¡Hola, amigos! ¡Cuánto tiempo! Mi ausencia es inexcusable (miro avergonzada hacia el suelo), pero para recompensaros este capítulo es mucho más largo y espero realmente que lo disfruteis y está lleno de Andrómeda. Por cierto, la canción que aparece en cursiva es "Espíritu de amor", de Warcry. ¡Espero que os guste!

Capítulo 9

Vegeta observó detenidamente a la muchacha que Trunks estrechaba protectoramente contra sí mientras un silencio expectante envolvía a los presentes. Cuántas veces había deseado durante esas semanas encontrarse con la otra protagonista de la historia de su hijo y en ese momento, finalmente, después de mucho elucubrar, la tenía ante sus ojos.

Andrómeda no era lo que se consideraba como una mujer atractiva; no poseía los rasgos exuberantes o rotundos que hacen volver la cabeza a la hombres a su paso por cualquier calle. Sin embargo, era bella, muy bella: sus rasgos eran finos y elegantes, como los de una escultura griega de alguna diosa largamente olvidada realizada por el mejor de los artistas; su piel era blanca como la leche, sobre la que destacaban el tinte rosado de sus mejillas y el rojo pecado de sus labios, encuadrando su rostro con un fino telón de suaves rizos morenos que se mecían levemente con el viento primaveral. Un hombre podía pasarse la vida admirando la belleza de su rostro. Pese a todo, lo que más impresionó a Vegeta fueron sus ojos: sus preciosos ojos verdes esmeralda, tan bellos y fugaces como un sueño de juventud. Oh, Dios...había visto a millones de hombres morir por motivos mucho menos valiosos que aquellos ojos.

Toda ella irradiaba inocencia y bondad. Pero Vegeta no se dejó deslumbrar por aquella fachada ingenua y la miró buscando la personalidad oculta bajo aquel cúmulo de perfección casi infantil, sabiendo que su hijo no podía haberse enamorado tan locamente de alguien que fuera tan sólo un cuerpo y no supusiera un reto para su inteligencia y un aliciente a su pasión. Descubrió complacido cómo sus ojillos verdes le escrutaban con una curiosidad astuta, fruto seguramente de todas las cosas, la mayoría reprobables para la óptica humana, que le habría contado Trunks sobre él e, incluso, creyó ver divertido una pizca de pícaro reto en su mirada. De que la mocosa era valiente no había duda alguna pues, pese a lo imponente del aspecto de su suegro y lo que sabía de él, mantenía su mirada cuando ni siquiera Chichi o Videl eran capaces de hacerlo tantos años después de conocerle; pero Vegeta no asustaba a su intrépido carácter. Y, por último, parecía que el aura de timidez y candidez que mostraba se quedaba sólo en una impresión, pues el camisón semitransparente que llevaba apenas podía ocultar, bajo la chaqueta que Trunks le había dejado, las íntimas intenciones para las que había sido puesto y concebido. La muchacha debía haber malinterpretado la llamada de Trunks con la promesa de una larga noche de pasión y se había vestido esperando la ocasión pues, si algo había aprendido Vegeta conviviendo con dos mujeres es que, a no ser que esperen compañía a la hora de dormir, el pijama de felpa y ositos es siempre una opción más apetecible que las ligas y las calculadas transparencias. Y, en el caso de Bulma, incluso cuando era seguro, como casi siempre, que no iría a la cama solo a dormir.

Andrómeda tenía, por tanto, la belleza capaz de encandilar a Trunks; la inocencia, la dulzura y la bondad necesaria para ablandar la fiera realidad del guerrero; pero también tenía la valentía, la astucia y la picardía que debía poseer la compañera del heredero del linaje Sayajin y la inteligencia, el carácter y la sensualidad que supondrían un sabroso reto en el día a día con su hijo. Habían sido cualidades como esas las que le habían hecho enamorarse de Bulma como aún lo estaba y sabía que Trunks sería feliz con ella si no ocurría algo como lo que le sucedió a Mirai. Pero esta vez él no permitiría su muerte. Ahora ella también era su familia y, por el bien de Trunks, la defendería con su vida si fuese necesario.

-Muy bien, mocosa número dos...No sé lo que Trunks te habrá contado pero estamos en alerta, así que tendrás que hacer todo lo que te digamos sin cuestionarnos, nunca te quedarás sola y estarás tan quieta y tan callada que llegaremos a pensar que eres invisible. ¿Está claro, niña? –dijo Vegeta. Andrómeda asintió -. Y ve a ponerte algo más decente; no quiero que mi hijo y el clon de Kakarot estén más pendientes de tus faldas que de nuestros enemigos. ¡Bra, acompáñala a su habitación!

-Papá, yo la acompañaré –terció Trunks.

-No, tú te quedas, tenemos que hablar. Bra, haz lo que te he dicho –sentenció Vegeta. Bra saltó feliz hacia su nueva cuñada y la cogió por el brazo.

-Gracias, señor –saltó de repente Andrómeda -, por protegerme.

-Desapareced –murmuró Vegeta, tras mirarla atentamente durante unos segundos.

-No te preocupes, amiga –le decía Bra, mientras se alejaban-, parece un ogro, pero en realidad es un trozo de pan.

-En cuanto a ti –le dijo Vegeta a su hijo – cuando estés con ella, mantén las manos donde pueda verlas.

-¿Lo estás diciendo en serio? Papá, ya soy lo suficientemente mayorcito como para saber...

-¡Ya lo sé! Lo que me preocuparía es que no lo intentaras. Pero no es eso. No le pongas las manos encima a esa chica mientras estamos aquí. Si nos atacan, no quiero que estés distraído porque te encuentras en una situación "incómoda" y consigas que os maten a ti y a la chica. Ya tendréis tiempo de sobra después. Haz caso.

-Está bien, papá –dijo Trunks, dejando escapar un suspiro frustrado-. Deberías descansar un poco, apenas has dormido desde lo de Mirai. Yo me quedaré de guardia.

-No me iré a ningún sitio hasta que Gohan y Mirai salgan. Aprovecha y vete con tu chica y tu hermana.

-Pero, papá...

-Que te vayas he dicho.

-Como quieras. Ya llamaré a mamá para que te convenza –murmuró Trunks mientras se alejaba hacia el interior del palacio. Vegeta suspiró y se sentó en el suelo para meditar intentando por todos los medios no pensar en la cara que pondría Mirai al ver a Andrómeda.

Había pasado ya medio día. Seis meses completos en aquella sala y el príncipe de todos los Saiyajin estaba comenzando a ponerse realmente nervioso. Ni una sola noticia de su hijo herido desde entonces. Ni una sola. Ni siquiera un triste mensaje por debajo de la puerta.

-Voy a matar a Son Gohanda –gruñó Vegeta, mientras miraba por enésima vez el reloj de su muñeca. En ese momento, un pensamiento perturbador apareció en su mente: ¿Y si Trunks no lo había conseguido? ¿Y si Trunks había muerto y Gohan sólo estaba intentando ganar tiempo antes de enfrentarlo? Intentó sacudirse ese pensamiento, sabiendo perfectamente que Gohan no tan cobarde como para no enfrentarlo sabiendo que la situación era temporal y que tarde o temprano tendría que salir de aquella sala. Pero Vegeta ya no podía aguantarlo más y se dirigió hacia la puerta con un gruñido exasperado, dispuesto a abrirla a golpes si fuese necesario. Pero, en el momento preciso en que iba a cumplir la amenaza proferida mentalmente, oyó girar el picaporte al otro lado de la puerta.

Los segundos le parecieron años mientras la puerta se abría lentamente. Vegeta dejó escapar un gruñido ahogado de exasperación y, cogiendo el picaporte, abrió la puerta de un gesto para revelar a un muy sorprendido Mirai Trunks.

-Ey, papá –dijo el muchacho, ya repuesto de su sorpresa-. Hace mucho tiempo que no te veía.

-¿Estás bien, mocoso? –preguntó Vegeta. Trunks asintió.

-Sí; Gohan ha cuidado bien de mí y...

-Quítate la camiseta –ordenó Vegeta.

-¿Qué? –preguntó Trunks, mientras un sonriente Gohan salía de detrás de él.

-Quiero ver cómo están tus heridas. Quítate la camiseta o te la quito yo.

Trunks dejó escapar un suspiro y se quitó la camiseta con un rápido movimiento, dejando que Vegeta le observara con mirada profesional. De los pequeños golpes y heridas consecuentes de las luchas pasadas no quedaba ni rastro; la puñalada infame recibida a traición se había convertido en una pequeña cicatriz y de la gran quemadura que había amenazado su vida sólo quedaban pequeñas reminiscencias de color rojizo junto a la piel sana.

-¿Ya estás contento? –preguntó Trunks con sorna mientras se cubría de nuevo.

-¿Por qué habéis tardado tanto?

-Nos hemos quedado un rato más a entrenar y te aseguro que Mirai es asombroso, mucho más de lo que yo recordaba –dijo Gohan.

-¿Alguna novedad? –preguntó Trunks.

-No, sólo que ella es... –comenzó a decir Vegeta, cuando la voz de Bulma a su espalda le interrumpió.

-¡Ya han salido! –gritó ella, corriendo hacia Mirai -. ¡Mi niño! ¿Cómo estás? ¡Estás muy delgado! Seguro que hiciste como tu padre y te pusiste a entrenar en cuanto fuiste capaz de mantenerte en pie, si es que sois igualitos. Déjame que vea tus heridas.

-¡La próxima vez saldré desnudo! –dijo Mirai, exasperado, intentando evitar que su madre le desnudara de nuevo. Bulma le envió una mirada de advertencia y le dio una colleja que fue suficiente para que el muchacho se quedara quieto ante el gesto autoritario que solo una madre es capaz de hacer.

-Puede que hayas derrotado a Freezer, a Célula, a los androides y a muchos otros monstruos poderosísimos, amigo...pero nadie es capaz de derrotar a su propia madre. ¡Ni siquiera un Saiyajin! –rió Gohan.

-¡Cállate, tú tienes el mismo problema! –le dijo Mirai, furibundo-. Déjalo, mamá, estoy bien, te preocupas demasiado.

-¿Casi te mueres y yo me preocupo demasiado? –bufó Bulma mientras le examinaba más concienzudamente. En ese momento, fueron llegando el resto de sus compañeros a darles la bienvenida. Mirai les saludó a todos con su bondad habitual hasta que Trunks apareció de la mano de Andrómeda. Y el mundo se paró.

-Andy... –murmuró Mirai. En aquel momento, todo el mundo excepto ella desapareció para él. Había esperado ese momento cada segundo de su existencia durante años...el momento en el que volviera a tenerla frente a él, de volver a verla tan bella, sana y feliz como aquel último día, como si nada hubiera pasado. Deseaba correr hacia ella y decirle lo mucho que aún la amaba, abrazarla, besarla y poseerla hasta que el mundo les convirtiera en uno asustado de su pasión. Pero entonces su alma clamó lo que sus ojos y su corazón no querían reconocer: que, simplemente, no era ella. Su alma reconoció al instante que aquella mujer no era quien amaba e intentaba imponer su criterio a los deseos locos del corazón desesperado de su amo.

-¡Hermano! –le sacó de su ensoñación la voz de Trunks junto a él. Tragó saliva ruidosamente al notar la cercana presencia de Andrómeda y rogó al cielo que le permitiera conservar la poca racionalidad y autocontrol que le quedaban para evitar hacer alguna locura -. Esta es Andrómeda, mi novia.

Ella, con su bendita ignorancia, le tendió la mano sin llegar a comprender dónde se estaba metiendo, poniéndole con su sonrisa amable al borde de su racionalidad. Él la estrechó, tambaleante, para luego llevársela a los labios en un gesto galante que pretendía ocultar, o quizá aumentar, su turbación.

-Mi nombre es Tr...Mirai. Me llamo Mirai –le respondió Trunks, sabiendo que ella sospecharía si se autodenominaba con el mismo nombre que su novio.

-Mirai...es un nombre muy extraño, ¿no te parece? –rió Andrómeda. Mirai forzó una sonrisa, mientras se repetía mentalmente que aquella chiquilla que parecía un fantasma salido de otro tiempo para atormentarle no era su esposa, pero... era tan difícil pensarlo cuando ella estaba delante de él después de tanto tiempo...

-Dado que mis dos hermanos tienen nombre de ropa interior, creo que salí ganando con el cambio –dijo él. Ella rió ante la broma.

-Tienes mucha razón –dijo ella. Ambos se quedaron en silencio durante unos minutos, mirándose a los ojos. Mirai reconoció aquella expresión en su rostro: trataba de averiguar por qué aquel simple desconocido le resultaba tan familiar, por qué sentía que conocía a ese hombre mejor que a sí misma. Ella no podía saber, pese al parecido, que era el mismo muchacho del que se había enamorado, pero por alguna razón inexplicable le reconocía.

-Andrómeda –dijo Mirai, sin poderlo evitar-, sé que esto te puede parecer extraño, pero créeme cuando te digo que te protegeré con mi vida si es necesario.

-Te creo, pero... –dijo ella, dudando.

-¿Pero qué? –preguntó Mirai.

-Es que es la primera vez que un desconocido me dice algo así. Tú ni siquiera me conoces y ya me estás diciendo que me protegerías con tu vida, eso es algo que no se escucha todos los días –dijo ella. Sus palabras devolvieron a Mirai a la cruda realidad de la que por un momento, al verla, había tratado de escapar. Siendo su esposa, no era ella, y aquella que había amado, respetado, deseado y adorado, por la que había llorado y sufrido más de lo que con palabras podría describir, ni siquiera le recordaba. No sabía quién era ni nada de lo que compartieron juntos durante años. Él no era nada para ella.

-Cierto, para ti yo no soy nada más...que un extraño... Siéntete como en tu casa, cuñada. No te preocupes, papá y yo daremos buena cuenta de nuestros enemigos muy pronto y tú podrás seguir con tu vida normal. Gohan y yo entrenamos mucho en la sala así que creo que...voy a darme una ducha –dijo Mirai, soltando la mano de aquella chica que hasta entonces había retenido entre las suyas. Intentó ocultar su turbación y caminar tranquilamente hacia el interior del palacio, lejos de las miradas curiosas de sus compañeros, como si nada hubiera pasado. Pero él sabía que no podía engañar al todopoderoso Vegeta. Vegeta siguió a su hijo hasta el interior del palacio donde, lejos de miradas ajenas, finalmente dio alcance a su hijo.

-¡Trunks, espera!

-¡Soy idiota! ¡No sé qué coño esperaba, claro que soy un extraño para ella! –gritó Mirai, lleno de rabia.

-¡Sabía que pasaría esto, te dije que no la trajésemos!

-¿Y qué pretendías que hiciera? ¿Qué la dejara morir de nuevo? ¿Es eso lo que querías?

-¡No, pero nos las hubiésemos arreglado para protegerla sin hacerte pasar por esto, sin obligarte a fingir que no conoces a tu propia esposa!

-¡Demasiado tarde! –le gritó Trunks, corriendo hasta el borde de la plataforma celestial.

-¿A dónde vas ahora?

-A destrozar montañas antes de que me haga explotar a mí mismo. Volveré dentro de un rato –dijo Trunks, pero Vegeta le sujetó antes de que pudiera echar a volar.

-¡Espera! ¡No te vayas solo! ¡Pueden atacarte! –le dijo Vegeta.

-¡Qué se aparezcan! ¡Ojalá se crucen en mi camino porque como me los encuentre en este momento de ellos no quedará ni las cenizas! –le rebatió Trunks, soltándose de su padre y echando a volar hacia la noche.

-¿Cuál ha sido mi pecado para tener que pasar con esto? ¿Cuál? –gritó Mirai al vacío, sin esperar una respuesta, mientras tiraba una postrera bola de fuego al centro de la última montaña que quedaba en pie en medio de un desierto que antes de la llegada del súper guerrero había sido una altiva cordillera-. ¡Soy una buena persona! ¡He consagrado mi vida a defender el mundo contra todos aquellos que solo querían matar, destruir, violar y hacer sufrir y es así como se me paga! ¡Contéstame, quienquiera que sea quien esté allá arriba! ¡Contesta! ¿Por qué yo?

Trunks se dejó caer en la arena del desierto, con la espalda apoyada en el único trozo de roca que quedó en pie tras su acceso de rabia. Verla de nuevo había dolido tanto que aún costaba hasta respirar. Sabía que iba a ser duro volver a encontrarse con la que había sido la persona más importante de su vida, pero nunca imaginó que lo fuese a ser tanto. El corazón le dolía más que cualquiera de las heridas recibidas a lo largo de su batallas a vida o muerte. La misma muerte de la que nunca la pudo salvar; la misma muerte que conjuraba cada noche en su debilidad vulnerando la promesa que le había hecho a su padre. Pero, por desgracia, de amor no se moría. Sólo se sufría. El último juego macabro de un diablo que se divertía con el alma de los mortales, pues los clásicos confundieron sus advocaciones y Cupido no fue un inocente diosecillo alado sino un diablo castigador del ser humano con sus flechas.

Aquellos momentos que la muerte me robó...

-Andy... –susurró Mirai, cerrando los ojos, intentando perderse en el aire frío de la noche que no le consolaba. Pensando en ella. En lo que fueron. En lo que aún quería ser. En lo que había perdido por ser ella la única persona que el héroe no pudo proteger, cuando desear no es suficiente.

Aquel sentimiento nunca desapareció...

Unos pasos se acercaron a él, pero Mirai no abrió los ojos. No quería ver a quién se acercaba. Sus pasos eran inconfundibles para él, sabía que no estaba en peligro, pero no quería ver. Porque de nuevo, cuando se alejara, volvería a sentir su pérdida como si todos aquellos años pasados entre lágrimas hubieran sido solo un suspiro.

-Trunks... –le llamaron. Él se resignó y abrió los ojos. Y allí, como había supuesto, estaba ella. Blanca, etérea, preciosa estaba allí la Andrómeda que un día fue su esposa, mirándole con sus preciosos ojos verdes llenos de ternura; su pelo rizado ondeaba con el viento y se confundía con la noche mientras el brillo de su vestido blanco quería rivalizar con el de las mismas estrellas. Pero, en aquella visión de ensueño, siempre se encontraba la mancha rojiza en su estómago que le recordaba que ella llevaba años muerta.

Tanto te echo de menos, mi vida, no tiene fin...

-Oh, amor...¿durante cuánto tiempo vas a seguir embrujando mis sueños? –suspiró Trunks, mientras ella se arrodillaba a su lado.

-Durante el tiempo que tú me lo permitas, querido –dijo su imagen, sentándose a su lado.

-No me repliques, Andy; tú solo eres un producto de mi imaginación, un sueño nada más.

-Puede que sea un sueño; pero eso no me hace menos real.

Solo tengo tus recuerdos, solo eso me une a ti...

-No puedes imaginar cuánto te echo de menos. ¿Por qué nos ha pasado esto?

-Mi querido loco, deja de preguntarte por algo que nunca obtendrá respuesta. Simplemente pasó. Tú hiciste lo que pudiste. Deja de culparte.

-Eres mi imaginación, así que deja de hablarme como si de verdad estuvieses aquí.

-Cierto, soy tu imaginación. Pero tú me conociste, amor, más que a ti mismo; sabes lo que diría si estuviese viva, así que no tomes en balde mis palabras.

Sé que todo terminó, que todo aquello acabó...

-Quiero morirme. Déjame ir contigo.

-No, mi niño, no. No quiero que te dejes morir. Tú debes vivir y disfrutar de tu vida. Lo malo que tiene la vida es que es un estado transitorio; tú morirás tarde o temprano y, siendo súper guerrero seguramente te matarán antes que a la mayoría de la gente; por ello tienes que vivir intensamente lo que puedas. Deja de desear la muerte; yo seguiré aquí cuando esta te llegue.

Todo el amor que hubo aquí, ella se lo llevó...

-No quiero vivir; mi vida está vacía sin ti, porque tú no estás conmigo y yo no puedo dejar de quererte por más que lo intente. Dios sabe que he intentado hasta lo imposible por olvidarte, por seguir adelante, pero no puedo. Déjame ir para siempre contigo.

-Cariño, siempre es mucho tiempo.

-Contigo, siempre solo será un suspiro.

Quiero rozar tu piel, sentir tu corazón...

-¿Abandonarás a tu padre y a la nueva familia que te quiere como si siempre hubieras estado con ellos?

-Pueden sobrevivir sin mí. Si tú vuelves conmigo, nada más importará y algún día, cuando se reúnan con nosotros, los volveré a ver.

Qué fácil fue ayer...mi amor...

-El problema es que yo no puedo estar contigo, por mucho que quiera. Resígnate, Trunks; solo puedes pensar en mí como lo que pudo ser y no fue. Quiero que seas muy feliz y que vivas intensamente. Y cuando llegue tu hora, yo estaré esperándote en ese trocito de cielo a donde estamos destinados a ir y si aún me sigues queriendo después de tanto tiempo, yo te corresponderé. Pero antes de que eso ocurra, vive durante mucho tiempo y sé muy feliz.

Vago por las calles sin tener nada que hacer,

navegando sin destino, sin rumbo que mantener,
recordando mi pasado cuando estaba junto a ti...
sólo por esos recuerdos aún continúo aquí.

-Nunca me resignaré a vivir sin el amor de mi vida.

-Cumple la promesa que le hiciste a tu padre. Él puede ofrecerte la vida que un día no tuviste y que, yo lo sé, también siempre deseaste.

-No puedes hacerme elegir.

-No tienes la opción de elegir, mi vida. Yo vendré a buscarte cuando llegue tu momento.

Hoy volveré a tu lado una vez más...
volveré a contemplar esa mirada tranquila...
Lejos de mí, sin poderte abrazar,
deseando acariciar tu cuerpo hasta que llegue el día...
Y no...

-Imaginación, sabes que te amé como a nada, ¿verdad?

-Lo sé, Realidad.

-Te hubiera dado el universo si me lo hubieras pedido.

-Pero yo no lo quería; yo te quería a ti y te tuve. Me hiciste feliz. Eso es más de lo que pueden decir la mayor parte de las personas que pasan por este mundo sin pena ni gloria.

-Fuiste la única persona que nunca le pidió nada al héroe. Ni siquiera ser salvada.

-Te pedí que me amaras. ¿No es eso el mayor sacrificio que se puede pedir a una persona?

-Amarte no fue tu petición, sino mi necesidad. Y lo seguirá siendo hasta el día en que has prometido venir a buscarme, mi querido Espíritu de Amor –dijo él, inclinándose hacia la imagen. Se inclinó para besarla, pero cuando fue a tocarla, como siempre, ella desapareció entre sus brazos y el cuerpo inerte de Trunks cayó sobre la arena, haciéndole despertar de aquel sueño en el que ni siquiera se había sentido caer.

Suspiró; su llegada a sus sueños aquella noche había sido más vívida de lo habitual, seguramente a causa de su encuentro con la Andrómeda presente. Había sido tan real que casi podía sentir aún el fino olor a rosas de sus cabellos en su piel. Pero él sabía que ella no había estado allí...¿o sí? Él, hijo del príncipe de una raza extinta, debería ser el menos indicado para juzgar imposibles. Dejando que su boca desdibujase una sonrisa triste, se agarró a ese pensamiento y echó a volar hacia la plataforma celestial antes de que su padre corriera en su busca.

Mirai se encerró en su habitación nada más llegar a la plataforma celestial, ocultando su energía para evitar que su padre se diera cuenta de su presencia. No quería ver a nadie y no quería tener que hacer frente a sus silenciosos reproches sobre su comportamiento con Andrómeda y su posterior huída, diciendo que tenía que comprender que ella no entendía nada, que no sabía nada, como si él no fuese consciente de eso. Tarde o temprano, su padre se daría cuenta de su presencia allí e iría a abordarlo; pero cuanto más tarde sucediera eso, sería mejor para él.

En eso pensaba cuando oyó un tímido golpe en su puerta que ignoró, esperando que se fuera, pero no se resignó y continuó golpeando a la puerta.

-¡Mirai! Te he visto entrar, ábreme –dijo la melodiosa voz de Andrómeda al otro lado de la puerta. Mirai había reconocido su energía inmediatamente, pero no quería verla, no podía verla. No sabía si, a solas y con su tentadora visión ante los sentidos, sería capaz de controlarse a sí mismo y decir lo que por el bien del futuro debía ser callado, de explicarle quién era en realidad, quiénes fueron juntos y quiénes podían volver a ser si ella le daba su mano y se alejaban de allí rumbo al futuro que él nunca debió abandonar.

-¡Vete, niña! ¡Trunks debe estarte buscando! –dijo Mirai, sin moverse. Sí, Trunks; ella era suya, su Andrómeda, no de él. Vegeta le perseguiría por el resto de su existencia si se atrevía a intentar apartar a su verdadero hijo, al que él había criado, de los brazos de su felicidad. Conocía a Vegeta y había demostrado que le quería pero, entre la dicotomía de elegir entre sus dos hijos, escogería a aquel que llevaba la razón. Y en ningún caso este sería él. Él perdió la batalla; no podía reclamar a aquella que no era suya.

-¡No me iré! ¡Necesito hablar contigo! ¡Mirai, déjame entrar! –pidió ella, desde fuera.

-¡No! ¡Vete, diablos! –le dijo Mirai. Él la oyó decir la mayor blasfemia que había oído de labios ajenos a los de su padre mientras maniobraba con el picaporte. Mirai empalideció mientras saltaba de la ventana hacia la puerta-. ¡No fuerces mi cerradura, por todos los diablos!

La puerta se abrió con un chirrido revelando a Andrómeda, que le mostraba una doblada horquilla del pelo con una diabólica sonrisa en sus finos rasgos.

-Tarde –rió ella.

-Lo puedo arreglar –dijo él, cerrando la puerta de nuevo con un golpe seco. La oyó suspirar detrás de la puerta y volver a maniobrar con su horquilla-. ¡Estate quieta!

-Creo que ya le he cogido el truco a tu puerta –dijo Andrómeda, sonriente, abriéndola de nuevo. Mirai dejó escapar un gruñido.

-Debería hacerte explotar.

-No creo que lo hagas.

-Vete.

-No.

-Te echaré por las buenas o por las malas, así que, niña, mejor que sea por las buenas.

-Deja de comportarte como tu padre, niño malcriado. Tantas veces como me saques de aquí volveré a entrar y si te vas volando como antes, te esperaré hasta que tengas que regresar y continuaré haciendo lo mismo hasta que accedas a hablar conmigo, así que mejor será que me escuches y terminemos con esto, porque como sigas intentando evitarme haré lo que te he dicho y te puedo jurar que soy muy tozuda –dijo Andrómeda, cruzando los brazos sobre el pecho. Mirai podía jurar su última afirmación, así que, dejando escapar un suspiro, se sentó en la ventana y le indicó con un gesto que entrara.

-Dime qué es lo que quieres.

-¿Por qué te fuiste así de perturbado antes para luego salir volando de aquí como alma que llevaba el Diablo? ¿Qué es lo que tanto te molesta de mí? –soltó ella, sin más preámbulos. Mirai se volvió a mirarla, sorprendido.

-No hay nada de ti que me moleste y cuando me fui estaba perfectamente bien. Ahora vete –dijo él. Ella dejó escapar una sonrisa malvada.

-Solo una pregunta más, cuñado. ¿Me lo permites?

-Está bien. Dispara.

-¿Crees que soy estúpida? –le dijo ella. Mirai la miró, estupefacto.

-¿Qué estás diciendo?

-Lo que has oído. ¿Crees que soy tan estúpida como para no darme cuenta de lo que pasa a mi alrededor? ¿Para no ver que tú y mi Trunks sois la misma persona? –le gritó ella.

-No somos la misma persona, somos hermanos –dijo Mirai, tratando de mantener la ficción.

-¡Ni siquiera dos gemelos se parecen tanto como vosotros! ¡Soy muy lista, así que si quieres mentirme, tendrás que inventarte algo mejor! Además, no es vuestro absoluto parecido lo que me ha llevado a pensar que sois el mismo. ¿Piensas que puedo mirar a los ojos de mi amado y no reconocer su alma? ¡Tú eres Trunks, puedo verlo en tus ojos, no puedes engañarme! ¡Son más tristes, más duros, más ancianos, pero siguen siendo los suyos! ¡Seguiré reconociendo quién eres tú aquí y ahora y dentro de mil vidas si es necesario!

-Estás diciendo locuras, niña.

-¿Locuras, dices? Hoy me he enterado de que mi novio proviene de una raza de guerreros interestelares amenazada por la mitad del universo porque su medio de vida en el pasado era destruir y matar a los habitantes de los planetas más débiles, que estoy en peligro porque unos aliens quieren vengarse de tu padre y que la mitad de las cosas en las que creía sobre la historia de mi planeta son mentiras creadas por un idiota debilucho para llevarse las glorias de lo que tú y tu familia habéis luchado. Después de todo eso, ¿crees que pensar que tú vienes del futuro es lo más descabellado a lo que me he tenido que enfrentar hoy?

-Eso no tiene nada que ver.

-Sé que tú eres él. No puedes mentirme a mí, Trunks. Incluso oí a tu padre llamarte así cuando te perseguía. Deja de intentar mentirme.

-¿Y qué pasa si así fuera? Nada cambia. Trunks y yo somos personas muy diferentes.

-¡Todo cambia! ¡Tú tienes la llave de nuestro futuro, puedes ayudarnos a no cometer muchos errores!

-Eso es la único que te importa, ¿verdad? El poder de la información que yo puedo darte. Nada más. Yo no voy a decirte nada, no debo cambiar el futuro, así que olvídalo.

-Pero, estando aquí ya has alterado el futuro, así que ya no importa lo que puedas decirnos.

-¡Eso es muy cierto, porque nada de lo que he vivido va a pasar ahora! Yo no soy tu novio; tenemos que compartir la misma identidad, nuestra alma, pero no somos la misma persona. Las circunstancias de nuestras vidas nos han hecho personas completamente distintas, tenlo en cuenta.

-Pero yo quiero saber lo que pasará, quiero saberlo todo. También quiero saber quién eres tú. Cuéntame, por favor.

-No preguntes, que tú no sabes en lo que te estás metiendo... –advirtió Trunks. Andrómeda puso las manos en las caderas y le miró, enfadada.

-¡Eso es lo que quiero saber, en qué me estoy metiendo! ¡Quiero saber por qué tú no quieres estar a mi alrededor! ¡Quiero saber por qué todo el mundo mantiene tanto secretismo en torno a tu vida! ¡Quiero saber lo que nadie me cuenta! ¡Quiero saber quién eres tú, que siendo mi mismo novio eres un extraño! ¡Dímelo! –gritó ella. Mirai perdió la poca paciencia que tenía y se volvió hacia ella.

-¿!QUIERES SABER LA VERDAD?! ¿QUIERES SABER QUIÉN SOY YO?! –le gritó, sujetándola por los hombros. Pese a que estaba sorprendida por su comportamiento, ella asintió sin dudar-. Muy bien, pues. ¡Yo soy Trunks Briefs, hijo del príncipe Vegeta y de la inventora Bulma Briefs, que hace veinticinco años viajó al pasado para cambiar la historia y evitar que TODA MI FAMILIA, MIS AMIGOS Y LAS TRES CUARTAS PARTES DE LA POBLACIÓN MUNDIAL FUERAN ASESINADOS POR UNOS ANDROIDES QUE CONVIRTIERON MI JUVENTUD EN UN INFIERNO MIENTRAS YO, EL ÚNICO SER CON LA SUFICIENTE FUERZA PARA ENFRENTARLOS PESE A SER UN NIÑO, ME DEJABA ROMPER UNA Y OTRA VEZ TODOS LOS HUESOS DEL CUERPO POR ELLOS MIENTRAS LOS ENFRENTABA SIN DESCANSO SABIENDO QUE NO PODÍA VENCERLOS!¡Y VINE AL PASADO INTENTANDO CAMBIAR ESO Y LO CAMBIÉ, PERO MI VIDA NO PUDE CAMBIARLA. DÍA TRAS DÍA DURANTE TODA MI VIDA HE LUCHADO YO SÓLO CONTRA MONSTRUOS DE TODA CONDICIÓN PARA SALVAR A ESTE MALDITO PLANETA DE SER ANIQUILADO JUNTO A TODA SU ESTÚPIDA POBLACIÓN. TODO EL MUNDO ADORABA AL HÉROE QUE SALVABA SUS VIDAS, PERO YO ESTABA SOLO Y NADIE EN TODO ESTE TIEMPO SE HA PREOCUPADO EN SABER SI YO ESTABA VIVO O MUERTO MIENTRAS NINGÚN ENEMIGO LLEGASE A LA TIERRA!

Mirai la dejó ir un momento, rasgó su camisa con un solo movimiento y señaló las cicatrices de su bien torneado pecho.

-¡MÍRAME! ¡MIRA LAS MARCAS QUE HAN DEJADO EN MI CUERPO DÉCADAS DE LUCHAS SIN FRENO, DE GUERRAS POR UNA HUMANIDAD QUE JAMÁS DIO SIQUIERA LAS GRACIAS POR LA VIDA QUE HABÍA SACRIFICADO POR ELLOS! ¡BATALLAS INTERMINABLES EN LAS QUE, COMPARADO CON ELLAS, EL INFIERNO HUBIERA SIDO UN PASEO POR EL PARAÍSO! ¡Y CUÁNDO POR FIN ENCUENTRO AL AMOR DE MI VIDA, CUÁNDO SOY FELIZ, DE NUEVO EL DESTINO JUEGA CONMIGO Y ME LA ARREBATA! –Trunks cogió la mano de Andrómeda y la puso sobre la sensible piel de su cicatriz con forma de media luna-. Hubiera hecho cualquier cosa por ella. ¡Maldita sea, me puse delante de la espada que la mató intentando protegerla! Pero no fue suficiente y cada día que ha pasado desde entonces he maldecido aún más mi destino por hacerme ser el protector del mundo y no el último de los mendigos.

-¿Quién...quién era ella? –susurró Andrómeda, intentando contener las lágrimas. Trunks la miró directamente a los ojos, sosteniendo su mirada lo que pareció una eternidad.

-¿Es necesario que responda? –dijo Mirai, suavemente. Desplazo la pequeña mano que aún sostenía sobre su cicatriz hasta ponerla sobre su corazón-. Este corazón aún late por ti. Te amé tanto que incluso dolía. Te reverencié, te adoré, te protegí con todas mis fuerzas. Pero nada de lo que hice fue suficiente para mantenerte a mi lado. Y cada noche desde que te mataron delante de mis ojos he deseado volver contigo y te he soñado cada noche sin que mi corazón tuviera descanso alguno. He vuelto al pasado para darle a mi familia los medios con los que salvarse una vez más y, no puedo negarlo, sabiendo que mi padre y mi madre, los únicos que saben mi historia, acabarían haciéndome hablar, quizá buscando también el medio de protegerte a ti dándoles toda la información sobre lo que pasó. Para que nunca más esté tu vida en peligro y ellos ayudaran a mi yo pasado a protegerte. Sé que lo harán. Pero ya no hay redención para mí. Yo te querré siempre y ahora vuelves a estar junto a mí después de estarlo tanto tiempo deseando...

-Yo no soy tu esposa... –susurró ella, intentando contener las lágrimas, sin éxito.

-Te aseguro que la teoría me la sé muy bien. Pero no por ello duele menos. Tú eres ella, pero a la vez no, al igual que Trunks y yo compartimos la misma esencia pero las circunstancias sean distintas.

-No me veas como tal, por favor.

-Es imposible verte y no recordarla. Pero no debes preocuparte por mí, Andrómeda. Olvida lo que te he dicho y sigue con tu vida como si nada hubiera pasado. Yo solo soy tu cuñado y como tal me comportaré durante los días que me restan de vida.

-Cómo no voy a preocuparme por ti, querido...pero yo no puedo ser quien tú necesitas que sea. Y tus deseos no pueden engañarte para hacerte pensar que lo soy, aunque sea imposible para ti lograr no pensar así. Pero yo te demostraré, de una vez y para siempre, que yo no soy quién necesitas –dijo ella, landeando la cabeza. Instintivamente, Mirai se apartó.

-¿Qué estás haciendo?

-No te preocupes, querido. Confía en mí –dijo ella. Mirai asintió y dejó que, lentamente, ella se acercara a él y, sujetando tiernamente su rostro con las manos, pusiera sus labios sobre los suyos, suave, lenta y dulcemente. Por instinto, Mirai rodeó su cintura con sus fuertes brazos y la atrajo hacia sí, profundizando el beso con renovada pasión tras su inicial sorpresa. Pero no sintió lo que esperaba. No conocía aquellos dulces labios que se entregaban sin rubor en aquel beso apasionado a sus anhelantes deseos; pero, no reconocía su alma. Incluso, lejos de la lujuria que no podía evitar que recorriera su espalda y que le hacía flaquear, pudo reconocer que aquellos labios sabían diferentes a esos que todavía recordaba en sus sueños. Eran los labios de una extraña.

Cuando ella se separó, dando por terminado el beso, le miró a los ojos con una tierna sonrisa.

-Tú no eres mi esposa.

-Te lo dije, querido. Quizá solo necesitabas un tratamiento de choque –dijo ella, limpiando las huellas que había dejado su pintalabios en la cara de su interlocutor-. Pero, aunque no sea ella, déjame cuidarte. Ahora yo también soy tu familia y, pese a tu pasado, debes seguir adelante. Déjame ayudarte.

-No, amor. Jamás. Tú no eres mi esposa, pero solo mirarte ya duele. Yo me quedaré en este tiempo y prometo que tú nunca tendrás que preocuparte por nada. Juro que tu vida será larga y feliz; me aseguraré de ello. Seré la sombra que te cuida a lo lejos, a ti y a Trunks, desde la oscuridad, pero esto jamás debe volver a repetirse. Olvida mi historia, olvida lo que te he contado, no le cuentes a Trunks lo que mi debilidad te ha permitido descubrir y vuelve a pensar en mí como un extraño.

-Pero... –dijo ella, intentando ponerle la mano en el hombro, pero él se zafó con un gesto rápido y le dio la espalda.

-No, Andrómeda. Vuelve con Trunks, vuelve a tu vida. Yo nunca permitiré que lo que pasó con mi esposa te alcance a ti y, mientras yo esté vivo, Trunks y tú no tendréis que sufrir nunca lo que yo. Pero, pese a todo, espero no tener que volver a ver tu preciosa cara a solas de nuevo a no ser que sea totalmente imprescindible. Piensa en mí de ahora en adelante simplemente como tu cuñado.

-Pero no quiero...no puedo dejarte solo así, con todo lo que has sufrido...tú sigues siendo mi Trunks y... –balbuceó ella. Mirai puso su dedo en sus labios y la obligó a callar.

-Sé que la situación es difícil de comprender, pero no dejes que te confunda. Yo no soy Trunks, compréndelo y no estás enamorada del hombre que soy yo. Pero será lo mejor para los dos que no tentemos a la suerte y pongamos tierra de por medio. No quiero que tú dudes de tu destino por mi causa. Trunks es tu destino, no su yo futuro –dijo Mirai. Ella asintió, sabiendo que era lo mejor, pero no pudo evitar acariciar suavemente las mejillas del bravo guerrero que tenía frente sí. Mirai cerró los ojos, disfrutando de su ligera caricia, hasta que oyó la voz de su hermano llamando a Andrómeda.

-Trunks viene a buscarte. Prométeme que no le contarás nada de lo que te he dicho; mi momento de debilidad no debe condicionar el futuro de más gente –le dijo Mirai, alejándose de ella. Andrómeda asintió-. Y no le digas que me has besado o ambos tendremos problemas con él.

-No debería ponerse celoso; al fin y al cabo, le he besado a él.

-Sí, pero no es su persona quien recibió el beso, querida –dijo Mirai, esbozando una sonrisa irónica. Ella abrió la boca para contestar cuando Trunks apareció por la puerta.

-¡Andy, por fin! ¡Estaba preocupado, pensé que esos seres te habían secuestrado o algo! ¡No vuelvas a darme un susto así! –le dijo Trunks, abrazándola. Mirai, volvió la vista, dolido-. Pero, ¿estás llorando? ¿Qué te ha pasado?

-Na...da, no me pasa nada –dijo ella, entre lágrimas. Trunks, obviamente, no la creyó y la estrechó aún más fuerte contra sí.

-¿Cómo que nada? ¿Qué ha pasado aquí? ¡Mirai! –gritó Trunks, mirando acusador a su hermano. Mirai se volvió y le encaró.

-No ha pasado nada. Andrómeda ha venido aquí buscando la verdad sobre nuestro parecido y por qué todo el mundo parecía ocultar datos sobre mi pasado. En ningún momento ha creído la mentira de que tú y yo somos hermanos, he tenido que decirle a grandes rasgos la verdad y ahora está muy confusa. No es algo fácil de aceptar y supongo que ha tenido que hacer frente hoy a demasiada información nueva como para que no sienta que su mundo se viene abajo. Hermano, llévatela contigo e intenta explicarle de la forma más simple posible todo lo que sabes. Entiende que para alguien ajeno a nuestro extraño círculo, toda nuestra vida es extraña y difícil. Ten en cuenta que para ella es difícil y, por favor, trátala con delicadeza –dijo Mirai. Trunks le miró a los ojos, sabiendo que, de algún modo, no le mentía pero tampoco le estaba contando toda la verdad. Pero Mirai mantuvo su mirada con aquel estoicismo heredado de su padre y Trunks, al menos, no pudo dudar de la honestidad de su hermano. Andrómeda le abrazó con más fuerza, llorando incontrolablemente y Trunks la cogió en brazos, intentando consolarla.

-Por supuesto –dijo Trunks y, aún con una mirada de sospecha en sus ojos azules, se dirigió con su novia a su propia habitación mientras Mirai, necesitando aire fresco, salía al exterior y se tumbaba en las frías plaquetas de la plataforma celestial mirando las estrellas de su Andrómeda.

Vegeta paseaba por el palacio del Cielo sin saber muy bien si debería ir a buscar a Mirai y traerlo o hacerlo explotar y acabar finalmente con el problema. No le había sentido volver y, si bien sabía que si se encontraba con sus enemigos, completamente sano, podría dar buena cuenta de ellos, no podía dejar de sentir la preocupación quemándole las entrañas. Quería ir a buscarle e intentar calmarlo, pero se resistía a dejar el refugio donde se ocultaba toda su familia pues, aunque aquellos seres serían rechazados por Gohan, Goten, Trunks y Oob hasta que ellos volvieran, lo que temía es que ellos le siguieran hasta aquel lugar secreto que era refugio de los más débiles de su familia y trazaran algún plan contra ellos; podían rechazar un ataque directo, pero quizá no pudieran adivinar algún tipo de emboscada contra los más indefensos del grupo hasta que fuera demasiado tarde y el secreto de su escondite era fundamental. Mirai ya había sido lo suficientemente irresponsable con su marcha; no podía darles a sus enemigos una segunda ventaja abandonando el Cielo él también. Pero, si no volvía pronto, iría a buscarlo sin importarle nada más.

-¡Dios mío, debería estar prohibido ser tan guapo! –oyó una voz femenina a la entrada del palacio que reconoció como la de Pan, la irritante nieta de Goku.

-¡Tienes toda la razón! ¡Está tan bueno que le arrancaría la poca ropa que lleva puesta a bocados! –exclamó Marron. Vegeta se acercó a la entrada, curioso, donde pudo ver a Marron, Pan, Bra, Videl, C-18 y Chichi mirando atentamente hacia el final de la plataforma, donde una figura masculina estaba tendida mirando las estrellas. Mirai.

-¡Dejad de decir esas cosas! ¡Recordad que estáis hablando de MI hermano! –gritó Bra a sus amigas.

-Sí, querida, pero ¡qué pedazo de hermano! –rió Marron, mirando atentamente a Mirai. Bra dejó escapar un gruñido airado y volvió al libro que leía sin hacer caso a sus compañeras.

-Pero, mírale, Marron...ese pecho, ese rostro, esos ojos... es perfecto –babeó Pan, mientras ambas suspiraban.

-Lo único imperfecto en ese chico es que es hijo de Vegeta –bufó C-18.

-Ese muchacho es tan sexy que tiene que tiene que ser un demonio...y me gustaría averiguar cuán malo puede llegar a ser –murmuró Videl, con picardía, mientras todas sus compañeras la miraban con la boca abierta.

-¡Mamá! –gritó Pan, escandalizada ante las palabras de su madre.

-¿Qué? Estoy casada, nenita, no ciega –dijo Videl, pero la risas de las chicas cesaron cuando Vegeta apareció.

-Señoras, ¿podrían dejar de violar a mi hijo con la imaginación, si no les importa? –gruñó Vegeta y todas, excepto Bra, bajaron la cabeza sintiendo el color subir a sus mejillas-. Bra, es muy tarde. Será mejor que te vayas a la cama.

-Sí, papá –dijo Bra, levantándose. El resto del grupo, huyendo de su acusadora mirada, siguieron a la muchacha aún sonrojadas. Cuando Vegeta las vio desaparecer, se volvió hacia su hijo con un suspiro aliviado. Con la rapidez propia de un súper guerrero, voló hacia la habitación de su hijo y, ya con su chaqueta de la Capsule Corp., avanzó hacia Mirai que, con los ojos cerrados, disfrutaba de la brisa invernal ignorante de las anteriores murmuraciones de las mujeres a su espalda. No los abrió hasta que sintió como un objeto caía sobre su estómago.

-Ponte algo encima. Estás distrayendo a la audiencia femenina –dijo Vegeta. Mirai se incorporó y se puso la chaqueta mientras Vegeta se sentaba a su lado-. ¿Cuándo has vuelto y por qué has ocultado tu energía para que yo no pudiera saberlo?

-Hace un buen rato. Y lo oculté porque sabía que vendrías a vigilarme y en ese momento simplemente quería estar solo.

-Odio tu costumbre de desaparecer. Aprende que ya no vives solo, mocoso. Tu madre estaba preocupada por ti –dijo Vegeta. Mirai dejó escapar una pequeña sonrisa, sabiendo que cuando decía "tu madre", en realidad quería decir "yo"-. ¿Tienes pintalabios en la cara? ¿A dónde diablos has ido?

-¡A explotar montañas como te dije! –dijo Mirai, limpiándose rápidamente la comisura de los labios.

-¿Y eso de dónde ha salido? No creo que te ayude mucho irte de...

-¡No he hecho eso! Es de Andy –dijo Mirai. Vegeta le miró, incrédulo.

-¿¡Has intentado seducir a la novia de tu hermano!? ¡Escucha, mocoso, no voy a permitir que...! –le gritó Vegeta.

-¡No he seducido a nadie! ¡Hubiera sido facilísimo para mí hacerlo, he pasado los últimos veinte años de mi vida memorizando cada detalle de su cuerpo, cada uno de sus gustos, cada uno de sus sueños! ¡Hacer caer en mis brazos a esa niñita mimada que no sabe nada de la vida no habría sido nada difícil! Pero ella no es mi esposa...no es quien yo quiero que sea. Ella se dio cuenta de que había algo raro, de que no le estaban diciendo toda la verdad respecto a mí y parece que Trunks no satisfacía su curiosidad, por lo que vino a verme...y en un momento de debilidad le conté la verdad. Para terminar de convencerme de que ella jamás sería como mi esposa, decidió besarme. Y funcionó. Ahora ella está bastante confundida, pero Trunks sabrá aplacarla. No tienes que preocuparte, no intentaré nada –dijo Mirai. Vegeta se relajó ostensiblemente; lo que menos deseaba en aquel momento es que sus dos hijos se pelearan por una mujer.

-Me alegro de que lo veas así. Es lo mejor para ti y para ellos. Andrómeda jamás será de quien tú te enamoraste.

-Lo sé muy bien. Te parecerá una tontería pero, ¿sabes? Una de las primeras cosas de las que me di cuenta es que ella no llevaba el mismo perfume. Dejando aparte el hecho de que ella no ha sido criada igual y que no comparte mis recuerdos, son pequeños detalles como ese los que marcan la diferencia.

-¿Su perfume? Eso es algo tan banal...tu madre tiene cientos y...

-Pero ella no tenía. No podía tenerlos.

-¿Por qué?

-Vosotros pensáis que todas las desgracias de mi época terminaron con los androides, ¿verdad? Pero no; lo que vino después fue realmente igual de duro.

-¿Qué enemigo fue?

-Nosotros mismos y el hecho de tener que salir adelante cuando lo único que teníamos a nuestro alrededor era tierra, agua y cadáveres. Durante su reinado del terror, los androides lo destruyeron todo y, cuando ellos desaparecieron, no dejaron nada. Todas las infraestructuras, nuestros sistemas de gobierno, incluso nuestra sociedad, estaba deshechos, tuvimos que empezar desde cero. Durante veinte años no había habido hospitales, fábricas, industria, investigación o universidades que pudieran educar a los responsables de cubrir las necesidades de la población. Los androides habían destruido también los campos de cultivo, las casas habían sido su campo de tiro preferido y todo el ganado que hubiera podido haber en las tres cuartas partes del mundo había sido masacrado. Los pocos que habíamos quedado no teníamos nada que comer y la mitad de ellos murieron de hambre y de enfermedades que podrían haber sido fácilmente curadas con un poco de antibiótico si hubiésemos tenido los medios para fabricarlo. No teníamos nada más que nuestras manos y muchas veces eso no fue suficiente. Poco a poco, con mucho esfuerzo, la gente fue saliendo adelante, pero todavía, tantos años después, no hay industria de objetos de lujo que haga cosas tan banales. La prioridad sigue siendo poder comer, poder curar y poder educar para un futuro mejor. Quizá en un futuro próximo consigan volver al nivel de vida que teníamos antes de la llegada de los androides, pero en el momento en que vine a este tiempo, seguía siendo imposible. Por eso, un día, cuando aún éramos novios, quise hacerle un buen regalo: recorrí toda la Tierra buscando las mejores rosas del mundo y, con sus pétalos, le hice un perfume en el laboratorio de mi madre. Ella nunca jamás dejó de usarlo, hasta el día de su muerte.

-Ya veo –dijo Vegeta, conmovido, pero otra pregunta rondaba su mente-. Oye, Trunks, ¿tu madre y tú... pasasteis necesidades en ese tiempo?

-No; mamá seguía siendo una de las personas más ricas de la Tierra y, gracias al contrabando cuando ya no quedaron tiendas en nuestro territorio, pudimos sobrevivir sin estrecheces. Ese tipo de situaciones hace aflorar lo mejor y lo peor que hay en las personas y, mientras algunos se quitaban el poco pan que tenían para llevarse a la boca y se lo daban a un niño hambriento, otros traficaban con lo que quedaba en las zonas apenas tocadas por los androides y lo vendían al mejor postor. Naturaleza humana, supongo; los humanos pueden ser capaz de lo mejor y de lo peor. A veces, incluso una sola persona es capaz de ambas cosas –dijo Mirai. Vegeta permaneció un rato en silencio dejando que sus palabras penetraran en su interior.

-¿Antes has dicho veinte años? ¿La conoces desde hace tanto tiempo? –preguntó Vegeta. Mirai sonrió.

-A veces olvidas lo viejo que soy. Es el problema de que los Saiyajin apenas envejezcamos. Sí, papá, veinte años...parece que ha pasado una eternidad. La conocí poco después de volver del pasado y eliminar a Célula y a los Androides. Yo tenía entonces veinte años; ella, diecisiete y los dos una larga historia a las espaldas.

-¿Cómo la conociste? –preguntó Vegeta, deseoso de saber más.

-Por casualidad. Un día, meses después de la batalla, yo sobrevolaba una zona desconocida para mí intentando calcular los daños producidos por los androides que, por su gran cantidad, jamás conseguí llegar a cuantificar, cuando vi una figura blanca en la lejanía que me pareció casi un ángel. Los androides habían matado a todos los habitantes de la zona, se pensaba que no había supervivientes, era casi imposible que quedara alguien vivo. Presa de la curiosidad, descendí en las cercanías y la vi allí, con sus preciosos ojos verdes brillando a la luz del sol. Andrómeda estaba intentando cultivar unas patatas en un campo prácticamente quemado, vestida con los harapos que le quedaban de un vestido blanco y con una pistola en el tobillo y un cuchillo en la cadera para evitar que los bandoleros le robaran lo poco que tenía para alimentar a su hermano pequeño. Andrómeda siempre fue una mujer con un carácter muy fuerte y te juro que lo primero que hizo al verme fue ponerme ese cuchillo en el cuello antes de preguntar quién era y lo que quería. Fue divertido –dijo Mirai, sonriendo-. Los Androides habían matado a sus padres y acabado con lo poco que tenían. Solo la voluntad de Andrómeda consiguió que ella y su hermanito salieran adelante. Después de ese encuentro, me los llevé a vivir con nosotros a nuestra escuela y, creo que me enamoré de ella desde ese primer momento en que la vi.

-¿Escuela? –preguntó Vegeta, sin comprender.

-Sí; ya te he dicho que no había escuelas ni universidades, todo destruido por los androides y todas las generaciones nacidas entre esos años habían sido educadas o bien por sus familias o, en el peor de los casos, habían sido abandonados a la total ignorancia. Entonces, poco después de que yo les derrotara, mi madre, considerada la última sabia del planeta, organizó una escuela en la Capsule Corp., la única que hubo durante años en toda la Tierra, donde enseñaba a unos pocos privilegiados todo lo que sabía, que era mucho, para que pudieran ser los profesionales que la Tierra necesitaba para salir adelante. De aquella escuela salieron los primeros políticos que hubo democráticamente elegidos en la Tierra tras los androides, los primeros médicos, los primeros investigadores científicos, los primeros técnicos que recuperaron la maquinaria para potenciar las fábricas...los pioneros de la resurrección terrestre fueron educados por mi madre en la Capsule Corp. Ella los elegía y los mantenía con su fortuna, aunque, por razones de previsión, jamás pudo adoptar a tantos como hubiese querido cuando que ella los acogiera seguramente era el único medio que tenían aquellos chicos para escapar de la pobreza o incluso de la muerte. Pero su estupendo trabajo con los que logró educar hizo que la Tierra resurgiera de sus cenizas. Ella fue la verdadera heroína de la Tierra en esos años.

-Siempre ha sido una heroína... –dijo Vegeta, henchido de orgullo por los hechos de su esposa.

-Cierto es. Al principio, yo daba clases con ella; como ya te he dicho, ella me educó, pero pronto cedí a Andrómeda mi lugar. Yo debía entrenar si queríamos mantenernos con vida. Además, no me gustaba enseñar; nunca tuve paciencia para lidiar con mis alumnos, prefería investigar y entrenar. Cuando se me acababa la poca paciencia que tengo con mis alumnos, mamá decía que me parecía a ti. Ninguno de los dos nos caracterizamos por nuestra paciencia.

-Depende de para qué.

-Cierto. Si viera cómo me has tratado, seguro que hubiera cambiado de opinión.

-Tu madre nunca cambia de opinión, aunque se equivoque. Tú ya has estado casado, sabes que ellas siempre intentan tener razón.

-Y nosotros también, el problema es que nosotros no lo conseguimos. Me casé con Andrómeda cinco años después, así que he estado casado el suficiente tiempo para saber de lo que hablo.

-Me sorprende que después de tanto tiempo no hayas procreado herederos para nuestra raza, mocoso –dijo Vegeta. Se arrepintió de sus palabras tan pronto como salieron de sus labios. Mirai desvió la mirada.

-Ya te dije que yo siempre quise tener hijos, pero...estaba asustado. Hubo muchos ataques y yo estaba solo, no podía garantizar la seguridad de un niño indefenso, mucho menos de más de uno. Si me iba a luchar contra cualquier monstruo y aparecía otro a atacar a mi familia, no habría nadie que los protegiera. No quería tener hijos para que me los mataran delante de mis ojos. Pero, en los últimos tiempos no habían aparecido apenas enemigos, así que estábamos empezando a planteárnoslo...pero pasó lo que yo más temía antes incluso de que mi hijo llegara a nacer. Incluso pensé que si Andrómeda quedaba embarazada podría traerla a esta línea temporal para que estuviera segura a vuestro cuidado mientras esperase al niño y hasta que él pudiera defenderse, pero no nos dio tiempo –dijo Mirai, entristecido.

-No debí haberte dicho eso...

-No importa. Es normal que quieras saber más. Puedes preguntar lo que quieras.

-Quiero que olvides todo, porque ahora tienes una nueva vida aquí. Tu madre ya te ha fabricado una nueva identidad. La situación también es difícil para ella y se ha estado entreteniendo entrando ilegalmente en todos los órganos de gobierno y convenciendo al mundo que tú siempre has estado aquí. Y lo ha conseguido –dijo Vegeta, pasándole un par de documentos y un carnet de identidad-. A partir de ahora y para siempre, tú siempre has sido mi hijo, has vivido con nosotros y mataré a cualquiera que se atreva a negarlo.

Mirai cogió sorprendido los documentos que le tendía su padre mientras este se levantaba y comenzaba a caminar a su alrededor, incómodo por la situación. Mirai cogió su nuevo carnet de identidad y lo miró con atención.

-¿Vegeta Vegeta Briefs? –leyó Mirai, sorprendido. Vegeta asintió.

-Sí. No podíamos ponerte el mismo nombre que tu hermano. Hasta los imbéciles humanos hubieran podido averiguar que ahí había algo raro. Así que le dije a la mujer que, si mi hijo no podía llevar su propio nombre, solo debía llevar el mío, el nombre que por linaje le correspondía. Mi nombre es lo único que puedo dejarte, Trunks; todo lo demás que tengo es de tu madre. Nunca me he quejado por ello y tu madre jamás me lo echó en cara, pero por una vez quería darte algo que fuese solo mío.

-Lo llevaré con todo mi orgullo, papá. Muchas gracias –dijo Mirai, muy emocionado. Su padre gruñó como respuesta. Mirai volvió la cabeza hacia el resto de los papeles-. ¿La preinscripción de la universidad?

-Sí, la más prestigiosa de esta estúpida bola de barro. Pronto se abrirán las inscripciones para la universidad, tu madre ya ha modificado todos tus datos y si alguien pregunta, tú eres mucho más sabio que todos ellos juntos, así que no tendrás ningún problema. Yo mismo se lo pedí a tu madre cuando recordé lo que dijiste en el centro comercial. Podrás hacer lo que quieras, tendrás una vida normal...bueno, lo más normal posible con lo loca que está tu madre, pero se hará lo que se pueda.

-Una vida normal...-murmuró Mirai, como si aquel concepto fuese demasiado lejano como para juzgarlo real-. No creo que yo pueda tener algo así. Soy un imán para los problemas.

-La tendrás. Todo irá bien. Te lo juro. Y yo siempre cumplo lo que prometo –le dijo Vegeta. Tras unos minutos de silencio, Mirai se levantó y, guardando los documentos en su chaqueta, caminó hacia su padre y le abrazó fuertemente, dándole un ligero beso en la mejilla.

-Te quiero mucho, papá –susurró Mirai. Vegeta, sorprendido, le correspondió débilmente.

-¿Y esta memez repentina a qué obedece? –preguntó Vegeta cuando Mirai le soltó.

-Quería que lo supieras. En mi mundo, no hubo mañana para Gohan, ni para Andrómeda, ni, en buena medida, para mamá, porque enseguida dejó de comprender lo que intentaba decirle, y creo que nunca pude decirles directamente lo mucho que los quería. No quiero que eso pase también contigo, así que simplemente, te lo diré todos los días hasta que desaparezcamos uno de los dos. Por si acaso –dijo Mirai, caminando hacia el palacio.

-Creo que podré acostumbrarme –murmuró Vegeta. Mirai se volvió hacia él y sonrió. No era la sonrisa triste y melancólica que su padre se había habituado a ver durante todo ese tiempo a su lado; esta era distinta. Si no contenía la felicidad que Vegeta ansiaba ver en ella, sí que contenía amor y...esperanza. Sí, esperanza en un nuevo futuro junto a su padre.

-¿Cuándo nos vamos de caza? Será divertido –preguntó Mirai.

-Mañana por la noche. Pero primero quiero encontrarlos, calcular su número y saber los medios de los que disponen, por lo que saldremos muy de mañana. Vete a dormir; puedes ir con Trunks; mandaré a Bra a dormir con Andrómeda, no es conveniente que nadie duerma solo esta noche.

-No; deja a Trunks dormir con Andrómeda, ella está muy confusa y lo necesita. Yo dormiré con Bra, así podré protegerla. Duerme tú con mamá y deja a Goten de guardián; todos necesitamos dormir si queremos hacer mañana un buen papel –Vegeta asintió-. Gracias de corazón. Adiós, papá.

-Adiós, hijo mío –murmuró Vegeta, mientras le veía alejarse. Las tres palabras clave dichas por su hijo aún eran retenidas por su orgullo en su garganta-. Yo también.

-Lo sé –dijo Mirai, con una sonrisa, antes de perderse en la oscuridad.

El amanecer se adivinaba en la lejanía cuando Vegeta se levantó de la cama que compartía con Bulma para ir a ver a sus hijos. No podía evitar sentirse inseguro estando Goten y Oob de vigilancia; eran tan condenadamente ingenuos como lo había sido Kakarot en vida, pero tanto Gohan como Mirai, recién salidos de la Sala del Alma y el Tiempo, necesitaban descansar, Trunks era uno de sus objetivos principales y no podía ni quería dejarlo en primera línea de tiro, al igual que Bra y él necesitaba recuperar fuerzas en previsión del combate que les esperaba aquel día. No podía dejar de sentirse inseguro.

Abrió silenciosamente la habitación que compartían Andrómeda y Trunks para encontrarlos durmiendo, abrazados, bajo las mantas, con signos evidentes de que Trunks había respetado el mandato de su padre. Vegeta comprobó que no había signos de peligro en ningún lugar de la habitación antes de cerrar de nuevo la puerta a su espalda. Se encaminó hacia la habitación que Mirai compartía con Bra. Mirai dormía sentado sobre la cama, con la espalda apoyada sobre el reposacabezas y con una mano sujetaba la empuñadura de su espada desnuda y con la otra acariciaba la cabeza de su hermana, que dormía profundamente en su regazo abrazada a su cintura. Vegeta sintió como su mano se cerraba fuertemente sobre la espada cuando le oyó abrir la puerta y abrió ligeramente sus ojos azules con alarma, pero Vegeta le tranquilizó con un gesto. Él asintió y, tras echar un último vistazo a Bra, volvió a dormir. Vegeta sonrió ligeramente y se encaminó de nuevo a su habitación, creyendo que todo iba bien. Pero no tardó en desechar esa idea.

Su familia estaba en peligro y su instinto se lo estaba diciendo a gritos, pero su entendimiento no conseguía ver la razón tras comprobar que sus hijos estaban bien. De repente, un escalofrío le recorrió el alma. Bulma.

Corrió hacia su habitación, pero no llegó a ella. Cuando tropezó con el cuerpo inconsciente de Oob, tuvo la confirmación que necesitaba. Intentó despertarlo sin éxito cuando observó que el salón principal del palacio estaba iluminado. Vegeta voló hasta allí, y, haciendo explotar la puerta cerrada, se encaminó hacia su interior.

-¡Vegeta!

-Hola, Vegeta. Es un día perfecto, ¿no te parece? –dijo un ser encapuchado mientras apretaba una afilada daga contra el cuello ya sangrante de Bulma.

¿Qué os ha parecido? ¡Espero que os haya gustado! La historia se acaba... el próximo capi es el último y luego habrá un epílogo, lo escribiré tan pronto como pueda, pero con los exámenes de la universidad acechando no sé cuando será eso. Y de hecho, la conversación sobre lo sexy que es Mirai es algo que yo siempre había pensado (supongo que más de una, jeje). Y por supuesto, el beso que le da Mirai a Vegeta es de padre a hijo, esto no es ni por asomo un yaoi (aviso porque alguien ya me ha hecho una insinuación al respecto) ¡Por favor, dejad muchas reviews!

Cristii: ¡Gracias por tus reviews! Pero no odies a Andrómeda, mujer, seguro que, como dice Vegeta, hubiera preferido continuar viva, pero es verdad, eso de tener a Mirai no es perdonable. Mirai debería ser un bien de disfrute universal, jeje.

IsabelCordy: Me ha encantado tu review y es uno de los comentarios que más me ha enternecido. Vegeta siempre ha sido mi personaje preferido (no se nota nada, ¿verdad?, jeje) y sé que en los primeros capítulos del fic parece demasiado meloso, pero en realidad es porque el tiempo ha pasado y, con Bra es obvio, le han enternecido, y porque la situación de Mirai lo exigía. De hecho, que Vegeta estuviera pendiente de él es una de las principales razones por las que el personaje de Mirai ha tenido tan aciago pasado, pues si no veía que su hijo (que todos sabemos que le adora, aunque no lo diga, pero sus actos en la saga de Boo lo dejan más que claro) no estaba al borde del abismo, no se iba a comportar de ese modo y aún así, la situación se le está yendo de las manos. Vegeta es un personaje que ama mucho a su familia y que ha tenido que sufrir mucho para conseguir estar a su lado, más consigo mismo que con enemigos ajenos y cada uno puede ser su peor enemigo. Es muy sobreprotector con su familia a la que ya una vez perdió y eso incluye a Mirai. Teniendo en consideración todo esto y, aunque Toriyama nos haya ocultado los pormenores de la relación familiar, creo que Vegeta no está tan fuera del personaje como pueda parecer. Seguramente, si Mirai se termina de recuperar y vencen a sus enemigos (no digo ni sí, ni no) volverá a ser el Vegeta de siempre, pero hasta entonces, será la sombra de su hijo. ¡Espero que te guste el nuevo capi! Muchos besos.

Elena: Un trabajo de joyería...me sonrojas un montón. Besos.

Triple G, Edoras, Schala S, freiya: Gracias por vuestras reviews y, por favor, seguid poniendo más sobre lo que pensais, es muy importante para mí. Muchos besos y¡ espero que paséis unas felices fiestas y un próspero año nuevo!