Disclaimer: obviamente, los personajes no son míos ni soy la Rowling, porque si fuera ella, estaría escribiendo lo que pasó durante esos 19 años intermedios hasta el epílogo. Yo solo los tomo prestados y trastoco sus vidas un poco, jeje.

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Capítulo 9:

A mediodía, Ron salió a comer con su amigo y subjefe del departamento, Mark Philips. Este tenía su misma edad, pero no era tan robusto y bien parecido como Ron. Hacia mas de quince años que se conocían, desde que habían entrado en el mismo destacamento de aurores. Una vez a la semana acostumbraban a comer en el café de Elaine.

Elaine era una mujer de sesenta y muchos años que había emigrado a Australia desde la vieja y verde Irlanda. Aun conservaba el acento; pero lo que más le gustaba a Ron era el recuerdo que le traía de su propia madre.

Hacia dos años que no veía a la señora Weasley y la echaba de menos, sobretodo sus abrazos amorosos sin ton ni son. Si se lo hubieran dicho en su época de Hogwarts se habría reído de lo lindo. Pero así era ahora.

Al final tendría que darle las gracias a Ginny, pues si ella no se hubiera ido de la lengua sobre su paradero, nunca habría vuelto a ver a sus padres.

Tal vez la actitud de Ron resultase chocante e incomprensible, pero el pobre se sentía profundamente avergonzado de lo que había hecho.

Desaparecer rompiendo el corazón de tu novia y no ponerte en contacto con tu familia para nada, no es un comportamiento que se perdone o se olvide tan fácilmente.

Aprendió a desenvolverse por si mismo y no depender de nadie, y como cuando quiso volver se encontró con la marcha de la castaña y vio que su familia seguía adelante sin él, optó por callar y desaparecer de nuevo.

Era ahora cuando comprendía lo que se había perdido.

Hacia también veinte años que no veía a Bill, Charlie y Percy, pero sabía que los tres habían formado sus propias familias. Los gemelos aparecieron un fin de semana por sorpresa y para incomprensión de Ron, no le hicieron ningún reproche sobre su comportamiento.

Ginny fue de otro parecer. Lo primero que hizo cuando lo vio cuatro años atrás, fue darle una bofetada, pero luego lo abrazó y se echó a llorar en sus brazos. Harry tenía una entrevista con el ministro australiano y se habían pasado a verlo también. Hubiese sido imperdonable que no lo hicieran.

Como ya se ha dicho, Ron tampoco conocía a sus sobrinos en persona, pero eso estaba a punto de cambiar.

En todo esto y más pensaba Ron mientras Mark estaba en el baño y Elaine elaboraba sus abundantes platos. Eso no había cambiado, seguía teniendo el mismo apetito voraz, aunque últimamente sus pensamientos le absorbían demasiado y había bajado un poco el ritmo.

Lainey, la hija de Elaine, se sentó frente a él. Era una mujer muy bella y de modales refinados. Tenía treinta y cinco años y estaba divorciada. Elaine había intentado en varias ocasiones juntarlos como pareja, pero ninguno de los dos estaba por la labor. Eso si, eran los mejores amigos.

- Veo que has vuelto de Escocia. –observó Ron.

Lainey era una excelente pintora y había viajado a Escocia atraída por el verde pasto, las fortificaciones medievales y porque no…también los escoceses. Sentía una irremediable atracción por los escoceses, no en vano su ex-marido lo era.

- Oh, si. Es precioso, Ron. Tendrías que ir un año.

- Viví siete años allí. –dijo Ron tranquilamente.

- ¿Ah si?

- Si. Hogwarts esta situado en las montañas de Escocia. Ese paisaje te enamoraría en un segundo. Lástima que cuando estaba allí no lo valorara tanto.

- ¿Lo echas de menos?

- Mucho. Allí viví mis mejores años. Aventuras, amigos, magia, algo de peligro…

- ¿Chicas? –sonrió. Ron no era muy dado a hablar de su infancia.

- Una.

- ¿Una sola? –para Lainey era extraño que con lo atractivo que era el pelirrojo solo hubiera tenido una chica a sus pies.

- Solo una. La única.

- Vaya. Eres de lo más legal.

- Jajajaja. Yo nunca lo habría dicho de mí.

- Cuéntame como era esa chica.

Lainey lo sabía casi todo de Ron, excepto lo más importante. Nunca le había hablado de Hermione a nadie, ni siquiera a Mary. Suspiró. Mary…su esposa muerta, tan comprensiva y cariñosa que había conseguido lo que nadie: que Ronald Weasley ser casara con ella…aunque no la amara. Hacia nueve años que había muerto y con ella el bebé que esperaban.

Esa había sido la vez que más cerca Ron había estado de formar una familia.

Años después vendría Janet, su fiel secretaria, pero con ella mantuvo una relación menos estrecha, aunque al final con la enfermedad de ella él se portó como si fuera su esposo.

Pero Ron sabía que Lainey no se refería a ninguna de ellas. Lo veía en sus vivaces ojos negros que lo miraban expectantes.

En ese momento, Mark salió del baño y Ron se giró para encararlo.

- Ron amigo, he de marcharme. Carole ha llamado, el pequeño Mike esta enfermo y quiere que vaya. –dijo el hombre algo apurado.- ¿Te importa?

- Por supuesto que no. Ve tranquilo y manda saludos al pequeño Mike.

- Gracias.

Mark cogió su chaqueta del respaldo de la silla y salió del local.

- Pero bueno ¿ahora que hago yo con dos platos de carne? –preguntó Elaine apareciendo con los platos y mirando disconforme la puerta.

- Ha tenido una emergencia familiar. –explicó Ron.

- Los padres de hoy día se ahogar en un vaso de agua. Yo crié a mis cinco hijos sola, sin la ayuda de nadie. No entiendo como…

- No pasa nada, mamá. Yo me comeré el plato de Mark, si a Ron no le importa compartir la mesa conmigo. –la cortó Lainey.

- No hay problema. –sonrió Ron.

- Humm. Pero esa no es la solución. –refunfuñó Elaine dejando los platos en la mesa. Siguió hablando de los hijos y los padres mientras desaparecía de nuevo en la cocina.

- Lo siento. –dijo Lainey.

- Tranquila.

- Se cree que por haber tenido cinco hijos es toda una experta.

- Bueno, podría serlo. Aunque si es por numero de hijos, tendría que presentarle a mi madre y a mi hermana. Nosotros somos siete hermanos, y a Ginny no se le ocurrió otra cosa que tener ella también siete. Mi cuñada Fleur tuvo cuatro, Anne tres y Penélope uno.

- Tienes muchos sobrinos entonces.

- Quince y espero que no vengan más. Aunque con los gemelos nunca se sabe, cualquier día aparecen casados y forman su propia familia.

- ¿Y tu no has pensado en tener hijos después de lo de Mary?

- No.

- ¿Ni con esa chica especial que te traía de cabeza en Hogwarts? –Ron enarcó una ceja y le sonrió.- No creas que se me ha olvidado que estábamos hablando de ella antes de que nos interrumpieran.

- No estábamos hablando de ella. Tu has hecho una conjetura que yo no he tenido tiempo de negar.

- ¿Entonces no hubo ninguna chica en Hogwarts? No me lo creo.

- …………

- Eres muy reservado con las cosas que realmente te importan demasiado.

- Mary me importaba y sin embargo…

- No quería decirlo en ese sentido y lo sabes. Además a Mary la conocía desde antes que a ti, fuimos juntas a la academia de arte ¿recuerdas? No podrías haberla ocultado aunque quisieras.

- ¿Porqué siempre tienes razón? –sonrió.

- No se, es un don. Y ahora contesta.

- Yo quería mucho a Mary, no te equivoques, pero…

- Pero no la amabas como a esa chica.

- Exacto.

- ¿Cómo se llamaba?

- Casi nunca pronunció su nombre.

- ¿Tanto duele?

- Mucho.

- ¿El primer amor?

- El único.

Lainey que siempre tenia una contestación para casa pregunta se quedó con la boca abierta. A ver si su madre iba a tener razón y Ronald Weasley era un hombre diferente al amigo que conocía.

- Hermione. –murmuró el pelirrojo.

- ¿Qué?

- Se llamaba, bueno se llama, Hermione.

- Un nombre poco usual.

- Pero el perfecto para ella. –sonrió soñador.

- Aun estás enamorado de ella. –observó Lainey.

- Si. Mary siempre lo supo, así que no la engañé en ningún momento. Yo la quería mucho. –aclaró.- Nunca quise hacerle daño.

- Y no se lo hiciste. Era muy feliz contigo, lástima del accidente…

- Si.

- Bueno, no nos pongamos tristes.

- Entonces has elegido una mala historia porque no tiene un final feliz.

- Hay demasiado drama en tu vida ¿no?

- Si.

- Pues háblame de tus buenos momentos con…Hermione.

- Nos conocimos en nuestro primer día en Hogwarts, y no me cayó bien. –rió.- Ella era demasiado inteligente y perfecta. Ya sabía hacer magia y yo…no. A ella le gustaba señalar mis defectos y a mi hacerla rabiar. Estaba preciosa con las mejillas encendidas. Estuve enamorado de ella desde los catorce años, pero hasta los diecisiete no nos decidimos a dar el primer paso.

- Que lentos.

- Eso dijo todo el mundo. Había apuestas por todo Hogwarts sobre nosotros, e incluso los profesores estaban metidos.

- Así que estabais hechos el uno por el otro.

- La pareja perfecta nos decían.

- ¿Y que pasó?

- Yo…yo fui un tonto y caí en una trampa de la que aun hoy día pago las consecuencias.

Ron dudó en si contarle o no la historia de la profecía. Aparte de él mismo y de su familia, nadie sabia de ella, ni siquiera a Mary se la contó. Pero después de los dos días tan amargos que llevaba recordándolo todo, necesitaba confiarse con alguien.

Apoyarse en un hombro amigo.

Y eso hizo.

Le contó a Lainey toda su historia. Ella lo escuchó en silencio y no pudo evitar una lágrima al final cuando imaginó a dos almas rotas llorando por un amor perdido.

- Es terrible eso que te hicieron.

- Lo sé.

- ¿Y ella no sabe nada?

- No.

- ¿Porqué?

- Ella ya tiene otra vida, en otro lugar, con otras personas.

- Pero si te amaba tanto como para decirte aquellas cosas a pesar de que tu…bueno de que le dijeras todo lo que le dijiste…

- Estoy seguro de que me odia.

- No lo creo. Tal vez en la superficie ella se haya convencido de que si, pero un amor como ese no puede acabarse así como así.

- Han pasado veinte años.

- No importa el tiempo pasado.

- Habrá rehecho su vida.

- Tu también lo hiciste, pero no por eso dejaste de amarla. Y por lo que me has contado su necesidad de ti era mayor a la tuya. Créeme, soy mujer, y te aseguro que ella no te ha olvidado.

- Me odiará. –repitió Ron. Parecía que lo hacia más para autoconvencerse a si mismo, que para ilustrar la historia.

- Ron…te estuvo esperando dos años después de tu marcha, eso no lo hace una persona que siente odio por otra.

- Es probable que me reencuentre con ella. –dijo de sopetón.

- ¿Ah si? ¿Cuándo? –Lainey tenía curiosidad.

- Ayer hablé con mi hermana y mi cuñado. Quieren que sea el padrino de su hijo pequeño.

- Eso es genial.

- Incluso lleva mi nombre: Leo Ron Potter. ¿Lo puedes creer?

- Un momento… ¿has dicho Potter? –Lainey tenía las manos extendidas en el aire.

- Si.

- ¿Ha-Harry Potter?

- Si.

- ¡¿Harry Potter es tu cuñado?!

- Si, y antes de eso fue mi mejor amigo en Hogwarts. Compartimos muy buenos momentos.

- ¡No me lo habías dicho! –Lainey cada vez estaba más fuera de si.

- No pensé que fuera tan importante.

- ¿Bromeas? Gracias a él estamos sentados hoy aquí. Un momento…has dicho que fuisteis juntos a Hogwarts, entonces si Harry Potter es tu amigo y tú eres Ronald Weasley… ¿nuestra Hermione no será Hermione Granger?

- La misma.

- Por Merlín, formabas parte del trío de oro. ¡El trío vencedor!

- Eso fue hace mucho tiempo. –dijo Ron con un ademán de mano.

- Que fuerte. –Lainey apoyó la espalda en la silla.

- No entiendo porqué todo el mundo le da tanta importancia. –murmuró Ron.- Por eso nunca lo digo.

- Está bien, me controlaré. –dijo Lainey.- Te fuiste a enamorar de una mujer con agallas.

- Si.

- Ahora es jefa del Departamento de Aurores en Nueva York.

- ¿Cómo sabes eso?

- Bueno, al decirme su nombre completo la he recordado. No es un nombre muy común, ya te lo he dicho.

- Hablas de ella como si la conocieras.

- No la conozco, pero la vi una vez. Hará unos siete años. ¿Recuerdas que monté una exposición de cuadros en Nueva York?

- Si.

- Pues ella estuvo en la inauguración. Acababan de nombrarla jefa del departamento.

- ¿Porqué no me lo habías dicho?

- ¿Y yo qué sabia que esa era tu Hermione? ¡Pero qué digo! Si ni siquiera sabía que tenias una Hermione.

- Tienes razón, lo siento.

- Pero ahora lo se. –sonrió la rubia.- Y tengo que decirte que es una mujer muy guapa y que se desenvuelve muy bien en publico.

- Ella siempre fue guapa, aunque tardara en darme cuenta.

- Ron…-alargó la mano y cogió una de las de él por encima de la mesa.- Tienes que encontrarla; ella tiene que saber que todavía existes, que todavía la amas y que nunca has dejado de hacerlo. Tienes que contarle la verdad, tiene derecho a saber qué fue lo que destrozó su corazón.

- No. Ella es feliz ahora y…

- Sus ojos no mostraban alegría cuando yo la vi. Se apoyaba mucho en un hombre de cabello negro y ojos verdes, como si le costara caminar, pero no se miraban como una pareja; más bien parecían hermanos. Te lo aseguro, eso se nota.

- No si te creo.

- ¿Ah si? –no esperaba convencer al pelirrojo tan pronto.

- Si. Por como lo has descrito sé quien es el hombre con el que la viste.

- ¿Quién era?

- El hombre con el que viste a Her… con el que la viste era Harry.

- ¡¡QUÉ?!

- ¿Vas a gritar siempre que lo mencione?

- Lo siento. Pero es que me estas diciendo que Harry Potter estuvo en mi exposición y yo sin enterarme.

- Harry es muy discreto y no le gusta llamar la atención.

- Que fuerte.

- Aunque no comparten la misma sangre, ella y Harry siempre se han profesado un amor de hermanos, por encima de todas las cosas.

- Entonces está claro. –dijo Lainey más recuperada de la sorpresa.- Ella tampoco ha rehecho su vida, y es porque aun te ama.

- Lainey no creo que…

- ¿Porqué no habría de hacerlo? Dame una razón para que ella no te siga amando, algo más allá de lo que pudo pasar en el pasado.

- Porque mírame, yo no soy nadie.

- Ronald Weasley te tienes en muy poca estima si piensas eso de ti mismo.

- Pero si es verdad.

- No, no lo es. Aquí nadie piensa eso, y estoy segura de que Hermione nunca lo pensó.

- ………… -Ron guardó silencio y desvió la mirada, gesto que no pasó desapercibido para Lainey.

- Te lo dijo alguna vez ¿no?

- Muchas veces en realidad.

- Se nota que es una mujer inteligente. –observó acertadamente Lainey.- Pero bueno, sígueme contando lo de ser el padrino de Leo, que lo hemos dejado por ahí olvidado.

- Pues eso que al ser el padrino de Leo tengo que ir al bautizo, y ella estará allí. Estoy completamente seguro.

- Pues ve. –le animó Lainey.

- ¿Qué?

- Que vayas. Ron llevas esperando ese momento veinte años. Además te reencontraras con toda tu familia, conocerás a tus sobrinos…

- No se.

- No dejes que pasen otros veinte años. Te arrepentirás.

- Eso mismo me dijo Harry al teléfono.

- Ve. –repitió Lainey.- Si no vas te arrepentirás el resto de tu vida.

- Lo sé, pero no es fácil.

- Nada es fácil, Ron. Tu solo piensa en la gente que te quiere y estará allí para recibirte.

- No si tienes razón.

- Siempre la tengo.

Rieron los dos.

Acabaron de comer en silencio, mientras Ron pensaba en lo dicho por Lainey.

Tal vez él estaba equivocado y ella tenía razón y Hermione lo seguía amando. Además no había rehecho su vida, eso lo sabia de buena tinta, porque si no los niños lo habrían dicho en uno de los muchos comentarios referentes a ella.

Si ellos supieran el escalofrío que le recorría el cuerpo cada vez que hacían referencia a 'tía Hermione'… Pero con once y ocho años no los podía culpar.

No sabían nada del pasado…

…un pasado que no se podía cambiar…

…pero el presente y el futuro los tenia en sus manos.

Era el momento de decidirse.

¿Prefería pasarse los próximos veinte años viviendo como un ermitaño y lamentándose por la oportunidad perdida o ir al bautizo de Leo, entablar lazos con su familia de nuevo y tantear sobre si tendría alguna posibilidad?

Dejó de comer y miró pensativo al frente.

En un momento dado sus ojos azules se encontraron con los negros de Lainey.

Le sonrió tiernamente. Nunca pensó que ella le daría el empujoncito que necesitaba.

Pero había tomado una decisión.

Iría al bautizo de Leo.

Ahora solo faltaba esperar.

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Ron dejó a Lainey en la galería de arte que había de camino a su casa.

Aun era muy pronto ciando llegó a la casa y miró el reloj de la cocina. Las tres; eso significaba que en Inglaterra eran las tres de mañana.

Mala hora para llamar a su hermana.

Ahora que había encontrado el valor y se había decidido a ir, Ron quería confirmarlo ya para así no tener oportunidad de cambiar de opinión y echarse atrás. Sabia que una vez dijera que si, Ginny no le permitiría faltar, aunque para ello tuviera que utilizar un imperius.

Recordó una frase muggle que decía: el que no arriesga no gana.

Pues bien, él estaba dispuesto a arriesgarlo todo para recuperar al amor de su vida.

Era lo único para lo que vivía.

Ahora lo sabía.

Durante media hora estuvo ordenando los papeles de su escritorio, algo que solo hacia cuando quería mantener la mente ocupada para olvidar un tema concreto. Después se cambió de ropa y se puso unos pantalones cortos, una camiseta de tirantes y unas bambas. Llamó a Nails, que enseguida apareció juguetón, y ambos salieron a correr un rato por la playa.

A mediados de abril ya empezaba a refrescar, pero aun se podía pasear por encima de la fría arena.

Ron acostumbraba a correr dos días entre semana y los fines de semana, eso le ayudaba a mantenerse en forma, además de que le gustaba sentir el viento contra su cara.

Nails corría a su lado, pero más pegado al mar para ver si tenía suerte y algún desdichado pez caía en sus peludas pezuñas. El agua también estaba fría, pero eso no parecía importarle.

Corrieron hasta llegar al faro de Roc Bary, el pueblo donde vivían, y dieron media vuelta de regreso a la casita. Habían corrido unos tres kilómetros entre ida y vuelta, pero ninguno de los dos acusaba un cansancio exagerado cuando llegaron a su jardín.

Eso si, nada más llegar Nails corrió a su cuenco de agua y ron cogió una botella de nevera. Estaban sedientos pero satisfechos. El perrito estaba muy contento de que su dueño le dedicara tanto tiempo esa tarde, así que se lo agradeció tirándose encima y lamiéndole las mejillas.

- Para, para. –rió Ron.

Nails ladró.

- Estás contento ¿eh? Creo que yo también. Ya va siendo hora de salir de las sombras y reencontrarme con mi pasado.

El perrito volvió a ladrar y se acurrucó en el regazo de Ron. Sentados como estaban en el pequeño balancín del jardín, durante media hora vieron pasar a todo tipo de gente y saludaron a sus vecinos.

Nails se lo pasó en grande correteando con Tipper, la perrita pomerania que había al lado.

Ron charló unos minutos con la dueña de Tipper, pero fue muy superficial. Bertha Johns le había tirado los tejos desde el minuto uno de mudarse allí, y aunque él al principio la rechazaba muy amablemente, ahora estaba más que cansado y sus contestaciones eran parcas y algo toscas. Solo que Bertha parecía no querer darse cuenta.

Esa mujer nunca se daría por vencida.

El teléfono sonó y Ron dejó a Bertha con la palabra en la boca.

Corrió al interior y lo cogió.

- ¿Si?

No le dio tiempo a decir nada más.

Lo que fuera que le dijo el interlocutor hizo que apretara fuertemente el vaso de agua que había en la encimera y que al hacerlo añicos los cristales se clavaran en la palma de su mano izquierda.

Lágrimas de rabia y de tristeza aparecieron en su rostro pecoso, pero no tenían nada que ver con el vaso o el dolo físico en si.

Era otra clase de dolor mucho más grande.

Quiso gritar con todas sus fuerzas, pero lo único que consiguió fue dejarse caer en el suelo de la cocina con la espalda apoyada en la pared. Se llevó la mano derecha a la cara y lloró.

Lloró como veinte años atrás había llorado en el bosque prohibido.

Nunca pensó que volvería a llorar así.

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Nueva nota aclaratoria (jajajaja):

Antes de que me lo digáis, Lainey no tiene nada que ver con Ron y no lo tendrá, pero seguirá saliendo en la historia. Solo son amigos, nunca han sido nada más que eso.

Ron estuvo casado. Cuando 4 años después de marcharse se enteró de la verdad, volvió a Inglaterra a buscar a Hermione, pero ella después de esperarlo 2 años se marchó. La encontró otros 2 años después, pero ella, aparentemente (es decir en realidad no), había rehecho su vida.

Se casó con Mary Combs, aunque no la amaba. Ella murió 6 años después en un accidente y perdió el bebé que esperaba. Lainey era la mejor amiga de Mary.

Después mantuvo una relación con su secretaria Janet, pero no había amor de ninguna clase entre ellos.

Ron siempre ha estado enamorado de Hermione y ha guardado su amor para ella. Siempre. Pero también debía de darse la oportunidad de intentar ser feliz con otras personas.

El problema es que la felicidad que tanto ansían el uno y otro solo la pueden encontrar estando juntos los dos.