Para la actividad Parece que va a llover del foro El feliz grupo de hambrientos. Consiste en escribir una historia a partir de una frase inicial.
Un daimonion, en la versión inglesa daemon, es el alma de la persona que habita fuera de su cuerpo. Han sido creados por el escritor Philip Pullman en su trilogía de novelas de fantasía La Materia Oscura.
Los daimonion adoptan la forma de un animal, por lo general de sexo opuesto a su propietario. Durante la niñez pueden cambiar de forma entre la de distintos animales, pero al llegar a la pubertad el daimonion pierde esa capacidad, y conserva la forma con la que más identificado se siente. Están fuertemente ligados al ser humano con el que están vinculados, siendo tan fuerte este vínculo que un ser humano normal no puede separase de su daimonion jamás.
9.
—Parece que va a llover. Es apropiado.
Seiryū, el que ya no es Seiryū, mira a su daimonion. Se siente más gris, más viejo, más enojado. Nanashi ahora es un roedor pequeño que se retuerce junto al nuevo Seiryū; su llegada los ha despojado de esos títulos pero no del mal que significó llevarlos.
El bebé está tan quieto que tiene que fijarse si respira, cada tanto. Su madre fue silenciosa, pero el silencio de ella era sus últimos momentos. Había llorado tanto que se quedó sin ruido. El silencio del bebé, su quietud, es algo que no logra entender. Una vida no debería ser tan tranquila. Pero una muerte tampoco debería serlo.
El ruido es algo que debería permanecer más allá de la oscuridad.
Sena, se llamaba ella. Sus padres escribieron su nombre en la tumba pero no la lloraron como ella los lloró primero, antes de... Antes. Un ratón dibujado junto a su nombre, recuerdo del compañero que la siguió hasta la muerte. Él no sabe su nombre, ni le importa.
El daimonion de Seiryū se llama Nanashi, siempre. «Sin nombre», significa. Sólo recibían uno una vez que su dragón perdía el poder y se volvía humano. Pero rara vez eran reconocidos más que como meros acompañantes, sombras de una sombra. Se suponía que el dragón azul no tenía alma. A nadie le gusta reconocer lo que contradice sus convicciones arraigadas.
Él mira al niño silencioso y su daimonion roedor. Se pregunta si se parecerá a su madre, que traicionó todo lo que creía su familia, que se sumergió en espiral y no alcanzó a salir. Que era demasiado joven y demasiado ingenua.
No debería importarle. No le importa.
—Hitomi. Te vas a llamar Hitomi —dice y su daimonion lo mira con ojos grandes, aturdidos.
No es la mejor forma para nombrar a un daimonion ni la adecuada, pero él no tiene a alguien que pueda hacerlo y la tradición le estuvo negada desde que nació por ser quien es, fue... No, quien es, aún en parte.
Graba el nombre de su daimonion en las piedras, para no olvidarlo. Ella ha sido Nanashi mucho tiempo, tanto como él ha sido Seiryū. Algo tiene que recordarles que ya no lo son y tiene que ser algo más que la muerte que lo espera en el horizonte.
—¿Y tú? —Hitomi pregunta, tímida y suave—, ¿Cómo vas a llamarte?
—Ao.
Azul.
En algún lugar, siempre será azul.
Por el resto de sus vidas, ellos tienen nombres. A él le falta sentir que los merecen.
N/A: Cuando quiero escribir de Hak aparece Ao, esculpiré mi nombre en el muro de la vergüenza.
