Tardamos mucho! Lo sabemos y lo sentimos, pero hemos estado liadas con el trabajo y estudios, pero bueno, lo importante es que seguimos, intentaremos que el siguiente salga mucho antes. Gracias si sigues leyéndonos y esperamos un comentario con opiniones :)


Capítulo 9

Emma estaba en su casa sin poder salir. Sus padres, como dos perros guardianes, la tenían custodiada y sólo podía pisar la calle para ir a la escuela.

Estaba anocheciendo, Mary Margaret y David descansaban en la sala de estar mientras la rubia hacía sus tareas escolares antes de la cena.

-¡Emma!- la voz gritona de su madre se escuchó por toda la casa -Han tocado el timbre, abre- ordenó.

La rubia resopló y se levantó con desgana de su escritorio. Al menos abriendo la puerta se pasearía un poco por la casa. Ya hacía una hora que había terminado los deberes, pero como no tenía ni ordenador, ni teléfono móvil, ni televisor, y su madre le había confiscado algunos libros de lectura, se había dedicado a mirar los dibujos de su libro de naturales.

Al abrir la puerta, se quedó sorprendida por la inesperada visita.

-Hola Emma, ¿están tus padres?- la profesora Mills, tan arreglada como de costumbre, la sonreía al otro lado de la puerta. Se notaba que estaba nerviosa.

-Prof... ¿qué hace aquí?- la rubia pronunció con la boca abierta -Por favor, no empeore más las cosas- susurró intentando que se fuera antes de que sus padres se dieran cuenta.

-¿Quién es?- la aguda voz de Mary Margaret hablaba desde lo lejos.

-No voy a empeorar nada- Regina miró fijamente a los ojos de su alumna intentando aliviarla, creía firmemente que su plan podía funcionar -Confía en mí-

Emma suspiró y se echó a un lado para dejarla pasar.

-Supongo que no puedo hacer nada para impedirlo- caminó hasta donde estaban sus padres seguida de la morena -La profesora Mills quiere hablar con ustedes-

Los Swan, al ver que tenían una visita, se levantaron del sofá simulando no haber estado haciendo el vago y se acercaron a saludarla cordialmente.

-Emma, vete a tu cuarto- ordenó Mary Margaret mientras invitaba a la profesora de su hija a sentarse en un sillón frente a ellos.

Emma, quejándose por lo bajo, caminó sin rechistar hasta su habitación. Granny, que hasta entonces estaba medio dormida en una silla, se levantó para servirles un té y se metió en la cocina para dejarlos conversar tranquilos. El silencio se apoderó de la sala, Regina, con la taza entre sus manos, miró a ambos padres sintiéndose un poco intimidada.

-Bueno... me ha contado Emma lo del internado- carraspeó un poco y después de darle un sorbo, dejó el té sobre la mesa –Sinceramente no creo que sea lo mejor-

-Se lo ha buscado, puso en peligro su vida y la de sus compañeros robando ese recetario, sin olvidar el resto de las cosas que ha hecho últimamente- Mary Margaret siempre hablaba por los dos, pocas veces dejaba que David opinara algo.

-Sé que Emma ha estado comportándose distinto, pero es típico en su edad, ella lo está pasando muy mal, es consciente de que no ha actuado bien. Ir a un lugar como esos te marca de por vida... lo sé por experiencia y... Emma no debería ir ahí- hablar de aquello con la mujer que había sido la culpable de su estancia en un internado era muy duro. A Regina le daba rabia e impotencia pensar en la maravillosa adolescencia que debió tener Mary Margaret sin ser consciente de haberle jodido la vida y peor aún, ahora iba a jodérsela a su propia hija.

-Ella era la hija perfecta, nunca necesitó de ese mundo y de repente hace cosas horribles. También la hemos encontrado leyendo cosas inapropiadas- la morena de pelo corto se ruborizaba cada vez que pensaba en aquello -Necesita disciplina-

La profesora casi se atraganta con el té cuando escuchó decir aquello a Mary Margaret. Estaba claro que hablaba del libro que ella misma le había recomendado a Emma.

-Podemos hacer algo entre todos para que vuelva a encaminarse. Y no tendría problemas en, por ejemplo, darle clases particulares-

Mary Margaret, empeñada en que la solución seguía siendo el internado, negó con la cabeza. Pero esta vez fue David quien habló.

-Las clases particulares pueden ser una posibilidad- su esposa se giró hacia él fulminándolo con la mirada, pero una cosa era segura, David no quería que su única hija pasara el resto de su adolescencia fuera de casa.

-¿Ya estás cuestionando mis decisiones?-

Regina estaba sorprendida al ver cómo la madre de Emma trataba al hombre, así que volvió a hablar intentando hacerlos entrar en razón.

-A ver... ir a un internado no es la solución, quizás si pasaran más tiempo en casa y le dieran libertades como salir hasta cierta hora, las cosas irían mucho mejor. Y si no les convencen las clases particulares podría encargarme de ir llevándola cada semana a una universidad para que las vaya conociendo y se interese por alguna. Así volvería a tener ilusión por sus estudios-

David parecía estar más convencido de lo que proponía la profesora, pero llevaba un buen rato fijándose más en su escote que en sus palabras.

-No podemos dejarle ese peso a usted- Mary Margaret seguía negativa ante el plan.

-Pero si hacemos que se interese por sus estudios, por ir a una buena universidad, verán como ella sola elige el camino correcto- Regina buscó en su bolso unas redacciones de Emma –Miren, es muy buena escribiendo, ama la literatura, tiene futuro, sólo hay que enseñarle el camino-

-Ya hemos tomado una decisión- la morena de pelo corto se levantó al ver que la taza de su invitada estaba vacía -Voy por más té- caminó hacia la cocina.

Al quedarse a solas con David, Regina se dio cuenta que el hombre había aprovechado para quedarse embobado mirando sus pechos. Rodó sus ojos pensando en lo repugnante que era aquello, pero enseguida pensó en sacarle beneficio a la situación.

-¿Usted qué cree? Parece un hombre muy inteligente... seguro que sabrá tomar una buena decisión para su hija- su voz se había tornado coqueta y comenzó a abanicarse con su propia mano -Qué calor hace de repente- fingiendo mientras desabrochaba un botón de su camisa.

David tragó con dificultad, necesitaba un babero con urgencia.

-Bueno... yo creo que usted tiene razón, pero mi esposa es algo difícil de convencer- sus ojos iban del escote a la boca de la profesora -Pero algo podría hacer...- estaba como hipnotizado por las vistas.

Regina se inclinó un poco hacia delante dejando que sus pechos quedaran todavía más a la altura de David y alargó la mano acariciando su brazo suavemente. Ya había olvidado lo fácil que era convencer a un hombre con tan poco.

-Estoy segura de que sí, no puede tomar las decisiones ella sola... usted es el hombre de la casa- la morena sonrió y enseguida volvió a colocarse bien en su asiento porque escuchó los pasos de Mary Margaret.

-Bueno, ¿eso es todo lo que quería decirnos?- la morena de pelo corto sirvió té en las tres tazas y volvió a sentarse junto a su esposo.

-Sí, y espero haberlos hecho cambiar de opinión, de verdad. Emma es muy talentosa, en un internado ese talento se iría a la basura-

-Mi amor, sé que ya lo hablamos, pero la señorita Mills tiene razón, quizás si Emma volviera a hacer deportes y luego pasara unas horas en su casa podría ayudarla a centrarse- David había tomado las manos de su mujer entre las suyas para intentar convencerla.

-No lo sé... me da miedo lo que pueda volver a hacer- el "no" rotundo de Mary Margaret había cambiado. Su marido nunca hablaba, pero cuando lo hacía era algo a tomar en cuenta.

Regina sonrió levemente al notar el pequeño cambio, quizás no todo estaba perdido.

-Piénselo bien, por favor... nunca les ha fallado, sólo necesita una segunda oportunidad- la morena no quería parecer sospechosa por su interés por Emma, pero no podía evitarlo.

Mary Margaret miró a la profesora y luego a su marido que la esperaba esperanzado, suspiró y abrió la boca para hablar.

-Está bien, le daremos una oportunidad, pero si Emma hace alguna tontería más se irá al internado, sin titubeos-

A Regina le faltó un segundo para ponerse en pie y saltar de alegría, pero se contuvo. Sonrió de oreja a oreja, lo había conseguido.

-Genial señora Swan, me alegro que hayamos podido llegar a un acuerdo- se levantó tomando su bolso, ya había hecho todo lo que quería -Ha sido un placer y el té estaba muy rico-

-Igualmente, ya nos veremos- pronunció la morena de pelo corto que no había quedado del todo contenta. No le gustaba que la hicieran cambiar así de opinión.

-La acompaño- David se levantó yendo con Regina hasta la puerta -Ha sido un placer su visita... Regina ¿verdad?- el hombre se apoyaba en la puerta mientras la miraba con una pícara sonrisa.

-Sí, así es- la morena sonrió levemente algo incómoda -Y gracias, han sido muy amables... tengo algo de prisa- dijo indicando con la mirada que le estaba obstruyendo el paso.

-Ah, sí, claro- David se apartó y abrió la puerta para que pasara -Espero volver a verte-

La profesora caminó fuera de la casa sintiéndose asqueada por toda la situación.

-Salude a Emma de mi parte- sonrió falsamente una vez más y empezó a caminar rápido hacia su coche.

Parecía increíble que Mary Margaret no se hubiera percatado de la cara que traía su esposo. Había quedado totalmente deslumbrado con Regina, y su cabeza seguía a mil porque no podía dejar de pensar en lo hermosa y sexy que era esa mujer. Quizás no se hubiera fijado tanto si la morena no hubiese coqueteado con él, pero como lo hizo, no podía dejar de pensar en lo mucho que lo atraía aquella mujer.

Emma seguía dando vueltas en su cuarto. Siempre había agradecido que las paredes de su casa fueran gruesas, pero en esa ocasión lo estaba odiando porque no había podido escuchar nada de la conversación. No sabía qué podría tener Regina para decirle a sus padres, además de lo típico: que era buena alumna y que seguro volvería a ser la de siempre. Estaba segura de que eso no bastaría para dejar contentos a sus padres y que la perdonasen.

Antes de cenar, Mary Margaret y David entraron a su cuarto, muy serios, pero eso no la preocupaba porque ya se había acostumbrado en esos días a sus desprecios. La mujer de pelo corto dio un paso al frente cruzada de brazos y le habló a su hija.

-Hemos decidido que por el momento te quedarás aquí- suspiró –Pero si te volvemos a pillar haciendo algo que no debes no habrá vuelta atrás-

Emma se había quedado pasmada mirándola creyendo que lo que decía era una broma de mal gusto así que tuvieron que repetírselo. Instintivamente se levantó de la cama y abrazó a su madre, aunque su abrazo no fue correspondido; en lugar de eso, se dio cuenta que estaba rodeando con sus brazos a una persona que permanecía rígida y que ni siquiera era capaz de palmearle la espalda por compromiso. Por suerte la rubia se percató de que no era momento de gestos cariñosos, y que no iba a ser tan fácil que su madre volviera a confiar en ella. Se alejó lentamente y se propuso a sí misma hacer bien las cosas desde ese momento en adelante. Ya había logrado la atención de sus padres con su rebeldía. También se dio cuenta de que ya no tenía oportunidades de obtener la libertad que tanto deseaba, no al menos hasta cumplir los 18 años.

-Gracias- estaba muy contenta pero a la vez quería saber por qué habían cambiado de opinión tan repentinamente. Ella misma había visto su pasaje para Inglaterra, por lo que estaba segura de que lo del internado iba en serio –Mamá… ¿por qué cambiaron de opinión?-

-Tu profesora nos ha dicho que cree que lo mejor es que te quedes aquí porque va a darte clases y llevarte a conocer universidades. Espero que con eso te dejes de tonterías y sientes cabeza para ser alguien en la vida-

David no pudo evitar sonreír al ver a su hija tan contenta. Era una imagen que hacía mucho tiempo no apreciaba. Habían estado muy enfadados con ella, todo el tiempo. Parecía que ya era costumbre volver de sus viajes y que su hija les diera problemas. La solución de Regina le había traído un gran alivio después de todo.

-Pero la última palabra la tenemos nosotros- recalcó intentando ponerse serio.

-No se preocupen, no haré nada de lo que no vayan a estar orgullosos-

Y así la rubia se dejó caer en la cama sonriendo de oreja a oreja mientras miraba el techo y pensaba en lo que la esperaba: iba a ver más seguido a su profesora. Tenía que encontrar la forma de agradecérselo.


El aula estaba vacía. Emma lo había planeado todo, sabía a qué hora llegaba siempre su profesora y que tendría unos minutos antes de que sus compañeros aparecieran.

-Qué temprano señorita Swan- Regina sonrió.

Apenas Regina entró, la rubia cerró la puerta y se acercó abrazarla. No dijo nada, pero se sobreentendía lo agradecida que estaba.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Regina. El abrazo la sorprendió pero no pudo negarse a sí misma que estaba esperando un contacto de ese tipo con su alumna. Siempre se repetía en su cabeza que estaba mal querer muestras de cariño de ella pero el deseo siempre ganaba.

-De nada…-

Casi tenían la misma altura, pero Emma quedaba apenas colgada de sus hombros mientras estaba en puntas de pie porque Regina llevaba tacones. Se quedaron unos segundos abrazadas hasta que Emma se separó y la miró enseguida a los ojos.

-No sé qué les ha dicho pero… cambiaron de opinión-

-Los amenacé con mandarles unas lecciones extra- se rió guiñándole un ojo a su alumna –No podía permitir que te fueras… tú no perteneces a un lugar así-

-¿Y se supone que tengo que tener clases fuera de la escuela con usted?- sonrió. Estaba ansiosa por experimentar esa parte del trato.

-Sí… al parecer es tu castigo- la morena se cruzó de brazos -¿Estás de acuerdo?-

-No tengo ninguna objeción la verdad- Emma sonrió muy tímida pero para su desgracia no pudo terminar la conversación con su profesora porque sus compañeros empezaron a entrar. Ruby y Ariel no dejaban de mirarla con mala cara porque la rubia no les había devuelto ninguna de sus llamadas y más que nada, por el incidente con el recetario. Emma pensaba que seguro desde en ese momento en adelante perderían todo el interés en ser sus amigas.

Regina pudo notar las miradas de sus dos alumnas en la nuca, así como ellas le tenían rabia, ella estaba comenzando a sentir desprecio hacia ellas.

Al terminar la clase Emma se quedó en su lugar como siempre para poder conversar un poco más con su profesora.

-¿Nos vemos esta tarde a la hora de siempre?-


Cuando Emma volvió a casa luego de la escuela fue directo a su armario para buscar una caja donde guardaba sus tesoros más preciados. Tenía que agradecerle de alguna manera a Regina por haberla salvado del internado, y había encontrado el regalo perfecto. Su abuelo antes de morir le había dejado una pluma con tintero, él era escritor. Tenía un enorme valor sentimental para Emma, pero más valor tenía lo que su profesora había hecho por ella. La sacó de su estuche y escribió en un papel "Nunca olvidaré lo que hizo por mí. Estaré agradecida por siempre-Emma".

A la hora pactada su padre la llevó en auto hasta la casa de Regina. Tocó el timbre y recién cuando entró su padre se marchó.

-Hola- dijo la morena dejando pasar a Emma mientras sonreía -¡Qué abrigada! Aquí adentro tengo la calefacción alta-

-Es que hace mucho frío… creo que en cualquier momento va a nevar- la rubia se quitó su chaqueta y gorro quedando algo despeinada.

Regina no pudo evitar reír al verla con el pelo revuelto así que se acercó a arreglárselo con sus manos. El contacto no dejaba de producirles esas pausas inevitables, en las que sus miradas se cruzaban y ninguna de las dos podía emitir una palabra, o quizás Regina sí podría decir algo, pero tenía pánico de la posible reacción de su alumna.

-Tengo algo para usted…- Emma se separó para ir a buscar su bolso. Sacó el pequeño estuche con decoraciones antiguas en tonos negros y marrones para dárselo a su profesora –No sé si va a gustarle pero quería dárselo-

-¿Para mí?- tomó la caja en sus manos intrigada –Pero ¿por qué?-

-Sólo ábralo…-

Los ojos de Regina se iluminaron al abrir la caja y encontrar la nota de la rubia. Luego vio la pluma, era bellísima, se notaba que era antigua y valiosa.

-Em… Emma, no tienes porqué regalarme nada- hizo una pausa para volver a mirarla –Es preciosa, ¿dónde la encontraste?-

-Bueno, era de mi abuelo. Murió hace diez años. Era escritor- señaló la pluma –Unos días antes de morir me la regaló-

-No puedo aceptar algo así Emma… de verdad-

-Claro que puede… es un regalo y quiero que lo tenga usted, no que esté guardado en casa. Es tan importante para mí como lo que hizo-

Más allá del valor sentimental que tenía aquella pluma para Emma, en Regina ese regalo estaba produciendo un efecto extraño. Sintió como si ese regalo se lo hubiera dado una pareja, la persona de la cual estaba enamorada y por un momento la hizo sentir mal. Esa sensación no debía corresponder a Emma, si no a Cersei, y hacía tiempo que ya no le interesaban o sorprendían los regalos que su novia podía traerle de cualquier parte del mundo. Era preocupante que una niña de 16 años estuviera sobrepasando en ese sentido a su actual pareja. Guardó la pluma en la caja y se acercó a besar en la mejilla a su alumna. Para Emma podía significar simplemente un gesto de agradecimiento, pero para la morena era más bien aprovechar el mínimo acercamiento hacia la rubia para poder calmar esa necesidad que la joven le estaba provocando día a día.