K

Por

DarkCryonic

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John guardó silencio hasta que estuvieron frente al último lugar que tenían que visitar. Tenía una variedad de palabras dándole vueltas en el cerebro, y cada vez que volteaba a decirle algo a Sherlock se quedaba como atragantado y volteaba de nuevo a la ventanilla del automóvil a tratar de encontrar otra vez la manera de comunicar todo aquello que quería decir. Algo de gritos, quizás un par de golpes para soltar tensión y preguntas. Pero por alguna razón seguía atragantándose.

A su lado, Sherlock parecía adivinar cada uno de los intentos del soldado y sonreía levemente al verle girar la cabeza con enojo y frustración. Frente a ellos Medea seguía respetando el silencio, demasiado concentrada en lo que fuera. Eran las 10 PM cuando llegaron al dichoso bar en una de las concurridas calles de Londres a unos 30 minutos caminando desde Baker Street. ¿Cómo había terminado el detective consultor en aquel lugar la noche anterior? Ni idea.

Medea se acercó a la ventanilla y observó.

-Entraremos los tres. Tengo refuerzos, así que no deberíamos tener problemas. Sea lo que sea que estuvieras buscando aquí, tendremos que dar con ello. Se nos está acabando el tiempo y la paciencia.—Terminó con un tono de normalidad que en algo calmó los pensamientos de John.

Sherlock afirmó estando de acuerdo en ello. John abrió la puerta respirando el aire frío y arreglándose la chaqueta, echó una mirada a la acera en las dos direcciones tratando de darse una idea de las personas que frecuentaban el lugar. Un zoológico.

-Bonito lugar.—Murmuró al ver pasar al detective a su lado en dirección de la entrada.

Pasaron la entrada rodeando a un par de borrachos. No era muy grande el lugar, más bien alargada con una barra al lado derecho y mesas pequeñas a la izquierda. Un par de puertas al fondo con un teléfono en una pared. Cuadros descoloridos y música de los ´80 de fondo. Ya estaba bastante lleno para ser aún temprano para emborracharse.

Sherlock se movió con seguridad hasta uno de los taburetes en medio de la barra. Medea se sentó a su izquierda medio girándose hacia las mesas, cruzándose de piernas y encendiendo un cigarrillo. John se sentó a su derecha e hizo una seña al barman, al que le pidió dos cervezas y un whisky en las rocas sin mediar palabra con ellos.

Medea sonrió.

-Bonito lugar.—Repitió John mirando al detective por el espejo frente a ellos. El otro sonrió haciendo una mueca de "te escuché la primera vez".

-OK, Detective consultor. Guíanos. —Inquirió la mujer apoderándose de la primera cerveza que dejó el Barman. Sherlock se quedó quieto pensando en su elección, pero no fue lo suficientemente rápido. John tomó el Whisky y se lo tomó de un solo movimiento.

-Lento.—Murmuró el médico. Sherlock entrecerró los ojos. Aquello estaba siendo extraño. –No puedes tomar. Ya sabes.—Dijo acercando también la cerveza para su lado.

-Lento…-Repitió Sherlock.

Fue en ese momento que notó que Sherlock se quedaba mirando fijo el espejo. Giró rápidamente sobre el taburete y miró el lugar lleno de personas. Se puso de pie y caminó hacia el teléfono. Allí se quedó un momento volviendo a mirar hacia donde estaba Medea y John. Luego recorrió la barra con la mirada, las mesas y volteó hacia el baño de hombre.

John se puso de pie un par de minutos después y caminó hacia el baño. Abrió la puerta desgastada con precaución. Fue demasiado tarde cuando notó que tiraban de su brazo y sin siquiera tener tiempo para actuar, le pusieron el cañón de un arma en la nuca obligándolo a entrar en el lugar. Trató de girar pero no pudo. Y fue que se dio cuenta de que aquello ya lo había vivido. De que se estaba volviendo realidad. Mierda.

Miró hacia las dos puertas que daban a unos excusados. Estaban cerradas. Los urinarios a la derecha también. Pero Sherlock, ¿Dónde estaba Sherlock?

-¿Sherlock?—Preguntó asustado. Su pecho se apretó. El arma se acercó más a su piel.

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Medea se puso de pie después de apretar un botón de su móvil. Dejó un par de billetes sobre la barra y salió del lugar. El chofer la esperaba con una sombrilla en la mano. Había empezado a llover suavemente.

Miró hacia ambos lados con seriedad y aguardó, como nunca antes había hecho en su vida.

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Mycroft miró los documentos sobre su escritorio con algo de inquietud no propia de su cargo. Se estaba saliendo de los límites, toda aquella historia, y su hermano parecía estar más interesado en obstaculizar que en solucionarlo.

Tomó un par de fotografías y las tiró al basurero. Aquello se estaba saliendo de lo adecuado. Un juego demasiado peligroso. Y no creía estar de acuerdo con la forma en que se llevaba. Por otro lado, Sherlock era el que hacia el trabajo de campo y él solo se quedaba allí deduciendo a través de lo que podía obtener de documentos e interrogatorios. Y por lo mismo, trataba de aceptar su parte en el juego, aunque le molestara de sobremanera.

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-Creo que no. —Dijo la voz juguetona como respuesta al médico. John perdió tensión, cosa que era extraña sabiendo que tenía un arma en la nuca.

-¿Entonces?—Preguntó apretando los puños preparándose para lo que fuera.

-Pasa un tiempo y ya no me recuerdas. Eres un desconsiderado.—Y fue en ese preciso momento que recordó de quien era esa voz.

-Moriarty. —Sentenció. Maldito loco desquiciado. Completó su cerebro.

-Él mismo, querido John.

-¿Dónde está Sherlock?—Preguntó John buscando alguna mancha en el suelo que le diera alguna pista, hasta que notó una ventana entornada al fondo.

-Pues, digamos que no te lo puedo decir. —Afirmó alejando el arma de su cuello y dejándolo voltear hacia él. — Nuestroamigo me pidió que te detuviera aquí por un momento.

-Él no te pediría eso…-Dijo John mientras sus ojos veían al hombre con su traje de Armani, altisonante al lugar, jugar con la semiautomática en la mano como si hablara del clima. Tuvo ganas de saltarle encima y patearlo en el suelo, aunque se ganara un balazo en el arrebato, pero la posibilidad de los francotiradores saliendo de donde sea, lo detuvo.

-Sherlock no es como tú crees que es... Eso ya deberías saberlo… Él es como yo, sólo que eligió el lado equivocado.—Sonrió.- Sería divertido si aceptara que fuéramos socios. El mundo sería nuestro en un par de semanas, ¡que! ¡En cinco días a lo sumo! ¿No sería grandioso? Tú también podrías acompañarnos. Sebastián no sabe hacer buen té. Además podría ayudarte a protegerle.

John cerró los ojos y pasó una de sus manos por su cabello. El tipo estaba loco. Pero más loco estaba él, por seguir encerrado en el baño con él y aguantar toda la perorata. ¿Y quién demonios era Sebastián?¿Ayudarle, já?

-¿Ya me puedo ir?—Preguntó en un tono molesto. Jim miró su reloj y sonrió.

-Sí. Fue una buena charla. –Dijo abriéndole la puerta y dejándole salir, para volver a cerrarla de una patada.

John salió algo mareado. Miró la barra y salió hacia la calle. Afuera, Medea le esperaba junto al chofer. Y lo supo. Ella sabía que aquello iba a suceder.

-¿Dónde demonios está?—Preguntó manteniendo las manos empuñadas a ambos lados del cuerpo, como reteniendo las ganas de saltarle a cualquiera para descargar las ganas de golpear a Sherlock. Le podía perdonar que se largara, quizás hasta de haber matado a la mujer bajo la influencia de la burundanga, pero nunca que le dejara con ese maniático en un maldito baño en un bar de mala muerte.

-Ni idea. —Dijo Medea. —Pero lo sabré en cualquier minuto. —Dijo señalando su teléfono.—Puede ser muy inteligente, pero yo tengo mis medios para serlo también.

-¿Cómo?

-GPS en su ropa interior. —Claramente lo último lo había dicho en broma, o eso pensó John, aunque quizás… Eso no importaba. Daba lo mismo donde le hubiera metido el GPS, mientras tuvieran un lugar a donde ir y patearlo por jugar así con todos.

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John sonrió al notar la dirección en la pantalla de la computadora portátil. Baker Street 212-B.

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Cuando cruzaron la puerta de entrada, no pudo evitar subir las escaleras con rapidez. Se detuvo de sopetón en la entrada al salón. La escena lo había dejado atónito.

Sherlock estaba sentado en el sillón de John, mientras en el del detective se encontraba un hombre calvo de unos 30 años, amarrado con cinta de embalar de pies a cabezas, con la cara medio sangrante y la ropa a mal poner. John miró con más detención a Sherlock y notó los nudillos enrojecidos y un par de raspaduras en el pómulo derecho, que era la parte de la cara que podía ver. Medea a sus espaldas hizo un sonidito que rompió con el silencio en el lugar. Sherlock volteó a verlos y se puso de pie.

-Ya llegaron. Lestrade está por llegar también.—Dijo caminando hacia la cocina para poner a calentar agua en el hervidor.

Medea se sentó en el sillón sacando un cigarrillo. John partió tras el detective tratando de decidir si le daba un puñetazo o una patada en las costillas, o escuchaba la explicación primero.

-¿Es él?—Preguntó arrepintiéndose al instante al ver la mirada de Sherlock, y saber que estaba preguntando algo obvio. Era la costumbre, no podía evitarlo. —Mejor, explícame por qué me dejaste con Moriarty en ese maldito baño.

-¿Te hizo algo?—Preguntó mientras miraba al médico buscando alguna evidencia de algo.

-Pues además de ofrecerme trabajo, pues nada fuera de lo acostumbrado. Ya sabes, apuntarme con un arma…-Sherlock le miró con curiosidad.

-¿Trabajo?

-Dice que mi té es mejor o algo así. O eso dejó entrever. Eh…sabes, eso no interesa. Mejor cuéntame ¿qué diablos pasó?—Preguntó cruzándose de brazos y apoyándose en el refrigerador.

-¿Trabajo?—Repitió Sherlock inquieto.

-Eso no importa. –Sentenció John mirándole con seriedad.

-Es el hombre del que me habían hablado los sin techo. Aún no es conocido en Londres, viene de Bristol. Allá se hizo una fama como traficante y asesino a sueldo. No tiene familia. Llegó escapando de la policía.

-Pero, ¿Y el francotirador?

Sherlock sonrió y miró la superficie de la mesa. John entrecerró los ojos.

-¿Moriarty?—Preguntó sin querer escuchar una respuesta. Afirmó sin emitir palabra. Watson cerró los ojos e inhaló aire con fuerza.

-¿Y? ¿Cómo diste con él?—Preguntó John escuchando alboroto en el salón, que lo hizo distraerse de la intención de ahorcar al detective.

Sherlock miró con gracia a Medea apagar su cigarrillo en una de las manos del hombre, que le miraba con cara de ira.

-Yo que tú, no osaría mirarla así. Podrías aparecer en trocitos dentro de una bolsa de basura. —Dijo un hombre que aparecía por la escalera con su paso tranquilo. –Veo que salió todo como querías, Sherlock.

El detective bufó al ver a su hermano y volteó en busca de una taza para prepararse un té.

-¿Cuándo Moriarty probó tu té?—Preguntó Sherlock descolocando a John. Después de concentrarse unos segundos respondió elevando los hombros.

-¿Crees que dejaría que le pusiera mi nombre a algún país?—Dijo más bien para molestar a Sherlock.

Los dos Holmes le miraron con curiosidad. Mycroft sonrió levemente al ver que Medea le sacaba fotos al asesino.

A los minutos apareció Lestrade junto a un par de policías. Sherlock estaba medio cansado de ver a tantas personas metidas en el lugar, así que apuró al Inspector para que se llevara al tipo y las evidencias que lo inculpaban. Después se dedicó a mirar con rencor a Mycroft quien se hacia el desentendido para fastidiarle más. Fue Medea que alegó que tenía ganas de comida china, quien despidiéndose efusivamente de John y prometiendo raptárselo un día de esos, se fue llevándose consigo al mayor de los Holmes.

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2 AM

-¿Así que no fuiste tú?—Preguntó John mirando sobre el libro al detective.

Sherlock le miro sin expresión. John sintió una corriente fría pasar por su espalda.

-No fui yo. Tratamos de huir. Es por eso que tenía los arañazos en los brazos, cuando la ayudaba a subir las escaleras para ganar tiempo. Pero ella se desangró. Tenía más heridas de las que me había percatado estando bajo la influencia de la droga. El tipo se fue creyendo que me culparían del asesinato. Cosa que pasó. —Sherlock sonrió.

-¿Dónde entra Moriarty en esto?

-¿Quien crees que me lo entregó en bandeja?—Preguntó a su vez, el Detective, cruzando sus manos sobre su regazo.

-¿Qué?... ¿por qué? ¿Qué gana él con todo eso?—Preguntó confundido John. Sherlock sonrió y lo supo. —Sin ti se aburriría.—Sentenció echándose hacia atrás en su sillón y cerrando los ojos. Aquello si que lo volvía loco.

-¿John?

-Mnn…

-No te irías a trabajar con él, verdad?

John se echó a reír.

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FIN

DarkCryonic

Chile, 19-06-2012 16:54:15