Disclaimer y Créditos: Rozen Maiden, así como los personajes de dicha historia, no nos pertenecen. Las 6 Partes de Alice (Wousisho, Sophie, Atashika, Ceyra, Ayra y Lio-Yang) son OCs propiedad de Nanis4816/Lio83261 (Misma autora, ¡nueva cuenta!) A quien agradezco personalmente por acceder a hacer este fic conmigo.

Notas de Autores:

- Lio83261: ¡que les guste, por favor! - Me enorgullece que tan excelente escritor haya querido seguir con mi ayuda, igual que me alegra tener lectores como ustedes.

- VVDSelmasongs: Agradezco a todos los lectores por su fidelidad, todo el amor para ustedes, espero que el capítulo sea de su agrado... Posdata: ¡Nueva portada! ¿Les gusta?


Tale IX

Apenas ingresó al Campo N, la quinta Parte de Alice pudo percibir el humo tóxico en el aire que seguramente había sido obra del cuarto Prisma Krieger en un intento por retrasar a cualquiera que intentase rescatar a la Maiden que tenía como rehén: Suigintou.

Ayra comenzó a toser y, por inercia, a batir con fuerza sus alas para despejar aquella neblina oscura que le dificultaba la visibilidad. La quinta Rozen Maiden hizo su aparición detrás de la pelinegra justo en el momento en que el humo se disipó. Ayra notó la presencia y observó a Shinku devolverle la mirada. Posteriormente, ambas se dedicaron a contemplar el ambiente en el que se encontraban: Era selvático, con abundantes lianas y plantas de miles de formas y tamaños. El aire era considerablemente húmedo. Shinku comenzó a avanzar, pero se tropezó con una raíz y cayó de cara al suelo, llevándose una desagradable sorpresa al darse cuenta de que se había embarrado por completo de fango. Shinku se incorporó, esbozó una mueca de asco y se quejó. Miró a Ayra, quien tenía la mirada perdida en el horizonte.

- ¡Ayra! –Exclamó, intentando llamar la atención de su hermana.

Ayra la miró y contuvo la risa. – ¿Tantas ganas tenías de darte un baño?

- ¡Esto es serio! ¡Quítame todo este lodo!

Ayra obedeció: Apuntó a Shinku, su anillo comenzó a irradiar una luz color café, y posteriormente dobló su mano hacia abajo, con lo cual todo el fango que cubría a Shinku cayó al suelo.

-Bien, no pienso quedarme en este lugar. No puedo luchar en semejantes condiciones. –La rubia se da media vuelta– Depende de ti.

- ¿Estás bromeando? ¡No irás a ningún lado, ya estás limpia! ¿Cuál es tu excusa?

- ¡No es una excusa, Ayra! No me gusta este lugar. Además, eres lo suficientemente fuerte para derrotar a ese bicho tú sola.

- ¿Eso crees? ¡De ser así lo hubiera derrotado la primera vez que lo vi y no me habría secuestrado en primer lugar!

-Eso es diferente. Esa vez él te tomó desprevenida, no conocías a tu enemigo y no sabías con qué clase de cosa podría atacar. Ahora sabes a lo que te enfrentas y sabes cómo contraatacar.

-¡Patrañas, Shinku! Lo que dices son puras patrañas, indiferentemente si hubiese conocido sus tácticas de pelea o no, me habría secuestrado de todos modos: ¡Él es muy poderoso!

Shinku miró a Ayra por sobre su hombro. –No creo que sea más poderoso que una parte de Alice.

- ¿Acaso estás dormida? ¿No recuerdas lo que acaba de pasar?

-Eran demasiados.

Ayra ríe con ironía. – ¡Y nosotras éramos muchas más!

Ayra se dio media vuelta y comenzó a avanzar, dejando atrás a Shinku, quien se volvió hacia la pelinegra y exclamó:

- ¿A dónde vas?

Sin mirar atrás ni detenerse, la Parte de Alice contestó:

-No tengo tiempo para esto. Mientras más me tarde, menos posibilidades tendré de hacer lo único que realmente importa: Salvar a Suigintou.

La muñeca de vestimentas carmesí reflexionó y se dio cuenta de que su hermana tenía razón, por lo que se apresuró a alcanzarla, estando más pendiente de los charcos de lodo esparcidos en el suelo.

La muñeca alada se dio cuenta de lo que estaba haciendo la rubia y cuando estuvo lo suficientemente cerca, dijo sonriendo:

–Me alegro de que hayas decidido ayudar.

Las señoritas recorrieron la selva, topándose de vez en cuando con alguna que otra planta extraña que Ayra se encargaba de quemar, o con las quejas ocasionales de Shinku respecto al calor húmedo, pero a pesar de todo ello no se detuvieron en ningún momento: Estaban decididas a rescatar a su hermana de manos de aquél muñeco siniestro de alas púrpura.

Pasado cierto tiempo de búsqueda sin resultados alentadores, decidieron sentarse a descansar. Pero antes de que pudieran iniciar una conversación, un sonido las puso a ambas alerta.

– ¿Escuchaste eso? –Preguntó Shinku.

–Sí. Al parecer no estamos solas en este lugar…

El sonido era un rugido, y se repitió un par de veces más. Para cuando el dúo se hubo incorporado, apareció la criatura responsable de aquel susto: Era una bestia felina cuatro veces más grande que ellas, de pelaje blanquecino y un par de afilados colmillos superiores sobresaliendo a cada lado de su boca. Poseía alas en su lomo, garras y patas musculosas. Era notorio el hecho de que la criatura era veloz, agresiva, y de que no estaba de buen humor. Sin pensarlo dos veces, Shinku se apresuró a atacar con una ráfaga de pétalos de rosa roja que no lograron causar daño alguno. El felino rugió nuevamente y golpeó a la quinta Maiden con una de sus patas delanteras, arrojándola lejos. Ayra voló lo suficiente como para elevarse del suelo, y a su vez lo hizo la bestia al notar aquella acción. El anillo de la parte de Alice comenzó a irradiar una luz roja intensa y con sus manos apuntó a su objetivo, para lanzar un par de bolas de fuego que lograron quemar a la criatura, y que a su vez acrecentaron la furia de la misma.

El felino sacó sus garras afiladas y voló hacia Ayra para rasgarla, sin éxito en el primer intento pero consiguiéndolo en el segundo y causándole mucho daño a la parte de Alice. Shinku, por su parte, liberó una ráfaga mucho más grande de pétalos de rosa roja y, con sus poderes, hizo que los pétalos tomasen forma de púas y como lluvia cayeron sobre su objetivo, causándole un daño considerable, pero no el suficiente para acabar con él. La bestia voló velozmente hacia la quinta Maiden y la embistió, haciendo que se golpeara con un árbol antes de caer debilitada en la tierra. Posteriormente, la criatura descendió al suelo y lentamente comenzó a dirigirse hacia la herida. Para cuando se recompuso lo suficiente, Ayra se dio cuenta de que su hermana se encontraba en peligro y nuevamente utilizó sus poderes: Su anillo se iluminó, esta vez irradiando un color blanco, y ello le permitió crear un ciclón que fue capaz de alejar al felino de Shinku, el tiempo suficiente para que la pelinegra volase hasta donde se encontraba la rubia.

– ¡Shinku! ¿Estás bien? –Exclamó, con cierto tono de preocupación.

La mencionada se incorporó con esfuerzo. –E-eso creo… ¡Hollie! –Llamó, y a su lado apareció su espíritu artificial el cual le otorgó su bastón. La rubia lo usó para ayudarse a mantenerse de pie.

– ¡Tenemos que hacer algo! No nos queda mucho tiempo antes de que esa cosa vuelva a por nosotras.

–No podemos huir en estas condiciones, debemos luchar.

– ¡Pero eso es lo que hemos estado haciendo hasta ahora, y mira en qué ha resultado!

Un rugido sirvió como señal para indicar la presencia del monstruo aproximándose.

–No tenemos otra opción, Ayra. ¡Combinemos nuestras habilidades! Quizá logremos hacer más daño.

Ayra asintió y dio media vuelta para mirar de frente al enemigo finalmente deteniéndose frente a ellas. La bestia comenzó a batir sus alas creando ondas de viento; Se dispuso a atacar con sus garras pero fue detenido en seco por un golpe en la cabeza obra de Shinku y su bastón, y luego fue quemado por una llamarada creada por Ayra. Shinku golpeó varias veces más hasta que la criatura le apartó con un golpe de sus patas en un intento por causarles daño a las señoritas. Inmediatamente, la parte de Alice manipuló una roca y golpeó fuertemente al enemigo en la cabeza, lo que finalmente logró que el mismo cayera al suelo inconsciente. La pelinegra aprovechó la oportunidad para abrazar fuerte a su hermana y emprender una huida aérea.

Cuando estuvieron en un lugar seguro, las hermanas se felicitaron mutuamente por haber ganado aquella batalla improvisada.

– ¿Crees que ese haya sido el comité de bienvenida de Darcel? –Preguntó Ayra.

–No lo sé, tal vez. Y ahora que lo mencionas, esa batalla nos quitó tiempo invaluable para rescatar a Suigintou.

–Debemos reanudar la búsqueda, no hay tiempo para descansar.

–No busquen más. –Se escuchó la voz de Darcel.

– ¡Darcel! –Exclamaron al unísono las señoritas, poniéndose alerta.

El cuarto Krieger hizo su aparición, sonriente, frente a las dos creaciones de Rozen.

– ¿Dónde está Suigintou? –Preguntó Shinku con un tono de voz agresivo.

–Incluso más cerca de lo que creen, os lo aseguro.

– ¡Libérala ahora! –Exigió Ayra.

– ¿O si no, qué? –Sonrió, travieso.

–No quieres averiguarlo. –Aseguró la rubia, frunciendo el ceño.

–Vale. Si tanto la quieren, ¿Por qué no vienen por ella?

–Eso no ocurrirá. ¡De seguro es una trampa! No somos tontas. –Replicó Ayra.

–De acuerdo. Si no van a caminar a la trampa, simplemente llevaré la trampa a ustedes. –Dijo, y luego chasqueó los dedos.

Las muñecas sintieron como sus pies se aferraron a la tierra sobre la que estaban paradas y comenzaron a hundirse. Darcel voló hacia la rama de un árbol y se sentó con elegancia sobre ella, contemplando la escena desde las alturas.

– ¿Qué rayos? ¡Arenas movedizas! –Exclamó Shinku– ¡Ayra!

Ayra comenzó a batir sus alas en un intento por elevarse, sin éxito. Luego intentó utilizar sus poderes.

–Oh, no, eso no servirá de nada. –Dijo Darcel, dándose cuenta del esfuerzo de la parte de Alice– Estoy usando gran parte de mi poder en esas arenas, por lo que cualquier cosa que intentéis con vuestros pequeños poderes no las sacará del apuro. –Recargó su cara en su mano– Podemos ahorrarnos esto si me dais vuestras rosas místicas ahora.

– ¡Primero muerta! ¡No nos daremos por vencidas tan fácilmente! –Gritó Ayra, enfadada.

El pelinegro bostezó, aburrido. –Muy bien, ¡Buena suerte salvándose!

–Tiene que haber una forma… –La parte de Alice frunció el ceño, pensativa.

–Se acabó, Ayra. Moriremos aquí. Lo intentamos. –Dijo Shinku, notablemente desmotivada.

Ayra le dio un bofetón a Shinku que le dejó la mejilla roja. – ¿Qué rayos pasa contigo? –Exclamó.

Darcel sonrió desde donde estaba. –Se ven tan indefensas. Podría acabar con ustedes ahora, pero puesto que soy un caballero, os doy el chance de que intenten escapar. ¡Vamos, diviértanme! ¡Se supone que son las más poderosas!

Ayra y Shinku se enojaron ante la mofa. La rubia susurró audiblemente para la pelinegra: –Atacaremos desde aquí, sin importar nada. Él se distraerá y las arenas movedizas se debilitarán.

Posteriormente, Shinku liberó su poder conocido como furia carmesí: Miles de pétalos de rosa flotaban en las cercanías, irradiando una fuerte energía. Shinku hizo que todos se concentraran en un punto, y posteriormente el anillo de Ayra se iluminó, y fue capaz de crear un remolino que encerró en su interior los pétalos.

– ¡Este es nuestro poder! ¡Tornado carmesí! –Gritaron ambas al unísono antes de liberar el ataque.

El Krieger esperó pacientemente a que el movimiento se aproximase para despejarlo con sus alas, creando un espectáculo de pequeñas chispas rosáceas que comenzaron a descender a causa de la gravedad. Las hermanas se quedaron en shock ante la facilidad con que el enemigo deshizo su ataque como si no fuera nada.

– ¿Pero cómo es posible…? –Se preguntaban las señoritas, boquiabiertas.

– ¿Es todo lo que tienen? –Dijo el ojiazul, con una expresión de aburrimiento en su rostro.

Sin pensarlo, Ayra liberó una llamarada que fue capaz de quemar al desprevenido muñeco. Por instantes, las arenas movedizas se debilitaron y la quinta parte de Alice fue capaz de elevarse y escapar de la trampa. Intentó sacar a Shinku, pero fue impactada por una bola de fuego púrpura. Enfurecida, la ojiplateada bombardeó a su enemigo con múltiples llamas ígneas, y él hizo lo mismo. Shinku se quemó múltiples veces, asimismo los demás sufrieron daño.

En un momento dado de la pelea, a Darcel se le cayó un collar con un prisma púrpura, dentro del cual se encontraba aprisionada Suigintou. Shinku se dio cuenta, pero aunque lo intentó, no logró alcanzarlo. Darcel y Ayra se encontraban luchando en el aire. La quinta parte de Alice golpeó al cuarto Krieger fuertemente, enviándolo al suelo. Decidida a acabar con la lucha, utilizó sus poderes para elevar una enorme piedra y luego moverla de tal manera que la gravedad haría que cayera sobre Darcel, pero éste último fue capaz de evadir el ataque, quedando ileso. Lo que la pelinegra no sabía era que, la roca cayó sobre el collar, rompiendo la gema del mismo. Shinku desde donde se encontraba gritó, alarmada. Darcel, quien se había dado cuenta de lo que había ocurrido, sonrió, complacido. Ayra no comprendía lo que sucedía y Shinku pidió que, con sus poderes, retirase la piedra de donde se encontraba.

Pocos instantes luego, el prisma roto liberó el cuerpo de Suigintou el cual quedó a un lado del collar, y luego perdió su color. El cuerpo de la primera Rozen Maiden estaba agrietado en el área del pecho debido al daño que la roca causó en su prisión y por consiguiente en ella. Ayra se puso pálida de la impresión, mientras Shinku se quejaba de impotencia en su intento por liberarse. Las grietas en el cuerpo de Suigintou terminaron por crear un agujero en su pecho e instantáneamente su cuerpo comenzó a irradiar una luz de color violeta, justo antes de que su rosa mística saliera y comenzase a revolotear por el sitio. Ayra voló en picada, con lágrimas en los ojos, para tomar la rosa mística de su hermana, pero Darcel voló a gran velocidad y la embistió, alejándola. El Krieger tomó la rosa mística en sus manos y, sin más, la devoró.

El cuerpo de Darcel comenzó a emitir una intensa luz púrpura que duró unos segundos, para luego desvanecerse. Una de las alas del Krieger se tornó de color negro, como las de la primera Rozen Maiden, lo cual era señal de que la rosa mística efectivamente se había fusionado con el prisma de vida del muñeco.

Las arenas movedizas se desvanecieron y Shinku se quedó de pie, inmóvil, llorando. – ¡Suigintou! –Gritó– ¡No, Suigintou, tú no!

– ¿Por qué…? ¿Por qué no… me di cuenta antes… de que…? ¡Suigintou…! –Decía Ayra mientras lloraba– ¡Perdóname, Suigintou! ¡Perdóname!

Darcel rio y pateó el cuerpo de Suigintou. Luego miró a los ojos a Shinku y sonrió. –Vendré por ustedes luego.

Tres portales se abrieron en aquel momento y LaPlace apareció en el centro del lugar. El Krieger voló y abandonó el lugar. Las señoritas aún se encontraban lamentándose por lo ocurrido y no movían ni un músculo.

–No deben llorar por lo que es natural: el dolor es temporal y el destino inalterable. Atraviesen los pasajes antes de que se cierren. –Dijo el conejo, sin mostrar emoción alguna.

– ¿Algo natural? ¿Acaso es natural que una obra que no es de por nuestro Padre, intervenga en el Juego de Alice y arrebate las rosas místicas de todas nosotras? –Gritó Shinku, indignada y aún con lágrimas en los ojos– ¿Por qué no nos ayudaste? ¿Por qué no salvaste a Suigintou? ¡Se supone que eres el árbitro, y debes hacer que se cumplan las reglas!

–No he encontrado motivo alguno para intervenir durante la batalla. De haberse ocurrido lo contrario, habría actuado y la lucha acabaría más rápido que un chasquido. –Respondió LaPlace.

– ¿De qué lado estás?

–De ninguno, de eso se trata. –Dijo, y luego se desvaneció y apareció detrás de Shinku, posterior a lo cual la empujó haciendo que ella atravesase el portal. Luego miró a Ayra por el rabillo del ojo– Señorita Ayra, espero que decida marcharse pronto y no se quede aquí mucho tiempo más. –Recogió el cuerpo de Suigintou en brazos y abrió un portal a sus pies el cual atravesó al instante.

Ayra descendió al suelo. Suigintou, te has ido, y es todo por mi culpa, perdóname por favor, pensó mientras lloraba en silencio y caminaba hacia el portal que quedaba.

CONTINUARÁ...