Continuación de Me niego a perderte. Regalo de Reyes para Coraline T.

Declaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras. Historia que surge del Intercambio navideño del foro El diente de león.


.Capítulo 9.

En el Doce.

~DELLY POV~

Me escapo de casa cuando sacan a Luca de la Arena en el aerodeslizador. Darius me sigue a unos pasos de distancia. En un primer momento estoy corriendo, las lágrimas nublando mi visión. En algún punto me canso, estoy jadeando, ya no lloro, camino hasta la Pradera y me siento observando el bosque que se yergue al otro lado de la cerca electrificada.

— Delly — su voz es tenue, siente pena por mí, siempre odie que la gente sintiera pena por mí, Peeta la sentía, estuvo conmigo por pena, Darius me ayudo por pena y ahora estaba ahí, viéndome fijamente con lástima — lo siento.

— ¿Por qué te disculpas? Tu no lo mataste… — miro el traje blanco que viste y la repulsión me ciega — las personas a las que representas lo mataron — observo un arbusto que crece de un lado y del otro de la cerca — Luca ya no está, Prim también morirá y otra vez estaré sola.

— Jamás te dejaré — amaba su sinceridad, pero Darius era un casanova, la mitad de las chicas del distrito estaban detrás de él, porque él se quedaría con la "viuda" que lo ha perdido todo — Delly… — se para frente a mi extendiendo su mano— estaré contigo hasta el final de tus días bonita — tomo su mano haciendo fuerza hacia abajo.

— ¿Por qué yo? — Se sienta frente a mí, sus ojos me estudian, me sonrojo — hay cientos de chicas… por qué…

— Porque eres la chica más buena de este condenado distrito Delly yo…

— Darius — lo corto, decido que viviré mi vida, que no me derrumbare por mi hermano muerto, que seré feliz a pesar de las cartas que me han tocado— creo que te quiero… demasiado.

— Te quiero Dell — sus ojos brillan, su sonrisa es cálida, sé que no lo esperaba porque el atisbo de sorpresa en sus pupilas no se hizo esperar, me gusta Darius, no como un reemplazo de Peeta, sino como el verdadero dueño de mi corazón.

~FIN DELLY POV~

Arena.

La muerte de su compañero de distrito trastoca un poco a Prim. En cuanto ve la foto de Luca en el cielo alza los tres dedos centrales y modula un lo siento. Pixel y Sey le siguen el saludo, Leaf sigue refunfuñando sobre seguir andando. La más pequeña de la alianza tiene una idea en mente, una que no quiere compartir con el resto, Prim solo le sigue el juego porque de momento no se han topado con otros, pero sabe que en algún punto, cuando se torne aburrido, los Vigilantes harán de las suyas y correrá sangre.

Es la quinta noche que pasan en la arena, la quinta guardia que monta con Sey a su lado. No entiende su propio actuar. Ella jamás había estado enamorada, no hay lugar para eso en el Doce, pero el chico del mar le atraía de una forma que no podía evitar, como un magneto. A la luz de la luna, los rasgos del chico parecían esculpidos por los mejores artesanos del Uno.

— ¿Tengo algo en el rostro? — aquellos ojos verde mar la miraban y una media sonrisa se forma el rostro varonil, la rubia enrojece, se ha quedado viéndolo, demasiado tiempo.

— Ego, demasiado — responde desviando la mirada a una roca, llenísima de vida.

— Será más fácil si lo aceptas Rose — no puede ver su rostro pero sabe que está sonriendo aún más y que la mira con ganas.

— Aceptar ¿Qué? — consulta volviéndose hacia él para encontrarlo a escasos centímetros de su rostro.

— Que te gusto, tanto como tú a mí.

— Tu… no me gustas— murmura sintiendo sus mejillas arder — solo un par de tributos nos separan de ser enemigos — podría jurar que esa frase la diría su hermana mayor, la pesimista de las dos, pero era una realidad, daba igual cuanto quisiera al ojiverde, las cartas estaban echadas y si ella iba a volver, él no.

— No es una preocupación para mí — siente su aliento a cerezas, las encontraron en el bosque ese día.

— Lo es para mí y para… — siente sus labios en los suyos, apenas un roce, suficiente para que sea notable, pero sin presión — Sey…

— Si van a rechazarme prefiero que sea a sabiendas de lo que se pierden — está alejándose de ella, que en un impulso incoherente apega sus manos a su cuello y lo atrae.

Lo besa como jamás ha besado a nadie. El chico la apega a él por la cintura y acaban acostados en la hierba besándose más y más. Solo separan sus labios para tomar algo de aire, reponer fuerzas para continuar. Un grito los pone alerta, de pronto el tributo del cuatro está en pie, tridente en mano. Prim intenta recuperar el aliento sentada aun sobre la hierba. El alarido venía de lejos, pero se repite, se acerca. Despiertan a las chicas y empiezan a correr. Intentan alejarse del sonido pero está más cerca, detrás de ellos, a unos pasos.

Primrose se aferra al cuchillo en su mano, acomodando cada tanto la mochila que contiene el botiquín. Siente un ruido, algo ha caído detrás de ella. Se voltea a ver como Lyra, del distrito cinco parece haber sido picada por cientos de avispas, aun su boca abierta en un grito, sin emitir sonido. Suena el cañón antes de que pueda hacer nada. Leaf la toma con rudeza y la obliga a seguir, lo que haya atacado a la chica puede seguir por ahí. La ojiazul revisa la información en su cabeza. Las picaduras, de a pares, se esparcían en los brazos desnudos de la chica. De a pares repitió.

Iba a gritarlo, a advertirle a todos, pero de pronto ya no sentía la mano de la chica del siete en su espalda, empujándola a seguir. En cambio, sus gritos llenan los oídos de la rubia, del chico del cuatro y de Pixel, que vuelven sobre sus pasos para ver como tres enormes serpientes se enredan en el cuerpo de la leñadora. Pixel emite un quejido y sale corriendo, Sey ha arrancado una con su tridente. La chica del siete solloza intentando cubrir su rostro, Primrose la mira atónita, tarda en reaccionar, pero cuando una intenta escapar la atraviesa con uno de sus cuchillos más pequeños. Toma el hacha de Leaf y corta la cabeza de la tercera. Sus manos tiemblan cuando suelta el arma. El ojiverde toma en brazos a Leaf que se queja.

Corren, encuentran un claro en el bosque y encienden una hoguera. Seymour monta guardia, mientras Prim esparce en la hierba el contenido del botiquín. Analgésicos, medicamentos para el dolor de estómago y una pomada para picaduras de insecto. Sabe poco de veneno de serpientes pero aunque solo parece haber una mordedura en el cuerpo de Leaf, la ponzoña parece ser fuerte, porque la chica tiembla, y la fiebre ha subido tan pronto que pone más y más nerviosa a la rubia.

— ¡Deja de llorar Doce! — chilla la chica temblando de pies a cabezas — no me dejas morir en paz.

— No morirás Leaf — grita la rubia mirándola con rabia intentando ver donde ha dejado las vendas — y no estoy llorando mentirosa compulsiva.

— Prim… — mira a Pixel con ira por hablarle en ese momento — si estás llorando — sus manos morenas quitan las lágrimas de las mejillas pálidas — y ya no le grites, ha cerrado los… — el cañón suena antes de que termine la frase y puede oír a Seymour corriendo hasta acabar de rodillas frente al cuerpo de la chica muerta.

— Leaf… — abrazó el cuerpo que iba perdiendo la fiebre, el calor corporal, el alma— lo siento Leaf, lo siento… ¡demonios! — Masculla mirando a las otras dos, de pie viendo la escena, los ojos de los tres cargados de lágrimas — Debemos movernos, si el humo no llamó la atención de los profesionales que quedan, el aerodeslizador los atraerá.

Distrito trece

~KATNISS POV~

Los entrenamientos me ponen en forma a la fuerza. Cada noche llego exhausta al compartimiento donde Peeta me espera junto a Ethan. La mayoría de las veces me espera despierto, pero en realidad disfruto más las veces en las que lo encuentro dormido. Sus rasgos perfectos, las pestañas rubias haciendo sombra en sus pómulos, su sonrisa en los labios, me enamoran cada día, de nuevo. Alguna vez he encontrado un intruso en mi lado de la cama. El pequeño Ethan que como mi hermana a su edad, chupa su pulgar, dormita hecho una bolita junto a su padre y me pregunto si Peeta se habrá visto así de angelical de pequeño. Nunca lo dejamos dormir con nosotros, duerme en su camita, abrazado a un peluche que su padre ha confeccionado para él.

— ¿Cómo ha estado tu día? — lo miro a medio desvestir, tomo una de sus remeras y la pongo sobre mi cuerpo para luego sentarme en la cama.

— ¿Te desperté? Lo siento Peeta — son casi las once de la noche y él se levanta temprano cada día — fue duro hoy — Prim llena mi mente cada vez que recibo una orden de Boggs, porque sé que si fallo en esto, no seré de ayuda para mi pequeño patito.

—Leaf murió — es todo lo que dice cuando me quedo mirando la pantalla apagada — lo vi mientras trabajaba… unas serpientes la picaron y Prim no pudo hacer mucho.

— No hay serpientes en casa — es todo lo que acoto, siento sus manos en mis hombros y suspiro, adoro sus masajes.

— Mató a dos — lo miro sorprendida — dos serpientes, pídele a Boggs que te lo muestre — carraspea.

— ¿Algo más? — pregunto, Peeta es todo bondad, y aunque es excelente actuando nunca puede mentirme.

— Nop — niega con firmeza, su flequillo le cubre los ojos, lo beso varias veces, necesito su cariño.

La pantalla se enciende y me apresuro a bajar el volumen, si la versión en miniatura de Peeta despierta, pasaremos la noche en vela. Las primeras imágenes, forman parte de la recapitulación de días anteriores, el baño de sangre, la alianza de Prim con otros tributos, Luca muriendo; puedo ver el rostro triste de Peeta a mi lado. Prim hace el saludo de nuestro distrito y dos de sus aliados le siguen. Pasan a los profesionales que se dedican a saquear la cornucopia y a cazar tributos jóvenes. Por suerte mi hermana y sus aliados están lejos de ellos, lo que me alegra. La quinta noche es buena según parece. Mi hermana tiene una maldita cita en medio de una arena mortal, juro matar al condenado chico del cuatro en cuanto ponga un pie en el trece.

Todo lo demás ocurre muy rápido. La chica del cinco muriendo, mi hermana observando sus heridas. Leaf llamándole la atención, obligándola a correr, quedándose detrás para protegerla. No puedo evitar pensar que de no ser por el tributo de Johanna Mason, mi hermana estaría muerta. Veo la tristeza en sus ojos al lanzar el cuchillo, la determinación al cortar la cabeza de otra de las serpientes. Sus manos temblorosas producen un encogimiento en mi corazón, detesto verla sufrir. Cuando muere Leaf comprendo que debo terminar mi entrenamiento cuanto antes, sin la protección extra de la chica del siete, mi hermana corre aún más peligro.

El sábado es mi día de descanso y aunque deteste la idea de no tener entrenamiento para poder salvar a mi pequeña hermana, adoro la idea de pasar un rato con Peeta y con Ethan. Realmente el pequeño es una copia del hombre que amo, sus cabellos dorados, su hoyuelo cada vez que sonríe, incluso la forma en que me mira. Solo los ojos de la Veta hacen que el pequeño se parezca a mí, eso y sus rabietas. Peeta cree que no podrían confundirlo con hijo de alguien más ni aunque lo perdiera en una multitud, eso me hace enfadar, lo que deja en evidencia la cuota de verdad en sus palabras.

— ¡Ethan! — La voz de Peeta es grave, está enfadado — No hagas eso — los ojos grises del pequeño se llenan de lágrimas dejando en el suelo el zapato que estaba empeñado en morder — está sucio ¿entiendes? — rio al ver a Peeta haciendo muecas de asco para divertir al pequeño mientras le quita las lágrimas.

— No sirve de nada que lo retes si luego lo harás reír — acaricio la pequeña nariz del risueño — es increíble el parecido contigo… Peeta.

— Cielo… inténtalo — me mira y sé que estoy sonrojándome— ponerme un mote cariñoso no va a matarte Katniss.

— No estoy acostumbrada es todo — tomo en brazos al niño y lo hago saltar un poco riéndome de sus expresiones.

— A él si lo llamas por apodos — se sienta en la cama con los brazos cruzados y el ceño fruncido, me quedo mirándolo, es tan…adorable — No me mires así Everdeen — suelta con su voz de malo mirando a otro lado sin dejar de fruncir el ceño.

— Papá tiene una rabieta cariño — le hablo al chiquillo dejándolo en el suelo — mamá debe encargarse ¿Si? — él sonríe seguramente sin entender una palabra de lo que digo y toma su oso para jugar.

— No tengo un berrinche.

— Si lo tienes — me arrodillo ante él poniendo mis brazos en sus rodillas — lo siento, supongo que debería llamarte mi amor, o cariño pero… sé que ella lo hacía y no quiero que…

— ¿Ella? — me mira con los ojos más tristes que le he visto nunca — Probablemente Delly este muriendo, por mi culpa, por la muerte de su hermano y a ti te preocupa que te confunda con ella o algo así… Katniss…

— Lo siento — chillo cerrando los puños con fuerza — soy una insegura y pesimista mujer que aún no comprende como dejaste a la hija de un comerciante para escapar a un futuro incierto con una chica de la Veta — lo suelto todo, porque no soporto que cada vez que el nombre Cartwright aparece en la pantalla los ojos de mi adorado Peeta entristezcan de esa forma — a veces pienso que no estás aquí por mi sino por él — lo veo jugar tranquilo ajeno al mundo que se viene abajo sobre mí — por eso no puedo…porque aún tengo miedo de dejarte entrar más allá de lo posible y que me dejes sola.

— ¿Qué demonios… Katniss? — no sé cuándo deje de mirarlo, pero ahora su mano esta en mi barbilla, me obliga a conectarme a esa mirada azul profundo, me detengo en su nariz, en sus cejas pobladas, en la barba rubia que tan bien le sienta— Te amo Katniss Everdeen, no lo dudes ni un segundo, estoy aquí por ti, por Ethan y ahora más que nunca porque podemos traer a Prim contigo — aprieto los ojos con fuerza porque no entiendo que ha visto en mi todos estos años — Mírame Katniss…

— Soy Katniss de Mellark para ti— lo miro de nuevo, esa sonrisa que me cautivo desde el primer día está de vuelta — Lo siento Pe… cielo — balbuceo levantándome del suelo para sentarme en sus piernas — tratare de ser mejor esposa— lo beso muchas veces, tantas que pierdo la cuenta, sintiendo sus manos subir y bajar por mi espalda, a veces desviándose a mi trasero, me aferro al cuello de su camisa, porque no quiero que se separe de mí, porque lo amo.

Arena.

PRIM POV

Perdí la cuenta de los días que llevamos aquí. Sé que no hacen más de tres días que murió Leaf pero no puedo recordar exactamente cuántos días. Hemos hallado un arroyo, servirá de momento, nos quedamos en una cueva que encontró Pixel. Sey quiere cazar, así que lo acompaño, tengo dudas, demasiadas dudas.

— ¿Qué quieres? — Desde que la chica del Siete murió, ha estado así conmigo, enfadado, siempre intentando alejarme — Ciertamente puedo cazar sin ti Doce…

— ¿Qué ocurre contigo Sey? — Tomo su brazo deteniéndolo, me mira y veo en sus ojos verdes el dolor por la perdida, la tristeza, el remordimiento, sentimientos que también palpitan en mi corazón — Yo no supe cómo salvarla, por eso me odias ¿Verdad?

— No te odio Primrose — se suelta, su tridente va a parar en un pez de vivos colores lo saca del agua y lo tira a la orilla — no lo entenderías de todos modos.

— Dime…

— Leaf se parecía a mí, por eso nos hicimos amigos, por eso y por la alianza tacita — caza otro y luego otro más — los profesionales encubiertos — suena melancólico, acaricio su hombro— No debió morir así.

— ¿La querías? — trato de no sonar como una novia celosa, pero dado que nos habíamos besuqueado una hora antes de que la chica muriera, si estaba actuando como tal.

— No de la forma que tú crees Rose — deja el arma a un costado y se voltea a verme — no como te quiero a ti en todo caso — sus ojos buscan algo, una cámara de seguro, sabemos que están por todos lados— era mi amiga es todo…. Tú sin embargo — vuelve a besarme, mi corazón late a prisa, siento sus manos en mi espalda apegándome a él, devuelvo cada beso acariciando su cabello cobrizo.

— Sey — suspiro y un gruñido escapa de sus labios, me ruborizo al máximo y mis manos empujan sus hombros para alejarlo pero no logro que se mueva ni un centímetro, sus labios en los míos nublan mis sentidos.

Nos besamos unos minutos. La falta de aire no logra más que un centímetro de separación en nuestros labios. Un sonido, un tintineo más bien hace que el chico deje de besarme, se agacha y toma su arma. Estoy buscando en mi cinturón uno de los cuchillos cuando vislumbro la fuente del sonido. Un paracaídas. Color plateado y con su inconfundible logo. Me acerco rápido y abro la caja metálica. Bollos, pequeños bollos de pan, como los que Peeta solía regalarle a Katniss, cuento nueve. Una nota lo acompaña.

Aliméntense, maten, sobrevivan.

P.D. Sabía que harías grandes cosas preciosa. H.

Mascullo una maldición para el salido de Haymitch Abernathy. A mi lado Sey se ríe con ganas. Camino hasta la cueva donde encuentro a Pixel rebuscando en el botiquín. Se asusta cuando me ve y baja la botamanga de su pantalón. Dejo el paracaídas en el suelo rocoso y me dirijo a ella. Me siento y reviso su pierna. Ella jura que no es nada pero su tobillo es el doble del tamaño original y esta amoratado. Lo vendo mientras el chico del mar limpia los pescados y los cocina en una pequeña hoguera.

Recuento los panes y leo una y otra vez la carta. No entiendo porque nueve bollos, porque no doce o más. Hace dos días que racionamos la comida que nos quedaba en la mochila, estamos hambrientos y hasta ese momento no habíamos tenido oportunidad de cazar. Pero en ese momento cuando ya teníamos alimentos el paracaídas llego con algo tan simple, no tenía sentido.

Alzo la vista para encontrar a Seymour mirándome con una sonrisa, los colores se me suben al rostro y siento mis mejillas arder. No evito su mirada y lo saludo tímida, él sonríe aún más y deja sus labores como cocinero para acercarse a mí y plantarme un beso suave en los labios. Toma uno de los panes y me guiña un ojo. Pixel también coge uno así que la imito y me dedico a comerlo a cachitos pequeños con la certeza de que algo se me escapa, de que algo no está bien.


Demore demasiado en subir capitulo, espero me perdonen U.U.

Espero que les guste y que dejen algún review con su opinión.

Pásense por el foro, cada vez hay cosas más interesantes tanto para lectores como para escritores. Ya saben, El diente de león gente!

Con cariño atentamente, Anna Scheler.