Aquel día las clases parecieron menos pesadas y el tiempo corrió inesperadamente tan rápido que ni siquiera se había dado cuenta cuando todas las chicas se paraban de sus pupitres, lo cual era extraño pues para Candy parecía siempre tardar una eternidad y a la salida era ella la primera en pararse y correr hacia la puerta, eventualmente era regañada después por su atolondrada conducta.
Pero esa era ella, siempre contando las horas, los minutos y segundos.
Los profesores la ponían de nervios y las clases le parecían demasiado fastidiosas si a eso se le agregaba una clase extra con la hermana Margaret sobre la fe, realmente no tenía mucha idea sobre que trataba esa clase o si era sobre la fe. Su amiga Annie solía sentarse al frente y tomar nota de todo lo que decían, al contrario de ella que lo único que hacía era ocupar el pupitre que estuviera más al fondo y lo más cerca de la ventana, después de eso se dejaba llevar por sus pensamientos, o bien podía hacer su típica mueca de frustración mirando a los chicos de la escuela de alado.
No es que ella pensara mucho en chicos, a comparación de las demás Candy no solía prestarle mucha atención, a excepción de uno claro, pero como sus demás pensamientos aquel solo era una fantasía loca.
Tenía que admitir que babeaba por su vecino de vez en cuando, aunque trataba de hacerlo lo más disimuladamente posible, era el chico más arrogante que conocía y era tan odioso que si se enteraba probablemente se reiría en su cara y ella se pondría tan roja que probablemente a sus mejillas le saldrían fuego.
Y luego estaba la tía Elroy siempre diciéndole lo buen chico que él era cuando la realidad era otra, mientras que a ella no hacía más que darle miradas reprobatorias y regañarla todo el tiempo.
Y es que la vida era tan injusta, ¿Por qué ella tenía que estudiar en el saint Clare?
El Saint Clare que parecía una prisión con un montón de monjas gruñonas, porque la única que no podía recibir esa etiqueta era la hermana María que era un ángel.
Y la hermana Margaret que no era tan mala pero se dejaba influenciar demasiado por la hermana Grey.
Era mil veces mejor el colegio mixto que estaba a lado de su escuela, aunque estaba lleno de chicos ricos e insoportables como Terry, pero al menos era mejor que estar con un montón de muchachas hormonales y egoístas ¿Por qué la tía Elroy no la había metido ahí?
¿Qué había hecho mal?
Pero la respuesta siempre era la misma: "su madre y todas las mujeres de su familia habían estudiado ahí"
La prima de Annie estudiaba en el otro colegio, aunque era unos años mayor que ellas, y también aquel chico que le gustaba a Annie.
Y Terry.
Ugh ¿Por qué tenía que venirle el siempre a la cabeza? ¿Por qué tenía ella que usar ese estúpido uniforme?
Probablemente sino le conociera no le molestaría tenerlo en su cabeza pues siempre seria su amor platónico idealizado como el chico más encantador, pero como buena vecina conocía sus alrededores y la mayoría de su infancia no había tenido otra pareja de juegos más que él.
Resultaba incluso extraño pensar que cuando eran niños solían estar siempre juntos, en ese entonces solían pasar la mayoría del tiempo en la pequeña casita del árbol que estaba en medio de las dos propiedades, no importaba si llovía o nevaba, solían encontrarse en su pequeña guarida todas las tardes todos los días del año hasta que una navidad Candy decidió no esperar para verlo y poder entregarle el regalo que tía Elroy le había acompañado a escoger, la niña entro en la propiedad de los Grandchester sin que nadie la notara y camino hasta la enorme sala para escuchar los gritos enfurecidos del padre de Terry quien nunca se encontraba en casa, también había una mujer rubia muy bonita y Terry llorando pidiéndole que no se marchara.
Era algo bastante confuso, y Candy no creía lo que veían sus ojos o lo que escuchaba.
Las pocas veces que Candy había visto al padre de Terry este siempre parecía no tener sentimientos, era estricto con el chico y amable con los demás pero parecía que no podía serlo con la mujer, pues tampoco paraba de llorar junto con el niño.
-por favor Richard- imploro la mujer entre lágrimas- Terry es mi hijo, ¡no puedes prohibirme verlo!
-puedo hacerlo contigo siendo una drogadicta.
Candy se trató de esconder pegándose con el marco de la puerta involuntariamente, por suerte nadie se había percatado de ella cuando de pronto sin poder evitarlo su obsequio cayó al suelo y todos voltearon descubriéndola, el padre de Terry se veía aún más furioso, la desconocida desconcertada y Terry parecía avergonzado, con el rostro húmedo en lágrimas.
-lo siento…- fue todo lo que pudo decir y después corrió de vuelta a su casa con tía Elroy.
Nunca le conto nada a nadie ni siquiera a tía Elroy, pues la pequeña Candy sabía que no tenía por qué haber estado ahí, pero no pudo evitar sentirse triste por Terry.
Aquella tarde ya no tenía un regalo para darle, solo le espero en la pequeña casita del árbol con la tarta que la tía Elroy hacia y que a él le gustaba y se suponía comerían los dos, pero Terry nunca llego.
Y tampoco lo vio al otro día o los demás días, ni la semana siguiente, o la siguiente.
Era solo ella sentada esperándole, había tratado de mandarle algún mensaje diciendo que lo sentía pero el parecía ignorarla.
Después su padre lo envio a un internado y cuando Terry volvió ya no era el mismo Terry.
Su amigo.
-Candy, ¿estás bien?-pregunto una vocecilla que a ella le pareció muy lejana pero cuando volteo a su lado era solo su fiel amiga Annie.
La joven le miro y asintió, por suerte era la salida y al fin se podía marchar a casa a… ¿a qué se marchaba a casa?
Nunca hacia nada.
Solo llegaba tiraba la mochila sobre el perfecto sofá blanco de la tía Elroy y se terminaba el cartón de leche que había en la nevera, eso no era muy propio de una dama ya lo sabía, pero después de que Elroy la reprendiera tanto había perdido las esperanzas de hacer de ella una señorita modosita. De pronto Annie le miraba con una cara rara de esas que hacia cuando quería pedirle algo.
-¿Qué pasa Annie?
-Candy… tu eres mi mejor amiga..
-¿aja?
- estaba pensando que tal vez si no quieres hablarle a Terry de mi para que él hable con Archie, tal vez… podrías hacerte amiga de Archie y sería más fácil, tu eres muy sociable, no te asustan los chicos y yo pues…
-Annie… ¿me estás diciendo que quieres que me haga amiga del chico para que el vuelva a salir contigo?
-¿Por qué no?
-esto me suena a una idea muy mala.
