Debo advertir que sentí un poco cargado este episodio. Creo que podría sentirse mucho para un sólo capítulo, pero a mi parecer así tenía que ser. Es todo, gracias.


Voltron: Dark Universe

Capítulo 9:

"Días Después"

Keith despertó de golpe. No tenía idea de la hora, casi nunca se preocupaba por eso, sólo quería saber cuánto había podido dormir esa noche. Se frotó los ojos y se giró hacia la pared. Se abrazó a sí mismo y cerró los ojos. Había visto a Lance en sueños. Primero lo veía feliz, ahí mismo en el Castillo, charlando con los demás. Pero cuando Keith intentó acercarse el escenario cambió, Lance yacía en el suelo, herido e inmóvil. De pronto creyó escuchar su voz. Minutos después Keith se levantó. No podría volver a conciliar el sueño, así que decidió salir de su habiación. Las luces del Castillo seguían bajas, por lo que seguía siendo "hora de dormir". Keith se dirigió en silencio a la habitación de Lance.

Hunk pidió que se le hiciera una especie de altar. Quería que hubiera un espacio en el Castillo en honor a Lance, para recordarlo. Ese lugar fue su habitación. Pidge y Hunk buscaron por horas en los escombros de Orion Prime, la base quedó completamente destruida y había un enorme agujero en el suelo, pero no encontraron nada. No hubo cuerpo, ni siquiera su armadura apareció, por lo que lo único que quedaba de él era lo que permaneció en el castillo: su ropa, sus cosas, y el León Rojo. Prepararon su vestimenta de siempre: chaqueta, su camisa, pantalones y sus zapatos, todo limpio y doblado a la perfección. Esto se dejó sobre la cama, junto a su reproductor de música y demás pertenencias. También un holograma; era la última fotografía que se había tomado, en ella estaba con Pidge y Hunk haciendo caras graciosas.

Cuando Keith llegó se encontró con Pidge, sentada con las piernas cruzadas en el suelo viendo la fotografía, y a Hunk, recostado sobre su estómago junto a ella. Ninguno se sorprendió.

—¿Tampoco puedes dormir? —le preguntó ella.

Keith asintió, entró y se sentó junto a ella. Los tres miraron la fotografía. Por varios minutos no hubo sonido alguno, hasta que Hunk comenzó a sollozar —Lo siento —dijo tratando de controlarse —lo siento, es que… aún lo extraño.

—Está bien Hunk —dijo Pidge con pesar —no eres el único.

En eso la puerta volvió a abrirse.

—Saben que deberíamos dormir, ¿verdad? —dijo Shiro.

—¿Quieres unirte? —dijo la chica. Shiro entró y se sentó junto a Keith. Shiro sabía que por más que extrañaran a Lance, seguían siendo los Paladines de Voltron, y debían estar preparados para lo que fuera. Tenían que descansar, pero esta vez, ni él estaba dispuesto. Él se sentía igual que ellos.

De pronto Hunk comenzó a reírse, y los sorprendió a todos.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Pidge.

Hunk, aún con lágrimas en los ojos, la miró divertido —¿No te das cuenta? Nosotros cuatro, en piyamas, pasando de la hora de dormir. Es una piyamada —ante las miradas expectantes de sus compañeros continuó —no es nada. Simplemente pensé en qué a Lance le habría encantado tener una piyamada.

Tras un rato en silencio, el pensamiento llegó hasta Pidge, que sonrió —¿Crees que habría querido que jugáramos "Verdad o Reto"?

—No —dijo Hunk —bueno, tal vez. Es más probable una guerra de almohadas.

—Tal vez las escondidas.

—Me gusta, pero tal vez se hubiera perdido en el Castillo a oscuras.

Shiro formó parte de la conversación —Sonará ridículo, pero creo que habría querido enseñarnos cómo cuidar de nuestra piel.

—¡Seguramente! Con esas cremas y esencias raras. —dijo Hunk alegre.

Por un largo rato, se la pasaron pensando en las posibilidades de haber preparado una piyamada con Lance, en lugar de llorar por su ausencia. Lo que hubieran hecho, lo que habrían dicho. Hasta que poco a poco el sueño los fue venciendo a todos, excepto a Keith. Él seguía despierto, viendo las cosas de Lance, porque en su mente no dejaba de imaginar lo que él habría sufrido en sus últimos momentos. Keith recordaba su voz cuando lo último que le dijo fue —Tengo miedo — y Keith sabía, o pensaba, que su muerte había sido culpa suya. Como Líder, y como amigo, le había fallado.

Sin darse cuenta, se quedó dormido por fin.

Al día siguiente tampoco hubo actividad Galra, ni noticias de la Espada de Marmora. Parecía que el Universo entero sabía de la pérdida, y eso le permitía descansar a los Paladines. Pero Keith sabía que esto no debía ser. Nadie en el Universo podía saber que faltaba un Paladín de Voltron otra vez, si el rumor llegaba a oídos Galra, estos no tardarían en atacar. No importa la culpa que sintiera, ni el dolor que les había causado el suceso, no podían bajar la guardia.

Cuando se reunieron para comer, Keith rompió el silencio que reinaba, al revelar lo que había estado pensando.

—Oigan —todas las miradas se posaron en él —he estado pensando en algo. Creo que… —sabía lo que sucedería al decirlo, pero no tenían opción —creo que ya debemos buscar Paladín para el León Rojo.

Todos lo miraron sorprendidos, y como Keith esperaba, la respuesta no fue del todo bien recibida.

—¡Qué! —le gritó Pidge —¿Estás hablando en serio?

—Sí —respondió él firmemente —muy en serio.

—¡No! —dijo también la princesa —Quiero decir, aún no podemos.

—Allura, tú mejor que nadie sabe que no podemos bajar la guardia. Necesitamos a Voltron, y no podemos formarlo si nos falta un Paladín.

—¿Es lo único que te importa verdad? —le reclamó Pidge. Ella era la más alterada —Tú sólo quieres ser el héroe, ¿no es así? ¡Apenas han pasado cuatro días desde que Lance murió!

—¡Sí! ¡Cuatro días en los que podríamos haber encontrado a Lotor, o a Haggar, o cualquier otra cosa! —Pidge guardó silencio. —Pidge, ¿qué hubiéramos hecho?

—Bueno, pues… no lo sé —su voz se quebró, y volvió a llorar. Hunk, sentado junto a ella se acercó y le dio un abraso.

—¿Entonces qué? —preguntó Hunk —Sólo vamos a ir por el Universo diciendo ¿Quieres ser Paladín de Voltron?

—Por supuesto que no. Yo pensé que, podría volver al León Rojo, ya que yo fui su Paladín al principio. Y Shiro podría retomar el control del León Negro. Sé que no es fácil, pero es algo que debemos hacer.

Shiro rompió el silencio —Parece lo más lógico.

A Pidge aún no le agradaba la idea. Le dolía que ya pensaran en reemplazar a Lance, tal como le dolió la desaparición de Shiro tiempo atrás. Pero no objetó más. Guardó silencio y controló el llanto. Hunk sólo asintió. Aunque él también sentía dolor, sabía que era lo correcto.

Coran miró a Allura —Princesa, ¿qué dice usted?

—Yo… —Allura no podía aceptarlo, no aún, y sólo los miraba a todos angustiada —yo no… —de pronto se puso de pie —lo siento, no puedo hablar ahora. Discúlpenme —y se retiró. «Se me acaba el tiempo» pensó mientras se iba.

El estado de ánimo se mantuvo hasta la cena, momento en que Allura volvió a aparecer. No se volvió a mencionar el tema del Paladín para el León Rojo. De hecho, al principio no hablaron de nada. Permanecieron callados por un largo rato. Hasta que a Hunk se le ocurrió una gran idea. Era muy arriesgado, el humor de todos estaba por los suelos, y lo que estaba a punto de hacer podría empeorar las cosas. Pero si no lo intentaba, pensó Hunk, serían conocidos como los Paladines de la Tristeza. Así que él tomó la iniciativa. Hunk pasó su cuchara por la plasta azul de su plato, la tomó como proyectil y apuntó a Shiro, luego a Keith, luego a Coran, ¿quién sería ideal para empezar una pelea de comida? Se decidió por Keith. Hunk usó la cuchara como catapulta, y le lanzó la comida a Keith.

Keith, que estaba perdido en sus pensamientos reaccionó de inmediato cuando un proyectil de comida le dio en el pecho. Miró en alerta a su alrededor, ante las miradas de sorpresa de todos, excepto de Hunk, que desvió la vista y comenzó a silbar. Él era el responsable. Keith no se molestó, afortunadamente, de hecho, le sonrió a Hunk, tomó comida con su cuchara y también la lanzó. Pero su puntería falló, y en realidad le acertó a Pidge. Keith se lamentó de inmediato lo que hizo.

—¿Qué te pasa? —le gritó ella.

—¡Sí! —dijo Hunk, siguiendo el juego —¿Qué te pasa Keith? —y entonces le lanzó otro proyectil de comida, que acertó en su mejilla.

Hunk se burló, y en eso un proyectil le dio en la cabeza. Era Shiro —¡Oye! No le dispares a Keith.

Entonces Shiro recibió un proyectil de Pidge —¡No le dispares a Hunk!

—¡No le dispares a Shiro! —gritó Keith, que intentó otro disparo.

Coran se puso de pie con su plato en las manos —¡Por favor! ¿Qué edad tienen señores?

En eso un proyectil de comida le dio en la cara. Venía de Allura —No la suficiente —dijo ella riendo.

—¡¿Ah, sí?! —Coran tomó cucharadas y comenzó a lanzarlas a todos.

En respuesta, todos se pusieron de pie, y comenzaron a lanzarse comida. Hasta que dejaron las cucharas y sólo tomaron la comida con las manos. Lo hicieron hasta que se acabó la comida, y aun así, juntaron del suelo y las paredes y volvían a lanzarla.

El plan de Hunk había funcionado, logró que todos rieran, y olvidaran por un momento la triste realidad. Cuando terminaron de reír, nadie se lamentó por lo que acababa de pasar, y entre todos limpiaron el comedor. Después de eso se fueron a asear. La noche había terminado bien, la primera de cuatro que habían pasado tristes y lamentándose. Lo que acababa de pasar demostraba que era posible seguir adelante. Pero alguien creía que había otra opción.

Shiro se dirigía a su habitación cuando una voz lo detuvo.

—¿Shiro? —él se giró, y se encontró a la Princesa.

—¿Allura? ¿Qué sucede?

—¿Puedo hablar contigo un momento?

Parecía muy importante —por supuesto.

—Por favor, sígueme.

Allura comenzó a caminar con lentitud, y Shiro caminó junto a ella. De pronto comenzó a hablar.

—A lo largo del Universo, hay muchos seres que admiran el poder de Voltron. Creen que él es sólo una máquina, y que nosotros los Paladines somos los que lo logran todo. Voltron no es una máquina, es un ser único y poderoso, conformado por cinco Leones, igual de poderosos y únicos, cada uno con su propia inteligencia, su propio poder, y su propia mente. Ellos son los que escogen a sus Paladines, y al hacerlo se crea un vínculo inexplicable. Uno tan profundo, que las mentes de Paladín y León se convierten en una. Así comparten sus habilidades, sus destrezas, sus pensamientos y sus sentimientos, uno es capaz de sentir lo mismo que el otro.

—Con todo respeto, Princesa, ¿a qué viene esto?

Seguían caminando, hasta que llegaron al hangar de los Leones. Allura se detuvo en el centro del lugar.

—En nuestra última batalla con Zarkon, cuando te creímos perdido, el León Negro también lo sintió. El León se apagó temporalmente, porque sabía que su Paladín había desaparecido. Y el León se negó a encender nuevamente, hasta que sintió a su nuevo Paladín. A Keith ¿Entiendes a qué me refiero?

—Creo que sí. Ese vínculo que había entre el León Negro y yo se rompió, lo que lo dejó inactivo ¿Por qué me dices esto ahora?

—Porque si tengo la razón, entonces hay algo que no encaja.

—¿Qué cosa?

—Si ese vínculo es tan fuerte, si de verdad los Leones sienten la pérdida de sus Paladines, dime ¿por qué el León Rojo sigue activo?

En eso Shiro volteó a verlo, al parecer no había ido al hangar en esos días, y si lo había hecho, no se dio cuenta de que el escudo del León Rojo estaba activado, lo que significaba que nadie podría entrar, a excepción de su Paladín.

—He venido a verlo desde el primer día, y desde entonces está así. Esperando. Si Lance está… Si Lance ya no está, ¿por qué el León Rojo no se desactiva de la misma manera? No pienso que los cinco Leones reaccionen igual, o que el vínculo sea el mismo, pero al menos esperaría que el León Rojo nos permitiera escoger un nuevo Paladín. Se está protegiendo a sí mismo. Shiro, lo que estoy a punto de decir es tan probable como improbable, y no es tampoco una certeza, pero lo he pensado lo suficiente…

Shiro creía entender, y temía lo que estaba a punto de escuchar.

—Shiro, creo que Lance sigue vivo… y lo abandonamos.

Shiro miró el León Rojo con angustia.