Capítulo ocho


Hospital de Ikebukuro

Cuarto de Izaya

9 de agosto, 17:57

Izaya Orihara sabía que se trataba de un sueño. Lo supo pese a lo real que parecía. Miró el cuarto del hospital minuciosamente, lo que de entrada le permitió darse cuenta de que lo que ocurría a su alrededor era ilusorio: podía ver con nitidez, aunque persistía el dolor, si bien bastante leve si se le comparaba con el que sentía cuando despierto. El que, aun en sueños se hiciera presente como un recordatorio, hizo que Izaya se enfadara. El informante intentó levantarse, pero no pudo por más que veces que probó librarse de su confinamiento; algo, una fuerza invisible lo mantuvo sobre la cama. Sin poder serenarse, quiso arrancar los tubos que desaparecían bajo su piel, a sabiendas de que era un sueño y que no tendría ninguna repercusión.

—¿Qué haces, pulga?

Izaya atisbó la sombra que se veía en una de las paredes. No tenía que volverse para saber quién era, quien sino Shizuo Heiwajima se atrevería a llamarle "pulga". Además, la sombra era de lo más sugerente: mostraba una silueta de una persona alta y desgarbada.

—Shizu-chan —dijo alargando el nombre. Izaya, dispuesto a encararlo, miró al otro extremo del cuarto, pero no vio a nadie. En la esquina sólo se encontraba la silla donde Shinra había estado sentado. El joven Orihara suspiró, pero, cuando volvió a centrarse en las intravenosas, el recién aparecido guardaespaldas le apretó el brazo.

Izaya nunca había tenido miedo de Shizuo, ni siquiera cuando este mirándole indefenso, le había soltado encima el poste de luz. Pero ahora que lo tenía a pocos centímetros de distancia y con los ojos inyectados en sangre, así como él tenía el izquierdo, hizo que se acobardara.

—Suéltame —pidió Orihara, olvidándose por completo de que estaba a salvo.

Shizuo no dijo nada y sólo le retorció el brazo. Izaya se resistió a bajar la mirada, pero cuando finalmente cedió, notó horrorizado como Shizuo enterraba sus garras ahí donde las vías del suero y la bolsa de sangre, ya no se dejaban ver más.

—Shizuo, basta —gimoteó Izaya con impresión. Shizuo le sonrió con sorna. Sus dedos tomaron el lugar que antes ocupaban las vías, al tiempo que con los dedos de la otra mano empezaba a hurgar en el interior. El dolor de Izaya iba de peor en peor y, aunque se lo hizo saber a Shizuo, este siguió buscando dentro de la perforación del brazo.

Del miembro, Shizuo extrajo una canica blanca y perfectamente pulida. Luego se la mostró al informante que estaba lívido de terror. Trató de ignorar aquello que Shizuo le tendía; ya sabía que, si acaso posaba su mirada en la canica, esta se transformaría en su ojo.

No lo soportó más y se atrevió a gritar, esperando de ese modo librarse del mal sueño.

Hospital de Ikebukuro

Estacionamiento

9 de agosto, 17:57

Entre los coches aparcados, nadie más que Shizuo y Celty estaba a la vista. El primero seguía fumando en un tic nervioso y ella lo compadecía. Recordaba cuando Shizuo en el parque, viéndose rodeados de las víctimas de Saika, le había confesado lo que pensaba de su fuerza y como la misma le hacía renegar de él, algo que Celty consideró un tanto triste. Pero, por mucho que estuviera de parte del guardaespaldas, la dullahan tenía que reconocer que también se preocupaba por Izaya, aunque no lo eximia de ninguna responsabilidad. Todos le conocían bien y ella se atrevía a apostar porque sus allegados concluirían que la herida, el informante se la había ganado por mérito propio. No obstante, Celty recordó la masa sanguinolenta que ahora era el ojo de Izaya, pues ese modo era como dejaba de juzgarlo tan duramente.

Hospital de Ikebukuro

Cuarto de Izaya

9 de agosto, 18:07

Cuando despertó, el informante se encontró con que Shinra, ansioso, estaba a su lado. ¿Él le habría espabilado? Carecía de importancia. Y aunque quiso darle las gracias, no pudo. Lo que profirió no fue más que un sonido ahogado que hizo que Shinra le palmeara suavemente un hombro.

—Respira, Izaya —le dijo al advertir lo rápido que latía el corazón de Orihara.

Izaya acató lo dicho, pero tardó bastante en recomponerse. Nunca, desde que tenía memoria, había tenido una pesadilla que le hubiera hecho entrar en pánico, así que, tras calmarse, lo primero que hizo fue apartar al doctor, cayendo en la cuenta de lo ridícula que era la situación en que se había puesto.

Shinra miró a Izaya, sin creerse el azoro que exhibía. Quiso ayudarle, pero no se convenció de que sus palabras le hubieran hecho sentir mejor.

—Las pesadillas son comunes tras eventos traumáticos, especialmente si estas bajo efecto de drogas.

—Ahórrame todo esto, Shinra —pidió Izaya, aliviado porque su ojo izquierdo estuviera seco e irritado. De momento, eso resultaba de lo más conveniente.

—Como quieras. ¿Sigues con dolor?

Izaya se castigó a si mismo al preguntarse mentalmente por el tipo de dolor al que Shinra se refería.

—No —fue categórico.

Shinra chasqueó la lengua. No le pasó desapercibido el que Izaya tuviera un escalofrió cuando, tomándole por el brazo, le dosificó un analgésico.

—Intenta volver a dormirte —recomendó.

—Eso hare —volvió a mentir el informante—. ¿Cuándo van a venir a interrogarme?

—Dijeron que pasarían más tarde. Estabas durmiendo.

A Izaya no le agradó la respuesta y Shinra se dio cuenta.

—¿Qué vas a decir?

—La verdad. Soy un ciudadano después de todo. Las personas merecen saber lo monstruoso que es en verdad Shizuo.

Shizuo, se repitió Shinra. Ahora es Shizuo a secas y no Shizu-chan.

—Él ya se siente culpable, no necesita que lo castiguen —dijo Shinra abogando por el guardaespaldas.

Izaya se rio.

—Ah, Shinra, si eso fuera cierto, ni yo sería capaz de molestarle. Pero no, a Shizuo sólo le importa lo que van a pensar de él o, en cualquier caso, lo que él piensa de sí mismo. Celty es de la misma idea y tú únicamente estás haciendo tu trabajo —Shinra captó lo que había detrás de aquella declaración, pero no insistió.

Se despidió del informante y cuando se encontró con los dos oficiales, les sonrió amablemente diciéndoles que Izaya seguía en reposo. Los dos hombres le miraron ceñudos, pero aceptaron prolongar la espera. En realidad, ninguno buscaba tener problemas con el informante o con el monstruo de Ikebukuro. A los dos les temían por igual. Sobraba decir los motivos.

Hospital de Ikebukuro

Estacionamiento

9 de agosto, 18:19

Shizuo sólo apagó el cigarro cuando vio a Shinra acercarse.

—Hace rato trate de convencerlo, pero no ha servido de mucho. Una vez que declare lo que paso, piensa largarse —Shinra se acercó a Celty—. ¿Podrías ir a su departamento por una muda de ropa?

La dullahan asintió y no tardó en marcharse, aunque pensó que pudieron haber llamado a Namie Yagiri para el mismo efecto.

—¿No dijiste que necesitaba una segunda cirugía? —cuestionó Shizuo.

—Sí, pero no atiende a razones. No le importa quedarse tuerto.

Shizuo gruñó y caminó en dirección contraria a la que Celty había tomado.

En seguida, Shinra tomó los bajos del chaleco de Shizuo.

—Si es cierto que sólo estas preocupado por lo que pueda o no decirles, deberías dejarlo en paz. Tú no lo sabes, pero está sufriendo, así que, si no es por su bien, dale espacio.

Shizuo, posterior a omitir la rara actitud de Shinra, pensó que "sufriendo" era mucho decir. Estaba al tanto de que la herida de Orihara debía de doler, pero hablaban de la pulga, de esa estúpida pulga que encontraba fascinante estudiar las penas de otros sin algún tipo de reparo. Él también había sufrido al ver la desilusión en el rostro de su hermano cuando le acusaron injustamente. También, por mucho tiempo, le atormentó herir a la mujer que durante su infancia le regalaba botellas de leche. Era otro tipo de sufrimiento, pero, después de todo, lo era.

El médico esperó la respuesta de Shizuo, pero este no replicó. Heiwajima retomó su posición anterior y, dándole una profunda calada al último de sus cigarros, afirmó una y otra vez que, si bien era un monstruo, Izaya también. Un monstruo de los más astuto y vengativo.


N. del A. Muchas gracias por sus comentarios y también por los "Follow/Fav".

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