TSUKIAKARI NI JINSEI
(Vidas a la Luz de la Luna)
-por Jinsei no Maboroshi-
página IX
Fecha de publicación: 19 de agosto de 2006 - Corrección: Ogawa Saya
Hyde notaba aquello. Tetsu regresaba cada vez más tarde, sólo para hallarlo dormido. Las veces que volvía temprano, esperaba que Hyde se durmiera primero. Por alguna extraña razón Hyde no comprendía por qué lo trataba de esa forma. No lo rechazaba por completo, pero no se acercaba.
Era una agonía.
Todas las noches la misma farsa. Hyde siempre sabía cuándo Tetsu decidía irse a dormir. Se ponía su pijama, y dormía en ese rincón de la cama, alejado de Hyde, pero volteado para verlo. Aún simulando el sueño, Hyde sabía que lo observaba. Podía sentir aquella respiración dirigida a su rostro. Podía sentir ese inocente mirar sobre sus párpados cerrados.
Podía hasta incluso imaginar el rostro que ponía al verlo. Pero Hyde sólo se ocultaba en esa imagen de durmiente, porque no quería molestar a Tetsu. Sentía que la culpa lo embargaba, que Tetsu ahora comenzaba a tener culpa de él. Era demasiado. Entre sus cavilaciones, recordó la pulsera. Aquella pulsera obsequiada a Kaori que en un extraño secreto, se la había dado a él.
Todas las noches las mismas dudas, las mismas intrigas. Y Tetsu siempre igual, buscando dormirse al lado de un Hyde despierto que fingía el sueño. Por alguna causa, Tetsu no quería ver los ojos de Hyde, no quería ver su rostro vivo, su delicadeza, su misticismo intensificado por la luna. No quería caer en ese embrujo, por temor, por miedo, por culpa... Pero debía mirar sin mentirse. Una vez en su vida debía hacerlo. Debía.
Aquella noche, como las otras, tras el trabajo extenuante, Hyde dejaba alimentos en la cocina para que Tetsu los consumiera al llegar a la madrugada. No quería que enfermara, no quería que la locura lo atacara como a él lo había acometido.
Esperaba en su cuarto semidormido, con los ojos cerrados, inmune al hechizo lunar, dándole a la luna su espalda desnuda, a que Tetsu ingresara, y con aquella actitud de sigilo, se recostara en el otro rincón, y lo observara por horas.
Hyde no soportaba ese desprecio, esa actitud, ese constante lastimar.
-Basta, Tetchan -había susurrado aquella noche. Sus ojos se abrieron con lentitud, y se fijaron en los de Tetsu con determinación.
-¿Te desperté?
-Nunca. Siempre estoy despierto. Siempre -le miró con un oculto reproche.
-Perdona... Yo… -Tetsu bajó su mirada hasta ver la mano de Hyde apoyada sobre el colchón, delicada, iluminada de esa forma mística por la luna.
-No te disculpes. Sólo dime qué ocurre. No me lastimes así -Tetsu lo miró con sorpresa. ¿Lastimarle? Nunca pensaba en ello. Todo lo que hacía era justamente para evitar esa acción-. Ya no me hablas más que cuando trabajamos. Ya no bromeas. Siento que has puesto tantas barreras que no reconozco el Tetchan que era mi amigo. El único en el que podía confiar.
-¡Perdóname…! -extendió con miedo su mano, y la apoyó sobre aquella otra que hacía rato lo había hechizado-. Yo nunca quise lastimarte. Es difícil. Es confuso. Y me duele.
-¿Qué te duele? ¿Lo confuso?
-Sí.
-Sabes... Por meses me preguntaba cosas. Por meses me alimentaba con ilusiones, que con el pasar de los días, me mostraban cuán irreales eran. Comencé a reconocerlas como tales, y al decidir vivir la realidad, me encontré que todo por lo que existía eran mentiras. Mentiras que había descubierto como tales, y en definitiva, la única realidad que me quedaba era el vacío...
-¡Hyde! -comentó con asombro ante aquella confesión. Presionó con suavidad esa mano fría.
-Tetchan, no te hundas en el vacío como yo...
-¡No lo haré…! Yo te sacaré de allí…
-Ya no me interesa...
-¿Qué?
-No importa si no salgo. Sólo sálvate tú, ¿sí? No caigas en esa sensación del principio del caos.
-¿Cuál?
-La sensación de desear arrojarte al vacío para acabar con todo... Es el principio del final. Es el comienzo -Tetsu lo miró con asombro. Y Hyde lo observó con mayor desconcierto. No podía ser. Tenía que cambiar el tema-. ¿Puedo preguntarte algo?
-Eh... Supongo que sí...
-¿En qué piensas cuando me ves?
-¿Qué? -su rostro se había sonrojado.
-Todas las noches, desde que dije lo que dije, no has hecho más que evadirme. Son... Cuatro semanas. Casi un mes completo. Llegas tarde o tratas de hacer tiempo, para que de alguna forma, te puedas acostar conmigo dormido. Buscas hallarme adormecido, y allí, me observas. Lo sé. Lo he sentido siempre -Tetsu estaba avergonzado. Dejó el contacto con Hyde, y separó su mano, colocándola cerca de su boca-. ¿Qué piensas? ¿Qué piensas cuando me ves dormido?
-No sé por qué... Pero…
-No me mientas... Di la verdad, por favor.
-Bien. Por extraño que parezca, pienso en Kaori -Hyde se entristeció-. Pero no de esa forma. Sólo con culpa -Hyde volvió a ver el rostro de conflicto en Tetsu-. Hace meses que no me siento bien con ella. No siento nada, sólo culpa. Creo que Yukki tiene razón.
-¿De qué?
-Que, tal vez, sólo esté con ella porque me gusta su complacencia. Porque es lo que, aún odiando en ella, acepto, y por tal actitud me culpo. ¿Tú qué crees? -le preguntó como amigo, pidiendo una voz esclarecedora.
Hyde creyó que era buen momento para preguntar esa duda que hacía tanto tiempo atacaba su mente. Se sentó en la cama, y se volteó para sacar de su cajón de mesa de luz, una bolsa de terciopelo negra. Tetsu no se incorporó. Observó los movimientos de Hyde estirado sobre la cama, observando cómo el torso desnudo de Hyde adquiría el mismo encanto místico de sus manos al ser iluminado de manera tan etérea por la luna. Hyde sacó el contenido de la bolsa, y dejando caer la misma al suelo, le mostró la pulsera, estirándola sobre el colchón. Hyde se mantuvo sentado, cerca de Tetsu. Tetsu observó en un principio con horror aquella pulsera. No quería preguntar de dónde la había obtenido. Sabía que Kaori la había traído. Lo sabía porque supo hallar esa respuesta aquella noche que lo había echado de su propia casa, o mejor dicho, le había empujado en esa locura desesperada para ayudar a Hyde. Miró con mística el metal demoníaco, con aquella calavera de rubís ojos. Hyde lo observó una vez más, y, cuando Tetsu le dirigió la vista, esperando la respuesta a su propia pregunta, Hyde sólo repitió en eco lo que en su mente resonaba:
-Mírala, y dime qué crees que puedo pensar... -Tetsu se contrajo en angustia. Era evidente. La mentira caía a sus pies. Aquella pulsera era el símbolo incuestionable. Era imposible de creer mentira alguna. Era verdad, y Tetsu debía aceptarla-. ¿Y bien? ¿Qué es lo que tengo que pensar? -preguntó Hyde con una leve angustia.
-Lo correcto.
Hyde lo miró con ojos extraños. ¿Qué eran esas palabras? ¿Qué significados tenían?
Tetsu estiró su mano, y la apoyó con sumo cuidado en la mejilla de Hyde. Sus dedos temblaban. Acariciaba aquella tersa piel con temor. Delineaba los labios con sus dedos, que no paraban de tiritar. Hyde sentía cómo su corazón se aceleraba al traducir aquel extraño código del silencio en palabras que respondieran la pregunta formulada. Tetsu se estaba incorporando, y se acercaba a él.
-Perdona por todo este sufrimiento... -le dijo con una sonrisa amena, y lo besó con ternura. Hyde no respondía. No deseaba creer que todo fuera un sueño y al despertar se hallara nuevamente en el suelo, observando con angustia el rechazo...-. No temas... -Hyde sintió que Tetsu lentamente lo recostaba en la cama. En el centro de la misma, y que él se acostaba sobre él, besándole con ternura, con inocencia, con ingenuidad. Aquellas sensaciones, aquel sentir. Sentir la vida en sus venas, sintiendo la inocencia de la resurrección, como tal vez, sus alas lentamente crecerían.
Tetsu comenzaba a percibir la respuesta de Hyde, que lo besaba, permitiéndole el paso interior al separar sus labios. Se besaban con desesperación, con devastada necesidad, bajo la locura del sediento. Tetsu separó el contacto, y comenzó a bajar con besos por el mentón de Hyde. Éste abrazaba a Tetsu con locura, pidiendo a gritos silenciosos que le regresara todo lo que había perdido, que le permitiera regresar a ser el Hyde de aquellos años, que le devolviera todo lo que otro con tanta felonía le había arrebatado tan violentamente. Tetsu se perdía en el cuello de Hyde, besándole con fascinación, sintiendo como los pequeños gemidos de Hyde lo ingresaban en el hechizo más sublime, que se profundizaba al ver su delicada figura bajo esa luna enigmática. La joya del misterio a descubrir. Tetsu tuvo una extraña necesidad de morder aquel cuello con dulzura, sintiendo como Hyde se tensionaba. En medio de aquel beso que saboreaba la piel impoluta del vocalista, dejó que sus dientes apenas se apoyaran en la piel de ese joven.
-¡No! ¡Basta! -gritó desesperado Hyde.
Se sentó en la cama, abrazando con miedo a Tetsu que se hallaba sorprendido.
-De acuerdo, tranquilo, Hyde. Nada que no quieras sucederá -calmó Tetsu con preocupación. Lo abrazaba con protección, frotando su torso desnudo, en busca de darle ánimo-. Bueno. Mejor nos vamos a dormir… -susurró a su oído. Hyde solamente movió su cabeza en afirmación. Tetsu se recostó, trayendo consigo a Hyde.
-Perdona... Yo no puedo...
-¡Basta! ...Deja... Ya habrá tiempo -le sonrió.
El silencio se había instaurado en la habitación. Tetsu acariciaba deslizando su mano sobre el contorno de la espalda de Hyde, mientras éste descansaba su cabeza sobre el pecho del bajista.
-Tetchan...
-¿Sí?
-No es mentira, ¿no?
-¿Qué cosa?
-Esto. La pulsera. 'Lo correcto'.
-No -le sonrió. Besó su cabeza con ternura-. Perdóname... Yo tardé tanto...
Hyde se acomodó mejor en el cuerpo de Tetsu, y se durmieron juntos por primera vez. Durmieron en simultáneo luego de tantos días.
A la semana siguiente, el grupo L'Arc~En~Ciel comenzaría una gira por todo Japón promocionando el disco Awake. El despertar de cada uno, el avivar de cada uno de sus sentimientos, de sus realidades. El primer lugar al que fueron fue Hokkaido. En Sapporo tendrían una participación especial en un programa de TV local. Luego irían a Niigata, pasarían por su natal Osaka, Shizuoka, Kagoshima, Tokyo, Fukuoka y a partir de allí, darían comienzo la gira por toda Asia. Era prácticamente medio año de actividades. Todos estaban contentos de los cambios ocurridos, y del éxito del CD, en especial, con aquella canción de Hyde, escrita hacía muy poco tiempo, en casi el último momento en que iba a ser lanzado el CD: Jojoushi.
-¡Vamos! ¡A despertarse! -dijo Yukihiro, mientras se vestía apurado.
-¿Mmmm? ¿Qué? ¿Por qué?
-¡Oye! ¡No estás en mi departamento! ¡Recuerda que estamos en un hotel!
-¡Qué importa! -dijo dándose vuelta, mostrando toda aquella espalda marcada recientemente. Yukihiro la miraba con maravilla. Hacía tiempo que buscaba controlar esa actitud, pero no lo evitaba, y Ken no deseaba que la evadiera. "Me gusta sentir cómo lo sientes." Yukihiro se sonrojaba al recordar aquellas palabras, cuando pedía perdón al lastimar de esa forma la piel de su amante. Miró sus manos una vez más. Ya las había cortado mucho. Apenas un leve borde blanco, prolijo, se asomaba luego de la uña pegada a la carne. No había caso. Era la peculiaridad de la relación.
-¡Vamos, Ken! ¡Hay que ir a desayunar con los chicos!
-Vaaaa… Quédate aquí un rato, Yukki... Vamos...
-No. Yo voy, te espero al rato...
-Siempre tan cuidadoso... ¿Por qué? -Ken había girado su cabeza para observar a Yukihiro, manteniendo el resto del cuerpo boca abajo.
-¿Qué dices? -le preguntó curioso.
-No quieres que se enteren, ¿no? En el fondo, no quieres... ¿Verdad?
-Ken -habló en tono oculto de súplica.
-Dime qué es lo que te cuesta... Yo te entenderé... -Ken le pedía hablar con sinceridad, como hacía tanto tiempo lo cumplían. Y Yukihiro no iba a faltar a aquella promesa.
-Mis padres, mis amigos, mi mundo… Y tú.
-¿Eh? ¿Yo? ¿Por qué?
-Porque estás en el medio de todos ellos.
-Yukki. Si es por eso, no te preocupes.
-Tú... ¿A qué le temías que fuera? -le sonrió con tristeza.
-A mí. Sólo por mí y mi pasado.
-¡Bobo! -le dijo con ternura, y lo miró con simpatía. Ken comprendía lo difícil que podía ser para Yukihiro evidenciar su esencia ante el mundo. Evidenciar todas las emociones, todos los sentimientos. A pesar de ser artista, él no podía demostrar a todos lo que sentía. Ken lo comprendía. A Ken no le molestaba ser el secreto de Yukihiro, si Yukihiro se mostraba ante él sin tapujos. Absolutamente real, y sincero. A Ken, lo único que le importaba era Yukihiro. Si esas eran las condiciones, las aceptaba. Ambos se adherían a esas circunstancias con gusto, sin exigir nada al otro. Restricciones insignificantes a comparación del gran tesoro que tenían. El ser siempre único cada vez.
Yukihiro: ¡Buen día! -comentó sonriente a Hyde y Tetsu. Ambos le saludaron de igual forma.
Hyde: ¡Ey! ¿Qué le pasa a Ken? ¿Por qué no baja?
Tetsu: ¿Le llamaste, Yukki?
Yukihiro: Sí. Pero ya saben cómo es.
Ordenaron el desayuno en el hotel. A los 20 minutos apareció un soñoliento Ken, que vestía una camisa de manga corta.
Hyde: Buen día, ¡bella durmiente! -le dijo con ironía.
Ken: ¡Rayos! ¡Sí que son buenos días! -expresó desperezándose. Yukihiro sólo sonreía. Ken se sentó en la mesa, y se dispuso a llamar al mesero para hacer su encargue. Sin embargo, al presentarse dos mozos en la mesa, les sirvieron a los cuatro los pedidos. Ken miró asombrado su desayuno. No lo había pedido aún, y sin embargo, una persona especial se lo había encargado para él. Ken sabía que esos detalles no podían ser de otra persona. Detalles llenos de esencia. Sólo él.
Yukihiro: ¿Y bien, Tetchan? ¿Cuándo hay que comenzar a preparar el ensayo?
Tetsu: Ah, sí. A las 16 hs. Tú, Yukki, encárgate de que Ken venga contigo, porque ya veo que es un haragán... Yo no sé por qué se ha vuelto así... -reprochó con una sonrisa a su amigo Ken, a pesar de que las palabras eran dichas para Yukihiro.
Yukihiro: No te preocupes. Me encargaré de él.
Hyde observaba extrañado la actitud de Yukihiro. Hacía muy poco tiempo que había comenzado a percibir los cambios en sus dos amigos.
Esbozó una sonrisa. A partir de la confesión de Tetsu, su oscuridad se había disipado tanto. Yukihiro y Ken, a pesar de que no volvieron a tocar el tema con Tetsu, supieron de inmediato que Tetsu había intervenido de manera definitiva en esa recuperación asombrosamente rápida de Hyde.
Al menos, Hyde había perdido la necesidad imperiosa de desaparecer, y se contentaba con el existir cerca de Tetsu, sintiendo su calor, sintiendo todo aquello de lo que él carecía.
16hs.
Llegaron al estadio donde se daría su concierto. Esta era la última prefectura a la que irían dentro de Japón: Fukuoka.
Tetsu y Hyde ya estaban preparando los acordes, mientras que miles de técnicos realizaban los últimos detalles de luces, sonidos y efectos especiales sobre el escenario.
Yukihiro y Ken aparecieron con asombrosa puntualidad, y los cuatro se fueron al vestuario.
Hyde: ¿Qué nos vamos a poner, Tetchan?
Tetsu: Ahí tienen. Busquen lo que gusten -había señalado un conjunto de armarios que exhibían ropa de la más alocada-. ¡Escojan cuatro mudas para todo el concierto!
Hyde: ¡Ahhh! ¿Nos vamos a estar cambiando? ¡No es justo! ¡Es correr más de lo que ya de por sí lo hacemos! -comentó con resignación.
Los cuatro comenzaron a investigar la ropa. Escogieron con facilidad.
Ya estaban prácticamente resueltos. Yukihiro terminaba de calzar sus botas, Tetsu ataba sus zapatos de plataforma, y acomodaba aquellas medias que debían no ser muy altas para que el pantalón corto no resultara ridículo. Hyde lo miraba. Estaba terminando de colocarse una chaqueta harapienta, cuando observó a Tetsu en ese afán inútil de buscar elegancia.
Hyde: Renuncia, Tetchan. ¡Tú no tienes estilo! -le bromeó.
Tetsu: ¡Oye! -reprochó con divertimiento.
Ken estaba a punto de cerrar el último botón de aquella camisa ajustada, cuando al mover sus brazos, la tela cedió generando un sonido hueco. La sisa se había destruido.
Ken: ¡Mierda! ¿Ahora qué me pongo? -dijo molesto.
Los tres lo miraron divertidos. Ken se dio vuelta y sacó aquella molesta camisa, para reemplazarla por sus tan acostumbradas musculosas y que le generaban menos conflictos. Hyde y Tetsu miraron con pasmo aquellas marcas nuevamente. No parecían ser muy diferentes de las de siempre. Y eso era lo que les resultaba extraño.
Hyde: ¡Ken! -comentó sorprendido.
Ken: ¿Qué? -giró terminando de vestir la musculosa blanca que había escogido como la más noble de todas aquellas telas. Yukihiro no prestó atención. Simplemente se hizo el distraído.
Hyde: Esto sí que es curioso. ¿Siempre las mismas marcas? -dijo con una extraña agudeza. Yukihiro observó a Hyde con asombro. ¿Cómo podía darse cuenta de eso?
Ken: ¡Paranoico! ¿Me estás celando? -le preguntó con picardía.
Hyde: ¿Has traído contigo a la que te hace tales cosas? ¡Vaya! Por eso no podías levantarte a la mañana... -explicó intuyendo el comentario de Ken dicho en el inicio de la jornada.
Tetsu: ¡Ya! ¡Déjalo! ¡Es su vida! -le dijo, intentando acomodar un poco más aquella media.
Hyde: Ahhh... ¡Pero es extraño! -Hyde sospechó algo en todo aquello. A partir de que había dejado su auto-reclusión en el egoísmo, lograba percibir en los demás aquellas pequeñas cosas que tal vez Tetsu no notaba, simplemente por descuido.
Dejaron el tema aparte, y meramente se retiraron al cuarto contiguo donde comenzaron a ser peinados, y maquillados. En pocas horas el concierto daría inicio.
Hyde: ¡Yukki! ¿Me puedes pasar la soda? -le preguntó al amigo, mientras se quedaba quieto para que la maquillista hiciera su trabajo.
Yukihiro le alcanzó la bebida, y al dársela en la mano, Hyde fue levemente rayado en el dorso de la mano por la pequeña uña del baterista.
Yukihiro: Uy, ¡perdón! -comentó al sentir aquel rasguño.
Hyde: Naaaaa. ¡Olvídalo! -le dijo con su tono de despreocupación, reconociendo una extraña relación en todo aquello.
El concierto fue dado con éxito rotundo.
Hyde cantó como siempre, con una estrella aparte, brillando con sus propios colores, con sus propios tonos. Cantó Jojoushi con pasión, y en algún momento, Tetsu observó al vocalista, que lo miraba de soslayo en el canto. Tetsu le sonrió. Era un gran regalo.
Finalizado el concierto, se dirigieron a los vestuarios, a cambiarse definitivamente, y regresar a sus cuartos de hotel, para recuperar fuerzas en su gira internacional.
Ken estaba sacándose la última musculosa que había utilizado en el concierto, que se hallaba en el mismo estado que las otras: empapadas.
-¡Mierda! ¡Ken! ¡No paras con el vicio! -le dijo un hombre con un tono marcado, extraño, con una pronunciación fuerte de las erres.
Ken reconoció aquella voz con tono alemán en su japonés gramaticalmente correcto, que le enseñaba a diario a empeorarlo con los modismos más guarros del dialecto de Osaka.
-¡Vaya! Ustedes no cambian -Hyde se paralizó ante aquella voz, y lo único que hizo, fue cubrirse el cuerpo con una toalla, a pesar de tener sólo el torso desnudo.
Ingresaron al vestuario Ein y Sakura.
Ken: ¡Vaya! ¡Par de mafiosos! ¿Qué hacen en Fukuoka?
Ein: ¡Ja! ¡Podemos tener vida propia, señor! -le dijo irónicamente.
Sakura observó a Hyde de soslayo, y éste, se retiró, cubierto por la toalla. Era la primea vez que durante casi 10 años, se cruzaban nuevamente.
Tetsu miró sorprendido la actitud de Hyde. Más que odio, parecía un miedo, una necesidad de ocultarse.
Sakura: ¡En realidad, estábamos pensando reemplazarte, Ken!
Ken: ¿Qué? -lo miró con sorpresa.
Ein: Tú vives con este grupo. Perteneces a este grupo. A nosotros nos dejas de resaca... Oye, yo también quiero tener la espalda así de rasguñada, ¡hermano! ¡Pero con tu poca actividad en SOAP realmente no veo que lo vaya a hacer realidad! ¡Necesitamos éxito para que las chicas vengan!
Yukihiro observaba, junto con Tetsu, aquella extraña reunión. Se sentía el más sobrante de allí. Era la primera vez que veía a Sakura en persona, hablando y reconociendo sus modos. Yukihiro sintió la forma de ser de aquel hombre. El extranjero no le molestaba, a pesar de la rudeza. Pero ese Sakura, parecía tener un gran secreto. Un secreto advenedizo.
Ken: ¡Ja! A mí no me digas, dile a Sakura que él sabe de conseguir esas cosas... Y mucho más... -comentó chistoso. Yukihiro lo vio con intriga. ¿Mucho más? ¿A qué se refería?
Sakura sintió aquella contemplación curiosa en su persona, y se giró sobre sí mismo, quedando frente a Yukihiro, que sentado, terminaba de ponerse la remera. Lo vislumbró con una mirada helada, con una sonrisa perversa, y Yukihiro sintió una ráfaga de temor súbito que se disipó en un instante.
Sakura: ¡Vaya! ¡Tú sí que tocas la batería! ¡Excelente trabajo! Realmente, si yo me hubiera quedado, L'Arc~En~Ciel no sería ni la cuarta parte de lo que es hoy. Muy buen trabajo -le había dicho con esa extraña sonrisa, y colocando la mano en el hombro de Yukihiro, mirándolo directo a los ojos.
Yukihiro: Gracias -dijo secamente, parpadeando ante aquel mirar.
Sakura: Pareces muy tierno... ¿Sabes? -Yukihiro se contracturó ante aquellas palabras. Eran espantosamente frías, dichas con las mayores intenciones viscerales. Yukihiro frunció el ceño y lo miró con gallardía.
Fue en ese instante que Ken sacó la mano de Sakura sobre el hombro de Yukihiro, con una sonrisa.
Ken: ¡No le hagas caso, Yukki, éste hace bromas pesadas, peores que las mías! Vamos, rufián, no asustes a mi amigo... -le había dicho con socarronería a aquel misterioso baterista retirado.
Sakura se rió abiertamente. Tetsu observaba aquella escena con añoranza. Sabía cómo era Sakura, a pesar de todo. La primera vez que se le conocía caía muy mal. Resultaba ser muy avasallante, pero con el tiempo, se podía entender su humor, y que, al igual que Hyde, su sensualidad le generaba una necesidad de mostrarse permanentemente. No podía creer que
Hyde odiara tanto a Sakura, siendo tan parecidos, habiendo sido tan amigos... Era extraño.
Ein: Y, bueno, Ken. Ahora vas a empezar una gira importante, y nosotros queremos empezar con nuestros trabajos... ¿Qué dices? ¿Nos dejas…?
Ken: Oye, ¡pero no quiero abandonar el grupo! ¡Me caen bien ustedes! -decía con alegría socarrona, mientras abrazaba con sus brazos el cuello de cada uno de los compañeros.
Sakura: ¡Igualmente no dejaremos de salir a nuestras noches de furia, eso nunca! ¡Estés o no en el grupo! -afirmó con sonrisa perversa.
Ken: ¡Vaya! ¡Qué invitación! ¡Pero créanme que ya no estoy para eso!
Ein: ¡Prefieres las garras!
Ken: ¡Ya, ya! ¡Ya les contaré! -intentó salir del tema. Yukihiro se divirtió de aquella idea. Un Ken en aprietos en temas picantes. Nunca lo hubiera imaginado.
Sakura: ¡Pero responde! Necesitamos tu respuesta antes de que partas.
Ken: De acuerdo. Busquen un reemplazo, pero adjúntenlo al grupo, ¿sí? Yo no quiero salir del todo...
Tetsu: Ja ja ja, ¡Ken siempre quiere estar en todos los lugares, y nunca está en el lugar que se le necesita, en el horario que se le necesita! -comentó con gracia. Sakura le sonrió, reconociendo al viejo Tetsu de años.
Sakura: Ciertamente, Ken nunca cambiará -respondió con soberbia.
Tetsu: Tengo que hacer un par de cosas, ¡nos vemos chicos! -saludó el líder al grupo de amigos reencontrados, y se dirigió al pasillo, creyendo que iba a encontrar a Hyde, pero no había nadie.
Fue hasta el hotel, e ingresó en su cuarto. Como era su costumbre, dejaba abiertas las cortinas de la ventana, para contemplar la luna, bañándose con el resplandor tan sugestivo. Tetsu tomó una ducha, y se sentó en la vera de la cama. Hyde estaba de costado, mirando la ventana, dándole a él la espalda. Aquella perfecta espalda con las pequeñas alas. Estaba tan callado y distante.
Se introdujo lentamente en el lecho, reconociendo la invitación, pues Hyde había dejado libre media cama.
Se acercó al cuerpo de Hyde, y apoyó su torso en la espalda del vocalista. Éste sonrió al sentir aquella piel cálida sobre su espinazo.
Besó con lentitud el hombro de Hyde y lentamente se dirigió a su oído. Hyde sólo respondía con pequeños gemidos de deliciosa sensación.
Tetsu no necesitaba preguntarle nada a Hyde. Sabía que él tenía sus secretos, y que alguna vez se los diría. Continuó incitando al joven vocalista, que, a pesar del cansancio del concierto, sentía cómo aquella calidez le regresaba toda la energía. Lentamente apoyó su espalda sobre el lecho, y Tetsu se ubicó sobre él, acariciando su pecho, besándole en los labios, y Hyde respondiendo a todo ello con más caricias, con sonidos, con una respiración entrecortada.
-Gracias, Hyde... -le había susurrado. Hyde sonrió divertido.
-¿Por?
-Bella canción... Muchas gracias... -le besó en la boca, con ternura, con cariño.
Hyde creía que las sutilezas de Tetsu habían excedido sus propias limitaciones. Él se sentía preparado, creyó que esa noche lo lograría finalmente.
Todas las noches, a partir de aquella vez en que Tetsu se había sincerado con Hyde, intentaban con frustración intimar. Hyde no podía. Allí estaba el gran problema que hacía tiempo Hyde le había confesado. Tetsu sentía la excitación de su compañero, la predisposición, pero ante ciertos movimientos, ante ciertos momentos, Hyde se paralizaba, gritaba, o se detenía en seco, abrazando con fuerza a Tetsu, pidiéndole perdón, y rogándole se contuviera. Tetsu no comprendía la causa de todo aquello y Hyde nunca hablaba sobre el tema.
Pero esa noche, parecía especial. Sentía la entrega de Hyde, y cómo éste creía que finalmente, con aquel día de agotamiento, dejaría todos sus miedos de lado. Tetsu sentía como las caderas de Hyde comenzaban a moverse solas, en un secreto llamado al placer. Tetsu bajó sus manos, y tomó la ropa interior de Hyde. Intentó bajarla, pero sintió la tensión súbita de Hyde. Una vez más le pedía que se detuviera.
-¡Basta! ¡Basta! ¡No! ¡No! ¡Déjame! -gritó empujando a Tetsu de su cercanía. Tetsu se sentó en la cama, y lo miró fijamente a los ojos. Hacia meses que compartían la cama, pero más que de un abrazo y un beso profundo no podían pasar. La frustración lo molestaba, aunque más le dolía el estado de Hyde. Éste no hablaba. Nunca lo hacía.
-¡Hyde! -le dijo acariciando la mejilla del vocalista, que estaba acostado sobre la cama, cubriendo su pecho desnudo con la sábana. Eran actitudes tan extravagantes en un joven como él que permanentemente mostraba su sensualidad, y en ese momento, se avergonzaba de aquel torso-. ¿Qué ocurre? -le preguntó con voz tierna.
-¡Perdóname! ¡Perdóname! -le decía-. ¡Pero no puedo! ¡Maldita sea!
-¿Este es el problema que me habías comentado por el cual Megumi te había abandonado? -inquirió amenamente, sin presionar, acariciando a Hyde, resbalando aquella sábana que le cubría para mimar con su cálida mano el torso enigmáticamente iluminado por la luna.
-... -Hyde no contestaba, señal de afirmación.
-No lo entiendo... -Hyde lo miró con curiosidad-. Dices que me quieres pero me rechazas. Es confuso. ¿Qué significa realmente? -preguntó con cierta pena, con cierto dolor.
-No eres tú, Tetchan... Soy yo... -detuvo la mano que recorría su pecho, y acercándola a sus labios la besó con suavidad-. Siempre soy yo... Yo y ese maldito... -contrajo su rostro. Ese día había sido demasiado.
Aquel descaro de ese hombre, el simple gesto de superioridad con el que lo había visto. Era excesivo. Hyde comenzó a llorar, recordando cómo cada momento de intimidad, de ternura, de inocencia que Tetsu le entregaba era empañado por aquellas violencias, por aquellos maltratos. En cada momento que Tetsu le besaba, podía recordar cómo era desgarrado diariamente. Tetsu se sorprendió al ver aquel lloro sin causa, y esa frase: 'ese maldito'.
-¿Qué maldito? -preguntó, mientras lo sujetaba en su regazo.
-¡Ese hijo de puta! ¡ESE! ¡No me deja sentir! ¡ME HA ROBADO TODO! ¡MIERDA! ¡LO ODIO! -gritaba con rabia, golpeando las sábanas, abrazando con fuerza a Tetsu.
-¿Quién, Hyde, por favor, quién?
-¡ESE! -gritaba desesperado, cerrando con fuerza sus ojos, queriendo desvanecerse frente a Tetsu, no verle, no sentirle, porque todos sus recuerdos fantasmales le torturaban. La impotencia comenzó a drenar en forma de lágrimas, que surcaban el rostro compungido de Hyde.
-¿¡Quién! ¡Por favor, Hyde! ¿Quién?
-¡SAKURA! -gritó molesto, llorando sin poder contenerse en el cobijo de Tetsu. Éste quedó atónito. ¿Qué había pasado entre Sakura y Hyde? Tetsu nunca había notado nada. ¿Qué había ocurrido?
-¿Qué hizo? ¿Qué te hizo Sakura?
-¡ME QUITO TODO! ME DEJO VACÍO, ME ARREBATÓ TODO... -gritaba desconsolado.
Tetsu pasó toda la noche reconfortando a Hyde, tratando de calmarlo. Era la segunda vez, luego de la noche de confesión, que tenía ese tipo de crisis frente a él. Y Tetsu estaba sorprendido. Lo besaba en el cuello, con ternura, besaba sus lágrimas, le acariciaba. Buscaba ser de la mayor delicadeza, sutilezas que Hyde apreciaba, y que lentamente lo iban tranquilizando.
Eliminado todo aquel ahogo contenido por años, Hyde se quedó en sus brazos, ciñendo a Tetsu por la espalda, hundiendo su rostro en el pecho del bajista.
-Por favor, Hyde, por lo que más desees, dime qué ha pasado... -le suplicó en un susurro.
-¿Realmente quieres saber? ¿Realmente lo deseas? No será fácil... -le amenazó sin fuerzas.
-Sí. Cuenta, por favor. Déjame entenderte.
Yukihiro había regresado a su cuarto de hotel. Había aseado su cuerpo y se había arrojado a la cama sin mucha mayor preocupación. El concierto le había demandado toda la energía que tenía. Estaba realmente agotado. Se sentó en la cama, y miró a su costado. Vacío. Ken había querido hablar de aquel supuesto reemplazo con sus dos amigos, en privado. Sabía que ellos iban a ir a esos lugares de los cuales Ken era tan adicto hacía tanto tiempo. ¿Quién sabía a que hora llegaría?
Recordó la sonrisa perversa, la mirada escalofriante de aquel baterista, y suspiró con tristeza. Ken era libre. Debía aceptarlo. El ser siempre único en cada vez, no era más que una ilusión. Seguramente esa noche regresaría a sus tan anhelados burdeles, junto con ese baterista visceral.
Tal vez, realmente había sido un experimento. Un experimento de una duración asombrosa, pero en definitiva, sólo terminaba siendo eso. Se introdujo en la cama, y se ubicó en el medio de la misma. Intentó conciliar el sueño, pero a pesar de aquel extenuante cansancio que le había generado el concierto, no podía conciliar el sueño sumido en sus pensamientos. Giró hacia un costado, dando la espalda a la puerta de entrada. Giró unas cuantas veces más, para regresar a la misma posición inicial. Giraba inquieto. Era la primera vez en mucho tiempo que volvía a dormir solo. Ken siempre se las arreglaba para compartir la cama con él.
Siempre. Y en ese momento, él estaba solo... en la cama fría...
Comenzó a imaginar a Ken con las más sensuales mujeres, con profesionales, con experimentadas, con inocentes, con toda clase de jóvenes. Mujeres que le acariciaban de formas que él nunca podría, mujeres que lo besaban de una forma excepcional, mujeres con las cuales Ken pasaría horas, poseyéndolas, disfrutándolas, y hasta inclusive, susurrándole bellas cosas en los oídos, entre gemidos, entre suspiros. Porque ahora Ken estaba más lleno de esencia, poseía facetas sensibles que antes no, y esa novedad haría que las jóvenes se fijaran con mayor ahínco en él. Tal vez, sería el comienzo de un Ken más conquistador que antes. Tal vez. Pero sólo reconocía una verdad. Él era sólo un experimento más.
De repente, el sonido de la puerta lo sacó de sus reflexiones. Giró su rostro un poco, y logró ver a Ken, que ingresaba cansado. En total silencio, regresó a su posición inicial.
-¿Yukki? ¿Te desperté?
-... -sólo suspiraba en silencio.
-¿Yukki? ¿Por qué te fuiste de allí?
-Estoy cansado -respondió con un tono indiferente. Ken advirtió aquel modismo tan neutro.
-Pero... ¡podíamos haber tomado unas copas juntos! -le dijo sonriendo, mientras se sentaba en el borde de la cama, esperando que Yukihiro lo mirara, pero solamente apoyaba su cabeza en la almohada, y observaba en la lejanía la pared.
-...
-¿Qué pasa, Yukki? –comentó, intentando apoyar su mano en la espalda de Yukihiro, toque que éste deshizo simulando un giro sin importancia. Giro que sólo había sido hecho para evitar el roce. Ken notó que su amante estaba en el centro de la cama. Nunca hacía eso. Siempre dejaba un lado libre, para él-. ¿No me vas a dejar dormir contigo?
-¿Aún lo deseas? -le preguntó con angustia. Ken parpadeó un instante y miró cómo Yukihiro ocultaba su rostro en la almohada.
-¡Yukki! ¡Pues claro que sí! -su tono demostraba que aquella pregunta era evidente.
-Pero antes ve a bañarte... no quiero aromas ajenos... -contestó dolido. Ken frunció el ceño y olió sobre su hombro. Era cierto. Allí había una extraña esencia de rosas que se mezclaba con el típico aroma a canela que Ken utilizaba. Ken comprendió.
-¡Yukki! ¡Rayos! ¿Acaso estás pensando... que yo...? -comentó con algo de rudeza, tomando por el hombro a Yukihiro, haciéndole sentar en la cama. Éste se incorporó sin resistencia, y lo miró con molestia, suavizando la expresión al ver el rostro de enojo de Ken, bajando lentamente su vista.
-Hueles a mujer... -acotó con tristeza.
-¡Yukki! ¡Es sólo la ropa! ¡Escúchame! Fui con los chicos a tomar unas bebidas en los bares de los suburbios...
-En burdeles...
-Sí. Sí. Lo que tú digas. Y es verdad que hubo unas chicas que me abrazaron, pero nada más. ¡Yukki, mírame! -le dijo con tono de dolor.
Yukihiro levantó su rostro para ver la tez de Ken. Parecía limpia. Limpia de cualquier maquillaje. Pero aún así, Yukihiro temía.
-¡De acuerdo! -asintió frente a aquel rostro sufriente de su amante. Comenzó a quitarse la ropa de su tórax, y se acercó a Yukihiro. Sabía que éste descubriría la verdad. Yukihiro observó con curiosidad. Ken se había acercado a él, con el único fin de que sintiera el aroma sobre su piel. Pero era canela. Sólo aroma a canela.
Yukihiro suspiró aliviado, y aprovechó aquella cercanía, para apoyar su rostro en el hombro de Ken, y recibir el toque del abrazo de sus pieles.
-Perdóname, Ken... -susurró-. Pero siempre temo resultar ser el experimento... -Ken le sonrió y apretó a Yukihiro contra sí. Aquella ternura, aquella simpleza eran más valiosas que todas las tentaciones de la tierra. Era la única forma de llegar al cielo. Su propio cielo. Su cielo único en cada vez.
-Vaaaa... ¡no me hagas escenas de celos así, que me voy a arrepentir! -comentó con ironía, riendo entre palabras, separándose de Yukihiro-. ¡Me voy a bañar, pero conste que no he tenido nada de lo que tú piensas! ¡Pervertido! -le dijo, levantándose y dirigiéndose al baño mientras se desvestía. Yukihiro le sonrió, e ingresó a la cama, dejando libre aquel costado. El costado de Ken. A su lado.
Ken salió a los pocos minutos, y se introdujo sin más preocupación a la cama. Yukihiro le daba la espalda. Lo miró con curiosidad.
-¿Yukki? ¿Sigues enojado?
-NO -le dijo en un tono rudo.
-¿Yukki? -Ken sintió por un momento un desequilibrio emocional. Creyó no entender lo que le preocupaba al amigo. Fue en ese momento, que Yukihiro, sintiendo la tortura de Ken, giró sobre sí, y le mostró la lengua.
-¡Sufre! -le dijo en tono de venganza cumplida.
-¡Oye! -le sonrió con afecto. Ken abrazó a Yukihiro, y como era su costumbre, lo acomodó sobre sí mismo. Yukihiro cruzó sus brazos sobre el pecho de Ken, y apoyó el mentón entre ellos. Lo miraba a los ojos, con una cálida sonrisa.
-¿Y tus amigos? ¿Dónde están?
-En el burdel...
-¿Ah? ¿Y tú los abandonaste? -le preguntó con un tono de burla.
-No molestes, ¡Yukki! -le recriminó. A pesar de que había renunciado a los placeres lujuriosos, renegaba de perder la reputación. Deseaba que todo el mundo lo viera como el gran conquistador y no soportaba las bromas que pusieran en cuestionamiento aquello. Yukihiro sabía de esa peculiaridad de su amigo, y sólo en esos momentos de intimidad, gustaba de molestarlo. Súbitamente recordó aquel hombre escalofriante, tornando su rostro serio. Ken lo miró con duda, y le cuestionó con sus ojos el por qué de la formalidad repentina.
-¡Ah! Estaba pensando en ese Sakura...
-Vaaaa... Yukki, ya te dije, no lo tomes en serio. El sólo bromeó contigo con aquello de...
-No. No es eso.
-¿Entonces?
-Es un tipo espeluznante.
-¡Ee! Pero sólo la primera vez que lo conoces. A Hyde tampoco le había caído bien la primera vez que lo conoció, pero luego resultaron muy buenos amigos, hasta el fin de aquella amistad.
-No lo sé... siento que es peligroso...
-Naaa... Sakura es pura imagen. Es imponente y seductor... pero no mataría una mosca... lo conozco... -Yukihiro lo miró curioso. Ken utilizó aquel rostro de su amante para jugar una broma más-. ¿Qué? ¿También tienes celos de él? -le preguntó con tono irónico.
-¡Cállate! -le replicó con un gesto de molestia, para regresar a la seriedad de hacía un momento-. Tú le habías dicho a aquel extranjero que le dijera a Sakura sobre cómo conquistar, y 'mucho más'... ¿qué significa eso?
-¡Ah! Son bromas dentro del grupo... a Sakura, tú sabes, lo rodea el escándalo. Unas jovencitas lo han hostigado por decir que las había violentado, lo mismo un joven adolescente.
-¡Qué horror! -dijo molesto.
-Pero son sólo escándalos y rumores infundados. Sakura nunca se preocupó de ellos. Ya te digo, él no mataría una mosca.
-No estoy tan seguro...
-¿Qué? ¡Vamos, Yukki! Yo lo conozco casi hace 15 años... -comentó incrédulo. Yukihiro lo observó con una ceja levantada-. ¿Tú qué dices? -preguntó, sabiendo que Yukihiro ya tenía una impresión adquirida.
-Cuando me habló de esa forma, sentí miedo...
-¡JA! Con la fuerza que tienes, ¡Yukki! ¡Cómo te va a dar miedo!
-No es cuestión de violencia, es de personalidad. Mira de forma desgarrante. ¿No te diste cuenta cómo Hyde salió de allí espantado?
-Simplemente lo rechaza. ¡Sólo ellos dos saben por lo que han peleado! -Comentó con desenfado.
-¿Tú no le preguntaste a Sakura?
-Sí. Pero nunca me contestó más que 'pregúntale a Hyde'... esos dos tienen un gran misterio.
-Mmm... pues sí. Pero igual no me tranquiliza -comentó apoyando su rostro en el pecho de Ken, cerrando sus ojos.
-¿Quieres que te tranquilice? -le dijo con pícaro tono que hizo sonreír a Yukihiro.
-No. Estoy muy cansado. ¡La batería no es una guitarrita! -susurró, sabiendo que aquello molestaría a su amante.
-¡Oye!
Yukihiro se acomodó mejor sobre el cuerpo de Ken, y descansó su rostro en la curva del cuello de su amante, como siempre gustaba hacerlo, como Ken adoraba que hiciera. Sentir el calor de ambos.
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