Disclaimer: los personajes son únicamente de Stephenie Meyer, yo solo creo historias sin ánimos de lucro para mi disfrute y de aquel que quiera leerlas.

PEQUEÑA MENTIROSA

CAPITULO VIII

Mis pies dolían, la cabeza me estaba zumbando y la paciencia me había abandonado desde hacía varios días sin haber dejado ningún aviso de "vuelvo pronto"; la frustración había pasado a ser parte de mí día a día y nada iba a hacerla desaparecer. Ó bueno, realmente si había una salida y esa era que Tanya finalmente se decidiera una casa. ¡Era una casa! ¿Qué tal difícil podía ser? No la entendía, cuando nos mudamos a Phoenix ella básicamente había escogido la primera casa de dos cuartos con baños incorporados que había visto; basándome en aquella experiencia había pensado que esta vez la elección sería tan sencilla pero vaya que me había equivocado.

Las nueva ínfulas de señora de sociedad que se habían apoderado de mi madre no le permitían escoger cualquier casa, oh no ¿cómo la muy decente señora Cullen podría vivir en cualquier "cuchitril"?

Si mi madre había cambiado por estar con Edward, ahora al llevar ese nuevo apellido el cambio había sido aún más drástico. Mucho tenía que ver con las nuevas tarjetas de crédito que ahora podía manejar. Su vestuario antes un poco vulgar ahora había sido renovado por sedas, cardigans, faldas talle alto y collares de perla; aunque la ropa seguía siendo igual de ajustada resaltando sus cuervas y los escotes más bajos de los que yo me atrevería a usar pero se veía bien, no creo que alguien de verdadera cuna de oro creería que había sido siempre así pero igual me gustaba.

Aunque no sabría si a Edward también le gustaba, un día sin querer había escuchado una conversación donde él le preguntaba el por qué del cambio y cuando mi madre respondió que debía ser digna de él, lo escuche bufar y alegar que se había enamorado de ella por cómo era y no para que se convirtiera en un prototipo de esposa. No quise seguir escuchando sus asuntos por lo que me aleje.

Pero Edward sin duda había logrado ganarse mi simpatía, si de por si antes mi relación con él estaba mejorando debía decir que ahora hasta me podría atrever a decir que le tenía aprecio. Y no solo por lo atento que podía llegar a ser con mi madre, sino conmigo.

Era muy atento, estaba siempre pendiente de que desayunara antes de clases, a qué hora salía y muchas veces se había ofrecido a buscarme pero yo siempre me negaba, me preguntaba cómo iba mi día y muchos otros detalles que habían cambiado mi concepto de él.

Aunque aún tenía la espinita de que se había "enamorado" de mi madre como al mes de conocerla, o cuando él alegaba haberla conocido pero por la forma en que la trataba comenzaba a creer que me dolería el día que ese matrimonio se acabara.

Aunque honestamente la parte de mí que le había dado fecha de caducidad a ese matrimonio poco a poco iba desapareciendo. Esa era la Bella que era antes, aquella chica desesperanzada, que creía que el amor era una falacia inventada por almas vacías que inventaban eso para llenar sus inconformidades personales. Esta nueva etapa de mi vida me hacía pensar que tal vez si existía el amor, había personas a las que si ayudaba y tal vez era algo bueno.

Con eso no quería decir que yo estaba anhelando encontrar a mi príncipe azul ni mucho menos. ¡Un cambio nunca puede ser tan radical! Pero al menos me alegraba de que Tanya lo encontrara y que Edward a su manera también encontró a su princesa, aunque esta distara mucho de las imágenes de Disney.

-¿estas cansada?- la voz ronca a mi lado me regreso a la realidad. Voltee a mi izquierda para encontrarme a Edward con la misma mueca que seguro adornaba mi cara. Nos habíamos hecho aliados en esta lucha de encontrar casa, siempre uno de los dos rescataba al otro de la poseída obsesionada busca casa perfecta.

-la palabra cansada no define lo mucho que deseo mi cama ahora mismo- respondí encogiendo mi pie derecho intentando darle un descanso de lo mucho que el pobrecito había soportado.

-intentare convencer a tu madre de que esta sea la última que veamos- propuso con esa sonrisa pícara que siempre me hacía sonreírle de vuelta.

-no creo en ese "intentare", además hoy parece un conejito de energizer con exceso de azúcar en su sistema, teniendo sexo… en disneylandia- después de mi comentario solo se escuchaba la gigante carcajada que soltó, echando la cabeza para atrás y todo- ¡es verdad! No entiendo cómo puede estar tan animada sin ningún tipo de droga en su sistema.

-yo tampoco lo entiendo- respondió al calmar sus risas- pero así es ella, llena de vida y feliz- añadió con una sonrisa de tonto enamorado que solo pude responder con una mueca.

-Amor- dijo Tanya saliendo de la casa hasta al porche donde nos encontrábamos nosotros- solo nos queda una casa por ver hoy, sin duda esta empresa de bienes raíces está llena de incompetentes. O sea solo vimos ocho casas hoy.

-Cielo, yo creo que ocho son más que suficientes además que todas eran muy buenas casas.

-si hubieran sido buenas casas tal vez, pero las que nos mostró estaban horribles.

-yo no les diría horribles- agregue a la conversación porque realmente todas eran muy lindas y más grande de lo que necesitaríamos tres personas. De hecho yo ni siquiera entendía el por qué de la mudanza si nuestra pequeña casa bastaba pero Edward decía que era para recomenzar nuestra familia y Tanya pues… supongo que solo quería mudarse a una zona de elite.

-Bueno cariño, ¿Qué puedes saber tú de buen gusto en cuanto a casas?- con el tono intento disimular lo desagradable del comentario y de paso acaricio mi cabello, aunque más bien pareció que intento peinarlo.

-Tanya, cada quien tiene sus gustos, a mí las anteriores también me parecieron muy buenas casas- respondió Edward evidenciando en el tono que no le gusto el comentario y yo solo pude sonreírle agradecida.

Mi madre de vez en cuando salía con comentarios desagradables, pero eran muy leves; supongo que aún quedaban unos pocos resquicios de la mala madre que fue durante 16 años y era difícil dejarlo ir del todo. Yo le entendía y como de paso estaba acostumbrada, no me molestaban para nada. Incluso daba un poco de risa como se incomodaba toda cuando le sucedía y luego besaba a Edward intentando distraerlo.

Justo como estaba haciendo ahora.

Afortunadamente en ese momento salió la chica de la empresa anunciando que mejor emprendíamos camino porque la otra casa quedaba a cierta distancia y ya eran las 5pm y pronto comenzaría a oscurecer.

Edward y yo nos apresuramos a ir hacia el carro porque deseábamos fuertemente regresar a casa y descansar nuestros pies. Y a penas Tanya ingreso al auto arrancó a una velocidad vertiginosa para llegar a una zona un tanto alejada donde resaltaba la opulencia. Las casas estaban razonablemente separadas las unas de las otras y nosotros nos dirigimos a la que era al menos la menos llamativa de todas pero aún era hermosa, su fachada era británica y de tres pisos.

-vaya es hermosa- comento Edward mirando un tanto fascinado la fachada- me recuerda a la casa de mi infancia.

En ese momento recordé que él es nativo de Londres pero tiene ya como 8años viviendo aquí perdió su acento; quisiera saber más de él y el motivo por el cual dejo ese hermoso país por venir para acá pero nuestra relación no es muy cercana como para preguntarle.

-es linda- contestó Tanya no tan animada aunque mirando las casas alrededor fascinada- será cuestión de ver el interior.

Pero al ver el interior todo tan solo mejoro. Los pisos eran de madera, las paredes color crema y una decoración minimalista esplendida; la cocina era grande pero hermosa. En el primer piso estaban las áreas comunes como la sala, cocina, baños de visitas; en el segundo la habitación principal, un estudio y un cuarto de huéspedes. Y finalmente en el último dos grandes habitaciones. Era una casa ostentosa pero maravillosa y en cierto modo… sencilla.

-me encanta- dijo Edward y en ese momento supe que esta seria nuestra nueva casa.

-a mí me gusta pero no sé, creo que podríamos algo más… llamativo- respondió Tanya y sin pensar en más nada camino hacia la salida seguramente para buscar a la chica de bienes raíces y decirle que esta no seria. Yo suspire y la seguí resignada a continuar con esta agotadora búsqueda.

-Tanya, he dicho que a mí me gusta- hablo Edward con un tono que interrumpió tanto mis pasos como los de mi madre. Vi como ella se volteó dispuesta a replicar pero al voltear ambas a ver a Edward tuvimos que contener la respiración.

Era como si de pronto un aura oscura y atrapante hubiera envuelto a Edward. Estaba parado con un porte digno de un caballero ingles del siglo XIX y una mirada tan decidida que no admitía replicas. Ese era Edward ejerciendo un poder que desconocía poseía; en ese momento era el amo del control y él único que tomaba las decisiones sin importar nuestra opinión.

Intimidaba pero al mismo tiempo te atrapaba. En ese momento desee poder acercarme a él y permitir que tomara todas las decisiones de mi vida porque confiaría mi vida en que no tomaría los malos caminos.

Era tan atrayente que no deseaba quitarle la mirada de encima, pero los movimientos de pez que hacia la boca de mi madre buscando palabras eran muy graciosos como para perdérselos. Edward la miraba con esos ojos oscurecidos sin ninguna expresión en su rostro, y de alguna manera lograba hacerla parecer insignificante. En un momento volteo esos ojos hacia mí y vio directamente en mis, seguramente, embelesados ojos.

-¿A ti te gusta la casa, Bella?- pregunto suavizando muy pero muy poco su tono de voz. En cambio mi voz se suavizo tanto que estaba segura que ni lograría ser escuchada; con sus ojos me había plantado en el suelo, se había llevado mi mente lejos y solo pude seguir observándolo y asentir muy ligeramente. Y la sonrisa que me dio como respuesta solo me atrapo más; porque no era la común sonrisa pícara que me dedicaba ocasionalmente. Oh no, esta era una sonrisa llena de muchas cosas; tenia picardía, pero tenía algo de burla, así como también un pequeño resquicio de maldad pero sobretodo era una sonrisa que de alguna manera te hacía pensar que él era el puto amo del universo- excelente- añadió con un tono de voz muy diferente y esta vez sonrió genuinamente como la hacía siempre- hablare con Sandra para firmar lo más pronto posible y poder mudarnos.

Y con paso seguro se alejó dejándonos aun paralizadas.

-Bueno…- dijo Tanya como despertando del extraño momento- seguro que con una buena decoración será la casa que nos merecemos- sonrió intentando alejar la perturbación de su rostro y siguió el camino que hizo Edward.

Pero yo me quede allí preguntándome cuántas facetas desconocía de Edward y si algún día las conocería a todas o si volvería a ver al hombre en que se acababa de convertir porque honestamente era demasiado envolvente.

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Solté un largo suspiro cuando el último libro estuvo en su lugar. Había pasado tan solo una semana desde que encontramos la casa y ya estábamos totalmente mudados; me había sorprendido la velocidad con la que se dio todo pero estaba satisfecha de ya poder estar tranquila en este nuevo lugar que me tenía más emocionada de lo que había pensado.

Esta zona era mucho más tranquila que donde vivíamos antes y a pesar de que me tenía un poco preocupada la distancia hasta mi escuela pero estaba segura que resolvería.

Unos toques en la puerta me interrumpieron y poco después entro Edward por la puerta.

-¿interrumpo?- pregunto con la sonrisa amable que siempre tenía en el rostro.

-no, para nada, acabo de terminar de arreglar todo- respondí mientras me sentaba al lado de él en un sofá que había colocado cerca de un gran ventanal que tenía en el cuarto.

-excelente porque quería hablar de algo contigo- se quedó callado y yo solo asentí instándolo a continuar- sé que esta nueva casa queda bastante distanciada de tu escuela y realmente me siento mal por haber cambiado tan radicalmente tu vida sin un poco de anestesia, por lo que he estado hablando con tu mamá. Ella propuso cambiarte de instituto –abrí la boca inmediatamente para protestar pero él con un gesto de mano me hizo callar- le dije que no porque me imagine que tú no querrías alejarte de tus amigos por lo que se me ocurrió una mejor idea.

-¿Y esa seria?- pregunte cuando él se quedó callado, seguramente intentando darle emoción al asunto.

-sencillo, te regalare un carro- y la sonrisa en su cara era enorme.

-¡¿Qué?!- ambos nos exaltamos un poco ante mi fuerte exclamación pero yo seguí hablando- oh no, Edward, nunca aceptaría eso de parte es demasiado. Ya has comprado esta casa, has sido muy amable y te lo agradezco pero un auto es demasiado.

-Bella, claro que no. Yo quiero hacerlo, por acá los buses son un poco escasos y no me gustaría pensar que cuando yo no pueda llevarte estarás esperando en la calle o caminaras. No señor.

-pues no lo aceptare, Edward, discúlpame pero es demasiado- ambos nos retamos con las miradas. El desafiándome a que me negara y yo desafiándolo a qué se atreviera a llegar con un juguete así para mí.

Pero por un momento ese simple desafío se convirtió en algo más que no podría definir; porque el aura oscura que había envuelto a Edward el otro día estaba volviendo, podía ver como sus ojos se iban oscureciendo y se llenaban de esa intensidad misteriosa; mis ansias crecían deseando verle otra vez así pero él sacudió la cabeza y volvió a ser él mismo de siempre.

-eres una chica muy terca, ¿no?- dijo sonriéndome.

-ni te imaginas.

-Bella… tu madre me hablo de que ambas no han tenido la vida más fácil del mundo al estar solo por lo que yo solo quiero que sepa, bueno, ambas sepan que ya no será así. Ahora me tienen a mí, pequeña, y nada me cuesta facilitarles la vida- acaricio mi mejilla con una suavidad que me hizo creer por un momento que me quería y fue tierno, así fuera mentira.

-gracias Edward- le respondí alejándome de su toque incomoda porque ningún hombre aparte de mi padre me había tocado así antes- pero si me las he apañado sola tantos años, aún lo podre hacer.

-okey- respondió con un suspiro- pero no te libraras de que te lleve todas las mañanas y te busque cuando pueda. Además te enseñare a manejar para que puedas tomar mi auto cuando sea necesario. Y no aceptare replica- agrego cuando quise protestar- y ya, vamos abajo que tu madre cocinó.

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-perdóname, perdóname Edward, no lo puedo creer, perdóname- repetía sin cesar desde el asiento de copiloto realmente arrepentida y totalmente sonrojada.

-Bella, ya te he dicho que te tranquilices, es algo que le podría pasar a cualquiera- respondió con una calma que me trastornaba. ¿Cómo podría estar tan tranquilo si acababa de chocar su muy lindo volvo?

-¡te choque el carro! Eso no le pasa a cualquiera, fui ¡YO!- más nunca tocaría un carro. ¡Nunca! O al menos no hasta que yo misma me comprara uno y no me importara chocarlo, pero nunca tocaría un auto ajeno.

-Bella, en serio necesitas tranquilizarte. Todo el mundo ha pasado por eso, más bien lo habías hecho sorprendentemente bien hasta ahora. Siempre es difícil aprender a estacionarse entre dos carros, y además no chocaste, fue un simple rayoncito que el seguro quitara mañana. Y ya; si me vuelves a pedir disculpas te bajo del carro. ¿Okay?- cuando no respondí me volteo a ver retándome a retarlo por lo que solo asentí pero aún muy apenada- Ahora coméntame algo, ¿te diste cuenta a qué hora se fue tu mamá esta mañana?

Oh oh, momento incomodo detectado. Edward y mamá iban a cumplir tres meses de casados y Tanya ya poco a poco había comenzado a dedicarse extrañamente más a su trabajo. Al comienzo había sido muy disimulado, solo llegaba un poco más tarde al trabajo pero ahora básicamente tenía que suplir amigas en todos los turnos, tantos los de la mañana como los de las noches. Y Tanya nunca había sido tan amable.

Ella estaba segura de qué era lo que estaba pasando y no podía negar que estaba odiándola porque Edward no se merecía eso, y era obvio que él ya estaba comenzando a dudar de la fidelidad de su mujer. O bueno, al menos eso parecía.

-Creo que eran como las 7am, cuando la vi salir con su uniforme lista para ir a trabajar- no era mentira, sí le había visto pero el énfasis con que se lo decía era para que despejara las dudas, razonables, hacia su madre. Ni siquiera sabía por qué lo hacía.

-sí, a ella le tocaba trabajar hoy en la mañana pero como hizo el turno de la tarde y llego a las 11 pensé que tendría el día libre- ambos nos quedamos callados y sin duda era el momento más incómodo de la historia que fue salvado por el sonido de su celular- es tu madre- me dijo con una sonrisa y contesto sin preocuparse por poner el manos libres.

-hola cielo. ¿Cómo que tienes que trabajar el turno de la noche? ¿Llegaras en la madrugada? Por tantos turnos que has cubierto en estas dos últimas semanas parecerá que tú eres la única enfermera del establecimiento. Sí. Aja. Hablamos cuando puedas estar más de dos horas seguidas en casa.

Colgó y el ambiente se hizo aún más incómodo, y no pensé que fuera posible.

-tu madre tendrá que trabajar dos turnos más hoy y no sabe a qué hora llegara- me dijo con un tono de voz agresivo que me hizo tragar grueso. Para calmar el ambiente intente poner música pero él tomo la misma decisión y nuestras manos chocaron en el botón de encendido del reproductor y el salto que di nos hizo reír a ambos relajando inmediatamente el ambiente. Por fortuna- ¿Qué te parece si te invito a comer pizza?- pregunto con una sonrisa encantadora post risa.

-¿Por qué no mejor las cocinamos en casa? Tengo ganas de cocinar y es fácil- respondí recordando como últimamente cocinaba Tanya o cuando no estaba Edward resolvía comprando comida en la calle. Básicamente tenía los tres meses de matrimonio de ellos sin acercarme a la cocina.

-hmm está bien, pero corres el riesgo de que no me gusten y te recuerde eternamente que no eres una buena chef- me dijo con una picardía retadora.

-estoy dispuesta a asumirlo- respondí y los dos sonreímos con la complicidad que poco a poco estábamos desarrollando.

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Hola acá estoy de nuevo sin duda demasiado tiempo después, disculpándome hasta morir y solo diciendo que las crisis creativas y existenciales son duras.

Espero les guste, vemos que estos dos han dando pasos agigantados en su relación. La escena del choque es real, me paso a mí, bueno yo reaccione igual de mal que Bella en mi primer choque jaja.

Las quiero.