Capítulo 9! Nos acercamos al final, señores... Así que aquí es cuando las cosas se ponen más interesantes. Jean y Eren se han acercado como nunca creyeron que lo harían, y en menos de tres días! Fue casi como un sueño. Pero lo malo de los sueños...es que tarde o temprano tendrás que despertar.

Lucy Sasaki, sí! Es que en el fondo Jean no quiere que se vaya :3 y Eren tampoco quiere irse en realidad... Jajaja no, lo siento, contigo no estuvo comprometido :'v pero sí con... :D

Flames


El viento soplaba, cálido, y el sol aparecía a intervalos entre el cúmulo de nubes. Las aguas del largo río reflejaban la arquitectura dual de lo moderno y lo antiguo por entre la que se desplazaban las personas; las calles empedradas y las jardineras de múltiples colores mostraban una armonía dinámica que sólo es propia de las ciudades.
Estaban en Dublín.
Una vez que descendieron del autobús y recuperaron a "Armin", Jean y Eren buscaron la cabina telefónica más cercana. Cuando la hallaron, el segundo marcó al hotel donde se hospedaba su "semi-prometido", como solía llamarlo Jean, quien esperaba afuera.
-Hotel Budapest, buenos días.
-Buenos días, disculpe, busco al señor Levi Ackerman.
-Oh claro, un segundo-hubo una pausa en la línea-. Lo siento, parecer ser que el doctor salió, ¿gusta dejarle algún recado?
-Sí, muchas gracias.
Momentos después, Eren colgó el teléfono y salió de la cabina.
-¿Y bien?-preguntó el de ojos dorados.
-Salió, pero le dejé un recado en recepción.
-¿No le llamaste al celular?
-Lo tiene apagado. Seguro está en una reunión.
-Ya... Bueno, en lo que regresa podemos dar un paseo-Jean hizo un ademán desinteresado-. Sirve que si vemos un cajero, podrás pagarme.
-Oh no, ya no caminaré más. Mejor pidamos un taxi.
Jean puso los ojos en blanco.
-Se supone que te cobraré por llevar a Armin otro tramo. Además, tienes dos piernas: úsalas, holgazán.
-El mayor atractivo después de mis ojos, según dicen-replicó Eren, que por los shorts que traía podía lucir dichas extremidades, delgadas aunque torneadas. El otro las contempló, torció la boca y luego lo miró, arqueando una ceja.
-¿Quién te dijo semejante mentira?
Dicho esto le dio la espalda y comenzó a caminar. Eren frunció el ceño pero segundos después sonrió y se apresuró a alcanzarlo para darle un golpe en el hombro por su "chistecito".
Ambos recorrieron las tranquilas calles de Dublín hasta internarse en un parque, cuyo ambiente se presentaba amigable en todos los aspectos.
-Es una bella ciudad-comentó el ojiverde, poniendo las manos tras su espalda-. Y todavía no me topo con algún ladrón.
-No importa. Tú cuídate de los truhanes y estafadores, siempre están ahí, esperando dar el golpe.
Jean no lo miraba, pero Eren notó que había recuperado ese semblante serio. El mismo de aquella boda en Dingle.
Se detuvieron en un puente que se reflejaba en las aguas de un pequeño riachuelo, el cual contemplaron durante varios minutos. De pronto, Eren respiró hondo y lo miró.
-Está aquí, ¿cierto?
Jean mantenía la expresión seria y veía al frente. Suspiró, resignado al saber que lo habían descubierto.
-Sí. Ambos están aquí.
Eren volvió la vista a las aguas.
-Los chicos de esa foto. Alguno debe ser todo el problema-se lo pensó un momento y luego le miró de nuevo-. Voy a arriesgarme y decir que es ella. Ella es la "estafadora" ¿no es así?
El irlandés, incómodo, fijó la vista en un par de patos que nadaban cerca.
-¿Y el chico quién es? ¿Él también...?
-No. Sólo mi ex mejor amigo-sentenció Jean, mirándole ahora. Sus ojos brillaban.
-Oh. Así que...ella y él...-Eren mordió su labio inferior un instante-. Qué mierda. Lo siento mucho.
Jean entrelazó sus manos y se apoyó sobre la barda del puente.
-Los tres trabajábamos en el bar Trost. Compramos el pub y partimos de nada; nos fue bien una temporada, estaba en su máximo esplendor. Sólo éramos Marco, Mikasa y yo.
Eren arqueó una ceja.
-¿Mikasa?
Jean se ruborizó. Bajó la mirada al agua y soltó una suave carcajada.
-Fue un regalo que me dio. Vimos ese coche en una feria local y me encantó, aunque no llevaba suficiente dinero para comprarlo. Poco después regresé, pero ya se lo habían llevado-se encogió de hombros-. Lástima, encontraré uno mejor, me mentí. Un día desperté y ella estaba afuera, esperándome con las llaves-esbozó una sonrisa triste-. No he vuelto a sentir una emoción semejante, pero quise atesorarla lo mejor que pude.
El ojiverde parpadeó. Después sonrió con ironía y se cruzó de brazos.
-Rayos, Jean. No creí que fueras tan cursi.
-Romántico, cretino. Además, te repito, no soy tan obvio como tú-alzó ambas manos e hizo ademanes femeninos-. ¡Año bisiesto! ¡Yupi!
Eren lo taladró con la mirada, irritado. Jean se cruzó de brazos por igual y lo observó, desafiante. Pese a sus intentos, el primero no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, misma que el otro correspondió; en seguida, Eren soltó un resoplido antes de carcajearse por lo graciosa que ahora encontraba su "imitación". Sin reír, pero casi tan divertido como él, Jean negó con la cabeza y volvió a contemplar el riachuelo. Cuando las cosas se calmaron, recuperó su semblante nostálgico.
-Por tres años todo fue perfecto. No sé, creí que Mikasa y yo éramos el uno para el otro...-bajó la vista unos instantes y luego la alzó hacia él-. Pero parece que no.
Ambos se miraron durante varios segundos, después Jean rompió el contacto.
-Está bien. Te lo diré.
-¿El qué?
-¿Recuerdas mi pregunta de los 60 segundos?
Eren asintió.
-En mi caso sería la sortija de mi madre. Es un caballo de plata que tiene una pequeña esmeralda en su pecho-lanzó un largo suspiro-. El problema es que ella la tiene.
-Pues estás aquí ahora. Haz algo y recupérala.
-Lo sé...
-Jean, es la sortija de tu madre. Tienes todo el derecho de pedírsela y ella no tiene por qué negarse.
-Sí...-el irlandés se giró hasta quedar recargado en la barda-. En fin, ahora hablemos de la tuya, Chico Bisiesto.
-Vaya, al fin me apoyas.
-En realidad no me importa, yo sólo llevo el equipaje y arreglo los problemas que ocasionas.
Ambos ahora estaban erguidos. Eren arqueó una ceja y sonrió.
-¿Entonces no tienes interés?
Jean le lanzó esa mirada de extraño brillo. La misma que en Malicabri.
-¿Habría diferencia?
El ojiverde lo contempló, sorprendido. Parpadeó y un leve sonrojo cruzó sus mejillas; incómodo, apartó la vista, sin saber cómo responder. Jean se limitó a soltar una pequeña carcajada y coger el asa de la maleta.
-Anda, vámonos.
Dicho esto, le pasó de largo. Eren lo miró alejarse unos instantes y luego lo siguió.

Más tarde, en el hotel, Eren se dirigía hacia la recepción donde Jean lo esperaba; llevaba un sobre en la mano.
Una vez que estuvieron frente a frente, el ojiverde no pudo evitar sonreír abiertamente, mientras que el más alto sólo lucía una expresión relajada.
-Entonces...
-Sí.
Eren miró hacia abajo, al sobre, y luego se lo extendió. Para su sorpresa, Jean negó con la cabeza.
-No, déjalo.
-Jean, es tuyo. Teníamos un trato-replicó, intentándolo otra vez.
-Tú lo has dicho: "teníamos".
-Pero...Lo necesitas, ¿cierto?
El ojidorado miró hacia otro punto, asintió y se encogió de hombros antes de encararle.
-Lo necesito, sí-alzó un brazo para tocar la mano de Eren, la que sostenía el sobre, y con suavidad la empujó hasta su pecho, devolviéndoselo-. Pero no lo quiero.
-Entonces ¿qué propones?-le preguntó el bostoniano, a lo que el otro respondió sacando una moneda de su bolsillo.
-Cara gano, cruz pierdes.
Eren sólo rio y asintió con la cabeza.
Jean lanzó la moneda y cuando cayó, la atrapó con ambas manos. Se miraron, expectantes, y el irlandés separó sus palmas. Eren suspiró.
-Cara.
-Qué lástima, te quedaste con tus 600 euros.
-Al menos tienes un sándwich en tu estómago sin fin.
Ahora le tocó al barman reír. Ambos volvieron a mirarse; Eren le palmeó el hombro.
-Hasta nunca, pervertido idiota.
-Que te vaya bien, nenita-Jean volteó hacia la maleta y apretó el asa-. Armin, un placer.
Eren sonrió, divertido. Entonces Jean alzó la vista; por un último instante, el dorado se reflejó en el verde y los colores brillaron más que nunca, hasta que Jean rompió el contacto al cerrar los ojos y avanzar hacia la salida.
-Adiós, Eren.
El ojiverde le dio la espalda, dejando escapar el aliento que no notó retener. Parpadeó y tocó su pecho, sintiendo una punzada. Era extraña, pues no le transmitía simple dolor, sino una sensación de vacío.
Mientras tanto, Jean se había detenido a escasos metros de la puerta. Sus ojos se abrieron más, como si hubieran sido testigos de una revelación, y su semblante se tensó. Firme, decidido de repente, dio media vuelta y caminó hacia el joven.
-Eren.
El aludido se giró y avanzó un par de pasos, entre aturdido y expectante.
-¿Si?
Quedando frente a frente, Jean separó sus labios para hablar, pero...
-¡Eren!
Ambos voltearon. La voz le pertenecía a un hombre bajo, de traje negro, que se acercaba por el pasillo con una pequeña sonrisa. Éste se ruborizó un poco, pero le devolvió el gesto.
-¡L-Levi!
Cuando el aludido llegó hasta ellos, le dio un fuerte abrazo al joven, claramente feliz de verlo. Jean observó la escena, anonadado. ¿Ése era el famoso Levi? ¿Ese enano traga años? Porque de la edad de Eren y él no era, debía tener unos 10 años más...o 20. Aunque admitía que no era algo que se remarcara: era apuesto, sin duda, aquel cabello oscuro le daba un aire atractivo y el corte, muy parecido al suyo por cierto, le favorecía. Sus ojos claros le daban un aire solemne que imponía respeto hasta para el más cínico, como el que él era.
¿Por qué se estaba comparando, mierda?
-Disculpe, ¿lo conozco?-le preguntaron, interrumpiendo el flujo de pensamientos.
-Ah, Levi. Él es Jean-intervino Eren-. Fue quien me ayudó a llegar a Dublín.
-Claro. Para serte franco, no envidio ese trabajo: este chico es más aventurero de lo que debiera-comentó el de menor estatura, palmeando la espalda del ojiverde; Eren sonrió, incómodo. Jean mantuvo su gesto impasible.
-Sí...
-Mucho gusto entonces, Jean-añadió Levi extendiéndole la mano. El ojidorado correspondió el saludo; el de cabello negro observó a Eren de pies a cabeza y luego chasqueó la lengua-. Eren, ¿por qué estás lleno de moretones?
-Tú lo dijiste: soy más aventurero de lo que debiera.
Levi entrecerró los ojos, dándose un aspecto severo.
-¿Qué demonios hiciste ahora?
Para la sorpresa de Jean, Eren se encogió de hombros, aparentemente inmune a esa mirada asesina.
-Es una larga historia.
Levi asintió. Miró a Jean.
-Y...¿ya se encargó de usted?-ante el silencio que obtuvo como respuesta, se giró hacia el ojiverde y arqueó una ceja-. ¿Le diste propina?
Eren, más aturdido todavía por malinterpretar la primera pregunta, soltó una risita y se llevó una mano a la nuca.
-Ah claro, disculpa...yo...
Jean, notando su nerviosismo, esbozó una pequeña sonrisa y asintió.
-Ya me pagó.
-Gracias por traerlo hasta acá-expresó Levi, acto seguido abrazó a Eren-. ¡En verdad te extrañé!-dicho esto, alzó al chico por la cintura y giró con él. Jean dio un paso atrás, incrédulo ante la fuerza que guardaba ese pequeño cuerpo…pero sintiendo un pinchazo en el pecho. Endureció su semblante y dio media vuelta, dispuesto a retirarse.
Cuando Levi bajó a un risueño Eren, le miraba con una dulzura muy impropia de él.
-¿Sabes? Este tiempo que estuve separado de ti me puse a pensar... ¿por qué no nos hemos casado?
La sonrisa se borró del rostro del ojiverde, dando paso a la sorpresa.
-¿Qué?
Como respuesta, el hombre colocó una rodilla en el suelo y tomó su mano. Jean, que había mirado hacia atrás, ahora observaba la escena de frente. Volvió a quedarse muy quieto.
-Eren. ¿Quieres casarte conmigo?
-¿…E-es en serio?
-Por supuesto. Estoy en la clásica posición y...tengo esto-explicó Levi al tiempo que hurgaba en uno de los bolsillos de su saco, sacando una cajita negra del mismo.
Eren se ruborizó.
-Un pequeño y redondo detalle...
-¿Qué?
-N-nada, nada. Ignórame.
Jean temblaba. Sin poder evitarlo, sus ojos se tornaron cristalinos.
Levi, cuya mirada brillaba de emoción contenida, abrió la cajita.
Eren abrió la boca, anonadado. Ahí estaba. Lo único que le faltaba en su vida para que fuera perfecta. Lo que por tanto tiempo esperó ver.
-Sin presiones...pero somos el centro de atención-musitó Levi, señalando a un punto con la cabeza. Algunas personas sostenían sus celulares, grabando el momento, mientras que otras les miraban con extrañeza, desacostumbrados a ver una situación así.
Eren sonrió nervioso, luego miró hacia su izquierda, descubriendo que donde debía estar Jean, ahora sólo se hallaba la puerta automática del hotel cerrándose.
-¿Eren? ¿No vas a responder?-el ojiverde regresó la vista a su novio, que había arqueado una ceja, extrañado. Sonrió otra vez.
-Sí. Sí, ¡por supuesto que sí!
Levi se levantó entonces y le colocó el anillo. Acto seguido lo besó y Eren le correspondió con alegría, todo en medio de una ráfaga de aplausos.
-Tengo champaña esperando en la habitación-le susurró Levi al oído-. Subamos.
Eren lo miró; el hombre le mostraba una expresión galante. Siempre le había encantado esa sonrisa pese a que pocas veces se la ofrecía, pero ahora algo no le parecía bien en ella. Le faltaba...malicia.
Abrazándolo por la cintura, Levi lo condujo por el pasillo rumbo a los elevadores. Consternado por su descubrimiento, Eren echó un último vistazo hacia atrás.
Hacia la puerta del hotel.

CONTINUARÁ...


*se pone casco contra pedradas* No me odien! Recuerden que Eren fue a ver a Levi por principio de cuentas! D:
Eren ahora está feliz, pero por alguna razón "desconocida" también se siente incompleto.
Jean vuelve a sentir dolor...pero es uno diferente, quizás por lo mismo esta vez pueda hacer algo al respecto.
Qué pasará ahora? Nos vemos la siguiente semana! ;)