Holaaaaa ¡Feliz lunes!:3

Me encargaron avances de mi tesis... ¡así que me puse a escribir un capítulo! (yey XD) ojalá les guste, estoy haciéndolos más largos conforme más avanza la historia. (Lo hago por ustedes UwUr)

Gracias a todos los que dejan sus valiosas opiniones, me encanta leerlos :) y gracias a todos los lectores anónimos que andan por aquí.

Sin más que decir, dejo el capítulo. ¡Saludos!

Disclaimer: No me pertenecen... blablablabla... DC comics... blablabla... entretenimiento sin fines de lucro. Blah.

Enjoy It!

Capítulo 8.

-Quiero que me hables sobre Batman – había hablado antes sobre él, sobre cómo su existencia tenía sentido para destruirlo con la que sería la broma más grande de la historia, de cómo disfrutaba jugar con él, pero la información más reciente sobre su relación con Jack Napier y el origen del Joker le decían que debía haber algo importante al respecto.

-Batman… - dijo con algo de desdén – vivimos en un mundo de etiquetas, Harl, un mundo blanco y negro, sin escala de grises. O eres bueno, o eres malo. O eres un héroe, o un villano. No queda espacio para terceras opciones. Batman y yo no somos tan diferentes, pero él es el blanco a la vista de todos. El héroe. –Ella tomó nota.

- ¿En qué se parecen Batman y tú? - esta información podría ser muy importante.

- ¿Que en qué nos parecemos? HAHAHA yo preguntaría mejor en qué no nos parecemos… - la situación sin duda le resultaba divertida – Verás, ambos hacemos cosas fuera de las reglas, a ambos nos gusta el control, ambos somos tan egocéntricos para creer que nuestra percepción de la justicia, o lo correcto, es la mejor. Y por ello hacemos nuestra voluntad. La única diferencia – se acercó más a ella para al decir esto – es que yo me divierto.

- ¿Crees que lo que haces es correcto? – La doctora puso toda su atención en él.

-Eso depende…

- ¿De qué?

-De lo que tú creas. He matado gente que merecía morir. He torturado criminales y políticos corruptos. He robado dinero a bancos ladrones. Joyas a ricos egoístas que se pudren en lujos. No se lo doy a los pobres, no soy Robin Hood… pero ¿no es acaso gente que se merece lo que hago? ¿No es justicia de alguna forma?

- ¿Qué hay de los inocentes que han muerto en tus bromas? – comenzaba a encontrar el núcleo de su locura. Su percepción de la justicia, como él mismo lo había mencionado. Su nivel de maquiavelismo y falta de empatía.

-Peones sacrificados en un juego de ajedrez. – estimular su empatía podría ser un comienzo.

-Bien… recuéstate en la cama, por favor. – él siguió sus indicaciones – Cierra los ojos, respira profundo, más profundo. Escucha mi voz, no hay nada más. No hay nada.

Se encontraba otra vez, en ese lugar negro y vacío, donde antes había estado.

-Estás en un banco. No eres tú, no el Joker, eres Jack. Es un día cualquiera, sólo vas a revisar tu cuenta… contigo está la persona que más quieres.

El negro que le rodeaba comenzó a difuminarse para dar lugar a una fila de banco, el Banco de Gotham, vestía un traje azul marino y una corbata roja. Sintió una mano sobre su pecho, abrazándolo por la espalda. Se giró para ver de quién se trataba y la vio a ella, su Harley. Se sintió en shock por un momento… ¿acaso la quería? O era sólo porque estaba escuchando su voz y su imaginación era práctica. Sí, debía ser eso. Él sólo se sentía atraído por ella, nada más.

Ella sonreía dulcemente.

- ¿A dónde iremos a cenar esta vez? –preguntó juguetona.

-Uhmm ¿qué se te antoja? – respondió, mientras tomaba su cintura.

-No lo sé… - susurró ella, su aliento rozó sus labios. Estaban a punto de besarse cuando se escuchó el sonido de unos disparos. Los guardias de seguridad en las puertas cayeron. Unos hombres enmascarados entraron en el lugar disparando hacia todas partes, él sólo atinó a tratar de cubrirla mientras se agachaban para evadir los disparos. Pero había reaccionado tarde. Ella se desplomó en el suelo, sangraba demasiado, habían perforado su abdomen y la perdía poco a poco. Comenzó a desesperar, no podía quedarse ahí sin hacer nada.

-Vas a estar bien – decía él – tenemos una cita esta noche, no me dejarías cenar solo ¿o sí? – Sonrió para ella y ella devolvió su sonrisa, aunque sabía que su tiempo se acababa.

-Lo siento. - susurró ella con un hilo de voz. Sus ojos comenzaron a nublarse. La perdería.

El cuerpo del Joker estaba tenso, inmóvil, mantenía los ojos cerrados con fuerza. Harleen pudo ver una lágrima rodar por su mejilla, lentamente. Esa era toda la muestra que necesitaba para saber que él aún tenía sentimientos humanos. Al parecer había alguien que le importaba.

Él sostenía su mano, llena de sangre por intentar detener la hemorragia, vio como la vida se escapaba poco a poco de sus ojos. Tenía que decírselo antes de que se fuera.

-Te quiero. –susurró cerca de su oído para que sólo ella lo escuchara. Ella sonrió una última vez, mientras su último aliento dejaba su cuerpo.

Sentía ira, dolor, rencor, coraje. Quería asesinar con sus propias manos a cada uno de los bastardos que tuvo que ver en esto. Mataría a sus familias frente a ellos, los torturaría. Los haría sentir todo el dolor que él estaba sintiendo.

-Regresa- Escuchó una voz lejana. Casi un susurro en el viento. No le importó. Buscó al más cercano de los maleantes para encargarse de él. Lo giró hacia él para quedar de frente, como pudo le quitó el arma y lo golpeo. El hombre comenzó a reír.

Se quitó la máscara frente a él y quedó en shock con lo que vio. Se trataba de él mismo. El Joker.

- ¿Desde cuándo eres tan débil? - dijo el peliverde en tono despectivo.

- ¡Hey! – él abrió los ojos de golpe, estaba agitado, alterado. Harleen lo había tenido que tomar por los hombros, moverlo y gritar para que reaccionara. Se había perdido muy profundamente en la visualización, no estaba segura de lo que había imaginado.

-Eso no podría pasar, no lo permitiría… - dijo susurrando para sí, sin mirarla. Su mandíbula estaba tensa, tenía una sensación desagradable en su pecho. Ella vio la incomodidad en su rostro, había generado la reacción que esperaba. Al parecer el Joker sí tenía algún ser querido, eso era de gran utilidad. Pero lo que había pasado en su visión se había salido de control y no estaba segura de lo que había visto para alterarse así.

- Fue sólo tu imaginación, todo está bien. Ahora… ¿puedes decirme qué es lo que viste? – Él se había sentado, aún un poco agitado, miraba a la nada tratando de asimilar todo. Ella se había sentado a su lado, tenía la mano sobre su hombro en señal de apoyo.

-Prefiero no hablar de eso. – La ilusión había sido reveladora, en un grado preocupante. La quería… al parecer realmente la quería. Y el Joker de su sueño tenía razón… se estaba volviendo débil por ello. Maldición. ¿Cuándo había pasado? ¿Cómo lo había permitido? Y lo peor… si alguien se enteraba, ella estaría en peligro. Tal vez lo mejor sería alejarse de ella. Por su propio bien.

-Sé que muchas veces has estado en esa situación, como el asaltante. Sólo quería que lo vieras desde la otra perspectiva. - guardó silencio un momento y no hubo respuesta. - Lo lamento si te incomodó, pero quería que vieras las consecuencias para otras personas.

-En este mundo, nadie se toma la molestia de pensar en las consecuencias, cariño. Si fuera así, yo jamás habría existido. – Era verdad, si su mujer no lo hubiese engañado, él no se habría convertido en un criminal. Y si Batman no hubiera intervenido, él no se habría convertido en lo que era hoy. A ninguno de ellos le importó las consecuencias de sus decisiones. ¿Por qué a él le importaría?

Harleen tardó un momento en asimilar esa información. De alguna manera tenía razón.

- ¿Podrías intentarlo…? Recuerda cada vez que quieras hacerle daño a alguien, que ese alguien le importa a otros. Que tú no querrías que lastimen a alguien que te importa.

-Podría… a partir de mañana. – Era una respuesta más positiva de lo que esperaba.

- ¿Por qué mañana y no hoy? – preguntó curiosa.

"Porque hoy voy a encargarme de tu ex novio" pensó – Porque nada mejor que empezar junto con un nuevo día, ¿no? – dijo con algo de sarcasmo. A ella no le importó, ya era bastante avance por un día.

El guardia entró sin aviso.

-Se acabó el tiempo Dra. – dijo desde el umbral de la puerta, Harleen se levantó rápidamente y se colocó frente al guardia, tapando su vista del prisionero. Aún seguía sin esposas y si lo descubrían sería un retroceso ante el consejo.

-Muchas gracias Carl, siempre se me va el tiempo cuando estoy trabajando. – Comenzó a caminar lentamente, tratando de mantener la vista del guardia en ella, con la esperanza de que no se diera cuenta del pequeño detalle.

-Oiga Doctora Quinn – ese idiota quería que le dispararan, ¿no podía sólo quedarse callado y dejar que el guardia saliera sin verlo? Ella se giró hacia él y para su sorpresa ya traía puestas las esposas. Aunque aún seguía sin camisa. Cosa bastante ilógica si lo pensaba, pero seguro el guardia no lo notaría.

- ¿Sí?

- ¿La veré mañana? – Esa pregunta la extrañó al momento, luego recordó que era viernes, se supone que las sesiones eran de lunes a viernes. Pero él era su paciente extemporáneo, no creía que hubiera problema si lo atendía un día extra.

-Claro. – él no dijo nada, sólo quería que volteara a ver que ya traía puestas las esposas y que el idiota del guardia no se había dado cuenta de nada, realmente no tenía nada que preguntarle sólo dijo lo primero que le vino a la mente… pero había salido algo bueno de ello. Los fines de semana eran aburridos estando ahí encerrado.

La puerta de la celda se cerró y se quedó pensando un momento. No estaba seguro de qué hacer. Quedarse implicaría seguir tratando con ella, y sabía lo que pasaría… terminaría de enamorarse y entonces todo se volvería un problema. Aún estaba a tiempo de evitarlo. Pero olvidarse de ella no era una idea precisamente tentadora. Comenzaba a molestarse, odiaba la parte de él que no quería olvidarse de ella… Maldito seas Jack.

Dejó de lado esos pensamientos. Sacó el teléfono de su escondite y se comunicó con Johnny, tenía un encargo especial que quería se hiciera lo antes posible.

Un joven bien parecido, castaño, de ojos verdes, tomaba una copa en un bar elegante de Brooklyn mientras coqueteaba con una chica de apariencia… accesible. Estaba tan absorto en tratar de seducirla que no se dio cuenta de la presencia de varios hombres a su espalda. Ellos lo tomaron a la fuerza y se lo llevaron de ahí en una camioneta negra, donde fue amordazado y atado sin problema. Ninguno de los presentes hizo o dijo algo, todos fingieron que nada ocurrió y siguieron con sus asuntos como si nada.

Llevaba una capucha puesta en la cabeza que no le permitía ver nada, sólo escuchaba el sonido del andar del auto y las voces de algunos hombres a su alrededor.

-No entiendo por qué lo quiere, es un don nadie. – dijo uno de ellos.

-Ya sabes cómo es el jefe, sólo él sabe por qué hace lo que hace. – le respondió otro.

-Tal vez le deba dinero. –Dijo otro más.

-No creo que el motivo importe, lo importante es que ya lo tenemos. – Respondió otro.

-Cállense y vigílenlo. – Dijo una voz más, que parecía ser su líder, pues los demás obedecieron. – Sí, ya lo tenemos. – silencio, como si estuviera escuchando a alguien- entendido jefe – debía estar hablando por teléfono. Luego no escuchó más. Tenía miedo, mucho, no sabía quiénes eran, ni de parte de quién venían, pero sabía que eran peligrosos. Temía por su vida.

El resto del camino fue tranquilo, hasta que el auto se detuvo. Ya no se oían autos alrededor, por lo que debían estar en una zona aislada, solitaria. Comenzó a temblar. Lo bajaron del auto sin delicadeza y lo llevaron arrastras a otro lugar, le obligaron a sentarse mientras lo aseguraban con cuerdas a lo que parecía ser una silla. Le quitaron la capucha de pronto, la luz lo encegueció. Un par de lámparas apuntaban directamente hacia él y dejaban todo lo demás oscuro. No podía distinguir mucho entre las sombras, más que las siluetas de los hombres que lo habían secuestrado, no se molestaban en ocultar su rostro. No les importaba.

-Señores, deben haberse equivocado de hombre, yo no he hecho nada, no le debo nada a nadie, ni siquiera sé para quien trabajan, por favor ¡déjenme ir! ¡Juro que no diré nada acerca de ustedes!

-Shhhhh, no nos equivocamos, el jefe te quiere a ti. – Dijo Frost, saliendo de las sombras. Hizo una señal a los otros y estos salieron de la habitación. – Tienes una llamada. – Se acercó, poniéndole el teléfono en el oído.

-Ho… ¿hola?

- ¡Anthony, querido!, ¿cómo estás? ¿te estas divirtiendo? Siempre eres bienvenido en mi casa… - La voz sonaba cada vez más siniestra.

- ¿Quie… quién eres tú? ¿Qué te hice? ¿Por qué estoy aquí? – dijo alterado el castaño.

-Oh, ¡pero que niño tan preguntón! HAHAHAHA – esa risa… estaba seguro de que en algún lugar la había escuchado – en orden, soy tu peor pesadilla… o el karma, como prefieras llamarme. A mí no me hiciste nada, pero me contó un pajarito que hace unos años le hiciste algo a una hermosa rubia de ojos azules… ¿sabes de quién estoy hablando? – el muchacho inhalo con dificultad… claro que sabía de quién estaba hablando.

-N…no, no sé de qué me habla. – trató de fingir demencia.

-No me gusta que me mientan, sabes. Estoy seguro de que sabes de quién hablo. Sino, déjame refrescarte la memoria con su nombre… Harleen Frances Quinzel. ¿Te suena? – el castaño se limitó a temblar – Bien, quiero que recuerdes lo que le hiciste mientras mis chicos juegan contigo. Ahora mira al hombre junto a ti. – Como pudo, Anthony dirigió su mirada hacia Johnny, esa era la señal. Tomo el teléfono y lo acercó a su propio oído.

- ¿Sí jefe?

-Ya sabes que hacer.

Frost dejó el celular en una pequeña mesita que se encontraba a un par de metros de la silla. "Así que de eso se trata todo esto" pensó para sí, pues había escuchado gran parte de la llamada. Los hombres entraron a la habitación, cargando una mesa y varias maletas negras de seguridad. Colocaron la mesa frente a la silla, unos metros más lejos y luego pusieron las maletas sobre ella. Una a una las abrieron y comenzaron a acomodar cada uno de los artefactos de tortura.

El hombre comenzó a suplicar por su vida.

El Joker tuvo que limitarse a escuchar por teléfono las suplicas y gritos de agonía de aquel tipo, le habría encantado hacerlo con sus propias manos. Pero no era conveniente escapar por el momento. Menos mal que había entrenado a sus muchachos para hacer ese tipo de trabajos.

Mientras estaba en su celda recostado, escuchando aquel sufrimiento, se preguntaba si era buena idea seguir en Arkham. No le gustaba el cómo se estaba sintiendo. Odiaba sentir algo más que no fuera ira y diversión u odio. Pero de alguna manera también se sentía bien. Era una especie de pesadilla mezclada con sueño. Ella probablemente era así con todos sus pacientes. Tal vez incluso existía un novio del que no sabía su existencia… no, ya se habría enterado de eso.

¿Realmente tenía alguna posibilidad de ser correspondido? ¿Tenía algún sentido todo esto? Ella parecía tener cierto interés en él, interés profesional, pero interés al fin. Parecía confiar en él. Tal vez…

El sonido de los guardias andando en la parte exterior lo distrajo. Estaban hablando. Colgó el teléfono y se acercó a la puerta para escuchar.

-Sí, me enteré hace rato, no entiendo por qué lo hace. Sólo está perdiendo su tiempo. – ¿de qué hablaban?

-La Dra. Quinzel debe creer que realmente puede recuperarse si se enfrentó a la Dra. Leland para seguir atendiéndolo. – oh, hablaban de ella.

-Es joven, le hace falta experiencia para entender que maniacos como el Joker no tienen vuelta a la cordura. – y se referían a él también.

-Ya se dará cuenta cuando terminen los 3 meses. Es un desperdicio que una chica como ella trabaje en un lugar como este… con lo buena que está…

La conversación se vio interrumpida por un fuerte golpe dentro de la celda 562 que hizo a los guardias cerrar la boca. Era mejor que nadie se atreviera a faltarle al respeto a ella, frente a él.

Ahora, pensando en lo que esos bocazas habían dicho… ¿Harley se había enfrentado a Leland para seguir atendiéndolo? Por eso había cambiado el horario de su terapia… Pero ¿a qué se referían con lo de los 3 meses? ¿La trasferirían? ¿o a él? ¿Se acababa su contrato? ¿Era una condición que le puso Leland? ¿3 meses para tratarlo? Porque si ese era el caso, si le habían dado tres meses para volverlo cuerdo porque lo creían imposible… vaya que se llevarían una sorpresa. Él se aseguraría de ello.

Estaba decidido, se quedaría en Arkham- Al menos por tres meses más. El celular vibró por un mensaje recibido.

"Está hecho. –Johnny"

Una sonrisa se formó en su rostro. A veces hacía cosas buenas, a su manera.