CAPITULO IX

Referencias:

- Diálogos -

"Citas"

/Pensamientos/

Redacción

[…] Flash Back […]

CAPITULO IX

La imagen de la Mansión Malfoy, al final del camino jerarquizado y bordeado por los cuidados setos, le produjo a Ron un escalofrío que le recorrió a lo largo de la espina dorsal. El sendero al otro lado de la verja de hierro era largo, pero aún así se podía apreciar la imponente estructura edilicia coronando el paisaje. No sabía muy bien si era el aire de esa mañana, comparado con la oscuridad de la noche en la que vio por primera vez esa mansión, o por el hecho de que se acercaban a ella a solicitar un favor; lo cierto era que, bajo el gris del cielo de aquel día, la casa de los Malfoy se le antojó sombría y renuente.

Habían pasado la noche en una hostería del Callejón Diagon y, aunque las camas eran mejores de lo que habían imaginado, Ron no pudo dormir en toda la noche pensando cómo harían para convencer a su íntimo enemigo de que los ayude a rescatar a la jovencita a quien él tanto había detestado durante sus años escolares. La mañana era opaca, fresca y húmeda, lo que lo ayudaba a despabilarse un poco; pero no aportaba a su ya excesivamente disminuido optimismo. Ron respiró hondo y miró a Harry.

- Bueno… ya estamos aquí… -Le dijo al moreno, anunciando inútilmente que habían llegado a destino y esperando que él le indicara cómo continuar. Harry lo miró y se encogió de hombros.

- Muy bien, aquí voy -anticipó su amigo. Cerró los ojos por un segundo y, volviéndolos a abrir, estiró la mano hacia la reja labrada que tenía delante de él. Apenas la punta de sus dedos tocaron el frío metal, las siluetas indefinidas que la decoraban se transformaron en aquel rostro desagradable que Ron recordaba haber visto antes de sufrir uno de sus peores tormentos.

- ¡Manifiesta tus intenciones! -la metálica voz parecía haberse oxidado con el tiempo, lo que quitaba solemnidad pero otorgaba un aire fantasmagórico a la escena. Ron miró a Harry expectante, en el fondo de su mente en blanco suponía que su amigo tenía un plan. Y no se equivocaba:

- Solicito ver a Narcisa Malfoy -la voz de Harry sonó potente e imperiosa. A Ron le sorprendió que su amigo solicitara por la madre de aquel a quien esperaban ver, pero aún así estimaba que, con semejante orden, la reja se abriera inmediatamente; sin embargo, el rostro de hierro volvió a solicitar datos.

- ¡Revela tu identidad! -el rostro del moreno cambió de repente, era evidente que pensaba develar quién era una vez que llegaran a la puerta interna. Ron comenzó a pensar en un nombre ficticio, pero su amigo lo sorprendió una vez más.

- Soy Harry Potter -Decretó con solemnidad. Ron miró a Harry acusadoramente, reprendiéndolo por hacer evidente el principal motivo por el cual podrían negarles el ingreso. El chico le devolvió una mirada de ojos bien abiertos y se encogió de hombros como queriendo decir /¿y qué otro nombre querías que dijera?/.Ron volvió la vista a la puerta y, rodando los ojos, negó con la cabeza.

Definitivamente no esperaba que la reja se abriera de par en par, pero lo hizo. Sorprendido miró a Harry sin poder creer que lo hayan logrado y le resultó un poco irritante que el moreno le guiñara uno de sus verdes ojos en un gesto de superioridad jocosa. Rodando de nuevo los ojos, inició la marcha junto a su amigo a lo largo del sendero.

A medida que se acercaban a la mansión, más se le erizaba la piel y más vívido se le representaba el pasado en la memoria

[…]

Sintió la arena blanda bajo sus pies y echó a correr a toda velocidad hacia la casa. En sus brazos reposaba inerte el pálido y golpeado cuerpo de Hermione, en su garganta un nudo que no le dejaba de respirar, en su pecho, la angustia más profunda y el miedo creciente de perderla para siempre.

- ¡BILL!- gritó desgarrándose la garganta y vio cómo Luna, que había estado mirando la ventana a la espera de sus amigos, corría escaleras abajo para permitirles el paso.

- Fleur está arriba preparando las habitaciones, no le importará que la recuestes ahí -Luna comenzó a hablarle desde que abrió la puerta,su tono tenía esa dulzura impasible que podía llegar a irritarlo, pero ignoró a su amiga y corrió escaleras arriba saltando los escalones de tres en tres.

- ¡FLEUR! -gritó, desesperado por ayuda. Los ojos exageradamente abiertos y el rostro asustado de Fleur Delacour asomaron por la entrada a una habitación. - ¡Ayúdame! -solicitó Ron con la voz quebrada y su cuñada, sin poder hablar, le dio paso al interior de la habitación.

- Igué a buscag a Bill -le dijo presurosa, dejando una colcha gruesa a los pies de la cama sobre la que Ron había posado a Hermione. Miró compungida la frágil figura de la castaña y se perdió por la puerta sin hacer ruido.

Ron se movía con velocidad pero con cuidado. Acomodó a Hermione sobre la cama, la cubrió completamente con la manta y comenzó a frotar sus brazos para darle calor. Ella seguía inconsciente y pálida, indiferente a los esfuerzos que el pelirrojo hacía para reanimarla. Se restregaba las manos para calentarlas y las apoyaba en las mejillas de la castaña para devolverles el color, pero el frío de su cuerpo se mantenía resistente. Al borde del llanto se sentó en la cama y, con sus brazos, alzó el torso de su amiga. Le envolvió el cuerpo con la colcha como si de un bebé se tratase y, apretándola fuertemente contra sí, comenzó a balancearse en un intento de mantenerse en movimiento, sólo para sentirse útil.

Al cabo de media hora volvió a examinarle el rostro. El rosado había regresado a sus mejillas y había recuperado algo de calor. Sintiendo que volvía a respirar, Ron recostó a Hermione nuevamente, acercó un banquito y se sentó al lado de la cama a velar su sueño. La miraba con culpa y con temor. De vez en cuando acomodaba con suavidad los mechones desordenados alrededor de su rostro, o le acariciaba con el índice, siguiendo la línea de sus cejas y su respingada nariz. Por un segundo dejó que la idea de verla sin vida penetrara su imaginación y el alma se le contrajo en la boca del estómago. Por debajo de la colcha buscó sus finos dedos y los envolvió en los suyos con posesión enérgica. Estirando el brazo de Hermione hacia afuera del cobertor, apoyó la frente sobre el dorso de la mano de la chica, que descansaba sobre la palma de las suyas, y sin poder contenerse, rompió a llorar.

Lloró durante largos minutos. Lloró de angustia y de temor, pero también de alivio. Lloró por no haber podido evitarle el sufrimiento y por lo que imaginaba que estaba por venir en el largo camino que les quedaba por recorrer. Lloró de impotencia al reconocer que, aunque la sabía profundamente dormida y a menos de veinte centímetros de su rostro, aún así no podía reunir el valor para besarle los labios.

Y así, odiando un poco al mundo y otro poco a sí mismo, descargó ese sin fin de sentimientos que le hicieron reconocer que su variedad de emociones superaba ampliamente la de una cucharita de té. Tan ensimismado en su dolor como estaba, el leve tosido que sintió al lado de su oído izquierdo lo asustó cual si se tratara de un tambor golpeado con violencia.

Levantó la cabeza de golpe y la miró: con el ceño fruncido y los ojos apenas abiertos, Hermione se quejaba débilmente de dolor. Ron soltó su mano (prácticamente empapada) y, luego de secarse de la cara de las lágrimas para que ella no notara su llanto, se acercó a su rotro.

- Hermione…- dijo con suavidad - ¡Hermione, estás despierta! -la emoción iba llenándole el pecho como el viento en un partido de Quidditch y sintió ganas de alzarla y girar con ella en el aire. Se contuvo, sin embargo, cuando ella volvió a toser. -espera aquí, no tardo -le dijo, y corrió escaleras abajo en busca de un vaso de agua.

En la cocina encontró a Fleur mojando paños en un balde de agua caliente.

- ¿Dónde está Bill? -preguntó, mientras se apresuraba a llenar un vaso con agua. No había saludado correctamente a Fleur, ni agradecido su ayuda, pero no era ése el momento.

- Está afuega, con Haggy -respondió la mujer con suavidad, y casi con miedo agregó - están viendo en qué lugag cavag la tumba -y frunció el rostro como si estuviese dándole el pésame.A Ron se le paralizó el corazón.

- ¿Tumba? -preguntó con terror. Fleur asintió y bajó la cabeza.

- Es el elfo. -sentenció -Apagueció con un puñal clavado en el pecho. Muguió aquí en la costa. Haggy quiegue entegaglo. -Ron permaneció quieto mirando a Fleur unos segundos, como sin poder creerlo. Miró por la ventana y, en el infinito del cielo que apenas comenzaba a aclarar, vio las siluetas a contraluz. No se atrevió a analizar cuál de ellas era la del elfo, sino que volvió la cabeza a las escaleras y, sin decir nada a su cuñada, subió con velocidad.

Hermione seguía despierta y quejándose de dolor. Ron le acercó el vaso a los labios y la hizo beber con lentitud, alzando su cabeza con la otra mano. Cuando ella le hizo entender que no podía seguir bebiendo, dejó el vaso en el banco al lado de la cama y se sentó sobre el colchón mirando a la castaña. Le sonrió débilmente y apoyó su mano derecha en la mejilla, ahora normalmente rosada, de su amiga. Hermione sacó la mano de debajo de la colcha y la apoyó sobre la suya, sobre su mejilla.

- ¿Cómo te sientes? -le preguntó casi en un susurro, sin dejar de acariciarle el rostro con el pulgar.

- Siento asco -dijo ella y se estremeció un poco - la odio -masculló desviando la mirada, para intentar retener las lágrimas que pugnaban por salir. Ron sonrió más acentuadamente y volvió a acomodar un mechón al costado de su rostro.

- Me refiero a cómo te sientes físicamente -le dijo, admirando cómo su amiga evitaba a toda costa mostrar debilidad. Hermione volvió a mirarlo y sonrió débilmente.

- Bueno, he estado mejor -dijo queriendo reír, pero sólo consiguió toser una vez más. Ron se acercó a ella y, envolviéndola con sus brazos, elevó el torso de Hermione haciéndola sentar apoyada en el respaldo de la cama.

Estaba por separarse de ella cuando sintió que sus brazos le envolvían el cuello, temblando. Él siguió abrazándola y comenzó a acariciarle la espalda con suavidad, Hermione comenzó a llorar. - Ron… -decía entre sollozos, y el pelirrojo sólo atinaba a abrazarla con más fuerza - RonTuve tanto miedo -le dijo, ya desconsoladamente, y él no pudo hacer otra cosa que comenzar a balancearse nuevamente, intentando consolarla, mientras sentía que sus ojos se humedecían otra vez.

- Está bien -decía con la voz débil - ya estás aquí, nada va a pasarte ahora -cuando Hermione tranquilizó su respiración, se separó de ella y le secó las lágrimas. Hermione la miró fijo y advirtió sus ojos cristalinos.

- Oh, Ron -dijo con ternura infinita - ¿Por qué lloras? -le preguntó, casi que buscando una obvia respuesta. Ron parpadeó un par de veces y respondió, acariciándole el rostro de nuevo.

- Yo no estoy llorando -lo dijo con tranquilidad profunda, mirándola a los ojos, pero claramente esquivando el tema. Hermione levantó una de sus manos y, con cuidado, recorrió la línea de sus pestañas haciéndole bajar los párpados. Ella sintió la humedad entre sus dedos y volvió a sonreírle, mientras su propias lágrimas volvían a aparecer.

- ¿Por qué lloras, Ron? -Le dijo apoyando, ahora ella, su mano en la mejilla de su amigo. El pelirrojo atinó a abrazarla de nuevo, para que no notara que sus ojos se inundaban una vez más, y casi en un susurro respondió

- Bueno, porque… porque... - y suspirando confesó - yo también tuve miedo -dijo al fin, abrazándola con fuerza. Hermione alzó su mano recorriendo su espalda y enredó sus dedos en su cabello.

Luego de un rato, que hubiesen prolongado sin quejarse, se separaron con lentitud y cuidado. Cuando la vio calmada y estable, Ron decidió darle la mala noticia:

- Hermione, debo ir a acompañar a Harry. -Pareció que sólo entonces la castaña se acordó de su amigo, porque borró su sonrisita dulce y se puso seria de golpe. Frunciendo el ceño le interrogó con la mirada, Ron suspiró antes de responder - Es Dobby, -le dijo tomando sus manos - el puñal de Bellatrix lo alcanzó antes de que desapareciéramos. Fleur me dijo que murió al llegar a la playa -luego de decir eso, bajó la mirada.

Hermione se llevó una mano al pecho y con la otra se cubrió la boca, dos lágrimas pesadas se estacionaron en la esquina de sus ojos castaños, pero sólo cayeron cuando ella parpadeó. Respiró hondo y se dejó caer hacia adelante, apoyando su frente en el hombro de Ron. Éste apoyó con suavidad su mano sobre su espalda y, hundiendo la nariz en su cabellera, le dio un beso detrás de la oreja. Hermione volvió a suspirar y se separó de él. Estiró su brazo y alcanzó el vaso de agua, que todavía reposaba sobre el banquito al lado de la cama. Bebió un trago y habló con tranquilidad.

- Ve a acompañar a Harry, te necesita -Ron la miró a los ojos, como examinándola, no quería dejarla si no se sentía realmente bien. Ella lo leyó en su mirada y, sonriendo levemente, le tomó de la mano - no tengas miedo, Ron. Yo estaré bien.

Ron le sonrió al reconocer que ella lo leía perfectamente, se encogió de hombros y respiró hondo. Levantó la mano que ella había apoyado sobre la suya y le besó la palma. Luego se levantó de la cama y dijo

- Le diré a Fleur que venga a acompañarte hasta que yo regrese -Hermione asintió con la cabeza y Ron comenzó a alejarse. Sólo cuando la distancia les obligó, sus manos se separaron. Ron la miró otra vez antes de cerrar la puerta.

[…]

La puerta de madera oscura era innecesariamente alta, la cabeza de Narcisa Malfoy apenas llegaba a alcanzar un tercio de la altura total del ingreso. Con rostro sorprendido y exageradamente serio, los cabellos rubios sueltos sobre los hombros y medio cuerpo todavía dentro de la casa, la madre de su ex compañero los esperaba con manifiesta desconfianza.

- ¿A qué has venido aquí, Harry Potter? No creo deberte nada. - la mujer hablaba seria pero sus ojos estaban intranquilos, y aunque su tono estaba cargado de orgullo, Ron identificó en su voz un dejo de reticente respeto.

- Más bien he venido a deberles algo, señora -Harry hablaba sin reservas, como si se tratara de un vecino cualquiera. A Ron le sorprendió tanto la confianza de su amigo que creyó que entre los dos le estaban jugando una broma.

- Habla… - Narcisa arrugaba el ceño mientras pedía explicaciones, aunque seguía recelosa y erguida en el umbral de la puerta.

- Necesito que convenza a su hijo de que nos ayude a rescatar a nuestra mejor amiga, - hizo una pausa profunda pero seguía mirando a la mujer a los ojos - Hermione Granger. -Terminó de decir, anticipando la mirada sorprendida y reacia de la dueña de casa.

La mujer miró fijo a Harry unos minutos, como esperando que se retractara de su pedido, pero el moreno le sostuvo la dura mirada. La mujer alzó levemente la cabeza y se perdió en el interior de la casa. Aún parado, inmóvil, frente a la puerta, Ron miró a Harry con incredulidad.

- No puedo creer que trates así a la madre de tu enemigo -le dijo al borde de una sonrisa. Harry no rió, ni siquiera lo miró.

- Voldemort era mi enemigo, Ron. -dijo con una seriedad solemne que le recordó mucho a Dumbledore - Draco es sólo un pobre imbécil. -Ron levantó las cejas con sorpresa ante la respuesta de su amigo y asintió con seguridad, como confirmando el veredicto. Segundos después, Narcisa volvió a aparecer.

- Está esperando en el salón -Dijo sin mirarlos a los ojos y abriendo la puerta completamente.

A pesar de los grandes ventanales que bordeaban el salón, la habitación era oscura y sombría. La apagada araña de luces pendía del centro del cielo raso y en sus cristales centelleaba el gris de la poca luz matinal que ingresaba débilmente. Los personajes de los innumerables cuadros que colgaban de la pared parecían sorprenderse de ver ese tipo de visitas dentro de tan elitista mansión. En el centro de la amplia sala, la figura de Draco Malfoy parecía completar la decoración: Llevaba su característica vestimenta oscura y pomposa, y en el rostro una profunda expresión de asco. Les habló frunciendo la nariz y levantando la barbilla, como si se dirigiera a un par de elfos domésticos. Narcisa permanecía parada detrás de los visitantes.

- ¿Y a qué debo semejante honor? -dijo con marcado sarcasmo, mirando relajadoramente a los recién llegados. Ron frunció la boca para no insultarlo y dejó que Harry siguiera hablando. Su amigo parecía más tolerante que él, aunque el pelirrojo notó cómo acercaba su mano derecha al bolsillo donde llevaba la varita. El moreno habló sin pelos en la lengua:

- Hermione está atrapada en el pasadizo que conecta dos armarios evanescentes. Necesitamos que nos ayudes a restaurarlos.-Terminó la frase y lo miró con seriedad, dejando entrever que sólo esperaba un "sí"por respuesta.

Draco permaneció serio durante unos segundos, mirando fijamente a Harry. Luego comenzó a temblarle la barbilla, cada vez con mayor intensidad, finalmente se dejó estallar en una potente carcajada. Rió un rato que Ron consideró suficiente como para justificar un puñetazo certero, pero aún así se contuvo. Cuando el rubio terminó de reír, su rostro volvió a una seriedad tan compacta que parecía que nunca había gesticulado una sonrisa. Volvió a mirar a los ojos de Harry y habló por fin.

- ¿Por qué habría yo de ayudarte, Potter? Vete con tus solicitudes a otra parte, no eres bienvenido aquí -Dracoestaba a punto de retirarse y Ron estaba a punto de golpearlo, pero Narcisa les ganó de mano.

- Draco… -fue lo único que dijo, con una voz suave y profunda, pero con marcada autoridad. Su hijo ya se encontraba de espaldas, pero al oír su nombre en tan sugestivo tono, tensó los hombros y, apretando los puños, giró sobre sus talones con lentitud.

- ¿Madre?... -preguntó alzando las cejas y apretando los dientes, como indicando a su progenitora que estaba pidiendo demasiado. Ron no volteó a ver la mirada de Narcisa pero vio cómo el semblante de Draco cambiaba del enojo a la protesta manifiesta. El rubio siguió hablando con altivez y soberbia, pero sus ojos tenían ese matiz de súplica que todo hijo sabe hacer a la perfección. - ¿Y qué le debó yo a esta gente para tener que ayudarles? -replicó.Ante semejante pregunta Ron bufó con hartazgo

- ¡La vida! -dijo sencillamente y con un tono cargado de obviedad. Quizás estuviese apelando al lado sensible de Malfoy, o simplemente estaba harto de que ignorara semejante deuda. Él creyó que hablaba con la verdad oportunamente, pero Harry a su lado lo codeó para que permaneciera en silencio. - ¿Qué? ¡Es cierto! -le dijo en voz baja a su amigo y abriendo mucho los ojos, como justificando su intervención en la charla. Harry no contestó, tampoco Draco lo hizo. Narcisa se acercó y apoyó una mano en el hombro de su hijo. Luego habló mirando fijamente a Harry.

- Hijo, los tiempos cambian… -dijo con un pesar fácilmente identificable - Ayúdales a rescatar a esa… chica, y verás que no tendremos ya más que tratar con esta gente -ante esto, Harry asintió con un movimiento imperceptible de cabeza, como aceptando el precio del trato: no pisar la Mansión Malfoy otra vez.

Draco se irguió cuanto pudo y volvió a poner su típica cara de asco, como si con ella conservara la dignidad, a la que sentía que estaba renunciando al aceptar el trato. Miró a su madre con profundo reproche (lo que a Harry le recordó a su primo Dudley solicitando regalos de cumpleaños) y, comenzando a andar hacia la puerta sin mirarlos, habló al fin.

- Andando -dio la orden como si tratara con esclavos; en el trayecto no volteó, ni a saludar a su madre ni a corroborar que lo seguían, sino que siguió hablando con superioridad - quiero regresar antes del almuerzo, odiaría comer lo mismo que un Weasley.

Al escuchar esto Ron miró a Harry como suplicándole que le deje golpearlo, aunque sea sólo una vez. Harry lo miró con dureza y, señalando con la cabeza el sendero que regresaba a la reja, echó a andar detrás de la oscura y esbelta figura de Draco Malfoy.