¡He vuelto! 8)

Os traigo una nueva norma y... tachán, tachán… ¡La respuesta tan aclamada acerca de cuál fue la penitencia de Xemnas!

Feliz lectura, gente.


Normas: Saïx

Ahora que ya conocemos el peligro que conlleva la personalidad ludópata y tramposa de Luxord vamos a hablar de algo que, en determinadas situaciones, puede ser mucho más peligroso, incluso mortal, que apostar contra el tahúr.

Saïx.

Nunca, da igual lo que pase, la razón que creas tener o lo buena que te parezca tu idea, gastes una broma sobre la relación entre Xemnas y Saïx (o asegúrate de que este último no te oiga).

Eso si aprecias tu vida o tu no existencia, claro está.


Antes de explicar la anécdota detrás de tan, aparentemente, obvia norma, permitidme aclarar algo: antes de que Roxas entrara en la Organización esta ya se llamaba Organización XIII, pero eran doce miembros. Eso se debe a que, hasta un par de días antes de la llegada de Roxas, habían tenido a otro número XIII: su nombre era Taixido, y tenía fama de bocazas e ingenuo.

Todo comenzó cuando a Xigbar, otro bocazas pero con más suerte y capacidad para salir por patas que Taixido, se le ocurrió ignorar el tabú del fatídico día en que todos perdieron penosamente al póker contra Luxord y sufrieron la humillación más notoria en la historia de la Organización XIII (contando los combates perdidos contra el crío de la llave gigante, el pato con problemas de pronunciación y el perro con una nuez por cerebro), aunque Xigbar no habló hasta que el pobre infeliz del por entonces número XIII no hubo pasado el día a lo murciélago en la punta de la torre más alta del castillo tal como hubiera venido al mundo de no ser un incorpóreo y con los umbríos sacándole fotos y poniéndole collares de flores hechos por Marluxia, que encontró un insano placer en todo aquello.

Taixido, que aquel día estaba enfadado con Saïx por mandarlo a una misión dentro de un libro raro y muy traumatizante donde vivía un oso tonto y amistoso que tenía demasiados buenos amiguitos (libro que terminó misteriosamente esparcido en páginas por todos los mundos conocidos), decidió vengarse del segundo al mando con dos desafortunados comentarios.

El primero, consistente en una preocupada pregunta sobre su paseo en taparrabos, le había costado al novato la mirada más mortífera que jamás nadie recibiera en el Castillo Inexistente (Sora y los lumbreras de sus amiguitos pato y perro al pasearse por ahí sin invitación y cargándoselo todo incluidos), una mirada que habría amedrentado a cualquiera con un mínimo de instinto de supervivencia.

Taixido, por desgracia para él, no lo tenía.

Fue el segundo comentario, pero, el que selló su destino.

Tras airear la opinión general de que los sables de Xemnas habían hecho con el supervisor lo mismo que este hacía de normal con Saïx no se volvió a ver al número XIII.

El abrigo con un fuerte olor cobrizo y una sustancia no identificada sobr3e él que apareció en el asiento de Taixido en la reunión del día siguiente dejó claro que Saïx no reaccionaba muy bien a las bromas sobre su relación con Xemnas.

El hecho de que ese abrigo fuera colgado como decoración en uno de los pasillos principales del castillo sirvió para reafirmar la suposición.

Fin


¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? ¿Cabrearíais a Saïx?