Aclaro que "Guerreras Mágicas" no me pertence, solo la historia que se desarrolla.
(jejeje)
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Y preparense para el super mini especial de Presea Y Clef ... (dentro de la historia, claro esta )


Quien es quien te protege?
Quien es, quien vigila tus sueños?

Quien es el que se esconde entre las sombras
aguardando que le mires por accidente

Quien es, ese que muere si te ve llorar?
Quien es ese que daría la vida entera por ti?

Dime dulce princesa, quién es ese...
... a quien tu corazon pertenece...?


Capitulo Nueve

Quiero estar a tu lado


Han transcurrido dos días desde que Ferio y Ascot, fueron a inspeccionar el lugar – permanecía parado al frente del mago.

Losé, Ráfaga – meditaba con las manos juntas, como si estuviera haciendo una plegaria.

Y en estos dos días han estado enviando grupos de aldeanos sobrevivientes – se le heló la sangre ante esa palabra – sobrevivientes.

Si – permanecía inmóvil – esa presencia se hace cada vez más fuerte, pero sigo sin poder encontrar su lugar de origen – estoy confundido.

Hikaru, es decir, la princesa, ya esta enterada de esto? – el mago al fin cambio de posición y tomo asiento.

Latens me ha pedido que no se le informe al 100 de todo – miró a los ojos al sorprendido guerrero.

¿Como es posible? – hizo una mueca de desagrado.

No mal interpretes Ráfaga, sucede que Hikaru, como sabes, no ha estado muy bien de salud – se secó la frente, gruesas gotas de sudor caían por su cien, había hecho un gran esfuerzo, al parecer.

Entonces no ha habido mejoras? – su mirada se torno triste y preocupada. El mago negó.

Aún no sabemos con exactitud que le ocurre a Hikaru – se levantó con esfuerzo – Fuu sugiere irse antes de tiempo, al Mundo Místico, para que algún médico de su mundo la diagnostique.

Es una lastima que tengan que irse antes – en ese momento la exótica morena entró – Caldina.

Lamento interrumpir, pero Fuu me ha pedido permiso para ir en ayuda del joven Ferio – se encogió de hombros y torció la boca.

Esas jovencitas son muy persistentes – suspiró recordando un encuentro con cierta guerrera de agua, momentos antes – al menos ella es más prudente y juiciosa.

Terminará convenciéndote – aseguró la bailarina.

No pretendo negarle que vaya – la morena le envió una mirada de sorpresa a su esposo. El solo le sonrió.

Bueno entonces la dejaré pasar – la morena tomó las manos de su compañero y este se despidió, con una reverencia, del mago. Al salir se toparon con que la guerrera de viento platicaba amenamente con otra rubia.

Presea – llamó sorprendida la bailarina – mujer donde te habías metido?

La aludida sonrió ampliamente y tan divertida, que a la guerrera le pareció que saltaría hacia la bailarina para jalarle las mejillas o algo así – solo me ausente un día – respondió corta.

La rubia de bucles parpadeó de la sorpresa – y se puede saber ¿a donde fuiste? – la otra asintió.

Fui a mi casa, en el bosque del silencio – se acercó a la puerta principal – ¿vamos? ambas necesitamos hablar con Guru Clef.

La guerrera se despidió con cortesía de la pareja y seguida de la armera entró al salón. Mientras caminaban hacía el mago la guerrera aprovecho para preguntar más sobre la salida de su amiga – y dime, a que fuiste?

Pero que indiscreta se ha vuelto señorita – intentó desviar la conversación, pero la joven era más astuta y esa mirada que tenía era aterradoramente tranquila. No pretendía que utilizará con ella sus artes más oscuras para adivinar razones – pero te lo diré – guiñó el ojo – fui a buscar unas cosas que me hacían falta, además ustedes han estado aquí tanto tiempo, que la ropa ya se me ha gastado.

Se que tu te quedas en el castillo, solo cuando nosotras estamos de visita – continúo mirándola con insistencia – pero…

Señoritas – saludó el mago – Fuu – la rubia desvió la mirada de la armera. En cuanto esto sucedió la pobre armera dejó, en señal de alivio, escapar el aire, que tormentosamente aprisionaban sus pulmones. El mago rió entre dientes por la cara de la rubia, pero mantuvo la postura.

Guru Clef – la aludida, ignorante de todo lo anterior, se dispuso a exponerle su caso al mago – se que probablemente me dirás que no, pero quiero ayudar a Ferio y pensaba que tal vez…

Puedes ir – respondió al momento, sin dejar que la joven terminará – estoy seguro de que, aunque te dijera que no seguirías insistiendo¿no es así?

Hai – sonrió – entonces comenzaré a empacar algunas cosas. Y no te preocupes no iré sola – rió – Umi irá conmigo.

Como Umi no se ha ido? – espetó la armera, igual de sorprendida que el mago.

No – afirmó – Hikaru la convenció de permanecer aquí hasta que me dejarás partir – dijo mirando al mago.

Que jovencitas – exclamó airada la armera – entonces buen viaje y cuídense muchos "niñas" – era verdad que el título de niñas solo lo portaban por cariño a sus amigos, pues de niñas no tenían ya, ni un pelo.

Arigato – sonrió y se inclinó ligeramente en señal de respeto. Después de esto salió, cerrando tras de sí las enormes puertas – me pregunto como es que no pesan – miró de reojo las puertas.

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Y bien Presea, has hecho ya, lo que te pedí? – el mago miró con solemnidad a la armera.

De eso precisamente he venido a hablarte – sonrió levemente.

Supongo que no habrás tenido problemas? – en su voz denotaba cierta dulzura. La mujer un tanto extrañada por el comportamiento del mago, rió con nerviosismo.

Guru Clef – el mago sonrió – este… tengo algo en la cara? – se aventuró a preguntar.

El aludido parpadeó dándose cuenta de su comportamiento – lo siento Presea – sonrió – no es nada. Me decías – volvió a su postura.

Pues, problemas no he tenido. Y lo que me encargaste esta hecho, pero Guru Clef… - la voz de mujer fue de preocupación – por que las chicas necesitan sus espadas?

No te alarmes – trató de sonar calmado e indiferente – es solo por precaución. Nada serio – torció la boca procurando que este gesto pareciera una sonrisa, pero la rubia que bien lo conocía, sabía que existía una razón poderosa para que el mago tomara esa decisión.

Si tú dices que esta bien, entonces no me preocuparé – poco convencida del argumento del mago, cerró los ojos y suspiro – sino deseas nada más entonces me retiro – hizo una reverencia. El mago volvía a mirarle de forma extraña, parecía ensimismado en algo – Guru…

--------- Flash Back ---------

Presea – el mago tomó las manos de la armera – crees que debería… ¿cambiar mi apariencia? – esa pregunta había estado rondando en la mente del mago, desde hacía mucho tiempo.

Pero… - aturdida por la tomada de manos que mantenía el mago, y desconcertada por la pregunta, la rubia intentaba pronunciar algo, pero las palabras parecían jugar a las escondidas con ella.

Quizá sea una mala idea – el rostro el mago, que hasta ese momento pareció guardar un extraño brillo de felicidad, se tornó en una expresión de decepción, dejándolo cabizbajo – es que…

Por que razón deseas cambiar tu apariencia? – al fin habló, controlando sus nervios e ignorando el latir de su corazón, tratando, además, de no poner mucha atención a la calidez del mago.

Por… cuestiones… de política – sonrío orgulloso de haber podido terminar la frase de modo coherente. A tiempo para ver la extraña mirada de duda en la rubia.

¿Seguro solo es eso? – agregó. Entrecerró lo ojos y se acercó un poco más al mago para descubrir según ella, alguna mentirita, pero no hallo nada más que el nerviosismo del mago.

--------- End Flash Back ---------

¿Está todo bien? – la joven mujer no quería marcharse sin estar segura de que no tenía que temer al menos no por el momento. Pues un extraño vacío en la boca del estomago le decía que quizá estos eran los últimos momentos de calma que viviría.

Si. Pierde cuidado – el mago volvió como siempre desde hace algún tiempo a sonreírle tan descaradamente, que incluso el mismo se dio cuenta de su falta. Inclinó la cabeza al notar el leve sonrojo de la rubia – puedes retirarte – finalizó tratando de ser lo más natural posible.

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Latens – la joven mujer permanecía de pie frente a un enorme cuadro – se que probablemente no es el momento, pero necesitamos hablar.

De nuevo – arqueó la ceja, cerrando detrás de sí la puerta – y tienes razón no es el momento. Hikaru no esta bien y en este momento lo que más me interesa es su salud.

Así que es verdad, lo que Eagle me ha dicho – su rostro ensombreció. Apretó con fuerza sus ropas. El hombre frente a ella estaba conmovido, aunque sus facciones no lo expresarán así – tú estas…

No es momento ni el lugar – pronunció mirando hacia los pasillos.

Y cuando será el momento? – inquirió un tanto irritada.

Por favor – le miró casi suplicante. En verdad denotaba preocupación y devoción?

Entonces tendré que hablar con ella – sentenció la joven. Sin siquiera adivinar que aquel evento desencadenaría tormentas.

Te pido, por favor… - por primera ves la voz de aquel hombre frío, tembló ante la sola de ida de pensar que alguien que no fuera él, dejara al descubierto su más profundo secreto – no lo hagas.

Ya veo, ella no lo sabe – se acercó a él – cuanto tiempo más esperaras? – tentada por la oportunidad de oro que se le presentaba la mujer, no vaciló en engatusarlo.

Las miradas se cruzaron, podía ver su reflejo en esos hermosos ojos esmeralda, pero no era en ellos, que deseaba ver ese brillo – aún no es el momento.

Y cuando lo será? Cuando Eagle al fin decida confesarle, el mismo sus sentimientos? – tomo un tono de burla y reproche al mismo tiempo. Su semblante tranquilo endureció más.

Este asunto no te concierne – sin un ápice de sentimiento en su rostro se dio la vuelta. Estaba dispuesto a dejarla de nuevo con la palabra en la boca. Para su mala suerte, solo logró herir el orgullo de la rubia, provocando que ella le jalara del brazo.

Esta vez no – en sus ojos había fuego – me escucharás! – sin levantar la voz su tono era enérgico y estaba decidida a llegar al fondo.

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¿Como estas? pequeña – revolvió el flequillo de la joven, mientras esta le sonreía de manera calida.

No deben preocuparse tanto por mí – el joven con falso enojo la recriminó.

¿Que no nos preocupemos por ti? – la joven sonrió con más soltura.

Es como pedirle a un gorrión que no cante – sacó la lengua – sabes pequeña – en sus labios, esa sonrisa tan característica de él, se dejó contemplar – hay algo de lo que debemos hablar – envolvió entre sus manos una de las manos de la joven.

Y de que se trata – comenzaba a ponerse nerviosa, de que serio asunto necesitaría hablarle su amigo.

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Dime ¿por que? – permanecía sujetando el brazo del espadachín. Mientras él ni siquiera la miraba – no vas a responderme?

Esa pregunta la respondiste tu sola, hace mucho tiempo – apenas recibió una fugaz mirada.

No me perdonarás nunca? – En su rostro solo podía verse la indignación y la sorpresa – creí que eras diferente – decepcionada lo soltó.

No tienes idea por lo que pase – en ese momento ambos se miraron a los ojos, en los de él había soledad y tristeza.

Pues perdóname por no ser … - un nudo en su garganta comenzó a dificultarle las palabras – perfecta.

Bien sabes que no me refiero a eso – lo que menos deseaba el pelinegro en ese momento era herir a una joven como ella – tu decidiste tu camino.

Y tu elegiste volver – sus ojos comenzaban a tornarse rojos, por las lagrimas contenidas – y ahora… eliges el mismo destino que tu…

Suficiente – la miró con dureza – no es igual.

¿Por qué no es igual? – lo retó con la mirada – por ella no porta la corona más que por diversión?, o por que en una reacción inteligente halló una buena solución a su problema?

Que te sucede – no reconocía a la mujer frente a el – tu no eres así.

Como te atreves a decir eso! – levantó la voz – sino me has dado la oportunidad de demostrarte como soy! – tan pronto terminó se dio cuenta de que nada de lo que dijo tenía sentido.

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La joven pelirrosa miraba con un extraño encanto la escena entre el espadachín y la rubia. Divertida y extremadamente feliz por su descubrimiento, maquinaba una y mil formas de aprovechar aquello, en su favor – así que existe un corazón en discordia, je.

Un pequeño animal blanco de orejas largas permanecía frente a la pared, observándola. Ladeó la cabeza como si pudiera ver en ella algo que otros no.

La joven se percató de su pequeño vigilante – ¿me puedes ver? – frunció el ceño. La criatura movió las orejas y dio un paso hacia la pared – rayos – desde que entró al castillo había permanecido invisible para todos, incluso para el espadachín – pero esa criatura… - con un chasquido de sus dedos desapareció por completo del lugar.

El pequeño animal volvió a mover la cabeza y se acercó a la planta que estaba justo al frente, olfateó y revolvió las hojas de la pequeña planta. Escondida entre ellas un diminuto bicho salió volando por los aires. El animal salió corriendo tras el bicho.

A las afueras del castillo, cerca de los bosques la chica miraba con decepción al enorme castillo, había logrado burlar a los guardias, al mago, a las guerreras, incluso al espadachín – un tonto animal – apretó las manos y una venita salto en su cien.

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Hay cielos! – exclamó la armera una vez dentro de su habitación. Se llevó las manos al pecho, las piernas le temblaban cual varillas de flor al pasar del viento – un poco más…

--------- Flash Back ---------

Bueno una de las razones, es por que con esta apariencia no tengo tanta credibilidad. Y menos cuando nuestra "Princesa" ha decidido dejar pasar el tiempo por su cuerpo – la armera lo miraba embelesada, luchando por no imaginar al mago como una persona adulta – y bien que me dices?

La verdad no se que decir, toda mi vida lo… te he reconocido con esa apariencia – el mago parecía tener mucho interés en su opinión, pues dejó la taza que había tomado y se mantuvo quieto mientras ella hablaba – sería extraño verte de otra forma.

Pero dime – insistió con una misteriosa sonrisa – tu crees que me… de más credibilidad? – en sus ojos se reflejaba el mismo brillo que tuvieran los ojos de un niño apunto de abrir un regalo.

Eh… pues… este… - intentaba mantener su mente y cuerpo en Céfiro – probablemente… - respondió con la respiración un tanto agitada. En su entusiasmo por saber la repuesta, el mago se había ido sobre la armera y la mantenía prácticamente contra la pared, en una posición muy, pero muy bochornosa. Ya que el mago con su actual apariencia le llegaba a la altura del busto a la rubia.

--------- End Flash Back ---------

Caminó hacía su modesta cama, con una sencilla colcha en color crema pálido en combinación con el tono blanco de las paredes del lugar. Permaneció un rato parada a un costado del mueble, meditando en la actitud de su maestro. Mientras de forma automática comenzaba de deshacerse del cinturón que sujetaba sus ropas, una vez que lo hizo, coloco la prenda en el pequeño tocador al costado. Con alivio por poder relajarse un momento se sentó con suavidad en la orilla de la cama. Comenzaba a quitarse las botas cuando noto que de su bolsillo sobresalía un pequeño pedazo de tela blanca. Sonrió como quién le sonríe a un cómplice.

Sacó el pedazo de tela de sus ropas, miró con detenimiento el detalle que en el estaba bordado – que memoria la mía – se golpeo levemente la frente – debías estar en otro lugar. Bueno no tengo remedio si no lo hago ahora, no lo haré nunca – sacó la lengua.

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Como te atreves a decir eso! sino me has dado la oportunidad de demostrarte como soy! – los gritos de la mujer se oyeron a su puerta.

Eagle – se levantó con sorpresa – es tu hermana, es Iren

Le sonrió a la pelirroja, quién lo miraba con curiosidad – espera un segundo – indicó con los dedos – luego hablamos – le dedico una de sus tantas sonrisas típicas en el.

La joven pudo ver como se detenía antes de salir de la habitación, luego pareció pronunciar algo que no le entendió. Segundos después volvía a sonreírle y ella correspondió, no sabiendo que más hacer. Después de esto el joven cerró la puerta.

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Salió de su habitación dejando cierta prenda olvidada sobre cierto mueble. Caminaba con entusiasmo, imaginaba todas las caras y reacciones que podría poner su maestro, al momento de recibir tal regalo – se lo merece, ha estado trabajando muy duro, de eso estoy segura – doblo con delicadeza la tela y la introdujo de nuevo en su bolsillo. Se sentía distinta, algo no estaba donde debía, pero no quiso prestarle mucha tención a tan pequeña distracción. En realidad estaba emocionada de siquiera pensar en lo que el mago le diría.

En eso estaba, cuando en un pasillo en el que daría vuelta, casi, colisiona con alguien más. Pero ese alguien fue más ágil al esquivarle y seguir con su camino. Un tanto confundida y mareada por la rapidez del sujeto, miró a sus espaldas y vio con claridad como una mujer de larga cabellera rubia caminaba a toda prisa. Instantes después pasó junto a ella un joven albino que le saludo fugazmente con un intento de reverencia y una sonrisa excusadora. Parpadeó aún más mareada por las reacciones de ambos jóvenes. Pero sin darles mucha importancia continúo su camino.

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Unos golpecillos en su puerta la hicieron soltar la bata que acaba de tomar de la silla junto a su cama – quién es…? – no hubo respuesta. Tomó la bata del suelo, de nuevo los golpes en su puerta, se extraño. Intentó ponerse de pie con tanta suavidad que incluso le pareció exagerada. Se sonrió así misma por el espejo. De nuevo lo golpes, ahora que los escuchaba bien, parecían ser hechos desde la parte baja de su puerta. Con cautela se acercó; tal vez eran sus amigas viniendo a despedirse, o alguna criatura de Ascot, rondando por el pasillo - ¿Quién es? – pronunció al abrir la puerta, pero no había nadie, ni un alma, inspeccionó los pasillos, nada. Después de hacer un gesto decidió que lo mejor era volver con Guru Clef, así que intentó volver a su habitación para cambiarse. Tomó la manija, la sensación de heladez la invadió por completo, la puerta no abría. Intentó con más fuerza, nada – que raro – comenzaba a darle la espalda cuando el susurro de unas voces dentro de su habitación la congelo – pero si estoy sola – Intentó abrir de nuevo, pero no paso nada, así que pegó la oreja a la puerta para escuchar mejor, aún así no lograba entender palabra alguna. Inesperadamente la puerta se abrió y apenas pudo evitar irse hacia delante.

La imagen frente a ella era del espadachín tomando de las manos a una mujer de larga cabellera rubia, no fue el hecho de que estuvieran tomados de las manos, lo que la sorprendió. Si no el modo en el que él miraba a la mujer. La miraba enamorado - esa mirada… es igual a la de z… - el joven atrajo hacia él a la rubia y se fundieron en un abrazo. Dio un paso a tras, aquella imagen estaba provocándole sentimientos desconocidos. Negó, la expresión de felicidad en el rostro del hombre cambió y se apartó de la mujer, ella estiró los brazos para alcanzarlo, pero no lo logró. Un destello la cegó. Poco a poco abrió los ojos la escena había cambiado, ahora el hombre se encontraba sentado en una especie de plataforma, miraba sin expresión el cielo, las estrellas. Un joven rubio se paró detrás de él. El hombre se levantó y apoyó su frente en el hombro del rubio – Latens…

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Latens… - la pelirroja estaba en el suelo al pie de su cama. Por su frente unas gotas surcaban caminos hacia el suelo. Su respiración era difícil, sus pulmones casi no respondían y el nombre en sus labios parecía arrancarle la poca vida que tenía – Latens…

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¿Guru Clef? - abrió las puertas al no obtener respuesta. Se asomó con cautela y vio sobre una mesita una taza humeante. El debía seguir en su habitación, entonces por que no respondió a su llamado – tal vez esté en el baño – sacó de su bolsillo el pañuelo, tomó una hojita y un lápiz de la mesa. Estaba dejándole un mensaje al mago cuando oyó el rechinar de la puerta del baño. Detuvo su escritura y levantó la mirada, sus mejillas palidecieron unos segundos antes de volverse rojo fuego.

El mago permanecía inmóvil a las puertas de su baño con una toalla en la cabeza y otra en la cintura, cubriendo lo que por decencia ella no debía ver. Ninguno supo reaccionar. La armera en un fallido intento por escapar de aquella bochornosa situación, tropezó con la pata de una silla y se precipitó al suelo. El mago en un, también fallido, intentó de ayudar, resbaló con el agua que caía de sus cabellos, terminando sobre la armera que luchaba por no desfallecer en ese momento.

Yo solo…. – intentó excusarse, pero podía sentir la respiración del mago hasta el último poro, su piel se erizó por completo, dejó de pensar y lo único que deseaba en ese momento, era que aquello solo fuera una más de sus fantasías.

Sin embargo el aroma que despedía la piel del mago era tan embriagante como la mejor bebida hecha en Céfiro. Sus manos al principio trataban de soportar el peso del mago, ahora solo descansaban en él.

Durante años, muchos años imagino como podía ser aquel sentimiento llamado amor, hasta que lo descubrió en la persona que menos imaginaba, su propia pupila, aquella joven que llegó queriendo convertirse en la mejor armera de todo Céfiro, justo en ella venía a descubrir ese sentimiento, lo peor de todo era que siendo una eminencia en cualquier otro ámbito, venia siendo un completo ignorante de las artes del amor, ahora que se encontraba en una situación poco usual. En estas cosas intentaba distraer sus pensamientos, pero por más que luchaba, no podía evitar sentir la calidez emanando del cuerpo bajo el suyo. Ahí la tenía completamente a su merced. Tanto había soñado con tenerle así de cerca, que ahora no podía concentrarse en nada más que la belleza de sus ojos, en el tono rosa de esos labios y la suavidad de su piel – Presea… - el nombre de la rubia se ahogo en sus labios al convertirse en prisioneros de los de la rubia.

Tembloroso se apartó de aquellos labios, después de unos segundos que parecieron horas. Ella lo había besado con… con intensidad. Ambos respiraban agitados, el se incorporó y la ayudo a levantarse, después se puso una bata para no incomodarla y sin saber que hacer o que decir sonrió. No quería faltarle al respeto ni mucho menos hacerse indiferente – Presea discúlpame, pero…

Aquel "pero" hizo que la armera saltara y se rodeara de un escudo invisible de indiferencia, preparándose para cualquier cosa desagradable. Pero la reacción del mago la desconcertó.

Yo te quiero… - pronunció mirándola fijamente a los ojos – y no deseo ofenderte, pero me encantaría volver a sentirte así de cerca – bajó la cabeza.

La rubia sintió que el suelo bajo sus pies desaparecía, una lágrima solitaria recorrió su mejilla. El mago se contrario por la reacción de la joven mujer, sin saber que hacer se acercó a ella y la tomó de los hombros – Presea, si te he ofendido yo… - lo sabia seguramente esto no era lo que se debía hacer, tal vez debía haber intentado una cita en algún lugar tranquilo, no precisamente su habitación, seguramente la joven...

No… - susurró, se limpió la lagrima con el dorso de la mano – es solo que creí…, creí que era un sueño – sonrió con las mejillas aún encendidas.

Presea…

Siempre pensé que mi amor no sería correspondido, que sería solo mío – apoyó sus manos sobre el fuerte pecho del mago – yo…

No digas nada ahora, tendremos más tiempo para las palabras, después - así fundidos en un abrazo, sin más cómplices que aquellos muebles, se declararon su amor secreto, ese que pedía a gritos ser liberado, ese que madura con el tiempo y que lejos de perder la fe, la mantiene tanto como dure la vida misma.


Bueno queridos lectores he aquí el siguiente capitulo, ojala les guste. A ver si puedo mejorar para dedicados a Umi y Fuu (con sus parejas). Recuerden toda sugerencia es leída y tomada en cuenta. Gracias por sus reviews se les agradece que nos dediquen un poco de su tiempo a las historias.

Sigan dejando sus comentarios y ojala (repito, que redundante soy :P) les guste. para mediados del siguiente mes ya esta el capitulo 10, no se lo pierdan!!!

Arigato!!!!