partir de ahora.


~En la escuela de Namimori~

Nana caminaba tan rápido como sus piernas le dejaban para no perder de vista a Kyoya. El guardián de la nube, desde que guardó su teléfono, había acelerado el paso hacia su querida escuela, cosa que a la castaña le hizo gracia. El apego que Hibari le tenía a la escuela era enorme y no se extrañaba que su hijo se hubiera puesto celoso, más de una vez, del edificio.

—Kyo-kun, no corras tanto —le pidió Nana, pero no fue escuchada.

El hombre delante de ella tenía muchas ganas de llegar a su despacho.

—Kyo-kun, ya sois todos mayores, dudo que le hayan echo algo a tu despacho —intentó razonar.

Esta vez si obtuvo una reacción en el joven que iba delante de ella. Hibari volteo el rostro, sin dejar de andar, y le dedicó una mirada escéptica seguido de—: Esos herbívoros no crecen —para luego apresurar su andar de nuevo.

Nana suspiró, era cierto que en depende que situaciones seguían siendo críos, como ahora mismo la pareja de su hijo, pero dudaba de que hubieran hecho lo que había dicho el pequeño asesino a sueldo.

Cuando llegaron al despacho vieron que la puerta estaba intacta, cosa que a Hibari le valió una mirada de Nana diciéndole 'te lo dije' y cruzándose de brazos. Kyoya, por su parte, suspiró al ver a la mujer, hacia ya tiempo que no la intimidaba y eso empezaba a darle demasiadas confianzas.

Apartando esos pensamientos, el guardián de la nube abrió la puerta y les vio a todos. El grupo de herbívoros que seguía a su castaño, quienes ahora ni se miraban a la cara; las dos mujeres con las que estuvo ayer junto a la hermana del experto en explosivos, la mujer con peinado de piña y Kusakabe Tetsuya; el marido de Nana junto al compañero de entrenamiento de su Tsuna, Nono y algún que otro bebé; y sin olvidarnos del bebé que los ha reunido. Todo ha de decirse, en todos estos años ni se ha esforzado en memorizar los nombres de cada uno.

—Ya era hora, Hibari —le dijo Reborn apareciendo delante de los recién llegados.

—Lo sentimos, Reborn-kun. Es que he estado hablando con mi sobrina y se me ha pasado el tiempo muy rápido, Kyo-kun ha tenido que venir a buscarme —se disculpó Nana.

—Bien, luego nos cuentas que has hablado con tu sobrina —Nana asintió—. Ahora que estamos todos… ponlo Hibari —Nana fue a sentarse donde siempre y Hibari se fue hacia su mesa.

El televisor mostró las mismas imágenes que la otra vez, tres adolescentes, dos chicos y una chica, andando por los terrenos de la escuela. Pero lo que más sorprendió a todos fue…

—¡JUUDAIME!

El grito de Gokudera hizo que todos saltaran del asiento y reaccionaran ante el castaño del televisor.

—¡No puede ser! ¡Tsuna! ¿¡Es Tsuna!—Preguntaba Iemitsu mientras se acercaba al televisor por si lo que veía no estaba bien.

Los demás integrantes de la sala estaban en shock. Chrome, Gokudera e Iemitsu se pusieron a llorar mientras veían a su jefe/hijo hablando con esos dos. Yamamoto, Nono, Bianchi y Lal no podían creerse lo que veían. Ryohei estaba tan sorprendido que no pudo decir nada, su voz no le salía.

Pero ahora venía la cruda realidad…

…una realidad que iba a ser anunciada por Nana.

—No es Tsu-kun —todos dejaron de ver el video y miraron a la mujer—. Es mi sobrino, Itsuki-kun.

—N-No puede ser —expresó Chrome—. E-Es… E-Es el je-jefe… no ha-hay du-duda… —terminó rompiendo a llorar de nuevo y siendo consolada por el guardián de la lluvia.

—Eso mismo pensé yo —Anunció Reborn—. Pero luego, cuando vi a Uni pensé que es la verdad. Ese no es Tsuna.

—¿Qué quieres decir, Reborn?

—A lo que me refiero, Nono, es que muy probablemente Uni sepa el por qué Itsuki se parece tanto a Tsuna, el por qué es una calcomanía de Tsuna.

La sala quedó en silencio, sólo se oían los llantos de quienes aún lloraban, no les entraba en la cabeza, era imposible que ese chico no fuera Tsuna. Lo único que le diferenciaba eran los ojos y ni eso, porque cuando estaba en modo última voluntad los tenía de ese color.

—Entonces deberíamos contactar con Uni —dijo Lal.

—Lo he intentado, pero Giglio Nero se ha negado a recibirme.

—Eso quiere decir que tendré que intentarlo yo —le dijo Nono a Reborn—. Puede que con un Arcobaleno no quiera hablar pero con un jefe mafioso, como lo es ella, deberá de aceptar el hablar.

—Yo también iré —le pidió Iemitsu después de haberse calmado.

—No creo…

La sentencia de Nono fue cortada por unos golpes en la puerta, todos en la sala miraron hacia la misma dirección. «¿Quién había osado interrumpir una reunión tan importante?», pensó Reborn con enojo.

Su respuesta fue inmediata, la puerta se abrió –sin haber esperado el 'Adelante'– dejando ver la sobrina de Nana, esta estaba con la respiración agitada y con ropa de ir por casa, como si hubiera salido de ella a toda prisa.

—¡Nana-nee! ¿Has visto a Itsuki?—Le preguntó exaltada.

—No, ¿por qué?—Nana se levantó de la silla donde estaba y se acercó a Yuki.

—Ha desaparecido —eso sobresaltó a todos en la sala—. Estaba volviendo a casa después del entrenamiento de Souta-jii cuando a desaparecido.

Los guardianes se levantaron del asiento, no podían creerlo, ¿le habían encontrado y ahora volvían a perderlo? Debían salir a buscarle y…

—¿Qué ha sucedido? Por lo que sé, Itsuki-kun no es el tipo de persona que se va sin decir nada —la calmada voz de Nana sorprendió a todos, excepto a Yuki.

—Oba-sama y Ojii-sama han llevado a Itsuki al santuario —murmuró pero siendo escuchada por todos.

—¿Có-Cómo?—El tartamudeo de Nana no les gustó nada—. ¿A-Al santuario?

Yuki asintió y continuó hablando—: No sé que le han dicho los abuelos a Souta-jii, pero al parecer se ha enojado con ellos diciéndoles que no les extrañaba que Nana-nee no dejara que conocieran a Tsuna. Luego se fueron a entrenar y cuando iban a volver a casa Itsuki desapareció. ¡Y ahora no le encontramos! ¡Han buscado por todo Tokio y nada! ¡Sólo nos queda Namimori pero… pero… no sé por donde empezar!—Yuki se abrazó a Nana.

—No te preocupes, Nanao ha salido a buscarle, ¿cierto?—Yuki asintió—. Entonces, nosotros también saldremos. Ya verás como le encontramos.

A nadie le hizo falta que esas palabras fueran repetidas, todos salieron de la sala dejando a Nana y Yuki solas. Sólo tenían un objetivo en mente: Encontrar al chico que se parecía tanto a su Tsuna.


N/A: ¡Moi, Moi! En el siguiente capítulo es posible que empiece la acción (o la acción que yo sepa hacer…)

Tsuki: Calla, que de eso me encargo yo. Tú a escribir las cursilerías y yo a escribir la acción, que por cierto, ¡ya era hora! ¡Como te has tardado, es pa' matarte!

Lo siento *Nyanko se siente en el suelo y saca un cuchillo* me haré el harakiri y todo arreglado.

Tsuki: Quieta *Tsuki le quita el cuchillo a Nyanko*, aunque me encantaría que te hicieras el harakiri será mejor que no lo hagas…

Te importo *a Nyanko le brillan los ojitos*

Tsuki:…porque no soy Mukuro y no puedo entrar en tú mente para poder seguir yo sola la historia, así que de momento te quiero viva.

*Nyanko se va a su rincón emo* Sólo soy un objeto del cual poder prescindir…

Tsuki: Deberías dejar que las personas acabasen de hablar antes de sacar conclusiones erróneas.

Nos leemos.