Antepenúltimo capítulo

Advertencia:Voyeurismo…¿inintencionado? No estoy bien seguro. ¿Se sigue considerando voyeurismo si no se mira voluntariamente?

Disclaimer: Souta es un personaje original que me inventé para rellenar el hueco. Lo mismo para el caso de Hanako.

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Esa temporada del año

Por: Galdor Ciryatan

9

oOo Tres semanas después oOo

Los hermanos Uchiha se encontraban ante la borda. Itachi tenía las manos cruzadas y apoyadas sobre ésta, su espalda estaba recta; Sasuke se hallaba encorvado y recargaba los antebrazos en la borda de madera. Sin disimularlo, el menor le echó una mirada acusadora a la comadreja.

"Bastardo. Y pensar que me preocupé por ti" le transmitió el muchacho con sus ojos.

Itachi tuvo la decencia de mostrarse avergonzado…por un rato al menos. La neblina que empezaba a hacerse espesa, en lugar de deprimir su ánimo, lo reavivó. Kirigakure no estaba muy lejos.

—¿Cómo lo conseguiste? —preguntó Sasuke. Tenía curiosidad por los detalles y es que ni siquiera él fue capaz de ver su plan cuando se estaba gestando. Itachi se había mostrado perturbado por un tiempo, jamás le pidió su ayuda y a él le pasó de noche su estrategia, hasta que un día la comadreja dijo "Hokage-sama tiene una misión para ti, debes ir al país del agua. Yo te acompañaré". Ahí las cosas se pusieron sospechosas y Sasuke se enteró de las generalidades: Su hermano iba a ver a Kisame.

Encorvándose a su vez sobre la borda, Itachi suspiró y habló: —Supongo que no tiene caso ocultarlo ahora. Te lo diré: Cuando me sentaba en el jardín era para planear o esperar noticias, cuando desaparecía de casa era para hacer algo importante. Un día hablé con Hokage-sama y le dije lo que quería; no tenía nada en mi contra, pero me pidió que regresara a las misiones a cambio de su ayuda, cosa que haré después de esto.

En efecto, la comadreja vestía sus ropas usuales, en contraste con Sasuke, quien llevaba el uniforme de la aldea y un rollo que debía entregar a la Mizukage. Si los dos viajaban juntos era por casualidad. Tsunade tenía que enviar el rollo e Itachi concretó sus planes por esas mismas fechas, así que los dos hermanos fueron enviados el mismo día.

—Mizukage-sama fue otra historia —continuó Itachi—. Era a quien debía convencer y la que tenía poder para otorgar o negar. Independiente a la decisión de Tsunade-sama de apoyarme, la Mizukage era quien tomaría la decisión. Es una mujer fuerte y decidida; además, el escape de Kisame el mes pasado no le sentó demasiado bien. Me tomó tiempo convencerla; tiempo y recursos.

—¿La compraste? —preguntó Sasuke un poco sorprendido. Cuando Itachi hablaba de convencer, no le sonaba a proferir discursos sentimentales, sino a negociar algún beneficio mutuo.

—Más o menos —admitió la comadreja—. Los años en Akatsuki me dieron conocimiento y contactos extra. Mientras Hokage-sama no tuviera objeción, le ofrecí a Mizukage-sama algunas cosas hasta que alcancé a sonarle de provecho.

—¿Q…?

—No me preguntes qué cosas. —Algunas se tambaleaban en el gris espacio entre lo legal y el crimen, otras fueron ofertas rechazadas y había incluso algunas francamente vergonzosas. No quería hablar de eso, no con Sasuke. Se contentaba con saber que su trato era un éxito y podría ver al tiburón de la niebla.

—Aunque no sepa lo que te pidieron a cambio, adivinaría que fuiste estafado —le enfrentó Sasuke—. Considerando lo mucho que tardaste en conseguir el trato, cualquier cosa a cambio sólo de verlo debe ser un robo.

Itachi no lo creía así. A los prisioneros de la categoría de Kisame nunca les visitaban, no había quién y no había cómo. Además, su pago por el nimio detalle de verlo no era tan elevado. Mei no era ninguna aprovechada, jamás abusó de su condición, sólo le pidió lo que le hubiera pedido a cualquier otro: Un pago razonable por el derecho de ver a un criminal rango S.

Y aunque le hubiesen pedido la Luna a cambio, Itachi la hubiera concedido. Kisame lo valía. Tal vez lo único que no estaría dispuesto a entregar por su tiburón eran Konoha y Sasuke.

—¿Por qué tienen que pedirte algo a ti? —continuó quejándose el menor—. Ayudaste en la guerra, estuviste ahí cuando se disipó el Edo Tensei. No tienen derecho a reclamarte nada.

—Kisame también estuvo presente cuando se rompió ese jutsu, pero la gente parece olvidarlo. Somos anónimos, Sasuke, no cobramos recompensa. ¿No te han enseñado eso en ANBU? ¿No sabes para qué es la máscara?

Extrañamente, Sasuke se refrenó en el natural acto de argumentar. ANBU era un punto delicado para él y quizás por ello Itachi lo usaba a su favor. Desde que volviera a la aldea de la hoja, el menor de los Uchiha había manifestado poco apego hacia ella, no obstante, desde que formaba parte de ANBU algo estaba cambiando en él. Las misiones le gustaban, eran interesantes y desafiantes, se comprometía con sus objetivos y pensaba en la aldea. A veces lo emparejaban con cierto zorro rubio, pero ni siquiera ello lograba amedrentarlo, al contrario, hacía las cosas más interesantes y le daba un golpe de nostalgia. La máscara, que tenía el propósito de ocultar su identidad, era perfecta para volver anónimos sus actos de amor hacia la aldea y compañeros. Le gustaba esa máscara, le gustaba ANBU y le gustaba ser un shinobi de Konohagakure. Todavía no lo podía admitir ante Itachi o cualquier otro ser vivo, pero sus enfrentamientos con la Hokage habían disminuido mucho por las razones antes citadas.

Arrugó la frente y no le respondió nada a Itachi. Con su silencio, le dio la razón.

—Mira, allá se ve algo —dijo la comadreja señalando en la distancia.

Más tarde, tenían los pies plantados en Kiri.

oOo

Se hallaba recostado en el suelo de su celda y sentía frío en la huesuda espalda, pero eso resultaba de poca importancia. No tenía una razón de peso para cuidarse ni para hacer cualquier otra cosa que no fuera yacer. En últimos días se dedicaba a pensar (era de las pocas actividades allí disponibles). Los ANBU que se turnaban para vigilarlo no pronunciaban palabra, jamás conversaban con él. Lo único que podía hacer Kisame era reflexionar. No sin esfuerzo movió los brazos y fue a poner las manos debajo de su nuca. El techo horrible y gris de la celda era su única musa en el arte de cavilar.

La puerta de metal se abrió y, de forma distraída, intuyó que era hora del cambio de guardia y de traerle el almuerzo que tal vez no tocaría. Estaba ocupado pensando.

"No es tan malo esto" se dijo ". Itachi tiene a Sasuke y a su hogar. Kiri tiene por fin la Mizukage que se merece. Hay paz en el mundo shinobi, verdadera paz y alianzas que van más allá del beneficio propio. Madara fue derrotado y yo ayudé en la guerra al pelear contra Kabuto; mi aldea me reconoce esto al no ejecutarme. No han sido resultados tan malos. ¿Qué más me queda por hacer? ¿Qué más queda para mí en el mundo?".

Supuso que nada. Le devolvió la vida a su amor y contempló la caída de Madara (cuestión que ocupó su mente por años). Ahora estaba vacío. No tenía por qué pelear, ningún impulso que lo hiciera moverse.

Se quedó en el suelo frío y húmedo de la celda, esperando que pusieran el almuerzo en la mesita para entonces decir "No tengo hambre", porque en verdad no la sentía. Ya no le daba hambre, ya no echaba de menos a Samehada, sus músculos no tenían ganas de pelear, su mente se volcaba en espirales sobre sí misma.

"No está tan mal esto" se dijo ". No es un mal final para un hombre como yo". Algún día los ANBU le dirigirían la palabra y él no tendría energía con la cual contestar, entonces lo dejarían morir ahí, quieto y en silencio. Nadie se lamentaría.

—Me dicen que no has estado comiendo bien —habló la voz profunda de Itachi.

Kisame se sobresaltó pero al instante volvió a relajarse. ¿Por qué tendría que alterarse? No era la primera vez que su mente cansada deliraba. De hecho, esperaba que en sus momentos finales se le presentara alguna visión de Uchiha, a manera de despedida.

—Te traje el almuerzo… Y no me obligues a usar el Sharingan en ti otra vez, Kisame.

Sin respuesta.

—Ha estado así varios días. Se tiende en el piso y no hace nada —explicó un ANBU.

—A veces habla dormido —agregó otro ANBU.

Bueno, esto era curioso, pensó Hoshigaki. Escuchaba voces de diferentes personas en sus delirios y parecían estar conversando entre ellas de manera ordenada. Además, las cosas que decían no eran del todo descabelladas.

Por pura curiosidad, giró el rostro y les miró.

Ahí estaba el ANBU que llevaba algunas horas haciendo guardia, el que venía a relevarlo e Itachi con una caja de bento sellada en una mano y un trozo de papel en la otra.

La comadreja suspiró. Esto iba a ser difícil.

Le entregó la carta de la Mizukage al ANBU que ya se encontraba ahí y dejó que la leyera; rezaba sobre las nuevas condiciones del cautiverio de Kisame. El hombre enmascarado terminó de leer, asintió y se marchó, contento de haber acabado su turno. Sólo quedaron Itachi y su ANBU escolta. Este último deshizo el sello que era protocolario para la comida de los prisioneros e Itachi puso el bento sobre una pequeña mesa que estaba junto a la pared.

—Camarón y cangrejo, come. Tengo sólo 15 minutos, pero no me marcharé hasta que termines de comer —sentenció Itachi al notar que el otro sólo le miraba.

Kisame estaba perplejo. No alucinaba. Ése era Uchiha Itachi en su celda de Kirigakure.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el tiburón. Al intentar ponerse de pie sus huesos se quejaron y tuvo que apoyarse en la pared para no caer.

—Vine a verte. Anda, come; lo necesitas.

Itachi miraba su rostro demacrado y algo dentro de él se partía. Le aterraba pensar que se dejaría morir de hambre mientras estaba encerrado. No consideró antes que iba a encontrarlo en este lamentable estado.

Kisame se aproximó un paso tambaleante. La comida era lo que menos le importaba. Quería tocar a Itachi, preguntarle tantas cosas.

Otro paso más que se sintió de una legua.

Deseaba tomar sus manos, dejarse abrazar por él.

Un paso más. ¿La distancia? Infinita.

Sus piernas refunfuñaron y se negaron a continuar. En compensación elevó un brazo y quiso con él salvar el enorme trecho que le quedaba.

—Uchiha-san, es importante guardar la distancia—dijo el ANBU. Tenía un kunai en la mano. Las palabras iban dirigidas a la comadreja; la amenaza implícita del arma, a Kisame.

Reacio y con los ojos tristes, Itachi dio un paso atrás.

—Lo siento, sólo me permiten verte y hablar contigo, no más. —Se mordió el labio y agachó la mirada un momento. Él también quería abrazarlo, se consumía su paciencia por hacerlo. Dio otro paso atrás, no fuese a desfallecer su voluntad por causa de la cercanía.

Se sumieron en un breve silencio incómodo. El ANBU no hizo mucho por mejorarlo, sólo aportó su presencia vigilante y su propio silencio. Kisame e Itachi se miraron con ganas de abalanzarse sobre el otro; en el rostro del tiburón se leían montones de dudas y, en el de la comadreja, preocupaciones.

—Siéntate y come. Te explicaré —dijo el joven. Lo mejor era exponerle la situación—. Hice un trato con Mizukage-sama: Puedo venir a verte cada mes y mandarte una carta a la semana; a ti te dejarán escribirme una vez al mes. Cuando venga, me darán unos momentos contigo, nunca a solas y sólo podremos hablar, pero… Tengo esperanza de que esto cambie para mejor… Kisame, por última vez, come.

Los ojos se le llenaron de lágrimas y éstas se desbordaron. Enloquecía nada más de mirarlo, tan delgado y débil. No quería regresar dentro de un mes y encontrarlo en las mismas condiciones. No quería regresar y no encontrarlo. Las siguientes palabras de Kisame acabaron de enloquecerlo.

—Itachi-san, ¿en verdad quieres hacer esto? ¿Harías el viaje sólo para estar unos momentos conmigo? ¿Saldrías de la aldea y dejarías a tu hermano, por 15 minutos en esta celda?

Kisame no se sentía merecedor de ese trato y no creía tener el derecho de atar a la comadreja a un lugar tan horrendo como ése. Itachi podría encontrar a otra persona, hacer una vida de verdad. A fin de cuentas, él nunca iba a salir de esa celda. ¿Qué fragmento de vida le esperaba ahí? Por más que se esforzara el joven y por más minutos de compañía que comprara, nunca les dejarían estar juntos afuera de esas cuatro paredes.

—No desperdicies tu energía, Itachi-san. Tú fuiste afortunado, Konoha les dio la libertad a tu hermano y a ti; a mí, me dieron esto. No te encierres cuando ya te dejaron libre.

—Tonto, ¿por qué te empeñas en huir de mí? ¿Es porque yo huí después de la primera vez que me besaste? —le reclamó Uchiha con lágrimas furiosas recorriendo su rostro—. Te visitaré mientras me dejen hacerlo, vendré a verte mientras me plazca, haré el viaje si yo lo deseo. Eres mi amor, mi cómplice, ¿lo olvidaste? Y si algún día eso cambia, serás el primero en enterarse; te enviaré una carta diciendo que se acabó.

Pero jamás le envió semejante carta.

oOo Algunos meses después oOo

—Naruto te buscó por varios años, ¿qué piensas al respecto? Nunca te he escuchado comentarlo —habló Itachi.

Caminaban por las calles neblinosas de Kiri con rumbo a la oficina de la Mizukage.

—Debe apreciarte mucho —continuó la comadreja cuando su hermano pequeño no respondió.

—Basta, Itachi. Basta. No empieces. Y sobre todo: No con Naruto —refunfuñó Sasuke. Odiaba cuando Itachi hacía esto. Y no se trataba de una ocurrencia muy común, pero cuando pasaba era remarcable. No a diario su hermano mayor le insinuaba que se consiguiera pareja.

Un par de veces le había querido enganchar con Sakura, ante lo cual Sasuke respondió indignado. Una vez, hablando del clan Hyuga y de su doujutsu, metió a Hinata en el tema de conversación; ¿qué pasaría si ambos clanes se mezclaran? Luego estuvo esa vergonzosa discusión sobre Mei el mes antepasado y, entre ayer y hoy, a Itachi se le había metido en la cabeza que tal vez las mujeres no fuesen lo suyo.

—Déjame en paz, Itachi —reiteró con voz tajante y haciendo un ademán—. Puedo perdonar que hayas mencionado a Jugo, pero Naruto… Es impensable.

La comadreja decidió fingir demencia. Le dedicó su sonrisa más inocente al menor y le dijo:

—No lo decía por eso. Hablé de Naruto porque estaba pensando en mí y en Kisame, en lo mucho que se esforzó por devolverme la vida y el esfuerzo que estoy haciendo por él.

Sí, claro. A otro perro con ese hueso. Él no lo iba a morder.

Llegaron al edificio en el centro de la aldea donde se encontraba la oficina de Mei. Itachi entró a hablar a solas con ella y Sasuke se siguió de largo para registrarlos en un hotel.

El muchacho no se arrepentía por acompañar a su hermano este mes (a pesar de sus penosos intentos de emparejarlo). Eran unas cortas vacaciones, a fin de cuentas. Kiri no ofrecía mucho como destino turístico, pero a Sasuke le gustaba el cambio de panorama y la compañía relajada de su hermano. Los últimos 3 meses habían hecho el viaje juntos. Llegaban a mediodía, comían algo, Sasuke se marchaba a curiosear o encontrar gente interesante para pelear e Itachi iba a la prisión, pasaban la noche en un hotel y al día siguiente partían. Si era necesario, llevaban o traían mensajes entre las aldeas o escoltaban a alguna persona que lo requiriera.

Se detuvo en una tienda de armas por pura curiosidad y encontró algunos kunai interesantes. Luego de no decidirse a comprar algo, se fue al hotel de siempre, los registró y recibió la sonrisa cálida de la encargada; ella lo reconocía. Era una chica más o menos de su edad que en ocasiones se hallaba tras el mostrador. Sasuke asumía que era la hija del dueño o algo similar.

—¿No ha venido Itachi-san en esta ocasión? —le preguntó la chica—. Espero que se encuentre bien.

—Fue a arreglar otros asuntos. Llegará en un momento.

Igual que si de una invocación se tratada, la comadreja entró al hotel en ese momento.

—¿Ya llenaste el registro? Hay un pequeño cambio de planes, nos quedaremos otra noche y nos iremos pasado mañana temprano —dijo Itachi.

Sin que se lo pidieran siquiera, la chica corrigió el registro con una sonrisa. Mientras lo hacía, Itachi le dio un pequeño codazo a Sasuke. Hanako era una muchacha atenta y bonita, siempre los atendía con especial agrado.

Sasuke rodó los ojos. El siguiente mes insistiría en cambiar de hotel.

oOo

Uchiha fue conducido por un ANBU de máscara azul. Ya se sabía el recorrido, pero era protocolario que alguien lo acompañara. Al entrar en la celda de Kisame, buscó con la mirada los libros que le mandó la semana antepasada. Allí estaban sobre la mesa.

Siempre le preguntaba al tiburón si recibía todas sus cartas y las cosas que le enviaba y, hasta ahora, la respuesta solía ser afirmativa. Un par de veces sus paquetes no fueron autorizados y se los regresaron. Igual a las cartas, sus regalos eran sometidos a escrutinio antes de dárselos a Kisame; tenían un control estricto. Las cartas eran leídas, no podía enviarle nada sellado, cualquier objeto afilado estaba por demás prohibido dentro de la correspondencia y shinobi especializados revisaban cada cosa con sus habilidades. No desconfiaban de Itachi, habían llegado a fiarse de él porque la aldea de la hoja lo hacía, no obstante, hubiera sido ingenuo dejar pasar su correo sin revisar.

Investigaban y verificaban porque eran las reglas.

De hecho, del lado de Kisame las cosas también estaban tranquilas. El hombre de piel azul jamás intentó escapar de nuevo y no dio problemas. Su conducta era impecable, su trato verbal era una delicia comparado con el de otros prisioneros. Leía los libros y mensajes de su compañero de Akatsuki, le escribía una carta inmensa cada mes, se ejercitaba y comía al punto de estar recuperando su antiguo peso, ya no existía la necesidad de vigilarlo las 24 horas del día y sólo hacían rondas en horarios aleatorios. Si existía una cosa que manchaba su historial, eran los últimos tres días; había estado un tanto irritable.

El ANBU cerró la puerta tras ellos y tragó saliva. "Órdenes son órdenes, ¿qué tan malo puede ser?" se dijo. Tenía en el bolsillo la carta de Terumi, donde especificaba un cambio temporal en las condiciones del prisionero, pero eso no modificaba el hecho de que él era un ANBU y que le tocaba hacer guardia durante la visita de Itachi. Agradeció tanto tener la máscara.

Kisame completó en el número 50 las abdominales que estaba haciendo y se puso de pie. Tenía un poco de sudor pegado a la piel. A falta de otra cosa en qué gastar su energía física, hacía ejercicio gran parte del día. No tenía concentración para leer o escribir.

Itachi se aproximó. Percibió el olor del mayor y se embriagó en él. Una sonrisa satisfecha le cruzó los labios. Se congratuló por haber hecho tan bien el cálculo y acertar en la fecha (aunque tal vez era más cosa de suerte que de ingenio). No importaba. Estaba ahí.

Dio otro paso y quedó a unos palmos de Kisame. Estaba tan cerca que Hoshigaki se sintió extrañado y, dicho sea de paso, también desesperado. El tiempo de sus visitas se había ampliado, Itachi podía enviarle cosas y en ocasiones lo veía más de una vez al mes, pero el nulo contacto físico y la vigilancia de un ANBU seguían siendo reglas en uso. Por ello le sorprendió tanto que la comadreja alargara la mano y tocara su rostro.

Kisame cerró los ojos y se concentró en la sensación de esos dedos delineando su mandíbula. Quería atesorar ese tacto ligero, guardarlo en la memoria por siempre porque en cualquier momento el ANBU los apartaría de un tirón. Eso no llegó a suceder.

Despegó los párpados y encontró los ojos oscuros de Uchiha. Con ellos le sonreía, con su mano lo sosegaba, con sus labios pronunció palabras inesperadas.

—Hay un cambio temporal en las reglas.

—¿Qué cambio?

—Puedo hacer esto cuanto me plazca —le dijo Itachi mientras acariciaba sus labios entreabiertos.

Kisame se inclinó y lo besó. Nadie se atrevió a separarlos. El beso fue breve y ansioso, contenía en él todo el contacto que debieron evitar los últimos meses. Itachi agarró los hombros del mayor y se puso en las puntas de sus pies. Se mordieron los labios, los enrojecieron, suspiraron en la boca del otro palabras de cariño. Kisame tomó los costados del Uchiha y, en un esfuerzo sobrehumano, lo apartó. Si continuaban besándose así no podría controlarse, querría tenerlo ahí mismo.

—No te detengas —habló Uchiha, lo tentó cruelmente a darle libertad a sus instintos.

—Es que… ¿No sabes la temporada que es? —Sus ojos expresaban una franca desesperación. Tal vez hubiera preferido que Itachi no lo visitara esta semana en particular, así no habría tenido la tentación de arrojarlo contra la cama y arrancarle la ropa. Además era muy cruel que las reglas hubieran cambiado en este preciso día sólo para torturarlo doblemente. Aunque, ya que lo pensaba, las reglas generalmente cambiaban porque Itachi hacía algo para conseguirlo—. ¿Por qué ahora puedes tocarme? ¿Qué hiciste?

—Nada, sólo hablé con Mei-sama. Me dijo que habías estado algo irritable y le comenté lo de la temporada; espero no te moleste. Por eso permitió el contacto, aunque sea sólo estos dos días.

—¿Dos días?

—Estaré aquí hasta que anochezca y volveré mañana en la tarde otra vez. Podremos… Ya sabes. Mizukage-sama me concedió esto como favor para ver si tu ánimo mejoraba. Creo que realmente le importas, Kisame, es sólo que no puede obviar tu pasado y…

Hoshigaki lo estrechó y lo besó intempestivamente. Las últimas líneas del diálogo de la comadreja le pasaron de noche. Sólo alcanzó a escuchar hasta la parte de "Podremos… Ya sabes". Y por supuesto que sabía qué podrían hacer, no tenía que hacerle un dibujo para explicárselo, aunque esa opción sería una morbosa delicia para contemplar después. No le molestaría tener un dibujo al respecto.

Sobó la espalda baja del joven al tiempo que lo besaba. Muchas noches había soñado con esto, en el día y despierto lo fantaseaba, la estación le llenaba la cabeza con imágenes de esa índole.

El ANBU, incómodo, apoyó su peso sobre la pierna izquierda.

Kisame lo miró con un gesto entre curioso e incrédulo. Esperó a que se marchara, en el inter volvió a besar al joven, y después continuó esperando a que se fuera. Debería de hacerlo en cualquier momento. No obstante, el único cambio visible fue que pasó el peso de su cuerpo al lado derecho. Hoshigaki frunció el entrecejo.

Itachi lo notó distraído e intuyó el motivo.

—A mí tampoco me agrada la idea, pero Mei-sama le pidió discreción.

Sí, discreción y mente abierta, comunicaba Terumi en la carta. Aunque lo que el hombre enmascarado pensaba era "Valor, Souta. Valor".

—¿Quieres decir que el ANBU se queda? —preguntó Kisame. Recibió un asentimiento a manera de respuesta.

Bien, tenía sentido. El omitir la regla del contacto no disipaba todas las demás, en especial la de la vigilancia. A él no le molestaba demasiado que los viera un shinobi, era un hombre en una misión y, como tal cosa, debía mostrar la antes mencionada discreción. Lo que no sabía era si Itachi tenía alguna objeción. Era de suponer que no, pero sentía la obligación moral de preguntarle. Había un tercero en el cuarto y ellos dos iban a resolver de la manera usual sus impulsos de temporada, por lo que le pareció importante obtener el consentimiento explícito de la comadreja.

—¿Estás cómodo con estas condiciones? —preguntó Hoshigaki.

—Es algo embarazoso, pero, estaré bien. —No iba a morir de vergüenza, no podría ser más penoso que la vez en que se emborrachó.

—Le daremos un buen espectáculo —bromeó Kisame para aligerar la tensión del momento.

"Valor, Souta. Mucho, mucho valor".

El ANBU se quedó quieto en su lugar, haciendo guardia, estando alerta y sintiendo el rostro caliente tras la máscara. Nunca había visto a dos hombres sostener relaciones. Había sido partícipe de actos carnales, sólo que con una mujer y nunca en calidad de espectador. Se preguntó por qué Mei lo habría elegido para la guardia de esa ocasión. Ya había montado vigilancia en visitas anteriores de Itachi y sabía que él y el tiburón eran más que amigos, pero de ese inocente conocimiento a ver los límites de su cuerpo confundidos…había un mundo de diferencia.

No es que Souta fuera un santo y esta misión tuviera el potencial de traumatizarlo de por vida, no, era que le llamaban poderosamente la atención algunos aspectos de la escena y otros le parecían un tanto perturbadores.

El prisionero le quitó la playera a su visitante y le besó cuello.

Souta vio la prenda ser arrojada sobre la mesa, aquella en la que Kisame comía, se sentaba a escribir y apilaba los libros de Itachi; leyó el título del que no alcanzó a ser cubierto por la playera: "Amrita". Entonces se obligó a devolver los ojos a los dos hombres que se devoraban a besos.

La altura y complexión de Hoshigaki eran de esas cosas llamativas, pensaba el ANBU. No lograba recuperar su peso anterior todavía, estaba algunos kilogramos por debajo, pero eso no afectaba mucho la impresión general del cuadro. El hombre era más grande que el joven, cuestión que se le antojaba un poco morbosa. Además, estaba la diferencia de edades. Kisame acababa de cumplir 33 años en fechas recientes (él mismo recibió el regalo enviado por Uchiha, lo revisó y lo entregó al prisionero) e Itachi tenía más o menos su edad. Tendría unos veinte-y-pocos.

El ANBU aspiró profundo y no pudo interrumpir el flujo de sus pensamientos. Se preguntó, con una suerte de asombrado horror, cuántos años tendría Itachi la primera vez que se acostó con el otro. Sabía que fueron compañeros en Akatsuki por varios años y que el shinobi de la hoja ingresó en la organización a una temprana edad. ¿19, 17? ¿Cuántos años tendría Itachi entonces? ¿16, 15? No se atrevió a disminuir más la cifra por temor a que imágenes inapropiadas se formaran en su mente. Se concentró de nuevo en el presente.

Vio cómo eran descartadas las prendas una a una y apreció el trato brusco de Hoshigaki. A pesar de que Itachi no era ningún niño y, en realidad, se trataba de uno de los shinobi más fuertes con vida en ese momento, era preocupante ver el trato que le daba el mayor. Le mordió los labios, le dio una hosca palmada en el trasero y lo arrojó a la pequeña cama con desesperación. Viendo la cicatriz en el cuello de la comadreja, Souta pensó "Quizás le gusta el trato rudo". A veces, a él le gustaba ser rudo con su mujer y a ella le encantaba.

De todos los shinobi que conocía, él nunca hubiera considerado unir a una pareja así. Los miraba y se le antojaban una combinación tan extraña. Eso sin mencionar el contexto en el que se hallaban: El cautiverio.

"El amor es una cosa rara" sentenció y distribuyó el peso de su cuerpo entre sus dos piernas.

Itachi y Kisame no se olvidaban por completo del ANBU, por muy absorbidos que estuvieran en su tarea, eran conscientes de su presencia y se veían afectados por ella. De inicio, Itachi trató de controlar los gemidos y jadeos; a su vez, el tiburón cuidó que el cuerpo de su compañero no quedara demasiado expuesto. Luego, esas nociones se fueron al traste. Uchiha estaba embriagado por el agradable olor del otro y Hoshigaki estaba en celo. Si en algún punto de la noche trataron de dominarse y mostrar decencia en este acto caótico, se olvidaron de ello en cuanto el mayor comenzó a preparar el esfínter de Itachi.

La comadreja traía consigo una pequeña botella de lubricante, que fue todo lo que le permitieron. Esperaba que fuera suficiente para la tarde entera. Abrió las piernas y desvió la mirada, se mordió la muñeca mientras Kisame, de rodillas en la cama, trabajaba el músculo indispuesto a ceder terreno.

Hoshigaki masajeó el exterior de aquella entrada esbelta, vertió el frío lubricante que luego calentó con sus dedos y empezó a forzar, a forzar lentamente.

—Prepárame bien —le ordenó Itachi.

Un insight se posó en la mente de Kisame y le hizo sonreír encantado.

—No has estado con otros hombres a parte de mí, ¿verdad, Itachi-san? Y tu cuerpo, como me has dicho, se renovó luego del Edo Tensei… Otra vez eres virgen.

—Este cuerpo es virgen; mi mente, no —discutió la comadreja. Para prueba de ello estaba el ANBU que yacía junto a la puerta. El Itachi virgen, el que lo era en cuerpo y mente, no hubiera accedido a perder la inocencia mientras un hombre enmascarado les miraba.

—Cómo cambian las cosas —reflexionó Kisame presionando el anillo de músculo. Oh, se sentía tan estrecho.

Uchiha profirió un pequeño grito. Luego de un momento, le pidió que agregara otro dedo y entonces otro. Estuvo a punto de pedirle el cuarto, no obstante, Kisame dio señales de desesperación.

—Ya está bien. Túmbate sobre la espalda, quiero estar arriba —dijo el joven.

Para la sorpresa del ANBU, Itachi se montó sobre el otro y dirigió su dotado miembro hacia su interior. A través de la máscara vio el sexo del prisionero perderse entre los glúteos de Uchiha. Escuchó los gemidos del menor e intuyó que aquello le complacía, vio el ritmo que tomaba al subir y bajar y supuso que tenía experiencia en el área. Souta pensó en su mujer y se preguntó si estaría dispuesta a montarlo de esa manera.

"Al acabar esta guardia pediré unas vacaciones" se decidió el ANBU. Desgraciadamente para él, el turno no acabó pronto. Sus custodiados tendrían sexo en ésa y dos ocasiones más.

Era una bendición mezclada que la absorción de chakra de Kisame estuviera bloqueada. Obviando las desventajas, estaba la parte en la que podían tener relaciones sin preocuparse de que Itachi terminara inconsciente. Podían dejarse llevar sin miedo.

Uchiha jadeó y se corrió en el pecho del otro. Apretó los párpados y sus músculos hicieron algo similar. La sensación cálida de Kisame derramándose en su interior, estremeciéndose bajo su cuerpo, pronunciando su nombre en un gruñido, fue placentera en un nivel más allá del físico.

Más tarde Kisame lo tomó por detrás, pidiéndole que se pusiera en cuatro patas y que lo llamara de esa forma especial que lo volvía loco. La tercera vez lo hicieron de frente, Hoshigaki encima e Itachi envolviéndolo con sus brazos y piernas, sus rostros muy juntos y los gemidos quedos, íntimos.

Se durmieron por un rato en la estrecha cama, con sus cuerpos entrelazados. El ANBU casi sintió compasión cuando llegó la noche e Itachi debió marcharse.

—Uchiha-san, es hora.

La tarde siguiente Itachi regresó, Kisame le dio una herida sangrante en el muslo y él le regaló varios chupetones en la espalda.

El mes siguiente también regresó. Y el siguiente y algunos más hasta que ya no tuvo motivo para retornar a Kiri.

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Idea en adopción:Mei Terumi me parece tan guapa y en mis locas ensoñaciones me gustaría verla con Sasuke. Un summary algo coqueto podría ser: "Sasuke cambió de bando durante la guerra y peleó en contra del juubi, pero ni siquiera con eso se pueden obviar sus crímenes pasados. Siguiendo el orden de su castigo, este mes es trasladado a Kiri y la Mizukage hará uso de él como mejor le parezca".

¿Alguien acepta el reto de darle vida a esa fantasía mía?

Me imagino que un bonito castigo para Sasuke por sus crímenes sería hacerlo esclavo de los Kages; a cada uno le toca usarlo un mes, pero lo que me importa es el periodo de tiempo en el que Mei lo tiene a sus pies. Eh, ¿alguien se anima? Doy en adopción esa idea P: