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Perdona la tardanza mi estimado lector, he tenido que atender otros asuntos, pero espero que este capítulo sea de tu agrado.

Muchas gracias por todos tus comentarios.

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N/A:

.Los tokages son dinosaurios salvajes o domesticados que existen en el mundo de Usagi Yojimbo.

.El masaje Shiatsu es un masaje terapéutico antiguo que se utiliza en Japón para fines de salud aún en la actualidad.

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Disclaimer: LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a Leonardo desde hace 22 años. Yo escribo exclusivamente para hacer pasar un rato agradable a quien sea que se tome su tiempo y pase a leer mis divagaciones.

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CUENTA CONMIGO

Después de la ducha y un ligero pero suculento almuerzo, Leonardo preparó rápidamente el cuarto de baño para acondicionarlo para la sesión de masaje con el que va a consentir a su invitado.

Justo ahora, Usagi, llevando puesta únicamente una toalla atada alrededor de su cintura, yace sobre un catre boca abajo apoyando su cabeza sobre sus brazos, y Leonardo está vestido con una camiseta y pans blancos olvidándose por unos momentos de sus protectores y bandana.

Leonardo ha hecho toda esta delicada labor en silencio. Ha descubierto que cada músculo y articulación están terriblemente rígidos.

Varios minutos después, empieza a dar masaje en los tiesos hombros blancos.

- Oh… – Usagi se queja, lo que no le sorprende a Leonardo; la mayor rigidez se concentra en los hombros.

- Usagi, has estado acumulando una gran tensión. –

Leonardo espera que sea el momento adecuado para iniciar la charla.

- Mmh. – con los ojos cerrados, es todo lo que responde Usagi porque, conforme las manos de Leonardo van masajeando sus músculos, la rigidez va cediendo poco a poco.

- ¿Has encontrado muchos obstáculos en tu recorrido del musha shugyo [viaje del guerrero]? -

- Mmh. -

- Imagino que también ha sido complicado que te contraten como yojimbo [guardaespaldas]. -

- Mmh. –

Leonardo sabe que Usagi es un ronin, un samurái que no permanece mucho tiempo en alguna aldea o pueblo; recorre los caminos de su tierra dependiendo de la amabilidad de los extraños para obtener alojo y comida, pero siempre dispuesto a ayudar a los indefensos con honestidad y generosidad, aunque también ofrece sus servicios como guardaespaldas a cualquier gobernador que lo solicite. Quizás Usagi lleve una vida de vagabundo, pero es educado, valiente, fuerte y honorable porque fue instruido por uno de los mejores espadachines de su mundo y época, un león samurái llamado Katsuichi.

- Quizás hasta un simpático tokage debe darte un buen susto de vez en cuando, ¿no? A nosotros nos suele pasar aquí abajo, pero son otros animalitos que no tienen que ver con dinosaurios como los tokages. -

- Mmh. -

La vida de Usagi es difícil: No tiene una familia porque sus padres ya no viven, y no tiene hermanos ni hermanas; no tiene un clan porque su Maestro tampoco vive y sólo lo entrenó a él, así que no hay más discípulos; no tiene ni siquiera una mascota, aunque tuvo un pequeño tokage que se llamó Spot; esto apenas se lo contó ese día que le hizo la visita sorpresa.

- ¿Has pensado en tener otro tokage? –

Spot le hizo compañía a Usagi en su "vagabundez" por un tiempo; quizás no sea mala idea que tenga otra mascota.

- Mmh. –

Una mascota podría hacerle compañía a Usagi en su solitario viaje de autoaprendizaje, pero como el mismo Usagi le dijo, puede haber días y noches de vasta soledad, pero gracias a sus viajes, ha hecho amistades en muchas partes.

- Y gracias al viaje que emprendiste al Nexo de Batalla, nos hemos conocido. –

- Mmh. -

Leonardo sonríe. Poco a poco ha ido a desapareciendo la tensión de los hombros de Usagi al igual que en todo su cuerpo.

Ya que ha notado que Usagi no tiene la más mínima intención de contarle el problema que le aqueja, Leonardo ha decidido hacerle algunas preguntas discretas, pero para eso necesitaba crear un ambiente reconfortante como lo puede ser una estancia improvisada de masajes, pero su plan está funcionando demasiado bien: Usagi está tan relajado, que no está prestado atención a ninguna de sus preguntas ni comentarios; así no obtendrá la respuesta aunque le pregunte directamente por qué en momentos está tan triste.

- Ya casi termino. – Leonardo deja de masajear los hombros – Onegai shimasu [Por favor}, siéntate. -

Usagi se incorpora y Leonardo le ayuda a sentarse porque pareciera que no tiene la fuerza para hacerlo por sí mismo; así de relajado está.

- Todos los dolores que aquejaban mi maltrecho cuerpo han desaparecido. – Usagi dice muy agradecido.

- Me complace que la terapia te haya ayudado, aunque lamento obligarte a moverte si estabas tan cómodo, pero necesito que estés sentado para poder ocuparme de tu cabeza, claro, si me permites retirar la cinta que ata tus orejas. –

Usagi asiente.

Leonardo rodea el catre para quedar a espaldas de Usagi, y con cuidado, va desenrollando la cinta de la cabeza de él; antes de quitarla del todo, con una mano sostiene las orejas y con la otra retira la cinta, la deja a un lado, y con ambas manos, poco a poco va dejando caer las orejas hasta que tomen su posición natural; afortunadamente no tienen una marca hecha por la atadura, Usagi es cuidadoso al amarrarlas. Coloca sus manos con sumo cuidado sobre la cabeza de Usagi porque las orejas son una zona muy sensible; lo sabe porque su Maestro también lo es.

Comienza.

Percibe tensión y dolor incluso en la cabeza del samurái.

- Lo siento. El dolor pasara pronto. –

Mientras utiliza sus manos para desaparecer la dolencia en la cabeza de su amigo, Leonardo está pensando, aprovechando que Usagi está atento, en cómo hará la crucial pregunta.

- Se siente muy bien. – dice Usagi con voz apacible.

- Como sabes, este tipo de masajes estimula el sistema inmunológico y ayuda a restaurar el equilibrio entre los diferentes sistemas del cuerpo y a la armonización del cuerpo y la mente. –

Usagi lo sabe, pero lo que no sabía es que, Leonardo, a su edad, sepa de este masaje terapéutico que le está aplicando.

- Sabes muchas cosas, Leonardo-san. -

- Me gusta aprender sobre todo lo que pueda ayudarme en la formación de mi cuerpo, de mi mente y de mi espíritu, porque no quiero volver a sentir miedo como cuando era niño, ni tampoco furia como cuando… tú sabes. -

Usagi no necesita explicaciones detalladas, sabe perfectamente a qué se refiere su amigo: Leonardo no quiere volver a sentir un miedo paralizante ni una rabia desquiciada, porque lejos de perjudicarse a sí mismo, perjudica a su familia.

- Tu espíritu es fuerte, Leonardo-san. -

- Creo todavía tengo mucho que aprender. -

- Mucho. – Usagi se gira para mirar a Leonardo, así que Leonardo ya no puede seguir masajeando su cabeza – Aún no eres capaz de evitar que lo que habita en tu corazón no escape por la cristalina ventana de tu alma. –

Los ojos café claro de Leonardo le muestran a Usagi que no ha comprendido sus palabras.

- Leonardo-san, - Usagi coloca una mano sobre el hombro de su amigo – tu mirada me ha dicho todo el tiempo lo preocupado que estás por mí. –

- Ehhh… - su plan ha sido descubierto - ¿En serio? –

- Hai. -

- Tengo que trabajar en ello. –

- Es importante para un guerrero no mostrar sus sentimientos a través de sus acciones, palabras, y sobre todo, su mirada, porque, como has visto, he descubierto lo que has pretendido desde que me invitaste a tu clan de recitación. -

- Definitivamente tengo que trabajar más en ello. –

- Eres un aprendiz excepcional, Leonardo-san. En mi mundo, guerreros que tienen tu misma edad no puede ufanarse de tener una formación tan avanzada como la que tú posees. Puedes lograr esto y otras técnicas extraordinarias con facilidad. No dudo que pronto conseguirás no mostrar tan abiertamente tus emociones. -

- Pero nada de lo que aprenda me sirve si no puedo ayudarte. – dice Leonardo con tristeza.

- Me has ayudado mucho, amigo, permitiéndome beber contigo, comer contigo, reír contigo, estar contigo y con tu familia. Tú y tu familia reconfortan mi apaleada alma. -

- Pero si me dijeras cuál es tu pena… -

- No. Tú tienes una familia por la que procuras su cuidado; no deseo poner más peso sobre tus hombros cargando también con mi pesar. –

La gran seguridad en las palabras de Usagi casi convence a Leonardo de que no debe seguir preocupándose por él, que sea cual sea el problema que tiene está bajo control; casi, porque Usagi le ha hablado a Leonardo con la misma seguridad que tiene un hermano mayor cuando le dice a su hermanito que no hay ningún monstruo viviendo bajo su cama; pero Leonardo no es el hermano pequeño.

- No Usagi. – dice en voz baja pero con decisión – No se trata de que yo cargue contigo, se trata de que tú me compartas la desdicha que oprime tu corazón, porque es un dolor tan grande, que no has sido capaz de ocultarlo. Llevando la desdicha entre los dos, será más ligero su peso. -

Usagi no dice una palabra más.

Leonardo espera no haber ofendido al orgulloso samurái, pero al parecer no.

Usagi baja su mano del hombro de Leonardo lentamente; Leonardo capta un ligero temblor en ella, también ve que los ojos rojos de Usagi delatan vacilación.

El hermano mayor, al asomarse bajo la cama de su hermanito, ha visto deslizarse algo; ya no está seguro de sus propias palabras.

- Watashi… [Yo…]– comienza a decir Usagi con atropelladas palabras, sin embargo, repentinamente una de sus orejas se mueve apuntando hacia la puerta del baño, después gira la cabeza.

Leonardo también mira hacia la puerta del baño.

Ambos oyen murmullos desde el otro lado.

- ¡No empujen! -

- ¡Es que acaparas toda la puerta! -

- ¡Porque quiero saber de qué están chismoseando!

- ¡Los demás también tenemos derecho de informarnos, pero por estar discutiendo, ninguno lo ha logrado!

Usagi y Leonardo se miran.

A Leonardo le duele descubrir, en los ojos rubí de Usagi, que la pequeña apertura que había conseguido abrir en la muralla que ha levantado alrededor de sus emociones, Usagi ha conseguido repararla; ahora esa mirada de rubí le pregunta qué es lo que va a hacer con los espías.

Leonardo controla la frustración que lo está embargando por no haber previsto la intromisión de sus hermanos; pocos segundos después, pensando con esperanza que ya habrá otra oportunidad para hablar con Usagi, le dedica una sonrisa traviesa a él.

Usagi comprende al instante.

Miguel Ángel, Rafael y Donatelo continúan peleando por el estrecho espacio de la puerta del baño para poder escuchar lo que sucede en su interior, cuando Donatelo oye algo.

- Silencio. –

- ¿Qué? –

- Eso. Silencio. Ya no se escucha ninguna conversación. –

- O sea que ya nos cacharon. –

- Probabl… -

Las tres tortugas fisgonas se llevan una enorme sorpresa, cuando de pronto se abre la puerta del baño y…

- ¡AAAAAHHHHH! –

… una enorme ola los derriba y los arrastra consigo.

- ¡AAAAAHHHHH! –

Rafael, Donatelo y Miguel Ángel son arrastrados varios metros por el agua hasta que pierde fuerza y la ola se convierte en un gran charco sobre el quedan las tres empapadas tortugas.

- ¡¿Qué quelonios…?! –

- ¿Cómo es posible que se haya acumulado tanta agua en el baño? ¿Estaría inundado? –

- No la haces para fontanero, Doni. –

Los tres se ponen de pie escurriendo agua.

- No hay fuga en el baño. - llega Leonardo (procurando no mojarse en el charco); junto a él está Usagi vistiendo una bata y sus orejas las ha atado de nueva cuenta – Ha sido mi implacable venganza porque se burlaron de mí por llegar ebrio a casa, cuando en realidad no estaba ebrio. –

- ¿Darnos un baño es tu forma de vengarte? – pregunta Rafael por la venganza tan simple.

- No. – se vuelve hacia Usagi; Usagi le entrega un celular – Captar la expresión de sus caras cuando vieron que venía la ola ha sido mi dulce venganza. -

Leonardo y Usagi miran en la pantalla del celular la fotografía que fue tomada con éste.

- ¡Jajajajaja! – el ninja se ríe.

- Es una imagen muy graciosa. – dice el samurái con una enorme sonrisa.

- ¡Dame eso! – Rafael amenaza a Leonardo, pero la amenaza no se queda sólo en palabras, se abalanza sobre él.

Leonardo, sostenido el celular, echa a correr, pero no se aleja demasiado a pesar de la terrorífica mirada dorada de Rafael.

Rafael estira un brazo para arrebatarle el celular a Leonardo, pero…

- ¡Usagi! – Leonardo le arroja el celular; Usagi lo atrapa sin problemas.

Rafael ahora corre hacia el conejo samurái.

- ¡Orejón, dame ese celular si sabes lo que te conviene! -

En un parpadeo, Rafael está frente a Usagi, pero Usagi no huye, esquiva ágilmente una y otra vez las garras color verde esmeralda que quieren apresarlo, hasta que arroja de vuelta el celular a Leonardo.

- ¡Myured! -

Leonardo cacha el celular, así que Rafael debe ir tras Leonardo, pero él no echa a correr, espera a Rafael y continúa esquivándolo cuando busca quitarle el celular.

Miguel Ángel y Donatelo ya han entendido lo que hace Leonardo: se está divirtiendo a expensas de Rafael.

- ¡Aquí Leo! – Donatelo le grita porque quiere participar en el juego.

Leonardo arroja el celular…

- ¡Gintsu! -

… pero a las manos de Usagi.

Donatelo con tristeza, ve pasar el celular por sobre la cabeza de Rafael.

- ¿Gintsu? – Usagi atrapa el celular pero le pregunta a Leonardo por el "nombre" tan curioso con el que le ha llamado.

Leonardo se encoge de hombros; esperaba que fuera un buen apodo para su amigo ya que él le ha llamado por el suyo.

Rafael va de regreso con el conejo blanco, pero se detiene abruptamente a medio camino.

- ¡Maldición! -

Ya se ha dado cuenta de que están jugando con él; se gira y, tras lanzarle a Leonardo una gélida mirada, va a la sala, donde se encuentra Splinter mirando la telenovela de la tarde.

- ¡SENSEI! – Rafael llama a gritos a su Maestro.

Miguel Ángel y Donatelo también van a la sala.

Splinter ya había escuchado el alboroto, pero es hasta que comienzan los anuncios comerciales que voltea a ver qué travesura han hecho sus niños. Lo que descubre primero, es que Donatelo, Miguel Ángel y Rafael están completamente empapados.

- ¡Sensei! – Rafael llega muy furioso a espaldas del sofá en el que se encuentra sentado Splinter - ¡Leo y su amigo Orejón han hecho un reguero de agua! –

Splinter mira más allá de donde están sus tres hijos. Observa, además de un gran charco de agua, a Leonardo y Usagi que se miran con una sonrisa cómplice.

Puede ser que Leonardo haya tirado el agua, después de todo, con tres hermanos tan inquietos es muy difícil no dejarse llevar por la diversión, pero, ¿Usagi? ¿Cómo ha sido posible que el joven samurái haya arrojado al drenaje las enseñanzas del arte milenario que ha forjado su carácter y le ha permitido convertirse en el extraordinario guerrero que es, para convertirse en otro chico revoltoso?

Leonardo siente la mirada de su Maestro, y voltea a verlo.

- ¡Gomen nasai Sensei [Perdón Maestro]! Ahora mismo seco. –

Splinter mira al amigo de su hijo. A Usagi ya no le rodea esa aura de melancolía que percibió en el momento en que llegó. Se alegra que su hijo sea el responsable de su mejoría aunque haya tenido que recurrir a una pequeña broma para sus hermanos.

Aprueba con un asentamiento la propuesta de su hijo mayor y vuelve su atención a la telenovela.

- ¡Sensei! – dice Rafael - ¿No lo va a castigar? –

- Ie [No] – dice Splinter sin apartar la vista de la televisión – Tu niisan [hermano mayor] va a limpiar. –

- ¡Pero Sensei…! -

- Leo ha admitido que ha sido el responsable. – Donatelo dice – y, ciertamente, Leo no requiere supervisión para reparar el desastre que ha hecho. –

- Sí. – dice Miguel Ángel – Leo no es como tú, Rafita. -

- Ni como ustedes. -

Miguel Ángel, Donatelo y Rafael se giran para comprobar que Leonardo ya debe tener en mano un trapeador y una cubeta, pero Leonardo ni Usagi están. Vuelven hacia el charco de agua.

- Seguro fueron a hacer otra cosa más divertida – dice Rafael pensando en que Leonardo no es tan responsable como presume – que secar el desastre que hic… -

Pero no hay agua; el enorme charco de agua ha desaparecido, no hay ni una sola gota, salvo el agua que todavía escurre de los cuerpos de las tres tortugas.

Rafael mira con el seño fruncido, Miguel Ángel rasca su cabeza y Donatelo frota su mentón tratando de entender cómo ha desaparecido tanta agua en cuestión de segundos.

- A lo mejor Usagi – dice Miguel Ángel – usó uno de sus trucos, como el que nos contaste, Doni, que usó cuando Leo estuvo en la enfermería del Multiverso. -

- Posiblemente. –

Donatelo va hacia el baño; Rafael y Miguel Ángel lo siguen.

Encuentran que el baño está totalmente seco, salvo alrededor de la rejilla por la que se va el agua de la regadera; por ahí Usagi debió arrojar toda el agua.

Leonardo y Usagi tampoco se encuentran ahí.

- Usagi guarda muchos secretos. – dice Donatelo.

- Yo diría – dice Miguel Ángel - que ese par de espadachines guardan muchos secretos: no nos han contado a dónde fueron anoche; aparte, ¿qué fue todo eso de "Minosequé" y "Ginoséque"?… -

- Leo llamó a Usagi "Gintsu", - interrumpe Donatelo – que en japonés significa "Destello de Plata". Por su parte, Usagi llamó a Leo "Myured", y aunque no estoy seguro de su significado, al parecer, ambas denominaciones son apodos. -

- Apodos, claro. Nosotros también deberíamos tener apodos… - Miguel Ángel se queda pensativo y se olvida de lo que estaba hablando.

- Mikey, concéntrate. – le dice Donatelo con frustración.

- ¡Ah sí! A lo que iba es que no sabemos a dónde fueron anoche, no sabíamos que tienen apodos, y ya se nos desaparecieron y ni dijeron a dónde van, otra vez. ¿Por qué tanto misterio? –

- Porque son unos 'gachos'. – dice Rafael con resentimiento – No quieren incluirnos en su club privado, pero yo no los necesito para divertirme. –

Rafael echa a andar.

Donatelo y Miguel Ángel se miran. No saben que pretende Rafael, pero van con él.

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Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, aplausos, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, jalones de oreja, etc., etc., todo es bienvenido.

Muchas gracias por tomarse su tiempo y leer mi fic.

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