Kumungu era un lugar poco explorado en los últimos años, hogar de los yordles hace muchos siglos y regida por Che-Baal, se dice que es el ser más antiguo de toda Runaterra, la leyenda cuenta que ha estado desde el principio de los tiempos, ha observado todos los eventos acontecidos en este mundo: Las guerras rúnicas que dejaron la selva llena de objetos y piedras poderosas, la gran batalla de los guardianes contra los oscuros, pudo observar de cerca la caída del imperio de Shurima y los alzamientos de las grandes ciudades como Demacia y Noxus; nunca participó en las guerras de los hombres porque su deber era proteger la selva y mientras aquellos eventos no afectaran su territorio a sus habitantes que tanto amaba, ella permanecería observando desde el corazón de su hogar.

-¡Trang! ¿Falta mucho? -Roland pensó que se desmayaría después de el pesado camino, la humedad y las altas temperaturas debido a la cercanía con el desierto estaban acabando con sus fuerzas. -¡Vamos amigo, dime algo! Tomemos un descanso.

-No es seguro aquí a menos que quieras enfrentarte a las feroces criaturas de este lugar, debemos guardar fuerza, no sabemos lo que sucederá.

-Está bien… -Roland hacía una mueca de cansancio. Trang se detuvo de golpe. -¿Qué ocurre?

-Algo se mueve en la maleza, ¡sígueme! -Corrieron tras un tronco lleno de musgo y se pusieron en cuclillas.

-¿Qué es?

-¡Shh! -Los pumas de esta selva tienen un muy buen oído y son muy peligrosos. Trang sacó un trozo de proteína y lo ató a la punta de una pequeña flecha, acomodó el proyectil en su ballesta y disparó hacia la base de un árbol lejano. Un enorme puma del tamaño de un hombre saltó en dirección a la flecha mientras Trang y Roland continuaban su camino casi en cuclillas para no ser escuchados.

Más adelante encontraron un claro y un pequeño manantial, Trang se detuvo y dijo que estaría bien descansar ahí, tendrían tiempo de levantarse si algo o alguien se acercaba a ellos. Se recostaron en el suelo fresco, comieron un poco y bebieron suficiente agua, el camino hasta Fyrone duraría todo el día y posiblemente tendrían que levantar un campamento en los límites de la selva para evitar algún peligro.

Después de un rato un extraño silencio se apoderó el lugar, las orejas yordles de Trang giraban como buscando el rastro de algún sonido y se inquietó a notar que no había nada más que sus respiraciones, se levantó y comenzó a caminar hacia el otro lado del manantial y logró escuchar al fin algo, como cuando se mueve un árbol con el viento fuerte, el sonido era débil porque estaba lejos, pero eso parecía. Roland no se había percatado aún de lo que Trang hacía y no se preocupó por abandonar su posición de descanso, jugaba con algunos bichos que se acercaban, pequeños insectos que le hacían cosquillas en las manos. Había una apacibilidad que lo relajaba demasiado.

Trang notó aquel sonido cada vez más intenso o, dicho de otra manera, más cerca, cargó su ballesta y el sonido sacó a Roland de su trance, al levantar la cabeza una liana espinoza lo rodeó y lo arrastró hacia los árboles y la maleza, gritó y Trang se volvió rápidamente, del otro lado del claro, solo logró ver a Roland perdiéndose en un grito ahogado hacia la espesura de la selva, quiso correr hacia él pero se perdió demasiado rápido. Tomó el arma de Roland que se había quedado en el suelo y avanzó en la dirección en la que sabía encontraría a Roland, pero que también lo llevaría a un lugar muy peligroso.

Los yordles han cartografiado la selva en gran medida, en expediciones cortas y por regiones, conocen la ubicación de los lugares más peligrosos, las zonas donde habitan la criaturas más mortales de Kumungu y la zona de plantas curativas, por supuesto, conocen muy bien la ubicación del templo de la diosa Che-Baal, eso era lo que le preocupaba, Roland había sido arrastrado en dirección del templo y Trang sabía que no estaba bien, la única oportunidad que tenía Roland de sobrevivir era que Che-Baal perdonara su intrusión en la selva y solo una persona podría lograr eso. Trang avanzó a paso rápido pero no en dirección al templo, tenía otro plan.

Algunas horas después, Roland logró abrir los ojos y notó que la noche había caído ya; sintió ardor en los brazos, piernas y algunas zonas de la cara, tenía raspones y moretones en todo el cuerpo, no supo por cuánto tiempo había sido arrastrado porque había perdido el conocimiento. Intentó levantarse pero tenía un grillete en la muñeca de la mano derecha, equivocadamente alguien lo había puesto en su muñeca y no en su tobillo, la cadena era corta y estaba anclada al suelo. Primero pensó que había caído en alguna trampa, pero más que una trampa fue una poderosa magia capaz de controlar la naturaleza, no tenía idea de lo que le había sucedido, un agudo dolor en un costado de la cabeza le invadió, apretó los ojos y los dientes y volvió a desvanecerse en la oscuridad.

Un chorro de agua helada en la cara despertó a Roland y se sobresaltó, tenía el cuerpo cubierto con un fluído viscoso y con esencia fresca, al abrir los ojos notó que estaba amaneciendo, también vio una figura pequeña entre sombras que le acercaba un plato con agua y uno con comida, intentó distinguir un poco más pero no lograba enfocar su visión. Tenía unas orejas puntiagudas, era un yordle.

-¿Trang? ¿Eres tú? -Roland sintió un poco de felicidad.

-¿Trang? No hay ningún Trang. -Sonaba enojado. -Aliméntante ahora, verás a la regente de la selva, tal vez te perdone la vida si le dices quien eres, zaunita.

Roland fue desencadenado pero no tenía fuerza para pelear o salir corriendo, caminaron unos minutos y al llegar un claro de la selva con un enorme árbol en el medio y una figura que jamás pensó que vería en su vida, sus ojos se abrieron muy grandes por la sorpresa y no pudo pronunciar palabra alguna.