VIII. Antes del amanecer.
«En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto1.»
Decidiste nunca dejarlo solo, por el simple hecho que el amor por él, es más grande que tu orgullo. Que el amor a ti mismo.
Desde que tienes uso de razón siempre has leído –cada extraña vez que cae en tus manos–, esos libros de relatos románticos, que a tu punto de vista son fantasiosos. Irreales. Claro, hasta que te topaste con él.
Una sonrisa melancólica se instala en tu rostro, hay tantos hubiera.
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–Soy Allen –Ves una sonrisa limpia bailando en los labios del otro.
Es la primera vez que ves una sonrisa tan desinteresada en alguien, no evitas de volverla, con la mejor que tienes, quizás no tan sincera como la otra. Pero sí lo suficiente amigable para hacer que el otro continúe.
–Mucho gusto Allen, yo soy Lavi.
Extiendes tu mano, Allen no duda en estrecharla; es un contacto cálido. No te sorprende que el pequeño niño de cabello blanco se convierta en tu amigo.
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–Es de lo más curioso Lavi, te juró que no había visto una persona que durará tanto tiempo con el ceño fruncido.
–Es Yuu.
Una verdad universal, te dices a ti mismo.
–Ne, pero sigue siendo extraño.
–No tanto como tu Allen-chan –Despeinas sus cabellos–, te acostumbraras, sólo déjalo pasar.
Allen te mira curioso, te limitas a sonreír, para después tocar su mejilla gentilmente. Con eso último has dejado a tu amigo confundido, en el mismo estado que tú.
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Te cuesta horrores mantener la sonrisa y esas actitud relajada.
–No puedo creer que nuestro Moyashi haya sido el primero en declararse –dices con calma, o al menos eso intentas– ¿Eres la mujer Yuu?
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–Te amo.
–Lo siento tanto Lavi.
Le robas un beso, sólo uno. Es lo único que necesitas.
Gran error.
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Sigues siendo el amigo incondicional, el amante secreto, Allen siempre vuelve a tus brazos, necesitado y tan roto. Que siempre –en el pequeño lapso de sus encuentros– necesitas gastar toda tu energía en repararlo, y destrozarte un poco a ti mismo a la par.
Piensas que Allen es egoísta, sin embargo desechas inmediatamente la idea; porque tú eres igual, de cierta forma.
Porque sabes perfectamente lo que le pasa a Kanda, pero no deseas ayudarle. Quieres una pelea justa, ya se lo cediste hace años. No piensas caer en el mismo error.
–Yuu es un idiota –murmuras cuando estás seguro de que Allen está dormido–. Todo lo que necesita lo tiene a su lado, aún sigue buscando errores en su relación. Imbécil. Lo único que necesita es perdonarse así mismo, al igual que tú.
Tan fácil que abruma. Eres una persona mala Lavi.
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–¡Conejo!
–¡Yuu-chan!
Ves a Mugen rozarte la nariz, por los pelos. Tragas saliva expectante.
–No pienso rendirme –Te sorprende escuchar esas palabras de Kanda, no dices nada esperando que continúe–, Saldremos de esta.
–Ya era hora.
–Che.
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Sí Allen Walker es feliz, Lavi también lo será.
Porque el amor es así de extraño e incongruente.
Además Lavi siempre esperará pacientemente el último error de Yuu. Tiempo al tiempo.
1 Lucio Anneo Séneca, Filósofo latino (2 a.C. -65)
