Disclaimer: Cazadores de Sombras y sus personajes no me pertenecen, todo es obra de Cassandra Clare. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Era su corazón rompiéndose
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Debía de haber alguna ley en algún lugar del mundo que prohibiera que una persona luciera terriblemente atractiva con un traje a las seis de la mañana. Magnus se paseaba frente a él, con la camisa desabrochada, la corbata colgada en el cuello y los pantalones con el botón desabrochado, y aun así se veía como si estuviera perfecto para una cena de gala. Era totalmente injusto desde el punto de vista de Alec.
— ¿Vas a verme todo el tiempo? —preguntó Magnus, dándose la vuelta para abrocharse la camisa.
Alec sintió las mejillas calientes, giró el rostro hacia la ventana y después respondió.
— ¿Algún problema con eso?
No lo vio, pero escuchó la risa Magnus llenando el lugar, ligera y feliz. Le hacía sentir de la misma forma. Olvidando el nudo en su garganta que lo había ahogado hace varias horas.
Magnus salió del cuarto y él se levantó. En algún momento en la noche había terminado sin pantalones, conservando la playera y su ropa interior solamente. Fue directo al baño, sentía su abdomen tieso por los restos de semen que habían quedado en su cuerpo por la noche, tomó un poco de papel y lo remojó en el lavabo para después empezar a limpiar su abdomen. No tenía el tiempo suficiente para darse un baño y eso debería servir por un rato.
La música llegó a sus oídos en el mismo momento en que algo se frotaba contra sus piernas. Bajó la vista encontrándose con la mascota de Magnus, el gato se restregaba con insistencia, terminando por ganar lo que quería, Alec lo recogió y lo acomodó entre sus brazos, rascándole las orejas con cuidado. Los ronroneos de Presidente Miau lo acompañaron todo el camino hasta la cocina, encontrándose con Magnus bebiendo café y observando un par de papeles entre sus manos.
Había algo con esa imagen que lo hacía sentirse asfixiado pero era algo agradable, era como estar totalmente de acuerdo con que alguien pusiera una soga en su cuello y apretara, aumentando la fuerza gradualmente.
—Se encariñó contigo —murmuró Magnus sin dirigirle la mirada.
—Supongo —dijo Alec, ahogando un bostezo.
Por el ventanal aún podía verse el día ligeramente obscurecido, era demasiado temprano para su gusto pero Magnus se había levantado en cuanto la alarma había sonado, despertando a Alec casi al instante. Aunque el mayor se veía completamente alegre, incluso estaba tarareando en ese momento.
—Deberías dormir un poco más.
Alexander asintió ante la sugerencia de Magnus. Se agachó para dejar al gato en el suelo, el cual corrió hacia la habitación, seguramente para apoderarse de la cama. Escuchó los pasos del mayor y al levantar la vista lo encontró a unos pasos suyos, Magnus se encargó de jalarlo por los codos y atraerlo con lentitud a su cuerpo, con delicadeza le tomó por la nuca, rodeó la cintura y le beso en los labios firmemente. Podía sentir su boca tratar de responder el beso y sonreír al mismo tiempo, una avalancha de emociones abriéndose paso por su garganta y encontrando la salida en un suspiro, lleno de gusto por el contacto entre ambos.
—Debo irme —murmuró Magnus sobre sus labios, apartándose en seguida y luciendo ligeramente afectado.
— ¿Puedo quedarme un poco más?
Magnus asintió con la cabeza, sin importarle si hablaba sobre quedarse unas horas o unos días. Le dio la espalda y comenzó a acomodarse la corbata.
Él dio media vuelta y volvió al cuarto, encontrando a Presidente Miau sobre la almohada de su dueño, un gesto que tomó como permiso para poder dormir del otro lado. Se echó sobre el colchón, metiéndose entre las cobijas y volteando hacia el lado del gato, acariciándole las orejas un momento antes de cerrar los ojos. Por unos minutos escuchó los ruidos de Magnus en la cocina y la música que provenía de la sala pero después se perdió, quedando inconsciente sin llegar a escuchar el momento en que el mayor se iba, de cualquier forma no había nada malo en dormir por más tiempo, no era como si alguien se estuviera muriendo.
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Su cuerpo entero dolía, había empezado a correr desde hace tiempo y el miedo inundándola estaba haciendo estragos en su cuerpo. Había escuchado a personas reclamarle por correr en ese lugar pero no les hizo caso, corrió hasta que encontró lo que necesitaba. Su madre fue la primera en verla, abriendo los ojos con sorpresa y levantándose del asiento en que se encontraba casi tendida.
Su padre se levantó de su asiento un segundo después, adelantándose para detenerla, sosteniéndola por los antebrazos. Su boca se movía pero Isabelle no llegaba a entender lo que decía, todo sonaban como pequeños murmullos opacados por intensos pitidos. Vio a su madre acercarse lentamente y guiándola para sentarse donde ellos habían estado hace un rato. Se obligó a cerrar los ojos y tratar de calmar su respiración, bastaron unos segundos para que el pitido en sus oídos disminuyera y pudiera reconocer la voz de sus padres.
—Max… ¿dónde está Max?
Su padre se quedó callado y escuchó un sollozo ahogado de parte de su madre.
Su corazón y su estómago se encogieron de tal forma que dolía.
—Está en cirugía.
Volteó a ver a su madre, ella le sonrió ligeramente. Una sonrisa rota y que se notaba que le pesaba demasiado en ese momento.
— ¿En qué estado?
—Isabelle, no —ordenó su madre, poniéndole una mano sobre el brazo.
Izzy se encogió en sí misma, poniendo las manos sobre su rostro y echándose hacia adelante, sus codos sobre sus rodillas y sus manos reteniendo las lágrimas. Había sido tan estúpida y egoísta, dejando a Max solo por un momento de diversión, si su hermano menor moría en ese lugar jamás se lo iba a perdonar.
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La única razón por la que despertó fue que Presidente Miau había estado mordiéndole la mano con insistencia. Para cuando había recuperado la conciencia ya era demasiado tarde, su mano estaba roja a causa de los mordiscos, estaba seguro que dolería después.
Ya no se escuchaba música ni movimientos en la cocina, dedujo que Magnus se había ido hace mucho tiempo. Se levantó de la cama, alejando al felino de su cuerpo y yendo rápidamente a ponerse los pantalones que había dejado hace unas horas en el suelo. Comenzó a buscar su celular, encontrándolo cerca de donde había dejado su ropa, en cuanto lo desbloqueó se encontró con varias llamadas perdidas de sus padres y su hermana, provocando que gruñera. Sabía que seguramente se había ganado un castigo enorme pero no le importaba en ese momento.
Marcó el número de su hermana y se pegó el celular a la oreja para después ir a la cocina por un poco de agua. Su hermana contestó cuando él había logrado tener un vaso, había demasiado ruido del otro lado que no lo dejaba entender lo que pasaba. Fue cuando escuchó los sollozos.
— ¿Isabelle?
Del otro lado de la línea su hermana ahogó su nombre en varios sollozos.
—Izzy, cálmate. ¿Qué pasa?
—Es Max… está en el hospital.
Su vista se nubló un instante, escuchó el vaso crujir al dejarlo caer en la encimera, su cuerpo buscando apoyo por un momento.
—Dime dónde.
Apenas su hermana susurró el lugar él colgó el teléfono, terminó de recoger sus pertenencias en apenas un minuto y salió corriendo del departamento. Una vez afuera no se dio el tiempo para detener un taxi, echó a correr hacia la estación de metro más cercana. Su corazón bombeaba tan fuerte y tan rápido que era probable que él también terminara en el hospital. No se detuvo para tomar aire ni ante los gestos de disgusto que la gente profería cuando se cruzaban en su camino y él no encontraba otra solución más que empujarlos.
Entró al vagón casi con desesperación, alcanzándolo un segundo antes de que cerraran las puertas, tomando consciencia de sí mismo en ese momento. Su cuerpo tembloroso, sus ojos húmedos y su respiración errática. Se sentía como si fuera el peor ser humano del mundo, había estado tranquilo en el apartamento de Magnus sin importarle nada mientras que su hermano había terminado de alguna forma en el hospital.
Para cuando logró controlar su respiración había llegado a su destino y volvió a perderse. Corriendo tan rápido como podía, lo único que necesitaba en ese momento era llegar al hospital y poder saber que pasaba con su hermano. Esquivó a la gente en la puerta del hospital, a los guardias que le gritaban para que disminuyera la velocidad y a los empleados del mismo lugar. Siguió las indicaciones de su hermana, yendo al tercer piso y buscando a su familia en cuando llegó, encontrándolos amontonados en un rincón de la sala de espera.
Inhaló aire con fuerza y se detuvo, ya no temblaba, pero su pecho subía y baja una y otra vez, sus pulmones desesperados, punzadas de dolor en lado derecho de su abdomen y sus piernas entumecidas. Sus padres lo miraron con sorpresa, Alec casi se había olvidado del odio que le habían dado esas semanas pero entonces el recuerdo le golpeó, sintiéndose mareado por no saber si iba a ser bien recibido, tal vez sus padres no lo querrían cerca. Su hermana levantó la vista, sosteniéndose de la silla un momento para correr en su dirección, llegando a abrazarlo con fuerza y hundiendo el rostro en su pecho.
Él la tomó con fuerza entre sus brazos, sin dejar de mirar a sus padres. Su madre parecía rendida, con los ojos rojos y el cabello desordenado. Su padre le miró un buen rato para después bajar la vista. Y lo entendió, daba igual lo que hubiera pasado hace semanas, los gustos que él tenía o las amenazas de su padre, daba igual porque los cuatro ahí estaban sufriendo. Max era lo único que importaba en ese momento, así que podían dejar de pensar en ellos mismo y empezar a pensar un poco en el menor.
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Era como si pudiera oler las intenciones de esa chica. Había estado rondándolo un buen rato, lanzándole miradas llenas de significado, totalmente segura de sí misma. Era algo refrescante ver a una chica actuar de esa forma sin ofrecerse totalmente, una invitación que él estaría más que dispuesto a aceptar. Excepto ese día, en realidad no había ido para conseguir algo de diversión en la noche, solo estaba ahí porque Catarina se lo había ordenado. Claro que si Ragnor tardaba más en salir iba a terminar por conseguir a la chica e irse a su casa.
Catarina se encargó de darle un golpe en el antebrazo, para cuando su mirada se encontró con la de ella lo primero que llegó a su cabeza era una rotunda negación. Tenían que esperar a Ragnor, que por alguna razón tardaba demasiado cambiándose el uniforme del trabajo, y de ahí irían a un concierto. Llevaba toda la semana negando que le gustara la banda, aunque en realidad estaba empezando a desesperarse, realmente quería escucharlos en vivo, además de que era una buena opción para no pensar en Alec y su nuevo abandono después del apoyo que le había ofrecido.
Se rindió luego de unos minutos, había logrado pedir una bebida, que su amiga terminó por apropiarse. Un rato después pudo divisar a Ragnor hablando con Raphael; llamó a Catarina y se levantó, dispuesto a ir por su amigo.
Un peso se instaló en su pecho en cuanto se levantó, por un segundo creyó que sería Catarina, pero el rostro que le miraba unos centímetros por debajo de él era totalmente diferente al de su amiga. La había visto antes, con el maquillaje perfecto y la actitud de superioridad, pero en ese momento no se parecía en nada a su recuerdo. Tenía los ojos rojos, el delineador corrido, los labios agrietados, ojeras extensas debajo de sus ojos y el cabello enmarañado; despedía un olor terrible a alcohol y lo miraba como si quisiera asesinarlo.
—Este es —dijo ella, sarcasmo escurriendo de sus palabras—. El magnífico, grandioso y perfecto Magnus Bane.
Las manos de Magnus se encargaron de sujetar a la hermana de Alec, alejándola de su cuerpo pero ayudándola a quedarse parada. La chica daba pequeños traspiés aunque estuviera parada en un solo lugar.
— ¿Estás bien? —preguntó él, dudando si debía seguir sujetándola o dejarla valerse por sí misma—. ¿Necesitas que llame a alguien?
Ella comenzó a reírse, como si de verdad le diera gracia pero dejando notar su sarcasmo. Volteó a mirar a Catarina, ella también miraba a la chica con preocupación.
—No entiendo que tienes, el mundo sería un mejor lugar sin ti —exclamó ella mientras le golpeaba el pecho con su dedo índice—. ¿Sabes lo que le hiciste a mi hermano? ¿Acaso te importa? ¡Por supuesto que no te importa!
Magnus se alejó de ella en cuanto gritó, soltándola al instante y evitando las miradas curiosas. Ella comenzó a gritar varios insultos, el siguiente peor que el anterior y se acercaba a él con la firme intención de golpearlo. La gente a su alrededor empezaba a interesarse en ellos y si Magnus llegaba a tocarla todo se iría al infierno, creerían que él la había estado atacando.
Catarina se interpuso entre ellos, arrojando su bebida al rostro de la chica, logrando desconcentrarla por un segundo. Justo en ese momento aprovechó para rodearla con los brazos y jalarla hacia la salida de emergencia. Magnus las siguió, agachando la mirada por un momento y adelantándose para poder abrirles espacio y la puerta. El aire afuera del recinto era frío, la música quedó opacada e Isabelle comenzó a gritar insultos de nuevos. Catarina la obligó a sentarse sobre un montón de cajas de cervezas, apiladas unas contra otras.
En cuanto ella se sentó miró a Magnus con detenimiento, el rencor iluminando sus ojos, como si esa fuera la única razón por la que seguía con vida. Un segundo después bajó la mirada y se llevó las manos a la cara, comenzando a llorar con fuerza. La visión era horrible, esa chica hermosa y orgullosa de sí misma estaba desmoronándose frente a ellos, sin importarle los sonidos llenos de angustia y los lamentos en voz baja.
—Mi hermano… —susurró Isabelle, su voz ahogada en lágrimas y dolor.
Magnus sólo tenía ojos para ella, sus sentidos se centraban en su sufrimiento, tanto que ni siquiera se dio cuenta del instante en que Ragnor decidió aparecer, con un vaso lleno de hielos y agua. Catarina trató de tranquilizarla, ofreciéndole el agua y apartándole el cabello del rostro para evitar que se ahogara.
El olor era horrible, ella apestaba a alcohol, lo emanaba de su ser como si fuera un perfume caro, eso se juntaba con la pestilencia de la basura del local y producía arcadas en cualquiera. Claro que a Magnus no le importaba, su mente se había centrado en los sollozos de Isabelle, buscando palabras coherentes que le dieran más pistas. Lo único que podía pensar era en Alec, sufriendo algo que no debía, algo tan horrible que había logrado que su hermana se derrumbara por completo.
—Max —fue el último sollozo coherente que pudo decir antes de llorar de nuevo.
— ¿Quieres que llamemos a Max? —preguntó Ragnor por detrás de Magnus.
Ella negó con la cabeza.
—Atropellaron a mi hermano —murmuró con pesadez, cualquiera podría haber sentido el dolor en esas palabras.
El cuerpo de Magnus se paralizó por un segundo, la imagen de Alec en una cama de hospital apoderándose de su cabeza como una maldición.
Sólo cambió con las siguientes palabras de la hermana de Alexander.
—Mi hermano Max… fue mi culpa… lo atropellaron por mi culpa.
Las manos de Isabelle soltaron el vaso de agua, éste se quebró en cuanto tocó el piso, al igual que ella. Los sollozos volvieron, podía ver las gotas de lágrimas cayendo sobre el charco de agua que había dejado el vaso.
No podía sentir alivió al saber que no había sido Alec el afectado, era la imagen de un Alexander sufriendo que se apoderaba de él, llenándolo de angustia que no se supone que debería de sentir. Era como las lágrimas de Isabelle, cayendo sobre un charco de agua, perdiéndose y uniéndose, era la angustia volviéndose pequeña al saber que el menor estaba a salvo, pero volviéndose una plasta enorme al saber sobre el accidente de su hermano. Era dolor cayendo sobre más dolor.
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Sé que es excesivamente corto pero lo quiero de esa forma porque el siguiente será enorme. Como un puñetazo a mi vida académica, por lo cual no sé que tanto tarde. Sólo prometo que será largo.
Dudas, aclaraciones, o felicitaciones son bien recibidas, si dejan un review seré feliz.
¡Muchas gracias por leer!
