Mika

Desde el día en que Mikaela fue al supermercado para traerle dulces, Taichi notó como sonreía con más frecuencia integrándose más a sus juegos. Era divertido verlo jugando con Fumie a vestir su oso gigante o cuando se le ocurrió turnarse en las lecturas haciendo las voces de los personajes. Siempre que era necesario formar grupos para las actividades elegía estar con ellos lo cual le hacía sentir especial.

No le gustaba mucho cuando Akane llamaba a Mikaela aparte para jugar juegos que solo ellos entendían. Por más que intentaran explicarle las reglas le resultaba difícil recordarlas conformándose con verlos, aunque a veces resultara aburrido.

Kouta, Chihiro y Ako preferían juegos que implicara moverse asegurando que entre ellos tres estaba el más rápido del orfanato. Le gustó ver el día en que Mikaela se animó a participar en una de sus carreras ganándoles.

Taichi le agradaba saber que su familia se había vuelto más unida y alegre. Sin embargo, los accidentes ocurrían.

Mikaela y él estaban solos, el resto de los niños estaba adentro viendo una película con la directora que a ninguno de los dos le gustó por lo que decidieron salir a jugar. Había arrojado la pelota con la que estaba jugando en el patio demasiado alto y se quedó atrapado en lo alto de un árbol a lo que él le sonrió para tranquilizarlo mientras se subía a buscarla. Todo parecía estar bien, hasta que la rama en que se apoyó se quebró.

…..


Jugar, reír sin preocupación, cosas a la que no estaba acostumbrado de repente eran normales en su vida. Era algo que Mikaela le encantaba descubriendo pronto que no era necesario que fingiera estar feliz porque una vez que decidió dejar de estar a la defensiva se trataba de una emoción que naturalmente brotaba de su ser.

No siempre era fácil pero los niños parecían comprenderlo sabiendo cuando no presionarlo y cuando permanecer a su lado. Le agradaba tanto su nueva familia que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario por ella. Por eso no dudó en subirse al árbol a buscar la pelota de Taichi sabiendo que era su juguete favorito. Lo que no esperó fue elegir mal la rama que debía pisar haciendo que se quebrara bajo su peso.

Quedó aturdido por la caída, inmóvil con los ojos cerrados a pesar de estar despierto. O creía estarlo. Todo le resultaba confuso, incapaz de ver u oír con claridad.

–… ¡Mika! ¡Mika!

Para cuando el mareo y el dolor de cabeza que experimentaba le dejaron abrir los ojos se encontró con la mirada preocupada de Taichi que no dejó de llamarlo Mika hasta que estuvo seguro de que estaba despierto.

– ¿Estas bien? – Preguntó – ¿Debo llamar a la directora?

– ¿Por qué Mika? – Dijo notando lo nervioso que estaba. No se sentía bien ponerlo de esa forma por su culpa pero sentía curiosidad por sus palabras – Me llamabas así.

– ¿eh? No fue intencional – Respondió como si se hubiera dado cuenta por primera vez de lo que estuvo diciendo – Estaba asustado porque no despertabas y …

– Me gusta – le interrumpió sentándose. Tenía adolorido el cuerpo sin embargo eso era lo único por lo que no le costó sonreírle en un intento de calmarlo – Mika suena bien y en los cuentos cuando acortan el nombre siempre significa algo especial.

La conversación fue interrumpida en ese momento por la directora que llegó corriendo alarmada para revisar que Mikaela estuvo bien. No contenta con las palabras que él le daba se lo llevó a un hospital cercano para ser revisado por un médico. El viaje le pareció un desperdicio de tiempo y no le agradó que, justo cuando se divertía con los otros, le mandaran a reposar en cama por una semana.

Lo único bueno de ese indeseado viaje fue cuando regresó a su cama encontrando la pelota de Taichi en su cama con una nota que decía: "Para Mika". La letra era temblorosa y difícil de leer pero era el primer regalo que alguien le daba. Jamás podría poner en palabras lo bien que se sintió en ese momento.


Algo en este capítulo no me convence pero no sé qué es. Por otro lado solo falta el final.