Capítulo 9

Isabella comenzó a despertar y abrió los ojos. Se dio cuenta de que no estaba en su habitación, ni en casa de los Cullen. Cuando se giró y vio a Edward dormido a su lado y sin ropa, recordó todo lo que había pasado la noche anterior. Se sonrojó al recordar la forma en la que Edward la tocaba y lo que la hacía sentir. Se puso de lado, viendo a Edward dormir. Se acercó y comenzó a acariciar su pecho. Edward sonrió en sueños e Isabella también sonrió. Se acercó más y comenzó a dejar besos, Edward se movió y después abrió los ojos.

"Buenos días." Susurró ella, subiéndose sobre él, solo el tórax. Edward movió los brazos y la abrazó.

"Muy buenos días." Comenzó a acariciar su espalda e Isabella se acercó más para besar su cuello. Edward reaccionó y la puso debajo de él. La besó en los labios y pasó por su cuello y su clavícula. "Ayer llamó Alice." Dijo él mientras bajaba sus manos por los costados de Isabella.

"¿Qué dijo?" Isabella estaba empezando a perder el hilo de sus pensamientos.

"Preguntó por ti." Edward puso una de sus manos en uno de los senos de Isabella provocando que soltara un gemido. "Le prometí que te llevaría a su casa en cuanto despertaras."

"No me quiero ir todavía." Dijo abrazándolo.

"¿Quién dijo que ya habías despertado?" Dijo Edward con una sonrisa de lado, ella sonrió también. Isabella sintió una sensación horrible en la garganta y se alejó de Edward. Comenzó a toser y toser. Edward se asustó y fue a su lado. "¡Bella, Bella, dime por favor que hago! ¿En qué te ayudo?" preguntó desesperado. Isabella había comenzado a ponerse morada por la falta de aire.

"Necesito…" siguió tosiendo y tenía una mano en la garganta y la otra en la boca. Le dolía tanto la garganta que ocasionó que comenzara a llorar. "…papel." Siguió si poder controlarlo y Edward inmediatamente corrió al baño por papel. Se lo entregó e Isabella se tapó la boca, Edward le ofreció agua y ella lo tomó, aun batallando un poco, pues la tos no se había detenido del todo. Edward tomó el papel de la mano de Isabella y vio que tenía sangre. Lo tiró y se apresuró a volver al lado de Isabella. Ella ya estaba mejor, pero su garganta le dolía mucho aun. La desesperación de no poder respirar la hizo llorar. Recargó la espalda en el respaldo de la cama y se abrazó las piernas, llorando.

"Bella, amor. No llores. ¿Ya estás bien?" dijo Edward aun un poco asustado. Ella asintió y Edward la abrazó. "No vuelvas a asustarme así. No sabes lo que le ocasionas a mi corazón." También tenía ganas de llorar y desahogarse, pero tenía que ser fuerte para ella.

Se vistieron y se dirigieron a casa de Alice, ella estaba fuera de la casa esperándolos. Se bajaron y ambos estaban serios. Alice lo notó y corrió al lado de Isabella.

"¡Isabella, lo siento tanto! De haber sabido te prometo que los corría de la casa." Alice se acercó y la abrazó. Pero Isabella no respondió su abrazo. "¿Qué sucede? ¿Te sientes mal?" Isabella derramó lágrimas y asintió.

"Olvidé mis pastillas de la mañana y…" se giró para mirar a Edward, quien se había alejado un poco de ellas. "…tuve un ataque." Alice lo entendió de inmediato. Habían pasado por eso antes de que Isabella se acostumbrara a tomar sus pastillas.

"Lo siento tanto." La abrazó y después fue con Edward. "No te preocupes Edward, estará bien. Es solo algo que pasa." Lo abrazó y él lo respondió con un suspiro profundo.

Cuando entraron a la casa ahí estaba Helena. Se disculpó con Isabella por lo del día anterior y ella aceptó sus disculpas, después de todo no era su culpa que sus padres la odiaran.

"¿Estás bien querida? Te ves algo pálida." Dijo su tía acariciando su mejilla.

"No es nada, solo parte de la enfermedad."

"No quería tener que decirte esto pero, tendré que irme de nuevo. Ahora es por el trabajo, tus padres se marcharon ayer sin decir nada." Helena se sentía mal por tener que dejarla sola, pero sabía que era fuerte.

"De hecho Isabella…" dijo Alice nerviosa y retorciendo los dedos. "Mis padres y yo también nos tenemos que ir, mi padre tiene algo muy importante y es familiar. Te quería invitar pero por lo que pasó la otra vez en Nueva York, preferí no arriesgarlo. Espero que no te importe que haya invitado a Jasper."

"No para nada, no se preocupen ninguna de las dos." Isabella seguía algo preocupada por la reacción de Edward sobre su ataque. No había dicho absolutamente nada desde que ocurrió.

"Es solo que me siento culpable, no quiero dejarte sola." Dijo Alice, de verdad se sentía culpable, pero era un viaje que no se podía perder.

"No va a estar sola, yo voy a estar con ella." Dijo Edward con voz algo dura. Isabella lo notó y se sintió mal.

"Muchas gracias Edward." Agradeció Alice, lo abrazó y subió para terminar de hacer sus maletas.

Esa misma tarde todos se fueron, dejaron a Isabella quedarse en casa de los Cullen. Edward estuvo con ella hasta que se fueron, pero estaba serio y callado. Se sentaron en la sala de la casa de Alice y comenzaron a ver una película. Edward se sentó en un extremo del sofá e Isabella en el otro.

"Edward dime de una vez qué es lo que te pasa. No soporto tu silencio." Dijo Isabella acercándose.

"No es nada Isabella, ya te lo dije." La había llamado por su nombre completo y eso le dolió como si la hubiera ofendido.

"¿Es acaso que te arrepientes de lo de anoche?" Dijo una de sus teorías en voz alta, sus ojos estaban llorosos.

"Sabes que no es así." Dijo aun sin mirarla.

"Entonces dime qué es. Por favor."

"Es solo que…" Edward suspiró profundo y por fin la miró a los ojos. "Fue muy duro ver… ver algún signo tan fuerte de tu enfermedad. Es decir, en otras ocasiones te vi débil y tal vez batallando un poco con la respiración. Pero el verte ahogando con tu propia tos y con tu propia sangre…" meneó la cabeza con desagrado al recordarlo.

"Lo siento Edward, no fue mi intensión que vieras que de verdad estoy muriendo." Dijo Isabella algo irritada, pero aun con lágrimas.

"No lo digas así, no es fácil pensar en eso."

"¿En serio? ¿No es fácil para TI, pensar en MI muerte?" Isabella rió con amargura y se giró.

"Es fácil para ti decirlo, no eres tú quien va a perder a alguien."

"¡Eso es estúpido Edward! Soy yo la que voy a morir, tengo miedo de saber qué es lo que sigue después. Tengo miedo de no poder volver a verte después. Si sientes que soy una carga, ¿Por qué no te vas?"

"Aun no encuentro la respuesta." Dijo en un susurro, pero aun así lo pudo escuchar.

"Bien, esto es genial. Ya dormiste conmigo, ¿Qué más te puedo ofrecer? ¿Sabes algo Edward? No quiero volver a verte, creí que de verdad me amabas."

"No seas injusta, lo hicimos porque tú decidiste que querías, no yo." Isabella se hizo para atrás, como si le hubieran dado una bofetada, o un golpe en el pecho.

"¿A caso no significó nada para ti? Yo tenía razón, la tuve hace unos momentos, cuando dije lo de que no tenía nada más para ofrecerte." Isabella se tapó la boca horrorizada. Edward tardó en contestar y eso le dio a entender que tenía razón.

"Sabes que no…"

"¡No te atrevas a negarlo, en el fondo siempre supe que eras como todos los demás! ¡Te odio Edward Masen, y no quiero volver a verte!" Se puso de pie y corrió escaleras arriba. Se encerró en su habitación y tenía la esperanza de escuchar que al menos la había seguido, pero no lo hizo.

Isabella siguió llorando por un rato más hasta que se quedó dormida. Se levantó deseando que todo hubiera sido una pesadilla, pero sabía que no era así. Trató de levantarse pero estaba muy débil. Tomó su teléfono y marcó.

"¿Hola?" contestó una voz que no se le hacía muy familiar.

"¿Se encuentra Jacob?" dijo con voz temblorosa.

"No, lo siento. Está de vacaciones. Soy su reemplazo, ¿necesitas ayuda?" Isabella lo pensó por un rato, sí era cierto necesitaba ayuda. Pero no estaba segura de querer pedírsela a un extraño.

"¿Podría ser posible que viniera a mi casa?"

"Claro, solo dame tus datos. Mi nombre es James." Isabella le dio los datos de la casa y James le dijo que estaría ahí. Cuando colgó vio con tristeza que no tenía ninguna llamada perdida, no había nadie en la puerta tampoco. Era verdad, todo lo que había pensado acerca de Edward, era cierto. Tocaron la puerta e Isabella se apuró a abrir, con la esperanza de que tal vez ahí estuviera. Pero no, era un joven de tez clara y ojos azules. Tenía una linda sonrisa, pero algo en sus ojos hacía que se le erizaran los vellos a Isabella. "Hola, soy James, tú debes ser Isabella."

"Sí, soy yo. Pasa." Dijo haciéndose a un lado. "Supongo que en el hospital te dijeron que tenía y lo que necesitabas, ¿cierto?"

"Claro, me aplicaron la vacuna hace dos años, para otro paciente. No fue necesario de nuevo. En cuanto al tapaboca, traigo en el auto."

"No será necesario, aquí hay. Lo único que necesito es alguien que me pueda ayudar a hacer comida y…" se sonrojó un poco. "…a comer. Supongo que en algunas ocasiones a…" Fue interrumpida, James puso uno de sus dedos en sus labios.

"No es necesario que me digas, cuando lo necesites entonces sí." Le sonrió y por alguna extraña razón Isabella sintió algo de miedo.

"Iré a mi habitación, necesito un poco más de tiempo para dormir."

"Si no te importa que te pregunte, ¿Por qué estás sola?" dijo James antes de que Isabella terminara de subir las escaleras.

"La familia con la que me quedo se tuvo que ir y mi novio…" bajó la mirada, quizá no debiera llamarlo novio. "…discutimos. Si llega a venir, por favor dile que pase a mi habitación. Su nombre es Edward." Sin decir nada más subió las escaleras y volvió a dormir.

James se quedó abajo, se sentó en el sofá de la sala y respiró profundo. Este tipo de ocasiones eran sus favoritas. Tenía dos años trabajando de enfermero particular y le encantaba, pues las mujeres enfermas y a punto de morir, eran las más fáciles. Le encantaba enamorar a las pobres chicas para dormir con ellas y después verlas morir. Su madre muchas veces cuando estaba pequeño, le dijo que no tenía corazón. Y quizá fuera cierto.

Por alguna razón desconocida, Isabella tenía algo especial y sabía que conseguiría dormir con ella antes de que sus familiares volvieran y de su novio se podía encargar. Tomaría su separación para su satisfacción. Antes de que pudiera seguir pensando en su plan, tocaron la puerta. Se levantó y abrió.

"Bella lo… ¿Tu quien eres?" le dijo Edward. No esperaba ver a otro hombre en casa de Isabella, no tan pronto. Pero al ver su ropa se dio cuenta de que era enfermero.

"Soy James, reemplazo de Jacob Black. ¿Se te ofrece algo? Isabella está dormida." Dijo con voz fría.

"Soy su novio, vengo a verla. Déjame pasar."

"Querrás decir el idiota que la dejó sola." Había puesto su macabro plan a trabajar. "Isabella llamó y se escuchaba alterada, cuando llegué a la casa no me abría la puerta por lo que entré por la ventana. Al subir a su habitación la encontré en el suelo, tosiendo y con sangre por todos lados. Tuve que cambiarla de habitación." Hizo cara de estar horrorizado de solo pensarlo y Edward se lo creyó. "¿Qué tipo de animal insensible eres?"

"Necesito verla, por favor." Estaba rogándole a un extraño dejarlo pasar a ver a su novia.

"Ella me dijo que no quería verte. Yo solo obedezco órdenes." Iba a cerrar la puerta, Edward se sentía tan culpable que dejó que se la cerraran en la cara. "¿Qué tipo de animal insensible eres?" Esas palabras se repetían en su cabeza una y otra vez.

James tenía razón, ¿Cómo se le ocurría dejar a la razón de su existencia, sola? Tomó su teléfono y marcó al celular de Isabella, pero nadie contestó. Quizá seguía dormida. Marcó al teléfono de la casa.

"¿Hola?" Era la voz de James.

"James, es Edward. ¿Está bien Isabella? Necesito hablar con ella."

"Escucha amigo, no quiero lastimarte. Pero creo que Isabella no va a querer hablarte por un rato. Está destrozada, en estos momentos la puedo escuchar sollozar en su habitación. Te recomiendo que le des su espacio."

"Tú no eres nadie para recomendarme cosas sobre mi novia. Por favor ponla en el teléfono." Su voz sonaba amenazante.

"No quería llegar a esto amigo, pero si sigues así tendré que colgar." Suspiró profundo, como si estuviera irritado, cuando en realidad estaba disfrutándolo. "Haremos un trato. Yo le digo que llamaste, si ella te regresa la llamada entonces bien, si no… te recomendaría que la dejaras."

Edward estaba desesperado, por lo que aceptó. Después de eso se recostó en su cama con un teléfono en una mano y el celular en la otra. Solo rogaba por que Isabella lo llamara. Había dicho muchas cosas sin pensar, o más bien, no había dicho nada. Y era lo que más había lastimado a Isabella.

¿Pero qué pasaría si cumpliera lo que dijo? "¡Te odio Edward Masen, y no quiero volver a verte!" ¿Qué si de verdad no quería volver a verlo? Sería insoportable para él. No podría seguir viviendo, no sin ella. Si se la iban a quitar de su lado pronto, no quería que su tiempo disminuyera aun más por una estúpida discusión. Pero quizá James tenía razón, darle su espacio por ahora era lo mejor.

Muchisisisísimas gracias a todas las que dejaron review, o pusieron la historia en favoritos, Alert, etc…

Espero que les haya gustado este capítulo, viene algo de emoción y peligro para Bella. Es decir, imagínense estar en manos de un enfermero loco obsesionado por ella. Terrorífico XD. Aunque si mi secuestrador se parece a James, yo misma me amarro. :P