Esta vez mi musa se ha apiadado de mi y me ha hecho una visita antes de tiempo.

Ese capítulo es algo denso, pero creo que merece la pena. Otro punto de vista que revela bastante, y mucha información para quien se fije. También ahondo en un personaje que creo que sólo nos enseña una cara. Espero que lo encontreis interesante.

Y la acción va a empezar pronto. "Las cosas van a cambiar"


8. Malditos licántropos

Era de noche, con estrellas. A Alice no le gustaba la noche. Era oscura y fría, cruel. Abandonaba a la gente a merced de sus temores, sus peores miedos, o su soledad. La noche revelaba una cara que solía enterrar muy hondo. Le hacía recordar la vida que la que no tenía memoria; se sentía triste por la familia que la abandonó, furiosa por no haber podido evitarlo, insegura por no saber quién era en realidad. Durante el día no le pasaba. Durante el día era más fácil sonreír y ser sólo Alice Cullen. Aunque estuviese nublado.

Sentada en el salón, a oscuras, vigilaba la luna por la ventana. Cuarto creciente. Se volvería más grande y luminosa en las siguientes noches, y se sintió bien por la idea. Odiaba cuando empezaba a menguar, y la noche ganaba terreno.

Balanceando ligeramente los pies, empezó a murmurar para sí una canción que había pasado de moda hacia mucho, lamentando que los gustos musicales de hoy en día hubiesen decaído tanto.

En otras circunstancias, Edward habría puesto música. Tenía una gran variedad, y la mayoría de sus discos le gustaban. Y si no, siempre podía ir y exigirle que pusiese otro. O tal vez estaría abajo, tocando el piano, o hablando con ella para alejarla de las sombras que traía la noche.

Pero Edward no estaba aquí. Se había marchado, y todos sabían que quería estar solo. Además de su rabia y su impotencia, había entrevisto una sombra de desesperación en el fondo de sus ojos dorados. Eso la perturbó más que nada. Cuando Edward perdía el control de la situación se enfadaba y actuaba sin pensar, muy a menudo lamentando las consecuencias. Pero no se desesperaba. Sólo se desespera quien pierde la esperanza.

Todos estaban haciendo lo que podían por cambiar la situación, pero él se esforzaba más que nadie. Para él era mucho más personal que para los demás, algo que todos sabían bien.

Perotras tantos años juntos, Alice lo conocía perfectamente, y sabía lo que pensaba. Y sabía que lo que más le dolía era que todo, tanto tiempo haciendo planes y esperando, se había echado a perder por su culpa. Con un simple fallo de cálculos todo se había estropeado.

Alice compartía esa opinión, aunque se guardase de pensarlo cuando él estaba cerca. Debería haber estado preparado, haberla vigilado mejor. Aplastar cada semilla de duda en su cabeza de humana, y convencerla de que se alejara del licántropo, que sólo le haría daño. Bufó. Pero no, Edward prácticamente la había dejado marchar.

Por otro lado, ninguno de ellos había llegado a imaginar que los licántropos se atreverían a tanto. Los hombres lobo sólo sentían desprecio –y quizá un vago interés- hacia los humanos que juntaban con vampiros, sabiendo lo que eran. No querrían mezclarse con ellos. Y con esa breve entrevista con Bella, la curiosidad decaería por ambas partes. Bella había conocido a un hombre lobo, había visto que son rudos e inestables, y no querría acercarse a ellos; ellos tendrían noticias de ella, sabrían que está perdidamente enamorada de uno de los chupasangres, y no querrían acercarse a ella. Pero él, Jacob Black, había roto todos los esquemas, cambiándolo todo. Para mal.

Por su culpa, todo se había complicado terriblemente. Bella andaba desaparecida con los licántropos, advertida en contra de ellos, y gracias a la genial actuación de Edward las posibilidades de que volviera por propia voluntad con ellos era nula. Si el hombre lobo no se hubiese entrometido, todo habría sido muy diferente.

Faltaba tan poco… ya estaban poniendo la última fase de su plan en marcha, la parte más delicada. La más corta también. Después de eso, ya no habría nada.

Suspiró, cierta tristeza mezclándose en su aliento.

Bella…

Y otra cosa que la incomodaba de forma horrible, aunque nadie se lo hubiese reprochado, es que ella no había hecho nada para evitarlo. ¿Don de la visión? ¿Para qué lo quería? Por una vez que les hubiera ahorrado muchos problemas, por una vez que le sería útil en lugar de ser una carga, y un enorme error le impedía ayudar.

Y de nuevo los hombres lobo, inmunes a su visión. ¿Por qué? Habría visto a Jacob hablar con Bella –era evidente que habían hablado antes de encontrarse con Edward, a solas-, llevársela, o vería que estaba haciendo o qué pretendía hacer. Pero mientras no se alejara de los licántropos era tan invisible como ellos. Bella estaba demasiado implicada en su futuro como para ser visible.

Malditos licántropos. Sólo viven para complicarnos la vida. O la existencia.

Edward, por supuesto, le había asegurado que eso no era en absoluto culpa suya, y que sólo era otro mecanismo de defensa que los hombres lobo poseían. Alice no le había creído, sin embargo. Ella tampoco le había echado en cara un hecho tan irrefutable como que si Bella se había marchado de forma tan irremediable era en parte culpa suya.

Esa última semana había sido especialmente estresante. La mejor forma de traerla de vuelta era el método legal, el que los quileutes no podían rebatir. Charlie estaba desesperado por encontrar a su hija. Había ido a la Push varías veces a buscarla, aunque no la había encontrado. Eso no era una sorpresa. No esperaba que los licántropos la dejaran a la vista.

Charlie había tenido hasta entonces cierta afinidad con los indios de la reserva, e incluso había ido a comer alguna vez con Billy Black, que irónicamente era el padre de aquel desgraciado licántropo. Ahora, sin embargo, había roto cualquier lazo con ellos. No quería saber nada de los presuntos secuestradores de su hija. Una pena. Podría haber aprovechado su amistad con Black para sacar algo de información. Si se hubiese detenido a pensar.

La investigación no avanzaba; tras los interrogatorios necesitaban permisos para seguir investigándoles, y después de todo no había pruebas. Era la palabra de los Cullen contra la de los quileutes. ¿Un odio inexplicable de los indios de la Push hacía la familia del médico? Sospechoso, sí, pero nada concluyente. De momento, la legalidad estaba llegando a sus límites. Habría que buscar una alternativa.

Estaban haciendo todo lo que podían, pero su margen de acción tenía un límite, si no querían llamar la atención. Lo más sencillo –como ya había propuesto Emmett- sería dar por roto el pacto, entrar allí, sacar a Bella, cargarse un par de licántropos de camino y marcharse. Carlisle se había opuesto completamente.

Eso sólo les traería más problemas, a la larga. Sí, ahora mismo les ahorraría quebraderos de cabeza, pero Forks era un buen lugar, siempre nublado. No convenía vivir en un sitio donde licántropos con ira homicida te acosaban. Además, no había nada que les asegurase que ellos saldrían indemnes. Según lo último que sabían, la manada actual era bastante grande.

¿Pero qué más podían hacer? Si hubiese alguna forma de hacer salir a Bella, sin que ellos rompieran el pacto… Por mucho que le doliera a los licántropos, si Bella salía de la Push quedaba fuera de su protección. No había nada que pudiera hacer con ella.

Y desde luego no pensaban matarla

Esto se estaba alargando demasiado. La tensión y la espera hacían que todos se volvieran irritables, dispuestos a saltar a la mínima. Jasper tenía que salir solo continuamente, a dar paseos que le alejaran del mal ambiente de la casa. Alice se sentía mal por él. No era fácil cargar con emociones ajenas, además de las propias.

Casi, casi les había propuesto abandonar. Irse ahora, antes de que las cosas fueran demasiado lejos. Por supuesto, no se había atrevido. Bella estaba demasiado involucrada, dirían. Y lo que callarían, aunque todos lo pensaban, es que no podían dejar que una simple humana torciese todos sus planes.

Oh, Bella. ¿Por qué has tenido que complicarlo todo?

Fuera, en el cielo, la noche oscurecía las estrellas.

-Carlisle, Esme, Alice, Jasper, Rosalie, Emmett –llamó Edward.

Alice se sobresaltó, ocultando su vergüenza por ello. Estaba tan metida en su mundo de lamentos e hipótesis que no le había oído llegar, volando como una sombra arrastrada por el viento. Ella se levantó con un movimiento ágil y fue a su encuentro, al tiempo que Esme aparecía bajando las escaleras.

-Jasper se ha ido a dar una vuelta, y Rosalie y Emmett están cazando –informó su madre-. ¿Qué pasa, cielo? Pareces… animado.

Sí, Alice también lo había notado. Edward sonreía torvamente, sin alegría, pero era más de lo que había hecho en los últimos días. Tampoco su manera de entrar era normal, anunciando su llegada y llamándolos para que acudieran. Alice sintió la emoción crecer en su interior. O había ocurrido algo, o iba a ocurrir. Las cosas iban a cambiar. No necesitaba don de la visión para saberlo.

-¿Qué pasa, Edward? –preguntó Carlisle, reuniéndose con ellos.

-Sé lo que debemos hacer –afirmó Edward.

-¿Debemos esperar a que lleguen Jasper, Emmett y Rosalie? –cuestionó el doctor.

Alice levantó un dedo para indicarles que esperasen y se concentró. Analizó las imágenes que le llegaban, borrosas y al mismo tiempo familiares, antes de alzar la vista para mirarlo.

-Jasper volverá en una media hora; Emmett y Rosalie tardarán casi un día en regresar.

-Los llamaré. Les diré que vuelvan ahora –resolvió Esme-. Edward, por favor. Dinos que has pensando.

Él los observó de uno en uno mientras ponía los pensamientos en orden, un brillo oscuro en sus ojos. Alice supo que había calibrado la idea muchas veces, desde todos los puntos de vista, estudiando sus posibles consecuencias, antes de decidirse a proponérsela. No estaba dispuesto a cometer otro error: tenía que estar seguro de que esto iba a funcionar.

Las cosas iban a cambiar pronto.

Tú eres tan culpable como nosotros, Bella. Si no hubieses escuchado las palabras del hombre lobo, nada de esto habría pasado.

Edward respiró hondo y empezó a hablar.