Dos semanas pasaron volando, dando en tiempo ideal para que la hija de Tom y Sabine terminara las dos tareas que restaban para cada uno. Ese era el día de la presentación del proyecto conjunto; unos días atrás envió a su amigo la información que debía conocer y el guion que propuso para la exposición. No le ponía nerviosa la posibilidad de que él no aprendiera el texto, lo que realmente le molestaba era que la pena de estar junto a él la traicionara haciendo que todo fuese a salir mal.
Con mucho cuidado salió de su hogar con dos bolsas negras enormes, llenas de cosas para su exposición. Agradecía a Adrien que se ofreciera a complementar aquello, aunque no le había dicho de que se trataba.
– ¡Marinette! – Quien buscaba llamar su atención era su mejor amiga que corría a auxiliarla. – Buenos días.
– ¡Buenos días, Alya!
Ambas chicas comenzaron a llevar el material que la chica de ojos azules llevaba. Cuando llegaron al patio escolar no vieron a Chloé cerca, algo muy extraño hasta que la azabache sintió que el peso de su bolsa cambiaba. Giró su vista y habías tres rasgaduras largas en el plástico.
– Parece que tu trabajo es horrible. - Chilló la rubia. - Así no terminarás la preparatoria.
– Chloé... – Gruñó Marinette.
No se iba a poner a pelear con ella. Sujetó a Alya de la muñeca y se fueron rápidamente al salón para sacar todo en su mesa. Al parecer con sus acciones también había destruido parte del trabajo.
Se quitó la mochila y sacó material extra para arreglarlo. Solo fueron cinco minutos para trabajar, pero bastaron para desaparecer las pruebas.
La clase comenzó y al mismo tiempo hizo su entrada el heredero Agreste. No llevaba nada consigo, lo que puso nerviosa a su compañera de equipo.
Todos pasaron, solo faltaban ellos. Se levantaron del asiento y todos se mostraron un poco decepcionados por la sencillez de lo que era: varios pliegos de papel, fotos y muestras de vestuarios en miniatura.
No era que ella no hubiese querido hacer más, era lo que su amigo le dijo que hiciera.
– Permíteme. – Le hizo una seña a su musa y habló con la profesora que asintió. Abrió la puerta del salón para hablar. – Pasen.
Su guardaespaldas, Nathalie y otros hombres trajeados introdujeron una variedad de cosas que complementaban la exposición. Gigantografías con personas que portaban diversas vestimentas del mundo y de diferentes tiempo, un libro para cada alumno, algunos maquetas de edificios a escala y accesorios para ambos.
Esos eran ellos, complementando sus trabajos para hacerlo mejor, mas grande y magnífico. Alya twitteo todo con fotografías junto al hashtag #AdriNette. Un nombre en conjunto.
