CAPITULO 8
28 de FEBRERO de 1988
Once años de edad.
No puedo dormir.
He estado aquí mirado al techo desde que me acosté hace dos horas. No quiero dormirme porque tengo miedo de lo que pueda ocurrir. Creo que voy a desaparecer nuevamente. Ahora puedo recordar lo que sucedió la última vez, sé lo que debo buscar y puedo sentirlo.
El extraño y profundo vacío que sentí la tarde antes de mi verdadero cumpleaños número ocho ha vuelto. Ese sentimiento de perder algo, esa conexión que parece que tengo con Edward, todo ha regresado. Es más fuerte que antes y necesito todo lo que tengo dentro de mí simplemente para quedarme en mi cuarto y no ir a él.
Ahora es demasiado tarde y se me ha acabado el tiempo para poder explicárselo.
Nos vimos hoy, pero no se dijo nada. Quería hacerlo, realmente quería decirle lo de esta noche, lo que sabía en mi interior que iba a suceder. Pero no pude, porque tenía demasiado miedo y no quería que pensara que soy rara, o que estaba loca, o que era alguien de quien debía alejarse.
Sólo quisiera encontrar una manera de hacerle saber que mañana cuando despierte y ya no esté aquí, que realmente no lo he abandonado. Que el que desaparezca no es decisión mía y que haré todo lo que pueda para encontrarlo de nuevo. Aunque no tengo idea de cómo va a suceder eso, especialmente ahora. Sé que mañana, no lo recordaré.
Ni siquiera me había dado cuenta de que eso era lo que había sucedido hasta que lo encontré nuevamente hace dos años. No me di cuenta que había olvidado a la persona que era mi mejor amigo. ¿Cómo es posible que todos esos recuerdos estuvieran aquí, pero enterrados tan dentro de mí, que ni siquiera puedo encontrarlos?
Y todos estaban ahí, ellos estaban esperando ser encontrados. Esperando hasta que encontrase a Edward. Porque cuando encuentro a Edward, el de alguna manera los libera. Es como si él fuese la llave a todos mis recuerdos y no tengo idea de cómo o por qué, pero más que nada, no tengo idea de qué es lo que sucederá la próxima vez.
¿Qué sucede si no lo encuentro otra vez?
Toc
¿Me quedaré sin recordar?
Toc.
¿Me encontrará de alguna manera?
Toc.
¿Qué si no nos volvemos a encontrar?
Toc, toc.
Me siento en la cama, escuchando el sonido.
Toc.
Y luego sonrío porque sé lo que es, quien es. Deslizándome de la cama, pongo mi rostro por la ventana, las persianas se encuentran abiertas, justo cuando Edward tira otra roca pequeña desde la ventana de su habitación.
Levanto la mano y lo saludo, veo como sonríe y me devuelve el saludo. Luego cierra la ventana y sostiene un pedazo de papel para que yo lo vea. Entrecierro los ojos para intentar ver con la luz de la lámpara de la calle lo que está escrito en grandes letras negras.
¡No abras la ventana está muy frio!
Sonrió, levantando el dedo pulgar antes de correr a mi escritorio, tomar un montón de papel y mi marcador para poder escribirle también.
¿Qué haces despierto? le pregunto.
Edward sonríe al leer mi nota antes de escribir su respuesta.
No puedo dormir. ¿Y tú?
Lo mismo. Le contesto, sabiendo que es más que eso.
Veo como Edward me sonríe antes de inclinarse para escribir.
¿Segura? ¿Tal vez sólo estás emocionada por lo de mañana?
Niego, sabiendo que es exactamente lo opuesto. Sé lo que traerá mañana, y aunque será mi cumpleaños, este no incluirá a Edward. Aunque no le contesto nada porque no quiero decir las palabras, Edward me mira por unos minutos como si estuviese tratando de adivinar lo que estoy pensando. Quiero abrir la ventana y gritarlo todo. Gritar en el frio aire todo lo que está a punto de sucederme. Pero no lo hago.
Edward me sonríe de nuevo y vuelve a escribir algo. Espero a que termine y cuando lo levanta, no puedo evitar sonreír.
¿Quieres tu verdadero regalo de cumpleaños, no es así?
Mis ojos se deslizan del papel que está sosteniendo a su rostro. Él me está sonriendo y estoy bastante segura que le estoy sonriendo también. Recuerdo el último verdadero regalo de cumpleaños que me dio. Ha estado asentado ahí, en la parte trasera de mi mente, desde que todos mis recuerdos de él regresaron.
Un beso.
He estado esperando otro desde entonces, retándome a darle uno. Desearía poder, pero una parte de mi ha estado demasiado asustada, lo cual es estúpido, porque es Edward de quien estamos hablando.
Edward inclina su cabeza hacia mí y me doy cuenta de que aún está esperando mi respuesta. Asiento, levantando de nuevo mis pulgares en caso de que no pueda verme. Edward sonríe otra vez y se da la vuelta para escribir algo. Cuando lo levanta para que lo vea, repentinamente todo el aire sale rápidamente de mis pulmones. Siento que mi corazón se detiene, justo dentro de mi pecho y es como si todo a nuestro alrededor hubiera dejado de moverse.
Es como si de alguna manera él se encontrara congelado en el tiempo.
Veo las palabras, las miro fijamente mientras se encuentran presionadas contra el vidrio de su ventana. Letras grandes, gruesas y negras que no tenían miedo, o se sentían asustadas, o preocupadas. Ellas estaban haciéndome una pregunta.
¿Serías mi novia?
Y ahora estaban esperando mi respuesta. Sé cuál es mi respuesta, sólo tengo que encontrar la manera perfecta de decirle, especialmente esta noche. Quiero que sepa que sólo hay una respuesta a su pregunta y ésta siempre será la misma, aun cuando ya no esté aquí mañana, o el día siguiente o el día después de ese.
La respuesta seguirá siendo la misma por todo el tiempo que me tomase volver a encontrarlo. Y luego aún más allá.
Miro el rostro de Edward. Ya no está sonriendo, él está simplemente observándome y esperando. Necesito darle mi respuesta y justo cuando estoy a punto de escribirlo, lo escucho.
Beep. Beep. Beep.
La estúpida alarma que le puse a mi reloj, advirtiéndome de lo que sucederá esta noche. Como si pudiera olvidarlo.
Siento un bulto en la garganta y automáticamente levanto la mano, mis dedos presionándose contra el vidrio, deseando que Edward se detenga y espere, esperando que el tiempo se congele para mi otra vez. Que me diese un segundo o dos más para poder hacer esto. Me volteo hacia mi reloj, está sobre la mesa al lado de mi cama, rogándole para que se detenga, pidiéndole retroceder. Pero no lo hace y me volteo hacia Edward, el sonido continuo, recordándome que el tiempo no se detendrá esta noche, sino que se está acabando.
El aún está esperando por mi respuesta y en lo que comienzo a asentir, mientras digo la palabra, accidentalmente parpadeo.
Y cuando mis ojos se abren, Edward se ha ido.
Y no tengo idea si él sabe que dije sí.
