¡Por fin actualizo! Ni yo me lo creo, ha pasado casi un mes desde que pude decir esta frase xD Lamento no haber respondido a los MP que tengo pendientes (o sea, todos xD), pero es que hoy me he sentado frente al ordenador y me he dicho "Magua, esto lo acabas hoy o no vuelves a pasarte por FF hasta que lo hagas", y claro está, me he obedecido y por fin he rematado este capítulo xD

¿Causas de mi tardanza? El instituto, los deberes, los exámenes, la vida social y la pereza (sobre todo la pereza XD) Pero como compensación el capítulo de hoy es más largo de lo normal (he calculado que sobre unos nueve o diez folios xP)

Por cierto, ya de paso aprovecho para agradecer los reviews de mi último one-short, muchas gracias, de verdad, y también lamento decir que no habrá continuación porque hice ese fic para que fuera así, vosotros ya continuáis la historia a vuestro modo xD

No me enrollo más, y les dejo con este capítulo que se me hace raro hasta a mí ._.

Las notas de nuestra canción.

En el capítulo anterior…

-¿No quieres jugar? –preguntó fingiendo el tono de un niño desilusionado.

-Marvel, sé que eres tú, ¡suéltame inmediatamente! –grité, estaba empezando a asustarme de verdad, aquello parecía ir en serio.

-No me apetece, aquí se hace lo que yo digo cuando yo quiero –murmuró, acercando sus labios a mi cuello y provocando que el bello de la piel se me pusiera de punta.

-¡Suéltame! –repetí, revolviéndome una vez más, pero aquello era solo una treta, ya que, interiormente, trataba de recordar las llaves de defensa personal que estudié cuando era pequeña.

-Juguemos –afirmó, más hablando para sí que para mí y comenzando a acercar sus labios a los míos.

Capítulo 9. Recuerdos para olvidar.

Mierda. No se me ocurría nada.

Sus labios pegajosos y húmedos se juntaron con los míos, y sus manos se deslizaron sobre mi cuerpo hasta llegar a la cintura, lugar en el que se detuvieron.

La desesperación se mezcló con el miedo y la impotencia, materializándose en lágrimas que recorrían mi rostro hasta llegar a la barbilla y precipitarse contra el suelo.

Llorar no me serviría para nada, huir me era imposible y aún no recordaba cómo diantres podría tirarle al suelo.

Notaba la rabia creciendo en mi interior, recorriéndome el cuerpo. Me conocía demasiado bien, si lograba liberarme, Marvel pagaría bien caras las consecuencias, pero lo peor no era eso, si no que cualquier otra persona que pasase por el lugar también se llevaría una reprimenda por mi parte.

Así era yo, enfadarme era relativamente fácil, pero nunca antes había sentido aquello en mi interior, era como si tuviera muchas ganas de salir de allí, de llorar y de gritar a la vez.

Era confuso.

Las manos atrevidas de Marvel bajando por mis pantalones me sacaron de mis ensoñaciones. Su aliento a alcohol y tabaco me golpeaba de lleno en el rostro y me hacía toser, lo que provocaba sádicas risitas por su parte.

Un golpe, un único y maldito golpe sería capaz de librarme de él.

Cerré los ojos con fuerza cuando sus manos volvieron a ascender y se adentraron por mi camiseta.

¿Dónde estaban los policías cuando se necesitan?

Y de repente, como caído del cielo, recordé un movimiento que me podría resultar útil, sólo necesitaba algo de suerte, y un poco de tiempo.

Deslizó las yemas de sus dedos por mi piel hasta llegar a mi ropa interior, momento en el que soltó algo parecido a un ronroneo gustoso, alegre por el hecho de que había dejado de oponer resistencia, pero entonces cometió el error que había estado esperando: tenía al guardia baja.

Con rapidez y violencia, me incliné hacia delante, ya que no podía mover las manos, y Marvel perdió su agarre durante unos decisivos instantes que me permitieron darme la vuelta.

Justo en ese imomento, le golpeé con fuerza en la entrepierna haciendo uso de la rodilla. El abanico de emociones que recorrió su rostro fue tan divertido como variado, pasando de la sorpresa hasta el dolor más agudo, que le hizo caer al suelo.

Poco dispuesta a permitir que volviera a levantarse y a arremeter sobre mí, le asesté una patada más en el costado, haciendo que emitiera una especie de gemido ahogado y muy agudo.

-Hemos terminado, Marvel, si es que alguna vez llegamos a empezar –sentencié con voz muy cortante, no quería volver a ver a ese pervertido y ebrio francés, por mí podía malgastar el resto de su vida tirado en una calle pidiendo limosna para comprar más bebidas.

En única respuesta recibí un nuevo quejido, ni siquiera una mirada después de aquellos meses de relación.

A mi espalda, la música asfixiante del bar, lo cierto es que tras aquella experiencia lo que menos me apetecía era entrar y ver a una feliz Saria divirtiéndose con Kevin, su chico perfecto. Y, para ser sinceros, no tenía ni la más mínima intención de ver si Link se había dignado a presentarse en la discoteca, tal como acordamos. Ese rubio y yo éramos historia.

Di media vuelta, dirigiéndome de vuelta a casa, mientras que rumiaba aquella última frase…. Link y yo habríamos sido historia si alguna vez hubiera habido algo entre nosotros, pero realmente no éramos nada, simplemente dos personas que se conocen y tienen una buena amistad que acaba siendo arruinada por cuestiones sentimentales.

"éramos historia", pobre ilusa de mí, incluso pensada esa frase me sonaba falsa.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Una vez tocaron a la puerta. Dos. Tres. Cuatro.

Siempre con la misma intensidad; siempre con la misma paciencia.

Aquella era la calma de alguien que sabe lo que va a hacer; la calma absoluta que sólo podría pertenecer a mi madre.

La ignoré una y otra vez hasta que finalmente, y para mi sorpresa, se rindió.

No me apetecía hablar con nadie, simplemente deseaba estar allí, sola, ocupando un espacio que pudiera haber estado perfectamente vacio en caso de que Marvel no hubiera realizado su "triunfal" aparición. Aunque, si uno lo piensa fríamente, aquello había sido lo mejor, nuestra relación había llegado hasta un punto sin retorno en el que la ruptura era inminente, sólo se necesitaba a alguien para dar el primer paso.

Escuché un sonido extraño, como si algo estuviera raspando la puerta de mi cuarto, y, para mi sorpresa, escuché como el cerrojo de esta se abría, y mamá entraba, con una sonrisa triunfante, mostrando una tarjeta con el logotipo de su banco actual como si fuera el truco maestro de un mago.

Bufé, aquello era realmente molesto, ¿tanto costaba tener unos minutos de autocompasión sobre una cama a solas?

Mi madre llevó la mano derecha hasta mi rostro, para colocar un mechón rubio rebelde que había abandonado su lugar original, luego me sonrió con cariño.

-¿Estás bien? –preguntó en voz baja, mirándome fijamente.

En ningún momento fui a contestar, conocía demasiado bien a mi madre, aquella era solamente una cuestión básica que ella solía realizar antes de empezar a hablar sobre el tema que realmente le interesaba, algo así como el protocolo a seguir en una cena.

-Zel, sabes que si te pasa algo, puedes contármelo, ¿tiene algo que ver con el cantante de la otra vez? –prosiguió, su sexto sentido no iba mal encaminado, pero en este caso mi confusión e ira la provocaban dos chicos a la vez.

Negué con la cabeza, era demasiado orgullosa como para permitir dejar ver que podría importarme algo relacionado con un hombre. Además, mi madre se sentiría decepcionada, a fin de cuentas, ella fue maltratada por un cantante, el hecho de que su hija se enamorase de otro era tan estúpido como humillante.

Soltó un suave suspiro, entre cansado y preocupado, que no me hizo sentir para nada mejor, ahora venía el peor momento: la frase. Mamá no era de aquellas mujeres que gritaban con rabia al enfadarse o que golpeaban a sus hijos, ella simplemente se limitaba a decir una frase; una corta pero compleja frase que me causaba más dolores de cabeza que mil broncas juntas.

-Cariño, ¿recuerdas la vez que te advertí que no cometieras el mismo error que yo? –inquirió, su mirada se perdió en los recuerdos y pude notar como se le nublaba la vista, seguramente estaba recordando a mi padre.

Asentí algo dudosa aunque feliz, al parecer, no habría frase por esta vez. Me aventuré a esbozar una leve sonrisa, y recordé la noche en la que me había dicho eso y yo llegué a la conclusión de que su error había sido enamorarse de un cantante como mi padre.

-Mi error –continuó, regresando al presente y mirándome con una extraña e intimidante intensidad-… mi error fue no ayudarle, no darle una oportunidad de volver a ser como siempre había sido, de colaborar en su salida de la bebida y de estar allí para lo que me necesitase, tal vez las cosas habrían sido diferentes –las últimas palabras las dijo en voz baja y quebrada.

La sorpresa que sentí fue indescriptible, ¿su error no fue enamorarse de papá? ¿No se levantaba cada mañana deseando haberse casado con otro hombre?

Noté una punzada en el corazón, aquello era doloroso y revelador. Link… ¿debería darle una oportunidad, intentarlo con él?

Antes de poder hablar más, mi madre se levantó y salió del cuarto, pero pude ver como una lágrima se deslizaba por su mejilla antes de cerrar la puerta tras de sí.

Hundí la cabeza en la almohada a la vez que la puerta se cerraba, necesitaba pensar, saber qué era lo que debería hacer con Link, conmigo y con nosotros como pareja. Aunque estaba vendiendo la piel del oso antes de cazarlo, ¿no me había rechazado él dos veces? ¿Qué me hacía pensar que entre nosotros dos pudiera haber algo?

Suspiré. Definitivamente, las charlas con mi madre siempre tenían un efecto muy negativo sobre las neuronas de mi pobre cerebro, seguro que en esos momentos apenas si me quedaban un par de ellas con vida.

El móvil comenzó a sonar, mi canción favorita rompió el silencio y dejé que continuara por completo, sumiéndome un sueño inquieto mientras que la última frase quedaba en aire, latente… What am I suppose to do when the best part of me was always you

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Por duodécima vez, el mismo single de The Script llenó con sus dulces notas la atmósfera vacía de mi cuarto, sus letras rasgaron la calma y me hicieron gruñir un par de blasfemias, ¿quién demonios era tan pesado? Apenas si serían las diez de la mañana y ya había recibido once llamadas antes que aquella.

Descolgué el teléfono, percatándome de que era Saria la que insistía tanto.

-¿Qué? –susurré de mala gana, mi voz sonaba ligeramente gutural, se notaba que acababa de despertarme.

-Dentro de cuatro días, el sábado, en la discoteca de la que huiste el otro día –soltó a toda velocidad, se escuchaba visiblemente acelerada, y pude notar unas suaves risitas masculinas a su lado… ¿Kevin? ¿Qué hacía en su casa tan temprano? Algo me decía que ni la chica de cabellos verdes ni el batería habían dormido mucho aquella noche-. Ya me contarás la razón.

-Pero… -comencé a protestar, esa conversación me recordaba ligeramente a la del otro día.

-Chao –se despidió simplemente, colgando el teléfono sin más, aunque pude escuchar la voz de Kevin antes de que se cortase la conexión, sonaba sensual.

Un escalofrío me recorrió la espalda, mejor no pensar en lo que estaría haciendo mi amiga en esos momentos.

Bufé una vez más y me arropé, aún era demasiado temprano, ya habría tiempo para pensar cuando mi madre derribara la puerta a golpes para asegurarse de que su hija no había entrado en un estado de hibernación en pleno verano.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-Puntuales –murmuré, incrédula, viendo como una Saria embutida en un bello traje rosado y un Kevin con ropa cómoda pero elegante caminaban hacia mí, sonriendo de vez en cuando.

Entramos en la discoteca, ya deberían ser sobre las once de la noche, y el ambiente comenzaba a estar cargado de olor a alcohol.

Aprovechando un despiste del batería pelirrojo, agarré a Saria del brazo y la separé de él.

-¿Has hecho algo por lo que deberías confesarte últimamente, inocente palomita? –pregunté en voz baja de forma bromista y feliz, apenas si pude contener una carcajada al ver el notable sonrojo de sus mejillas.

-Nada que tú no hubieras hecho con cierto cantante –rebatió, se notaba que lo hacía de forma jovial, pero no pude evitar sentir una punzada en el corazón.

Link… lo había apartado de mis pensamientos desde que charlé con mi madre y caí rendida por el sueño.

Solté a Saria muy despacio, una serie de escenas de lo vivido con el joven rubio se sucedieron en mi mente, haciéndome sentir aún más dolida.

-¿Zelda, estás bien? –inquirió Saria, preocupada, sacándome de mis ensoñaciones.

-S-Sí –respondí un tanto insegura, acto seguido me embargaron unas ganas enormes de acabar esa conversación, así que busqué a Kevin con la mirada y caminé hacia él, que lucía muy confundido por nuestra marcha- Vamos, tu novio nos espera –la apremié, sin mirarla, no me notaba con fuerzas como para hacerlo.

El pelirrojo recibió a su amada con alegría, y se dieron un par de cortos y dulces besos, para luego volverse hacia el escenario, aunque en aquella ocasión se tomaron la molestia de no sumergirse en su propia burbuja, y conversaron animadamente conmigo.

Apenas una quincena de minutos más tarde, comenzaron los preparativos del grupo, Kevin parecía haberse tomado unos cuantos días libres, ya que hacía bastante tiempo que no le escuchaba tocar su batería, y salieron a escena el guitarrista de The Lonely Lover, otro joven de cabello largo y negro con ojos ambarinos y un chico más, el que parecía tener la voz cantante, moreno y de pupilas color chocolate.

¿Dónde estaba Link? ¿Acaso había dejado el grupo y se había pasado a otro a cambio de un sueldo mayor o más comodidades? Lo veía poco probable, ya que sus colegas estaban en esta discoteca, pero todo era posible.

Pronto comenzaron los primeros acordes, y, bajo los aplausos del público juvenil, la voz del muchacho de melena marrón oscura empezó a cantar. Tenía buena voz, sonaba ligeramente rasposa, y me recordaba bastante a Antonio Orozco, gran cantante, de dulces melodías y aún más bellas letras.

Mientras tanto, pude observar como Kevin y Saria terminaban de apartarse del mundo, dejándome a un lado.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Volví a mojar los labios en la fresca y revitalizante bebida. Por todas las Diosas, qué bien entraba un buen mojito en el cargado ambiente de la discoteca. Aunque lo malo es que no sólo eran "un buen mojito", sino que ya llevaba recorriendo mi cuerpo un par de ellos más. El mundo no me daba vueltas, así que la cosa no iba tan mal, seguro que sería perfectamente capaz de aguantar uno más sin vacilar.

La embriagante y adormecedora bebida estaba, definitivamente, haciendo su trabajo, había conseguido apartar a Link de mi mente todo este rato, y la noche no se me estaba haciendo tan larga y monótona como esperaba, simplemente estaba resultando ser una velada a parte del mundo.

Volqué totalmente el vaso sobre mi boca, sintiendo el helado y a la vez ardiente contacto de los hielos, pero ni una sola gota más del dulce líquido llegó a mis labios, lo que me indicó que ya estaba vacío.

Solté un suave suspiro, ahora, tal como llevaba horas haciendo, tendría que moverme del sitio, caminar hacia la barra, pedir una nueva bebida, apartar a los muchachos más babosos y pesados (que me recordaban a mi novio), recoger el vaso, pagar al barman y retornar a mi sitio original. No parecía tan difícil.

Caminé dando algún que otro traspié hacia la barra, mantuve la mirada fija en el suelo para asegurarme de no tropezar, hasta que casi choqué con Saria y Kevin en uno de sus momentos de "contacto". Al alzar la vista para esquivarlos, mis ojos se encontraron con algo que me hizo detenerme en seco y apretar con fuerza el vaso que portaba en la mano.

Frente a mí, a unos metros de distancia, estaba un muchacho joven, de aproximadamente mi edad, con el cabello rubio genuino de Link, aunque este se encontraba desarreglado y sucio, parecía no haberse peinado en un par de días. Se encontraba sentado en uno de los taburetes del bar, sus ropas, manchadas y con algo de sudor, contrastaban con la imagen más pulida de Link que tuve desde que lo conocí. Frente a él había un par de vasos, uno de ellos, ya vacío, estaba sujeto por su mano izquierda, y el otro, también carente de contenido, se hallaba sobre la barra, con el hielo derretido, lo que indicaba que llevaba un buen rato allí.

Aquel extraño Link soltó el vaso junto al otro, dando un leve golpe y colocando su mano derecha en la sien, apretándosela con fuerza como si tuviese un gran dolor de cabeza.

El camarero, atento a los movimientos del joven, se aproximó a él cuando vio que ya no le quedaba nada de bebida. Sus ojos dorados, cándidos y con un leve brillo avaricioso, estudiaron al muchacho, pero no dijo nada.

-Ponme otro, Jack –pidió Link. Su voz se escuchaba ronca, no era nada agradable en comparación con las otras veces.

El camarero, Jack, observó sorprendido al rubio, durante unos instantes pareció barajar la opción de ponerle otra bebida, mas luego respondió de forma burlona:

-No había visto a nadie emborracharse tan rápido, apenas si llevas dos y parece que te vas a marear. Por hoy ya no hay más.

Link soltó un bufido y apartó la mano de su rostro, pero la volvió a colocar con rapidez, se notaba que debía de estar bastante mareado.

-Calla y haz lo que te digo, soy el cliente –le espetó, parecía que el alcohol le afectaba de forma muy negativa a su carácter calmado.

Jack frunció el ceño, estaba muy molesto con la contestación, pero recogió los vasos de Link y los soltó en algún lugar por debajo de la barra, luego cogió un nuevo recipiente y empezó a llenarlo de cerveza frente al rubio.

-Te perdono esa insolencia porque no eres así, jovencito. Te conozco desde que llegaste al bar, perdido y solo, pero con tu lema en contra del alcohol bien claro, ahora no pienso permitir que caigas en la bebida y que arruines tu carrera –contestó, para sorpresa de Link, mientras que terminaba de llenar el vaso con aquel espumoso líquido ambarino y lo depositaba frente a otro cliente, que lo recogió al instante.

-Pero… -comenzó a quejarse él, lucía verdaderamente desesperado por otro trago.

-No la olvidarás bebiendo, ni a ella ni a la otra, llevas desde que te vi por primera vez tratando de olvidarla en silencio, y ahora empiezas a beber sólo porque ha aparecido una nueva chica. Las cosas no son así, Link, y vete ya, aquí no beberás más.

Tras aquella respuesta, el barman se dio la vuelta y caminó hacia otro muchacho de por allí, para atenderle. Link se quedó en el sitio quieto, paralizado, incluso me pareció distinguir una lágrima esquiva deslizándose por su mejilla.

¿Acaso él trataba de olvidar a dos chicas? Algo me decía que yo era la segunda, aunque aún no comprendía quién era "ella".

Dirigí la vista hacia Link, pero en su lugar me encontré con un taburete vacio, un billete de veinte rupias y... ¿unas llaves?

Jack se apresuró a ir hacia donde estaba el dinero, lo recogió al instante y lo guardó en la caja. Al parecer era un buen amigo, pero no lo suficientemente bueno como para devolver todas las rupias que sobraban de la cuenta de Link, que seguro serían más de cinco.

Nadie prestó atención al llavero en forma de alienígena plateado con una llave medio oxidada colgando a su lado. Un par de miradas curiosas fueron dirigidas hacia él, seguramente estaban planeando robarla y luego probar suerte e intentar que encajase en alguna cerradura.

Todas las miradas cesaron cuando me adelanté un par de pasos y recogí las llaves, guardándomelas al instante en el bolsillo. Busqué a Link recorriendo el lugar con la mirada, y finalmente lo localicé: se dirigía hacia el parking, lugar donde rompí con Marvel y también donde vimos juntos el cielo estrellado.

Caminé tras él, debía devolverle las llaves antes de que a la mañana siguiente, tras una resaca histórica, sufriese un ataque de ansiedad por no poder encontrarlas.

Justo entonces noté una mano firme y masculina agarrándome el hombro. Me volví hacia el sujeto, encontrándome con la mirada seria de Kevin. Era como si el batería cambiase radicalmente de carácter en menos de cinco minutos.

-¿Estás segura? –inquirió, señalando con la barbilla a Link, que ya había abandonado el local-. No es el mismo desde hace lo menos una semana.

Noté una leve punzada, esta vez de rabia, en el estómago. Si Link había dejado de comportarse con normalidad, ¿no era la labor de Kevin, como buen amigo suyo, echarle una mano?

Rompí nuestro contacto al retroceder un paso.

-Pues claro, él es mi amigo –respondí secamente, dándome la vuelta y dejándole atrás con las ganas de responderme.

Caminé hacia la salida del pub, esquivando a algún que otro borracho y tratando de no molestar a las parejas. Abrí la puerta del local. Un viento frío sopló y chocó contra mí, provocándome un escalofrío, estábamos en verano, pero por las noches solía refrescar un poco.

Lo busqué con la mirada, encontrándomelo sentado en el capo de un Audi plateado, la vista perdida en el cielo, una mano en la sien y otra cerrada en forma de puño, era una mezcla de frustración y nostalgia aderezada con una buena dosis de dolorosa melancolía que no me gustaba ni lo más mínimo.

El sonido de mis pasos le alertó, ya que se puso en pie lentamente y se volvió hacia mí. El corazón me dio un vuelco al ver sus pupilas azuladas, ligeramente rojizas, lo que denotaba que había llorado, observarme con aquella intensidad que sólo él sabía efectuar.

Sacudí la cabeza mentalmente, tratando de reponerme, y forcé una sonrisa que no fue correspondida, él se limitaba a mirarme como si fuera su razón para vivir y a su vez aquello que le arrebata la vida. Tuve que carraspear un par de veces para recuperar la voz, finalmente introduje la mano en el bolsillo y saqué las llaves. Sus ojos brillaron, reconociendo el objeto y percatándose de su olvido.

-Toma, te las habías dejado –murmuré quedamente, mis cuerdas vocales parecían dispuestas a fallarme en aquel preciso instante.

Barajé la opción de pasárselas y que las agarrara en el aire, pero tras haber bebido y estar mareado había muy pocas posibilidades de que las cogiera al vuelo.

Avancé lentamente hacia él, estudiando su angustiado rostro, hasta que un par de pasos nos separaron, luego le tendí las llaves y él las cogió, guardándolas en el bolsillo delantero con algo de torpeza.

Nos quedamos en completo silencio, Link no se mostraba dispuesto a iniciar una conversación, y yo tenía tantas cosas por decirle que no sabía ni por cuál empezar.

Necesitaba saber quién era aquella muchacha, quería ayudarle, tenía muchas ganas de aclarar las cosas entre nosotros… Demasiado por hacer en tan poco tiempo.

Finalmente, intentando que no se notase mi frustración, sucumbí a todos aquellos pensamientos y me dejé llevar, avanzando un paso más hacia él. Link no respondió, pero sí que pude notar que se tensaba ante mi cercanía.

Incapaz de contenerme más, le abracé, tenía demasiadas ganas de hacerlo, y ahora lo había envuelto entre mis brazos, sintiendo su calidez y notando el olor a alcohol y sudor de su camisa, pero poco me importó. Había estado tan perdida en mis pensamientos que ni me había percatado de lo preocupada que estaba por él.

Con una lentitud casi exasperante, Link comenzó a levantar sus brazos temblorosos hasta que llegó a mi cintura, lugar donde decidió corresponder a mi abrazo. Hundió el rostro en mi cabello, incluso pude escuchar como se le escapaba algún que otro sollozo, pero aquello nunca se vio materializado en lágrimas.

Nos quedamos así durante unos minutos durante los cuales fui la persona más feliz y preocupada del mundo, pero luego él se separó y yo retrocedí un par de pasos.

-Me tengo que ir –susurré suavemente, no quise alargar más aquel momento, luego le preguntaría por aquella otra chica, ahora necesitaba pensar un poco y relajarme, por fin sabía que se encontraba bien.

Link asintió, y me despedí con un gesto, comencé a alejarme, pero luego recordé algo que me hizo volver el rostro.

-Link –lo llamé, el aludido se volteó hacia mí, sorprendido-, hazme el favor de cambiarte de ropa y de dejar de beber, por Nayru, los chicos con camisetas sudadas no ligan, y menos si su aliento apesta a alcohol –proseguí, mi voz teñida de cariño y burla le hizo esbozar una sonrisa, la primera de aquella extraña y larga noche, que consiguió acelerarme el corazón.

Sin dejarle cabida a una respuesta que probablemente me habría dado, ya que había abierto la boca, dejé de mirarle y caminé velozmente hacia la puerta del pub, entrando en él y perdiéndome entre la multitud.

Continuará…

¿Qué tal? ¿Raro? ¿Muy raro? Prometo que las dudas se aclararán pronto, ZeLinkers, no me arrojéis al pozo, esa otra chica se dará a conocer más adelante, por favor, conservad vuestra ira XD

Por cierto, este fic está en las últimas, creo que en el siguiente capítulo o tal vez en el otro se acaba. No más de dos capis, eso está seguro, aunque todo depende de lo que me tarde en dar las explicaciones y lo que me explaye con las cosas xD

Pero que quede claro una cosa, ya tengo otro fic más preparado (no lo he empezado a escribir, simplemente lo tengo pensado), y recibiréis el primer capítulo de este antes que el último de Las notas de nuestra canción, mi siguiente fic ya sí que será más de acción (sin dejar de lado el romance), tengo muchas esperanzas puestas en él, aunque sólo Maya y P.Y.Z.K. saben algo de él xD

Ahora viene una parte muy importante :') El agradecimiento a los que se molestaron en leer y además comentar: Zelinktotal99, Cafekko-Maya-chan, Zilia K, danylink, Shimmy Tsu (a pesar de que comentaste en el cap 4), Princess Aaramath, Rosa G.L, y Xungo. Además de que agradezco a todos aquellos que leen sin comentar y a P.Y.R.K. (Pau xD) por leer de forma silenciosa XD

¡Muchas gracias a todos! Nos vemos en el siguiente capítulo ;)

Próxima actualización: ni idea XD, tengo la intención de escribir el primer capítulo de mi siguiente fic y de acabar este antes de seguirle al de Pokémon, pero todo depende de por dónde me dé xD