Buenas! por fin he terminado este capítulo, me he tardado más de lo que creía, pero es que, aunque el principio lo escribí rápido, el resto lo he escrito a la vertiginosa velocidad de 1 párrafo por día de media, y no es por falta de inspiración, no... es que estoy en mis días vagos; pero al final lo he terminado, justo antes de que comiencen los exámenes, menos mal, porque si no la media habría bajado a letra por día.
Advertencias: en este capítulo hay lemmon, de echo el capítulo entero es un lemmon, no es para decir: "alaaa, porno duro por escrito", pero sí que hay escenas explícitas. Para mi absoluta perplejidad, el lenguaje es bastante suave, así que por ese lado no hay problema.
Me ha gustado el capítulo, así que espero que a vosotros también os guste.
"Y te rindes a él, porque es tu amigo, tu familia y lo quieres, tal vez algo más"
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9. Húmedo
Besas, lames, muerdes.
Has abandonado su boca y te entretienes en su cuello, porque si hay algo que te gusta más que sellar sus labios con los tuyos, es liberarlos y escuchar los suspiros y gruñidos que es incapaz de callar.
Él te suelta, cerciorándose que pongas bien los pies en el suelo, para dirigir sus manos a las cuerdas de tu hakama, que cae al suelo seguida de tu kimono; tú no te quieres quedar atrás, así que sus ropas acompañan a las tuyas rápidamente, quedando ambos en ropa interior.
Te sigue acariciando, y tu cuerpo arde allí por donde pasan sus manos, pero se ha retirado un poco para contemplarte, no te avergüenzas, estás acostumbrada a que los hombres te miren al pasar, pero no a que él te mire así, y eso provoca un vértigo en el estómago al que, definitivamente, no estás acostumbrada.
Tú también lo miras, alto, atlético y muy delgado, tanto que parece que se vaya a romper ante el más mínimo esfuerzo; y te preguntas cómo ha podido cargarte con esa fuerza, pero no te recreas demasiado en la pregunta porque ha vuelto a besarte. Es un beso húmedo, demandante y casi violento.
Besa, lame, muerde.
Ataca la parte visible de tus senos pasando por tu cuello, porque a él también parece gustarle escuchar tus gemidos, mientras te va empujando hacia el futón y te recuesta en él, poco a poco, sin prisas.
Abres los ojos y lo ves, prácticamente tumbado sobre ti, quieto, te está mirando con sus ojos azules más abiertos de lo que recuerdas haberlos visto antes, y no sabes cómo has llegado hasta allí, porque lo último coherente que recuerdas era ir caminando hacia tu división. Algo en la perifería de tu visión te llama la atención, un haori de capitán que estás segura no es de Gin, y definitivamente, tampoco es tuyo.
– ¿Dónde estamos? – preguntas con la respiración acelerada – esta no es mi habitación... ni la tuya.
Pero tampoco es que te importe mucho, estás demasiado entretenida con los suaves mordiscos y besos que el chico está intercalando en tu hombro. Escuchas su risa, es apenas un murmullo sobre tu oreja que te provoca un escalofrío.
– Muy lejos – y succiona el lóbulo de tu oreja; y tú te das por satisfecha con esa explicación, total, a esa hora todos están trabajando, o deberían.
Gimes y te aferras a su espalda cuando él se entretiene besando alrededor de tu ombligo, ya se ha ocupado del sujetador que está tirado en el suelo de cualquier manera y ahora está entretenido quitándote la última prenda que te quedaba.
Estás desnuda, completamente desnuda, frente a Gin, y te parece el sueño más surrealista que has tenido nunca, pero no te quejas.
Se tumba sobre ti, directo hacia tus pezones y los pellizca, lame, besa e incluso llega a morder; vuestros cuerpos están totalmente pegados, entonces lo sientes presionando tu bajo vientre, duro, caliente, húmedo. No sabes en qué momento se ha quedado desnudo, pero ahora lo está, y si aún te quedaba algún resquicio de razón, se acaba de esfumar al sentir sus besos en la parte interior de tus muslos.
– Gin – demandas, no sabes el qué, pero ese mordisco en la cadera te ha encantado.
Vuelve a subir por tu cuerpo, arrancándote más suspiros, su mano se posa en tu rodilla gentilmente y acaricia tu muslo. "Esto podría considerarse incesto" ese pensamiento ronda por tu cabeza un breve segundo, porque en algún momento llegaste a considerarlo como un hermano, sin embargo, al verlo ahí, sobre tu cuerpo, completamente desnudo y con la respiración agitada, mientras te separa las piernas, te reconoces por primera vez que hace tiempo que lo ves como algo más, y eso te asusta. Porque no te puedes estar enamorando de Gin, porque enamorarse de Gin no es fácil, porque sabes que probablemente él sentirá lo mismo, pero no va a ser suficiente, porque sabes que en un futuro vas a sufrir por su culpa.
Dejas de respirar.
Empuja sus caderas y tú cierras fuertemente los ojos y ladeas la cabeza hacia un lado. Duele, pero también te gusta. Enredas tus piernas en sus caderas, porque ese sentimiento al que no quieres dar nombre porque da miedo, cada vez es más real y no quieres que él se aleje de nuevo.
– Rangiku – te da un dulce beso en la mandíbula y vuelves a respirar – mírame.
Vuelves a perderte en sus iris, y tienes una epifanía, en ese momento sabes que tú eres lo único realmente importante, aunque la mayoría de las veces no lo demuestre; y el miedo va desapareciendo poco a poco, conforme tu cuerpo se va dejando llevar por las sensaciones de ese movimiento suave y rítmico que él lleva y tú respondes.
Sientes como un cosquilleo en tu entrepierna, el placer es mucho, pero quieres más, necesitas más, y sabes que él también, sin embargo no varía el ritmo de las embestidas; lo abrazas con las piernas y lo acercas más a ti, profundizando el movimiento, gruñe en tu oído y crees estarte volviendo loca, pero sigue sin ser suficiente.
Te das un impulso y ahora estás sentada a horcajadas sobre él, con las manos empujándolo hacia el suelo, empiezas a moverte, más rápido, más fuerte; y ya no puedes reprimir el gemido que se escapa de tus labios, ni los siguientes tampoco.
Estáis cubiertos de sudor, los cabellos, mojados, se te adhieren a la cara, el cuello y la espalda, te dan calor, demasiado, pero en ese momento es secundario. Él se aferra a tus caderas y tú te arqueas mirando hacia el techo y mordiéndote los labios, es posible que mañana tengas moretones de lo fuerte que te hinca los dedos, pero en ese momento sólo te excita más.
– Gin – gimes, suspiras.
Como un resorte, él se incorpora con un gruñido y ataca tus pechos, te agarra los muslos y vuelves a estar tumbada con él encima, sólo que ahora todo es mucho más brusco, más animal, más intenso, tus dedos se han clavado en su espalda, haciéndole daño con tus uñas, pero tú no te das cuenta y él no protesta. Los gemidos se han convertido en gritos, y si estuvieras en tus cinco sentidos, te preocuparía que os oyeran, pero en lo último en lo que pensarías en este momento es en eso.
De repente todo pierde sentido y sientes que tu entrepierna va a estallar, lo rodeas con tus piernas más fuerte, empujándolo hacia dentro, y le muerdes el hombro para acallar el último gemido que viene con su nombre, mientras él, que se ha aferrado a tu cintura como si fuera un salvavidas, se derrama dentro de ti y esconde su cabeza en tu cuello.
Todo a acabado, pero aún estáis algo agitados, sientes su respiración agitada en tu cuello haciéndote cosquillas justo antes de darte un beso, dulce, tierno, que te manda un escalofrío a lo largo de toda tu columna.
– Rangiku – suspira con voz ronca entre besos, mientras sale de tu interior haciéndote gemir nuevamente.
Se reacomoda apoyando su cabeza en tu pecho y te hace dibujos en el brazo con su dedo, tú le acaricias la espalda y su cara, dándole finalmente un beso en la frente.
Le coges la mano que te acariciaba, le das un beso en la palma y juegas con ella, mientras él te abraza aún más con el otro brazo.
Ahora es cuando, supuestamente, los amantes se dicen lo mucho que se aman, lo mucho que sufren con la ausencia del otro y se prometen una vida juntos y felices, a poder ser formando una gran familia... pero él no dice nada, y tú te quedas callada.
Mañana será otro día, y podrás pensar fríamente en todo lo que ha pasado en las últimas horas, puede que sientas miedo, pero por ahora estás tranquila, feliz, mientras disfrutas de su compañía en silencio.
Continuará...
Cha, cha, cha, chaaaan. Eso es todo... por ahora, qué tal? espero que haya gustado, a mí sí :)
Tengo pensado escribir 2 o 3 capítulos más para esta minihistoria, si escribo dos, terminará bien, si escribo tres, terminará mal, no sé lo que haré al final, se aceptan sugerencias.
Besos
