9.- Las cosas no son como parecen
Las cosas nunca son como parecen, me dijo Gintoki al quinto día, mientras le servía cereales de desayuno. Estábamos hablando de un manga de la jump que, según él, era muy imprevisible, por lo que siempre que creías que era de una manera, no lo era. Gintoki hablaba animado de ello. No le había vuelto a preguntar nada en todo lo que llevaba de estancia en mi cuarto, pero con un poco de helado, leche de fresa y dango fue revitalizándose (tenía que darle gelatina con suplementos alimenticios, porque de lo contrario, se hubiera desnutrido). Seguía sin ser el mismo imbécil de siempre, pero la mirada melancólica era cada vez más esporádica. Entonces, fue decidí preguntárselo de nuevo: —¿A dónde te fuiste, yorozuya?
—Bueno, por ahí, ¿por qué el interés?
—Porque llegaste como perro callejero. Kondou-san y Sougo me preguntan por ti. Incluso Yamazaki. Sé un poco más sincero conmigo. Soy un hombre como tú, voy a comprenderlo.
Se puso leche de fresa en el cereal y comenzó a comer, luego deteniéndose a que se humedeciera todo, porque a Gintoki le gustaba más el cereal aguado que firme. Esperé un momento mientras me inspeccionaba con su mirada aburrida.
—Me fui con Sakamoto unos días, al espacio, ya sabes. Me comentó que podíamos darnos un viaje largo, pero también me ofreció drogas, era un viaje dentro de otro viaje, ¿entiendes? —Se rió como tarado, cosa que me animó un poco, pero luego volvió a palidecer—. Entonces me encontré con Kamui, el hermano de Kagura. Estaba con Takasugi, estaban, más bien, están tramando algo. Pero yo siempre les he incomodado, ¿sabes? Y me peleé con algunos, maté a algunos pero al final, no nos enfrentamos. Regresé con Sakamoto y me dijo que me relajara y nos drogamos un poco más —sonrió como cuando acabábamos de acostarnos y luego se metió el cereal a la boca, cuando acabó de masticar, se quedó serio—. No quiero ser la puta adicta a las drogas, pero el sake dejó de ser suficiente…
—¿Y por qué diablos te fuiste en un principio? —No sabía si sentir un poco de remordimiento por creer que estaba haciendo gilipolleces con chicas o chicos, o reñirle por ir a hacer el imbécil hasta en el espacio.
—Porque… Me propusiste eso de quedarme contigo, ¿verdad? Entonces no sé, o sea, sí sé. Desde hace algún tiempo que yo… Umh, o sea, no mucho tiempo pero… yo sé que… O más bien acepté que… Mira, tuve miedo.
—No te voy a hacer nada. Vienes machacado de quién-sabe-dónde porque tenías miedo. Si te quedas, si te hubieras quedado, las cosas serías sencillas. Y no estarías en ese estado de trance. Y Kagura y Shinpachi no estarían tan preocupados por un tarado como tú. Y yo no tendría que cargar con tu culo.
—No, no, no. Hijikata-san, cuando uno se siente mal, no tienes por qué hundir a los demás. Sólo salva a todos los que puedas. Conmigo aquí salvamos menos de los que podemos si no estuviera.
—¿A qué tenías miedo?
—Eso es privado.
—No me reiré —encendí un cigarro y luego tomé de la leche de fresa con la que tomaba el cereal—. Iugh, tío, esto sabe más a azúcar que a leche.
—Por eso es una buena leche.
Permanecimos en silencio, pensé en la respuesta que me dio cuando le pregunté por qué se fue. Como estaba enfadándome en ese momento, no noté todo su balbuceo. No sé si me tiene miedo a mí, a nuestra relación o a él mismo. No me importaba, en realidad. Yo sólo estaba ahí para levantarlo cuando se caiga, para acariciar tu cabello cuando tenga logros o para frotar su espalda después de una borrachera por el triunfo. Me quedé mirando cómo consumía su cereal de a poco y pensé que estaba bien, que estábamos bien. Que todo estaría bien justo después de aquello, porque lo malo ya había pasado y sólo quedaba seguir caminando hacia adelante.
