Las gotas de lluvia comenzaron a golpear el cristal despiadadamente cubriéndolo todo para limpiar no solo el smog de la ciudad sino para apagar las emociones de un sábado por la noche. A las doce en punto los jóvenes comenzaban a salir de sus casas transformados y caracterizados para atraer la atención del mismo u opuesto sexo dependiendo la preferencia de cada uno. Eso también sucedía en el eufórico Londres nocturno.
Hermione Granger observaba por el cristal a varias personas que entraban a ciertas discotecas de moda sintiéndose nostálgica por no disfrutar una juventud como debiese a causa de su constante lucha por mantenerse en el promedio deseado. Una vida llena de triunfos siempre traia consigo un sacrificio enorme como lo era el no vivir adecuadamente ciertas etapas, y por ende, el tiempo transcurre a gran velocidad no importando llevarse incluso parte de las emociones humanas.
Las luces de neon, los coches esperando aparcamiento, los paraguas abiertos tapizados de agua mostrando debajo de ellos a unas cuantas parejas que trataban de mitigar la espera y el frío acurrucándose entre si maldiciendo la hora en la que no decidieron llevar un abrigo o impermeable mas grueso. La moda y el clima, sencillamente no se llevaban.
Damon no emitía palabra alguna desde el momento que dejaron la reunión prenupcial, simplemente no le apetecía, se dedicaba a tomar el volante para evitar tener un accidente vial ahora que estaban teniendo dificultades con el trafico a causa del mal tiempo. La castaña; quien estaba a su lado, decidía no mirarlo para concentrarse en todos aquellos jóvenes que observaba a su paso. Se frotaba las manos una contra la otra para tener alguna cosa en que entretenerse y evitar cruzar palabra con el pelinegro.
A unas horas antes de estar en la avenida Ronchester el sonido del parabrisas casi taladraba sus oídos al ser el único que rondaba en el ambiente acompañado de claxons estruendosos y desesperados por parte de otros conductores vecinos. Damon la miraba de reojo, observando su bello perfil, no podía creer que despues de cargar con una fama de mujeriego y seductor fuese la primera vez que se sintiera como un neófito, pues con Hermione Granger siempre había que ser cautelosos con los temas de conversación. Mas aun, tratándose en la forma de seducirla.
-Fue arrebatado lo que hiciste en la reunión Damon- Por fin la chica decidía comentar algo para contrarrestar el inmenso silencio infernal que se producía en el ambiente. -No era necesario.
-No te preocupes Hermione, después de todo puedes tener la excusa perfecta para botarme, tirarme, despojarme, similares y conexos que se te puedan ocurrir—Damon reprochaba suavemente mirando hacia a otro lado, pues era evidente que ese comentario no habia sido de su total agrado.
-¿A que te refieres?
-Que después de que termine tu fingida relación conmigo puedes correr a los brazos de McCormick o cualquier tipo que se te ocurra.
-Su nombre es Cormac y no, no correré a los brazos de otro hombre—Daba un largo suspiro tensando sus manos de cierta manera para ocultar su molestia; sin embargo, aquella declaración del pelinegro la dejaba fuera de lugar.
-Todos los hombres son iguales, todos terminan engañándote, traicionando tu confianza, largándose de cama en cama con cualquier maldita falda que se les cruza en frente y aun asi, tienen el descaro de negarlo en tus narices.
-Lo dices por Konan o por Draco—Por fin el pelinegro la miraba, sus ojos aguamarina taladraban los acaramelados de la castaña apretando sus labios esbozando una sonrisa triunfante al dar la primera estocada. Hermione se intimidó ligeramente pero no estaba dispuesta a darle gusto.
-La persona es lo de menos cuando la acción resulta siendo la misma con los exactos finales similares Damon—Ella se acercaba a milímetros de su boca también sonriendo de manera descarada, pues cual leona nata sacaba a relucir el coraje y las ganas de luchar imponiendo su razón y argumentos por encima de cualquier punto de vista.
-E insisto, su nombre es Cormac—Se separaba recargando su espalda de nuevo en el asiento para mirar si era posible avanzar en el trafico, pero era imposible con la lluvia y la cantidad de coches congregados en la avenida. -Tu al menos vendes el momento, cobras por tus servicios a pesar de que una relación siempre se basa en la magia, en la química, en los sucesos hermosos que pueden llegar a pasarte con esa persona.
-Entonces quieres decir que soy un patan que ejerce "oficialmente"—Preguntaba el pelinegro para despues regresar sus manos al volante evitando tener que abrirse completamente con esa chica. Recordaba a su vez la ultima conversación que tuvo con Luna Lovegood, quien ahora habia descubierto su identidad vampirica pero por algun motivo que no lograba entender, no lo delataba.
-Solo te digo que despues de que todo esto a cabe regresare a Nueva York a dedicarme al único amor que se que me será fiel y jamás me mentiría—Hermione elevaba un poco la voz pero después se calmaba limpiando un poco el cristal para apreciar el avance en el trafico.
-Mi trabajo.
Damon apretaba un poco mas sus labios, ya que aunque habia cometido una enorme osadía en la reunión al proponerle abierta y públicamente matrimonio el resultado era tan forzado, tan obligado y predecible que no l habia tomado el gusto como toda persona que espera una respuesta maravillosa.
Cuando Damon Salvatore habia tomado el micrófono no solo para contar algunas anécdotas graciosas de su llegada a Londres, hacer una critica constructiva sobre los canapés y las bebidas pensó que sería buena idea dar credibilidad a la audiencia reafirmando su relación con Hermione Granger. Se había desenvuelto de tal manera que las chicas solteras deseaban tomar el lugar de la castaña y muchos de los caballeros preguntarle sobre su procedencia, pero su único objetivo era sorprender a todos los ahí presentes con el anuncio oficial, pensando asi que estaba haciendo un buen trabajo.
Al mirar los ojos color caramelo de la castaña, se daba cuenta que eran casi parecidos al único amor que habia tenido en su vida, al único ser que despertó en el no solo un candente libido, sino una llama ardiente llamada amor verdadero, pero ese mismo, era compartido por nadie mas y nada menos que su hermano menor Stefan Salvatore.
Al paso de los años, los ciento cuarenta y cinco años en los que desesperadamente buscaba abrir la tumba en la que los pueblerinos asustados de Mystic Falls congregaron no solo a los vampiros, sino a ese amor de su vida se habia dado por vencido convirtiéndose a si mismo en el mounstro chupasangre que todos esperaban. Un ser maniático y lujurioso que brindaba placer, seducción e incluso muerte a sus victimas féminas solo por el gusto y rabia de saberse fracasado. Fue despues de ese tiempo que una figura exactamente igual a Katherine Pierce habia aparecido justamente en el lugar donde todo comenzó. Una chica llamada Elena Gilbert que resultaba ser la doppelganger de la ya mencionada.
Su hermano Stefan habia decidido volver a echar raíces en ese pueblo tan ortodoxo con el afán de conocer a la replica de la mujer por quien él y su hermano habían reñido e incluso asesinado. Elena Gilbert era totalmente lo opuesto a esa mujer manipuladora, pues su bondad, ingenuidad y transparencia logró ablandar ambos corazones Salvatore.
Damon también se habia enamorado perdidamente de esa chica pero el cariño por su hermano lo obligaron a apartarse de ellos dos para permitirles un poco de felicidad. Si alguien sabía de sacrificios era precisamente el pelinegro.
Después de pasado el tiempo decidió que ese muerto y frio corazón no se volveria a activar con la calidez de nadie, pues abanderaba la idea de que el amor era el mas temible de los males que traía como consecuencia el dolor, la tristeza y la debilidad de un vampiro quien estaba obligado a caminar en el mundo observando como éste moría a su paso.
Hermione tenia una mezcla entre los dos amores de su vida, tenía la belleza exquisita y tentadora de Katherine pero el corazón y gracia de Elena, asi que al principio no pudo evitar hacer la comparación, pero con el paso de los días, de esos en los que el contrato se llevaba a cabo descubría que aquella castaña tenia no solo esa mezcolanza tan avasallante, era demasiado especial no definiendo exactamente de que se trataba. Asi que al ver que era codiciada no solo por su exnovio rubio platinado su sangre, su corazón y sus sentidos volvían a cobrar vida para dedicarse a lo que habia creído olvidado. Sentir.
-Si tanto te molestó que te haya pedido matrimonio te hubieras negado Hermione.
-Claro, si no hubiera estado acorralada seguramente lo habría hecho pero no tuve elección—La castaña observaba el cabello negro de Damon, sin querer se detenía en su perfil griego apreciando claramente la corvatura de sus labios, su fuerte mentón, escuchando su voz grave y seductora considerando que si todo fuese verdad habría brincado de gusto corriendo a sus brazos para llenarle de besos ese rostro tan hermoso. La sola idea hacía que su corazón latiera demasiado llenándose de emoción, pero debía ocultarlo.
-¿Sabes que es lo que creo?—El regresaba su mirada a ella. -Que eres tan amargada que no te gusta siquiera bailar, o debo decir que pienso que tienes dos pies izquierdos—El sonreía con descaro dejando a la castaña un tanto sorprendida y contrariada.
-No me mires asi, creo que tienes la gracia de una tabla para moverte.
-Claro que se bailar—Las mejillas de la castaña adquirían un tono rojizo apuntando su dedo índice al rostro del pelinegro. - Que no me guste es diferente.
-Pues solo hay una forma de comprobarlo.
-No comprendo Damon—Ella fruncía el ceño.
-Iremos a esa discoteca.
-Pero mis padres estarán despiertos, nunca he llegado tarde a casa.
-Hermione eres mayor de edad y se supone que estas con tu novio al que tanto amas, asi que salir por la noche debe ser parte de nuestra rutina, además tengo ganas de divertirme—Declaraba Damon y al instante la fluidez del trafico comenzaba agilizarse, pero en lugar de tomar el rumbo hacia el domicilio lo hacía en otro sentido.
-¡Que rayos estas haciendo Damon!- Exclamaba la chica al darse cuenta que el camino tomado no era precisamente a casa.
-Buscar estacionamiento ¡Duh!, o ¿Acaso quieres que dejemos el coche a media calle para que te llegue una jugosa multa mas alta de lo que me pagaras?- Viraba a la derecha encontrando justamente un lugar en medio de dos coches deportivos.
Hermione sentía que la sangre abandonaba su cuerpo, debía aceptar que ni en la gran manzana cometía ese tipo de locuras a menos que fueran reuniones de trabajo entre copas; sin embargo, el hecho de estar en la tierra de sus padres la hacía cohibirse sintiéndose como una chiquilla colegiala con el temor de la gran reprenda que le harían por cruzar la famosa línea de la confianza y ganarse una cátedra de las mil razones por las que una señorita decente debe darse a respetar. Ella simplemente jamás fue ese tipo de chicas tan libertinas.
Damon sonreía para si mismo relamiéndose el labio no solo por la encantadora noche divertida que estaba a punto de presenciar, sino que también se daba cuenta que estaba en un suculento festin lleno de liquido escarlata y perfumado con cuanta escencia carísima de un Oscar de la Renta, Lacoste, Channel No 5 pudiera ofrecerle. Aun a estas alturas, su hambre no podía ser elitista en cuanto a los aromas, bien podría conformarse con una imitación.
El pelinegro era el primero en salir, asi que se guardaba las llaves dejando a buen resguardo el automóvil dirigiéndose al puerta de la castaña para abrirla como todo caballero andante de telenovela. Hermione aun estaba asustada y en la espera de regresar lo más pronto posible a casa, tan solo tomaba su bolso sintiéndose fuera de lugar por el atuendo que llevaba.
-No creo que este vestido sirva para estos lugares Damon—Ella se bajaba del coche acomodando su cabello lacio.
-Sirve muy bien para mi, aunque te advierto que no permitiré que otro hijo de puta te invite a bailar, digamos que no soy paciente y podría romperle la cara.
-No quiero escenitas Damon te lo advierto—Le colocaba el dedo índice casi a la altura de sus labios mientras éste besaba la punta con una sonrisa en ellos.
-Entonces no aceptes bailar con nadie a menos que sea con migo—Daba una ultima sonrisa socarrona tomandola deliberadamente de la mano para conducirse a la entrada donde un corpulento hombre afroamericano estaba custodiándola como si se tratara de un gladiador dispuesto a morir por su trabajo.
Observaron a varios jóvenes que hacían fila para ingresar al club no importándoles el aguacero que acababa de caer y mientras tanto el instinto de rectitud y buenas costumbres de Hermione Granger no se hicieron ocultar al tomar el ultimo lugar de la fila. Damon quien la miraba negaba lentamente con la cabeza volviéndola a tomar de la mano para encaminarla a la entrada justo al frente de aquel gladiador que resguardaba el acceso principal.
-Damon, ellos también están esperando, suéltame—Ella declaraba difícilmente al abrirse paso ante los muchos chicos que estaban congregados.
-Pero yo tengo lugares preferenciales, asi que solo espera aquí y lo veras, pero por favor no vuelvas a hacer fila—Recriminaba con suavidad.
-Pero..—No tuvo mas remedio que esperar al notar que el pelinegro se habia adelantado por mucho para hablar con el hombre afroamericano—Maldito desgraciado—Replicaba cruzándose de brazos sintiendo de repente las miradas de otros hombres que llegaban en conjunto seguramente para cazar a sus presas suculentas que oscilaban entre los veinte y treinta años.
-Lo que me faltaba—Daba un largo suspiro de fastidio y asi mismo podía escuchar el estruendoso sintetizador que alocadamente cambiaba de música. Debía aceptar que jamás habia pisado un lugar tan concurrido y lleno de energía, lo que a su vez provocaba que su adrenalina comenzara a correr por su torrente sanguíneo llenándola de la máxima curiosidad.
Observaba al pelinegro quien al parecer era empujado por el corpulento hombre que se negaba a dejarlo entrar antes que los demás que esperaban, sin embargo también pudo mirar que extendia sus manos pacíficamente cerrando sus ojos para despues fijar sus ojos en ese hombre. En ese momento algo extraño había ocurrido ya que la actitud del guardian de la entrada cambiaba radicalmente a ser tan dócil. Hermione abría sus ojos mas de la cuenta al percatarse que éste abria la cadena que separaba la entrada cediéndole el paso.
Damon habia logrado que entraran sin problemas, lo que a la castaña le pareció fascinante, escalofriante y algo demasiado loco para ser exactos.
Ella se adelantaba a su encuentro deteniéndose un poco en la mirada ruda del afroamericano quien estaba con los ojos fijos en la cadena como si esta fuera una especie de joya, pues pudo darse cuenta que incluso la acariciaba como una mascota estimada.
-¿Qué fue lo que hablaste con el Damon?—La chica era encaminada hacia a la entrada esperando una explicación lógica pero simplemente esta no llego.
-Vamos, se que te gustará esto, además tengo bastante tiempo que no bailo hasta cansarme.
-No nos quedaremos hasta tarde, además tengo que llamar a mis padres, deben estar preocupados por mi—Sacaba su teléfono celular del bolso pues el pendiente de dejar a sus progenitores a la quinta pregunta le hacia desesperarse sobremanera, sin embargo, Damon sintió un poco de ternura por ella.
-Esta bien vamos al baño, esta haciendo mucho ruido aquí, le diremos a papi y a mami que la bebita esta en una fiesta de pijamas—El pelinegro rodaba los ojos tomando la mano de la chica para dirigirse a los tocadores.
El lugar estaba repleto hasta reventar de jóvenes eufóricos quienes bebían, reian y bailaban al compas de la música; las risotadas se hacían sonar seguramente contándose anécdotas de la universidad, de los trabajos e incluso de los amigos a quienes estaban criticando. Los varones llevaban camisas desabotonadas dejando ver su masculinidad a flor de piel mientras que las jovencitas vestían pantalones a la cadera, minifaldas o un conjunto llamativo que hacía juego con la tematica groundge urbano de todo el sitio.
A lo lejos se miraba un Disc Jockey concentrado en elaborar las mejores mezclas de éxitos del momento, incluso también hacía algunos montajes de sonidos vintage ( Oldies ) para dar originalidad a los cambios de música, misma que enloquecía a las personas levantando sus manos con una especie de lámparas de liquido fosforescente en señal de estar disfrutando el derroche de energía y extasis.
Damon llevaba a Hermione hacia los baños dándose cuenta que estos eran mixtos, lo que hizo que la castaña abriera los ojos asustada pensando que todo el mundo acudia a ese lugar para no solo hacer sus necesidades fisiológicas. Pasaba saliva con dificultad observando al pelinegro como si este le diera las respuestas del por que no habia sanitarios separados, mientas que el hombre se limitaba a abrirse paso entre las jovencitas que se retocaban el maquillaje para introducirse con ella a un cubiculo disponible.
Tal acción asustó sobremanera a la chica.
-¡Que!—Se silenciaba para bajar la voz en tono de reprimenda. -Por que te metiste conmigo Damon, pudiste esperarme allá afuera, ¿Qué va a pensar la gente?—
-Lo que se les antoje, te sorprenderías a lo que vienen a estos lugares.
-No me lo expliques—Señalaba con la mano dando un largo suspiro para tomar su teléfono y marcar el numero de sus padres.
-Bueno, papá, si, soy Hermione, lo que pasa que estoy en..—Damon la escuchaba hablar cruzándose de brazos escuchando los toquidos a la portezuela del cubiculo.
-Esta ocupado—
-Si papá estoy bien, iremos a casa en un momento mas—hacia una pausa- Si, Damon esta conmigo.—Ella Concluía colgando el teléfono pero en ese instante el aparato habia caído al retrete arruinándolo tal vez por completo.
-¡Rayos!
-Veo que tienes dedos de mantequilla—El pelinegro se disponía a auxiliarla pero admitía que le daba asco introducir la mano en la boca del inodoro donde el celular estaba aun encendido. Hermione lo miraba algo asustada y encolerizada por dejar que eso sucediera, sin embargo, no habia marcha atrás, si quería recuperarlo ambos tendrían que dejar de lado sus escrupulos para despues lavarse las manos intensamente no solo con agua y jabón.
-No meteré la mano ahí—La castaña declaraba contundente y el pelinegro volvía a rodar los ojos en señal de fastidio.
-Entonces no la metas, alguien mas querrá sacarlo, es tan bonito y no todas tienen uno como el tuyo.
Afuera del cubiculo se encontraban un par de chicas quienes notaron la presencia de un hombre y una mujer haciendo ruidos por dentro, por lo que se miraron una a la otra observando con detenimiento e imaginándose lo que estarían haciendo en un sitio tan apretado y húmedo como un sanitario. Escuchaban ruidos, incluso sonidos de ropa estirándose, lo que les dio a pensar que aquellos dos estaban haciendo algo mas que solo besarse, pero bien dicen que el morbo y la curiosidad puede hacer esperar hasta el mas reacio de los impacientes. En este caso las dos jovencitas morbosas quienes aguantaban las ganas de reir por todo lo que estaban presenciando eran el caso exacto.
-Damon con cuidado—La escucharon a ella quejarse un poco.
-La estoy metiendo pero esta muy profundo.
-No seas loco, muchos han hecho eso antes y ¿Tu eres el primero que se queja?
-En lugar de quejarte deberías meter la mano y sacarlo.
-Hermione ahora se metió muy adentro ya no podré sacarlo fácilmente, esta muy largo y ancho.
-No digas tonterías, no se iria hasta el fondo, ahí es muy estrecho, ¡Ah!—Damon ten mas cuidado casi me lastimas.
-Lo siento si soy rudo pero tengo que sacarlo de alguna manera, tu y tu loca idea de quererlo agarrar en este lugar tan lleno de personas.
-Tenia la necesidad de hacerlo Damon, estaba desesperada, no necesito contarte mas ¿Verdad?
-Mujeres—Se expresaba con algo de fastidio el pelinegro. -Una vez que lo tienen en las manos jamás lo sueltan.
-Ya casi sale, ya casi sale—
-¡Mierda!, esto esta muy estrecho, no podre sacarlo, creo que tendremos que dejarlo adentro o pedir ayuda.
-No, claro que no haras eso, tu lo metiste, ahora tu lo sacas Damon.
-Pero a ti se te resbaló y por ende se metió hasta el fondo, ¡Ah joder!
-¡Deja de apretarme asi Damon me lastimas!, solo a ti se te ocurrió hacerlo aquí.
Las chicas que estaban escuchando se imaginaban toda una escena dentro de ese cubiculo, no sabían si intervenir o seguir deleitándose con esa radionovela erotica que dejaba mucho a la proyección mental. Una de ellas, la mas bajita de estatura, decidió tocar sutilmente para darles a entender que no se encontraban solos y que por consiguiente era inapropiado hacer ese tipo de cosas en un sanitario publico; mientras tanto la otra jovencita aguantaba las ganas de reir al pormayor al prepararse para mirar el rostro de los "atrapados en acción".
-Disculpen pero necesitamos el baño—La chica de baja estatura tocaba mas fuerte mientras que solo notaron que la portezuela del cubiculo se abria para darse cuenta que los chicos aun seguían vestidos. Observaban claramente que la mujer castaña de cabello lacio sostenía un teléfono celular mojado entre sus manos y que el hombre apuesto tenia las mangas retraídas con los antebrazos húmedos.
-Un celular…- La amiga de la otra chica se avergonzó por proyectar en su mente todo tipo de escenas morbosas y candentes, sin embargo los otros dos le restaron importancia para salir del espacio tan reducido y encaminarse por fin a la pista de baile para olvidar aquel percance tan embarazoso
-¡Uff! Por fin lo tengo, espero que no se te vuelva a ir al retrete Hermione-
-Callate y vámonos ¿Ves lo que ocasionas?—La castaña dirigía una mirada de disculpa a las chicas. -Perdon las molestias.
Las otras dos jovencitas esperaron un tiempo prudente para asegurarse que nadie estuviera prestándoles atención, despues de todo ambas habían pensado cosas demasiado indecorosas y por asi decirlo, tan malévolas para llevarse a una revista de chismes. Una de ellas se adentraba al cubiculo para despues cerrar la puerta y evitar que otra persona se imaginara ciertas cosas en caso de meter a su amiga junto a ella.
Ambos salian de los tocadores no sin antes refregarse perfectamente las manos con agua y jabón dando gracias a las personas de limpieza por mantenerlo intacto y sin ningun vestigio de algun ebrio. En el caso dado que el celular hubiese caído junto al retrete lleno de vómito; este en el mejor de ellos claro estaba, lo darían por perdido absolutamente.
-Aun funciona, aunque…
-Vamos a bailar, ya avisaste a tus padres lo que me costó un chapuzón a un lugar donde jamás volveré a estar—Recriminaba Damon al dirigirse a la barra donde un hombre alto vestido con camisa pulcramente blanca, un chaleco negro y un moño en el cuello se encontraba mezclando una bebida tan diestro que podría entrar a un concurso de rapidez preparando toda clase de elixires para la noche. Hermione tomaba asiento alisando su vestido y acomodando su cabellera lacia y castaña por un lado para esperar.
-A mi me das un weaskey en las rocas y para ella un vaso con agua mineral y un poco de lima.
-¿Estas loco?, quiero una margarita porfavor—Declaraba la castaña con una sonrisa coqueta, lo que al cantinero le provocaban ganas de atender a esa chica con todo lo que tenía. El pelinegro la observaba y porfin se daba cuenta que su clienta; la tan afamada Hermione Granger ahora estaba disfrutando lo que sería una noche espectacular, cayendo a la cuenta de que jamás habia salido a ese tipo de lugares.
-¿Tu? ¿Pidiendo bebidas alcoholicas?, pensé que solo querías un vaso con leche y galletitas—El retaba recargándose en la barra.
-Aunque no lo creas, hay una diferencia abismal entre ser reservada y ser mojigata, y creeme, yo ya pase por ambas, tengo veintun años y puedo beber lo que se me antoje—
-Te recuerdo el celular?—Damon no tardaba en hacer enojar a la castaña, sin embargo la chica solo se limitaba a rodar los ojos esperando por su bebida.
Algunas de las chicas miraban al pelinegro como un plato suculento de botana o algo parecido a un dios oscuro que acababa de hacer acto de presencia en el lugar. Aun llevaba puesta la camisa de color negro que se habia colocado antes de llegar a la reunión prenupcial y al momento de desabotonarla no solo despedía una escencia a maderas del bosque; bastante atractivo y varonil tratandose de aquel hombre, sino una piel blanquecina que contrastaba perfectamente con la cabellera oscura y esos ojos de color aguamarina.
Muchas de las ahí presentes acudían a la barra con la excusa perfecta para mirarlo más de cerca, incluso mas de alguna le preguntaba la hora en cuestión para intentar sostener conversación con ese chico. Hermione mientras tanto se dedicaba a observar y a beber pequeños sorbos de la margarita adornada con una cereza, debía admitir muy a su pesar una sola cosa. Estaba ahora celosa de ese acompañante tan codiciado.
-Hola que tal, vienes seguido por aquí?—Una chica rubia de pantalon a la cadera se acercaba ladeando su cabello para dejar al descubierto la única debilidad de Damon Salvatore. La vena carótida por donde una sangre perfumada y ligeramente alcoholizada estaba traficando por su torrente. El pelinegro, hacía un esfuerzo sobrehumano para contener las ganas de alimentarse puesto que esa noche iba acompañado.
-De hecho vengo con alguien preciosa, pero no esta de más una platica ligera, de cualquier forma—El chico se acercaba despacio a su oreja para aunque sea oler ese alimento tan prohibido. -No es tan celosa que digamos.
-En ese caso supongo que no te molesta que me quede un rato ¿ O si?—mencionaba la rubia observando retadoramente a Hermione quien solo rodaba los ojos conteniendo una molestia.
-Adelante Damon, estamos aquí como amigos, además—La castaña se levantaba del sitio para susurrarle algo a su escort. - Esta noche no te necesito, no hay nadie conocido que pueda vernos, asi que diviértete.
El pelinegro no sabia si en verdad esa actitud molesta de la castaña se debía al momento vergonzoso en el sanitario o era realmente genuino el celo que estaba produciéndose. Apretaba un poco sus labios no dejando de lado esa sonrisa seductora para despues devolver su mirada.
-Solo es una chica que desea conocerme Hermione, o acaso ¿Estas celosa?.
Ese pregunta casi sacaba de sus casillas a la castaña, empuñaba la mano, la cual no sostenía la margarita afortunadamente y por su propia seguridad para despues dedicarle otra sonrisa realmente temible; matadora, seductora y letal, algo nunca antes visto en la leona Gryffindor. Se alisaba el vestido y observaba a la multitud ignorando olímpicamente a la chica rubia que coqueteaba con Damon para concentrarse en esa noche, la cual declaraba SU NOCHE.
-Los celos son tan de los noventa Damon, además tu y yo no somos nada.
-No me molestaría que tu también nos hicieras compañía querida—Contestaba sin permiso al chica rubia quien al parecer miraba a la castaña como una oportunidad de hacer un juego o fantasia del que todo hombre pide su limosna. Damon al darse cuenta de esa misma tan solo pasaba saliva con dificultad imaginándose una escena bastante erotica donde una castaña de cabello lacio mezclaba su piel con el de una rubia exuberante. Ese espectáculo lo consideraba vulgarmente "de tres pistas".
-Te equivocaste de numero linda, simplemente no estamos en la misma sintonía, ¿Si me explico?—Hermione guiñaba el ojo al percatarse del rumbo que tomaba esa insinuación por parte de la recién llegada, sin embargo la otra sin inmutarse deslizaba su brazo por el cuello del pelinegro quien no hizo el menor intento por apartarla.
-Tu te lo pierdes entonces dulzura.
-Ya lo creo—Contestaba la castaña de manera sarcástica dirigiéndose con su bebida al centro de la pista para poder apartarse por un momento de los sentimientos encontrados que estaba experimentando.
El pelinegro sintió rabia, celos, decepcion, ira contra si mismo y no habia una manera de poder descargarlo, no era de los que le gustaba hacer una escena escandalosa en un lugar publico por lo que simplemente se dio la vuelta para encontrarse con los ojos claros de la rubia coqueta quien no perdía la menor oportunidad de tener cercanía. La música comenzaba a sonar mas fuerte y en ese momento el hambre mezclada con la rabia venía a la mente del pelinegro para dar como resultado quizá una catástrofe.
-Vamos a un lugar mas apartado.
-¿Y tu amiguita?—Preguntaba la rubia.
-Ya se le pasará, además como ella lo mencionó, no somos nada, asi que no hay problema—Damon comenzaba a olisquear el cuello de la joven haciendo que ésta soltara una risita provocativa.
-Entonces ¿Qué esperamos?, prometo soltarte pronto para que no se moleste mas contigo.
Ella tomaba la iniciativa y lo conducía entre la multitud bailando, contoneándose por todo el trayecto celebrando su triunfo ante la castaña. Damon la seguía moviéndose de la misma manera pegando su entrepierna al trasero de la joven degustando el perfume que emanaba de cada uno de sus rincones estratégicos; mientras tanto Hermione Granger a pesar de proponerse ignorarlos los seguía con la mirada teniendo esos sentimientos encontrados mucho mas fuertes que antes.
-Diculpa, me puedes traer otra margarita porfavor?—La castaña decidia tomar al toro por los cuernos y tratar de disolver los contenidos celos en un caldo abundante de margaritas. El moso asentía alejándose de la pista para tomar su orden y regresar quizá por otras dos o tres peticiones mas de la misma bebida.
Tardaron unos minutos para dirigirse a uno de los pasillos donde un centenar de parejas se encontraban enredándose como rémoras a tal grado que a través de la oscuridad y de la poca luz que rondaba en ellos se confundían con otras extremidades diferentes. A Damon no le sorprendía en absoluto puesto que vivio demasiadas fiebres de discoteca a travez de los años, consideraba que habia solo ligeras variaciones en cuanto a la vestimenta pero el mecanismo para derrochar pasión y lujuria era exactamente el mismo.
La rubia arrinconaba al pelinegro a la pared con algo de fuerza lanzándose a sus labios como un animal hambriento de ese suculento manjar que acababa de cazar aquella noche, mientras tanto, aquel joven de piel caucásica y cabello ahora despeinado respondía a las caricias de forma salvaje y arrebatada. Bajaba con algo de fuerza sus manos hasta los glúteos de la fémina en cuestión para pegarla y fortarla a su ahora entrepierna dura y erecta que difícilmente podía contenerse en esos pantalones de vestir tan ajustados.
La chica al sentir aquella masculinidad decidía bajar su mano para abarcar con su completamente el miembro rigido del vampiro llevándose la clara sorpresa del tamaño y fuerza del que éste disponía. Los labios de Damon se paseaban desesperadamente por el mentón menudito todavía olisqueando el perfume que despedía por el sudor del lugar tan cerrado donde se encontraban. Los jadeos, los gemidos, los ruidos eroticos se confundían con los de las demás parejas no siendo impedimento para que cada una de ellas se dedicara a lo suyo concentrándose obedientes a sus mas intimos y retorcidos placeres; incluso, algunos condones fosforescentes se notaban claramente en el piso sirviendo como una especie de camino a los recién llegados indicando los lugares que estaban ocupados.
-Lo tienes muy grande—Ella decía entre jadeos volviendo a comerse los carnosos labios del pelinegro.
-No solo mi tamaño mide mi fuerza bombón—Entrelazaba su pierna a la contraria para tomar los glúteos de la chica e introducir una de sus manos libres sobre la piel desnuda encontrándose con el elástico de la tanga que coquetamente la chica vestía para ocasiones como esa.
Ella volvía a soltar un suspiro ahogado sintiendo que su intimidad se humedecía como un cuenco de miel recién abierto listo para disfrutarse, asi que aquella acción provocaba que la bestialidad de Damon Salvatore saliera a relucir a pesar de la oscuridad pintada con luces neon. Sus ojos negros eran enmarcados por las venas en sus pomulos y sus colmillos resaltaban de su boca en la espera de engullir a su siguiente victima.
La música, el estruendoso ruido, el chocar de copas, los murmullos de los presentes, los sonidos de los labios enredándose podían servir de acompañamiento para un buffette cargado de sangre alcoholizada y perfumada emanando a borbotones de esa chica rubia. Sabía que no era correcto, tenia en mente que cualquier paso en falso podría provocarle cambiar drásticamente de estilo de vida, pero como toda necesidad primaria del ser humano era crucial satisfacerla a como diera lugar.
-Cierra los ojos—Imperaba el pelinegro en susurro provocando que la mujer rubia mordiera su labio inferior accediendo a aquella petición al instante.
Acto seguido, los colmillos de Damon se retraían filosamente para tener contacto con el cuello de la chica, combinaba su lengua para suavisar y destensar aquella area para producir un adormecimiento, esa era una técnica que había aprendido de otro vampiro con mas de trescientos años de edad. Apretaba sus labios hundiéndolos profundamente para tener como conseguencia un grito desesperado de la chica.
-Te dije que podía ser rudo, ten cuidado con lo que deseas, por cierto…-Perforaba completamente succionando un poco de sangre experimentando la gloria suculenta para despues desprenderse mostrándole sus ojos oscuros y siniestros. -Hermione es mia, solo mia, y aunque fuera erotico lo de hace rato, no soy de los que me gusta compartir.
La rubia contemplaba horrorizada el rostro espectral de aquel pelinegro que tal vez por las copas y la magia de la noche habia encontrado atractivo, no cabía duda que se arrepentía por el arrebato de pasión de ese momento deseando estar sumergida en una pesadilla; pero no, era demasiado real como los orificios abiertos en su cuello. Damon volvía a la carga enterrando sus colmillos para poderse alimentar completamente de esa victima.
La música continuaba, las dempas parejas tomaban como un juego erotico aquel comportamiento tan agresivo de aquellos dos regresando a sus actividades demasiado concentrados. A lo lejos, en la pista de baile, una castaña de cabello lacio vestida con un conjunto en color rojo se encontraba contoneándose, liberándose de cualquier cosa que invadiera su mente. Pues claramente su noche estaba resultando perfecta.
Un hombre trigueño de ojos verdes se acercaba para poder acompañarla, tenía anchos hombros y cintura delgada vestido con una camisa de satin desabotonada dejando ver algo de vello liso en el pecho. Hermione jamás habia "ligado" con ningun hombre, toda su vida estuvo dedicada en cuerpo y alma al trabajo para prestar atención a las tácticas ahora usadas para atrapar al sexo opuesto.
El Disck Jockey comenzaba a cambiar de música, pues la melodía de ese momento titulada "Saturday Night" del grupo Underdog Project se hacia sonar por todos los rincones haciendo que los jóvenes se soltaran el cabello, movieran sus caderas, extremidades y se juntaran cuerpo a cuerpo para demostrar sus mejores pasos. Hermione se sentía tan liberada que no le importaba hacer el riduculo enfrente de ellos, se meneaba demanera sensual echando su cabello de lado pasando su lengua por sus labios rosados.
El chico trigueño que no la perdia de vista llegaba moviéndose un poco observándola detenidamente, pues esa noche, estaba completamente seguro que se llevaría a la cama a un suculento trofeo. Se acercaba sutilmente hasta tener una distancia considerable de la chica para moverse junto con ella al ritmo de la música, sin embargo otra figura llegaba para dejarlo fuera de la batalla en la victoria asegurada.
Damon se acercaba, todas las mujeres lo miraban, pues ahora estaba completamente desnudo de la cintura para arriba. Su pecho marcado, caucásico, emanando algunas gotas de agua por el rocío y la humedad estaban acentuando la sensualidad de aquel hombre del cual, los ojos aguamarina casi brillaban con intensidad.
Miraba con decisión a su contrincante para tomarlo por el hombro y sonreir de manera descarada.
-Yo la vi primero, te apartaras de aquí y te compraras una bebida para despues ligarte a otra, ella—Señalaba a la castaña—Esta prohibida, espero que te quede claro- El pelinegro estaba realizando hipnosis provocando con esto que ese trigueño solo asintiera de manera robotica y se dirigiera a la barra para poder hacer lo que se le habia encomendado.
Hermione estaba algo ebria y no se daba cuenta de las cosas al cien por ciento, asi que tomaba esa actitud derrotista demasiado natural continuando con su baile recordando su molestia por lo ocurrido en la barra. Damon se acercaba a la castaña para tomar su cintura y aunque ella intentaba quitarse éste no se lo permitía. Todas las jovencitas del club se sentían mas que decepcionadas por no ser ellas a quienes estuviera tocando.
-¿No deberías estar con la rubia esa?—
-¿No deberías admitir que te mueres de celos?—Respondía el pelinegro bailando junto con ella la canción "Remember" del cantante David Tavare.
-¿No deberías soltarme?—Preguntaba ella mirando sus ojos esbozando una sonrisa y sin pensarlo enredaba sus manos en su cuello experimentando la frialdad de su piel desnuda. Damon sintió que una corriente eléctrica atravesaba todo su interior, pues ahora, la tenia solo para él.
-¿No deberías callarte y dejar que te bese?—El hablaba con suavidad acercándose lentamente a su boca.
Hermione no pudo definir si por el alcohol, la música, el tumulto o incluso la magia de la noche misma su corazón comenzaba a latir fuertemente, sus manos temblaban, su piel se erizaba por el roce de esos labios que tan suculentamente se acercaban a ella. Sin embargo, ante cualquier deje de fantasia llevada por los excesos de las bebidas también existía algo de realidad, y esa realidad era… que solo se trataba de una farsa.
Sintió sus manos rodeando su cintura, una suavidad indescriptible que recorría su espalda conduciéndose hasta su cuello para acercarla a su cuerpo acurrucándola junto a el. Damon no se explicaba la razón por la cual decidió no besarla, quizá fue por la situación misma que provocaba el saber que solo era un contrato que se acabaría en menos de una semana, un momento fabuloso que recordaría por toda la eternidad y que le confirmaba que su corazón no solo estaría hecho de piedra.
Bailaron la canción cuerpo a cuerpo, ella cerraba sus ojos imaginándose realmente ese amor a la medida que tanto deseaba, pero sabía a la perfección que los hombres pagaban mal, lo habia vivido y experimentado en carne propia y ahora, al verse sumergida en ese estado de ensoñación tan hermoso dudaba siquiera seguir con sus mismos ideales al decidir estar sola.
Damon supo que no se podía huir siempre de algo al que todo ser humano esta propenso, y aun siendo vampiro, éste lo seguiría por toda la eternidad. Ese algo… era el AMOR.
