De Magos, Alquimistas y Poetas
Capitulo VII - Penumbra
Nanoha y sus personajes no me pertenecen, aún...
Hola, los siento por el retardo pero no había podido liberar mi tiempo, es el último mes del año y a mi se me junta mucho trabajo, espero que el espíritu navideño entre en sus almas y me sepan perdonar, este capitulo lo escribí muy rápido pero convencida de que el contenido les gustaría, tiene mucha información y poco a poco las cosas toman mas forma. No les cuento más, ¡Buena Lectura!
Belka
En las sombras que aquella noche sin luna otorgaba, una figura se deslizaba entre las calles desiertas de la ciudad norteña. Aún se podían vislumbrar las secuelas de la despedida al ejército, más de un veterano se habían anclado en una ronda a los pies de la plaza. Observando hacia ambos lados y dándose cuenta que solo aquellos beodos ciudadanos eran testigos, la menuda silueta encapuchada atravesó la calle con rapidez, sus hábiles pies no produjeron ningún tipo de sonido e incluso para el ojo más agudo, su pasaje era casi fantasmal.
Con la misma velocidad se perdió entre las angostas vías rumbo a oriente, a lo alto donde el viento soplaba emulando lamentos que solo poseían vida en la mente de los niños Belka. Subió los escalones amplios y bajos que, iban en vórtice hasta alcanzar la cima, en donde las columnas del templo esperaban vigilantes. Sin detener el paso se escabulló hacia el sendero oscuro que rodeaba el templo, el viento frío hizo volar su capucha descubriendo sus rojos cabellos pero no se detuvo hasta llegar al lago. El olor de los jazmines la recibió y sin pensarlo dos veces se dirigió dentro hacia la parte en donde los aposentos de las novicias se encontraban, paso de largo hasta dirigirse a una pequeña escalera de piedra que la llevo hacia un lugar casi desconocido para los demás. Se detuvo en la puerta de una especie de habitación y tocó dos veces, luego de unos segundos Shamal la hizo entrar.
—Gracias por venir de prisa Vita— le dijo la mayor, la niña asintió y le dio un paquete que escondía en su manga.
Sus ojos se posaron en la figura que dormía en una improvisada cama, en sí la habitación parecía ser un depósito, el olor de hierbas era sutil pero pudo adivinar que la sacerdotisa lo usaba para almacenar algunos de sus preparados especiales.
—Luego te daré el ungüento y otras cosas más— le dijo aprestándose a la mesa junto al paciente, Vita muy curiosa se acercó hasta el pie de la cama y se limitó a observar en silencio como Shamal combinaba con mucha experiencia las hierbas que le trajo.
—¿Está herida?— preguntó la pelirroja, Shamal negó con la cabeza antes de posar una mano en la frente de la joven desconocida.
—Solo está muy débil, ¿y los demás?— la sacerdotisa habló.
—El guerrero está herido pero resiste, lo deje con el chico Erio, menos mal que nadie se dio cuenta de que es un lobo— respondió Vita, poco a poco se fue acercando a Shamal.
—Entiendo, ella es la protectora del bosque sin nombre Vita, vino para consultar el gran libro— explicó Shamal viendo la cara de confusión de la niña, era de esperarse luego de que llegaran por la parte mas peligrosa de las montañas.
Como si estuviera atenta Hayate abrió los ojos, su mirada azul se enfocó el el techo de piedra y vigas de madera que lo atravezaban y luego encontró a Shamal.
—Shamal— pronunció el nombre de la sacerdotisa con familiaridad, la rubia sonrió viendo que sus órbitas estaban menos brillantes y mas claras que anoche.
—¿Como te sientes?— preguntó, Shamal la ayudó a sentarse para que tomara la medicina.
—Mucho mejor, casi no recuerdo como llegamos, ¿Zafira y Erio?— miro alrededor buscando a sus compañeros, la sacerdotisa poso una mano en su hombro para calmarla.
—Están conmigo, en casa mía— Vita intervino sorprendiendo a ambas, la niña desvió la mirada cuando Hayate se fijo en ella.
—Ella es Vita, hermana de Signum— la sanadora aprovechó en presentarla, Hayate miro a Shamal y luego a la pequeña en frente.
—Entiendo, yo soy Hayate, te agradezco por cuidar de ellos— Vita se sonrojó por las palabras de Hayate pero al final pudo sonreír un poco apenada.
—No es nada, Shamal es mejor que vaya— declaró Vita a lo que la sacerdotisa se aprestó a darle las medicinas que le servirían al lobo guardián.
—Ve con cuidado, diles a ambos que Hayate esta despierta— acotó la rubia, Vita asintió y luego saludó para salir con rapidez y volver a su camino.
Hayate tomó la medicina a base de hierbas que le ofreció Shamal, la sacerdotisa sabía que Hayate no perdería mucho tiempo recuperándose, su misión era mas importante, tenía que saber que era el presentimiento que no sólo ella sintió al momento que aquella voz entró en su mente. Shamal observó a Hayate en silencio, recordando cuando todavía era una niña aislada del mundo por sus propios poderes, era muy injusto llevar un don tan secreto. La joven sentía que el poder del libro la estaba regenerando, lo sintió apenas puso pie en el templo, aún así sabía que no podía regresar a Avalon en seguida, arriesgaba demasiado.
—Zafira vio un ejército enorme cuando estábamos viajando— dijo de pronto recordando aquel detalle con algo de preocupación.
Shamal inmediatamente giro para verla, su corazón latiendo mas fuerte a la idea de Signum peleando allá afuera. La más joven tomó un sorbo del té de hierbas pensando en aquellos soldados que, Zafira describió como dorados acorazados.
—¿Has escuchado el nombre Scaglietti?— preguntó Hayate recordando las palabras de Zafira, Shamal se sentó en el borde de la cama, su mente buscando con premeditación ése nombre, de alguna manera le sonaba conocido.
—Vienen de Ruwella— continuo Hayate, quizá podría ayudar a la sacerdotisa con la búsqueda. Shamal entonces observó a su paciente con incredulidad.
—¿Ruwella?— repitió la bella rubia, Hayate asintió viendo que los ojos violeta de Shamal se agudizaron, como si quisiera vislumbrar algo en sus propios recuerdos.
—Es un país lejano fuera del continente, con una amplia tecnología y conocimiento pero, ¿Qué hacen aqui?— se preguntó la sacerdotisa sin gustarle la sensación que aquella noticia propinó en ella.
—Según palabras de Zafira, tenían que llegar a Mid Childa— Hayate informó, Shamal estuvo quieta por un momento, seguramente tratando de unir cabos de todo el asunto.
—Debo mandar un mensaje, no puedo dejar pasar esto, Belka bien podría estar en peligro, solo esperemos que los Dioses no lo permitan— concluyó la sacerdotisa, Hayate estuvo de acuerdo, no solo era extraño que un ejército se encontrara tan cerca de la capital del norte, si no que también implicaba otra ciudad fronteriza.
En el campamento, los soldados comenzaron la penosa tarea de verificar quien de los hombres que yacían en la tierra aún vivían para poder atender sus heridas, los nómadas retrocedieron cuando su infantería fue superada, el líder Deville fue duramente atacado por Veyron unido a Signum quien salió de la nada con aquella espada de fuego y mirada dura. La pelea entre ambos líderes se detuvo cuando Fortis dio cuenta de sus bajas, solo sus hermanos junto con un puñado de hombres que se estaban retirando quedaban en su haber. El joven Huckebein apretó los dientes por la derrota, una vez mas Belka había demostrado su poderío y superioridad en batalla.
—Nos veremos General— demandó el joven empuñando el arma y despidiéndose con una pequeña venia. Zest asintió sin quitar sus ojos de los de él, sin duda el combate fue satisfactorio y quizá les habían hecho abrir los ojos.
Deville siguió al líder cargando con él un hombre herido, el Huckebein intercambió una mirada con Veyron antes de darse la vuelta para continuar su camino, era una tregua, algo que ambos bandos no decretaron con palabras, algo que solo ellos mismos entendieron como propio. El mutuo respeto que profesaban por sus enemigos, una cara de la batalla que pocos habían presenciado. Signum cayó de rodillas cuando Levantine la abandonó, la adrenalina que su elemento le dio la dejo exhausta y algo enojada por dejar escapar a esa tal Fate.
—Signum— Cypha apareció en su ayuda pero la Teniente negó con la cabeza para ponerse de pie por sí misma.
—Estoy bien, debemos contar las bajas, Mayor— llamó a Veyron quien estaba aún jadeando por el esfuerzo.
—Ahora mismo Teniente— dijo antes de alejarse, Cypha observó a su compañera de batalla algo extraña, pensativa.
—Cypha, encárgate de la caballería— ordenó dejando a la joven con muchas más preguntas, como subordinada no pudo negarse y asintió. Signum observó hacia la dirección en donde Fate escapó, la Teniente no pudo negar que estuvo tentada a seguirla, no cabía duda que, el misterio que rondaba a la joven mago la atraía como un magneto. Por alguna razón creyó al breve discurso que le dio y también se preguntó por los otros magos con su mismo poder.
Regresar a Velza con la derrota no había estado en los planes de Fortis, su ejército había dado una buena pelea de eso estaba satisfecho, su mirada se dirigió a aquellos que caminaban con dificultad, a los que ayudados por sus mismos compañeros aún sonreían porque estaban vivos. Su hermana estaba caminando junto a él con sus propias cavilaciones, cada uno llevaba marcado el color de la guerra, cada uno con un peso en los hombros que sería difícil de sobrellevar.
Arf se mantuvo alejada de los demás, una parte de ella quería salir en búsqueda de Fate pero la detuvo los lamentos de sus camaradas, aquellos que pelearon con ella y que ahora estaba ayudando a caminar. Sus pensamientos eran confusos, ni siquiera había podido comunicarse con ella y recordando sus heridas no quiso pensar en lo peor, la famiglio decidió que lo mejor era quedarse hasta llegar a Velza y aclarar las dudas de los demás, por ningún motivo dejaría que mancharan el nombre de Fate acusándola de haber escapado.
"Seguramente Fate se comunicará conmigo" pensó el lobo caminando sin prisa.
Avalon
La fiebre era alta y Fate sentía mucho frío, sus músculos le dolían pero no era comparable con el dolor de sus huesos, sobre todo los de su hombro, aquella espada llameante la perseguía en sus sueños y cada vez Alicia la llamaba sin cesar. Estaba en un estado delirante, dormía poco y no conseguía evitar las alucinaciones que a veces eran demasiado reales, una de ellos le hablaba con gentileza pero no podía abrir los ojos y verla.
Los continuos escalofríos calaban en su frágil cuerpo pero aquella voz gentil la calmaba, la hacía sentir menos sola en su patética condición. Fate quería agradecerle pero no encontraba su voz, sus ojos nublados no distinguían bien su rostro y el dolor amenazaba con hacerla perder la razón. Fue en una de ésas ocasiones cuando sintió el ardor aliviado por un paño en su frente que logró mover su brazo bueno sorprendiendo a la joven.
Nanoha observó a la paciente con la misma mirada febril y comprendió que deseaba comunicarse, la mago de oriente sintió un nudo en la garganta, aquella joven lucía tan vulnerable, la herida no parecía querer sanar por más emplastos que Midget cambiaba, la medicina herbal ayudaba un poco pues, cuando Fate la tomaba los espasmos cesaban y podía conciliar el sueño.
—No te debes de agitar, trata de dormir— le dijo y Fate la soltó para cerrar los ojos. En ese momento la anciana entró acompañada de dos señoras mas.
—¿Sigue igual?— preguntó a la joven quien asintió.
—Está despierta, mas calmada ahora— le dijo, la anciana avanzó hasta la rubia y reviso con cuidado los vendajes que sostenían su hombro. Fate se quejó cuando las otras ayudaron a mover su cuerpo de lado para cambiar los emplastos y demás, Nanoha se apartó pero mantuvo al pie de la cama por si necesitaban de ayuda.
—Como lo imaginaba, no es una herida común— comentó la sabia Midget, sus ayudantes estaban ocupadas sosteniendo a Fate quien empezó a moverse por el dolor.
—Sanará, ¿Verdad?— Nanoha sonó preocupada.
—Con tiempo, ahora Nanoha sujeta sus piernas por favor— ordenó la anciana, la joven pelirroja dudó un momento, su corazón comenzó a latir más fuerte anticipando lo peor.
Midget se colocó al lado izquierdo de Fate quien estaba temblando, las dos señoras conjuraron una especie de conjuro vertiendo en la herida un líquido viscoso. Fate gritó al contacto de éste con su piel, el dolor que sintió fue demasiado para su débil cuerpo, luchó por unos minutos pero luego cesó al improviso. Nanoha cerró los ojos para no ver, era demasiado cruel pero sabía que al mismo tiempo era por su propio bien, sea lo que fuera aquella medicina.
—Alicia— Fate murmuró repetidas veces en su inalcanzable reposo, Nanoha se acercó cuando las demás se marcharon y optó por tomar su mano.
—Estarás bien, duerme— dijo la joven tratando de no llorar, era increíble la afinidad que sentía por ésa extraña, Fate no se resistió al pedido y solo pudo apretar sutilmente su mano en respuesta.
—Nanoha, me quedaré yo ahora, ve a comer algo niña— Midget aconsejó, Nanoha dejó la mano de la rubia.
—¿Que era ese líquido?— preguntó curiosa antes de salir, Midget se acomodó en su silla.
—Una medicina especial, nos tomó tiempo hacerla, ésta joven estaba envenenada con la magia de su oponente, de alguna manera había penetrado en su cuerpo— explicó, Nanoha se sorprendió.
—Depende de ella ahora, es fuerte seguramente saldrá victoriosa— animó la anciana, Nanoha asintió y luego salió de la habitación.
En el comedor comunal estaban los niños comiendo, normalmente eran ellos los primeros en comer, Nanoha se aprestó a ayudar en lo pudiera y luego se a pedido de los demás se unió a la comitiva de pequeños. Nanoha observaba en silencio mientras unos rapaces estaban alardeando entre sí la cantidad de hongos frescos que recogieron, escuchándolos hablar no pudo negar que sintió nostalgia de casa. La joven mago vio que Vivio y Einhart no participaban mucho en la conversación pero sonreían a la par de sus compañeros, la pequeña la saludó con la mano contenta de verla entre ellos, Nanoha sonrió y decidió ir junto a las dos.
—Veo que han terminado— dijo la joven observando sus respectivas escudillas. Vivio asintió mientras que Einhart mostró un sutil sonrojo por la atención recibida.
—¿Cómo está la estrella fugaz?— Vivio preguntó con curiosidad, Nanoha alzó una ceja por la singular pregunta.
—Quiere decir la joven rubia— Einhart logró decir en un filo de voz.
—Esta mejor, Midget le dio una medicina especial— respondió para alegría de ambas niñas.
—Todos dicen que es un mago oscuro, ¿Es verdad?— un niño dijo de pronto y el jolgorio en aquella larga mesa se detuvo al improviso. Caritas ansiosas observaron a la pelirroja quien no sabía que responder, ella no tenía idea pero decidió no alimentar sus corazones con dichas dudas.
—No lo creo— afirmó con seguridad. Los niños confiaron en sus palabras y pronto resumieron su conversación dando diferentes razones para creer en ello.
Nanoha estaba complacida con el resultado, ella no sabía con exactitud que le había hecho aseverar algo con lo cual no estaba segura, pero algo dentro de ella le decía que aquella joven desconocida no era de temer.
—¡Nanoha!, aquí estabas— Rein apareció de pronto seguida siempre de Agito.
—¿Qué pasa Rein?— interrogó al hada, tanto Rein como Agito se posaron en la mesa.
—Sé como ubicar a los demás— dijo contenta, los ojos de Nanoha se llenaron de calidez y sorpresa al mismo tiempo, sus amigos debían de estar preguntándose su paradero.
—La señorita profesora aquí encontró un medio, me dijo que entre ellos hay un transfigurador— Agito comenzó a explicar.
—Yuuno-kun— nombró a su amigo, Rein asintió satisfecha lo cual contagió a Nanoha.
A millas de distancia, el joven hurón estornudo de pronto alertando a sus compañeros de viaje, Arisa levantó la mirada desde su posición cerca al fuego, luego de un momento Suzuka regresó con algunas hierbas que metió en la caldera para removerlas, Arisa hizo un gesto de disgusto por el olor que emitía aquella poción, Suzuka sonrió y luego retiró la caldera del fuego.
—Espero que no lo mate— comentó la espadachín.
—No es para beber, le debo poner esto en la herida— se defendió la joven soplando el espeso líquido verduzco.
—Al menos uno de nosotros sabe de medicinales— Yuuno acotó con expresión algo burlona.
—Mira chico-rata si sigues te haré tragar este menjunje— amenazó y en cambio recibió una sonrisa.
—¡Oigan!— una voz interrumpio sus quehaceres y los tres dirigieron su mirada hacia el joven amarrado a un árbol. Yuuno se levantó y lo miro a los ojos.
—¿Te has decidido a colaborar o aún quieres permanecer hambriento?— Yuuno dijo, el prisionero dorado desvió la mirada, solo le habían dado agua y algunos dátiles, el joven que tenía mas o menos su edad no tenía alternativa.
—Hablaré solo con su comandante— espetó orgulloso, Arisa entonces decidió acercarse.
—No estás en condiciones de imponer, aparte que nuestro líder está descansando de sus heridas— la rubia espadachín sonó enojada, sobre todo porque el muchacho no mostraba algún tipo de temor.
—Esperaré entonces— respondió antes de suspirar y recostarse en el árbol. Arisa estuvo a punto de sacar su espada y respaldar sus palabras con algo más físico pero Yuuno la detuvo. Cuando Arisa encontró los ojos del hurón éste le dio a entender que debía calmarse.
—No será necesario— Nakajima habló sorprendiendo a todos, Suzuka lo vio parado cerca al fuego, sus vendajes ensangrentados pero el espíritu alto.
—Nakajima-san no debería esforzarse aún— Suzuka intervino, el guardia del consejo la observó como si de una hija se tratase.
—Estoy bien, gracias a tus cuidados Suzuka-kun además, me oxidaré si no me muevo— aseguró con sus palabras, los dos espadachines observaron al hombre mayor acercarse con una sonrisa, ellos entendieron y retrocedieron.
El joven prisionero lo miro con respeto cuando tomo asiento frente a él y espero a que contara su historia.
—Aqui me tienes, dime ¿Quienes son y que buscan?— demandó el veterano, el joven suspiró audiblemente.
—Soldados especiales de Ruwella, tenemos órdenes de capturar a la mago de oriente— confesó el muchacho, Suzuka y los otros se sorprendieron desde su posición pero Gonzo solo se cruzó de brazos.
—¿Para qué?— preguntó de nuevo pero el joven negó en un ademán con su cabeza.
—No lo sé— contestó, Arisa se quiso levantar pero Suzuka sostuvo su brazo y la miro con firmeza.
—Una cosa más, ¿Cómo nos encontraron?— el soldado se quedo en silencio unos segundos.
—Será mejor que contestes— dijo perdiendo un poco la paciencia.
—Seguramente mis compañeros ya mandaron un mensaje y estarán sobre sus pasos en muy poco tiempo— volvió a decir sonando desafiante, Nakajima sacó la espada y apoyó la punta en su pecho, el joven se inmovilizó sintiendo sangre correr bajo el traje de lino negro que usaba.
—Tanto a tu ejército como a mí si mueres no habrá importancia, si piensas que vendrán a rescatarte te equivocas chiquillo, no me gusta repetir las cosas y espero que seas lo suficientemente sabio para darte cuenta que no estoy jugando. ¿Cómo nos encontraron?— demandó de nuevo y el soldado sintió la punta de la espada nuevamente enterrarse en su piel, apretó los dientes y algunas lágrimas salieron de sus ojos involuntariamente.
—Lo único que sé es que el capitán recibió un mensaje de Kyushuu, luego solo seguimos su rastro— dijo, Nakajima frunció el ceño y por ende torció la espada haciendo al muchacho gritar, los demás estaban demasiado confundidos para pronunciar palabra
—Es la verdad— se defendió.
—Era una trampa desde el principio pero, ¿Porqué?— Suzuka dijo tapándose la boca en sorpresa, Arisa comenzó a temblar de la rabia mientras que Yuuno solo atinó a mirar al muchacho con escrutinio. Gonzo lo soltó poniéndose de pie con una expresión neutra en su rostro, era demasiado pensar que sus propia clase los había vendido a un extraño enemigo, por otro lado era bueno que ellos no supieran el paradero de Nanoha, la mago resulto ser mucho más importante de lo que imaginó.
—Nakajima-san, ¿Qué haremos?— preguntó Arisa observando al guardia del consejo acercarse al fuego, Yuuno también lo observó mientras que Suzuka parecía perdida en el horizonte.
—Definitivamente no podemos volver a Uminari, los perros que escaparon ya habrán comunicado lo que sucedió aquí, proseguiremos y nos llevaremos al mocoso como cebo, sin él no sabrán que Nanoha-kun escapó— decidió el guardián muy seriamente, la rubia espadachín no estaba tan convencida de llevarse al enemigo con ellos pero Gonzo tenía razón.
—Atenderé sus heridas entonces— la alquimista reaccionó y ayudada de Yuuno se acercó a joven.
—Lo siento por esto— dijo la joven sorprendiendo al prisionero, Yuuno la observó con algo de añoranza y admiración.
—¿Como te llamas?— preguntó el rubio, el joven moreno levantó la mirada y la sostuvo en él unos segundos.
—Thoma Avenir— respondió sin miedo, Suzuka entabló una conversación con él mientras limpiaba la herida que le hizo el guardia, Arisa la observó en la distancia sin ganas de intervenir, su cabeza llena de dudas y temores frescos.
Esa mismo día retomaron la marcha, gracias a Yuuno pudieron localizar a los caballos haciendo la tarea más fácil para ellos, debían descender para desviarse hacia las montañas, no podían arriesgarse a andar por la costa una vez más, no con soldados tratando de rastrearlos.
Mid Childa
En la ciudad del sur las cosas se estaban desenvolviendo normalmente, el mercado con los productos que sus tierras ofrecían, especias traídas de países lejanos poblaban los puestos mas abarrotados, incluso la carne gozaba de buena pinta atrayendo a mas de uno.
Ese día sería el último de Chrono en casa, Lindy había decidido hacer algo especial para él pues, según Clyde las cosas en el cuartel se estaban moviendo, todo para recibir al ejército que pronto estaría en sus puertas. Luego de comprar algunas verduras y algo de grano, Lindy empezó el descenso a casa, el sol quemaba a pesar de la hora y el cielo azul coronaba la jornada con armonía.
Para cuando llegó Linith estaba terminando de lavar algunas vestiduras, aprovechando el sol madrugador extendió las túnicas en el patio trasero de la casa luego, alimentó a los animales de la pequeña granja y tomó algunos huevos frescos.
—Lindy, justo venía a prender el fogón— la joven dijo viendo que la jovial dueña de casa ya estaba empeñada en la tarea.
—No te preocupes, ¿Chrono ya volvió?— preguntó mientras soplaba el carbón.
—Aún no, ¿Debo avanzar con el pan?— ofreció la joven observando el grano fresco, Lindy asintió a lo que la famiglio no perdió tiempo y se puso a moler el grano en un viejo mortero de piedra.
—Dime Linith, ¿Como van las cosas con Clyde?— dijo acercándose a ella, la joven detuvo su tarea y observó a la distancia.
—Lo están vigilando, Clyde ha detenido las operaciones hasta que sea necesario— respondió y Lindy no pudo evitar la preocupación que seguramente se dibujó en su rostro.
—Con Scaglietti en la ciudad las cosas están mas densas, no puedo evitar sentir algo de angustia— quiso justificarse pero Linith puso una mano en su hombro.
—El hechizo de protección es indetectable, incluso por él, así que no te preocupes Lindy— trató de animarla, la joven madre sonrió complacida.
—Tienes razón, ahora déjame aplastar un poco de grano para despejar la mente— le dijo, Linith rió por su actitud y le concedió el maso.
El almuerzo fue ameno e incluso Clyde se unió a ellos, la mesa estuvo plagada de conversación y deliciosos manjares, Chrono estaba pensando que volver a las barracas sería más difícil ésta vez. Los dos hombres se retiraron al patio para practicar un poco con la espada, hábito usado para poder digerir y confirmar el fuerte lazo que unía a ambos. Clyde no se reprimía como antes, su hijo era un hombre y aunque joven poseía un sentido para el combate innato, la frialdad y rapidez de sus decisiones eran admirables, Harlaown no podía estar más orgulloso.
Sin camisa, solo usando sus espadas contra el otro, era difícil discernir entre ellos, Chrono era el vivo retrato de Clyde y Lindy solo podía contemplar a ambos con una sonrisa que, Linith definió alguna vez como su mejor arma. Chrono esquivó la estocada de su padre apenas pero perdió el equilibrio, cuando alzo la mirada la espada brillante de Clyde estaba a centímetros de su cuello, el joven paso saliva al ver la mirada felina de su progenitor.
—Buen combate— el mayor dijo retirando su arma para ofrecer su mano, Chrono sonrió y la aceptó.
—Aún no logro vencerte— dijo Chrono, su padre le paso un paño limpio mientras echaba agua al cuenco de la lavandería.
—Padre, ¿Es cierto lo que se vocea, un ejército está por llegar?— preguntó de pronto no pudiendo contenerse. Clyde se mojó la cabeza y enjuago el sudor sin responder, no era de su hijo traspasar la línea de poder aún si estaba en licencia pero entendió su motivación. No pertenecía a la rebelión la fuga de aquella información, él había decidido detener sus acciones por el momento, al menos hasta descubrir las verdaderas intenciones y en especial de que lado estaba el Almirante.
—La noticia se ha diseminado como la peste, Chrono no te mentiré, lo único que puedo decirte es que no sabemos con exactitud los planes de Ruwella con la ciudad— Su hijo lo miro con sorpresa, las palabras de su padre sonaron funestas, era cierto que los cambios estaban comenzando a sentirse, su madre le había mencionado lo del templo y ése día vio con sus ojos lo que se convertiría en el nuevo ícono de Mid Childa.
—Entonces es cierto lo que dice la rebelión, no puede ser, el Rey no puede permitirlo— Clyde puso una mano en el hombro de su único hijo para calmar su impetuoso corazón.
—Hijo, recuerda a quien sirves cuando el momento llegue— dijo su padre, como nunca antes Chrono vio en el la sabiduría que admiró desde niño.
Esa noche el joven Harlaown se refugio en su cuarto después de la cena, tenía demasiadas cosas en que pensar, las palabras de su padre hacían eco en su cabeza desde la tarde, quiso leer algo pero no podía concentrarse, decidió que estar en su sitio no lo haría despejarse por lo que decidió dar un paseo. La noche lo recibió con un aire frío, muy al contraste con la cálida jornada que termino hace horas, se abrochó la gabardina y avanzó por las calles para encontrar la vía principal. Paso un sereno a quien saludo para proseguir, la luna alumbraba parcialmente el cielo permitiendo un poco de visibilidad y rindiendo el paseo nocturno más ameno, no que tuviera tanta importancia con lo pesado de sus pensamientos. Sin darse cuenta llegó a la plaza en donde alguna vez detuvo un conflicto, el joven observó algunos guardias dorados desplazados afuera de las verjas de palacio y dentro de él. Los miro por unos segundos antes de avanzar hacia el otro lado y perderse entre las calles que serpenteaban en pendiente, no paso mucho tiempo para que el rumor del río atrajera su atención, los rumores de la ciudad se perdían en la corriente turbulenta y por un momento Chrono se sintió casi hipnotizado de él.
Un sonido le llamó la atención, uno tan fuerte que le hizo salir de su cavilación y seguir el eco hasta una de las calles adyacentes a una de las murallas de palacio, Chrono observó como una figura estaba luchando por subir a una saliente para llegar a la cima del muro, su instinto se despertó y rápidamente se movió para apresar al vagabundo.
—¡Alto!— gritó apresando al malhechor quien desesperado trató de zafarse de Chrono, quien tiró de la capa que lo cubría hasta hacerlo caer encima de él.
—¡Suéltame!— Chrono se sorprendió al escuchar la voz femenina y por un segundo dejó de forcejear con ella solo para recibir una patada que lo hizo caer, la joven desconocida se levantó para escapar pero las sombras y pasos que se comenzaron a escuchar del otro lado del muro la alertaron, se congelo sin saber que hacer y justo cuando las luces alumbraron la calle Chrono haló de ella para poder salir de la visual de los guardias.
—¿Porque nos escondemos?— preguntó ella, Chrono le hizo una señal para que se callara y ella aceptó hasta que las luces cesaron.
La luna que hasta ése momento se escondía tras las nubes salió de nuevo para alumbrar a ambos jóvenes contemplándose por primera vez.
—¿Princesa Amy?— Chrono pronunció anonadado, Amy desvió la mirada por un momento.
—No digas nada por favor— pidió ella, el joven Harlaown se encontraba entre la espada y la pared, de todas las cosas que habían pasado definitivamente aquella era la mas extraña, antes que pudiera responder Chrono la condujo por las calles hasta perderse en la oscuridad.
Tal vez exagere con Nakajima pero era necesario que el mocoso hablara, en fin cualquier opinión, tomatazo (no podrido por favor), es aceptado con profesionalidad. No me queda mas que desearles muy felices fiestas a todos, y que el año nuevo les depare mucha felicidad. Gracias por seguir la historia, ¡Nos vemos en el 2014!
