- Título: Entre tú y el mar: mis dos grandes amores.

- Autor: Babi Cullen

Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- Esta historia es de mi completa autoría, aunque no los personajes de la saga.

2.- Escribo solo porque me gusta. No soy una experta y puede que tenga muchos errores, pero trato de hacer lo que se puede.

3.- Espero que a ustedes también les guste.

ENJOY!

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¿Por qué siempre tenía que ser yo el que se quedaba cuidando a los niños? ¡Ni siquiera son míos, son de Emmett! No era para nada justo todo esto.

Claro, pero como las chicas querían salir, mi padre y hermano estaban de turno y el único que estaba libre ese día era yo me cargaban el peso a mí y tenía que quedarme cuidando a las bestias

Lo bueno es que por lo menos mis padres habían estado de acuerdo en que nos quedáramos en su casa. Mi departamento era demasiado pequeño para tenerlos entretenidos y la casa de mi hermano, no sé por qué, pero no me gustaba, no podía estar en esa casa sin sentirme incómodo.

— Bien, te dejamos la comida preparada en el refrigerador. A Mike no le gustan mucho las legumbres, pero debes tratar de que coma todo— me repitió Rosalie por enésima vez esa mañana

— Lo sé, cuñadita. Se come todo, todo— rodé lo ojos con frustración y Bella se burló

¿Me pueden creer que ella y Rosalie se conocían hace años porque estudiaron en la misma escuela y fueron amigas de la infancia? Sí, así como lo oyen. Ni siquiera yo sabía qué hacer cuando me enteré.

Según Bella no se había dado la oportunidad de contarme y por eso no lo había hecho. Ellas no se habían visto en años y cuando mi cuñada se enteró que ella sería la maestra de sus hijos no pudo evitar emocionarse. Claro que ella también había conocido ahora a mi hermano así que... Maldito Emmett, él sabía todo y no me extrañaría que lo hubiese planeado con Rosalie.

Tanto mi madre como Bella se reían de mí. Mi mamá sabía que pocas veces me había quedado solo con los dos niños, pero... ¿Qué podía salir mal? Eran apenas dos niños de 4 años y no podía ser tan difícil cuidarlos.

Los dos pequeños se despidieron de su madre, abuela y maestra y ellas se fueron de la casa.

— ¿Y bien, qué hacemos ahora?— les pregunté a los dos pequeños dándome la vuelta hacia ellos mientras frotaba mis manos. Ellos dos solo se encogieron de hombros— Vamos, peques. Tiene que haber algo que quieran hacer.

Ellos solo se encogieron de hombros nuevamente y yo suspiré. Se supone que los niños siempre saben que hacer ¿Por qué ahora no pueden saberlo y me hacen todo difícil?

Después de unos minutos sin saber qué hacer, decidí colocarles una película. Claro que ellos la eligieron y, aunque no era de mi agrado, comencé a verlas con ellos. Rio no era de mis películas favoritas, pero tengo que admitir que era buena y me mantuvo entretenido por un tiempo.

A eso de la una de la tarde les di su comida y fue un verdadero reto. Mía no quería comer su ensalada y reclamaba a cada rato y Michael no quería comer las legumbres, por lo que fue otra batalla a lidiar. Intenté de todo, desde una competencia hasta convencerlos con darles un regalo, pero nada me sirvió pues dejaron casi la mitad de su comida. Lo bueno, ellos no le dirían a su madre y yo tampoco lo haría.

Luego de eso los llevé a cepillarse los dientes y los dejé hacer lo que quisieran. Estaba cansado después de una semana llena de trabajo y paseos familiares, además había que agregarle que estábamos con falta de personal por las licencias médicas y por qué algunos ya se estaban tomando sus vacaciones aprovechando los últimos días de las vacaciones de verano de los escolares.

Yo, por mi parte, me fui a la sala a ver un poco de televisión. No me quería aburrir y, como mi sobrinita se había llevado a Pepper para jugar, eso ocurriría dentro de poco si no hacía algo para evitarlo.

¿En serio me podía haber perdido esa película? Nunca había visto Los juegos del hambre por más que me había insistido que la viera, pero ahora me arrepentía de no haberlo hecho antes. Era buena, aunque al principio había quedado un poco choqueado por la brutalidad de esos chicos.

Solo cuando aparecieron los créditos de la película me di cuenta que hace un buen rato no tenía noticias de mis sobrinos. Había estado muy callados y eso ya era muy extraño.

Me coloqué de pie para estirarme y luego comencé a caminar por los pasillos en busca de mis sobrinitos.

No había ruidos, todo estaba demasiado silencioso para tener a dos pequeños de cuatro años en la casa.

Al primero que encontré fue a Lucifer que estaba acostado en su castillo, durmiendo, pero eso no era lo que estaba buscando así que pasé de largo.

Luego encontré a Mia que estaba durmiendo en la cama de mis padres con Pepper y un sinfín de muñecas a su alrededor. Cogí una manta que estaba a los pies de la cama y la cubrí con esta, para luego asegurarme que estaba bien y salir de la habitación para buscar a mi último objetivo: Michael.

Seguía pasando por los pasillos sin encontrarlo. Lo busqué en la sala, mi ex habitación, la de mi hermano, los baños, la cocina y nada. Al final tuve que ir al último lugar donde no había ido, el estudio de mi padre. Y efectivamente ahí estaba.

— ¿Mike, que estás haciendo aquí? — le pregunté acercándome a ver qué era lo que lo tenía tan concentrado.

— Un degalo pada mi papi— respondió sin despegar su mirada del papel que tenía en frente. Alrededor había un sinfín de recortes, papeles regados, bolígrafos y pegamento… Papá me iba a matar cuando viera su escritorio lleno de pegamento y todo manchado.

— Déjame ver que le hiciste— le pedí y el me mostró su dibujo. Era mi hermano y él jugando al balón, o al menos eso era lo que él me explicó porque el dibujo solo eran rayas por acá y por allá— Está lindo ¿Y estas hojas de dónde las sacaste?

Etaban aquí— contestó señalando una carpeta que estaba a un lado de los cortes y demás cosas.

Tomé la carpeta y en el exterior tenía el logo del hospital donde trabajaba mi padre. Sentí que toda la sangre dejaba mi cuerpo y se iba a cualquier otro lado menos a mi cerebro… Antes no me reñirían, pero ahora sí.

Con miedo cogí la hoja donde estaba dibujando mi sobrino, a pesar de sus protestas. La volteé y el logo volvió a impactarme, pero el título de la hoja lo hizo aún más. "INFORME ANUAL: ÁREA DE PEDIATRÍA".

Definitivamente estaba perdido.

No sabía qué hacer. En cuanto mi padre se diera cuenta de lo que le había pasado a sus papeles me colgaría, luego me cortaría en cientos de pedacitos y más tarde se desharía de toda evidencia quemando mi cuerpo o lo que quede de él.

Pasé mis manos con desesperación por mi cabello viendo aún a mi sobrino cortando papeles y pegándolos en otro. Sin pensarlo le quité las hojas y el me miró con sus ojos enormes que comenzaban a aguarse.

Sin previo aviso Michael se largó a llorar y a patalear por lo que había hecho y yo, desesperado, trataba de calmarlo. Su llanto solo hacía que me desesperara más y no podía pensar con claridad.

Tomé a mis sobrinos en brazos y traté de calmarlo, pero no me estaba resultando para nada. Además tenía que sumarle a Pepper quien, al escuchar a Mike llorando, se vino al estudio y no dejaba de ladrar.

— ¡Ya basta, Michael! — le grité y me arrepentí al instante pues su llanto se hizo más y más grande.

El ruido de un motor afuera de la casa me alertó de la llegada de alguien. Me asomé por la ventana y vi el auto de mi padre estacionándose… Si, estaba perdido.

Dejé a Mike sentado en uno de los sillones y tomé todos los papeles para meterlos de nuevo en la carpeta desde donde los había sacado. Si tenía suerte, mi padre no los vería hasta que yo estuviera muy pero muy lejos… Tal vez en Japón o en la China, quien sabe.

Luego cogí de nuevo a mi sobrino y salí del lugar tratando de dejar todo tal cual estaba.

Bajé las escaleras tratando de calar a mi sobrino. Lo único que me terminó resultando fue decirle que si guardaba el secreto le compraría un nuevo auto, pero que tenía que dejar de llorar y no decir nada.

— Hola hijo, Mickey— nos saludó mi papá que venía entrando con su bata colgada en su brazo. La dejó a un lado y luego le estiró los brazos a su nieto para cogerlo— ¿Qué es lo que pasa, pequeño hombrecito? ¿Estabas llorando?

— Ehm… Es que… ¡Le dolía el estómago! ¡Si, eso! — mentí con lo primero que se e vino a la mente— Le dolía el estómago, pero eso estaba llorando.

— Ya veo… Bueno, creo que tengo medicina para eso en mi despacho

Abrí los ojos ampliamente al ver a mi padre encaminándose a su despacho con Mike en sus brazos. No podía permitirlo.

— ¡No! — grité y el se volteó al instante— Yo… ¿Ya le di?

— ¿Le diste medicina? — inquirió con una ceja alzada— ¿Le diste medicina sin saber cuánto?

— ¡No! Yo le di… Un agua de manzanilla— respondí tratando de zafarme

El asintió sin convencerse del todo. Dejó a Mike en el suelo y le acarició el cabello, pero aún me miraba de forma inquisidora, esa mirada que siempre colocaba para poder hacerme hablar… Pero esta vez no caería en sus juegos.

Desvié la mirada hacia Michael tratando de que él entendiera que aún no podía decir nada. Estiré una mano para que él se acercara y así lo hice, así que lo cogí en mis brazos.

— ¿Hay algo que quieras decir, hijo? Tu solo gritas así cuando algo te incomoda o t pone nervioso

— ¡¿Yo?! ¡¿Gritando?! ¡Creo que estás loco, papá! — le respondí ¡Ay si, estaba gritando!

Su mirada me penetraba y yo sentía que mi fuerza comenzaba a decaer poco a poco. No, caería en las trampas de mi padre… Tenía que huir de ahí.

— ¡Ay no, mira la hora que es! Prometí ir al acuario a una reunión y ya se me hace tarde. Menos mal llegaste para relevarme, papá. Gracias por eso— dejé a mi sobrino en el suelo

— Algo me ocultas, Edward… y debe ser…

Mi padre salió corriendo por las escaleras y yo lo seguí poco después. No podía permitir que viera esos papeles cortados y pegados hasta que por lo menos yo estuviera a kilómetros de distancia.

Intentaba agarrarlo pero ¡Demonios, mi padre era demasiado rápido! ¿Por qué tenía que aun tener el estado físico de un joven? En estos minutos odiaba que mi padre aun siguiera visitando los gimnasios.

Entró corriendo en el lugar y comenzó a buscar que era lo que estaba distinto en su despacho, pero no había siquiera tomado la carpeta que aún permanecía sobre el escritorio. Me adelanté y la tomé entre mis manos.

Mi padre me miró con curiosidad y luego centró su mirada en la carpeta. No entendía lo que pasaba.

— Juro que lo puedo explicar, papá. Lo que pasa es que Mike se vino acá a dibujar y bueno… Tomó las primeras hojas que encontró… Yo no lo estaba viendo porque estaba en la sala, pero en cuanto lo descubrí se las quité… ¡Juro que lo solucionaré, pero no me mates! ¡Ten piedad de mi alma! ¡No me cortes en pedacitos y me quemes, aún soy joven y tengo que vivir muchas cosas con Bella!

Para ese entonces ya estaba arrodillado frente a mi padre y rogando por mi vida. Me amaba, y demasiado. No quería morir sin antes escribir un libro, plantar un árbol y… ¿Qué era lo otro que tenía que hacer? ¡Ah sí! Tener un hijo.

La sonora carcajada de mi padre me hizo volver a la realidad y abrí mis ojos para verlo frente a mi afirmándose el estómago para que no le doliera ¿Qué era lo gracioso? Lo miré con intriga tratando de descubrir lo que pasaba.

Mi padre se acercó a mí y me ayudó a colocarme de pie, aunque yo seguía sin entender que era lo que estaba ocurriendo.

Después de unos cinco minutos y de muchos Me voy a orinar o no puedo aguantar la risa por parte de mi padre, por fin terminó de reírse y se limpió las lágrimas que habían salido de sus ojos.

— Ay, hijo. A veces no puedo evitar reírme de tus locuras. Déjame ver esa carpeta, por favor— le tendí lo que me pedía con cierto miedo y él la tomó en sus manos solo para volver a sonreír ampliamente

— ¿Ni me vas a matar? — inquirí aun tratando de protegerme abrazando con fuerza mi cuerpo

— ¿Debería matarte porque mi nieto destruyó un informe del año… 2010? — inquirió y yo lo miré anonadado ¿Cómo que del 2010?

Le quité la carpeta de las manos y miré los papeles de nuevo. Efectivamente eran de ese año y no del presente. Creo que no cabía dentro de mi incredulidad.

— Ahora ¿Cómo es eso que aun tienes cosas que vivir con Bella? — preguntó mi padre pasando uno de sus brazos por mis hombros

¡Quiero morir!

— ¿Qué? ¡No, estás loco! ¡Yo no dije nada como eso! — me zafé de su abrazo y me acerqué más a la puerta— ¡Ay no, mira la hora! Definitivamente llegaré tarde a la reunión… Yo… creo que mejor me voy ¡Si, ya es hora de irme! — retrocedía a paso lento a medida que decía estas palabras. Cuando ya estuve en la puerta salí corriendo y casi tiro a Michael a la pasada, pero alcancé a esquivarlo.

Tomé las llaves desde la mesita de la entrada y a Pepper que me había seguido corriendo en cuanto me vio en el pasillo.

Salí a toda velocidad en mi auto, tomando respiraciones profundas y tratando de calmar mi acelerado pulso. Sentía que toda la sangre se me había ido al rostro y de seguro ahora estaba tan rojo o incluso más que un tomate.

Solo a mí me pasaban estas cosas. Era un imán de desastres.