Rukia sufría mucho, pero estaba dispuesta a soportar con paciencia el castigo que Ichigo le había impuesto. En la casa el único consuelo que tenía era la madre de Ichigo, una mujer a la que quería de verdad.

Un día, la madre de Ichigo le preguntó:

-Rukia, ¿no te gustan los niños?-

-Claro que sí.-

-¿Por qué no tiene un hijo? Nos hace falta en esta casa.-

Rukia se puso roja y Ichigo, que estaba cerca, la contempló en silencio.

Más tarde, cuando estuvieron solos, él le preguntó:

-¿Es cierto lo que le dijiste a mamá, que te gustan los niños?-

-Sí, Ichigo, pero no sé por qué me lo preguntas. No tienes piedad conmigo.

-¿Piedad? ¿La tuviste tú?-

-Ichigo, me arrepentí al instante. Me di cuenta, al creerte perdido, que te amaba. Pero tú insistes en no creerme. No sé qué más puedo hacer para ganar tu amor.-

-Es que no te creo, Rukia.-

-Siendo así, ¿por qué me torturas hablándome de unos hijos que nunca vamos a tener? Quieres que pague mi error hasta el final de mi vida. Y yo, con tal de estar a tu lado, aunque sea como un mueble, lo aceptaré, Ichigo; aunque me humilles, aunque tenga que vivir sola, sin amor.-

Ichigo fue a buscarla a su cuarto. Quería avisarle que se iba de viaje y que estaría fuera una semana. También quería pedirle que cuidara a su madre, pues no se sentía bien.

-Lo haré, Ichigo, no te preocupes. ¿Quieres que te preparé el equipaje?-

-Ya lo hizo la sirvienta.-

Se mordió los labios.

-Siempre humillándome. Soy tu esposa y parezco una extraña. Ichigo, eres muy duro ¿No puedes olvidar y comenzar una nueva vida conmigo?-

Rukia no esperó la reacción de Ichigo. De pronto, él se acercó a ella y la abrazó con fuerza. La besó y susurró:

-Me has hecho daño, Rukia.-

-Ichigo, perdóname. Quédate a mi lado antes de marcharte. Quiero ser tu mujer.-

Ichigo empezó a desvestirla. Una mezcla de pasión y ternura había en sus caricias. Iban entregarse el uno al otro, cuando Ichigo recordó la voz de Rukia diciendo "mi amor es de Kaien".

Escapó de su lado sin mirarla.

"Ichigo, has llegado a ser la máxima ansiedad en mi vida", pensó Rukia, llorando.

Vio el auto de Ichigo frente al taller. El corazón empezó a latirle apresuradamente y decidió ir a saludarlo.

Iba a entrar en la oficina, cuando Ichigo abrió la puerta.

-Te vi llegar, Rukia.-

-Ichigo, yo…te eché de menos.-

-Rukia-dijo abrazándola-, no sabes cómo deseo hacer el amor contigo.-

-Por favor, déjame demostrarte lo mucho que te amo.-

Ichigo tenía que creer en ella. Era muy grande la necesidad de su amor.

-Vamos a la casa, Rukia.-

Al llegar, Ichigo saludó a su madre y le dijo emocionado:

-Mamá, te dejo, quiero estar a solas con mi esposa. ¿Sabes? Mañana nos iremos unos días de luna de miel.-

-Claro que sí, hijo mío. Vayan, disfruten de su amor.

Cuando estuvieron en el cuarto, se abrazaron como desesperados.

-Te amo, Ichigo.-

-Lo sé. Ya no tengo dudas de tu amor.-

Al día siguiente, en el taller de Ichigo, todos comentaban que él y Rukia se habían ido de viaje.

-Hisana-le dijo Byakuya por teléfono-, parece que por fin todo se ha solucionado en el matrimonio de Rukia y de Ichigo. Ahora sí van a ser muy felices.