Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
SECUESTRADA
Bella POV
De nada sirvieron las patadas y puñetazos que les di, Jasper y Emmett eran más fuertes que yo. Paré y miré a Emmett, poniendo mi mejor cara de cordero degollado. Con él siempre funcionaba.
-Emmy-gimoteé-. ¿En serio vas a hacerme esto? ¿Vas a secuestrar a tu hermanita?
Le hice un puchero. Emmett se removió, inquieto. Se mordió el labio. Estaba funcionando. Pero cuando estaba a punto de rendirse, Jasper le cogió por la barbilla y le obligó a girar la cara. Grité de frustración al ver mi libertad por los suelos.
Edward aparcó frente a una enorme casa de color tostado y entre los tres me sacaron del coche. Alice salió brincando de la casa, seguida de Rosalie que me miraba divertida, y Esme y Carlisle, que me miraban preocupados.
-Sigo pensando que es cruel-protestó Esme-. No debemos obligarla a quedarse.
-Esme tiene razón-repliqué. Ellos no me hicieron caso y me llevaron en volandas hacia la casa-. ¡Soltadme!
Me dejaron en el suelo y Rosalie cerró la puerta cuando todos entraron.
-No te irás de aquí hasta que vuelva la verdadera Bella-me dijo la rubia.
Alice se acercó a mi dando saltitos.
-Ve a ducharte, te prepararé tu ropa-me ordenó.
Negué con la cabeza.
-De eso nada, Alice-rechacé-. Es mi ropa y me pongo la que me gusta. Aunque me tenga que pasar la eternidad con la que llevo puesta.
Alice sonrió de forma malévola.
-Eso ya lo veremos-siseó.
La familia se desperdigó hacia el sofá, la cocina o subiendo las escaleras. Edward se quedó en el sitio y Alice me empujó hacia las escaleras. Subí un par de escalones, pero luego eché a correr en dirección contraria, hacia la puerta. Alice ya estaba allí, impidiéndome el paso. Gruñí. Lo intenté otra vez, corriendo hacia la ventana del salón, pero Jasper se cruzó de brazos enfrente de la ventana. Me giré hacia Edward y Alice, furiosa. Los dos me miraban con sonrisas de superioridad. Alice señaló la escalera.
-Ducha-dijo simplemente.
Bueno, no me iba a rendir. Me dirigí hacia el baño para darme la segunda ducha del día, y eso que yo podría pasar sin ducharme toda la eternidad. Fui arrastrando los pies hasta que llegué al baño. Me quité la ropa y me metí bajo el grifo. En ese momento Alice entró como un huracán y antes de que pudiera protestar se había llevado mi ropa y me había dejado otra en su lugar. Empecé a despotricar a gritos. Me acabé de duchar y salí fuera. Alice me había dejado unas bailarinas negras, un pantalón vaquero y una camisa de manga larga blanca, donde en las mangas había finas líneas negras entrelazándose. Por lo menos no era un vestido, pero no me gustaba. Bien, Alice, si quieres guerra, guerra es lo que tendrás.
Me envolví en una toalla y salí disparada hacia la habitación de Alice, por suerte, vacía. Me dirigí hacia el escritorio donde ella hacía diseños nuevos y cogí tijeras y y pinturas. Las bailarinas las dejé, ya que eran negras. Los pantalones los corté con las tijeras haciéndolos pantalones cortos con el borde deshilachado. A la camiseta le corté las mangas haciéndola de tirantes y con las pinturas dibujé a velocidad vampírica calaveras negras y gotitas de sangre. Sonreí y me vestí. Bajé los escalones de tres en tres.
-Genial, Alice, me encanta esta ropa-chillé entusiasmada mientras entraba en el salón.
-¡Sí! Sabía que te gus...-Alice se interrumpió al verme y su rostro se desencajó-. ¿Qué demonios llevas puesto, Bella?-me gritó.
-La ropa que me has dado-respondí con una inocente sonrisa mientras Edward, Jasper y Emmett se desternillaban de risa-. Sólo que le hecho algunos cambios.
-¿Algunos cambios?-chilló la duende-. ¡Esa ropa me costó una fortuna! ¡La diseño uno de los diseñadores más grandes!
Jasper se acercó a ella y la abrazó para tranquilizarla. Noté como la tensión del ambiente disminuía. Edward se acercó a mí y me susurró al oído:
-No le hagas caso, te queda muy bien.
Me aparté un poco al notarlo tan cerca. Edward me cogió del brazo y me arrastró hasta una pequeña habitación. Casi sonreí al ver el piano. Casi. Edward se sentó en la banqueta y palmeó el sitio de su lado. Me senté.
-¿Sabes que le he hecho algunos cambios a tu nana?-me dijo.
-¿Qué clase de cambios?-pregunté. Odiaba interesarme tanto por cosas que ya creía olvidadas.
Edward sonrió.
-Le he puesto letra.
Sus dedos revolotearon sobre las teclas y mi nana empezó a sonar. Edward amplió más su sonrisa y empezó a cantar.
Mírame a la cara,
mírame a los ojos.
En ellos vive un duende,
que se chiva de todo.
Y te está gritando
que te arrimes un poco.
Porque para no quererte, niña,
hay que estar loco.
Que se queme el aire,
que no se vaya el frío,
que haga huelga la luna,
o que se acabe el vino,
que alguien borre las sombras
de todos los caminos.
Que se acabe todo
pero tú quédate conmigo.
Por eso no quiero ver
que tus ojitos duden,
aunque a veces la luna
me entretenga con su embuste.
Como me duele escucharte
decir que yo no te quiero.
Yo que me sé de memoria
las vueltas que da tu pelo.
Como me duele que pienses,
princesa, que no te amo,
si soy capaz de robar la luna
y ponerla en tus manos.
Ábreme la puerta
de tu confianza.
No mires lo que dice,
escucha mi mirada.
Y ahora despacito,
voy a darte un beso,
porque tu boquita
está llamándome en silencio.
Por eso no quiero ver
que tus ojitos duden,
aunque a veces la luna
me entretenga con su embuste.
Como me duele escucharte
decir que yo no te quiero.
Yo que me sé de memoria
las vueltas que da tu pelo.
Como me duele que pienses,
princesa, que no te amo,
si soy capaz de robar la luna
y ponerla en tus manos.*
Edward paró de tocar y me miró. Si hubiera sido humana me hubiera ruborizado. ¿Me estaría diciendo la verdad? ¿Se fue de verdad para mantenerme a salvo? No le había funcionado muy bien. Entonces recordé lo que me dijo una vez en la cafetería hacía ya tantos años.
Soy quien más se preocupa, porque si he de hacerlo, si dejarlo es lo correcto, sufriré para evitar que resultes herida, para mantenerte a salvo.
¿Podía ser cierto? La cabeza me daba vueltas. Me miré las rodillas, intentando mantener a raya los sollozos que amenazaban con escapar de mi pecho.
-¿Estás llorando?-preguntó Edward, preocupado.
Me levantó el mentón para mirarme a los ojos. Intenté evitarlo.
-No, es que tengo alergia-mentí de forma patética.
Edward se echó a reír.
-Sabía que eras diferente, paro de ahí a que seas el único vampiro con problemas de salud-se burló.
Abrí la boca para contestar, pero un grito llegó desde la parte de fuera.
-¡Dejad a Bella en paz!
Mierda. Riley.
*Esta canción es de "El Arrebato" y se llama "Las vueltas que da tu pelo".
Lamento la demora, pero tuve problemas con el ordenador.
Riley ya interviene jajajaja. Va, ¿quién quiere que muera y quien no? Voten, voten.
¡Besos!
