Disclaimer: Todos los personas le pertenecen a Cube. Yo sólo juego con ellos. La trama es mía.
Parejas: Kikwoon (Kikwang & Dongwoon)
Advertencia: OoC.
Canción: Why did I fall in love with you, by DBSK.
Dedicado: A ustedes :3
Café IX
.
.
Un chirrido de llantas me dio por avisado que ellos habían llegado. Mi corazón comenzó a latir con fuerza a medida que avanzaba hacia la puerta. Al tocar la perilla color plata, mi mano se detuvo en ésta por fracción de segundo. Estaba nervioso por volver a verle.
¿Qué pasaba si me ignoraba? No, no podría soportar algo así.
Al abrir la puerta lo descubriría. La acción no se hizo esperar, y en un abrir y cerrar de ojos nuestras miradas se encontraron.
Mi corazón latía con fuerza, sentía mi frente sudar, y mi garganta seca de repente. Era él, realmente era él y no una ilusión.
Le sonreí, pero pareció más una mueca. Su expresión era seria, me sonrió pero aquel gesto no le llegó a los ojos, era una farsa.
Caminé cabizbajo hasta la sala. Mi amigo ya se había marchado, dejando las pocas cosas de Kikwang en la sala de estar. No tuve tiempo de agradecerle, pero sabía que él tenía conocimiento de mi agradecimiento hacia su persona.
Kikwang estaba sentado en uno de los sillones con la mirada puesta en la nada. Caminé con paso indeciso hacia él. Tomé un respiro, y me senté a su lado.
Silencio total. Esto era bastante incómodo.
—Las cosas han cambiado entre nosotros…—no dijo nada. No me gustaba tener monólogos. Pellizque mi tabique buscando paciencia. Iba a comenzar un nuevo monólogo, pero fui interrumpido por su voz.
— ¿Nosotros? ¿Crees que después de todo lo que ha pasado, todavía existe un nosotros? —preguntó casi gritando, se levantó del sillón y caminó hacia el ventanal.
Me tapé el rostro con mis manos. Tenía que hacer algo para resolver esto rápido, no quería estar peleado toda la vida.
Me levanté del sillón, y caminé sigilosamente hacia él. Antes de que pudiera reaccionar, lo acorralé por la espalda, pegándome a su cuerpo. Estaba seguro de que él podía sentir mi cálida respiración en su cuello.
Kikwang intentó empujarme, pero empleé la fuerza para inmovilizarlo. Necesitaba encontrar las palabras perfectas para obtener el perdón, y no era muy bueno en eso.
—Suéltame…—susurró. Intentó nuevamente zafarse de mi agarre, pero le sería imposible.
Mi diálogo no se hizo esperar. Mientras le pedía perdón por todo lo que había hecho, él negaba con su cabeza, no quería llorar, debía ser fuerte. Le seguía explicando que todos cometíamos errores, y que todos merecían el perdón por muy mala que fuese la acción, él no respondía.
Ahora me adentraría en los sentimientos.
—Mi "te quiero" no fue en vano…—susurré rodeando su torso con mi brazos, atrayéndolo hacia mí.
Lo sentí tensarse, y tratar de huir nuevamente de mi agarre. Soplé con mis labios en su cuello, viendo como su piel se erizaba. Acerqué mis labios a su cuello y comencé a rozarlo levemente.
—Sé que no fue en vano, pero, ¿podré confiar en ti nuevamente? —susurró con la voz cortada.
Lo volteé para quedar frente a frente, sus ojos estaban surcados en lágrimas. Lo atraje hacia mí en un abrazo, y comencé a acariciar sus cabellos. Le pedía que confiara en mí nuevamente, que haría lo posible para ganarme su confianza.
Tomé su barbilla y le hice mirarme a los ojos, quería que viera que podíamos reiniciar todo, que si él me aceptaba nuevamente, podríamos comenzar de cero, que todo cambiaría, que yo cambiaría, después de todo aquí él problema era yo.
Las distancias se acortaron, y nuestros labios se juntaron como la primera vez, la timidez y la torpeza se hicieron presentes. Su sabor seguía tan dulce como siempre, sus labios eran como almohadas, donde mi boca quería descansar por siempre.
Sus brazos rodearon mi cuello, y su diestra se aferró en mi nuca profundizando el beso. Lentamente lo empujé contra la pared, nuestras bocas no se despegaban.
El ambiente de sala se estaba intensificando, las manos de Kikwang lentamente bajaron hasta mi camisa, en donde la metió debajo y comenzó a acariciar mi torso.
Mi celular comenzó a sonar y nos separamos rápidamente. Ambos respirábamos con dificultad.
—¿Diga? —respondí cuando mi respiración volvió a su normalidad. Miré en dirección a Kikwang, y estaba un poco sonrojado y parecía estar hablando solo. Sonreí ante eso.
El momento de partir había llegado, mi amigo los había distraído pero se habían dado cuenta.
Colgué el teléfono.
—Es hora de partir —le dije, provocando que él me mirara. Me acerqué lentamente hacia Kikwang, rodeando su cintura con mis brazos. Besé su mejilla antes de hablarle al oído.
— ¿Confías en mí? —le pregunté, pareció dudarlo un momento, pero asintió. Mi corazón latió con fuerza ante ese gesto. Le sonreí a pesar de que no lo notó.
Tomé su mano, y lo encaminé hasta la salida. Me devolví a buscar sus cosas, tomé sus bolsos y los míos, suspiré antes de marchar.
Al llegar a la entrada, saqué la llave en mi bolsillo, y cerré la puerta de mi casa, quizás era la última que la vería.
Kikwang tomó sus bolsos, y caminó hacia mi auto, di una última mirada a mi hogar y seguí el mismo camino.
Al encender el auto, sentí una extraña sensación, no sabía explicarla con palabras. Al partir, Kikwang se recostó en mi hombro, y cerró sus ojos. Sonreí.
El camino era largo, aún no sabía con exactitud dónde iríamos, pero tarde o temprano tendríamos que detenernos en algún sitio.
Habían pasado cuatro horas desde nuestro viaje, y estaba agotado. Necesitábamos detenernos para descansar, pero no había nada.
Después de manejar por otras dos horas, encontramos un hostal donde alojarnos, no era algo de lujo pero nos serviría para descansar, me bajé yo a registrarnos, mientras Kikwang dormía en el auto.
Ya estábamos registrados, con nuestros nuevos nombres. Caminé hasta el auto, para bajar a Kikwang.
—Hola —habló adormiladamente. Me reí, se veía tierno. Estiré mi mano en su dirección, y le ayudé a bajarse.
Ya con nuestros bolsos en mano, entramos a la habitación. Era una cama matrimonial, sonreí al recordar la primera vez que dormimos juntos, y luego la sonrisa se borro al recordar también que había hecho esa noche.
—Espero que no te moleste dormir conmigo…—comenté al sacarme mi camisa. Él se sonrojo al verme, y alcé una ceja, pero hizo un gesto con su mano restándole importancia.
—Esto es como un deja vú —susurró mirando fijamente el suelo. Me acerqué y lo atraje a hacia mi cuerpo, besé su cuello antes de hablar.
—Prometo que nada va a pasar —le vi sonreír —.Nada que tu no quieras que pase…—susurré en su oído, su piel se erizó.
Lo tomé de los brazos y volteé hacia mí. Comencé a desabrochar su camisa, una vez lista la tiré lejos, tomé su mano y llevé a la cama.
Me posicioné sobre él, y empecé a besarlo mientras acariciaba su cuerpo. Pequeños gemidos escapaban de su boca, sus labios mordían los míos, mis manos bajaron hasta su pantalón, pero sorpresivamente agarró mis muñecas y me empujó a un lado de la cama.
"Creo que alguien quiere dominar…" pensé cuando él se subió en mis caderas, besó mis labios y dijo:
—Nada que yo no quiera…—me guiñó un ojo —, y lo que quiero es dormir.
Me sentí frustrado, se rió al ver mi expresión, besó mi mejilla y acomodó su cabeza en mi pecho antes de quedarse completamente dormido.
La noche pasó rápidamente. Al despertarme en la mañana, sentía que alguien me observaba. Abrí mis ojos, adaptándome a la luz matinal, y lo vi con su mirada puesta en mí.
—Buen día —hablé con voz ronca y rasposa. No me gustaba mucho mi voz al amanecer, me hacia sentir como un mafioso.
Kikwang empezó a hablar y hablar sin parar. Lo único que le entendía era algo de que quería que nos divirtiéramos, y todo eso.
Hice una mueca antes de arruinar sus planes.
—Estas no son vacaciones —dije con firmeza. Su expresión fue de sorpresa, e hizo un puchero.
Antes de que comenzara a alegar, le expliqué que nos estábamos escapando, y que cuando la situación se regularizara, podríamos tener las mejores vacaciones del mundo, iríamos donde él quisiera, y cuando tiempo quisiera, pero ahora no podríamos.
Él asintió con al de pena, pero entendió. A pesar de que él era mayor que yo, a veces parecía lo contrario.
Era mediodía cuando partimos buscando un lugar donde quedarnos, él dinero no escaseaba, así que por mientras viviríamos de hostal en hostal. No me gustaba tener que hacerle esto a Kikwang, pero su seguridad era lo primordial para mí.
Habían pasado dos horas, y noté que un auto rojo nos seguía.
Mierda, nos habían descubierto. Desperté a Kikwang, le expliqué que estaba sucediendo, se asustó pero tuve que calmarlo de una u otra forma. Me pasó la pistola que estaba en la guantera, y la cargué en caso de emergencia. Pisé el acelerador a fondo, estábamos llegando a un pequeño pueblo, estos tipos no se detendrían.
El auto rojo nos estaba alcanzando rápidamente. Me comencé a alterar.
Kikwang mordía su labio con nerviosismo y miraba a cada momento hacia atrás.
—¡Deja de mirar! —le grité nervioso. Su expresión de terror, me hizo sentir como un animal.
—Perdón, tengo miedo —le dije y sólo asintió. El auto ya estaba a pocos metros de nosotros y el conductor sacó la mano fuera del auto, y comenzó a disparar.
—¡Agáchate! —le grité a Kikwang, él me obedeció e imité al otro conductor. Le di en el hombro, y su auto perdió el control, pero volvieron a recuperarlo.
Aparqué a metros de la entrada a ese pueblo. Era ahora, no habría nadie para ayudarnos, pero no seguiría poniendo en peligro su vida. Miré a Kikwang antes de bajarme del auto.
—Saca la otra pistola, ya está cargada, solo dispara en caso que sea necesario, ¿vale? —él asintió con miedo.
Me escondí tras el auto, y en cuanto se bajaron le disparé al copiloto. Eran dos hombres. Mi bala le llegó en su brazo derecho, y gritó un millón de groserías hacia mi persona, no le di importancia.
—¡Vamos mariquita, entrégate! —gritó el sujeto que venía manejando, su hombro estaba cubierto de sangre.
Se acercaron a mí, no pude escapar. Uno me sujetó los brazos y el otro comenzó a golpearme, mientras no vieran a Kikwang todo estaba perfecto.
Los puñetazos y patadas los recibía rogando que no le vieran, fue entonces que me tiraron al suelo, no podía moverme por el dolor.
—Mira, mira —dijo uno de los sujeto acercándose al auto. Abrió la puerta y lanzó a Kikwang fuera de este.
Tomó su rostro, y lo inspeccionó. Mi sangre hervía. Uno de los sujetos lo pateó en el estomago provocando que él se cayera, haciéndose más daño. Uno de ellos siguió pateando, fue entonces que vomitó sangre.
—Déjenlo —susurré —, déjenlo y mátenme a mí —pero no me oyeron y siguieron pateándolo sin pena.
Tomé mi pistola, los sujetos estaban distraídos, apunte a la cabeza de uno de ellos, y jale del gatillo.
Bingo. Su cuerpo cayó al suelo, y la tierra se manchó roja. Él otro sujeto volteó y caminó hacia mi con rabia. Me jaló de la camisa, haciendo que me levantase. Sus ojos inyectados en sangre me miraban con asco. Tomó su arma y todo pasó muy rápido.
Su arma apuntaba en dirección a Kikwang, apretó el gatillo y el disparo no se hizo esperar. La camisa de Kikwang se tiñó de rojo, y su cuerpo comenzó a temblar. Tomé al imbécil y comencé a golpearlo con todas mis fuerza, saqué su pistola y con el mango de esta partí su cabeza a golpes. Le prendí fuego al cuerpo, corrí hacia Kikwang, tomé su rostro, sus ojos estaban perdidos, besé sus labios. Y lloré, grité y maldije al cielo.
—Quédate, quédate —su cuerpo dejaba de temblar poco a poco, no podía dejarle morir, comencé a mover su cuerpo —. ¡Por la mierda, no te vayas! —grité al borde del colapso.
—Quédate…—susurré cuando su cuerpo dejó de moverse.
.
.
;_; lloré weón y qué weá. xDDD Ya, nos vemos en el epilogo D: EXIJO EXIJO EXIJO RR por este capítulo. Gracias por leer, y comentar. Las amo.
LD.
